Capítulo 19

Hola a todos!! Que tal??

Bueno, antes que nada, agradecer vuestros comentarios de apoyo. Quiero comentaros que mi recuperación va pasito a pasito, lenta pero progresiva.

Ahora mismo estoy en plenos exámenes de la universidad (los que estéis como yo ya sabéis como es esto, ¿verdad?) Pero pese a los exámenes, el trabajo y la recuperación lenta, estoy aquí para dejaros un capítulo más del fic.

Espero que os guste porque todo lo que escribo lo hago con cariño para vosotros y vuestro disfrute.

Nos vemos abajo!!

Capítulo 19. No puedes huir del pasado

Harry terminó de clavar las nuevas tablas de madera del porche de atrás justo cuando la moto de Sirius se escuchó rugir en la parte delantera de la casa. Sin soltar el martillo se puso de pie con una gran agilidad e ignorando los pasos de su padrino se encaminó hacia el otro lado del pequeño porche donde una pila de tablas le esperaban.

Sirius no tardó en aparecer en el marco recién puesto de la cocina; se cruzó de brazos y se recostó contra la pared mientras le miraba trabajar.

-A tu padre también le gustaba mantenerse ocupado cuando necesitaba pensar –dijo a modo de saludo-. De hecho, creo que casi construye una casa durantes las semanas previas a la petición de matrimonio –sonrió recordando lo nervioso que James se había mostrado aquellos días- ¿Te echo una mano?

-Déjalo Sirius, nunca se te ha dado bien eso de pensar –bromeó con él.

El hombre soltó una carcajada y meneó la cabeza divertido.

-Creo que él también dijo algo parecido –recordó pensativamente.

Harry suspiró pesadamente.

-¿Los has visto?

Sirius asintió. No hacía falta que le especificara nada más.

-Es él, Sirius, es Voldemort. Esa niña ha dibujado el retrato de Voldemort y no hay manera de relacionarlo con esa casa ¡maldita sea! –soltó el martillo con fuerza y éste se estrelló en el suelo con un golpe seco amortiguado ligeramente por la frondosa hierba.

Permanecieron en silencio. Sirius sabía que no podía decir nada que ayudara a Harry con su frustración. Harry quería a Voldemort entre rejas. Y él también, no sólo por todo el daño que había causado, era algo personal y todos lo sabían. El daño que Tom Riddle había infligido a los Potter había sido demasiado para que los que conocían la historia pudieran pensar que Harry iba a olvidarse de todo.

Era injusto. Ambos lo sabían. No era algo de lo que hablaran pero era algo que estaba allí y de lo que todos los que conocieron a James y Lily eran concientes. Había sido injusto que Sirius y Remus hubieran pasado tanto tiempo con James y Lily y que Harry ni siquiera los hubiera podido conocer. La vida nunca era justa, era cierto; ellos dos lo sabían perfectamente. Habían visto de todo desde que habían ingresado en la Orden y por mucho que vieran siempre había algo más que les hacía estremecerse de asco y repugnancia hacia el ser humano capaz de cometer las atrocidades que estaba cometiendo. Pero Harry no se había merecido aquello y maldita sea si James o Lily lo hubieran merecido.

Ellos habían tenido el derecho de ver crecer a su hijo, el derecho de poder abrazarle, enseñarle a conducir, enseñarle que el fuego quemaba y que tuviera cuidado con el agua. Había visto en varias ocasiones cómo Harry miraba a las familias con niños no porque él también los deseara sino porque les envidiaba porque él no había podido tener aquello.

Era injusto. No había otra palabra para describirlo.

-Snape ha llamado esta mañana –dijo entonces cambiando de tema. Harry se lo agradeció con una media sonrisa.

-¿Sabe algo de Malfoy?

-Está bien. Snape tiene la declaración de Hermione –Harry giró la cabeza en su dirección tan deprisa que Sirius casi tuvo la sensación de que había escuchado todos sus huesos crujir-. Malfoy no estuvo presente si es eso lo que te preocupa. No hay interferencias de ningún tipo.

Harry frunció el ceño.

-Yo hubiera hecho lo mismo si hubiera estado en el lugar de Draco –dijo entonces el adulto. Harry le miró-. Sé que no te gusta oírlo Harry, pero hubieras destrozado a Hermione y no era el momento para ello.

Harry frunció el ceño, se pasó la mano por el cabello y miró a su padrino.

-Lo sé, y yo hubiera hecho también lo mismo –replicó-. Pero maldito sea si alguna vez digo que he reconocido algo así.

