Hola a todo el mundo!!!

Sí, sí, sí… no me matéis, de acuerdo?? Por motivos personales he tenido que dejar relegados un poco mis fics a un segundo plano.

Quiero agradeceros a todos vuestros e-mails de apoyo y de preocupación y aseguraros que estoy bien y que voy a continuar estos fics sólo que seguramente tardaré bastante entre capítulo y capítulo por motivos personales que ahora no vienen al caso.

De todas formas, muchas gracias por seguir ahí, y por seguir leyéndome y por seguir apoyándome. En serio, es por vosotros por quienes me siento ante el ordenador en cada ratito que tengo para intentar escribir algo que sea de vuestro agrado.

Espero que este capítulo os guste, un besito y nos vemos abajo!!

Capítulo 22. Colton. M

Se despertó sobresaltada y se sentó en la cama con la respiración entrecortada mientras miraba a su alrededor. La habitación estaba callada y sumida en la oscuridad. Aún jadeante por el sueño que había tenido estiró una mano hacia la mesita y encendió la luz proyectando diversas sombras a lo largo de la pared y el suelo.

-Sólo ha sido un sueño… sólo eso…

Pero las palabras que su madre le había dicho en la biblioteca aún daban vueltas en su cabeza de forma constante y sin cesar: "Anthony apareció un día contigo cuando tenías tres años y dijo que nos íbamos a quedar contigo. No preguntó. Ordenó. Quería a Anthony pero a veces era demasiado mandón para mi gusto. Te quedaste con nosotros pero no eres mi maldita hija"

Cerró los ojos mientras se apartaba el cabello de la frente y se recostaba contra el cabecero de la cama, entre las almohadas. Miró a su lado. La cama estaba vacía. Hermione frunció el ceño y paseó la vista por la habitación hasta detenerse en el pequeño balcón que estaba abierto. Estiró la mano hacia los pies de la cama y tomó prestada la camisa de hombre negra que se abrochó después de ponérsela mientas aspiraba el olor a menta tan característico. Apartando las sábanas y mantas deslizó sus piernas hacia fuera y dejó que sus pies descalzos se hundieran en la suave moqueta amarilla mientras caminaba hacia fuera.

Se detuvo antes de salir y sonrió disfrutando de la vista que tenía delante. Draco estaba apoyado en la barandilla del balcón vestido sólo con sus pantalones vaqueros. Estaba descalzo y sin camisa. Los músculos de su espalda se marcaban con la suave luz de la luna y las cicatrices que ya estaba acostumbrada a ver relucían como finos hilos de plata. No hizo ruido, ni siquiera se movió, pero tampoco se sorprendió cuando Draco le habló.

-¿No puedes dormir?

-¿Cómo sabías que estaba….

-Hueles a jazmín –le contestó él con tranquilidad-. Además –se giró a medias para mirarla por encima de su hombro con aquella sonrisa que tanto le gustaba a Hermione-, siempre sé dónde estás. Ven aquí.

Caminó hacia fuera dejando que sus pies abandonaran la calidez de la moqueta para enfrentarse al suelo frío de baldosas negras. Draco la colocó delante de él y la abrazó por detrás, enterrando su nariz en el cuello de ella donde dejó un suave beso.

-¿Estás bien? –le preguntó.

-Todo lo bien que puedo estar después de enterarme de que toda mi vida ha sido una mentira –contestó Hermione resoplando. Draco estrechó su abrazo y ella sonrió a medias mientras doblaba la mano para echarla hacia atrás y poder acariciarle así la mejilla. Draco la besó-. No, no estoy bien… -confesó a media voz.

-¿Quieres hablar de ello?

-¿Cómo se puede hablar de algo que desconoces y que no entiendes? –se encogió de hombros-. No sé quién soy Draco… todo lo que he hecho, todo lo que he vivido… todo ha sido una mentira que se ha derrumbado esta noche sobre mi cabeza y ahora me siento como si no pudiera respirar y fuera a morir ahogada en cualquier momento si avanzo en cualquier dirección… -Draco no dijo nada-… Todo tiene sentido ahora… las miradas y los comentarios de mi madre… nunca me ha querido, nunca he sido su hija así que ¿por qué debería de quererme? Nunca he sido lo suficientemente buena para ella y durante todos estos años me he esforzado pensando que algún día ella podría quererme y de repente me doy cuenta que ni siquiera si consiguiese hacer una nave espacial y salvase a la humanidad ella me querría…

Draco permaneció en silencio unos segundos, luego su pecho subió y el sonido de su voz susurrante llenó los oídos de ella.

-La primera vez que fui consciente de que mi madre me había abandonado en un orfanato, no sentí nada –dijo con firmeza-. Ni dolor, ni rabia, ni pena, ni furia… Absolutamente nada. Recuerdo que me vigilaron durante dos semanas enteras esperando que yo demostrara que estaba enfadado con el mundo porque mi madre me había abandonado y recuerdo también sus miradas de incredulidad cuando simplemente me limité a encogerme de hombros y a seguir con mi vida en lugar de ponerme a llorar.

-¿Cuántos años tenías cuando te lo dijeron?

-Siete –contestó él-. Era la edad mínima para que entendieras que habías sido abandonado porque nadie te quería.

