Hola a todos!! Que tal?? Bueno, he vuelto para publicar otro capítulo más de este fic que espero sinceramente que os guste como los anteriores :p
Sigo agradeciendo vuestra paciencia y sobretodo por seguir ahí leyéndome :D De verdad, gracias de todo corazón.
Os dejo ahora con la historia que espero sea de vuestro agrado… ¡venga!, ¿a qué esperais para empezar a leer? Nos vemos abajo!!
Capítulo. Proteger a quien amas
Like Heaven era más siniestro aún de noche que de día. Severus caminaba despacio, atento al menor ruido. Era cierto que aquel cementerio parecía ser un imán para los adolescentes macabros con ganas de jugar a brujos y magia negra y aunque no pasaban de ser eso, simples adolescentes, algunos de ellos podían ser francamente peligrosos si se bajaba la guardia un solo segundo.
Los cipreses oscuros alargaban sus sombras a la luz de las pequeña luces que alumbraban las lápidas repartidas sobre el césped, las altas paredes que formaban los nichos en el otro extremo se alzaban en granito puro desafiando a cualquiera a intentar abrirlas para despertar a los espíritus. La luna estaba en el cielo y se ocultaba de vez en cuando tras las nubes negras que anunciaban lluvia inminente.
Severus se arrebujó dentro de su levita negra y sonrió internamente al recordar que algunos de los hombres que había detenido teniendo aquel aspecto lo habían apodado el ángel negro. Era curioso que ni siquiera con aquella ironía nadie pudiera considerar a Snape un ángel de ningún tipo.
Intuyó la figura femenina incluso antes de verla. Agazapada junto a la lápida central del cementerio: un enorme ángel de alas extendidas, de túnica blanca de mármol frío y bajo cuyos pies desnudos yacía una tumba que nadie había sabido nunca a quién pertenecía y que sin embargo, se había convertido en el símbolo de ese lugar.
Se acercó despacio, acariciando la culata de su arma en caso de necesitarla si no fuera esa sombra la mujer que estaba buscando. La figura se giró y la silueta quedó recortada a la luz tenue.
-¿Severus? –preguntó temblorosa-. ¿Eres tú?
No contestó. En lugar de eso simplemente se mostró, dejándose ver. Antes de decir nada alargó las manos y bajó la capucha que protegía el rostro de la bella rubia. En aquel momento deseó tener delante a alguien que no fuera ella para desahogarse. El rostro de Narcisa estaba demacrado. Estaba claro que alguien se había ensañado con ella.
-Dios Santo…-fue todo lo que el hombre rudo alcanzó a decir.
-Estoy bien –se apresuró a decir ella-… Sólo… no debería haber venido –dijo la mujer mientras intentaba apartarse de él sin que el hombre se lo permitiese.
Severus le alzó la cara y a pesar de la tenue luz que les alumbraba pudo notar el moretón que tenía en el pómulo derecho junto a un corte producto de una bofetada demasiado fuerte; el ojo empezaba a hinchársele y tenía pequeños morados alrededor del mentón y la frente como si alguien la hubiera sujetado por allí durante demasiado tiempo.
Narcisa se estremeció cuando Severus alargó la mano hacia su cara y cerró los ojos al notar el tacto de su mano sobre su piel. Fría como siempre. Y aún así le gustaba la sensación de que la tocara.
-Tengo que sacarte de ahí Narcisa –dijo mientras le acariciaba el moretón-. Te prometo que voy a sacarte de ahí.
-No puedes ayudarme Severus –le contestó la mujer con una sonrisa triste-. Nadie puede. Yo me metí en esto y…
-Si no querías que te ayudara, ¿por qué me has llamado? –le preguntó él entonces-. Piénsalo. Quieres que te ayude pero estás aterrada de que te ocurra algo ¿verdad?
-Yo… yo no… -incapaz de articular ninguna palabra más se abrazó a Severus y enterró la cara en el pecho del hombre.
Olía a masculinidad, a madera y a pólvora. Siempre olía a lo mismo y ese olor que en otras personas ella aborrecía en él le gustaba. Narcissa estaba temblando. Era lógico. Seguramente aún no había terminado de asumir la muerte de Bella cuando le habían obligado a ser su substituta, algo que seguramente a ella no le había sentado demasiado bien. La abrazó. Temblaba como una niña perdida. No estaba en condiciones de tomar ningún tipo de decisión así que él la tomaría por ella.
-Ve a mi casa –le indicó Severus-. Cierra la puerta con llave, enciérrate en mi dormitorio y no abras ni contestes el teléfono. Si te llamo yo dejaré un mensaje en el contestador. Hay un arma en el armario del baño de mi habitación y dos cartuchos de explosivos a distancia en el falso fondo del armario. Sabes utilizarlos ¿verdad? –ella asintió aún confusa-. A partir de ahora desapareces para Voldemort, ¿entiendes? –le alzó la cabeza colocando su mano en la delicada barbilla de ella-. ¿Cisa? –la mujer asintió-. Buena chica –la premió él con una media sonrisa-. Te llamaré mañana.
-¿Dónde vas a estar tú?
-Tengo trabajo que hacer y mañana tengo que arreglar unos asuntos con alguien, pero te llamaré si tengo que salir de la ciudad.
-Severus… yo… gr…
-Si se te ocurre darme las gracias estarás en un problema Cissa. Nunca se me ha dado bien contestar ese tipo de cosas –le advirtió Severus.
