Hola a todos de nuevo!! Antes que nada, quiero agradeceros a todos vuestras palabras de apoyo y de aliento en estos días tan malos que he pasado. Mi amiga me ha impreso todos los reviews que me habéis mandado y cada día los leíamos juntas. Gracias a Dios o a quien sea que esté allí arriba y me cuide, tanto mi novio como yo seguimos vivos y más enamorados que nunca.
Aún me queda mucho para recuperarme del todo… Apenas puedo utilizar la muñeca izquierda por lo que se me dificulta bastante el escribir y no puedo estar mucho rato sentada frente al ordenador porque las cervicales me destrozan, pero paso por tiempos de diez o quince minutos y voy escribiendo, a veces un par de líneas, otras veces un par de páginas… Espero que sigais teniendo paciencia conmigo hasta que esté completamente recuperada y que sigáis leyéndome.
Un beso para todos y muchas gracias por esperar la continuación de esta historia que nunca pienso dejar a medias.
Un beso para todos, nos leemos abajo; espero que os guste el capítulo.
Capítulo 15. Despertares y secretos
Estiró la mano por encima del cuerpo femenino que dormía junto a él y lo apagó con un golpe seco, volviendo a hundirse en las sábanas y la almohada gruñendo ligeramente y luchando contra el sopor de despertar definitivamente instando a sus párpados a abrirse del todo.
A su lado, Tonks sonrió y se incorporó en la cama ajustando la sábana blanca alrededor de su pecho, se inclinó sobre él y lo besó en los labios, notando como él respondía al beso ligeramente antes de gruñir.
-¿Has dormido mal? –se aventuró a preguntar ella.
Remus no solía ser un hombre que se quejase; en realidad, durante todos los años en que le conocía, le había escuchado quejarse en contadas ocasiones, siempre con motivos y con el nombre de Sirius de por medio.
-No. Simplemente no he dormido –gruñó el hombre-. ¿Cómo pueden hacer tanto ruido?
-¿Quién? –preguntó confusa la mujer.
-¡Blaise y Gin! –le contestó él -¿Cómo has podido dormir tú? –preguntó entornando los ojos y mirándola, viendo que parecía tan fresca como una rosa.
-Se llaman tapones para los oídos –le dijo ella mostrándose un pequeño cofre que movió frente a los ojos de Remus-. Muy eficaces cuando tienes a jóvenes de menos de treinta años en la habitación de al lado.
-Menos de treinta años… Esos no van a dejar de ser esclavos de sus hormonas hasta que no tengan el doble de mi edad.
-¡Ja! –soltó ella una sarcástica risa. Remus la miró-. ¿Has olvidado lo que es tener su edad?
-No, no lo he olvidado, no soy tan viejo, ¿sabes? –le gruñó-. Pero yo no me comportaba así.
-¿Así, cómo? –preguntó Tonks divertida mientras veía como Remus se sentaba en el borde de la cama dándole la espalda y poniéndose los pantalones.
-Así –dijo él simplemente-. Jamás se me habría ocurrido armar semejante concierto nocturno de gemidos y jadeos estando en casa ajena –sentenció aunque Tonks pudo denotar un tinte divertido en su voz de represalia.
-Olvidaba que tú eres un correcto caballero y que naciste con un libro y el don de saber callar en todo momento –comentó ella con cierta burla.
-Tonks… -le advirtió él.
-¡Eh, parejita! –la voz de Blaise llegó desde el otro extremo de la puerta, interrumpiendo-. Gin y yo nos vamos, y recordad usar protección, no queremos sustos.
-¡Blaise! –le reprendió Gin-. Déjalos tranquilos.
-¿Qué? Yo solo les aconsejaba…
Remus, aún perplejo por la desfachatez que podía llegar a tener Blaise, miró a Tonks que parecía divertida y estaba haciendo grandes esfuerzos por no reír. La mirada reprobadora y retadora de él fue suficiente para que ella explotara en una carcajada.
-Un día de estos, te prometo que voy a matarlo… -gruñó Remus. La mujer le miró divertida -. Blaise… –gruñó Remus-. ¿Sabe Ron que estáis aquí?
Casi podía ver el nerviosismo en el rostro del chico al otro lado de la puerta, deseando en aquellos momentos, un buen vaso de zumo de cerezas.
-No… ¿por qué? –preguntó con la voz estrangulada pese a que intentó que sonara casual y tranquila.
-Por nada –contestó Remus condescendiente mientras miraba a Tonks con aquella sonrisa burlona que indicaba que no por nada había sido amigo de James y Sirius durante bastante tiempo.
-¿Remus? –preguntó Blaise otra vez-. Tú nunca dices algo por nada –le reprochó.
-Oh… bueno… sólo que Ron estará aquí en dos minutos… tiene que recoger unos informes y…
-¡Nos vemos en la oficina!
Escuchar ese grito de Blaise, la carcajada de Ginny, el golpe que el chico se había dado posiblemente contra el aparador de la entrada y la puerta cerrándose de un golpe, fue simultáneo.
-Ron no dijo nada de que iba a venir –contradijo Tonks.
Remus sonrió más ampliamente. Besó a la mujer en la punta de la nariz y se levantó de la cama a medio vestir, dirigiéndose tranquilamente hacia la puerta.
-Lo sé, lo sabes… pero Blaise no –se encogió de hombros-. No tardes en la ducha, voy a preparar café.
Tonks rió. Remus a veces era incorregible.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Snape entró en la oficina de Harry Potter con el rostro contraído, como siempre; una máscara imperturbable tras la cual habían sentimientos que nadie sabía si existían de verdad porque Snape nunca dejaba que nadie se acercara lo suficiente para descubrirlos.
-Siéntate.
Lo notaba. Podía sentir el enfado de Potter incluso con la mesa de por medio. Nunca lo había visto tan enfadado, exceptuando tal vez la última vez que habían estado en el sur de Francia deteniendo a aquellos traficantes de armas que pretendían cometer varios atentados contra España, hacía cinco años.
