Capitulo s

Hola a todos!! Sí, ya sé que hace cosa de un mes que no actualizo y pido perdón por el retraso, pero los que ya me conoceis sabéis que no puedo estar mucho tiempo en el ordenador por el accidente que tuve, así que espero que me comprendais y me tengais paciencia ok?

Os traigo este nuevo capítulo; reconozco que es un poco más corto de a lo que os tengo acostumbrados, un par de páginas más o menos más corto, pero quería subirlo ya para que no tengais que esperar más tiempo.

Espero subir el proximo sin tardar tanto como esta vez. De todo corazón os agradezco vuestras palabras de apoyo y de consuelo, es gracias a vosotros que sigo escribiendo; quiero agradecer sobre todo a Terry Moon que me ha sido fiel desde el primer fanfic que escribí y que ahí sigue; de verdad, gracias.

Bueno, os dejo ya, espero que os guste el capítulo. Un besito a todos, nos leemos abajo!!

Capitulo 17: Un poco de paz

Harry tamboreaba los dedos sobre la superficie lisa del escritorio de su despacho; contra su costumbre de no tener alcohol en el trabajo, la botella de una cerveza aún fría se erguía sobre el mueble, puesta a mano para poder tomarla cuando quisiera sin siquiera levantar la vista de los papeles que tenía delante.

Calma. No entendía los informes. Todo estaba calmado. Demasiado calmado. Había estado en aquel trabajo lo suficiente para saber que eso no podía ser nada bueno, más bien al contrario, era el preludio que anunciaba una gran tormenta. Suspiró cansado y se echó hacia atrás reclinándose en la silla.

Malfoy había desaparecido. Con Hermione. Nadie les había vuelto a ver desde que él había entrado en aquella mansión y la había rescatado; algunos agentes habían bromeado acerca del hecho de que quizá no hubieran escapado, pero Harry sabía que sí lo habían hecho. De no ser así, Snape no se mostraría tan tranquilo como estaba. Miró el reloj. Hacía veinte horas que no sabía nada de Malfoy y empezaba a impacientarse.

Malfoy conocía las reglas y las normas de la Orden, nadie podía desaparecer sin decir nada. Sonrió con cierta amargura sabiendo perfectamente que si él hubiese estado en el lugar del rubio hubiera hecho lo mismo.

Suspiró y volvió a posar su vista cansada en los papeles que tenía delante. Veinte detenidos, cerca de treinta kilos de heroína y una agenda llena de los teléfonos de los número uno en el mundo de la droga europea. Nada más. No habían encontrado nada que relacionase todo aquello con Voldemort. Ninguna prueba, ninguna evidencia, absolutamente nada. Se pasó una mano por el cabello y suspiró mientras miraba el teléfono como si fuera el culpable de todo. Nott, Tonks y Sirius estaban en la mansión, ninguno de ellos había llamado aún para ofrecer alguna pista.

Tocaron suavemente a la puerta.

-¿Has dormido algo?

Harry sonrió ante la pregunta de su amigo.

-¿Tengo pinta de haber dormido? –Ron frunció el ceño-. Un par de horas –añadió. Ron se sentó en el borde del escritorio y tomó el botellín de cerveza para darle un trago-. Sí, Ron, puedes tomar un trago –lo invitó irónico.

Los ojos azules de su compañero y amigo brillaron divertidos.

-Deberías ir a casa, tomar una ducha y dormir un par de horas –lo miró fijamente-, y tampoco te iría mal comer algo más que eso –señaló el cartón abierto de una pizza a medio comer.

-Estoy bien –replicó Harry-. De todas formas no podría dormir hasta que no sepa donde están Malfoy y Granger.

-¿Has hablado con Ginny? –preguntó Ron entonces.

-No, ¿por qué? –le miró burlón-. ¿Crees que Malfoy le ha dicho a tu hermana donde está?

Ron se contuvo de darle una respuesta con el mismo tono burlón.

-No, pero quizá el dispositivo de Hermione aún esté localizable y… -Harry negó suavemente-. ¿Qué?

-Ya lo he comprobado, ¿crees que soy idiota o algo así?

-No la pagues conmigo amigo –le contestó Ron-, yo ya te he dicho que tienes que dormir un poco.

-Y yo te he dicho que no voy a hacerlo hasta que no sepa donde diablos están –le replicó. Ron se mostró incómodo ante su estallido y Harry suspiró-. Mira lo siento Ron, ¿de acuerdo? Estoy cansado, irritado y furioso… -le tendió los informes-… no hay nada en esa mansión que relacione a Voldemort con el secuestro de Hermione.

Ron frunció el ceño mientras revisaba el informe.

-¿Y te extraña? Siempre ha sabido ocultar bien su rastro. ¿Alguien ha hablado?

