Hola a todos!!! Qué tal??

Bueno, aquí os dejo este nuevo capítulo de Amor en riesgo que espero que sea de vuestro agrado.

La verdad es que me costó bastante escribirlo, apenas escribía un par de líneas por día pero una vez encontré el hilo conductor que quería plasmar, las palabras salían solas. Espero sinceramente que os guste lo que ha salido de pulsar las teclas de mi ordenador.

Un saludo para todos aquellos que seguís preguntándome cómo estoy, voy mejorando poco a poco y sin forzar demasiado la máquina no sea que se rompa jejeje

Muchas gracias por todos vuestros reviews y mensajes de apoyo. No sabéis, de verdad, lo mucho que me alegran y me animan a escribir. No dejéis de enviarlos ¿de acuerdo?

Os dejo ya, disfrutad de la lectura. Un besito, nos vemos abajo!!

Capítulo 21. De reuniones y verdades

Ajeno a la tensión que se respiraba a su alrededor, Sirius tamborileó con los dedos mientras que Hermione le daba vueltas a la caja de madera que tenía frente a ella. A su izquierda, Malfoy mantenía un brazo en el respaldo de la silla donde ella estaba sentada y a su derecha Harry estaba serio, su mirada fija en la caja pasaba de vez en cuando al rostro de la muchacha antes de volver a mirar la caja de madera.

Tonks y Remus, sentados frente a Hermione disimulaban su interés con cara de circunstancias pero lo cierto era que estaban tan curiosos como Sirius, Nott y Blaise que no dejaba de pasearse de un lado a otro, eso sí, evitando acercarse a Ron a una distancia en la que el pelirrojo pudiera alcanzarle. La única que parecía ajena aquello era Ginny que estaba demasiado enfadada con su hermano y su reacción para estar pendiente de nada más que no fuera la mirada que pretendía ser intimidatoria que el pelirrojo le lanzaba a Blaise.

Hermione se encogió de hombros y dejó de tocar la caja. Escuchó el suspiró exasperado de Harry y le miró sonriendo con cierta culpabilidad mientras se encogía de hombros.

-No sé cómo se abre –dijo claramente.

Remus habló el primero antes de darle la oportunidad a Sirius que, tal y como estaba abriendo y cerrando la boca mientras fruncía el ceño, Remus supo que iba a decir algo que seguramente daría a Darco la excusa perfecta para desatar una discusión.

-¿No sabes cómo abrirla? Pero es tu caja ¿verdad?

-Oh, claro –contestó Hermione. Blaise la miró-. ¿Qué? Mi padre me dio esta caja pero no tuvo tiempo de decirme cómo se abría antes de que…

Su silencio fue lo bastante elocuente para que los que estaban allí se diesen cuenta de lo que iba a decir, de lo que tenía en la punta de la lengua. "Antes de que muriera" No lo había dicho, no había hecho falta que lo hiciera, el mensaje y las palabras estaban implícitas en el silencio que había pronunciado.

-¿Estás segura de que no sabes cómo se abre? –insistió Tonks-. Es muy importante Hermione.

-Smith está interesado en esa caja y en lo que sea que contenga –explicó Nott mirando a Hermione muy serio-. Connor ha sido capaz de traicionar a la Orden para intentar llegar a ella…

-Smith siempre está intensado en cualquier cosa que crea que va a perjudicar a Harry –protestó enérgicamente Ron.

-Y Connor nunca fue trigo limpio, es cierto, en eso estamos todos de acuerdo –intervino Blaise ignorando la mirada fulminante del pelirrojo-, pero de ahí a suponer que dentro de esa caja puede haber algo que…

-No recuerdo lo que hay dentro –dijo Hermione antes de que Sirius, que la estaba mirando esperanzado de nuevo, tuviese tiempo de pregunta-. Papá me la regaló un día y me dijo que cuando quisiera saber la verdad sólo tenía que mirar dentro de la caja –se encogió de hombros-. Ni siquiera se qué quiso decir con eso… -miró a Harry sintiéndose levemente culpable por no poder hacer nada más de lo que ya había hecho-. Lo siento, si supiera cómo abrir…

-No pasa nada –la tranquilizó Draco dirigiéndole una mirada de advertencia a Harry que le devolvió la mirada intentando que no pareciese demasiado burlona. La mano de él acarició la nuca de Hermione bajo la cascada de rizos castaños-. Sólo estábamos jugándonosla a una carta, no te preocupes Granger.

-Quizá Snape… -empezó a decir Sirius-. ¿Dónde está Snape?

Blaise rodó los ojos. ¿Es que nadie se había dado cuenta de que el oscuro hombre no había aparecido en la reunión? Miró a Draco por si tenía que contenerle para que no dijera nada más de la cuenta y provocase una disputa entre él y Sirius, pero extrañamente, el rubio no dijo nada al respecto y ni siquiera fingió estar molesto o indignado cuando Sirius le miró como si estuviese buscando una reacción de su parte ante el comentario que acababa de hacer.

-Yo sé donde está –mintió Harry-. ¿Lo mantendrás informado de la reunión, Malfoy?

Hermione sintió como Draco se tensaba ante las palabras de Harry. Tenía que hablar con él y descubrir qué era lo que le había pasado con su padrino para que se tensara de aquella forma ante la simple mención de su nombre.

-Como no ha pasado nada no creo que haya nada de lo que informarle –contestó tranquilamente Draco.

Harry frunció el ceño. En todos los años que conocía a Malfoy y Snape jamás había escuchado una respuesta semejante en referencia de uno al otro. Arrugó el ceño, allí estaba pasando algo. Draco Malfoy podía ser un auténtico cretino, tanto como Severus Snape, pero el uno daría la vida por el otro y viceversa; el que Malfoy no dijera inmediatamente que le informaría a Snape tan pronto como pudiera le hizo sospechar de que algo no andaba bien.

Blaise debió interpretar erróneamente el ligero fruncimiento de Harry porque se apresuró a hablar, temiendo seguramente que Harry fuera a ahondar más. Eso hizo que el agente sospechara aún más, ¿desde cuando era Blaise quien intercedía por Malfoy?

-Yo lo haré –dijo Blaise-. En cuanto le vea… -añadió más para sí mismo que para nadie en concreto.

-De acuerdo, ahora si no…

-Perdón, ¿qué pasa con mi boda?

Distintas reacciones paralizaron a los presentes en la habitación tras el carraspeo de Hermione y sus palabras. La mano que Draco estaba utilizando para acariciar la nuca femenina en un intento de tranquilizarse a sí mismo más que a ella, se quedó petrificada. Blaise y Ron que habían iniciado una nueva lucha no verbal para ver quien llevaba a Ginny a casa en cuanto la pelirroja lo había preguntado, desviaron sus cabezas hacia Hermione con tanta velocidad que la castaña hubiese jurado que había escuchado algunas de las vértebras crujir. Nott elevó una ceja de forma inquisitoria preguntándose si Hermione se había dado cuenta de lo que había dicho. Tonks y Ginny se miraron entre sí divertidas con la complicidad que sólo el sexo femenino puede tener entre sí. Remus que casi había llegado a la puerta se giró sobresaltado con la mano aún en el pomo y Sirius que se había levantado, volvió a dejarse caer en la silla atento a la mirada de Malfoy como si pensara que lo que iba a venir a continuación de aquella declaración fuese a ser algo realmente divertido.