Obedeció sin decir nada. Se sentó frente a él y le miró esperando a que Harry terminara de leer unos informes que tenía sobre el escritorio y que iba firmando después de asegurarse que plasmar su firma allí no supondría ningún problema. La vieja fotografía de Lily Evans y James Potter que Black y Lupin le habían regalado cuando había conseguido el puesto que ocupaba actualmente en la Orden, era perfectamente visible sobre la mesa de Potter, seguramente, pensó Severus, para tener siempre en la memoria los padres que nunca pudo conocer.
Harry cerró la pequeña carpeta roja con algunos informes aún dentro, se levantó y abrió la puerta de su despacho.
-Minerva –llamó. La mujer acudió inmediatamente-. Por favor, envía estos documentos a la central de Nueva York y estos otros –dijo dándole una carpeta verde-, sepáralos; la mitad superior van al archivo, el resto déjalos sobre la mesa de Sirius.
-Claro Harry.
-Gracias.
Severus le escuchó suspirar y tuvo que admitir que admiraba a aquel muchacho. Era joven, muy joven en realidad, y aún así, soportaba todo el peso de la Orden sobre sus hombros. Era capaz de controlar a sus hombres y al mismo tiempo mostrarse duro e inflexible sin perder el carácter de camadería que todos apreciaban en él. Era bueno con las armas y los explosivos, aunque sin duda alguna su punto fuerte y su máxima habilidad se desarrollaba en el cuerpo a cuerpo, sin olvidar que era u experto buzo.
En su personalidad se confrontaba la responsabilidad de Lily, la astucia de James Potter, la obcecación de Black, la lógica de Lupin y la determinación de Dumbledore. Una mezcla explosiva que no querría tener en contra nunca. Admiraba su trabajo, su forma de ser, su manera de manejar las cosas y los sentimientos.
Aunque por supuesto eso era algo que nunca iba a decir en voz alta. Pero le admiraba.
Harry regresó a su sitio después de cerrar la puerta, apoyó los codos sobre la mesa y recostó su mentón en las manos entrelazadas, fijando sus grandes ojos verdes sobre los de Severus quien se estremeció interiormente. Eran los mismo ojos de Lily Evans, y eso, en parte, le causaba estragos y removía en su interior sentimientos y recuerdos que sabía perfectamente que jamás morirían.
-¿Te das cuenta de que pusiste en peligro no solo la operación, sino también nuestras vidas? –preguntó Harry bastante molesto intentando controlar su enfado.
-Sí –dijo Severus escuetamente.
-¿Y no piensas aclararme la situación?
-¿Qué quieres que aclare? Tú lo acabas de exponer bastante bien, sinceramente.
-Snape, no estoy para juegos. Me están presionando para que explique por qué hay cuatro muertos y ningún testigo del contenido de esos dos maletines –le explicó Harry al borde de la ira-. Uno con más de siete millones de dólares americanos y otro con tanta droga que se podría cubrir una superficie de mil metros cuadrados sin que se vea una pizca del suelo –dijo enfadado realmente.
-Vi la oportunidad de salvar a uno de esos testigos –dijo simplemente Severus sabiendo que eso no sería suficiente para Potter.
-No me vengas con gilipolleces Snape, te dejé claro que no abrieras fuego, ¿o es que ahora no entiendes las señales?
-El sarcasmo no es lo tuyo –dijo Severus simplemente.
-¡Joder, Severus, maldita sea, deja ya de bromear!
Cualquier otro se hubiera sobresaltado al escuchar el golpe que Harry dio en la mesa. Pero Severus no era cualquiera. Mantener la sangre fría era algo que le había ayudado a lo largo de su vida, y no pensaba empezar a cambiar en aquellos momentos. Miró a Harry mientras éste se levantaba bruscamente de la silla, empujándola hacia atrás.
-Dame una explicación, Snape, una explicación válida por la que no debo dar parte de tu comportamiento.
¿Explicarle? Imposible. No podía explicarle quien era Narcisa. Hacía algún tiempo ya, le había confesado un secreto… recordaba perfectamente cómo había reaccionado Harry.
(flashback)
Era la primera vez que entraba en aquel despacho y que no veía al viejo Albus Dumbledore tras el escritorio. En su lugar, un muchacho mucho más joven que él mismo estaba revisando un montón de carpetas; sus ojos verdes se habían alzado hacia Snape y un gesto de sorpresa cruzó su rostro.
-¿Mucho trabajo? –preguntó el mayor.
-No tanto –Harry sonrió con cierta melancolía y tristeza-. Albus siempre lo tenía todo bien pensado… Era como si siempre fuera tres pasos por delante del mundo…
Snape sonrió.
-Tengo que hablar contigo de algo –informó Snape -. Y seguramente no va a gustarte.
-Snape… sólo llevo… -miró el reloj-… cuatro horas en este puesto. ¿No puedes esperar?
-No –dijo cortante como siempre.
Harry rodó los ojos. Empezaba a entender las continúas quejas que siempre había escuchado de labios de Albus respecto a la actitud fría y distante de Severus y supo que iba a ser bastante difícil trabajar con él.
-¿Conoces a Lucius? El artillero corrupto que pasó de ser agente privado a ser uno de los terroristas con explosivos más importantes del mundo…
-Sí, lo conozco… -admitió haciéndole un gesto con la mano para indicarle que lo conocía perfectamente. De hecho, se abstuvo de decirle que después de Tom Riddle, el nombre de Lucius Malfoy ocupaba un lugar privilegiado en su lista de "Búsqueda y captura"-. Comparte el apellido con… -sus ojos verdes se abrieron ante la comprensión-. Espera un minuto, Snape, ¿qué me quieres decir con eso?
-Lucius Malfoy es el padre de Draco –le informó.
La compresión de lo que aquello significaba azotó la mente del joven Potter. Había leído la historia de Lucius cientos de veces… lo conocía de memoria. Policía corrupto que pasó al otro lado de la línea y que desde entonces se había ocupado en causar todas las muertes posibles sin tener un ápice de conciencia culpable y siendo tan escurridizo como una serpiente marina.