-Tu secreto está a salvo conmigo –le aseguró Sirius con una media sonrisa-. ¿Vamos a la oficina o nos quedamos aquí?

-Me gustaría terminar el porche trasero –dijo Harry simplemente.

Sirius gruñó algo semejante a "eso me pasa por ofrecerme" mientras se quitaba la camiseta negra dejándola colgada en uno de los clavos que Harry había usado como percha; sin mediar palabra, cogió uno de los martillos y se dirigió hacia el montón de tablas dispuesto a ayudar.

Harry sonrió. Sabía que podía contar con su padrino para cualquier cosa… bueno, casi para cualquier cosa. El día que con quince años le había preguntado cómo se sabía si uno estaba enamorado, Sirius le había dado una conferencia sobre sexo. Por suerte para él, Remus lo había rescatado y después de sentarse con él le había explicado la diferencia entre sexo y amor. Sonrió. Sirius era Sirius. Y él se alegraba gratamente por ello.

-¿Sabes qué, Harry? –él le miró. Sirius sonrió-. James y Lily estarían orgullosos de ti. Yo al menos lo estoy –añadió guiñándole un ojo antes de disponerse a clavar la madera en su lugar.

Harry le devolvió la sonrisa. Para él eso era más que suficiente.

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Sonrió al notar las caricias que él le dedicaba debajo del agua. Reclinada contra su pecho con las piernas extendidas igual que las de él, la espuma cubría lo necesario. Las manos de Draco eran fuertes y grandes y le acariciaban la cadera y la cintura con un ritmo lento, cadente, suave, posesivo.

-Para… -le reprendió sin estar demasiado segura de que eso fuera lo que quería.

En lugar de ello Draco presionó un leve beso en su cabeza.

-¿Tenemos que volver?

-Me temo que sí –dijo Draco sonriendo-. Potter querrá arrancarme la cabeza así que creo que al menos tengo que darle la oportunidad de que lo intente.

-¿Por qué te llevas tan mal con él? –preguntó Hermione confusa-. Harry es…

-… un idiota –terminó él la frase. La chica le dio un codazo bajo el agua en el estómago y para su satisfacción, él emitió un gruñido de molestia, fingido, por supuesto.

-No, en serio… No he podido dejar de notar que en la Orden hay dos bandos…

-¿La luz y la oscuridad? –bromeó Draco.

-Hablo en serio, Draco.

-Eres muy curiosa ¿lo sabías? –Hermione se encogió de hombros y él jugó con el agua sobre el vientre de ella-. ¿Alguien te ha dicho que la curiosidad mató al gato?

Hermione se deshizo de aquel comentario moviendo la mano con un gesto vano.

-No soy un gato, así que no corro ningún peligro.

-Pues yo tengo unos arañazos en la espalda que me indican que sí eres una gatita… al menos en algunas situaciones… -susurró al oído de ella.

Hermione se estremeció y se sonrojó a partes iguales.

-Eso está mejor –observó él con aire crítico-. Me gusta cuando te sonrojas, te pones muy mona.

-Primero un gato y ahora un mono… ¿algún animal más con el que quieras compararme? –preguntó bromeando y ligeramente molesta al mismo tiempo.

-No… pero se me ocurren otras cosas…-su mano se movió en la cadera de ella-… ¿te las enumero?

-Draco… para… ¿me vas a contar qué…

Él suspiró entre divertido y exasperado.

-Nunca te rindes ¿verdad? –la besó en la mejilla y suspiró cuando al intentar bajar sus labios por el cuello despejado y húmedo de Hermione, ella se removió para impedírselo.

-Si lo hiciera no sería yo –le dijo simplemente.

-Digamos que Potter, Black, Lupin, Tonks y los hermanos maravillas tienen sus propias ideas y mi padrino y mis amigos tenemos otras –se encogió de hombros con simpleza-. ¿Podemos volver ahora a lo que estábamos?

-Aún no –le contradijo ella dándole un golpecito en la mano cuando ésta empezó a subir hacia su pecho-. ¿Por qué tenéis diferentes ideas? Creía que el objetivo de la Orden era eliminar a los malos.

Draco enarcó una ceja.

-¿Eliminar a los malos? –ella le sonrió cándidamente-. Ves demasiada televisión.

-No es cierto –arrugó la frente. Draco se asomó por el hueco de su cuello y la miró divertido-. Aunque te concedo que a lo mejor sí leo demasiados libros.

-Todos… todos buscamos eliminar a los malos –dijo burlón-, pero nos fallan la mecánica. Nosotros apostamos por una forma eficaz, Potter suele guiarse por las normas aunque a veces le gusta romperlas tanto como a nosotros, eso sí, siempre que haya algo personal implicado de por medio.