-Y sin embargo siempre las demuestras –le contestó la mujer-. Ten cuidado.
-Tú también.
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-¿Nada?
Ginny negó con la cabeza mientras miraba a Sofía que permanecía sentada en un rincón de la habitación entretenida con un puzzle que Blaise había conseguido de alguna parte.
-Ni una sola palabra –contestó la pelirroja-. No ha dicho absolutamente nada. Y eso que la he tentado con helado de chocolate –Tonks rió-. Pero ni aún así.
-¿Has hablado con la psicóloga de la Orden? –sugirió Nott mirando también a la niña.
-Sí. Dice que puede que esté en estado de shock –se encogió de hombros-. Puede estar horas o días así –añadió.
-Pero con Ron sí que habló –intervino Remus -¿Verdad?
-Así es pero parece que sólo quiere hablar con él –protestó Ginny con una sonrisa forzada-. ¿Y dónde está mi hermano por cierto?
-Con Blaise –Ginny palideció mientras miraba a Nott-. Han dicho algo de vestir a la niña de forma normal… -sonrió.
-He hecho todo lo que he podido –protestó la pelirroja-. Sé que una camiseta que le sirve de vestido no es lo más adecuado pero esto no es una tienda de ropa infantil ¿sabes?
Nott alzó las manos y su compañera de equipo sonrió aunque borró su sonrisa y se tragó la carcajada al ver la mirada furibunda de Ginny.
-¿Qué os hace tanta gracia?
Que Ron entrara diciendo aquello y que la niña se levantara de donde estaba sentada y atravesara la habitación como un rayo abalanzándose sobre el pelirrojo fue todo uno. Blaise que entraba detrás de Ron cargado de tantas bolsas como el mismo Ron lanzó una carcajada y al ver la cara de Ginny Tonks también rió.
-Eh, pequeña, ¿qué pasa?
-No te esfuerces hermanito, no ha dicho ni una pal…
-Te echaba de menos –dijo entonces la niña.
-¿Qué diablos… -empezó a decir Gin al ver la niña le estaba hablando tranquilamente.
-Tu hermana me ha dado esto –dijo viendo la camiseta- para que me vistiera y luego me he sentado a dibujar, ¿quieres ver lo que he hecho?
Mientras se llevaba a un extrañado Ron hacia el lugar donde había estado, Ginny contempló a Blaise mientras éste dejaba las bolsas sobre una de las sillas.
-¿Dónde diablos has aprendido a dibujar así?
Nott se acercó hasta Ron y observó el dibujo retrato que la niña había hecho, sin ninguna duda, de Voldemort. Era una artista. Sofía se encogió de hombros.
-No sé… simplemente me sale… También te he dibujado a ti –añadió entregándole otro dibujo.
-Sofía… ¿puedes hacer más dibujos? –preguntó Nott. La pequeña lo miró intimidada por su gran estatura y el moreno resopló-. ¿Ron?
El pelirrojo sonrió y se agachó a la altura de la niña.
-¿Puedes hacer más dibujos como este Sofía? –le preguntó. Ella asintió-. Estupendo, ¿qué te parece si me haces más? Podrías dibujarme a toda la gente que recuerdas haber visto allí y si te acuerdas de algo más cuando saliste de allí, si había bosque, un lago, cómo era el lugar… ¿puedes hacerlo cielo?
-Creo que sí –dijo no muy segura.
-Estupendo.
-No puedo creerlo –dijo la pelirroja-. No ha dicho ni una sola palabra y ahora que aparece Ron es como si se le hubiera desatado la lengua.
-Si quieres yo puedo desatar la mía contigo… -le susurró Blaise colocándose detrás de ella.
Ginny se sonrojó de tal forma que Tonks que estaba sentada frente a ella profirió en una sonora carcajada.
-No sé si quiero saber qué le has dicho para que se ponga así.
-No. No quieres saberlo –se apresuró a contestar Gin por Blaise. El moreno también rió a su espalda.
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Sirius se había quedado dormido en el sofá mientras revisaba unos documentos. A su lado Remus le miraba y negaba con la cabeza, divertido mientras revisaba los papeles que su amigo había dejado a medias. Harry entró como un huracán en la casa de Remus, dejó las llaves de la moto en la entrada y el casco en el suelo, se quitó la chaqueta de piel y la dejó colgando de uno de los sofás mientras entraba en el salón. Miró a su padrino de forma divertida y luego a Remus que se encogió de hombros. Se dejó caer frente al hombre y le miró de hito en hito.
-¿Qué? –preguntó Remus.
-¿Crees que estoy obsesionado?
Remus enarcó una ceja.
-En serio Remus, necesito saber si crees que estoy de verdad…
-Sí, lo estás. Aunque si te sirve de algo, seguramente yo en tu lugar también lo estaría –añadió al ver la mueca de preocupación en los ojos del joven policía.
-¿Crees que por eso Malfoy se ha llevado a Dios sabe donde a Granger?
-Si Granger fuera mi chica no dejaría que la interrogaras en estos momentos –dijo Sirius abriendo un ojo y volviendo a cerrarlo.
-¿Tú no estabas dormido? –preguntó Remus.
-¿Yo? Que va… sólo aburrido de leer tantos informes.