-El único motivo por el que te lo cuento es porque le prometí a Albus que lo haría en su lecho de muerte –dijo Snape-. Supongo que como nuevo dirigente de la Orden tienes derecho a conocer todo lo posible sobre tu equipo –se encogió de hombros con cierta indiferencia.
-Malfoy es bueno en su especialidad –declaró Harry simplemente-. No voy a prescindir de él.
-Bien.
-De todas formas… -empezó a decir Harry.
-Lo sé. No me separaré de él.
(fin flashback)
-¿Y bien? –insistió Harry.
-No puedo darte esa explicación Potter –dijo sinceramente el hombre.
-¿Aunque eso signifique tu destitución de la Orden?
Snape le miró. Harry hablaba entre líneas y él era lo bastante bueno para saber leer lo que no decía. Su destitución de la Orde implicaría separarse de Draco… Su ahijado, su protegido. Draco no podría comentarle nada de las misiones de la Orden, no podrían hablar, no podría velar por su seguridad, no podría asegurarse de que estaba bien después de cada misión.
Desde el día en que lo había recogido de aquel orfanato y había visto su espalda llena de golpes y marcas había jurado que no iban a volver a hacerle daño. Una promesa silenciosa de la que nadie sabía nada y que nunca había roto. Se lo había enseñado todo a cambio de las miradas de aprecio y respeto que Draco le había dedicado. Le destrozaba el pensar que esa complicidad existente entre ambos podía llegar a desaparecer porque Draco era para él el hijo que nunca había tenido.
-Draco sabe cuidarse solo –fue lo único que dijo el hombre.
Harry no esperaba esa respuesta. No, al menos, a juzgar por su semblante serio y por el modo en que se pasó la mano por el cabello, nervioso. No quería perder a Snape, no podía permitirse el perder a uno de sus mejores hombres.
-¿Qué diablos pasa contigo, Snape? –gritó Harry entonces, sorprendiéndole seguramente, por primera vez en todos aquellos años-. ¿Tanto odiabas a mi padre que eres incapaz de ver que yo no soy él? –Snape le miró-¡Maldita sea! Lo estoy haciendo lo mejor que puedo… Y puede que no sea suficiente para ti, pero no puedo hacer nada más, ¡joder! No quiero prescindir de ti, pero no me estás dando otra opción, no me dejas otro camino –Snape no contestó y Harry resopló-. Bien. Estás suspendido momentáneamente. Vete a casa y espera que te llame.
Se levantó y caminó hacia la puerta con gesto decidido. Snape maldijo. Albus siempre había confiado en Harry Potter y quizá era momento de confiar en él, si no en él, en la confianza que Albus tenía en el muchacho de ojos verdes. Suspiró profundamente.
-No podía dejar que la mataran –dijo él cortante-, Narcisa es mi confidente… -Harry no se movió, esperando, claramente, escuchar algo más. Severus gruñó-… Lucius Malfoy es el padre de Draco –Harry asintió, era algo que ya sabía desde hacía tiempo por boca misma de Severus-, Narcisa es la madre de Draco.
-Vale… -Harry cerró la puerta de nuevo y se sentó en la mesa-… siéntate. Tenemos que hablar.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Abrió los ojos con pesadez. Su cuerpo había desarrollado en los últimos años un reloj interno que le avisaba de cuando era la hora de despertarse; era lo que solía ocurrir cuando te despertabas tantos años seguidos a la misma hora. Bostezó y parpadeó ligeramente apretado los párpados hasta que estos se acostumbrasen a la tenue luz que entraba por las rendijas de la ventana. Todo era como siempre.
Se llevó una mano a la frente y apartó los rizos que se agolpaban en aquella zona de su cuerpo y suspiró complacida.
Siguiente paso en su rutina: levantarse para ir a la ducha.
Primer obstáculo. Parpadeó confusa por el peso que la retenía aferrada a la calidez de las sábanas. Un movimiento a su espalda acompañado de un suave y ronco gruñido que bien podría interpretarse como un simple "estate quieta" hizo que Hermione se ruborizara hasta la punta de los pies al recordar quién estaba acostado detrás de ella, rodeándole la cintura con una mano, respirando sobre su nuca, y, estaba segura de ello, tan desnudo como lo estaba ella misma.
Se dio la vuelta despacio, sin querer romper el abrazo en la que él la había envuelto estando dormido y, con una sonrisa entre avergonzada, divertida y soñadora, se permitió el contemplarlo durante unos segundos.
La frialdad parecía no tener cabida en la imagen de Draco Malfoy dormido con la luz de la mañana bañándolo, cubierto hasta medio pecho por la sábana que compartía con ella, la expresión relajada, sus párpados cerrados, y el cabello rubio cayendo con suavidad sobre su frente.
Hermione sonrió y no pudo resistir la tentación de alargar su mano y acariciar las finas hebras doradas que ya la noche anterior había comprobado que eran suaves. Las yemas de sus dedos acariciaron luego su frente y se deslizaron por el puente de la nariz, bajando hacia abajo, hasta llegar a los dos montículos de sus labios que rozó apenas con la sensación de que él podía despertar en cualquier momento. Sus caricias se interrumpieron cuando él se removió un poco bajo el examen que ella le estaba realizando, pero se quedó tranquilo después de afirmar su agarre sobe la cintura de ella, como si de alguna manera quisiera comprobar que Hermione seguía allí. La mujer sonrió.
Su mano se dirigió desde los labios hasta la mandíbula de él, fuerte y robusta, de claros ángulos aristocráticos; subió por su mejilla, rozando la sien derecha, volvió a pasar la mano por la frente y bajó por el otro lado con la misma suavidad con la que había subido. Deslizó la mano por la clavícula, el cuello, y rozó el pecho desnudo de él; siempre con una gran suavidad, como si estuviera esculpiendo una obra maestra con cincel y tuviera miedo de que el menor gesto brusco pudiera romperle o estropear algo. Sus ojos divagaron por las cicatrices que había en su pecho y su rostro se ensombreció al recordar las marcas de la espalda masculina, preguntándose quién podría haberle hecho aquello. Su mano se detuvo mientras pensaba que quizá no era asunto suyo…
-¿Sabes? Si hicieras eso cuando estoy despierto sería más agradable para los dos…
Hermione se sobresaltó y en un gesto instintivo fue a apartarse; pero la mano de él, firme ahora en su cadera, la obligó a permanecer en su sitio mientras que su otra mano se colocaba sobre la de ella y la obligaba a mantener la femenina sobre su abdomen.