-Draco…

-Tranquila, ya era duro a esa edad –bromeó él con un deje de amargura que no pasó desapercibida para ella-. No me enfadé cuando me lo dijeron pero sí cuando años más tarde Severus fue a buscarme.

-¿Cómo?

-El día en que Severus fue a buscarme al orfanato recuerdo que estaba con Blaise en la parte trasera de la casa. Allí era donde se llevaban a cabo las peleas entre chicos y las palizas que nos propinaban los cuidadores del orfanato sin ningún motivo casi siempre. Aquella era una de esas veces… más o menos –Hermione le sintió sonreír-. Blaise había robado comida de la cocina; había un par de niñas de ocho y diez años que habían sido castigadas por algo que no recuerdo y llevaban un día y medio sin comer así que Blaise decidió que él robaría comida para ellas. Idiota… ya entonces era un caballero de brillante armadura… -añadió burlón. Hermione sonrió-. Cuando lo descubrieron él ya sabía el castigo que le esperaba, igual que yo e igual que todos… Diez azotes en la espalda con una vara –Hermione se estremeció-. Hacía dos semanas que le habían dado otra paliza y las cicatrices de su espalda aún estaban en carne viva así que yo asumí el castigo en su lugar.

-¿Qué…

-No era normal, pero Carson me tenía especial manía desde que no le dejé jugar conmigo –añadió sarcástico-, así que no le importó desquitarse azotándome a mí en lugar de a Blaise. Tenía catorce años.

-Dios santo, Draco…

-Me quité la camisa y miré a Carson fijamente sonriéndole. Varios de los chicos más grandes estaban allí, algunos para asegurarse de que los pequeños no se enteraban de nada, otros para recogerme cuando Carson acabara conmigo. Blaise se quedó para compartir mi dolor… Entonces apareció Severus, como un ángel vengador, vestido de negro y con la mirada más fría que jamás he visto en nadie –la besó en la cabeza como si aquello le diera fuerzas para continuar hablando-. Fue la primera vez que vi un arma.

-¿Un arma? –preguntó Hermione-. ¿Snape sacó un arma en un orfanato?

-No, Severus sacó un arma y la clavó en la sien de Carson antes de que el primer varazo pudiera caer sobre mi espalda –corrió él entre divertido y meditabundo-. Incluso creo recordar escuchar el sonido del seguro cuando Severus lo quitó. Me dijo que venía a por mí, que era mi padrino y que no me había encontrado antes. Luego me ordenó ponerme la camisa y recoger mis cosas.

-¿Qué hiciste?

-Le golpeé –dijo sin inmutarse. Hermione se dio la vuelta dentro de su abrazo-. Le golpeé en el mentón con el puño firmemente cerrado mientras le decía lo hijo de puta que era –le sintió sonreír-. Le golpeé tan fuerte que trastabilló. Luego grité hasta que mi voz sonó ronca y después golpeé lo primero que tuve a la vista que fue a Blaise –se encogió de hombros quitándole importancia-. Luego vino la calma y fue la primera vez que lloré en mi vida.

-¿Y Severus…

-No hizo nada. Lo entendió –le sonrió apartándole un rizo rebelde de la frente-. Luego me puse la camisa y dije que no me iba sin Blaise. Severus nos sacó a los dos de allí.

-¿Por qué… -carraspeó-… por qué me has contado esto?

-Porque a pesar de todo lo que pasó, a pesar de las palizas, el hambre, la indiferencia, el odio… a pesar de todo, Blaise y yo salimos de allí y seguimos viviendo… y todo lo que ocurrió allí no condicionó la persona en que me he convertido –afirmó enmarcando el rostro femenino entre sus manos ahuecadas-. Granger, eres quien eres por todo lo que ha ocurrido en tu vida. Cada pequeña cosa que ha influido en ti ha condicionado tu forma de ser, tu forma de vivir, tu forma de pensar… y no importa que Anthony te adoptara… Tú eres tú… y eso es suficiente para que la gente que te conoce te quiera.

-Ella no me qu….

Draco silenció la réplica femenina colocando sus dedos sobre los labios de Hermione. Negó con la cabeza suavemente.

-Pero yo sí –dijo divertido y serio al mismo tiempo-… y eso es suficiente para cubrir lo que ella no.

-Pero ¿quién soy Draco? –preguntó enterrando su rostro en el pecho del hombre-. ¿Cómo puedo saber quién soy si ni siquiera sé quienes son mis padres?

-Eres Hermione Granger –dijo él con voz tranquila-. Eres una excelente médico, una persona maravillosa y una gran amante –añadió-. Eres la persona que ha hecho que yo salga de mi escudo. Eres quién eres, Granger. Y absolutamente nada va a cambiar la persona en que te has convertido.

Hermione iba a protestar nuevamente pero cuando los brazos fuertes de él la apresaron contra su propio cuerpo y el calor y el olor de Draco la inundaron, Hermione no se sintió con ganas de seguir protestando, ni mucho menos. Se sentía segura, a salvo, en casa, cuando estaba cerca del agente de la Orden. Pero aún así, su cabeza la decía que tenía que saber quién era.