-No. Blaise y Remus están en la sala de interrogatorios pero todos afirman ser los culpables y niegan tener contacto con Voldemort –soltó una risita-. Afirman incluso no saber de quién estamos hablando. Como si eso fuera posible… ¡No hay una maldita persona en Londres que no sepa quién diablos es Tom Ridle! –terminó gritando.

Ron enarcó una ceja.

-Vale Harry, cálmate. Entiendo que…

-No, Ron, no lo entiendes –le cortó Harry tranquilo-. No puedes entenderlo.

El pelirrojo no le rebatió aquello. Sabía cuando Harry llegaba a su límite y sabía que había llegado. No le escucharía dijera lo que dijera. Aunque afirmaba que no era así, Harry tenía una cuenta pendiente con Riddle, la muerte de James y Lily y el hecho de que fuera el causante de sus muertes dejándolo a él con vida era algo que siempre había planeado sobre la cabeza de Harry y era algo que nunca iba a desaparecer al menos hasta que Harry no atrapase a Voldemort y pudiera hacerle pagar por ello.

-¿Querías verme?

Ron no se sorprendió del cambio de actitud y de tema de Harry, era algo que hacía continuamente. Asintió sin estar convencido del todo de que darle semejante noticia fuera lo mejor en aquellos momentos.

-Han encontrado un cadáver cerca del río, a las afueras de Londres –comunicó Ron con evidente nerviosismo. Harry enarcó una ceja.

-¿Y qué es lo que no me estás contando?

Ron se mostró nervioso.

-Es Cho Chang. Disparo de bala –dijo a bocajarro sin saber cómo decir algo semejante con sutileza.

-Encárgate de eso. Quiero toda la información que su cuerpo pueda proporcionarnos y asegúrate que le hacen un lavado de estómago y que buscan toxinas en su aparato digestivo.

Su voz había sonado fría y sin vida, mecánica, automática y Ron no supo si aquello era bueno o malo. Harry enarcó una ceja al ver que no se movía.

-¿Puedes encargarte de eso o envío a otro equipo?

-No, claro que puedo hacerme cargo…

-¿Pero…? –incitó Harry a ese "pero" que sabía que estaba a punto de llegar.

-Pero me estás preocupando. No has gritado. No te has subido por las paredes y no estás maldiciendo. ¿Estás bien? No es una noticia agradable para alguien que…

-Ron, déjalo.

-Estabas pensando casarte con ella Harry –insistió el pelirrojo.

-Sí, y ella estaba pensando en acostarse conmigo, drogarme y sacarme información que podría habernos costado la vida a todos los integrantes de la Orden –fue su seca respuesta-. Créeme si te digo que lo único que Chang significa ahora para mí es un conjunto de pruebas sin determinar aún –le dijo claramente insinuándole que se marchara.

-De acuerdo, indirecta captada. Te llamo cuando sepa algo –Harry asintió y Ron salió del despacho, probablemente más confundido de lo que había entrado.

No. Harry se maldijo a sí mismo. No iba a pensar en Cho en aquellos momentos. Necesitaba saber donde estaba Hermione para que le dijera todo lo que supiera de aquella maldita casa. Necesitaba concentrarse en Hermione y en Malfoy. No en Cho. No en ella.

Marcó una línea interna del teléfono y la voz alegre de Gin contestó.

-Envía una circular a la Orden completa –le informó-. Podemos tener problemas con los jefes de la mafia china en breve.

-¿Qué ha ocurrido?

-Cho ha sido asesinada…

Ginny se quedó en silencio un segundo.

-La enviaré ahora mismo Harry. ¿Necesitas algo más?

-Sigue intentando localizar a Malfoy por favor Ginny, es importante que hable con Hermione.

Cortó la comunicación. Importante era quedarse corto. Era imprescindible que hablara con ella.

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No sabía donde estaba. Tampoco era algo que le preocupara en exceso. Lo único que sabía era que estaba a salvo y segura, en paz y tranquila. Sabía que debería haber hablado con Harry para contarle lo que había ocurrido pero cuando había sugerido la idea, Draco la había mirado enfadado y le había dicho que ya habría tiempo para ello, que ahora tenia que recuperar fuerzas. Luego le había sonreído y acariciándole la mejilla le había dicho que se considerara oficialmente secuestrada por él durante unas horas.

Cada vez que la chica le preguntaba dónde estaban, él le sonreía y simplemente le contestaba un escueto "en mi lugar de relajación, así que relájate". Después de preguntarle cinco veces obteniendo la misma respuesta Hermione había optado por no preguntarlo más.

Su cabeza iba más deprisa de lo que ella pretendía y sin darse cuenta, se encontró preguntándose si lo que había visto en aquella había sido cierto o simplemente un producto de su imaginación. Había sido… extraño… Como si hubiera avanzado en el tiempo y hubiese topado con un Draco más experimentado, mayor, y al mismo tiempo, más frío y calculador de lo que él ya se mostraba con todo el mundo.