Hermione no percibió ninguna de esas reacciones salvo la de Draco y únicamente porque había sido su nuca la que había dejado de ser acariciada. Sus ojos estaban fijos en Harry que parecía tan sorprendido como los demás por sus palabras aunque debía de darle el beneficio de la duda y reconocer que disimulaba bastante bien.

-¿Has dicho boda? –preguntó Ron entonces sólo para asegurarse que había dejado de intimidar a Blaise por una muy buena razón.

Hermione rodó los ojos.

-La mía no, la boda a la que tengo que ir –la miraron como si no la entendieran-. Mi hermana ¿recordáis? Tengo que asistir a su boda y…

-Lo siento –se disculpó Harry-. Lo olvidé. ¿Qué pasa con la boda de tu hermana?

-Es en unos meses ¿no?

Hermione negó mientras se encogía de hombros ante la pregunta de Blaise.

-Marcus ha decidido que quiere adelantarla –miró acusatoriamente a Harry-. Te lo dije hace ya un par de semanas-. Lo tenían todo listo, así que esperar un par de meses más era una tontería y una pérdida de tiempo.

-¿Quién es Marcus? –preguntó Tonks mientras Remus la miraba suspicazmente.

-El novio –contestó Hermione frunciendo el ceño-. No es el tipo que yo hubiera elegido para Becky pero es su vida –añadió sabiendo que dijera lo que dijera su hermana no cambiaría de opinión.

-¿Cuándo es la boda, Hermione? –preguntó Harry.

-Este fin de semana –dijo ella rápidamente-. Y antes de que digas nada, yo me he enterado hace un par de horas, antes de venir aquí, ¿recuerdas que me ha llamado mi hermana? –preguntó dirigiéndose a Draco sintiendo la necesidad de que él la apoyara.

Quizá fuera una tontería, pero desde que pasaba tanto tiempo en la sede de la Orden tenía la fijación de que todo lo que hiciera o dijera debía de estar respaldado por alguien de la misma, y por supuesto, ese papel casi siempre le tocaba a Draco.

-Es cierto –corroboró el agente-. Acaba de enterarse, no podría haber tardado menos en decírtelo, Potter.

-De acuerdo, este fin de semana. Elige a alguien para que te acompañe –y antes de que ella pudiera protestar, Harry siguió hablando con el tono más formal y profesional que pudo-. Te han secuestrado una vez, has estado en la mansión de Voldemort, han asesinado a tu compañera de piso, te han disparado varias veces y Voldemort te tiene en su punto de mira y aún no sabemos el motivo, así que si vas a atravesar el maldito océano para ir a una boda llevarás guardaespaldas ¿entendido?

-Yo iré –se ofreció Malfoy inmediatamente.

Harry contuvo la tentación de rodar los ojos. Sirius no fue tan considerado.

-Eso ya lo sabíamos, Casanova –se burló de él-. Pero supongo que querrás que alguien te cubra las espaldas para que te puedas ocupar de otros asuntos… digamos más importantes ¿no?

De haber sido una persona normal, Draco Malfoy se hubiera sonrojado hasta la raíz del cabello, del modo en que Hermione lo hizo al comprender las palabras de Sirius. Pero Malfoy se limitó a enarcar ambas cejas y a mirar a Sirius advirtiéndole en silencio que sería más seguro para él no decir nada más. Por suerte para todos, Sirius no siguió incordiando, algo que todos agradecieron ya que la única persona capaz de controlar a Draco de alguna manera era precisamente la única persona que no estaba allí en aquellos momentos.

-Iré con vosotros –dijo Nott entonces.

La mirada de Malfoy se estrechó, sus músculos se tensaron, cuadró los hombros y sacó pecho mientras miraba a Nott de forma acusadora con las dos rendijas en que parecían haberse transformado sus ojos grises. Hermione podía comprender la reacción de Draco perfectamente, después de todo, había sido Nott junto con Ron a quienes habían despistado cuando estaban vigilándola justo antes de que la secuestraran.

-Ni siquiera lo pienses –le advirtió Draco profundamente serio.

Nadie en la habitación dijo ni una palabra. No era necesario. Un único pensamiento cruzaba por la cabeza de los presentes. Thedore Nott dejó su posición, descruzó los brazos y se dirigió hacia Draco y Hermione mientras se desabrochaba la pistolera y sus dedos rozaban el arma. Hermione vio como Nott dejaba su arma impecable en la mesa, frente a los ojos de Draco.

-Si vuelvo a fallarte puedes dispararme con ella –dijo la voz dura de Nott mientras Hermione veía como se crispaban los músculos del cuello de Draco-. Nunca más Draco, nunca más.

La única respuesta de Draco fue levantarse de la silla, tomar el arma de Theodore Nott y entregársela sin decir ni una palabra; se giró hacia Hermione y con una indicación la ayudó a levantarse de la silla tomándola de la mano después de dedicarle a Potter una mirada interrogativa.

Antes de salir de la habitación Hermione vio como Nott suspiraba aliviado. Al parecer, Draco volvía a confiar en él.

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El estruendo de cientos de libros golpeando el suelo de piedra al mismo tiempo fue ensordecedor pero ninguno de los guardias, ni siquiera los más cercanos a él, se atrevieron a asomar la cabeza para saber qué estaba pasando. No era necesario.

Todos se habían enterado de la huida de Sofía. La pequeña niña había encontrado el modo de escapar de las celdas más custodiadas que tenía y aún no sabían como lo habían hecho.

Voldemort estaba furioso. Había puesto a todos sus hombres a vigilar los alrededores, a buscar y rastrear cientos y cientos de kilómetros con la vana esperanza de encontrar a la niña, preferiblemente viva pero en aquellos momentos poco le importaba si aparecía muerta. La necesitaba. Del mismo modo en que había necesitado a Hermione Granger antes de que Anthony la salvara, Sofía era perfecta.

Había demostrado acatar las órdenes con un mínimo de droga en su cuerpo. Había demostrado ser fuerte, tenaz y capaz y él la necesitaba. Era lo que estaba buscando desde hacía años. Con esa niña en la cabeza de su ejército de mocosos nadie se atrevería a atacarlos. La inocencia que irradiaba el rostro y los ojos de Sofía sólo era comparable con su actitud fría y distante cuando tenía un arma entre sus manos y era obligada a dispararla. Entonces cambiaba. Sus ojos se oscurecían, su rostro se tensaba y como si quisiera luchar contra la droga que corría por su sangre la pequeña derramaba un par de lágrimas que se secaban inmediatamente con el ruido atormentador del primer disparo.

Necesitaba a Sofía y no sabía dónde diablos estaba. Había entrevistado y amenazado a cada uno de sus guardias, temeroso de que hubiera entre ellos algún otro topo que, al igual que lo hizo Anthony en su momento, hubiese liberado a la niña de su celda y del destino que él había elegido para ella.

Nada. No había encontrado absolutamente nada. Nadie sabía nada, nadie había visto nada. Los guardias de las celdas habían sido substituidos por otros más letales para asegurarse de que nada de eso volviera a ocurrir, pero no podía hacer nada más que esperar porque la niña fuera encontrada viva o muerta.

Pateó los libros que había tirado al suelo al lanzar la estantería. Lanzó la botella de vodka contra la pared escuchando con deleite como es estrellaba y los diminutos pedazos de cristales caían al suelo y no sintió alivio con ello. Lanzó el vaso que tenía en la mano contra la chimenea y el fuego se avivó iluminándole el rostro tenso y furioso mientras jadeaba por la irritación que tenía.