-Yo no… -empezó a decir ella avergonzada al haber sido descubierta.
Malfoy la miró con una ceja enarcada, el semblante serio, su frialdad palpable y un brillo divertido y cálido en los ojos grises.
-Yo tampoco lo hice anoche cuando tú te quedaste dormida –le dijo con tono serio.
Hermione tardó pocos segundos en comprender lo que él le había dicho y en lugar de enfadarse, sólo pudo sonreír. Malfoy le devolvió una media sonrisa, la tensión y vergüenza de la mañana siguiente, olvidadas en los dos.
-Buenos días… -le susurró ella desde su altura.
El agente respiró profundamente, soltó la mano de ella y la tomó por la cintura para subir suavemente y con un simple impulso, el cuerpo de Hermione hacia arriba, hasta que sus bocas estuvieron a la misma altura y tan cerca la una de la otra, que sus alientos se entremezclaban.
Antes de responder a su saludo, Draco la besó. Fue un beso suave, gentil, poderoso e íntimo. Cómplice del secreto que habían compartido, cómplice como el de dos amantes conscientes de que lo que habían hecho era algo muy importante y que seguramente, cambiaría el resto de sus vidas, al menos, de su vida más próxima y cercana.
-Buenos días –le contestó rompiendo el beso-. ¿Has dormido bien?
-Muy bien –le confesó Hermione.
Draco estudió su rostro. No había que ser demasiado bueno para saber qué estaba pasando por la mente de ella en aquellos momentos.
-¿Qué te preocupa Granger?
-¿Cómo sabes… -él la miró enarcando una ceja-… Olvídalo, por un momento olvidé que eres muy bueno en tu trabajo.
-No es sólo eso –su mano acarició la cadera de ella-. Es que disimulas muy mal. Recuérdame que te de clases –bromeó.
-Muy gracioso –fue el único comentario de ella.
-¿Qué es lo que te preocupa? –volvió a repetir él, ignorando de forma deliberada la protesta de ella.
-¿Entonces… esto…quiero decir… ¿nosotros… lo que…
La mujer se maldijo internamente. No era buena con aquellas cosas. En realidad, ahora que lo pensaba, nunca había estado en una situación así. La única relación, si es que se podía llamar relación a lo que había pasado con Mark, había sido un total fracaso que había resultado ser una farsa y que había terminado haciéndole un daño no sólo emocional, sino también físico del que aún no había conseguido recuperarse.
Frunció el ceño. No le gustaba no tener el control de las cosas. Le daba la sensación de ser torpe y de no saber actuar. Se mordió el labio inferior bajo la mirada de Draco que la mirada divertido por su actitud como si estuviera meditando lo que quería decir o cómo tenía que decirlo.
-Bueno, Granger, no te prometo la luna ni mucho menos que vaya a ser más comunicativo y desde luego que no esperes poemas de amor, pero en fin… sólo procura no salir con nadie, te advierto que puedo ser terriblemente posesivo cuando la mujer con la que mantengo una relación coquetea con otros.
-¿Una relación? –preguntó ella. Draco asintió viendo el alivio y el brillo de ternura que había aparecido en los ojos marrones-. ¿Tenemos una relación?
-¿Qué creías que era? No suelo ir a costándome con todas las mujeres que se cruzan en mi vida, Granger –le contestó él burlón.
-¿Pero una relación de "nos quedamos en casa para que nadie lo sepa" o una relación de "salimos al cine y a cenar sin importar quién nos pueda ver"? –preguntó ella con ilusión infantil.
Draco sonrió. Hermione podía ser a veces como una niña y eso era algo que sinceramente le agradaba. Era extraño poder encontrar una mujer adulta con la sinceridad y la inocencia que aquella mujer parecía tener a rebosar. Él, que vivía en un mundo donde continuamente veía drogas, muertes, asesinatos, violaciones, maltratos y en definitiva, el mal que el ser humano podía hacer a otras personas, ver a una mujer como Hermione que seguía teniendo la ingenuidad de una niña a veces, era algo que además de ser refrescante se agradecía mucho.
-Más bien del segundo tipo –le contestó él.
Hermione no contestó. Al menos no con palabras. Buscó la boca de Malfoy y lo besó suavemente, con ternura, con tranquilidad, intentando transmitirle en aquel beso todo lo que sus palabras parecían no poder demostrar. No era una declaración de amor, pero sabía que Malfoy no era una persona de palabras; no lo necesitaba; le bastaba con que la mirara de aquella forma, como si lo más valioso del mundo fuera ella ante sus ojos.
El teléfono de Malfoy sonó desde dentro de sus pantalones. Hermione fue a apartarse para dejarle libertad de movimiento, pero él se lo impidió, y continuando con el beso, buscó a tientas en el suelo su pantalón, de cuyo bolsillo extrajo el pequeño aparato; esta vez, sí tuvo que romper el beso, gruñendo al ver quién le llamaba.
-¿Qué diablos quieres ahora, Zabinni? –gruñó como saludo a su interlocutor.
Hermione contuvo la carcajada. Era divertido ver a Malfoy enfadado, sobre todo cuando estaba aprendiendo que no siempre que gruñía significaba que estuviera enfadado realmente.
Ni siquiera se molestó en cortar la comunicación, se limitó a cerrar el teléfono mientras que a Hermione le pareció escuchar desde el otro lado de la línea un "cuidado Malfoy" con un tinte divertido.
-¿Preocupado por si te habías esfumado en el aire? –preguntó ella divertida cuando Draco volvió a prestarle atención abrazándola y provocando que ella cerrase los ojos al sentirse protegida y cobijada.