-Si te quedas más tiempo aquí fuera terminarás congelándote –le recriminó suavemente Draco desde la puerta trasera de la casa.

Hermione no se giró; se limitó a negar con la cabeza. Aún no quería volver dentro, era temprano y pocas veces podía tener la sensación de paz y tranquilidad que se respiraba allí. Escuchó un suspiro de resignación detrás de ella y cuando pensaba que Draco iba a entrar solo a la casa, notó como una suave manta caía sobre sus hombros. Las manos de él acompañaron a la manta y la abrazaron desde detrás.

-¿Mejor?

-Sí, gracias… es que… aquí fuera todo parece…

Incapaz de encontrar las palabras, Hermione se calló. Draco sonrió mientras la besaba en la cabeza.

-Lo sé… parece un mundo a parte ¿verdad?

-¿Cómo sabías que necesitaba…

-Porque es el lugar donde yo me refugio cuando algo sale mal. Nadie sabe de su existencia salvo Severus –explicó Draco-. A veces me paso meses aquí solo. Después de lo que te pasó lo último que necesitabas era un interrogatorio de Potter.

Hermione sonrió a medias.

-Harry no es tan malo. Además, es un gran agente y…

-No necesitas venderme eso preciosa –la interrumpió Draco-. Pero Potter está demasiado obsesionado con Riddle. Siempre lo ha estado y no te hubiera dado un par de días libres –dijo con sarcasmo- antes de interrogarte hasta el tercer grado para saber todo lo que pudiera saber de aquella casa.

Hermione sintió un repentino escalofrío. Había sentido miedo y temor hasta el último de sus huesos en aquella casa frente a aquella persona. Era como si Riddle la conociera mejor de lo que se conocía ella misma. Mientras se sujetaba la manta con una mano, acarició el colgante con la otra.

-Draco, ¿puedo llamar a una persona?

El policía la hizo girar entre sus brazos y la miró fijamente.

-Hermione, no estás prisionera –le aseguró-. Eso lo entiendes, ¿verdad? Puedes ir donde quieras y llamar a quien te de la gana –ella asintió-. Bien, voy a ir haciendo la cena, entra cuando estés preparada para hablar de lo que pasó allí.

-Ya estoy lista para hacerlo –Draco enarcó una ceja-… para hablar de ello, quiero decir –se apresuró a añadir al ver que él sonreía burlonamente habiéndole encontrado un sentido diferente a lo que ella había dicho.

-Puede que sí, pero yo necesito cenar algo antes de que me cuentes nada –cuando ella le miró interrogante, Draco se permitió el sonreír levemente-, suelo tener muy mal humor con el estómago vacío y si voy a escuchar algo que no me gusta, prefiero haber comido algo. Haz esa llamada preciosa.

Hermione sonrió. Era estupendo saber que Draco siempre iba a ser Draco

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Nada había salido como había esperado. Había sido un triunfo amargo. Había matado a Cho Chang; nunca podría desvelar su secreto, nadie sabría nunca por ella que Draco era su hijo e hijo de Lucius. Nunca iba a saberlo nadie.

Se había armado de valor. Había regresado con la intención de contarle a Bella la verdad. La verdad sobre Lucius. La verdad sobre su ingenuidad. La verdad sobre Draco. La verdad sobre Severus. Necesitaba decírselo todo. Hacía mucho que necesitaba hacerlo y por fin, finalmente, había conseguido encontrar el valor de hacerlo.

Librarse de Cho Chang había sido la catapulta que había impulsado aquel valor.

Pero todo había salido de la forma errónea. No tenía que haber sido así. Bella tenía que haberla escuchado, seguramente habría gritado, gesticulado y sí, seguramente la hubiera mandado al infierno antes de amenazarla con matarla ella misma. Pero no había sido así.

Bella ni siquiera la había mirado, ni le había gritado y mucho menos amenazado. Cuando llegó a la habitación de su hermana, del motivo por el que seguía en aquel lugar, bajo las órdenes de aquel hombre, de aquel monstruo, Bella ya estaba muerta.

Su hermana había muerto. Hermosa. Perfectamente maquillada, perfectamente dulce, eterna, etérea. Pero había muerto. En su lecho, como una reina inmortal. Así la había encontrado.

Casi no había tenido tiempo de arrodillarse a su lado y mucho menos de llorarla cuando la figura vestida elegantemente había hablado desde el rincón más oscuro de la habitación al tiempo que encendía una tenue luz que logró que su rostro, si era posible, pareciese más cruel de lo que ya era por sí solo.

-Está muerta –dijo simplemente Voldemort sin ningún atisbo de emoción.