Unos leves golpes en la puerta le hicieron girarse dispuesto a dejar caer su ira sobre el primero que dejase entrar la cabeza en sus habitaciones. Lucius Malfoy lo miró sin siquiera prestar atención al desorden de la siempre impoluta e inmaculada habitación. Sin decir nada se acercó a la mesa de Tom Riddle y dejó sobre ella un fajo de cartas abiertas que Voldemort miró antes de clavar sus ojos enrojecidos por la furia en él.

-¿Qué diablos es eso?

-Registre las habitaciones de Bellatrix y Narcisa como me pidió, señor –contestó con tono formal-. Bella estaba limpia, pero encontré eso en la habitación de Narcisa –señaló con un gesto de barbilla el montón de cartas-. No va a creer lo que pone ahí.

-Si no es una confesión diciendo que ella dejó a Sofía escapar y que la ayudó no me interesa –su voz sonó amenazadora, retadora, letal.

Pero Lucius Malfoy había aprendido desde pequeño a ser tan letal como lo era en aquellos momentos Tom Riddle. Se limitó a meter las manos en los bolsillos impecables del perfecto pantalón negro y le miró sin apartar sus ojos grises de los de su jefe y señor.

-Mejor aún –contestó el rubio sin dejarse inmutar-. Narcisa tuvo un hijo –Voldemort le prestó atención intentando aparentar que no era algo que le importara demasiado. Lucius se tragó una sonrisa al ver la cara del hombre al decirle claramente algo que le interesó mucho-. Es un agente de la Orden del Fénix.

De acuerdo, no era información sobre Sofía, pero por primera vez desde que la noticia de que la niña había logrado escapar, Tom Riddle, Voldemort, sonrió levemente y su cara se tornó aún más siniestra si eso era posible.

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Draco tenía el ceño fruncido. Por supuesto que Hermione no podía saber que ese gesto no estaba dirigido a ella sino a los pensamientos del agente que no hacía más que darle vueltas a la noticia de a aparición de su madre. ¿Debía decírselo a alguien? Bufó. ¿A quién podría decírselo? Toda su vida había estado solo y había aprendido a no confiar en nadie y la única persona en la que había confiado le acababa de traicionar admitiendo que conocía a su madre. Volver a establecer la relación de confidencialidad, admiración, respeto y confianza con Severus Snape iba a ser algo difícil… eso si decidía si quería hacerlo realmente.

Draco no se dio cuenta de su gesto en el rostro hasta que la voz de Hermione le llegó clara, asustadiza y nerviosa.

-No tienes que venir conmigo Draco –el agente dejó de guardar sus armas de repuesto sin las cuales no viajaba nunca, y la miró escépticamente enarcando una ceja-. Quiero decir… una boda es una reunión familiar y mi familia es… bueno… te acosarán a preguntas y no quiero que pienses que te estoy empujando a hacer algo que… ¿de qué te ríes? –arrugó el ceño.

Draco soltó las armas y en dos zancadas había atravesado la habitación hasta el armario donde ella intentaba elegir entre una chaqueta roja o una negra. Rodeó la cintura de la mujer asombrándose como siempre de lo estrecha que era y dejando que su aroma a fresas lo envolviera. Era extraño como la simple presencia de ella lograba hacerle creer que todo estaba bien y que nada podía salir mal. No era algo que estuviese dispuesto a admitir, desde luego, pero estar junto a ella era estar en casa, y esa era una sensación que Draco nunca había experimentado.

-¿De verdad crees que alguien puede empujarme a hacer algo que no quiero? –preguntó el hombre entre divertido y exasperado-. Deja de preocuparte. No voy a dejar que vayas sola a esa boda y no es sólo porque tengamos que protegerte –añadió al ver que ella abría la boca-, es porque quiero estar contigo ¿de acuerdo?

Hermione se dejó abrazar. Aún le sorprendía ver ese lado de Draco vulnerable y que aparecía sólo cuando estaban solos. Le gustaba el Draco eficiente, duro y frío capaz de hacer que todos los que aparecían a su paso ni siquiera se atreviesen a mirarle. Pero ese Draco era el que todos veían, la máscara de la que todos eran conscientes. Sin embargo, cuando la abrazaba de aquel modo, cuando respiraba junto a su oído, cuando le acariciaba la cintura por encima de la camisa con un movimiento lento y casi inconsciente, Hermione sabía que sólo estaba ella. Que sólo era de ella. Y le gustaba aquella sensación.

-De acuerdo… -concedió ella entonces con una media sonrisa-. No me has dicho si te parece buena idea salir del país después de que me hayan secuestrado e intentado matarme.

Tras su propia voz burlona Draco se dio perfectamente cuenta del miedo que encerraba.

-No te preocupes… -la hizo girar dentro de su abrazo-. No voy a dejar que te pase nada.

-Nunca he creído que lo fueras a hacer.

-Confía en mí, el lugar más seguro en el que puedes estar es estando a mi lado –la besó suavemente en la frente.

-Confío en ti –y cuando dijo aquello se dio cuenta de que era cierto y que era verdad que confiaba en él.

Se abrazó con fuerza al cuerpo masculino y la sensación de paz y tranquilidad volvió a embargarla dejándola completamente satisfecha y segura.

Un ligero golpe en la puerta anunció la entrada de Nott que abrió la habitación sin molestarse ni sentirse incómodo.

-Dejad eso para cuando estemos en España, ¿ya estáis?

-Voy a arrepentirme de haber vuelto a estar con él como antes –la besó en los labios, un beso duro y posesivo-. Si siguiera temiendo mi reacción no haría cosas como esta.

-Oh, las haría, sólo que procuraría que no estuvieras armado –añadió Nott con fingida seriedad mientras tomaba la maleta de Hermione.

-¿No te han enseñado a llamar a la puerta? –preguntó Draco irritado porque le hubiesen atrapado en un momento vulnerable.

Soltó a Hermione a regañadientes prometiéndole en una mirada silenciosa que más tarde terminarían aquella conversación, cuando estuviesen a solas.

- Tenemos que salir dentro de un horario previsto si no queremos que a Potter le de un ataque por la seguridad –se defendió Nott.

-¿Y eso te deja incapacitado para llamar a la puerta? –Nott no contestó. Se limitó a mirar el pesado maletín negro que había sobre la cama de Hermione y le dirigió una mirada elocuente a Draco-. No me gusta viajar sin protección –le dijo simplemente.

-A mí tampoco, llevo juguetitos en el coche.

-¿Y creéis que os van a dejar subir a un avión con todo ese arsenal? –preguntó la mujer escéptica.

-Claro, ¿no se lo has dicho? –Draco se encogió de hombros-. La Orden pone a nuestra disposición un pequeño jet privado –informó-. Es muy especial con la protección, no podemos ponerte en riesgo de subir a un avión que puede ser secuestrado.

-¿Y quién pilotará? –preguntó ella temiéndose la respuesta.

Nott le sonrió con zalamería.

-No te preocupes, tengo unas cuantas horas de vuelo –le confesó-. Os espero en el coche.

-Dime que no va a pilotar él –pidió Hermione mirando a Draco.

-Cálmate. Es el mejor piloto que conozco después de mí y de Potter –le aseguró-. No dejaría que subieras a ningún sitio con él si no lo creyera, ¿no te parece?

Hermione se relajó. Pero sólo un poco. No volvería a estar relajada hasta que Nott le demostrase que sabía cómo pilotar un avión. Draco rió en voz baja y Hermione enrojeció. Odiaba que la conociese tanto.

-Dejaré que te agarres a mí si te pones nerviosa.