Hermione se dejó abrazar mientras se prometía a sí misma que iba a descubrirlo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-Ni hablar –Ron resopló ante la negativa de su hermana-. No voy a dejar que nadie se acerque a mi ordenador –lanzó una mirada especulativa a la mujer rubia que no parecía demasiado ofendida por sus palabras.

-Son órdenes de Potter –dijo Snape sonriendo burlón a la pelirroja.

-¿Harry ha ordenado que alguien meta la mano en mis ordenadores? –Ginny siguió cruzada de brazos mirando a los presentes, con la cadera apoyada en la mesa y su propio cuerpo haciendo imposible que ninguno de los tres viera las pantallas de los ordenadores-. Ni siquiera Harry es tan idiota para sugerir algo así.

Ron miró hacia el despacho de Harry, dudando de si Snape decía o no la verdad. No se fiaba de aquella mujer. Sabía quien era. En realidad, a aquellas alturas, toda la maldita Orden sabía que Narcisa Black, una mujer que había estado a las órdenes de Riddle, estaba en la sede de la Orden del Fénix y las miradas curiosas eran un signo más que evidente de ello. Pero su hermanita no parecía demasiado impresionada por ello.

-Te dije que sería imposible que me dejara hacerlo – sentenció la mujer entonces lanzándole una mirada airada a Snape-. Cualquier hacker que se precie no deja que un desconocido entre en su territorio.

-¡Por el amor de Dios! –exclamó Severus-. ¡Sólo son ordenadores!

Ginny y Narcisa se giraron para mirarle fulminándole con la mirada. La mole roja que era Ron retrocedió un par de pasos, sólo por si acaso.

-¿Sólo ordenadores? –preguntaron ambas al mismo tiempo con la voz demasiado baja.

Ron le hubiera advertido a Snape que se estaba metiendo en terreno peligroso al hablar de aquella forma. Al menos sabía con seguridad que se estaba metiendo en un terreno peligroso con Ginny y a juzgar por el modo en que Narcisa había bajado la voz, también con ella. Debería haberle advertido, pero era demasiado divertido para intervenir. Él había querido que las dos mujeres cooperaran, bien, entonces que él lo solucionase.

-¡Ahhhhhhhhhhh!

Se giró en redondo. Sofía estaba en la puerta de la sala de conferencias. Detrás de ella, Blaise y Tonks se pusieron en guardia cuando la escucharon gritar. Ron miró a su alrededor temiendo que algo estuviera ocurriendo. Sofía miraba hacia ellos. Concretamente… a Narcisa.

La niña se acercó corriendo a Ron y se abalanzó sobre sus piernas mientras empezaba a temblar sin dejar de mirar a la mujer. Ron no preguntó nada. Se agachó y recogió a la niña en brazos intentando calmarla; dio un par de pasos en dirección contraria a la que Narcisa se encontraba y la niña pareció dejar de temblar un poco, sólo un poco. Ron maldijo suavemente al darse cuenta de qué era lo que había asustado a la niña, o mejor dicho, quién la había asustado.

-¡Está bien, falsa alarma! –gritó para que los agentes que estaban presentes guardaran las armas que habían sacado al escuchar gritar a alguien-. ¿Estás bien, pequeña? –Sofía negó abrazándose al cuello de Ron-. No pasa nada Sofía, está bien… No va a hacerte daño… Está bien…

La mirada de Narcisa no tenía desperdicio y seguramente Ron se hubiera reído de la cara de incredulidad de la mujer si no hubiese estado preocupado por la niña. Narcisa parpadeó con la mirada fija en Sofía y luego, con voz entrecortada dijo un simple número.

-Mil setecientos doce…

Sofía tembló de nuevo y Ron se apartó más de Narcisa. Blaise y Tonks se colocaron a su lado aunque era completamente innecesario; todos los presentes sabían que el muro rojo no iba a dejar que nada le pasara a la niña.

-Su nombre es Sofía –dijo Ron con voz helada apretando a la niña contra él-. Será mejor que no te acerques a ella.

Narcisa ignoró la orden de advertencia de Ron y se giró hacia Severus.

-¿Ha visto a Granger? –preguntó ansionsamente.

Snape contestó un "no" rotundo que hizo que ella esbozase una media sonrisa entre el alivio y el temor.

-Será mejor que no la vea de momento –informó Narcisa entonces-. Podrían salir a la luz cosas que aún no está preparada para entender…

-Sofía puede entender perfectamente todo lo que…

-No hablo de la niña –interrumpió Narcisa a Ron-. No es ella la que no podría entender.

Ron miró a Tonks por encima de la cabeza de Sofía y la agente entendió enseguida; se acercó a ellos y le tocó el hombro a la niña que la miró.

-Vamos a tomarnos un chocolate caliente –le dijo más que preguntarle-. Remus dice que el chocolate lo arregla todo –sonrió para darle ánimos a la pequeña, que le devolvió la sonrisa.

Tan pronto como Sofía desapareció con Tonks por la puerta de la pequeña sala que hacía a la vez de cafetería y lugar para echar una cabezada de vez en cuando, Ron miró a Snape que asintió.

-Yo me quedo –dijo Blaise inmediatamente-. Id a hablar con Potter.

Ginny miró a Narcisa con los ojos entrecerrados y luego suspiró.