-¿Qué… qué…

-Tu hermana ha decidido dejarnos… ¿no es horrible ser tan egoísta?

Narcissa no pensó. No pensó en nada cuando se abalanzó sobre él para golpearle en el pecho, para rugir, herida, para maldecir en voz alta, gritar y llorar al mismo tiempo sin ser plenamente consciente de lo que estaba diciendo.

No fue hasta que sintió el cañón de una pistola en su sién que no fue consciente de sus propios actos. Miró confundida a Voldemort, como si acabara de despertar de un sueño, de una pesadilla vivida. Él sonrió con malicia.

-El cuerpo de tu hermana será abandonado a las afueras de Londres, como castigo ejemplar para todo aquel que piense que puede dejar de estar a mi lado sin sufrir consecuencias, ni siquiera en la muerte –dijo con voz tranquila-. Bellatrix me juró fidelidad una vez y una vez que se me hace ese juramento, ni siquiera la muerte gobierna sobre mis decisiones –añadió levantándole la cabeza a Narcisa para clavar sus ojos en los de ella-. No tolero las traiciones… de ningún tipo ¿entendido?

Narcisa no contestó. No sabía qué decir, no sabía qué hacer.

-Te perdonaré lo que me has dicho porque no estabas en tus cabales, pero tendrás que pagar por la traición de tu hermana. Ve a tu habitación y arréglate, te enviaré a uno de mis hombres y quiero que te muestres….agradable con él… ¿comprendido? –se encogió de hombros-. Bella era quien hacía este tipo de cosas pero ya que ella no está, tú ocuparás su lugar.

No le dio tiempo a decir nada cuando Voldemort ya se había marchado de la habitación. El olor a lilas que impregnaba las ropas de Bella flotaba en el aire y su cuerpo, aún tibio, permanecía en la cama. Narcisa supo que no tenía elección. Se acercó al lecho de su hermana consciente de ello y se sentó en el borde, atrapando una de las manos de Bella entre las suyas propias. Luego se inclinó y la besó en la frente como Bella siempre la había besado siendo niñas. Luego se levantó y salió de la habitación jurándose a sí misma que sería la última misión que haría para Voldemort. Y si después de eso venía la muerte, bienvenida sería.

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Entró en la pequeña sala de estar después de despejar la cocina, cosa que había hecho con la intención de darle a Hermione un poco de intimidad para que hiciera su llamada desde el único teléfono de la casita, situado en la mesa baja de la sala.

No pudo evitar sonreír al verla de espaldas a él, descalza, con las piernas desnudas estilizadas, largas y bronceadas ligeramente, vestida únicamente con una de sus camisas blancas que le llegaba a la altura de los muslos y que había tenido que remangarse varias vueltas en los puños para que no le sobrase tanta tela. El cabello rizado ya se había secado y caía sobre su espalda ensortijado centelleando a la luz de la sala ligera y suave.

Escuchó parte de su conversación, más bien, de sus gritos.

-¡No puedo creer que hayas echo algo así, mamá! –gritó al teléfono Hermione.

Draco se acercó hasta el sofá y se sentó mirando a la mujer castaña que parecía haberse alterado bastante. No le extrañaba; él apenas había conocido a la madre de Hermione pero lo poco que había visto de ella no le había gustado en absoluto. La había tachado como una mujer fría, calculadora y manipuladora. Adjetivos que por suerte para él, ella no había heredado.

-¡No pienso ser agradable con él…. –se calló unos segundos-. ¡No! –volvió a gritar-. ¡No pienso ser dama de honor sólo porque él sea el padrino y mucho menos quiero sentarme en su misma mesa! –respiró-. ¡Si él va, yo no voy y me da igual que me digas que parezco infantil diciendo eso! –añadió seguramente ante algo que ella había dicho-. ¡Se acabó la discusión mamá, ya no soy una niña asustada ¿entiendes?! ¡Acabo de pasar por una experiencia horrible y a ti lo único que se te ocurre decirme es que todo se me pasará cuando vaya a la boda y vea a Mark, pues no! –respiró-.¡Y envíame de una vez esa maldita caja!

Colgó el auricular con fuerza, con más de la necesaria y se giró inmediatamente hacia Draco con la velada amenaza de que no dijera nada si no quería morir de inmediato. A juzgar por su mirada furiosa, podría haber helado el mismo infierno. Por suerte para ambos, Draco estaba demasiado acostumbrado a tratar con temperamentos volátiles, el suyo el primero.

-¿Quieres una copa? –le preguntó él.

-Yo me la sirvo, gracias –se dirigió hacia el mueble bar con dos pasos y con fuerza cogió un vaso y se sirvió una generosa cantidad de whisky. Sin que Draco dijera nada ella empezó a hablar-. Mi madre ha invitado a Mark a la boda de mi hermana –se bebió el contenido del vaso en un solo trago y casi sin pestañear se sirvió otro trago de whisky. Draco no dijo nada, pero cuando también se bebió este segundo vaso y tomó la botella para servirse de nuevo, decidió que era suficiente-. ¡Eh, eso era mío! –protestó cuando él le quitó la botella con agilidad y sin ningún esfuerzo.