Ella le miró y le dedicó una gran sonrisa. Quizá no lo odiaba tanto.

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Ron miró el reloj e hizo una mueca. Habían pasado diez minutos desde la última vez que lo había mirado. En el extremo opuesto del sofá Blaise intentaba ignorar su presencia del mismo modo en que Ron lo intentaba.

De acuerdo, nunca habían sido amigos íntimos. Ron prefería la compañía de Harry, Sirius y Remus mientras que Blaise siempre estaba acompañando junto a Nott a Draco y Snape, pero incluso sin ser amigos íntimos siempre habían sido capaces de hablar de temas triviales y en cualquier otra situación, en aquellos momentos estarían viendo algún partido en la televisión, comiéndose la comida de Ginny o discutiendo sobre los posibles planes para lograr atrapar a Voldemort de una vez por todas. Pero no, en aquellos momentos ambos intentaban ignorar la presencia y existencia del otro.

Finalmente fue Blaise quien habló.

-¿Crees que hablaba en serio? –preguntó apuntando con la cabeza la puerta por la que hora y media antes había salido Ginny.

Ron se permitió una media sonrisa.

-Desde luego, tenía la misma mirada de cuando éramos pequeños y me amenazaba con chivarse a mi madre si no dejaba de romper sus muñecas. Créeme, habla completamente en serio.

Blaise hizo una mueca.

-Eso me temía –replicó mientras recordaba una furiosa y triste Ginny.

(flashback)

-De acuerdo, terminad con esta tontería ahora u os prometo que no me volvéis a ver. Ninguno de los dos –añadió al ver que las miradas entre los dos hombres seguían siendo fulminantes.

Se acabó. Se había agotado su paciencia. De hecho, había tenido más de la acostumbrada. Pero no podía seguir así. Había salido dos minutos. Dos simples minutos a buscar el correo y cuando había regresado a casa había encontrado a Blaise y Ron enzarzados en una discusión verbal en la que palabras como "idiota" o "jódete" habían sido las más suaves. Estaba cansada de aquella situación y no podía más.

-No hablas en serio –dijo inmediatamente Blaise prestándole atención.

-Hablo muy en serio –replicó la pelirroja-. Os quiero a los dos y veros así me está matando –les contestó con los ojos brillantes-. No quiero elegir entre mi hermano y mi pareja porque sé que no podría soportarlo…

-Ginny…

-… así que solucionadlo –siguió ella sin hacer caso del modo suave en que Ron la había llamado-. O seré yo quien lo haga y creedme no os gustará mi solución. Por favor… -les miró-… no me hagáis elegir entre los dos.

(fin flashback)

-Es mi hermana –dijo entonces Ron.

-Lo sé.

-Cuando mis padres y mis hermanos murieron en aquel accidente… yo… juré protegerla de todo siempre –añadió Ron.

-También lo sé –contestó tranquilamente Blaise-. Pero Ginny ya no necesita que la protejas de todo –añadió-. No es la niña que se quedó huérfana Ron, es una mujer.

-Para mí no. Cuando la miro… aún veo a la niña que tenía que peinar para ir al colegio, a quien tenía que defender de los abusones y a quien tuve que enseñarle defensa personal –replicó el pelirrojo-. Recuerdo todas nuestras discusiones, nuestros abrazos, las noches en que llegaba tarde a casa y yo me volvía loco de preocupación.

-Ron, siempre va a ser tu hermana, eso no va a poder cambiarlo nada ni nadie pero tienes que dejar que haga su vida.

-¿Contigo? –preguntó irónico.

-¿Conoces a alguien mejor? Y no digas Potter –añadió al ver que el pelirrojo sonreía como si hubiera dicho algo divertido-. La niña que tú criaste ha crecido Ron y es gracias a todo lo que le has enseñado que se ha convertido en la mujer que es ahora: una mujer fuerte, independiente, temperamental pero paciente, dulce, cariñosa y cabezota –Ron sonrió-. Ginny es la mujer que es ahora gracias a ti Ron –el pelirrojo no dijo nada y Blaise suspiró-. Escucha Weasley, estoy enamorado de tu hermana como un idiota y si para evitar que ella sufra tengo que dejarla para que ella no tenga que elegir, lo haré.

-¿Lo harías? –enarcó una ceja -. ¿La dejarías para que ella no tuviese que elegir entre tú o yo?

-Sí. Pero hacerlo me dejaría destrozado.

Por unos instantes Ron no dijo nada, luego habló con suavidad.

-La quieres realmente ¿verdad?

-Con todo mi corazón aunque no valga demasiado –añadió con ironía.

-Si veo que llora aunque sea una sola lágrima, convenceré a Harry, Sirius y seguramente también a Remus y Tonks para que vayan a por ti y cuando ellos terminen contigo comprenderás por qué me llaman la mole roja, ¿entiendes?

Por toda respuesta Blaise le extendió la mano.

Una señal de paz, una señal de entendimiento, una señal de comprensión mutua. Ginny siempre sería la niñita de Ron, su hermanita, su pequeña. Pero Blaise había visto en ella la mujer en la que se había convertido. Ambos formaban parte de la vida de Ginny y si algo tenían claro los dos era que no iban a hacerle daño nunca.

-Vaya, ¿eso significa que no vas a volver a darle un puñetazo?

La voz de la pelirroja entrando en casa hizo que ambos hombres se miraran mientras se soltaba las manos. Ginny avanzo hasta Blaise y rodeó la cintura de su pareja mientras éste le daba un beso en la frente y la abrazaba pasando un brazo sobre los hombros femeninos.

-Sí, bueno, más o menos. Sólo no hagáis según qué cosas delante de mí y todo irá bien –aclaró Ron mirando a su hermana que seguía muy abrazada a Blaise para su gusto-. Recuerda que para mí siempre serás mi hermanita pequeña –añadió en tono de disculpa.

Ginny soltó su mano de la cintura de Blaise y cuando a regañadientes el hombre la soltó, ella se dirigió a su hermano a quien abrazó pasando las manos por la cintura y enlazándolas en su espalda mientras enterraba su cara en el pecho de Ron, sintiéndose a salvo al percibir el olor y el calor corporal de Ron.

-Te quiero Ronald –declaró con solemnidad mientras dejaba que su hermano la ocultase en un fuerte y suave abrazo de oso.

-Yo también te quiero, pecosa –le contestó él.

Mirando por encima de la cabeza de su hermana fijó la mirada en Blaise. Quizá nunca se pondrían de acuerdo en todo y seguramente Ron nunca acabaría por aceptar que su hermana tuviese relaciones sexuales, pero la mirada que compartieron en aquel momento los dos hombres hizo que Blaise se diese cuenta de algo: ambos estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por proteger a aquella mujer. Y en eso, siempre estarían de acuerdo.

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En su casa. Severus Snape estaba en su casa. Era seguramente la primera vez que ese hombre pisaba su casa. Todas las reuniones se habían celebrado siempre en la oficina, en la Orden, nunca en su casa. Pocas personas eran las que iba allí y entre ellas desde luego no estaba Severus Snape. A pesar de respetarle como líder de la Orden de Inglaterra Severus siempre había demostrado una total disconformidad con respecto a su forma de tratar los temas y trabajos y nunca había ocultado el descontento que él no hubiese sido el elegido para ocupar ese cargo. Nunca había dicho nada abiertamente y nunca lo haría, era demasiado listo para ello, del mismo modo en que era demasiado listo para siquiera intentar hacer que el resto de la Orden se volviese contra Harry. Snape era un estratega nato y Harry lo sabía. Estaba en la Orden porque era lo que le convenía. Su padre, según le había dicho en numerosas ocasiones Sirius, nunca había confiado en Snape y Harry tampoco lo hacía pese a las veces que éste lo había salvado.