-¿Y qué pasa con Ginny y Blaise?

-Ellos hacen sus propias normas –se encogió de hombros-. Desde el primer día que se vieron saltaron chispas –recordó con una media sonrisa-. En una ocasión, después de una misión en Centro América en la que Blaise casi se había hecho matar por salvarla a ella y a otras cinco mujeres de una red de prostitución, le pregunté si valía la pena.

-¿Qué te contestó?

-No me contestó, al menos directamente. Se limitó a darme un puñetazo directo a la mandíbula. Casi me la desencaja… -añadió como si fuera algo sin importancia.

-¡Draco! –giró el cuello tan rápido que le dolió-. ¿Por qué iba a…

-Me hizo comprender que si Blaise estaba dispuesto a enfrentarse a mí por Gin, es que sí merecía la pena… ¿y sabes qué? –ella negó volviendo a su posición inicial. Draco inclinó el cuello y acercó su boca hacia el oído de la chica-. Si la situación fuera diferente, yo le daría un puñetazo a Blaise.

Hermione sonrió y su rostro pareció iluminarse.

-Eres tan dulce… -dijo en un susurro.

-Yo no soy dulce, Granger –gruñó él sin evitar esbozar una leve sonrisa.

-No importa –le besó la mano con la que estaba jugando-. Yo lo seré por los dos.

-¿En serio? –rió entre dientes. Se soltó de la mano de Hermione y sujetándola por la cintura y sin ningún tipo de dificultad le dio la vuelta de forma que ella quedó tumbada sobre su cuerpo desnudo-. ¿Y qué tengo que ser yo? –le preguntó-. ¿El fuerte?

Hermione negó.

-Sólo tienes que ser Draco. No importa como seas… sólo quiero que me protejas.

Un recuerdo cruzó la mente del agente. Pansy le había dicho algo similar una vez. Dos horas más tarde de haberle dicho "estoy tranquila porque sé que tú me protegerás siempre" había empezado la pesadilla que había finalizado con la muerte de la chica.

Hermione notó como los músculos de Draco se tensaban bajo sus manos, buscó la mirada de él y se sorprendió al encontrarla acerada, fría y distante; sin rastro del calor y la tranquilidad que habían estado allí hacía menos de un segundo.

-¿Draco? –tanteó- ¿He dicho algo que…

-No voy a poder protegerte siempre –le dijo con frialdad-. Será mejor que pienses en eso antes de decidir si quieres seguir con esto.

-¿Esto? –preguntó Hermione dolida.

Draco la ignoró; la apartó con suavidad pero firmemente y salió de la bañera atándose una toalla alrededor de las caderas.

-Esto… lo que sea que tengamos… aunque por supuesto, quizá sólo sea un capricho ¿no? La niñita que juega con el policía para que él la proteja y así poder odiarle cuando él no pueda cumplir su trabajo.

Hermione le miró confusa y dolida. Él sabía que sus palabras le habían hecho daño, pero habían salido desde lo más profundo de su corazón y ya no podía retirarlas. Sabía que estaba diciéndole a Hermione lo que nunca pudo decirle a Pansy. Esperaba que ella dijera algo, que reaccionara, ¡por todos los santos! Que incluso le gritara. Pero no esperaba el silencio… El silencio dolía más que cualquier otra cosa… podía significar que él tenía razón y que ella se había quedado sin saber qué decir al acertar de ese modo. No quería pensar en eso, no quería hacerlo.

-¿Nada que decir? Me lo imaginaba.

-No, Draco, espera, yo sólo…

Ni siquiera se giró para mirarla mientras caminaba hacia la puerta del baño.

-No importa Granger, vístete y haz la maleta. Es hora de volver.

El agua hasta el momento cálida le pareció más fría que nunca. Se abrazó a sí misma, sentada dentro de la bañera, rodeada de agua y espuma, abrazando las rodillas apretadas contra su pecho mientras miraba la puerta por donde él se había marchado con la esperanza de que volviera. Pero no lo hizo.

-Sólo quiero que me protejas de mí misma… -murmuró entonces.

Nadie salvo ella misma la escuchó.

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Estrelló la copa vacía contra la chimenea, el fuego al entrar en contacto con el poco licor que quedaba bramó y rugió elevándose hacia el interior de la misma. Voldemort no le prestó demasiada atención.

Sus ojos aún estaban en aquella arrugada carta, centelleando de odio y clamando venganza.