-Serás… -empezó a decir Remus
-No digas nada de lo luego puedas arrepentirte –le interrumpió Sirius burlón. Remus rodó los ojos-. Además, siempre me despierto cuando Harry necesita ayuda.
-Te lo agradezco Sirius, pero dado que últimamente me estoy comportando igual que tú, me gustaría más la opinión de alguien sensato. No te ofendas.
Sirius alzó una mano con vaguedad y la movió al aire.
-Tranquilo, sin problemas. James hacía lo mismo –sonrió melancólico.
El teléfono de Remus sonó y éste contestó.
-Sí, está aquí, espera, te lo paso –le tiró el móvil a Harry-. ¿Dónde está tu teléfono?
-Sin batería –se encogió de hombros mientras aceptaba la llamada-. ¿Nott?
-La primera regla de la Orden es estar siempre comunicado, ¿por qué diablos no recargas la batería de tu móvil?
Harry ignoró a su padrino, concentrado en lo que Nott le estaba contando.
-Vamos para allá. ¿Alguna noticia de Malfoy? De acuerdo. Quizá tengamos una pista –dijo Harry colgando el teléfono-. Vamos a la Orden. Traed los informes –añadió mientras tomaba su chaqueta y el casco de la moto-. Nos vemos allí.
-Ten cuidado –le dijo Remus-. Ya sabes lo que opino de esa moto –miró significativamente a Sirius.
-Yo sólo la compré –Harry rió al escuchar como se defendía Sirius mientras él ya salía de la casa.
Era estupendo estar con esos dos.
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Draco despertó cuando el ruidito de su teléfono empezó a sonar en la habitación. Acostumbrado a despertar de forma repentina y a dormir con un ojo abierto, estaba tomando el aparato antes de que diera el segundo timbrazo más por intentar no despertar a la mujer que dormía a su lado que por él mismo. Miró la pantalla del teléfono y suspiró. Había tardado demasiado en llamar.
-Malfoy –contestó tomando la llamada.
-¿Dónde diablos estás?
La voz de Severus sonaba tranquila y apacible como siempre, parecía que nada podía alterar a aquel hombre pero el rubio sabía perfectamente que no era así. Él era perfectamente capaz de alterar al siniestro espía de la Orden aunque por supuesto ese era un dato que pocas personas, por no decir casi nadie, conocía.
-¿Estás solo? –preguntó en lugar de contestar su pregunta.
-No, Blancanieves y sus amiguitos están conmigo –dijo sarcásticamente-. Por supuesto que estoy solo, ¿crees que te llamaría de no ser así?
-No lo sé Severus, ¿lo harías?
Escuchó maldecir a Severus al otro lado de la línea. No estaba para juegos. Bien. Él tampoco lo estaba. Hermione se removió a su lado y se arrebujó entre las sábanas buscando el calor que él había dejado entre ellas. Con un suspiro y no queriendo despertarla Draco se levantó de la cama con sumo cuidado y sin importarle demasiado estar desnudo, se acercó hasta la ventana, al otro lado de la cama para poder hablar con Severus sin despertarla. Mientras lo hacía, no perdió de vista su pistola sobre la cómoda; nunca lo hacía.
-¿Estás bien? –preguntó entonces el hombre.
-Sí, los dos estamos bien –comunicó Draco-. Tenía que hacerlo Severus –añadió.
-Lo sé, esa chica necesita un par de días de respiro después de lo que ha pasado –contestó Severus-, pero deberías haber dicho algo a alguien.
-Estoy seguro de que tú sabes donde estoy –alegó Draco incómodo sabiendo que Severus tenía toda la razón.
-Eso no es excusa Draco, ya lo sabes. Deberías haber…
-Bueno, pues no lo hice. Creí que era más importante protegerla que quedarme a dar explicaciones ¿de acuerdo? –su voz sonó brusca. Severus no contestó-. Lo siento –se disculpó Draco a regañadientes-. Todo esto me está poniendo un poco nervioso.
-¿Tú nervioso? –se burló Severus.
-Me importa de verdad Severus –le confesó Draco mirando por encima de su hombro para asegurarse de que Hermione seguía completamente dormida-. No voy a dejar que le pase nada y eso incluye los interrogatorios de Potter –añadió-. Está obsesionado con Voldemort y tú sabes que haría cualquier cosa por tener alguna pista contra él.
Severus sabía que su protegido tenía razón.
-Pero tú no puedes interrogarla –apuntó el hombre-. Conflicto de intereses Draco –le recordó innecesariamente.
-¿Crees que no lo sé? –preguntó él-. ¿Por qué demonios crees que te he cogido la llamada?
Silencio de nuevo.
-¿Quieres que lo haga yo?
-Eres la única persona a la confiaría mi vida y por lo tanto, también la suya.
Ambos hombres sabían que aquellas palabras habían sido sinceras y ambos sabían que a Severus le habían halagado.
-Dame algunas horas –dijo el hombre-. Estaré ahí para la comida.
-¿Puedes traer algunas cosas de Hermione? Ropa, cepillo para el pelo, ya sabes… -dijo vagamente Draco.
-¿No cogiste nada? –preguntó sin creérselo.
Draco sonrió a medias.
-La verdad es que la prefiero sin ropa pero no creo que ella está de acuerdo –contestó pícaramente mirando por encima del hombro para asegurarse de que no le estaba escuchando-. Y trae también un par de armas ¿quieres? Necesito que aprenda a defenderse.