-De acuerdo, éste es el trato; te sientas al lado, no hablas, no tocas nada y no miras nada, ¿entendido?

-¿Puedo respirar? –preguntó Narcisa irónica.

Ginny le sonrió con cierta condescendencia y luego giró la silla para sentarse frente a los monitores; hizo crujir los nudillos y accedió al programa que llevaba meses intentando descifrar y que siempre la conducía a laberintos de cortafuegos y puertas falsas.

-De acuerdo, ¿por dónde empezamos? –preguntó la pelirroja sintiendo que la presencia de Blaise la reconfortaba.

-La puerta trasera –dijo Narcisa sencillamente-, tiene una doble contraseña, hay que introducir la primera, navegar por los archivos superficiales y encontrar la segunda puerta de entrada, volver a la primera y escribir la segunda contraseña –se encogió de hombros-. Empieza a entrar en los archivos y cuando lleguemos a la doble puerta te daré la información.

-Espera, ¿qué hay detrás de ese archivo? –preguntó Blaise con el ceño fruncido sin confiar en Narcisa del todo.

La mujer no se sorprendió ante aquella pregunta.

-Todo lo que Chang le sonsacó a Potter con la droga –dijo Narcisa cruzándose de brazos-. Y más información acerca de los componentes de la misma; también hay nombres, fechas, entregas, recibos, vídeos informatizados, audio… -desechó un largo etcétera con un movimiento de la mano.

-¿Hay algo que incrimine a Voldemort? –preguntó Ginny resuelta aporreando el teclado con énfasis y habilidad.

-Hay un par de carpetas separadas de esos archivos –señaló la pantalla que Ginny estaba usando-. Puedo acceder a ellas si me dejas –puntualizó golpeando con la uña la pantalla del ordenador frente a ella.

Ginny arrugó el ceño.

-¿En esas carpetas hay algo que incrimine a Voldemort?

Narcisa sonrió.

-En esas carpetas está la vida entera de Lord Voldemort.

Por primera vez Ginny dejó que alguien que no fuera ella tocara uno de sus ordenadores; eso sí, a regañadientes, malhumorada, vigilante y atenta a cualquier movimiento que Narcisa Black hiciese con uno de sus bebés.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Encontró a Sirius sentado en las escaleras del porche trasero. Apartando los restos de lo que en una ocasión parecía haber sido una mecedora, Remus se sentó junto a él sin decir nada y del mismo modo silencioso le entregó una de las latas de cerveza que había llevado consigo.

-¿Cómo sabías que estaba aquí? –preguntó Sirius después de dar un trago a su cerveza sin mirar a Remus.

El hombre se encogió de hombros y sus ojos claro, casi dorados, adquirieron aquel brillo de sabiduría que Sirius recordaba perfectamente de los años de estudiantes.

-¿Dónde ibas a estar si no? –preguntó con una media sonrisa-. Un día como este estábamos aquí celebrando nuestro ingreso en la Orden, ¿dónde más ibas a estar si no?

-Le echo de menos –admitió Sirius.

Remus no dijo nada pero sonrió para sí mismo. Sirius Black. El terror de los delincuentes; bastaba su sola presencia para que más de la mitad de los criminales que la Orden había detenido empezase a hablar en una sala de interrogatorios sin necesidad de que él dijera nada. Su mirada era fría, dura e implacable; dormía poco y cuando lo hacía, su arma siempre estaba al alcance de su mano. Salía con mujeres pero no se ataba a ninguna y decía que jamás se ataría a nadie. Despreciado por su familia se había volcado en el lado de la ley forjándose un nombre y labrándose una reputación con la que, junto a él mismo y James, todos los novatos se destetaban en la Orden.

Pero allí estaba. En aquellos momentos no parecía demasiado duro, ni implacable, ni terrorífico. Sólo era un hombre perdido en sus recuerdos porque Remus sabía perfectamente que eran lo único que Sirius conservaba para tenerse en pie cada día desde que su mejor amigo había muerto y él no había podido hacer nada por evitarlo.

-¿Y quién no? –preguntó con una media sonrisa Remus-. James era insustituible, Sirius.

-Lo sé, lo sé… -dijo consternado-… Pero aún así, a veces miro a Harry y…

-No es James –insistió Remus sabiendo que habían tenido aquella conversación en más de una ocasión-. Harry no es James.

-Eso también lo sé. ¿Crees que el chico y yo no hemos tenido esta conversación tantas veces como la he tenido contigo?

-¿Qué es lo que va mal, Sirius? –preguntó entonces Remus.

Sirius dio otro trago a su cerveza.

-Íbamos a hacer un viaje, ¿lo recuerdas? – Remus sonrió-. Estábamos aquí sentados, los cuatro, jurando que hoy haríamos un viaje a América, a Australia, al Polo Norte… -sonrió al recordar aquella conversación en particular-. Ninguno de nosotros tenía dinero por aquel entonces pero James dijo…

-Que él sí tenía dinero y que nos lo pagaría a todos si no conseguíamos ahorrar lo suficiente. Sí, lo recuerdo –convino Remus-. ¿Qué tiene eso que ver con…

-Daría todo el dinero que tengo ahora porque él estuviera aquí –le interrumpió Sirius entonces-. Era un hermano para mí Remus, sin ánimo de ofender.

