Éste capítulo es para mi amigo Ghost Steve, que hoy cumple 20 años. ¡Muchas felicidades!
Ella se sentía culpable. Culpable por lo que había pasado la noche anterior. Sentía que aquel pequeño desliz era traicionar a su hermana. Sin embargo, una promesa es una promesa, y si Fleur de Lisieux había prometido ir a dar un paseo por el bosque con su prometido, Fleur de Lisieux iría.
Iban los dos solos, a caballo. Ninguno decía una palabra. Ella avanzaba erguida sobre la silla, como la princesa que era; él tenía la mirada baja y se limitaba a echarle miradas furtivas de cuando en cuando. Era una situación bastante incómoda.
Fleur no podía olvidar la promesa que le había hecho a Neriah el día de su partida. Se decía a sí misma una y otra vez que no amaba al príncipe Stefan, y que nunca lo haría. Sin embargo, ¿por qué se sentía tan irremediablemente atraída por él?
En silencio, Fleur se maldijo a sí misma por aquel momento de debilidad la pasada noche. Sólo dieron un paseo, pero para ella había sido maravilloso...
Pero para qué negarlo: él era encantador. Pero ella no caería. Lo había prometido…
-¿Te apetece parar un rato? –preguntó el joven.
Ella no dijo nada, pero se detuvo. Habían llegado a la orilla de un pequeño río. Los dos desmontaron y dejaron a los caballos pastar tranquilamente. Se sentaron a los pies de un árbol, apoyados en el tronco, a una distancia prudencial el uno del otro.
Más silencio. Era una situación realmente incómoda…
-Oye –saltó de repente el joven.
Ella se sobresaltó. Él parecía estar muy nervioso, casi a punto de explotar. No se miraban, sino que mantenían la vista al frente…
-Qui…Quisiera…Preguntarte…algo.
Ella le miró extrañada.
-¿Tú me amas? –preguntó.
Aquella pregunta la pilló por sorpresa. No supo qué responder. Decidió evadirse con otra pregunta:
-¿Y tú? –respondió mientras se sonrojaba.
Él tardó unos minutos en contestar.
-Pues creo -dijo el príncipe- que me estoy enamorando de ti. Nunca había conocido a una chica como tú.
-Eso lo dices –respondió muy seria- por agradar. Nada más.
-No –ahora él era el que se había puesto serio- ¿Qué sientes tú por mí?
Ella estaba en un callejón sin salida. Decidió, por fin, ser sincera con él.
-No lo sé. No sé qué es lo que siento. Estoy confusa.
Entonces él se giró hacia ella.
-Fleur –dijo- No quiero obligarte a hacer nada que tú no quieras. Ten esto claro: yo nunca, jamás, te haría daño.
La princesa también se volvió. Cada vez estaban más cerca. Él la miraba con aquellos irresistibles y hermosos ojos azules…
…Los dos se besaron apasionadamente. Pasados unos minutos separaron sus labios y dijeron a la vez "te quiero". Rieron y se abrazaron. "Al diablo mi promesa", pensó Fleur mientras se abandonaba a los besos del joven. Hicieron el amor por primera vez allí mismo, cubiertos por las copas de los árboles y acunados por el canto de los pájaros...
-¿Cómo te sientes? –preguntó Stefan.
-Feliz –respondió Fleur- Muy feliz.
Estaban los dos recostados sobre la hierba, cubiertos por la capa del príncipe, bajo un cielo sin nubes, alumbrados por el sol de verano. La princesa se recostó de lado y puso una mano sobre el pecho del joven. Durante un instante, pensó en su hermana, pero no se sintió culpable. "Perdóname, Neriah", pensó, "Pero no puedo cumplir mi promesa". Al rato se quedó dormida.