-Si conocí bien a su padre puedo asegurarte que Granger debe saber defenderse –Draco no contestó y Severus intuyó que había algo más-. ¿Algo más?
-Sí. Dile a Ginevra que investigue a un tal Mark Spencer.
-¿En relación con qué?
-Es un asunto personal –dijo con voz gutural y fría Draco. Severus comprendió inmediatamente.
-De acuerdo. Ten cuidado.
-Tú también.
Colgó el teléfono y lo dejó sobre la cómoda. Estaba desvelado y no tenía ningún sentido el quedarse allí. Pensó que podría ir a hacer un reconocimiento de la zona y a revisar el perímetro mientras ella dormía así que se dirigió al baño donde se duchó de forma rápida en menos de dos minutos. Cuando se estaba vistiendo en la habitación, terminando de atarse las zapatillas de deporte, escuchó como ella se desperezaba y giró la cabeza en su dirección. Contemplarla estirándose como si fuera un gatito en medio de aquellas sábanas de seda le causó un gran placer al hombre rubio que no dejó de mirarla ni un segundo mientras se estiraba y ronroneaba apartándose los rizos de la frente.
-¿Draco? –preguntó.
-Estoy aquí –se acercó hasta la cama y la besó en la frente-. Buenos días Granger.
-Buenos días –contestó ella cubriéndose con la sábana consciente de su desnudez. Draco le sonrió-. ¿Qué hora es?, ¿Por qué estás vestido?
-Es temprano, sigue durmiendo un poco más… yo voy a ir a correr un poco –le susurró colocándole un rizo detrás de la oreja-. Estaré cerca –le aseguró al ver su cara de repentino pánico y miedo-… Si gritas estaré aquí en menos de un minuto, lo prometo.
-Una bala atraviesa el espacio en menos de un minuto –le replicó Hermione.
Draco la estudió en silencio. Tenía la barbilla alzada en un gesto de desafío que contrastaba con el miedo que podía leer en sus facciones y la sombra de auténtico terror que atravesaba sus ojos miel constantemente. Draco suspiró internamente. No iba a servir de nada asegurarle que allí estaba a salvo y segura y que no iba a pasarle nada. Se inclinó sobre ella y la besó en la frente.
-Entonces ya que estás despierta, ¿por qué no te pones algo y vienes conmigo? –le sugirió gustándole a él esa propuesta porque de ese modo no la perdería de vista.
-¿No te importaría? –preguntó Hermione recelosa y aliviada.
Draco le señaló el cuarto de baño.
-Hay ropa de Ginny en el armario del baño, ponte algo y saldremos a correr algunos kilómetros –le indicó.
Antes de que hubiera terminado de hablar Hermione ya se había colocado la camiseta que había quedado abandonada en el suelo junto al cabecero de la cama y había saltado de la cama como si temiera que él pudiera cambiar de opinión.
Draco la miró mientras se alejaba desnuda por el pasillo con la cascada de rizos cayendo sobre su espalda. Tendría que cambiar de planes; no podía revisar el perímetro con ella porque no tenía ningún sentido asustarla. Correrían un poco por los alrededores del lago y cuando Severus estuviera allí aprovechará para hacer el perímetro de reconocimiento.
-Lista –anunció saliendo del baño haciéndose aún una coleta alta con la maraña de rizos que a él le volvían loco.
Draco asintió y ella se giró para ir hacia la puerta de la casa. Draco aprovechó el momento para tomar su arma y esconderla en la parte trasera del pantalón, ocultando la culata con la camiseta gris. No iba a dejar que le pasara nada. No a Hermione.
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Era como contemplar a dos titanes. La misma mirada acerada y dispuestos a conseguir lo que querían. No sabía por qué estaba allí presenciando aquello. Bueno, en realidad sí lo sabía, por nada del mundo se hubiera perdido la oportunidad de ver a Smith y a Potter enfrentándose en el despacho; evidentemente le hubiera gustado más verles enfrentados en el gimnasio pero sabía perfectamente que Potter no era de los que se andaban peleando por mucho que Smith le estuviera provocando.
Hasta el momento su jefe no había dicho ni una palabra más de la necesaria y en varias ocasiones se había negado a decir nada referente a la rehén Granger como había llamado a Hermione cosa que Nott había notado que no le había hecho gracia a Potter, ni tampoco había dicho nada referente a Draco.
-¿No sabes dónde está tu hombre de oro, Potter? –preguntó burlón Smith con las piernas cruzadas.
Potter se inclinó en el escritorio, ambos antebrazos apoyados en la superficie, el cabello negro alborotado y los ojos verdes fijos en su contrario detrás de las gafas; una media sonrisa de autosuficiencia dejaba creer a Smith que sabía más de lo que decía; Nott sabía que no era cierto. Nadie sabía nada de Draco ni de Granger y aunque sabía que si hubiera pasado algo malo ya se hubiera enterado, no le hacía gracia saber que uno de sus compañeros y mejores amigos estaba en algún lugar donde él no tenía acceso porque no sabía donde diablos se había metido aunque fuese Draco y supiera defenderse perfectamente.
-Sé perfectamente dónde está Malfoy –mintió Harry entre dientes.
-¿Y dónde está?
Harry juró que algún día iba a borrar esa estúpida sonrisa del rostro de Smith y que además iba a descubrir quien era el topo de la Orden. Por el momento tendría que conformarse con lo primero aunque no del modo en que lo había pensado en un primer momento.