-Tranquilo, siempre lo he sabido –le quitó importancia moviendo la mano con gestos elegantes-. Había momentos en los que parecíais siameses. Lily y yo solíamos bromear con cómo os lo ibais a montar cuando ellos dos se casaran –le miró-. Ella solía decir que te montarían una habitación en su casa.

-Bueno, lo hicieron –corroboró Sirius sonriente-. Y nunca me pidieron nada a cambio.

-No –sentenció Remus entonces, serio de repente-. No puedes culparte de lo que ocurrió Sirius. No es tu culpa. La traición de Peter no fue tu culpa. La muerte de James y Lily no fue tu culpa. El modo en que Harry fue alejado de ti cuando era un bebé no fue tu culpa y el hecho de que James no esté aquí ahora con nosotros bebiendo cerveza, no es tu culpa –declaró firmemente.

-¿Entonces quién tiene la culpa?

-Tom Riddle, si es que necesitas echarle la culpa a alguien –contestó Remus-. Ódiale a él, pero no a ti mismo –le quitó la cerveza de las manos-. Eres más fuerte que todo esto Sirius. No tienes la culpa. Tom Riddle es el culpable y te prometo que vamos a cogerlo y cuando lo hagamos todo el peso de la Orden y de la ley va a caer sobre él y Lily y James quedarán vengados. Hasta entonces, tienes que tener paciencia; ambos tenemos que tenerla.

Sirius se levantó de golpe y dio un corto paseo por el jardín trasero. Suspiró y se volvió para mirar a su amigo.

-Necesito golpear algo –dijo repentinamente.

Remus ni siquiera lo pensó.

-Vamos al gimnasio de la Orden –se levantó de las escaleras-. Yo también tengo que golpear algo –admitió.

Sirius le miró. Por unos momentos había olvidado que Remus también quería a James y a Lily y que la muerte de ambos, así como la traición Peter, también había significado un gran golpe para él. Remus no apreciaría que se disculpase por no haberse dado cuenta de ello así que no lo hizo. Sólo asintió y empezó a caminar detrás de él.

Se detuvo antes de que Remus entrase en el coche y Sirius dejó la puerta del suyo entreabierta mirándole.

-¿Algún día haremos ese viaje?

Remus sonrió.

-Cuenta con ello. Cuando ahorremos lo suficiente, ahora James no está para cubrir los gastos –se encogió de hombros antes de ponerse tras el volante.

Sirius sonrió e imitó a su amigo. Cuando empezó a conducir hacia la Orden con el coche de Remus siguiéndole, se sentía mejor. Aún le quedaba Remus y en cierto modo James siempre estaría allí.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

La observó desde el porche trasero mientras ella se afanaba a alisar los manteles sobre las mesas, tomar nota de los vasos y cubiertos y pararse de vez en cuando para mirar hacia el cielo como si en cualquier momento esperase que cayera una fuerte tormenta que lo arruinara todo. Nott sonrió.

-Se te ve muy tranquila –le hizo notar.

Becky se giró para mirarle y sonrió de vuelta mientras se acercaba a él para no tener que gritar. Si su madre la veía otra vez revisándolo todo estaba segura de que cumpliría su amenaza y la encerraría en la habitación hasta la mañana siguiente, el día de la boda.

-¿Por qué no habría de estarlo? –desechó un vago gesto con la mano-. Estoy segura de lo que voy a hacer –se encogió de hombros-. No es como si alguien me estuviese obligando a casarme con Marcus.

-No me refiero a la boda –apuntó Nott entonces.

La sonrisa se congeló en el rostro de ella y pasó de ser radiante a ser cortés y elegante, meditada, condescendiente y resignada. Nott se sorprendió de lo expresiva que podía ser el rostro de una mujer, debería recordarlo para el futuro.

-Para mí no ha cambiado nada –se sentó en los escalones del porche y le hizo un gesto para que se sentara a su lado. Nott acudió enseguida.

-¿Sabías que Hermione era adoptada? –preguntó el hombre.

Rebecca negó con la cabeza y las dos trenzas que llevaba aquel día se menearon graciosamente hasta colocarse sobre sus hombros cayendo hacia delante.

-No tenía ni idea, en realidad, yo soy la pequeña así que es normal que no lo supiera –él la miró interesado-. Si yo hubiese sido la hermana mayor recordaría que la hubiesen adoptado ¿no te parece?

-¿Has hablado ya con ella?

-Sí, claro… -se burló con una sonrisa distante-. Me he acercado a ella y le he dicho "oye Hermione, el vestido de dama de honor está en tu habitación y por cierto, no me importa que seas adoptada" Sería estupendo… -ironizó.

-Quizá ella lo necesita –se encogió de hombros con toda la elegancia de la que un hombre sentado podía hacer gala.

-Créeme, no me agradecería si hiciera algo así –aseguró Becky con una media sonrisa-. Hermione siempre ha sido muy independiente y cerrada… pocas veces ha compartido sus sentimientos con alguien, yo incluida –añadió-. Lo mejor para ella es seguir como siempre.

-Pero ya nada será como siempre –reflexionó Nott.