"Mi hermana ha muerto por tu culpa. Yo no voy a seguir sus pasos. Bellatrix siempre me decía que fuera diferente a ella y es lo que voy a hacer. Abandono tus filas, Voldemort. Y lo hago con pleno conocimiento de ello. Seré seguramente la primera persona que logre salir de aquí y viva para ello. Bella también me recomendaba que siempre tuviera un seguro. Tengo un disco en mi poder, el disco del ordenador de Chang, y el disco del ordenador central. Si yo muero o me ocurre algo, el disco llegará a las manos adecuadas."

Lucius entró en la habitación después de golpear suavemente a la puerta.

-¿Me ha llamado, señor?

-Narcisa ha abandonado la mansión… -dijo firme y si ningún tipo de preámbulo-; nadie sabe donde está y el localizador de su cadena parpadea desde mi habitación… el último lugar en el que estuvo –hizo un silencio esperando por si Lucius decía algo. No lo hizo- Hay que encontrarla. –añadió finalmente.

-Es una pequeña… contrariedad –manifestó Lucius asintiendo-. ¿Puedo hacer algo para solventarla?

-La verdad es que no me importaría en otra ocasión pero… con ella han desaparecido varios documentos importantes del ordenador central…

-¿Qué documentos?

-Documentos sobre la Orden, Chang nos los había enviado y en ellos revelaba información que Potter le había confiado bajo efectos de la droga… información necesaria para acabar con la Orden y con Potter por supuesto.

-¿No se está tomando esto como algo personal, señor?

La mirada de Riddle fue glacial e incluso Lucius sintió miedo ante ella. Por unos segundos se compadeció de todos aquellos que alguna vez hubieran visto y sentido esa mirada.

-Todo lo que tenga que ver con Potter, es personal. Ha matado a muchos de mis hombres y se está interponiendo entre lo que busco y yo –añadió.

Lucius le miró. Parecía estar en algún lugar lejano, a miles de kilómetros de aquella habitación oscura, a miles de kilómetros de aquella vieja casa. Parecía sumido en sus propios pensamientos y más aún, perdido en sus recuerdos. Era curioso como un hombre como aquel también parecía tener recuerdos.

Carraspeó ligeramente y Voldemort le miró como si aquellos segundos nunca hubiesen ocurrido.

-¿Qué quiere que haga, señor?

-Eres el último en entrar a mi servicio Lucius, pero siempre has demostrado ser leal si te saben… recompensar… -Lucius sonrió-… ¿una cifra de seis ceros sería suficiente?

-No soy tan bueno, señor –dijo con una sonrisa de autosuficiencia Lucius aunque los dos sabían que sólo era falsa modestia.

Voldemort le restó importancia con un gesto de la mano mientras que miraba la hoja de papel que aún mantenía aferrada en su puño.

-Encuéntrala… -arrugó el papel en su mano-… y elimínala.

Lucius asintió. Iba a disfrutar con ese encargo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Una taza de chocolate apareció como por arte de magia en la mesa frente a él. Tonks le sonreía desde un lado de la silla.

-Parecías necesitarlo –dijo simplemente Tonks-. ¿Hay algo que te preocupe?

-¿Tú te acuerdas del padre de Hermione? –preguntó de sopetón Remus.

Tonks parpadeó, negó y se sentó a su lado dispuesta a escuchar lo que fuera.

-Era un hombre excepcional. Decidido, valiente, leal, dispuesto a todo por sus amigos. Decidido a cambiar el mundo para hacerlo mejor… No puedo contar las veces que Sirius, James, Snape o yo tuvimos que sacarlo de algún lío en el que se había metido –sonrió a medias.

-Hermione ha heredado bastantes cosas de él ¿no? –bromeó Tonks.

Remus no rió, pero sí sonrió con cierta complicidad y melancolía.

-Hermione aprendió a su lado a ser todo lo que es… pero no pudo heredarlo de su padre –Tonks le miró-. Nimfadora… Anthony no era el padre biológico de Hermione. Hermione fue adoptada.

-No entiendo qué…

-Hermione ha pedido una caja o algo así, parece que era lo que iba buscando a su piso y no encontró, le ha pedido a su madre que la busque y se la envíe… Anthony… Anthony siempre hablaba de que su hija tenía una caja de madera en la que metía todos sus secretos y dijo que algún día Hermione se llevaría una sorpresa y descubriría ella misma quien era –sonrió-. Solíamos bromear acerca de que no tuviera el valor para decírselo él mismo. Anthony siempre contestaba que no era falta de valor, sino simplemente que quizá no llegaría a poder hacerlo.