-Protegiendo a una testigo –dijo simplemente.
Nott escondió la boca tras la mano para disimular una sonrisa al ver como el rostro de Smith se contraía.
-¿Una testigo de qué? –preguntó sarcástico-. ¿De un caserón vacío?
-En realidad es una mansión del siglo XV creo –intervino Nott.
Harry le miró enarcando una ceja.
-Puedo llevar este asunto solo Nott –Smith sonrió-. Además es del siglo XIV.
-¡Exigo saber dónde está Malfoy y lo exigo ahora!
Nott enarcó una ceja. Smith no debería haber hablado de aquel modo. No estando Potter con el enfado que tenía.
-Esta es mi oficina, mi Orden y mi departamento. No cumplo órdenes de nadie y mucho menos de alguien como tú, Smith. La próxima vez –añadió viendo que Smith abría la boca-, que entres en mi despacho exigiéndome algo asegúrate tener un buen seguro de vida porque no saldrás tan bien parado como ahora, ¿me he explicado con suficiente claridad?
-Te arrepentirás de esas palabras Potter. Pronto vas a cometer un error y yo voy a estar ahí para arrestarte por ello.
Ni Harry ni Theodore Nott dijeron nada ni hicieron ningún gesto cuando Smith abandonó la oficina de Potter. Con la misma frialdad que caracterizaba a Draco, Harry habló sin mirarle.
-¿Sabemos algo?
-Te aseguro que si supiera donde está Draco yo mismo iría a darle una paliza –aseguró con cierta preocupación-. ¿Has visto ya los dibujos de esa niña?
-Sí, Ginny me los mandó a través del ordenador. He enviado a Remus y Sirius a que busquen algo con esas caras.
-Ron está encantado con ella –añadió en tono burlón.
Harry sonrió. Prácticamente nadie sabía que a Ron le encantaban los niños. Viniendo de una gran familia numerosa y habiendo perdido a la mayoría de la misma quedando sólo Ginny y una pareja de gemelos que vivían en alguna parte de Europa, Ron había aprendido a escuchar y a tratar con niños. Era extraño ver a una mole de músculo y carne tan grande y de hombros tan anchos derretirse al estar frente a un niño. Pero así era Ron y no había nada que pudiera cambiarle.
-Lo sé –contestó Potter-. ¿No tienes nada que hacer? –añadió mirándole divertido.
Nott asintió mientras entendía la indirecta.
-Iré a ver si localizo a Snape… quizá él sepa algo de Draco.
-Nott –el moreno se giró-. Malfoy estará bien. No hay un maldito infierno que pueda acabar con él –añadió bromeando.
Nott le sonrió de vuelta y a medias mirándole por encima del hombro. Tenía razón pero…
-Lo sé pero me gustaría comprobarlo por mí mismo.
Harry suspiró cuando se quedó solo.
-A mí también –murmuró. Nadie le escuchó.
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Severus relajó la mano que ya había llevado a su sobaquera rozando el arma que siempre llevaba al ver que el ruido que había escuchado no era otro que Draco y Hermione saliendo corriendo del bosque. Enarcó una ceja al darse cuenta de que eso no era del todo exacto.
Draco iba delante de la mujer riendo mientras que ésta parecía estar acordándose de toda su familia mientras intentaba correr y sacudirse las hojas que se le habían adherido al pelo y a la ropa pero aunque fingía estar enfadada Snape pudo ver como una sonrisa adornaba su rostro.
-¡Cuando te atrape te vas a enterar Draco!
-¡Primero tendrás que atraparme y… -se calló al ver a Severus de pie, apoyado en el capó del coche y mirándolo con una mezcla de exasperación y diversión. Hermione que venía detrás de él se chocó con su espalda.
-¡Auch, ¿por qué diablos te has…
-Tenemos visita Granger, compórtate –le advirtió Draco mirándola por encima del hombro y sonriéndole con tranquilidad.
Hermione miró por encima del hombro de él aunque para ello tuvo que ponerse de puntitas, comprendió perfectamente por qué Draco se había detenido de forma tan seca, sobretodo siendo Severus Snape quién estaba allí.
-Deberías tener más cuidado Draco, hacéis más ruido que un elefante en una tienda de porcelana –le recriminó Severus-. Si sigues así de descuidado…
-¿Tú crees?
Draco se había llevado la mano a la espalda y había sacado su arma haciendo que Snape asintiera complacido al comprobar que seguía siendo precavido. Hermione le dio un golpe en la espalda.
-¿Por qué diablos no me has dicho nada? –le espetó - ¿Has llevado eso todo el tiempo?
-A menos que sea mago además de agente sí, la he llevado todo el tiempo –le contestó él con ironía y un brillo burlón.
Hermione rodó los ojos. Empezaba a entender el humor de Draco y empezaba a aprender a tomárselo de la misma forma.
-Me alegro de verla sana y salva Granger –dijo con voz impersonal el hombre adulto.
-Supongo que las cosas están revueltas ¿no? –dijo Draco mientras miraba a su alrededor por costumbre mientras le ponía una mano en la espalda a Hermione guiándola hacia el interior-. Vamos dentro, aún no te comprobado el perímetro –indicó.
Severus dejó que pasara primero Hermione antes de dirigirle a Draco una mirada burlona mientras enarcaba una ceja. Draco rodó los ojos y luego los entrecerró indicándole que sería mejor que no dijera absolutamente nada al respecto.