-A Blaise le gusta fastidiar –gruñó Draco como única repuesta-. Llegarán en veinte minutos –informó.
Hermione abrió los ojos como si hubiese recordado de repente algo de suma importancia.
-Al final no me dijiste dónde han pasado la noche.
-Lupin y Tonks –dijo el rubio simplemente atrayéndola hacia su cuerpo y haciéndola caer a su lado antes de volver a rodear su cintura tal y como lo había hecho la noche anterior.
Hermione rió suavemente mientras se movía para levantarse. La mano de acero que la noche atrás había recorrido cada centímetro de su piel, se cerró sobre su cintura, impidiéndole que se moviera.
-Draco… -le dijo ella con una media advertencia.
-¿Qué? –le preguntó él sin apartar demasiado sus labios del hombro desnudo de ella.
-Tengo que levantarme para ducharme… -le dijo con bastante evidencia.
-De acuerdo…
-Y no puedo levantarme si no me dejas –le dijo ella.
Le parecía una situación divertida.
-Entonces no te levantes –le contestó él aferrándola más aún-. La puerta está cerrada y Gin tiene llaves del piso, así que no hay problemas. Tengo sueño, anoche no dormí demasiado y estoy seguro de que tú tampoco. Quedan algunos minutos hasta que tenga que ir a la Orden, así que duérmete.
-Te gusta mandar, ¿verdad?
Por toda respuesta él, gruñó a medias. Hermione sonrió y se acurrucó aún más contra el cuerpo masculino. Podía disfrutar un poco más del sueño, después de todo, con Malfoy a su lado se sentía realmente protegida y segura.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-¿Bella?
El gemido escapó de la figura de la cama, arropada hasta la barbilla. Narcisa se armó de valor y entró en el oscuro dormitorio de su hermana, tanteando a oscuras y golpeándose la rodilla con una butaca llegó hasta la mesita de noche donde prendió la luz de la pequeña lámpara de un color violeta oscuro que no le extraño en absoluto.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar al verla en aquel estado. Definitivamente, quizá hubiera sido mejor que Lord Voldemort la hubiera matado en lugar de condenarla a una sesión de castigo seguida de aquella sobredosis de droga que la mantendría con el dolor en el cuerpo durante un par de semanas.
-Hola preciosa… -le contestó Bella desde la cama.
Narcisa sonrió ante el apelativo que su hermana empleaba con ella desde que tenía uso de razón y se sentó e el borde de la cama junto a ella sin saber qué decir. Ambas sabían que Bella no duraría ni siquiera un mes más con vida. Voldemort se había encargado de ello y si no lo hubiera hecho, estaba segura de que lo que fuera que le había dado a su hermana la debilitaría tanto que Bella estaría indefensa incluso ante las garras de un pequeño gato.
-¿Recuerdas cuándo éramos pequeñas? –Narcisa la miró y asintió sin saber exactamente adonde quería llegar su hermana con esa pregunta-. Solía protegerte de todo… incluso sin que tú lo supieras –sonrió-. De hecho, una vez le pagué a Bill Thomson para que se alejara de ti.
-¿Tú… ¿por eso no volvió a jugar conmigo? –preguntó enfadada.
-Ese crío era un demonio –le aseguró Bella-. Y yo no estaba dispuesta a que te alejara de mí…
-Teníamos siete años, Bella –rodó los ojos.
-Sí, y ya hablaba de llevarte a recorrer el mundo –su voz sonó enfadada y Narcisa sonrió mientras la tapaba un poco más-. Nunca podría dejar que te hicieran daño, Cisa. Nunca.
-Siempre me has protegido y nunca te he dado las gracias, Bella…
Permanecieron en silencio, únicamente roto por sus respiraciones; sus manos unidas, como si temiesen aún sin decirlo en voz alta, que una de las dos desapareciese en cualquier momento.
Narcisa se mordió el labio. Querría poder hablarle de Lucius, de su embarazo, de Draco, del orfanato, de Severus, de su traición a Voldemort, de sus pensamientos de abandonar aquella vida… Querría poder contarle que se desgarró por dentro cuando tuvo que abandonar a su hijo para que no estuviera en peligro, que cada noche miraba la pequeña cicatriz de su barriga, fruto de la cesárea practicada para traer al mundo a un niño del que sólo tenía noticias por Severus; querría poder haberle explicado que aquel mundo no era para ella y que si permanecía allí, era sólo para no dejarla sola porque ella nunca la había abandonado.
Querría poder decirle tantas cosas y sin embargo, no era capaz de decirle ninguna de ellas por miedo a ver en los ojos de su hermana mayor algo parecido al desprecio, al rechazo, a la indiferencia y al odio. Sentimientos que había visto en las miradas de cientos de personas y que nunca le habían importado demasiado, pero que sabía perfectamente que nunca podría soportar ver en la mirada de Bella.
La voz de Bella rompió el silencio.
-Mantente alejada de Lucius, Narcisa –le pidió Bella-. Ese hombre sólo te hará daño otra vez…
-No pensaba tener nada que ver con él Bella –le aseguró la mujer rubia-. Aprendí a base de palos y disgustos que él no merece la pena y que sólo puede causarme dolor…
-Prométemelo Cisa –insistió la mujer-. Las dos sabemos que voy a morir en poco tiempo…
-No digas eso Bella –la interrumpió Narcisa.
-Siempre quisiste fingir que la realidad era una cortina de humo Narcisa, pero tienes que enfrentar la realidad. Las dos sabemos que Tom hace muy bien su trabajo y que cuando dije que había sido mi culpa lo de la fábrica, firmé mi sentencia de muerte…
-Bella…
-No, no quiero que me digas por qué Snape te ayudó, no quiero saberlo –la interrumpió de nuevo-. Pero quiero morir sabiendo que me prometerás que te mantendrás alejada de Lucius.
-Bella….
-Promételo, Narcisa –le insistió una vez más Bellatrix-. Por favor, prométemelo…
Narcisa respiró profundamente.