-Sinceramente Remus, no entiendo donde quieres ir a parar –le confesó Tonks.

-Anthony me rebeló una cosa –le explicó él con paciencia-. De alguna forma, Hermione y Tom Riddle están unidos –Tonks abrió la boca para protestar pero Remus no le dejó-. No sé cómo, ni qué es lo que les une… Anthony sólo dijo que esperaba que Hermione le perdonara cuando descubriera la conexión que tenia con Voldemort.

Tras unos segundos de silencio, Tonks se encogió de hombros con tranquilidad y rompió el silencio.

-Bueno, al menos sabemos que sea lo que sea, Malfoy está con ella –dijo con tranquilidad.

Remus la besó en la frente. Adoraba el modo en que aquella mujer era capaz de tranquilizarle.

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La miró satisfecho. El viaje había seguido silencioso pero lejos de ser un silencio tenso se había convertido en un silencio agradable.

(flashback)

Estaba siendo un largo viaje. Muy largo y silencioso. Draco se había insultado a sí mismo mentalmente cuando al encender el motor ella se había desplazado lo más lejos posible de él, pegándose a la puerta y dejando un gran hueco entre los dos. No había sido la primera indicación de que estaba enfadada, por supuesto.

Había empezado cuando ella había rechazado su gesto para ayudarla con el equipaje. Hermione había trastabillado cuatro veces con la maleta, una tropezando con la alfombra, dos con el quicio de la puerta y una cuarta vez con las escaleras del pequeño porche, desde donde había arrastrado literalmente la maleta hasta la parte trasera de la casa donde estaba el coche. Había ignorado la mano estirada de Draco y había metido ella misma la maleta en el maletero agradeciendo tener pocas cosas. Antes de que Draco pudiera cerrar el maletero y abrirle la puerta del copiloto como era su costumbre, Hermione ya se había metido en el coche y se había abrochado el cinturón de seguridad con la mirada al frente.

Tenía que disculparse con ella pero maldito fuera si sabía cómo hacerlo. La había herido, lo sabía porque había dicho todo aquello con la intención de herirla. Había sabido hacerlo y ahora no sabía como disculparse. De hecho, si alguien le hubiera dicho a él lo que él le había dicho a Hermione y luego hubiera intentado disculparse, Draco le hubiera dado una patada en el trasero.

Y eso era precisamente lo que Hermione estaba haciendo, sólo que lo hacía en silencio. En un maldito silencio que se le estaba haciendo insoportable. Miró el reloj de la guantera. Aún les quedaban cinco horas de viaje. No iba a aguantar cinco horas con Hermione en aquel estado.

-Si tienes frío puedo subir la capota –ofreció Draco.

-No, gracias, estoy bien.

Draco la subió de todos modos. Empezaba a hacerse de noche y parecía que iba a llover, no quería que ella se mojara.

-El coche es mejor que la moto ¿verdad?

-No está mal –dijo ella.

Draco controló su respiración y apretó las manos en el volante.

-¿Sigues enfadada? –intentó sin demasiado éxito que con sus anteriores preguntas.

-No estoy enfadada… -protestó Hermione fría-… estoy dolida.

Draco no se hubiera sentido peor si alguien le hubiera dado un puñetazo en la boca del estómago. Dolida era peor que enfadada. El enfado se pasaba, el dolor seguía ahí.

-Estoy intentando disculparme –dijo Draco entonces.

-¿Has hecho algo malo? –preguntó ella inocente. Draco no tuvo tiempo de contestar-. ¿Has dicho algo que no sintieras? No ¿verdad? Entonces no tienes que disculparte. Y baja la velocidad, vas demasiado deprisa –añadió echando un vistazo hacia el velocímetro.

-Maldita sea Hermione… ¿vas a dejarme hablar o tengo que amordazarte para ello?

-No, simplemente puedes desaparecer mientras intento saber qué te pasa –dijo ella resentida recordando que eso era lo que había hecho en el cuarto de baño.

Draco maldijo, miró por el retrovisor, se desvió de la carretera y aparcó junto a un camino de tierra dando un frenazo brusco. Hermione se giró para encararle.

-¿Qué haces?

-No nos vamos a mover de aquí hasta que me disculpe y tú aceptes las disculpas, ¿entiendes?

- De acuerdo, las acepto, ahora ¿podemos seguir?

Draco la fulminó con la mirada. Hermione ni siquiera se dignó a responder esa mirada. Enfadado consigo mismo Draco golpeó el volante con un fuerte golpe seco. Hermione se sobresaltó y una sombra de temor atravesó sus ojos mientras le miraban. Draco se dio cuenta de eso. Había visto a demasiadas víctimas de agresiones como para no darse cuenta de esa reacción.