De pie frente a ellos, paseaba de un lado a otro de la sala de estar, pasándose la mano por el cabello negro repetidamente y pensando en qué debía hacer. No había creído estar bien cuando al abrir la puerta se había encontrado con Snape pero cuando había visto la figura femenina que venía con él había creído realmente que se había vuelto loco. Narcisa Black. Mano derecha de Voldemort estaba sentada en su sala de estar con una taza de té entre las manos. Con la postura fría, los hombros erguidos, la espalda recta y con la mirada azul más brillante y retadora que jamás había visto en nadie.

-¿Sabes qué diablos estás haciendo? –preguntó entonces Harry.

-Yo respondo por ella –dijo Severus sin inmutarse siquiera ante el estallido de furia de Potter. De hecho, ya lo esperaba y le hubiera decepcionado si no hubiera sido así.

Harry le miró. Los ojos de Severus Snape estaban tan negros y oscuros como siempre, pero un leve brillo de determinación confería a su rostro un aspecto más serio y solemne que el acostumbrado.

-¿Y por qué diablos ibas a responder por ella?

-Porque la conozco desde antes de que trabajase para la Orden, porque me ha salvado en varias ocasiones y porque todos los chivatazos que he recibido y que nos han ido acercando a Voldemort los he recibido de ella –señaló con calma Snape-. No te estoy pidiendo que confíes en ella Potter, te estoy pidiendo que confíes en un miembro de la Orden –añadió con sarcasmo-, aunque ese miembro sea yo.

-No puedo aceptarla en la Orden –dijo Harry.

-No es eso lo que te estamos pidiendo –intervino Narcisa por primera vez-. Sé que te hemos traído muchos problemas Potter.

-Tu maldito señor mató a mis padres e intentó matarme a mí, yo creo que eso es más que "muchos problemas" –la miró con frialdad.

-No es mi maldito señor –replicó ella entonces.

-¿Entonces quién es?

-Mi hermana le servía a él y yo sólo quería estar con Bella –se encogió de hombros con cierta indiferencia que no sentía al hablar de su hermana.

-Pero has apretado el gatillo, puesto bombas y matado a personas –le replicó Harry-. ¿Vas a negarlo?

-Hice lo que tenía que hacer para vivir –confesó Narcisa pero sin mostrarse arrepentida en lo más mínimo-. Hice lo que tenía que hacer para no dejar a mi hermana sola pero nunca le juré fidelidad a Voldemort y jamás lo haré.

-Esto es una locura… -dijo finalmente Harry después de considerar las palabras de Narcisa. Miró a Severus-. ¿Quién lo sabe?

-Draco –dijo simplemente el hombre.

-Estupendo. Supongo que por eso no dijo nada en la reunión de esta mañana cuando se preguntó por tu paradero… -musitó más para sí mismo que para nadie. Snape se encogió de hombros-. De acuerdo… dices que puede ayudar a la Orden, ¿cómo?

-Hay unos archivos codificados… hay pruebas más que suficientes para que Voldemort caiga con todo el peso de la ley –dijo entonces ella.

-Todos los archivos que hemos encontrado codificados no han servido más que para hacernos perder el tiempo –dijo Harry de forma seca.

-No estos –señaló ella-. Es imposible acceder a ellos si no tienes la contraseña segura. Hay una doble contraseña, es como una puerta falsa. Si tus informáticos han encontrado esos archivos y han logrado encontrar la contraseña sólo habrán encontrado información sin sentido. Si no tienes la llave correcta no puedes abrir la caja fuerte –dijo Narcisa.

-¿Y tú tienes esa contraseña?

-No, yo creé esa contraseña –replicó la mujer-. Así como la mayoría de los archivos que habéis obtenido y debo decir que tienes un informático excelente. Nunca me había costado tanto entrar en unos ordenadores como los de la Orden.

-Informática –corrigió Harry sin siquiera pensarlo-. Ginny es muy buena en lo que hace –suspiró-. ¿Qué necesitas para obtener esos archivos?

-Puedo acceder al equipo si me dejáis un equipo competente –añadió la mujer.

Harry rió de forma escéptica.

-Ginny no te dejará acercarse a sus bebés –bromeó. La mujer ni siquiera sonrió.

-Yo tampoco dejaría que nadie se acercara a mi equipo –confirmó-. Pero quizá pueda trabajar con ella… -sugirió.

No tenía otra opción. Snape lo sabía. Las ganas y el ansía de Potter por tener a Voldemort entre rejas era superior al recelo de dejar que Narcisa, alguien que había trabajado mano a mano con Voldemort, se acercara a la Orden.

-Está a prueba –dijo mirándola fríamente-. La mínima duda, el menor revuelo, la más leve crítica y no sólo estará fuera sino que yo mismo la entregaré como regalo a Voldemort; y tú irá con ella ¿entendido?

Snape asintió ante las palabras de Harry y sin siquiera encogerse indicó con sus siguientes palabras que confiaba totalmente en aquella mujer.

-De acuerdo, ¿por dónde empezamos? –preguntó Narcisa.

-Weasley –dijo simplemente Snape.

Harry gimió internamente. No sería fácil hacer entender a Ron por qué su hermanita pequeña tenía que trabajar con una sirviente de Voldemort.

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No lo había planeado de aquel modo. Había querido llegar a casa, dejar las maletas y darse una ducha antes de enfrentarse a su madre. Pero por supuesto, las cosas nunca salían como Hermione deseaba.

La mirada de la señora Granger cuando la había visto salir del aeropuerto acompañada de Draco y Nott y la revisó de arriba a bajo, le dijo en silencio y sin necesidad de que dijera nada más que el atuendo que llevaba no la complacía en absoluto. Se miró. Al menos ahora iba bien… ¿por qué se sentía siempre como si tuviera que pasar un continúo examen cuando estaba con su madre?

(flashback)

-¿Cómo estás mamá?

El abrazo fue superficial y aunque Hermione ya estaba acostumbrada a ello, no podía evitar sentirse dolida al sentir que el afecto que su madre sentía por ella seguía siendo tan escaso como de costumbre.

-Cansada y acalorada. ¿Por qué te has retrasado tanto?

-Mamá, sólo han sido unos veinte minutos… y aquí hay aire acondicionado –Rebecca sonrió para que sus palabras no pasaran por ser una crítica-. ¿Buen vuelo?

-Debo confesar que sí. Theo es un excelente piloto –confesó Hermione agradeciendo a su hermana que la salvara de las críticas de su madre.

-¿Theo? –preguntó su hermana con las cejas enarcadas-. No sabía que te llevaras tan bien con los pilotos.

-He venido en vuelo privado. Theo y Draco han venido conmigo y Theo ha pilotado –explicó Hermione.

-¿Has venido acompañada? No sabía que ibas a venir acompañada –apuntó su madre frunciendo el ceño como si aquello fuera un gran contratiempo.

Las alarmas en la cabecita de Hermione empezaron a funcionar.

-Mamá, Draco es mi pareja, ya lo sabes… -bajó la voz-… y me secuestraron hace poco además de intentar matarme, ¿lo has olvidado convenientemente? –preguntó irónica-. ¿Qué has hecho, mamá?

La mujer pareció ofendida y enfadada más que culpable.