-Sí, pero estaba en mi casa así que era mío antes –le replicó él-. Además, creía que no bebías más que una copa de vino de vez en cuando –añadió arrugando el ceño.

-Mi madre podría hacer que vaciara toda una bodega sin pararme –confirmó ella-. No sé como lo hace pero te juro que consigue sacarme de mis casillas.

-De acuerdo, ¿quieres que vayamos por pasos? Empecemos por el principio, era tu madre ¿verdad? –Hermione le miró airada-. Tomaré eso como un sí –la condujo hasta el sofá, la obligó a sentarse y se sentó él también de forma que quedaron medio acostados, ella delante de él, rodeada por las manos de Draco en su cintura-. ¿Quién es Mark?

La sintió tensarse entre sus brazos y se preguntó el motivo de ello. Parecía asustada, terriblemente asustada con mencionar sólo aquel nombre. Su memoria recordó rápidamente y con agilidad envidiable que había tenido la misma reacción alterada aquella noche en el restaurante cuando habían visto a aquel tipo que…

-Mark era mi profesor –la voz de Hermione interrumpió sus pensamientos.

La mujer se arrellanó en el sofá y se acurrucó aún más entre los brazos de él, como si el cuerpo de él pudiera protegerla incluso de sus recuerdos.

-¿Y por qué iba tu madre a invitar a tu…. –se calló cuando ella suspiró profundamente y contuvo el aliento, esperando que él encontrase la respuesta a la pregunta como si supiera que iba a ser una respuesta que no iba a agradarle-… Tuvisteis una relación… - Hermione asintió imperceptiblemente-. ¿Cómo…

-Bueno, tú tienes un informe, deberías saber…

-Hermione.

No alzó la voz, pero el tono era lo suficientemente alto y autoritario para que la chica se diera cuenta de que estaba entrando en terreno peligroso.

-Era una estudiante precoz, no tenía amigos… mi intelecto era superior al de mis compañeros y no encajaba con ellos en nada. Busqué refugio en mis libros como siempre… Pasaba una mala época, empezaba a pensar que sería un bicho raro siempre, que nadie podría quererme por culpa de mi inteligencia… -las manos de él la acariciaron para infundarle valor-… y apareció Mark. Tan atractivo, tan carismático, con su eterna sonrisa de "olvida al mundo y haz lo que quieras hacer"… -se encogió de hombros-… ni siquiera sé cómo pasó. Un día estaba en su despacho hablando de un trabajo y al día siguiente me encontraba en un restaurante cenando con alguien sofisticado que se había interesado por mí por primera vez en mi vida si importarle que mi media fuera de diez.

-Te abrumó… -eso podía entenderlo-. Os acostasteis juntos –declaró él apretando los dientes en una afirmación más que una pregunta.

-Una vez –dijo ella más para oírse a sí misma decirlo que para tranquilizarle a él-. Sólo fue una vez… Luego… luego me di cuenta de que no había estado preparada para ello y le dije que no quería volver a hacerlo… -Draco miró su rostro perfilado-… dijo que estaba bien, que no volveríamos a acostarnos pero que la relación se acababa en aquel momento… -sonrió con cierta tristeza al recordar el daño que le había hecho-… si yo no estaba preparada para una relación adulta él no lo estaba para hacer de niñera de una cría mimada con el carácter de una princesa de hielo que no sabe qué hacer en la cama.

El abrazo de Draco alrededor de su cintura se hizo más intenso, apretándola contra él como si de aquel modo pudiera protegerla de las palabras que aquel idiota le había dicho hacía tanto tiempo pero que evidentemente aún estaban en la cabeza de ella. Rogó por no encontrarse nunca con Mark ante la promesa de hacerle pagar por el daño que le había infligido a aquella mujer.

-¿Qué pasó entonces? –preguntó.

-Me quedé embarazada –dijo ella.

Antes de pensar en sus palabras, Draco habló precipitadamente:

-¿Lo diste en adopción?

Hermione se sintió confusa por la rabia con la que él había hablado. Estaba a punto de contestarle que qué tipo de persona pensaba que era cuando fue consciente de que él había hablado desde la amargura de haberse visto abandonado. Suspiró internamente, contó mentalmente hasta diez y luego habló tranquila.

-Sufrí un aborto… yo… no lo hubiera dado nunca en adopción ni lo hubiera abandonado en un orfanato Draco –añadió.