-Hermione… -dijo suavemente-… no voy a hacerte daño…

-Ya lo has hecho Draco –le contestó ella ligeramente temblorosa-. ¿Podemos irnos?

-No, no podemos –replicó Draco-. Creo que tenemos que hablar y dado que cada vez que hay una cama cerca tengo la tentación de llevarte hasta ella quizá sea mejor que hablemos aquí –añadió con cierto sarcasmo.

-Eres tú quien no ha querido hablar y te has largado dejándome sola –le reprochó ella.

-Has dicho algo que me ha hecho recordar… -intentó explicarle a ella.

Hermione retrocedió aún más.

-Necesito salir a estirar las piernas –anunció entonces necesitando salir del coche para escapar de él. Se quitó con manos temblorosas el cinturón y antes de que él pudiera detenerla, Hermione ya había salido del coche.

Draco maldijo entre dientes, soltó su cinturón, se ajustó la pistola en la parte trasera del pantalón y salió del coche buscándola.

-No seas idiota Hermione, vuelve al coche. No te tocaré ¿de acuerdo? No tienes que tenerme miedo… -ella le miró-. ¿Crees que no me he dado cuenta de cómo has temblado?

-Hace frío –se defendió ella.

-Estamos a veinticinco grados, no hace frío –le replicó él.

Hermione no le contestó y el agente decidió cambiar de estrategia. Encogiéndose de hombros se acercó hasta ella rodeando el coche y la abrazó con suavidad pero firmeza.

-Suéltame –pidió ella con voz fría.

Pero Draco no le hizo caso, al contrario. La abrazó más fuerte.

-Has dicho que tenías frío… -le recordó entre divertido y enfadado consigo mismo.

-¿Y por qué debería preocuparte lo que una niñita tenga o deje de tener?

A pesar de sus palabras frías, se dejó abrazar. Draco quiso pensar que era porque no quería soltarse más que por el hecho de que la tenía tan fuertemente abrazada que su intento por librarse de él había sido infructuoso. La escuchó suspirar y relajarse ligeramente.

-Lo siento –se disculpó Draco en un susurro-. Dios, Hermione… hay tantas cosas que no sabes de mí… -la besó suavemente en la cabeza-. Y otras tantas que ni siquiera yo mismo sé.

-Y no las voy a saber a menos que tú me las digas –le replicó Hermione desde su pecho donde tenía la frente apoyada-. Maldita sea Draco, lo sabes todo de mí pero cuando intento averiguar algo de ti elevas un muro a tu alrededor y no me dejas acercarme siquiera.

-Lo sé… No es la primera vez que lo hago ¿verdad?

-No, no lo es.

Ambos recordaron cuando él había cambiado de tema cuando ella le había preguntado por las cicatrices de su espalda. Draco suspiró.

-Me dijiste que te protegiera… -susurró Draco-… eso me trajo recuerdos desagradables. La última persona que me dijo algo similar… murió. No quiero que a ti te pase lo mismo –dijo con voz áspera.

-Siempre me ha dado miedo enamorarme… desde lo de Mark… -suspiró-… me prometí a mí misma no volver a enamorarme de nadie y entonces tú… No importa… cuando te pedí que me protegieras… me refería a mí. –Draco la separó del pecho y la miró con suavidad.

-Te diré lo que haremos… -le ofreció-… te dejaré en el piso de Ginny y me acercaré a la Orden para saber si el agente que envié a la oficina de correos recogió tu caja –ella le miró interrogante-, no puedes enterarte de todas las llamadas que hago –le dijo simplemente. Después ambos nos sentaremos a hablar de algunas cosas ¿de acuerdo?

Hermione asintió.

-Bien –Draco la besó en la frente-. Después de todo, no puedes huir del pasado ¿verdad?

-No, no se puede –corroboró Hermione.

(fin flashback)

Estaban llegando, quizá debería despertarla… Hermione se había quedado dormida y para satisfacción de Draco, la chica sonreía. El policía sonrió mientras cambiada de carril. Tenía la certeza de que la protegería siempre de cualquier cosa, incluso de sí misma, significara eso lo que fuera que significara.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Narcisa se movió nerviosa. Severus le había asegurado que allí estaría bien, que estaría protegida, que no iba a ocurrirle nada durante los veinte minutos que él iba a estar fuera comprando un par de cosas. Pero pese a eso, no podía evitar seguir nerviosa.