-Mark está invitado –dijo la mujer simplemente.

-¿Qué? Mamá, te dije que no lo invitaras –miró a su hermana que alzó las manos.

-Te juro que no tenía ni idea. Me lo dijo hace un par de horas cuando Mark apareció en casa. Va a alojarse en casa –añadió.

-Genial… -Hermione miró a su madre furiosa-. Te dije que no quería volver a ver a Mark, te dije que si él estaba en la boda yo no venía. ¿También lo has olvidado?-preguntó irónica- ¡Maldita sea mamá! –gritó alterada entonces-. ¡Sólo te pedí una maldita cosa!

-Pensé que no ibas a venir acompañada y que estaría mal que la hermana de la novia no tuviese acompañante… Así que discúlpame si creí estar salvando el día más feliz de la vida de tu hermana –apuntó la señora Granger ofendida por el comportamiento de su hija.

-¿Crees que iban a dejarme venir sin escolta? Y te dije…

-¡Es la boda de tu hermana por todos los cielos!

-Y es por eso por lo que no queremos que ocurra nada que pueda perjudicar su gran día –intervino la voz grave de Nott-. Rebecca, estás encantadora, señora Granger, usted también.

-Sí, bueno, al menos yo estoy vestida adecuadamente –miró con crítica los pantalones vaqueros de Hermione, sus zapatillas deportivas y la camiseta de manga corta y discreto escote que se ajustaba a la parte superior de su cuerpo y chasqueó la lengua a modo de desaprobación-. ¿Tenias que ponerte vaqueros?

-Yo creo que está preciosa –intervino Draco-. ¿Cómo está, señora Granger?

-Bien –contestó seca.

-¿Y Marcus?-intervino Hermione.

-En el coche –contestó ella-. No le gustan las multitudes.

-¿Y ha hecho una lista de invitados de cien personas? –preguntó sarcástico Nott-. Exactamente, ¿qué entiende tu prometido por multitudes? –añadió bromeando.

-Vamos, salgamos de aquí… a ver si puedes cambiarte y ponerte algo más… adecuado.

Draco abrió la boca pero un sutil codazo por parte de Hermione le persuadió para que no dijera nada. Cuando el hombre la miró, Hermione estaba sonriendo de forma natural a su madre como si la crítica a su vestuario y aspecto no la hubiese afectado o peor aún como si nunca hubiese ocurrido.

-Bueno, ¿nos vamos? –sin ningún esfuerzo Nott tomó su equipaje y mientras que Draco tomaba el suyo y el de Hermione dejándola llevar sólo la pequeña maleta de mano con los productos de aseo de la joven mujer-. Parece algo acalorada señora Granger, no sería bueno que le diera un golpe de calor.

La señora Granger le miró de forma fría y sin decir palabras se dio la vuelta y salió del aeropuerto seguida por Nott. Rebecca sonrió con afecto a su hermana y la abrazó.

-Me alegro de que estés aquí… mamá me estaba volviendo loca.

-Bueno, no te preocupes, ahora me volverá loca a mí –contestó Hermione.

De hecho, ya había empezado a hacerlo.

(fin flashback)

Y ahora estaba allí, en un rincón del comedor, esperando pacientemente a que Draco le trajese una copa del bufé libre mientras que Nott parecía haber desaparecido tras los pasos de una morena espectacular que, si lo había entendido bien, era la amiga de la prima de la amiga de la sobrina de la tía de Marcus… o algo parecido. Al menos esta vez su madre había aprobado su vestido color turquesa de tirantes y largo hasta los tobillos que se ajustaba a su cuerpo como si de una segunda piel se tratase.

Miró a su hermana pequeña. Parecía una muñequita de porcelana. Sonrió. Rebecca siempre había sido una muñeca de porcelana, algo que la señora Granger definitivamente había agradecido. Becky era a ojos de su madre todo lo que ella no era y aunque a veces le gustaría entrar en una habitación y que su madre le sonriese con la misma calidez con que sonreía a Rebecca, Hermione jamás iba a cambiar su forma de ser ni su aspecto, ni siquiera por su madre. Era su madre, ¡por el amor de los cielos!, se suponía que debía quererla tal y como era, ¿no?

-Aquí tienes –Hermione se sobresaltó-. Lo siento, ¿te he asustado?

-No, sólo estaba divagando… -musitó Hermione aceptando la copa de vino blanco que Draco le ofrecía.

-¿Dónde está Nott? –arrugó el ceño.

-Creo que con Susana –dijo Hermione señalando la puerta trasera-. Salieron al jardín hace cosa de diez minutos.

-Voy a matarle –anunció tranquilamente Draco como si hablara del tiempo-. Se supone que no debes estar sola.

-Estoy en casa de mi madre Draco y aquí dentro tienen que haber al menos cincuenta personas, no creo que vaya a pasarme nada.

-Te secuestraron delante de las narices de dos de los mejores agentes de la Orden –le recordó él de forma innecesaria-, así que hazme un favor y deja que me preocupe si quiero ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

-¿Conoces a toda esta gente? –preguntó señalando con su vaso el salón de la casa.

-Ni remotamente. Creo que la mayoría son amigos de Marcus.

Draco frunció el ceño. Marcus. Ese hombre… no le había gustado. Tal vez había sido su voz firme y segura, su mirada taimada o la forma en que miraba constantemente a su alrededor, nervioso, como si en cualquier momento temiese ser atacado o algo por el estilo. No. Definitivamente no le había gustado y compartía con Hermione el pensamiento de que no era el hombre adecuado para Rebecca por mucho que contase con el apoyo de la señora Granger y que Becky pareciese estar enamorada de él.

-No te alejes de mí sin decírmelo a mí o a Nott, ¿entendido? –ella le miró escéptica-. No me gusta que todo esté tan lleno –admitió-. Y no me gusta Marcus.

-A mí tampoco, pero no creo que vaya a secuestrarme –intentó bromear.

Draco le acarició la mejilla con suavidad.

-En todo caso sería un intento… no voy a dejar que te pase nada… -le prometió repitiendo las palabras que le había dicho con anterioridad.

-¿Es que vas a mantenerme vigilada todo el rato? –preguntó ella.

-¿Te molesta?

La sonrisa de Draco le indicó que sus palabras tenían más de un sentido y Hermione le devolvió la sonrisa.

-En absoluto. Creo que puedo acostumbrarme a eso –admitió con coquetería.

-¡Hermione! –la voz de la señora Granger hizo que Hermione gimiera y que Draco rodara los ojos.

Aquella mujer parecía tener un sexto sentido acerca de aparecer siempre cuando intentaba estar a solas con Hermione. Sintió que Hermione se tensaba y lo hubiese relacionado con el hecho de que la señora Granger seguramente la criticaría por algo si no hubiese sido porque su rostro se quedó pálido, sus ojos se abrieron de forma desmesurada y sus labios rojizos parecieron resecarse inmediatamente.

-Mark… -susurró.

¿Mark? Draco miró al hombre que iba con la señora Granger en su dirección. Lo evaluó con la rapidez adquirida durante antes de entrenamiento visual. Alto, elegante, buen porte, traje italiano, cabello oscuro con algunas hebras plateadas y una sonrisa de autosuficiencia que le recordaba a Blaise cuando alguien le decía "tienes razón, Blaise". Demasiado presuntuoso para que fuera de su agrado y a juzgar por la mirada de Hermione, también era demasiado presuntuoso para que ella se alegrara de volver a verlo. Draco recordó la noche del restaurante y cómo ella se había puesto nerviosa, intranquila y pálida… era la misma reacción que estaba teniendo en aquellos momentos. No era miedo de que ese hombre pudiese hacerle nada… era miedo a lo que le había hecho en algún momento de su vida. Arrugó la frente. No le gustaba ese hombre.