Casi pudo sentir como él contenía el aliento al verse descubierto en sus propios pensamientos. En un intento por relajarlo le acarició el dorso de las manos y suspiró aliviada cuando él volvió a respirar con tranquilidad como si aquella respuesta le hubiese quitado un gran peso de encima.

-¿Un aborto natural?

-Algo así… tuve un accidente doméstico y me caí por unas escaleras…

Había algo que le ocultaba. Era consciente de ello. Pero Draco no iba a presionarla. Sabía que no sacaría nada en claro de ella si lo hacía.

- Perdí al bebé cuando estaba embarazada de cuatro meses.

Eso explicaba muchas cosas del carácter de Hermione; siempre a la defensiva, siempre intentando vestir de forma que no llamara la atención sobre nadie, un carácter forjado a base de un desengaño y de la muerte de su bebé.

-Mi pobre pequeña… -susurró. La giró encima de él y la miró fijamente, enlazando sus manos grandes en la espalda de ella, sobre la tela de la camisa que llevaba-. Te hizo mucho daño ¿verdad? –susurró.

-Sí… sería una idiota si lo negase –admitió con una amarga sonrisa.

-Te prometo que no volverán a hacerlo –le dijo Draco-. Nadie va a volver a hacerte daño. No pienso separarse de ti Hermione así que más te vale que vayas acostumbrándote a mí –bromeó.

-Esa declaración parece seria, agente Malfoy –bromeó ella a cambio.

Draco se puso serio.

-Hablo en serio Hermione. No te estoy prometiendo un matrimonio, dos perros y cuatro niños, pero mientras esta relación dure, no vas a volver a separarse de mí.

Hermione no pudo decirle que no tenía intención de hacerlo; Draco ya la estaba besando y el mundo, una vez más, giró a su alrededor.

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Ginny miró por encima de la pantalla del ordenador a Blaise que parecía entretenido mirando unas fotografías tomadas de la mansión de Voldemort donde Hermione había sido secuestrada. Nott estaba cerca de él mirando otro montón de fotos. De vez en cuando se miraban, señalaban algo en sus fotografías, asentían después de murmurar algo en voz baja y volvían a revisar más fotografías.

Le gustaba mirarle así, cuando Blaise creía que no le miraba. Le gustaba ver como pequeños gestos y pequeños ademanes dejaban entrever rasgos de la personalidad de Blaise que parecía conocer sólo ella. Blaise podía ser un bromista empedernido pero ella sabía que podía ponerse serio si la ocasión lo requería; podía parecer despreocupado por sus comentarios y sus actos, pero Ginny sabía que en cada segundo sus músculos estaban en tensión, alerta ante cualquier cosa que pudiera pasar a los que él quería y consideraba parte de su familia incluso si no había lazos familiares entre ellos. Cada pequeño gesto de Blaise era todo un mundo que ella estaba descubriendo poco a poco y que nunca se cansaría de ir descubriendo y aunque ese conocimiento pudiera parecer que tuviera que asustarla no lo hacía en absoluto.

Blaise se sintió observado y sus ojos negros se clavaron en los suyos. Ginny le sonrió y Blaise le devolvió la sonrisa.

La miró cuando ella volvió a bajar la vista hacia el ordenador. La quería. Quería a esa pequeña pelirroja temperamental capaz de congelar el infierno y abrasar el mismo desierto con una mirada. La amaba más de lo que había amado a nadie y lo único que le preocupaba de la relación que mantenía con ella era que pudiera pasarle algo por su culpa. Era consciente de que debido a su condición de agente de la Orden a través de los años se había forjado ciertos enemigos que nadie desearía tener y que seguramente el mundo hubiera ido mucho mejor si jamás hubiesen nacido; ese era su temor; que alguien pudiera relacionarla con él, que alguien pudiera darse cuenta de lo mucho que ella significaba para él y la utilizaran para llegar hasta él haciéndole daño en el proceso.

Había estado junto a Draco cuando Pansy había muerto, como siempre lo había estado y como siempre lo estaría. Había visto cuánto había sufrido Draco en silencio por la muerte de la persona a la que quería… y él no quería pasar por lo mismo porque estaba seguro de que si ocurría algo similar él no lo soportaría. No era tan valiente ni tan fuerte como pretendía hacer creer a los demás.

-¿Queréis dejar de miraros y centraros en el trabajo? –inquirió Nott sin levantar la mirada de las fotografías-. En serio, si seguís así no tardarán en darse cuenta de que hay algo entre vosotros –añadió más preocupado que enfadado.

-Lo siento –dijeron los dos al mismo tiempo sin poder evitar sonreír.

-¿Qué es lo que sentís?

Se giraron hacia Ron que acababa de entrar en la sala. Ginny parpadeó ligeramente; Blaise le miró boquiabierto y Nott se limitó a enarcar una ceja. Los tres claramente sorprendidos. No por la llegada de Ron sino porque con él había una niña que se aferraba a su mano como si fuera una tabla de salvación.