Tenía el presentimiento de que iba a pasar algo en cualquier momento y no le gustaba estar en un lugar desconocido con ese presagio corriendo por las venas. Había estado mucho tiempo al servicio de Voldemort para saber que esos presentimientos son reales, que cuando los tenía era porque algo malo iba a ocurrir, algo inesperado a veces, de acuerdo, pero era algo malo en la mayoría de las ocasiones.

A pesar de estar vestida con unos pantalones deportivos y una camiseta que le quedaba demasiado grande, se sentía más desnuda que nunca. No llevaba ningún tipo de arma. Resultaba irónico que no sintiera la necesidad de tener una en aquellos momentos en que se encontraba en un lugar desconocido cuando durante años estando al servicio de Voldemort siempre había llevado armas a todas partes.

Bellatrix le había enseñado a esconder cuchillos en el interior de las botas, pistolas de pequeño tamaño en el hueco que los pantalones formaban en la espalda, incluso había aprendido a que una simple lima de uñas podía convertirse en un arma mortal clavada con la suficiente fuerza y en el lugar adecuado además de llevar siempre las uñas pintadas de un negro oscuro bajo las cuales se escondían diminutos granos de polvo que no era otra cosa que droga. Sonrió a medias… Sí… Era extraño que se sintiera más protegida en un lugar desconocido que en un lugar donde había vivido prácticamente toda su vida.

Se puso alerta cuando escuchó la puerta abrirse. En un gesto instintivo adquirido durante años se apoyó en la pared con la intención de pasar desapercibida. Bastante probable teniendo en cuenta que la ropa que llevaba era del mismo color que las paredes de la sala, negras.

-¿Cisa?

Severus anunció su llegada antes de que la puerta terminara de abrirse y la mujer lo agradeció en silencio. Severus sabía como se sentía, o al menos lo había imaginado ya que se había anunciado con adelanto.

-En el salón –dijo ella con voz clara.

Severus se aproximó a ella sin sonreír, a Narcisa no le importó, acostumbrada como estaba a verle con su rostro serio se habría asustado si lo hubiera visto sonreír porque eso podría haber significado cualquier cosa.

-¿Estás bien? –le preguntó examinándola. Frunció el ceño-. Debí pensar en la ropa… lo siento.

-No, está bien –le contradijo Narcisa-. Puedo usar tu camisa como vestido simplemente anudando un cinturón –añadió divertida y sarcástica.

-Draco ha debido heredar tu sarcasmo –le dijo él sonriendo cínicamente.

-¿Sí? Bueno, no es algo que yo pueda asegurar…

Snape la miró. Estaba nerviosa. No le sorprendía; seguramente él también lo estaría de encontrarse en la situación de Narcisa.

-¿Has escondido el disco? –le preguntó en un cambio de tema mientras se acercaba al mueble bar y se servía una copa de whisky sirviendo otra para Narcisa con un poco de hielo.

-Está en la esquina inferior derecha de tu colchón –le comunicó Narcisa-. Severus…

-Lo sé –la interrumpió Snape-. Pero si te hubieras quedado habrías acabado muerta Cisa.

Ambos lo sabían, pero eso no hacía que la mujer se sintiera más tranquila.

-Nadie sale de la organización de Voldemort y lo puede contar –dijo Narcisa con una serenidad que en realidad no sentía.

-Te prometo que no va a pasarte nada Cisa. Lo juré hace mucho tiempo y seguiré manteniendo mi promesa ¿de acuerdo? Draco y tú sois la familia que nunca tuve… a ninguno de los dos os pasará nada mientras yo siga vivo.

Ella titubeó ligeramente.

-¿Qué pasa?

-Tengo que decirle a Draco quién es su padre –dijo Narcisa.

-¿Y si antes le dices quien es su madre? –preguntó Severus con su característica burla en el tono de voz.

La mirada azul de Narcisa se mostró temblorosa cuando la dirigió a Severus. El hombre no perdió la calma. Hablar con Cisa en aquel estado era como hablar con un animal asustadizo y de hecho, los ojos de la mujer parecían tan sorprendidos y asustados como los de un ciervo sorprendido por los focos de un coche.

-No puedo hacer eso Severus… -sonrió con tristeza-. Lo abandoné, sufrió por mi culpa, me deshice de él… No puedo considerarme su madre porque no he hecho nada para criarle ni para ayudarle.

-Le diste la vida, Cisa.

-Pero no me quedé para ver qué hacía con ella.

Antes de que ninguno de los dos fuera consciente de lo que estaban haciendo, Severus se sentó junto a ella y la abrazó con fuerza y con cierta rigidez que denotaba la poca experiencia que tenía dando abrazos y demostrando sentimientos.