-Te lo prometo.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Remus entró en el pequeño bar de la esquina; un recóndito lugar donde Sirius se escondía cuando estaba melancólico, información que sólo conocían Harry y él mismo. Era extraño. Nunca le había preguntado a su mejor amigo qué era lo que le llevaba a ir a aquel bar cada vez que se encontraba taciturno, y estaba seguro de que nunca lo iba a hacer; eran amigos, se conocían desde siempre, habían pasado por muchas cosas juntos y habían superado otras tantas, pero Remus sabía que siempre había esa pequeña parte de uno mismo que siempre se mantenía oculta a los demás, a veces por miedo a que no la comprendieran, otras veces por vergüenza a que lo descubrieran. Él era su amigo, desde luego, el mejor, pero eso no le daba derecho a preguntar sobre algo si Sirius no se lo contaba primero.
Lo encontró como siempre, en la mesa del fondo, junto a uno de los grandes ventanales desde donde se podía ver la lluvia de aquella mañana de sábado. Remus le hizo un gesto al camarero que asintió a modo de reconocimiento y sin decir nada, atravesó el pequeño local hasta llegar junto a Sirius.
El moreno alzó su cabeza de la taza de café que tenía enfrente y sonrió a su amigo mientras que Remus le devolvía la sonrisa.
-¿Necesitas un amigo?
Por toda respuesta Sirius apartó la silla que había frente a él y Remus se sentó en el momento en que el dueño del lugar llegaba con una bandeja y depositaba una taza de chocolate humeante frente al hombre.
-Hay cosas que no cambian ¿verdad? –sonrió burlón Sirius.
-No, hay cosas que no cambian –contestó Remus probando el chocolate ligeramente y apartándolo para no quemarse-. ¿Estás bien?
Sirius asintió moviendo la cabeza de forma titubeante mientras jugaba con el asa de la taza de café.
-Lo estaré –dijo simplemente-. Nunca te he contado por qué vengo aquí ¿verdad?
-No, no lo has hecho.
-Antes de que esta parte de la manzana fuera un bar, había un enorme parque ¿lo recuerdas? –Remus asintió-. Regulus y yo solíamos venir aquí a jugar cuándo éramos pequeños, mucho antes de que cada uno tomara un camino diferente… En ese parque Regulus y yo éramos hermanos. Hermanos de verdad –recalcó-.No sé… -dijo dudoso-… supongo que en cierto modo, es una forma de regresar a aquel momento…
-¿Un momento que no va a regresar?
-No, un momento en el que me sentía seguro, sin ver tanta mierda a mi alrededor…
-Sirius, quizá deberías tomar unos días de vacaciones… Harry no te lo reprocharía y no creo que… -la mirada de su amigo le hizo callarse. Tenía una ceja enarcada y le estaba mirando diciéndole "¿me lo estás diciendo en serio?"; Remus sonrió-. Vale, no he dicho nada.
-Más te vale –bromeó Sirius.
-Sé que no soy tu hermano, pero puedes contar conmigo para lo que necesites, Sirius…
-¿Cómo siempre? –bromeó Sirius entonces.
Remus asintió.
-Como siempre.
-¿Sabes? Puede que tú, igual que James, no tengas mi sangre, pero no dudaré nunca en que perdí a un hermano y que delante de mí, ahora, tengo a otro.
Remus sonrió, levantó su taza de chocolate e hizo un brindis.
-Por la amistad.
Sirius le imitó.
-Por los hermanos, los de sangre y los verdaderos.
Fuera, seguía lloviendo.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
El pelirrojo se quejó por décima vez.
-Es sábado, ¿por qué hemos tenido que levantarnos tan temprano? –refunfuñó Ron mientras Theo maniobraba el coche para aparcarlo-. ¿A ti y a mí no nos toca descanso los sábados? –preguntó hacia el conductor del coche.
-Porque tengo que recoger unas cosas de aquí –replicó Hermione desde el asiento trasero-. Y no me dejáis venir sola… -añadió con cierto fastidio.
Theo no dijo nada y Ron simplemente rodó los ojos. Llevaba todo el camino quejándose; por supuesto que la entendían, no debía ser demasiado agradable para alguien como ella, independiente y completamente responsable de sus actos, depender de dos agentes para salir incluso a pasear al parque. Pero tenían que estar con ella; mucho más después de lo que había ocurrido hacía un par de días en la oficina de la Orden.
(flashback)
Nott terminó de mirar la fotografía que tenía en las manos y se la pasó a Draco que la examinó con ojo crítico intentando averiguar el más mínimo detalle de lo que tenía allí delante y que pudiera servirles para saber algo.
Sobre la mesa donde se encontraban reunidos los miembros de la Orden se podían ver diferentes fotografías en blanco y negro, en distintos espacios, con la imagen de Hermione Granger como protagonista en todas ellas; una nota amenazadora brillaba en manos de Harry, donde con letras simples de ordenador rezaba una sola frase "Debió morir hace tiempo, ahora lo hará"
-¿Se sabe algo de científica? –preguntó Ron tomando una de las fotografías en la que se veía a Hermione con Ginny.
-La nota está limpia. Quién haya hecho esto, lo ha hecho a conciencia –informó Harry tendiéndole la nota que estaba metida en una bolsa de plástico.
-Esta fue de hace un par de días… -confirmó Sirius mirando una de las imágenes-. Estaba contigo, Blaise.
El chico miró la fotografía en cuestión y lanzó una maldición.
-Lo siento, no me di cuenta… -se disculpó.
-Ninguno nos hemos dado cuenta –sentenció Tonks mirando de reojo a Draco que parecía enfadado consigo mismo por no haberse dado cuenta de algo tan sencillo como que la estaban siguiendo-. La cuestión ahora es qué vamos a hacer.
-Ella no debe saberlo –indicó Sirius con voz grave.