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Les había tocado descansar. Ron había estado a punto de decir algo cuando les había visto salir juntos de la oficina pero no había sido capaz de pronunciar una palabra cuando Sofía le había cogido de la mano y le había convencido, estaba segura de que Ron aún no sabía como, de que la sacara a comprar un helado.
No habían hablado en todo el viaje hasta el apartamento de Ginny y seguían sin hablar excepto cuando Blaise había anunciado que iba a tomar una ducha y muy sabiamente no le había propuesto como otras veces que la compartieran. Ginny sabía que él sabía que pasaba algo pero no quería hablar de ello; hablar de ello resultaba imposible cuando se estremecía sólo con recordarlo. Se dirigió a la cocina después de haberse quitado las botas y se apoyó en el fregadero mientras llenaba un vaso de agua para beberlo luego despacio mientras miraba hacia fuera por la ventana que había sobre el fregadero. Le temblaban las manos y se odió a sí misma por ser tan débil en momentos así. Era una miembro de la Orden, la mejor hacker desde hacía mucho tiempo, era capaz de encontrar información sobre cualquier persona, lugar o fecha en un tiempo mínimo y además podía conectarse a las empresas sin armar ningún tipo de alboroto y conseguir cambiar las contraseñas de las alarmas de seguridad a su antojo, pero era incapaz de recordar aquel momento sin echarse a temblar y odiaba aquella debilidad.
Ni siquiera se dio cuenta cuando el calentador del agua se apagó y Blaise salió de la ducha vestido con unos pantalones de deporte y una camiseta blanca de mangas cortas ceñida al pecho que ella misma le había comprado la Navidad pasada. Dio un leve respingo al notar la respiración de él cerca de ella pero se obligó a permanecer serena. Dejó el vaso en el fregadero con ambas manos para evitar que él se diera cuenta de que estaba temblando; por el suspiro de Blaise, supo que ya lo había notado.
-¿Estás bien? –preguntó mientras la abrazaba desde atrás.
Ginny negó con la cabeza apoyándose en el pecho de Blaise y aspirando de inmediato el olor masculino que tanto le agradaba. Fuerte, segura y protegida. Sólo estando con Blaise se sentía de aquel modo… por supuesto estando con Ron se sentía segura, del mismo modo que se sentía estando con Harry. Después de todo, nadie podría sentirse en peligro estando con alguno de ellos dos debido a la seguridad que siempre demostraban aunque nada estuviese saliendo según lo que habían previsto en un momento.
-Sabía que te ocurría algo… desde que Hermione desapareció has estado distante… -le susurró.
-Lo siento… no era mi intención y…
-No era una reprimenda cielo –le aseguró él con suavidad- ¿Qué es lo que te preocupa? –le preguntó con suavidad besándola en la cabeza.
-Estaba pensando… aquel verano… en Alemania cuando… -se estremeció ligeramente y Blaise apretó su abrazo de inmediato.
Sin decir nada salió de la cocina con Ginny delante de su cuerpo, abrazándola con suavidad y firmeza, caminando juntos, respirando lentamente en su oído y sintiendo como la coraza de los días anteriores se iba resquebrajando poco a poco. Sentó a la chica en el sofá y él se sentó a su lado, mirándola mientras entrelazaba los dedos de su mano con los de ella. Ébano y marfil. Dos manos tan distintas, dos colores tan diferentes y el mismo sentimiento que los mantenía unidos… siempre se maravillaba al verlo.
-Ginny, lo que ocurrió en Alemania… -suspiró-… dijiste que estabas bien, que lo habías olvidado, que…
-Blaise, me secuestraron, estuve veinte días encerrada en una habitación a oscuras con poco más que un vaso de agua turbia al día y vestida sólo con mi ropa interior. No sabía donde estaba ni quien me había secuestrado y no sabía si iba a salir de allí alguna vez –le interrumpió ella-. ¿Crees que alguien puede olvidar eso?
-No –suspiró-. Debiste decírnoslo antes… -su voz se turbó-. ¿Es por el secuestro de Hermione?
La pelirroja asintió y se sintió tonta por unos segundos.
-Cada vez que hay un secuestro, especialmente si es una mujer, me siento… me siento pequeña y estúpida por haberme dejado atrapar y es como si supiera lo que esa mujer puede estar pensando en esos momentos y yo no… no puedo olvidarlo Blaise –sonrió a medias mientras sus ojos brillaban por las lágrimas contenidas-… Te juro que lo he intentado pero no puedo olvidarlo… Si la Orden no hubiera llegado… -rió secamente-… estaba pensando en la forma en que podía suicidarme –un escalofrío recorrió la espina dorsal de Blaise al ser consciente de lo que podría haber significado no ver nunca más a la chica-… si no hubieseis llegado yo no…
Blaise apartó su mano de la de ella y enmarcó el rostro de la chica mirándola fijamente y obligándola a ella a mirarle. Sus ojos azules estaban turbios y mostraban a fuerza de siempre aunque también había miedo e incertidumbre, dolor…
-Pero llegamos –le dijo mirándola fijamente acariciándole el rostro que tenía enmarcado entre sus manos negras-. Llegamos y te sacamos de allí y no pasó nada cariño. No pasó nada. ¿Recuerdas lo que te prometí?