-Si le dices que he hecho esto a alguien lo negaré incluso bajo tortura.

Le agradó escuchar la risa de Narcisa. Siempre le había agradado.

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El amiente estaba cargado. En un gesto instintivo provocado por todos los años que llevaba trabajando en aquello, los ojos verdes de Harry se movían controlando todo el lugar. Cada gesto era controlado, cada ademán, cada mirada, cada risa… Todo pasaba por el filtro de la mirada del policía pese a que nadie se hubiera dado cuenta de ello.

-¿Cómo diablos lo hace?

Harry levantó la mirada de la cerveza que tenía delante. Nott le sonrió antes de sentarse en el taburete de su derecha haciéndole un gesto al camarero para que le trajese otra cerveza a él.

Los ojos verdes de Harry se clavaron en la improvisada pista de baile donde Sirius parecía bastante entretenido con dos morenas espectaculares que competían por atraer la atención del policía.

-Encanto Black –se limitó a decir Harry encogiéndose de hombros.

-No, en serio, ¿cómo lo hace? –bebió de su cerveza-. Yo hace más de tres meses que no consigo una cita en condiciones.

-A mí no me mires –bromeó Harry-. Te recuerdo que he estado a punto de casarme con una mujer que además de espiar para Voldemort y ser hija de uno de los mafiosos más importantes de China, ha estado sacándome información mientras me drogaba –elevó su botella al aire en un brindis silencioso y dio un pequeño trago mientras Nott sonreía con una mueca irónica.

Harry miró el reloj.

-¿Has terminado ahora?

-En realidad no. Me quedaban un par de informes por archivar y Connor se ha ofrecido a hacerlo por mí.

Connor. Algo le hizo reaccionar ante aquel nombre. No recordaba haber visto el nombre de Connor en la lista de los miembros de la Orden que tenían guardia aquella noche. ¿Qué diablos hacía en la Orden? No era precisamente de los agentes más aplicados, más bien al contrario, era de los primeros que salían cuando su turno de acababa. Algo le decía que algo estaba pasando allí.

-¿Connor? –frunció el ceño.

Nott se encogió de hombros.

-Estaba en la oficina –se limitó a decir. Harry no contestó-. No es la primera vez que no de nosotros se encarga de archivar….

-No, no, tranquilo, no es eso lo que me preocupa –le sonrió-. ¿Qué hacía Connor en la oficina?

-Le mandaron a la oficina de correos a buscar un paquete, lo estaba dejando en la Orden cuando me crucé con él y… ¿dónde vas?

Harry ya se había levantado.

-Connor no estaba de servicio hoy –dijo simplemente mientras pagaba las consumiciones-. ¿Qué paquete era? –se giró hacia a pista de baile - ¡Sirius!

-Creo que era la caja que Hermione había pedido –Nott ya se estaba poniendo la chaqueta.

-Maldita sea… ¡Sirius, nos vamos!

Dispuesto a protestar, Sirius se dio la vuelta. Al mirar los ojos de Harry supo que algo pasaba. Se despidió de las morenas con un guiño de ojo y siguió a Nott y a su ahijado. Al parecer, su turno acababa de empezar.

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Severus suspiró cuando escuchó las llaves en la entrada. Tenía que ser Draco. Él era la única persona que tenía llave de su casa porque era la única persona en quien confiaba para entregársela. Narcisa ahogó un grito detrás de la mano que cubrió su boca y miró asustada a Severus. El hombre conservó la calma como siempre y encogiéndose de hombros mentalmente esperó a que los pasos del joven agente atravesaran el vestíbulo y subieran los dos escalones que separaban el recibidor del resto de la casa.

A su lado Narcisa lo miró, nerviosa. Severus ignoró la mirada de ella y fijó su vista en la entrada del salón esperando la aparición de Draco. La tensión era tan espesa que podía cortarse el aire con un cuchillo con la facilidad de cortar mantequilla.

Draco apareció en la entrada. Su ceño se frunció. Sus ojos volaron del rostro de la mujer a los ojos de Severus indicándole que la había reconocido como una vasalla de Voldemort. Narcisa cerró los ojos esperando la explosión. Severus le sostuvo la mirada a su ahijado. Ninguno dijo nada. Ninguno se movió.

-Draco, te presento a Narcisa –suspiró-, ella es tu madre.

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Bueno, pues esto es todo por hoy!!

Espero que haya sido de vuestro agrado y ya sabéis, como siempre, espero vuestros reviews, ok?

Un besito para todos, nos leemos pronto!!