-Por supuesto que no –reiteró Remus-. ¿Hay alguien…
-Tiene vigilancia las veinticuatro horas –contestó Harry sabiendo lo que Remus iba a preguntar. El hombre asintió dando su aceptación a aquello-. Aún así…
-Volemort consiguió infiltrar a alguien en el hospital de máxima vigilancia para matar a Regulus –dijo Sirius duramente. Tonks le miró, tan consternada por la muerte de Regulus como el propio Sirius-. Si quiere matarla, no va a andarse con tonterías…
-No estamos seguros de que sea él –dijo Snape.
-No, pero tampoco podemos descartarle y dado que Malfoy mató a uno de los hombres de Voldemort cuando estos intentaban matar a Granger después de matar a Mandy… -dijo con evidente sarcasmo Harry dejando la frase en el aire.
-¿Draco? –inquirió Nott mirando a su amigo.
El rubio alzó la cabeza de la fotografía y miró a Severus, sentado a su lado.
-Fíjate en esta –le dijo entregándosela. Severus lo hizo-. ¿No ves nada raro?
-No…
-En la esquina superior, detrás del edificio –señaló con el dedo el rubio-, ese hombre que la observa desde el coche.
-¿Quién es? –preguntó Severus consciente de que si había llamado la atención de Draco era porque algún motivo con fundamento.
-El hombre que disparó a Granger –todos los ojos se posaron en él-. No estoy loco, sé que maté a un hombre y éste –señaló la fotografía de nuevo, prácticamente es su doble.
Harry tomó la fotografía y frunció el ceño antes de pasársela a Sirius, quién asintió.
-¿Qué? –preguntó Tonks mirando a su primo.
-Es uno de los guardaespaldas de Voldemort –informó Sirius-. Por alguna razón Voldemort va detrás de Hermione.
-¿Y nos envía esto para que lo sepamos? –preguntó burlón Zabinni.
Harry y Severus se miraron, el nombre de Narcisa bailando en la mente de ambos.
-No es prioridad –informó Harry. La mirada de Sirius y Remus demostraron que esa era una reacción extraña en él; Harry los ignoró-. Protegedla las veinticuatro horas –miró a Draco-. Espero que tengas a tus mejores amigos vigilándola.
-¿Qué te hace pensar que la tengo vigilada? –preguntó Draco con una media sonrisa.
-Eso significa que sí –informó Blaise divertido.
-Bien, no la quiero sola en ningún momento, ¿entendido?
-¿Crees que Voldemort va a intentar acabar con ella en persona? –preguntó medio burlón Ron.
-No es por eso, Ron. No quiero que ella muera.
Aquello fue suficiente. A Hermione Granger no le pasaría nada. No mientras la Orden estuviese custodiándola.
(fin flashback)
Ron y The se miraron, ambos conscientes de que estaban pensando en lo mismo. Por alguna razón, Voldemort quería matar a esa mujer y era su trabajo impedirlo, por supuesto que el cariño que le habían tomado a la médico no tenía nada que ver, sólo era cuestión de trabajo. De trabajo y de que si le pasaba algo a Hermione estando con ellos, Draco no dudaría en dispararles.
-¿Y qué es eso tan importante que tienes que recoger? –preguntó Ron saliendo del coche y mirando a ambas direcciones antes de dejar que Hermione saliera del vehículo.
-Una caja –dijo con tranquilidad. Nott cerró el coche.
-¿Una caja?
-Sí, una caja –repitió ella-. ¿Tienes problemas de oído? Anoche recordé algo y quiero comprobarlo.
-Y para hacerlo, necesitas una caja…
-Sí, necesito una caja.
Ron suspiró y miró a Theo.
-¿Ves por lo que no salo con nadie en plan serio?
Por toda respuesta, el moreno sonrió mientras abría la marcha hasta el edificio. Entraron y Hermione se obligó a no dejarse vencer por el escalofrío que le recorrió la espalda. El ascensor volvía a estar estropeado así que subieron por las escaleras.
-¿Son imaginaciones mías o había un coche negro en la esquina? –se atrevió a preguntar la mujer.
Ron, delante de ella sacó algo de su bolsillo, lo miró un par de segundos y lo volvió a guardar, dejando que ella alcanzara a ver un punto rojo y tres azules en la pequeña pantalla.
-Oh, no te preocupes por eso –dijo Ron abriendo la marcha. Hermione, en medio de los dos hombres frunció el ceño mientras subía las escaleras.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Ehmmmm… ¿nada? –aunque había intentado sonar normal, su sentencia había terminado en una pregunta.
Hermione rodó los ojos. Nott, detrás de ella, rió.
-Tienes dos policías vigilándote las veinticuatro horas del día –le dijo Theo divertido-. ¿En serio creías que Draco iba a dejarte sin vigilancia?
-¿Qué? –ella se detuvo en medio del descansillo-. ¿Desde cuándo?
Nott la instó a seguir y ella obedeció siguiendo apresuradamente las grandes zancadas del pelirrojo que la precedía.
-Desde el primer día –sentenció Theo entonces.
-En realidad, son cuatro agentes –intercedió Ron.
Theo ahogó una carcajada. Hermione le miró mal.
-¿Cuatro?
Ron se encogió de hombros deteniéndose frente a la puerta del antiguo piso de Hermione; extendió su mano para indicarle en silencio que ella le entregara las llaves y la médico obedeció aún enfadada.
-Harry también está preocupado –dijo simplemente abriendo la puerta-. Nott, tú primero.
-Despejado –dijo el moreno desde el interior del piso.
Ron le indicó a Hermione que podía entrar y la mujer rodó los ojos mientras murmuraba algo parecido a "paranoicos" que hizo reír al pelirrojo, después de todo, le habían llamado cosas peores.
Ron comprobó el dispositivo una vez más. Todo parecía en orden. Fuera, un disparo certero hizo que la figura del agente cayera sobre el volante, inerte. La puerta del portal se cerró y unos pasos apresurados en la escalera hicieron que Nott prestase atención. Lo único que alcanzó a ver fue un arma sostenida por una sombra, luego, todo fue oscuridad.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Narcisa se detuvo al atravesar las puertas de su habitación. Allí había algo que no estaba bien; llevó su mano al arma de la cintura y la desenfundó con tranquilidad mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad; alargó la mano y prendió el interruptor de la luz mientras apuntaba con su arma a la pared de la izquierda, justo al lugar de detrás de la puerta.