-Señor Malfoy, ¿conoce a Mark Stevenson?

-No, no tengo el gusto. Draco Malfoy –le extendió la mano y a regañadientes el hombre la estrechó. Draco sonrió al notar con placer que por mucho que Mark le apretase la mano, él la podía apretar mucho más.

Era una tontería, lo sabía, pero aquella lucha masculina tenía mucho más significado de lo que la población femenina creía que tenía. No era un acto para demostrar ser el más fuerte; era un acto para demostrar que no pensaba retirarse sin luchar, era una advertencia de que se mantuviera alejado de lo que era suyo, de lo que él protegía. Y Draco sabía proteger los suyo muy bien.

-Un placer, señor Malfoy –sonrió con encanto antes de girarse hacia Hermione-. Hermione, estás tan preciosa como siempre.

Mark se adelantó con la intención de besarla en la mejilla a modo de saludo pero Hermione, con la rapidez de unos reflejos que Draco desconocía, extendió una mano hacia delante dejando claro lo que quería.

Malfoy observó como los nervios del hombre se tensaban ante la muestra descortés de Hermione pero estrechó la mano de Hermione con firmeza y se llevó la mano femenina a la boca donde dejó un beso demasiado íntimo para su gusto. Para su gran deleite Hermione retiró la mano tan pronto fue posible.

-Gracias –dijo secamente.

-Espero que no te importe cariño –dijo su madre-. Mark se sentará en la mesa y en la ceremonia del domingo contigo… -se giró hacia Mark-. Siempre dije que hacíais una pareja estupenda… no sé por qué tuvisteis que dejarlo… -su voz sonaba realmente sorprendida.

-Su hija no estaba de acuerdo en algunos puntos de nuestra relación –le sonrió Mark.

Draco sintió que Hermione se tensaba a su lado y de forma mecánica y sin pensarlo le rodeó el talle de la cintura de forma posesiva y protectora, algo que hizo que los ojos de Mark relampaguearan por unos leves instantes.

-Sí, mamá, yo quería ser feliz y él no quería dejarme –sonrió con cierta condescendencia.

-Sabes que eso no es cierto Hermione. Yo sólo quería lo mejor para ti y ciertamente te estabas equivocando.

-Así que tú decidiste darme un pequeño empujón en la dirección adecuada ¿verdad?

A Draco no le pasó desapercibida la tensión de la voz de ella cuando pronunció la palabra "empujón" ni tampoco la amargura con la que lo había dicho. Su sonrisa podía engañar a la señora Granger y a Mark y a cien personas más, pero no a él.

-Hermione, ese no es modo de tratar a tu invitado.

-No es mi invitado mamá, tú lo invitaste cuando te dije expresamente que no lo hicieras.

Hermione frunció el ceño. Al garete con intentar ser educada con su madre y Mark en medio de la fiesta de compromiso de su hermana pequeña, en un salón lleno de gente y con Mark allí delante. Las palabras de él le habían dolido más de lo que podía expresar y la culpa era de su madre.

-Y dado que yo no lo invité y que jamás se me pasaría por la cabeza hacer algo que significara volver a meter en mi vida a Mark, estoy segura de que comprenderás, mamá, que desee sentarme con Draco y no con Mark –dijo Hermione con toda la calma que pudo-. Los platos podrían terminar volcándose en los lugares más insospechados.

-Eras una cría Hermione –dijo el hombre divertido soltando una suave carcajada que en algún momento del pasado había hecho que Hermione se desmayara-. Deberías haber madurado lo suficiente para poder estar cerca de mí sin que los sentimientos interfieran, sientas lo que sientas hacia mí… -señaló con presunción. Antes de que Hermione pudiera decir nada que hiciera que Draco no pensase que seguía sintiendo algo por Mark, el hombre continuó hablando-. ¿Aún lo sigue siendo? –preguntó mirando a Malfoy con aquella camadería masculina que Hermione odiaba.

-Creo que ella puede contestar por sí misma –replicó serio Draco. Apretó su mano en la cintura de ella y Hermione se sintió segura y agradecida de que estuviera a su lado-. Pero si yo tengo que dar mi opinión debería darte las gracias –Mark le miró sorprendido sin entender lo que Draco quería decir-. Después de todo, si tú no hubieses estado en su vida en algún momento, no se habría convertido en la mujer que es ahora y que amo –miró a Hermione y le sonrió con ternura-. Sea una cría o no. Aunque puedo asegurarte que es mucho más mujer que algunas de las que conozco –lanzó una discreta mirada a la señora Granger que frunció los labios.

-Hermione, tengo que hablar contigo.

-Ahora no, madre –pidió Hermione gimiendo internamente.

-Ahora, en la biblioteca.

Giró sobre sus talones y abandonó el salón sonriendo a la gente que la saludaba. Draco miró a Hermione suavemente.

-No vayas si no quieres.

-Aunque no me guste, es mi madre –suspiró ella-. No te preocupes, no creo que la sangre llegue al río –le confió divertida. Sin importarle la presencia de Mark o quizá porque le importaba y quería demostrar algo que ni siquiera ella estaba segura de qué era, Hermione se alzó de puntillas y besó suavemente los labios de Draco.

Sólo pretendía ser un besito dulce y simple, un beso de "no te preocupes, ahora vuelvo", pero Draco tenía otras intenciones. Sujetando la cintura de la mujer con la mano que estaba libre la envolvió cálidamente y la estrechó contra su cuerpo dejando que ella sintiera la dureza de su vientre y la amplitud de su pecho; su boca acarició la de ella con suavidad y su lengua pidió paso para entrar en su cavidad. Hermione no pudo evitar gemir suavemente cuando él la besó de forma ruda y dulce al mismo tiempo, exigiendo y demandando y al mismo tiempo dando pasión y lujuria. Sintió que él la soltaba y Hermione mantuvo los ojos cerrados un par de segundos para asegurarse de que el suelo estaba bajo sus pies y que ella no estaba flotando, una sensación que solía tener bastante a menudo, concretamente, cuando Draco la besaba de aquella forma posesiva que a ella le encantaba.

-No tardes –le ordenó más que sugirió o pidió Draco-. No quiero echarte de menos mucho tiempo –aclaró.

-Vaya… parece que ya no es una cría –dijo Mark con una media sonrisa mientras Hermione salía del salón-. ¿A qué te dedicas, Draco?

-Soy agente de policía –mintió a medias Draco-. Tengo entendido que eres profesor ¿no?

-Lo fui, ahora me dedico a vivir de las rentas… heredé bastante dinero con la muerte de mi padre hace un par de años.

-Lo lamento.

-¿Por qué? –se encogió de hombros-. Apenas le conocía. Lo único bueno que hizo por mí en la vida fue morirse –dijo mientras daba un largo trago a su vaso.

-Entonces ¿se supone que tengo que darte la enhorabuena? –preguntó cínicamente Draco.

-Si quieres… -se encogió de hombros como si no le diese demasiada importancia-. ¿Tengo que dártela yo a ti?

Draco apuró el contenido de su vaso y lo dejó en una de las bandejas que habían cerca de ellos.

-No creo que este tema sea para tratarlo aquí –indicó Draco saliendo del salón con aspecto relajado y dirigiéndose hacia el vestíbulo-. Ahora dime, ¿por qué quieres darme la enhorabuena?

