El día de la boda real amaneció cubierto por un cielo grisáceo, amenazante. Sin embargo, nadie se tomó la molestia de mirar hacia las alturas; el acontecimiento que iba a tener lugar abajo era infinitamente más importante. No todos los días se corona a un nuevo rey.
Los invitados habían llegado en su mayoría con anterioridad, sin embargo, los caminos estaban abarrotados de gente que deseaba contemplar en enlace.
Desde su faustuosa carroza, los padres de la novia refunfuñaban por el mal estado de los caminos que, según sus palabras, haría imposible el llegar a tiempo. Sentada frente a ellos, Neriah compartía en silencio la frustración por que el vehículo no avanzara más rápido. Podría haberse teletransportado, pero a sus padres no les había parecido correcto…
Con el fastidio escrito en el rostro, acariciaba con delicadeza a Diablo, su querida mascota. No hacía más que pensar en él. Anhelaba volver a ver al joven que le había regalado el animal hacía ya muchos años. Ésta vez, le diría por fin lo que sentía, nada podría impedírselo…
En cuanto a su hermana, se había retirado voluntariamente con aquella promesa, dejándole el terreno libre. Neriah podría actuar sin problemas…
Neriah paseaba por los enormes pasillos del castillo. En una de aquellas habitaciones estaba su hermana, seguramente rodeada de un enorme séquito de damas que escrutaban cada centímetro del vestido de novia para que no hubiera ningún fallo de última hora. Neriah no pudo evitar sonreír con ironía. Ella, durante los tres años que pasó en Glenhaven, no había tenido ni la mitad de las atenciones ni del cariño que ahora tenía Fleur…
Se detuvo en seco. Se había desviado, sin querer, de su camino. Sus pasos le habían dirigido, inconscientemente, al estudio de su antiguo maestro. Llevada por una extraña atracción, giró el pomo de la puerta, pero estaba cerrada con llave. Por un momento pensó que podía utilizar la magia para abrirla, pero se contuvo. Tenía otras cosas que hacer…
Volvió sobre sus pasos. Volvía a recorrer el mismo pasillo. Se cruzó un grupo de damas y sirvientas. Todas sonreían abiertamente y reían por o bajo. Neriah pensó que eran las que atendían a la novia, por lo que seguramente su hermana estaría sola. Apretó el paso.
La puerta estaba entreabierta. Neriah ni siquiera llamó y entró, sonriente. Allí, frente a la ventana, estaba Fleur…
Neriah no daba crédito a lo que veían sus ojos. Contemplaba la escena con los ojos como platos, sin atreverse a decir nada…
…Allí, frente a la ventana, estaba Fleur, pero no estaba sola. La acompañaba un joven al que Neriah reconoció enseguida. Los dos estaban abrazados, besándose apasionadamente…
Neriah estaba allí plantada, observando atónita la escena. De repente, Fleur se volvió. Cuando vio a su hermana sonrió, feliz. Corrió hacia ella.
-¡Neri! –gritó mientras la abrazaba.
Neriah no le devolvió el abrazo. Le costaba asimilar lo que acababa de ver. Él las miraba a las dos, sonriente.
"Daríais todo por vuestra hermana, pero, ¿y ella? ¿Acaso ella daría todo por vos?"
Aquellas palabras resonaban en su mente una y otra vez. Fleur la miraba preocupada. Decía algo, pero Neriah no escuchaba. "Me ha traicionado", pensó, "Ella…Me ha…"
-¿Neri? –Preguntaba Fleur- ¿Te encuentras bien?
-Tú…-dijo Neriah por fin- Tú… ¡Me has traicionado!
Lo hizo sin pensar. Extendió la mano hacia su hermana. Murmuró un hechizo, y Fleur salió despedida.
-¡Fleur! –gritó Stefan.
El príncipe se abalanzó sobre su hermana, impidiendo por muy poco que se estampara contra la pared de piedra…
Neriah aún tenía el brazo extendido. Jadeaba. Desde el otro lado de la habitación, Fleur la miraba con horror.