-Chicos, os presento a mi nueva amiga Sofía.

La niña no dijo nada. Los adultos tampoco sabían qué decir. La pequeña parecía estar asustada; presentaba una imagen deplorable vestida con la sudadera de Ron roja que le colgaba por debajo de las rodillas y que parecía haber engullido a la niña; es cabello desordenado, sucio y como si hiciera años que nadie se ocupara de ella. La desconfianza era palpable en los ojos de la pequeña, pero junto a esa desconfianza había algo más, el brillo de quien experimenta la sensación de libertad después de mucho tiempo.

-Gin, ¿por qué no te llevas a Sofía y le buscas algo más…eh… apropiado?

-Claro –Gin entendió de inmediato; seguramente la niña se sentiría más tranquila co ella que con un hombre. Se levantó de la silla y le tendió la mano-. Ven conmigo Sofía, a ver si podemos ponerte algo mejor que eso… -le sonrió con complicidad-; no será difícil.

-¡Eh! –protestó Ron-. Es mi mejor sudadera.

-Los chicos nunca entienden de estas cosas –le confió la pelirroja a la niña con una media sonrisa-. ¿Vienes conmigo?

Sofía miró a Ron como pidiéndole permiso y el pelirrojo sonrió algo avergonzado por las miradas que estaba recibiendo de Nott y Blaise. Sabía que eso le costaría después unas cuantas burlas.

-Ve con ella Sofía, es mi hermana, estarás bien.

Sofía obedeció y se aferró a la mano de Ginny con a misma fuerza con la que había estado aferrada a la de Ron.

-Dejad esas fotografías –ordenó Ron cuando las dos salieron por la puerta-. Tenéis que escuchar lo que me ha contado Sofía.

-Potter se pondrá hecho un basilisco si no terminamos con esto y encontramos algo –protestó Blaise.

-Harry nos dará unas vacaciones después de contarle lo que sé –le replicó Ron-. Ahora escuchadme.

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Respiró agitado. El sudor caía por su frente y por las sienes y se agolpaba en el cuello resbalando hacia el pecho desnudo. Se apartó el cabello húmedo de la frente y cerró los ojos un segundo mientras recuperaba el aliento antes de volver a enfocar la mirada en su contrincante, tan sudoroso y cansado como él, sino más.

-Otra vez… -pidió retomando la posición de inicio de combate.

Remus, espectador del combate frunció el ceño. Se estaban forzando demasiado, si seguían a ese ritmo uno de los dos acabaría por hacerse daño de verdad. Se levantó dispuesto a parar el combate.

-No –dijo Sirius sin apartar la mirada de Harry-. Siéntate Remus, aún tenemos la fuerza suficiente para un par de combates más ¿verdad cachorro?

-Sirius… -empezó a decir Remus.

-Está bien Remus, quiero seguir. ¿Listo? –se volvió hacia Sirius después de sonreírle al otro adulto en un gesto para tranquilizarlo.

Con un gesto de reprobación Remus se sentó para seguir observando el combate. Se estaban cansando hasta el agotamiento y eso sólo podía significar que ambos estaban demasiado preocupados por algo como para darse cuenta de otra cosa.

Siempre hacían lo mismo. Se frustraban, se iban al gimnasio y se agotaban hasta que el cerebro les decía basta y acababan tan cansados que sólo tenían fuerzas para ir a casa a dormir; a veces ni eso. En más de una ocasión ambos habían terminado durmiendo en la sala de descanso de la oficina.

Ambos estaban al límite pero ninguno de los dos diría ni una sola palabra de lo que preocupaba. Los conocía lo suficiente para saber que ambos eran unos malditos cabezotas testarudos.

-¡Maldita sea! –gritó cuando Sirius terminó en el suelo con un golpe en el plexo solar de Harry y no se levantó-¡Harry!

Pero Harry había sido igual de rápido y mientras Remus se dirigía hacia su mejor amigo él ya había llegado y se aseguraba de que Sirius estuviese bien.

-Paddy, ¿estás bien?

-Joder…. –respiró con dificultad-… ¿quién diablos… -tosió-, te ha enseñado….a dar ese… golpe?

Harry sonrió a medias.

-Tú –le contestó-. ¿Puedes respirar?

Sirius asintió.

-Ayúdame a levantarme –le pidió tendiéndole una mano-, aún podemos…

-Ni hablar –se mostró tajante Remus mientras lo incorporaba-. Se terminó el combate por hoy. Si vosotros no sois lo suficientemente sensatos para daros cuenta de cuando estáis acabados yo lo decidiré. A las duchas, los dos. Os llevaré a casa.

-Pero… -empezó a protestar Sirius.

-Sin peros, Sirius –le amenazó Remus.