-Por Hermione. ¿Va en serio lo vuestro o sólo es un juego?

-Va en serio, así que gracias por felicitarme.

-Sin embargo, no he visto que lleve anillo de compromiso.

Draco le miró fijamente. Una provocación. Aquel tipo le estaba provocando y lo sabía. De hecho, ambos lo sabían. Lo más sensato hubiese sido ignorarlo pero Draco había aprendido hacía unos días que cuando se trataba de Hermione, la sensatez parecía abandonarlo por completo.

-Ninguno de los dos lo necesitamos para saber que estamos juntos. Puede que sea un concepto extraño para ti, pero aún ha personas que confían el uno en el otro ¿comprendes?

Mark sonrió a medias.

-Veo que te ha hablado de mí –confirmó el hombre.

-No demasiado. Sólo saliste en una ocasión –le quitó importancia Draco.

-Y supongo que te contó su cuento de hadas en el que yo era el lobo malo ¿verdad? –sonrió de nuevo. Draco notó que estaba ebrio y arrugó el ceño. Nunca le habían gustado los borrachos. Le traían malos recuerdos de su infancia en el orfanato.

-¿Y no es así? –preguntó sin implicarse demasiado.

-Fue un accidente –se defendió Mark-. Nunca le dije que se enamorara de mí y mucho menos que se quedara embarazada. Cuando le propuse que abortara se exaltó tanto que perdió el equilibrio y se cayó por las escaleras. Además…

Draco no escuchó nada más. No quiso escuchar nada más. No lo necesitaba. En su cabeza todo había cobrado sentido. Escaleras, empujón, aborto… Las palabras se unían formando un puzzle en su mente y el resultado completo no le gustó en absoluto. Sin pensar siquiera en lo que hacía, tomó a Mark de la chaqueta y dando un giro sobre sí mismo, lo empujó con fuerza contra la pared y mantuvo al hombre sujeto por las solapas de la cara chaqueta que llevaba. Acercó su rostro al de él y bajó el tono de su voz para que sonara más grave de lo que era ya de por sí, en un tono tan intimidatorio que Snape se hubiera sentido orgulloso de él.

-Vuelve a acercarte a ella… vuelve a hacerla ponerse nerviosa… vuelve a hacerle daño o a pensar siquiera en hacerle daño de algún modo… vuelve a mirarla de ese modo… mejor aún, vuelve a mirarla siquiera… y te juro que antes de que te des cuenta estarás en el agujero más profundo que encuentre en la tierra, ¿lo has entendido?

-Draco…

Ambos hombres miraron hacia la puerta de la biblioteca donde una pálida Hermione estaba aferrada al marco de la entrada como si temiese desvanecerse en cualquier momento. Olvidando a Mark e ignorando el ruido del hombre al caer al suelo cuando lo soltó con rapidez, Draco atravesó el espacio que lo separaba de Hermione y la abrazó.

Ella estaba llorando. Estaba temblando. Los brazos de Draco la rodearon con más fuerza en un intento por calmarla y darle todo el calor que ella pudiera recibir de su cuerpo masculino.

-¿Qué pasa Granger? –preguntó con suavidad. Miró por encima del hombro de ella. La señora Granger estaba de pie en la biblioteca, serena, calmada, con los ojos también brillantes pero con las lágrimas contenidas-. Eh, preciosa… ¿qué ocurre?

-No es mi madre… -dijo Hermione entonces-… No es mi madre… -alzó su cabeza y sus ojos se encontraron con la mirada gris de él, una mirada que ancló su propia mirada perdida y a la que ella se aferró como si la vida le fuera en ello-… No es mi madre…

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Había leído las cartas intentando buscar un indicio de algo que le diera la oportunidad de saber dónde estaba escondida Narcisa. Se le había escapado una vez y no estaba dispuesto a que volviera a ocurrir. Narcisa Black iba a morir. Se había atrevido a llamarlo loco, a acusarle de jugar a perversiones sexuales, a decirle que estaba completamente loco y que debía estar en un sanatorio mental. Dos horas después de aquella discusión, Narcisa había desaparecido de su vida.

Había tardado en encontrarla y por una de esas jugadas del destino que él adoraba había sido ella quien había contactado con él. No importaba que no hubiese acudido por su propia iniciativa. Eso no le restaba valor.

Pero ahora había vuelto a desaparecer. Había vuelto a escurrírsele de entre los dedos y no estaba dispuesto a volver a ser el hazmerreír. Iba a encontrar a Narcisa y terminaría con ella haciéndola volar en pedacitos. Sí, lo haría… y sería divertido hacerlo.

El teléfono lo sacó de sus pensamientos y una voz fría y calculadora le contestó desde el otro lado del hilo telefónico.

-¿Me estás vigilando?

Reconoció la voz de inmediato.

-No.

-No me mientas Malfoy. Te di todo lo que acordamos. Cerramos el trato. No te debo nada. Prometiste dejarme en paz –su voz era nerviosa y Lucius lo comprendía perfectamente.

Curiosamente ese nerviosismo solía ser una característica bastante común en todas las personas con quienes mantenía tratos en alguna u otra ocasión.

-Y lo he hecho. No te tengo vigilado.

-Entonces alguien me está gastando una mala jugada y juro por Dios que si tienes algo que ver con est…

-¿Qué diablos pasa? –preguntó Malfoy.

-Acaban de presentarme a alguien que es como tú –dijo el hombre con un suspiro de impaciencia-. Al verlo creí que eras tú pero luego me di cuenta de que es más joven, mucho más joven… pero es igual que tú.

-Querrás decir que se parece a mí –replicó Lucius.

-No, no tiene un parecido a ti; es igual que tú –insistió la voz-. Alto, rubio y de ojos grises, con la piel blanca como la porcelana… y hay algo más.

Lucius dejó el cigarrillo en el cenicero y ajustó el agarre del auricular del teléfono a su mano, esperando con paciencia a que los ruidos que parecían rodear a su informante desapareciesen para que éste pudiera volver a hablar.

-¿Y bien? –preguntó Lucius.

-Malfoy. Me lo han presentado como Draco Malfoy.

Sin decir una palabra Lucius colgó el teléfono. Tomó con gesto descuidadamente estudiado la última carta del montón que tenía delante y releyó el párrafo que estaba buscando.

"… si se entera… él lo convertirá en una máquina de matar… no quiero que mi hijo sea como él. No quiero que mire a su alrededor y sólo vea objetivos potenciales… búscale por favor… y dale todo el amor que yo no he podido ofrecerle… mantenle a salvo de su padre… tú mejor que nadie sabes quien es… no dejes que se convierta en él… por favor… no lo permitas…"

Un hijo. El hijo de Narcisa era su hijo. Draco Malfoy. En alguna parte su maldito hijo formaba parte de la Orden del Fénix con la que tenía que terminar.

Salió de la habitación y pasó por delante de las habitaciones de Voldemort sin detenerse. Algunas cosas debía de hacerlas personalmente y ni siquiera su jefe iba a poder impedirlo.

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Bueno, que tal? Que os ha parecido?

Espero que os haya gustado porque lo he escrito con todo el cariño del mundo mundial jejeje :p

Que paséis una buena semana chicos y chicas y como siempre:

Espero vuestros reviews ¿de acuerdo?

Un besito para todos, sed felices y recordad, como dijo Gandhi:

"ojo por ojo y el mundo acabará ciego"

Nos leemos!!!