-¿Por qué no? –preguntó ella confundida mirando al hombre-. Lo único que va a cambiar es que me caso con Marcus –frunció el ceño-. Hermione y yo seguiremos en diferentes países, ambas seguiremos en contacto y nos veremos tantas veces como podamos, ella siempre estará ahí para que yo le cuente mis problemas y la relación entre mamá y ella seguirá tan tensa como siempre –se encogió de hombros-. Sólo va a cambiar mi estado civil.

Nott parpadeó mientras la miraba hacer aquel resumen de forma resuelta. ¿En serio no le importaba que Hermione no fuera realmente su hermana? Meditó unos minutos antes de darse cuenta de que Rebecca estaba hablando en serio. Y como si ella pudiera saber en qué estaba pensando, añadió algo más que le hizo sonreír.

-Con la misma sangre o no, Hermione siempre será mi hermana y siempre estaré orgullosa de ello –señaló la casa con la cabeza-. ¿Acaso Draco es tu hermano?

Nott soltó una carcajada.

-No, por supuesto que no.

-Pero le tratas como si lo fuera –Nott no dijo nada-. Cuando os vi, Draco, Blaise y tú parecíais hermanos… Bromeáis entre vosotros, os golpeáis y cuidáis los unos de los otros y no sois hermanos, así que, ¿por qué debería ser diferente entre Hermione y yo?

-Tienes razón –concedió Theodore Nott con una media sonrisa. Luego echó un vistazo a la libreta que ella había dejado en el regazo-. ¿Necesitas que te ayude con eso?

Los ojos de Becky se iluminaron y Nott supo que acababa de meterse en la inminente preparación de la boda y sin embargo, no le molestó en absoluto.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Lucius barrió la entrada del apartamento con la mirada. Salvo la alarma de la que ya se había encargado y los dos dispositivos situados estratégicamente en el marco de la puerta no parecía haber nada fuera de lugar en aquel lugar. Todo estaba ordenado de forma meticulosa y en el ambiente flotaba un olor a frescor proveniente seguramente de las ventanas abiertas. La puerta de la cocina estaba abierta y echó un vistazo por encima antes de pasar al salón donde se fijó la gran colección de música y libros que tenía. Al menos el chico tenía buen gusto.

Miró a su alrededor queriendo ver algo que le indicara que Marcus tenía razón y que era igual que él. Su vista se detuvo en la repisa de una falsa chimenea en la que dos fotografías destacaban. Tomó la primera en la que la imagen de un joven muchacho estaba recibiendo un diploma. Marcus había tenido razón. Draco Malfoy era igual a él cuando tenía su edad. El mismo porte elegante, la misma amplitud de espaldas y pecho; buena figura, cabello rubio, ojos grises, mandíbula firme y ojos duros y fríos. Tomó el marco para mirar la fotografía más de cerca y clavó sus propios ojos en los de la imagen de la fotografía dejando que el reflejo del cristal que protegía la foto reflejase los suyos propios. Con una media sonrisa de desprecio dejó la fotografía en su lugar.

La segunda fotografía era del mismo día ya que Draco seguía vestido del mismo modo. Pero a su lado había alguien. Severus Snape. Lo reconoció de inmediato. Ambos hombres estaban de pie, erguidos de forma orgullosa, alejados entre sí por medio metro y ambos con expresión de hostilidad en el rostro como si estuviesen intentando maldecir al fotógrafo por hacerles posar de aquella manera tan estúpida.

Severus Snape. Tenía que haberlo imaginado. No necesitaba ver nada más. Sonrió a medias y dejó la fotografía sobre la repisa de la chimenea y a continuación sacó del bolsillo interior de su abrigo un pequeño paquete no más grande que una caja de cerillas que dejó junto a la fotografía. Salió del apartamento sin molestarse en cubrir sus pasos.

Bajó a la calle, saludó a la anciana que subía en aquellos momentos y se dirigió a su coche. Cuando el motor se encendió, Lucius apretó el mando a distancia. La explosión hizo que los cristales saltasen hacia la calle en una cascada de peligro. Las llamaradas fueron instantáneas y lenguas de fuego asomaron por las ventanas. Lucius salió de la calle conduciendo con tranquilidad mientras tarareaba en su cabeza una vieja melodía de Mozart.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

El azucarero golpeó la mesa con demasiada brusquedad y la taza de cerámica con ilustraciones de brujas y duendes tuvo el mismo trato haciendo que el café se esparciera a su alrededor. Con una maldición ahogada Ginny se giró para tomar un paño húmedo y limpiar la mesa.

Blaise la miró enarcando una ceja mientras dejaba a un lado el manual sobre nuevos explosivos que habían salido recientemente y que él encontraba bastante interesante.

-¿Estás bien? –le preguntó.

Ginny le fulminó con la mirada y Blaise sonrió para sí mismo. De acuerdo, iba a tratar con una pelirroja furiosa por algo. Se relajó al repasar mentalmente sus últimas veinte horas y darse cuenta de que no había hecho nada por lo que ella pudiera estar enfadada con él.

-¿Qué pasa?

-¡Es una bruja! –Blaise debió parpadear confuso porque Ginny gesticuló e hizo aspavientos mientras lo aclaraba - ¡Narcisa! –gritó -¡Es una bruja!