-Remus, no…

-Harry, ni una palabra –le replicó a él también-. Ahora os voy a decir algo a los dos y como se os ocurra interrumpirme os veréis en un grave aprieto.

Ninguno de los dos dijo nada. Seguramente, pensó Remus, porque estaban demasiado cansados para protestar. Estupendo, eso le ayudaría.

-Harry, tus padres estarían muy orgullosos de ti si vieran el hombre en el que te estás convirtiendo –aseguró Remus-. Vengarte de Voldemort no va a devolvernos a Lily y a James y lo sé porque si esa hubiera sido la solución yo mismo lo habría hecho sin importarme acabar entre rejas por hacerlo. Entiendo que quieras atraparlo para que deje de hacer las barbaridades que está haciendo, pero matarte de agotamiento no te va a ayudar –se giró hacia Sirius-. Y tú, era tu hermano Sirius, así que deja de fingir que estás bien porque te conozco lo suficiente para saber la verdad ¿recuerdas? Así que deja de ser el agente de policía duro y sé el hermano que acaba de perder a alguien que quería. ¿Alguna pregunta? Bien, os espero en el aparcamiento –dijo.

Harry respiró entrecortadamente mientras veía como Remus salía de la sala. Sin decir una palabra tendió una mano a Sirius para levantarlo del suelo.

-Ya sé que no van a devolverme a mis padres por atrapar a Voldemort.

-Ya, lo sé. Yo tampoco tengo nada que decir respecto a la muerte de mi hermano –aseguró Sirius.

Ambos se miraron.

-Había olvidado lo razonable que es –dijo francamente Harry mientras se ponía las gafas.

-Sí, siempre puedes contar con él si necesitas una inyección de realidad y de palabras bien dichas. Y hablando de otra cosa, ¿yo te enseñé ese golpe?

Harry sonrió.

-Te lo cuento en las duchas –fue su respuesta.

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Terminó de cerrar la pequeña bolsa de viaje. Había aprendido con el tiempo a estar siempre preparado para cualquier eventualidad y para salir de viaje en cualquier momento. Estaba seguro de que Draco había llevado a Hermione al único lugar seguro que él conocía. Tenía que ir con él y averiguar que…

El teléfono sonó. Miró la hora. Sólo una persona podía llamarle a aquellas horas. Tomó el teléfono y la temblorosa voz de Narcisa le recibió en un susurro tan suave que Severus frunció el ceño sin estar seguro de que fuera ella realmente.

-¿Cissa?

No obtuvo repuesta.

-Cissa, ¿estás bien?-silencio de nuevo. Severus insistió-. Cissa, por favor, dime algo…

-Bella ha muerto.

Hasta que no dijo las palabras no fue consciente de que era una realidad.

-¿Estás tú bien? –preguntó el hombre-. ¿Qué ha pasado?

-Se ha suicidado… -lloró-… Severus, está muerta… Bella está muerta… Y yo…

-¿Qué pasa?

-Tengo que ocupar el lugar de mi hermana… -dijo en un ahogado susurro.

Snape maldijo entre dientes. Conocía cuál era el lugar de Bella en la organización de los Caballeros de la muerte.

-Tienes que salir de ahí –le dijo.

-No puedo…

Su voz sonaba tan frágil que Severus tuvo problemas para escucharla. La respiración de ella parecía agitada, temblorosa, como si estuviera ocultando un secreto al mundo entero, incluso a él. Frunció el ceño.

-¿Estás segura de que estás bien?- la mujer asintió, al otro lado del teléfono, su silencio fue interpretado de forma errónea-, ¿Cissa?

-Sí… -dijo a media voz-… estoy bien. Yo sólo… sólo necesitaba hablar con alguien y…

-Esta noche en el cementerio de Like Heaven, detrás de la lápida del ángel –dijo él.

-No, no es necesario Severus, yo sólo…

-No estás en condiciones de decidir si es necesario o no –le interrumpió él con el dote de mando que poseía. La escuchó vacilar y aprovechó ese momento para dar por terminada la conversación-. A las once, ten cuidado.

Colgó antes de que ella pudiera rebatirle.

Al otro lado de la línea Narcisa seguía escuchando el sonido de la línea comunicando después de una llamada; apoyó la frente sobre la pared mientras colgaba el auricular. Estaba cansada de aquel doble juego… quizá era hora de terminar con todo de una vez.

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Bueno, pues esto es todo por hoy!!

Espero vuestras opiniones como siempre, aunque yo no estoy demasiado satisfecha del resultado de este capítulo, espero que a vosotros os haya gustado lo suficiente para que me dejeis un review :p

Un besito para todos, disfrutad de vuestro tiempo y sed felices. Un consejo: "sonreid siempre porque nunca sabes quién puede enamorarse de tu sonrisa"

Nos leemos pronto!!