Ginny asintió a medias.
-Te prometí que nunca dejaría que volviera a pasarte algo semejante… -dijo él.
-Y lo has cumplido –le aseguró ella.
-Pero no puedo protegerte de tus recuerdos Ginny –musitó él con cierta impotencia en la voz-. No puedo hacer nada para ayudarte con eso…
-Quieres que visite al psicólogo de la Orden ¿verdad? –adivinó ella soltándose de las manos de él-. Te lo dije en su momento Blaise, no estoy loca.
-Ir a un psicólogo no es estar loca –le aseguró él con una media sonrisa mientras la sujetaba por la muñeca para impedir que se levantara y lo dejara de nuevo como siempre que tenían aquella conversación con la palabra en la boca-. Pero él puede ayudarte donde yo no llego.
-Blaise…
-Ginny no puedes distanciarte de mí y de todos cada vez que algo así ocurra. Es mi trabajo, es nuestro trabajo. Estamos en constante peligro, nos codeamos con gente peligrosa y nos vemos envueltos en misiones que asquearían al mismo diablo. Prostitución, drogas, secuestros, muerte, violencia… -sacudió la cabeza-. Hombres más fuertes que tú y que yo han dejado este trabajo por no poder resistirlo.
-Quizá sea momento de que yo también lo deje –dijo con sarcasmo Ginny.
Blaise le sonrió.
-Tú no… no puedes dejarlo… es más que tu trabajo cariño, es tu vida… Te morirías sin trabajar en la Orden igual que yo… igual que Potter…
-Blaise no quiero… no quiero recordar lo que ocurrió, no puedo…
-Sujetaré tu mano –le dijo él interrumpiéndola. Ginny le miró-. Iré contigo y sujetaré tu mano mientras se lo cuentas… no voy a dejarte sola cielo, pero no puedo ayudarte si no me dejas que lo haga –añadió.
-¿Vendrás conmigo? –preguntó después de un largo silencio.
Blaise sonrió. Parecía una niña pequeña que tuviera miedo de ir al dentista. La estrechó de nuevo en un abrazo mientras se acomodaba en el sofá y la obligaba a ella a hacer lo mismo. La besó en el pelo y aspiró su aroma a flores preguntándose cómo lo hacía para oler siempre tan bien.
-Iré contigo siempre, zanahoria.
Blaise la sintió relajarse y exhaló el aire contenido. Era un primer paso.
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Con la parquedad de palabras de Severus Hermione se había sorprendo al escucharle hablar de forma tan seguida durante los últimos cuarenta minutos; si lo había entendido bien Harry estaba echando fuego por la boca, Ginny andaba distraída y Ron había sido secuestrado por una niña llamada Sofía que parecía haber escapado de la misma casa donde ella había estado encerrada y que, no contenta con eso, estaba haciendo dibujos de todas las personas que allí había visto.
Draco que le había escuchado pacientemente y en silencio asintió y luego miró a Hermione.
-¿Por qué no te das una ducha? –le sugirió-. Tengo que hablar con Severus de algo.
Snape creyó que ella iba a ofenderse pero lejos de ello Hermione asintió en silencio y después de dedicarle en silencio una caricia en el hombro a Draco desapareció por el pasillo y se encerró en el baño.
-¿Está un poco sumisa no? –inquirió Snape.
-Es el shock de haberte escuchado y lo sabes bien –le replicó Draco a su padrino-. No deberías haber dicho lo de la niña con ella delante –añadió.
Severus se encogió de hombros.
-No lo pensé –dijo-. ¿Tú estás bien?
-Perfectamente –aseguró Draco-. Tú en cambio tienes mala cara –se fijó en los ojos negros cansados.
-Estoy bien –mintió-. Tuve un asunto que arreglar pero ya está todo bien. Aunque necesito regresar lo antes posible –añadió con una intención que ambos conocían.
-En cuanto salga de la ducha es tuya –le miró receloso-. Recuerda que si en algún momento dices algo que pueda trastornarla…
-Lo sé, lo sé… me enfrentaré a tu enfado –terminó Snape la frase con aburrimiento haciendo reír a Draco-. ¿De verdad estás bien?
Draco estaba a punto de contestar cuando Hermione interrumpió en la pequeña sala y miró a los dos hombres preguntándose como siendo tan diferentes podían ser tan parecidos. Suspiró.
-¿Quién de los dos me lo va a contar? –tomó una manzana del frutero y se sentó a la mesa con ellos.
Severus enarcó una ceja y Draco sonrió.
-¿Entiendes ahora por qué es especial? –dijo el rubio-. Necesitamos una declaración con lo que pasó –le dijo mirándola.
A Hermione le tembló la mano ligeramente y Draco arrimó su silla a la de ella al tiempo que rodeaba el respaldo de donde Hermione estaba sentada más para confortarla que para nada más. Snape vio la acción pero no dijo nada, no recordaba haber visto a Draco haber hecho algo así nunca con ninguna de las chicas con las que había salido.
-Tranquila –le dijo confiado-. Si yo te tomara declaración podrían alegar que puedo ocultar cosas o añadirlas debido a la confrontación de intereses.
-Cosa que yo también aseguraría –dijo Snape con sarcasmo y burla a la que Draco no hizo el menor caso.
-Pero necesitamos tu declaración y no tengo intención de que Potter la haga en el estado en el que está –añadió Draco.