-¿Qué ha hecho? –preguntó él burlón-. Espera, ha transformado una silla en un animal… no, espera –intentó controlar la risa pero las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba-, ha hecho una poción y ahora todos creen que es la mujer más inteligente del mundo… ¡espera, esta es buena! Ha conseguido que…

-¡Oh, cállate ya Zabinni! –espetó Ginny perdiendo la paciencia mientras le lanzaba un paño de cocina para interrumpirle-. ¡Ha abierto archivos que yo ni siquiera sabía que existían!

-Ginny, ella creó esos archivos así que es normal que supiera que estaban ahí ¿no te parece?

-¡Es mi ordenador! –espetó dolida -¡Yo debería de haber sabido que estaban ahí!

Blaise frunció el ceño.

-De acuerdo, ahora ¿qué es lo que realmente te pasa?

-Ella es… es buena… -la miró.

-¿Es buena? –preguntó-. Ginny, hasta hace unas horas era la informática de Riddle, por supuesto que es buena.

La pelirroja sacudió la cabeza.

-No, no lo entiendes, quiero decir es que muy buena –hizo unos gestos con las manos para enfatizar al adjetivo-. Es realmente buena Blaise… Es mejor que yo…

-Eso no puede ser verdad.

-No la has visto –dijo con una risita entre dientes-. Es como si hiciera magia con el teclado… sólo tiene que apretar unas cuantas teclas y la información que quiere aparece en la pantalla… -suspiró-. Sé que no le caigo bien a Snape pero ¿tenía que traer a alguien que me pudiera quitar el trabajo?

Blaise se puso serio. Estiró el brazo y tomó a la pelirroja por la muñeca estirando del cuerpo femenino hacia él y haciendo que se sentara en su regazo. La colocó hasta que los dos estuvieron cómodos y entonces la abrazó fuertemente por la cintura.

-Nadie está pensando en quitarte el trabajo en la Orden, Ginny.

-Entonces ¿por qué siento cómo si fuera así?

Blaise suspiró pesadamente.

-No hemos mantenido esta conversación, ¿de acuerdo? –ella asintió-. Snape sólo se ha enamorado una vez, cuando era mucho más joven… Narcisa era la mujer a la que amó… pero ella… bueno… las cosas se torcieron, una tercera persona apareció en la ecuación y… -desechó un largo etcétera con la mano agitándola en el aire-… Snape nunca la ha olvidado y siempre la ha ayudado cuando ha podido.

-¿Cómo sabes…

-Todos esos chivatazos, todas las trampas y emboscadas que hemos evitado, nombres, archivos… -sonrió a medias-… Siempre he tenido la sensación de que era ella quien le estaba avisando aunque no puedo demostrarlo –Ginny no dijo nada-. Supongo que ahora Narcisa necesita ayuda de alguna forma y él sólo… sólo está intentando ayudarla… No creo que ni siquiera se haya parado a pensar en cómo podrías sentirte si metía aquí a alguien con la habilidad de los ordenadores que tiene Narcisa…

-Es triste… -suspiró ella entonces-… Amar a alguien y tener que dejarla… -frunció el ceño y ladeó la cabeza para mirarla-. ¿No voy a perder el trabajo?

Blaise rió ante la tenacidad de la chica y negó antes de inclinarse para besarla en la nariz haciendo que ella sintiera cosquillas.

-No –le aseguró.

-Entonces está bien… -se relajó contra el cuerpo de él-. Pero sigue sin gustarme que haga magia con mis bebés –se quejó.

Blaise rió suavemente mientras la abrazaba con fuerza. Si no se quejara, no sería su Ginny.

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-Eh, Potter, tienes que ver esto.

Ron entró en el despacho de su amigo dejando unos informes sobre la mesa. Harry desvió la vista de lo que estaba haciendo para tomar las hojas y pasar su vista por encima a lo que parecía ser una interminable lista de nombres y apellidos, profesión y fechas y horas. Enarcó una ceja hacia Ron.

-¿Qué es?

-Contactos –dijo Ron con una media sonrisa-. Todas esas personas –golpeó las hojas con el dedo índice-, han estado en contacto o lo están con Riddle y estas otras –dejó caer otro montón de folios-, están a las órdenes de Voldemort – sonrió-. No está mal, ¿verdad?

Harry sonrió mientras miraba los nombres.

-No, no está nada mal. ¿Por qué no…

-Ya lo he hecho –Harry le miró-. Vamos, nos conocemos desde hace años; lo primero que hice en cuanto tuve las dos listas en mi mano fue hacer una comparación. Los nombres que están subrayados aparecen en las dos listas. McGonagall los está pasando a un tercer informe para tenerlos controlados y ya he puesto a Tonks y a mí mismo a revisar nombre por nombre.

Harry frunció el ceño. Ron le imitó.

-¿Qué pasa?

-Este nombre –señaló uno en particular casi al principio-. ¿Te resulta familiar?

Ron miró. Colter, M. Tomó la segunda copia de folios y encontró el mismo nombre. Miró a Harry.

-¿Debería?

Harry no contestó. El teléfono de la mesa empezó a sonar. Miró a Ron y le entregó los dos informes.