-¿Qué diablos haces en mi habitación, Lucius?
-Esperarte, querida… -su voz sonaba tan empalagosa y falsa como siempre. Narcisa cerró la puerta y sin importarle la presencia masculina se dirigió hacia la cama donde se sentó y se quitó las botas.
-¿Para qué?
-Antes no solías ser tan directa –le replicó él-, es más, juraría que te encantaba… jugar…
Narcisa se felicitó internamente por respirar profundamente evitando el sonrojarse ante las palabras de Lucius.
-Antes era una niña estúpida que no sabía nada.
-¿Y eso ha cambiado? –preguntó el hombre burlonamente. La mirada que le lanzó ella le hizo reír con diversión y burla a partes iguales-. Sólo quería decirte que me ha llegado información muy… interesante…
El tono de fingida indiferencia no logró engañarla y no estaba segura de que él lo hubiera dicho esperando que ella le creyera.
Narcisa respiró profundamente.
-¿Y eso debe importarme?
-Teniendo en cuenta que tiene que ver contigo y con cierto miembro de la Orden con la que Voldemort quiere acabar, sí, debería importarte.
Esta vez la mujer agradeció el haberse girado para dejar su arma bajo la almohada. No necesitaba mirarse al espejo para saber cómo se encontraba en aquellos momentos; podía notar como los músculos de su rostro estaban apretados con fuerza, podía sentir que su propia respiración se había paralizado y que la temperatura corporal de su cuerpo había bajado un par de grados.
Lucius no podía saberlo. Lucius no podía saber de la existencia de Draco. No podía hacerlo. Lo había ocultado muy bien, absolutamente nadie a parte de Severus conocía aquel secreto. Había rezado día y noche para que Lucius y Draco jamás se encontrasen; por boca misma de Severus sabía que Draco era una copia exacta de Lucius y ella no quería el destino de Lucius ni el suyo propio para su hijo… Su hijo no merecía ser tan infeliz como ello lo había sido, como ella lo estaba siendo.
-No sé de qué me estás hablando…
-Digamos que cierta china ha descubierto que Snape te salvó por propia voluntad sin que tu hermana se inmiscuyera ni pidiera nada –chasqueó la lengua-, es una lástima… por cierto, ¿cómo se encuentra?
Narcisa respiró dándose cuenta de lo aliviada que se sentía al saber que Draco seguía siendo inexistente para Lucius.
-No creo que sea de tu incumbencia –le espetó ella furiosa-. Y ahora márchate, tengo que cambiarme.
-Claro querida… Hablaremos de esto más tarde… quizá con algunos informes de Chang en mis manos…
Narcisa respiró cuando Lucius abandonó su cuarto. Chang. Frunció el ceño. Ya sabía que esa mujer iba a traerle problemas… Nadie debía saber que ella era la fuente de Snape. Nadie. Miró su arma bajo la almohada y suspiró. Ya había matado muchas veces, una más no supondría la diferencia.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Nott abrió los ojos con pesadez. El dolor agudo en su nuca le hizo llevarse la mano hacia la zona dolorida, notando como algo líquido y caliente empapaba la palma de su mano. Cuando la miró se dio cuenta de que era sangre.
-Genial… -musitó bastante cansado.
Miró a su alrededor; Ron estaba tumbado de espaldas a varios metros de él. Theodore se levantó y tambaleándose y ahogando un gemido de dolor que le provocaba el golpe en la nuca, se acercó hasta Ron y arrodillándose a su lado comprobó sus constantes vitales, exhalando profundamente cuando sintió que seguía vivo. Inconsciente, pero vivo. No había rastro alguno de Hermione.
-Maldita sea… -tomó su teléfono y marcó un número-. Agente Nott –dijo simplemente-. Pásame con Potter, tenemos problemas. Y de los grandes.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Cerró la puerta de la sala de interrogatorio con fuerza sin importarle demasiado el empujón que le dio a uno de los guardias que le gritó. Pero Malfoy lo ignoró completamente mientras se dirigía a grandes zancadas hacia el piso superior. Golpeó el botón del ascensor y después de tres segundos de espera llegó a la conclusión de que iba demasiado lento.
Ahogando una maldición, giró hacia las escalera y empezó a subirlas de tres en tres peldaños con una sola frase en la cabeza que había escuchado de uno de los guardias que estaban en la sala de interrogatorio con aquel malnacido que introducía drogas en los colegios: "Ronald Weasley ha recibido un buen golpe. Tú trabajas con él, ¿verdad?" Ni siquiera había contestado a la pregunta y mucho menos había prestado atención a la siguiente "¿Sabes si está bien?"
Su cabeza había trabajado con rapidez y agilidad. Weasley y Nott habían ido con Hermione a su antiguo piso. ¿Qué diablos había pasado?
Atravesó el vestíbulo llegando al piso superior; Minerva no intentó pararle cuando entró casi rompiendo la pequeña portezuela que separaba la zona de espera de la zona policial.
Los ojos de Draco estaban fríos como el acero cuando irrumpió en el despacho de Potter. Sus manos crispadas, su rostro frío y su cuerpo tenso sin dejar ningún atisbo de lo que podía estar sintiendo en aquellos momentos.
-¿Dónde está Granger?
El rostro compungido, serio y preocupado de Nott le hizo darse cuenta de que la respuesta no iba a gustarle demasiado.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Bueno, pues esto es todo por hoy… seguiré escribiendo pasito a paso y poquito a poco. Una vez más muchas gracias por vuestras palabras de apoyo, las necesitaba de verdad y por eso os lo agradezco de todo corazón.
Un beso para todos, sed felices y disfrutad de cada minuto del día porque nunca sabes quien puede cruzarse en tu camino para que sea el último…
Un beso dulce para todos!! Nos leemos pronto!!