-Neriah…
-¡Cállate! –Respondió Neriah- ¡No eres más que una embustera! ¡Una embustera y una puta! ¡¿Qué significan para ti las promesas?!
-¿Promesa? ¿Qué promesa? –preguntó Stefan.
Nadie contestó. Después de un minuto que se hizo eterno, Fleur habló:
-Tú…Tú le amas…-dijo, incrédula.
Aquello pilló a Neriah por sorpresa. Sonrió con desdén.
-Al…Al fin te das cuenta –contestó- Sin embargo, aquí estás tú, dispuesta como siempre a quitármelo todo…
Neriah apartó la mirada de su hermana y la concentró en el joven:
-¿De veras…De veras la quieres? –preguntó, vacilante, mientras las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas.
-¡Por supuesto que la quiero! –bramó Stefan.
Neriah ahogó un suspiro. Le faltaba muy poco para derrumbarse. Sentía que, en el pasillo, una multitud de curiosos y guardias se abalanzaba sobre la puerta abierta para intentar ver algo. Hizo un amago de sonrisa.
-P…Pero –dijo- Tú…Tú dijiste…
-¡¿Pero aún no te has dado cuenta de que todo era una maldita mentira, imbécil?! –respondió Stefan. Neriah lo miraba fijamente. Sólo entonces se dio cuenta de que los ojos del príncipe estaban inyectados en sangre- ¡Fui cortés contigo porque alguien tenía que hacerlo!
"Eres una persona muy importante para mí"
- ¡Yo nunca te he soportado! ¡Te pasabas los días siguiéndome como una idiota!
"Nos habíamos hecho tan amigos…"
-¡¿De verdad creíste que me portaba bien contigo porque quería?!
"¿Te gustaría ser mi reina?"
-¡No eres más que un monstruo!
Fleur se agarró a la camisa del príncipe. Lloraba.
-Basta, Stefan…
Pero él continuó, regocijándose con cada sílaba que brotaba de sus labios.
-Yo te odiaba como el que más.
-Basta…
-No eres más que una bruja. ¿Sabes? Hasta te pusimos nombre y todo…
-¡Basta!
-¿Te gustaría oírlo?
-¡Déjalo ya!
-¡Tu nombre es Maleficent! –bramó el joven.
Él la miraba, altivo, orgulloso, sabiendo que la había herido. Ella estaba frente a él. Miraba al suelo sin decir nada. Stefan hizo una señal y los guardias la rodearon. Una lágrima se resbaló por su mejilla y cayó al suelo. Entonces Neriah alzó la cabeza…
-Yo…Yo…¡¡¡Yo os odio!!!
…Fue todo muy rápido. Aquel era un grito de dolor, de agonía, de infinito sufrimiento. Los guardias que la cercaban empezaron a arder, y sus gritos se mezclaron con el de ella. Todo su dolor, todo su odio, manifestado en forma de llamaradas. La gente corría y gritaba. Stefan y Fleur estaban frente a ella, hechos un ovillo. Él la abrazaba. Intentaba protegerla….
Neriah jadeaba. Con paso lento, se dirigió hacia su hermana mientras esquivaba a la multitud que corría de un lado a otro, aterrorizada. Se plantó frente a ellos. Alzaron la cabeza al mismo tiempo. Neriah les dedicó una perversa sonrisa.
-Os arrepentiréis de esto.
Fue lo único que dijo. Acto seguido desapareció.
No muy lejos de allí, en la comarca de Ravenhaven, lo aldeanos notaron un extraño resplandor en el viejo castillo en ruinas que se alzaba en lo alto de la Montaña Prohibida. Sin embargo, debido al mal tiempo de aquel día, se decidió pasarlo por alto. Podía haber sido un relámpago. Ante la perspectiva de tormenta, los campesinos recogieron sus herramientas y se dirigieron a sus casas. Efectivamente, al poco empezó a llover…
…Neriah se había aparecido en las ruinas del castillo de Ravenhaven. Llovía. Diablo, como siempre, estaba junto a ella.
-Maleficent –susurraba- Maleficent...