-Así que eres tú quien va a interrogarme –concluyó ella mirando a Severus. Draco le sonrió y descruzándose de brazos se inclinó hacia delante rozando sus labios con los de ella.
-Vuelvo en un rato –le aseguró-. Estarás bien con él. No da tanto miedo como parece –le aseguró.
Severus la miró intentando intimidarla pero Hermione se limitó a sonreírle sinceramente y cuando Draco salió de la casa ella habló.
-No me has dado miedo nunca –frunció el ceño-. Tal vez impongas, pero en cierto modo me tranquiliza –él enarcó una ceja-. Conociste a mi padre y sé que él nunca habría estado contigo si hubiese habido la menor posibilidad de que fueras un tirano como te empeñas en hacer creer –dijo divertida.
-¿Psicóloga además de pediatra? –preguntó burlón.
-No, pero sí observadora –le replicó ella.
-Empecemos por el principio Granger –se limitó a decir él mientras dejaba una grabadora sobre la mesa.
Una hora y media y cuatro tazas de café más tarde Hermione le había contado a Severus prácticamente todo lo que había ocurrido; al menos todo lo que ella recordaba. Se sorprendió al darse cuenta de que recordaba pequeños detalles a medida que avanzaba su historia y las preguntas certeras de Severus la ayudaban en eso; empezaba a comprender por qué era reconocido como el mejor espía de la Orden.
-Eso es todo –Severus parecía satisfecho mientras apagaba la grabadora. Hermione se mordió el labio inferior-. ¿Qué pasa?
-Hay algo más… -empezó a decir Hermione titubeando. Severus la miró-. Pero es algo tan raro que no sé si… no sé si es real o si lo soñé o…
-De acuerdo cuéntamelo –dijo el hombre sin alterarse en absoluto por la indecisión de ella.
-Vi a Draco –dijo ella sabiendo que aquello era más importante que el hecho de que Riddle tuviera un colgante como el suyo.
-Por supuesto que le viste, él fue a buscarte –contestó el hombre irónico como si le estuviera señalando una obviedad bastante clara-. Él…
Hermione negó.
-No, quiero decir que le vi antes –Severus la miró enarcando una ceja.
-Creo señorita Granger que la drogaron sin que se diera cuenta.
-Soy médico y sé perfectamente cuando me drogan y cuando no –le replicó ella airada.
-Acabas de decir que…
-¡Sé lo que acabo de decir! –gritó ella-. ¡Estoy diciendo que… -bajó la voz al darse cuenta de que Draco podía escucharla-… estoy diciendo que vi a alguien muy parecido a Draco… Podría haber pasado por su padre si…
-¿Alguien muy parecido a Draco? –Hermione asintió--¿Se lo has contado a Draco?
Algo en la voz del hombre le hizo pensar que sólo había una respuesta acertada y que si se equivocaba podía acarrear con la furia del hombre que tenía delante. Hermione dirigió una mirada de soslayo a la muñeca que seguía sobre la mesa, presa de las garras aceradas de Snape; el hombre, siguiendo su mirada la soltó.
-Lo siento –dijo al ver que se frotaba la muñeca-, no pretendía…
-Lo sé –fue la respuesta de ella-. No se lo he dicho a Draco.
-¿Por qué no?
-Eso no lo sé –contestó la mujer joven-. Tuve el presentimiento de que no debía decirle nada…
-¿El sexto sentido femenino?-se burló Snape.
-Puede que sí –se encogió de hombros-. ¿Quién era ese hombre?
-Nadie que deba preocuparte –contestó Severus con sequedad sin siquiera molestarse en disimular la poca gracia que le hacía aquella conversación-. Pero no le cuentes nada de esto a Draco ¿entendido? Saber la verdad podría hacerle demasiado daño… y…
-Yo tampoco quiero hacerle daño a Draco- se apresuró a interrumpirle ella.
Severus enarcó una ceja.
-¿Quién ha dicho que yo no?
Hermione rodó los ojos diciéndole en silencio que era algo más que evidente y juraría que Snape había sonreído levemente.
Draco entró en aquel momento y Severus aprovechó para levantarse y anunciar que tenía que irse. Ambos hombres salieron fuera de la casa y se miraron. Severus lo evaluó para asegurarse de que estaba bien y Draco lo miró como si esperase la confirmación de algo.
-Es una mujer fuerte –dijo simplemente Severus-. Entiendo que lo hayas hecho pero sabes que Potter…
-Me importa bastante poco lo que Potter vaya a hacer –interrumpió él-. Te lo dije por teléfono Severus, nada va a volver a hacerle daño a Hermione ¿entiendes?
Severus asintió y sin decir una palabra más se dirigió hacia su coche mientras Draco lo observaba desde el porche de la pequeña casa. Se maldijo internamente. ¿Cómo iba a decirle la verdad a Draco sobre su padre? Desestimó aquel pensamiento de la cabeza al pensar que tenía otras cosas de las que ocuparse. Cissa estaba en su casa y eso no podía esperar.
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Bueno, pues por ahora esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado el capítulo y que hayáis disfrutado de él.
Espero leer vuestros comentarios y palabras que me animan a seguir adelante escribiendo para gente tan agradable como vosotros :p
Un besito para todos y recordad: ser agradable es gratis, así que no seas avaro y se amable, todo el mundo merece respeto y consideración :D
Un besito, nos leemos pronto!!