-Investígale personalmente –alzó el auricular-. Creo que es el prometido de Rebecca.

Ron parpadeó.

-¿Rebecca como la hermana de Hermione? –Harry asintió-. Pero…

-Potter –se identificó al teléfono-. ¿Cuándo? Sí… -miró a Ron y alzó la mano para detenerle antes de que se marchara-. Entiendo… ¿Algún testigo? Ya veo. No, voy personalmente –Ron enarcó una ceja, curioso de saber qué era tan importante para que Harry fuera-. Localiza a Sirius Black y Remus Lupin –ordenó antes de colgar.

-¿Algo está mal?

-Han reventado el apartamento de Malfoy –dijo Harry levantándose y tomando la chaqueta del respaldo de su silla-. Llama a Snape y dile que se reúna allí con nosotros –añadió-. Vigila a Sofía y llama a Malfoy por teléfono.

-¿Quieres que le de la noticia a Malfoy de que alguien se ha cargado su apartamento? –preguntó Ron ligeramente pálido.

-Sí –la voz de Harry no dejaba duda alguna-. Y adviértele sobre Colter. Dile que le estamos investigando y que mantenga los ojos abiertos.

Ron asintió.

-Tened cuidado –dijo cuando Harry salía por la puerta.

-¿Ahora te preocupas por mí? –preguntó el moreno divertido.

-No digas gilipolleces Potter –le dio un ligero empujón en el hombro-. Pero tened cuidado.

Harry sonrió y Ron sacó su teléfono del bolsillo. A Malfoy no le iba a gustar la noticia. En absoluto.

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Tonks miró a Sofía que estaba entretenerse con unos libros de dibujos. Estaba tumbada en el suelo, sobre su estómago, en la moqueta y balanceaba los pies de un lado a otro mientras los mantenía cruzados a la altura de los tobillos. Un destello captó su atención cuando el sol dio de golpe en algo que colgaba del cuello de la niña.

-¿Qué es eso que brilla? –le preguntó con una sonrisa.

Sofía la miró.

-Es mi fénix –dijo Sofía. Tonks frunció el ceño-. La cadena es demasiado pequeña y por eso no me la puedo quitar –la niña arrugó la frente-. A veces pica.

Tonks ya había visto la cadena, demasiado pequeña para que saliera por la cabeza de la niña y sin ningún broche, lo que les había llevado a la conclusión de que se la habían puesto alrededor del cuello y luego se la habían soldado para que no se la pudiera quitar. ¿Por qué tanto interés en que no lo perdiera? Sabían que ningún padre soldaría una cadena alrededor del cuello de su hija así que habían supuesto que había sido cosa de Voldemort.

Se levantó de la silla y fue hacia la niña preguntándose por qué había tanto interés en que aquella cadena no se perdiera.

-¿De dónde has sacado ese colgante, cariño? –le preguntó con suavidad.

-Siempre lo he tenido –se encogió de hombros-. Es bonito ¿verdad?

Tonks asintió. La cabeza del fénix relucía en la mano de la niña. No podía ser tan fácil… No podía creer que lo habían tenido delante de las narices todo el rato y que simplemente no lo habían visto.

Hermione tenía la llave para abrir aquella caja pero no lo había sabido. Ninguno de ellos lo habían sabido. Alcanzó su teléfono. Tenía que hablar con ellos. Ya.

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Miró a Draco que se había separado de ella unos segundos para atender al teléfono y sonrió. El agente le había dirigido una mirada a Nott para hacerle entender que la vigilara y realmente Nott lo estaba haciendo lanzando miradas intimidatorias hacia Mark y hacia su madre… Su madre… Se mantenía alejada de ella porque aún no estaba preparada para hablarle. En realidad no sabía si alguna vez iba a estar preparada para hablar con ella. Suspiró cansada mientras se masajeaba las sienes.

Draco colgó el teléfono y se dirigió hacia Nott. Hermione frunció el ceño. Ambos hombres hablaron en voz baja mientras miraban a Marcus. Nott asintió a algo que Draco le había dicho y salió del salón con el gesto duro. Draco se acercó hasta ella y la besó en la frente.

-¿Qué ocurre? –le preguntó Hermione.

Draco no dudó en mentirle.

-Alguien ha entrado en mi apartamento y lo ha hecho explotar –dijo encogiéndose de hombros -Hermione le miró alarmada-. No te preocupes, no hay nadie herido, sólo son cosas.

-Pero podría… si tú hubieras… si nosotros…

-Tengo la impresión de que lo han reventado precisamente porque no había nadie –ella le miró sin saber a qué se estaba refiriendo-. Ha sido una advertencia.

-¿Quién…

-No lo sé, pero Potter está investigándolo y por mucho que me cueste reconocerlo si alguien es capaz de encontrar a quien lo ha hecho aunque no haya ni una sola pista, es Potter –añadió gruñendo.

-¿Ha sido… mi culpa? –preguntó la mujer.

Draco la abrazó sin importarle que algunas miradas curiosas estuvieran dirigidas hacia ellos. Respiró el olor de ella porque necesitaba calmarse.

-No, no ha sido tu culpa. Tengo enemigos en todos los continentes. No es la primera vez que ocurre algo semejante. La última vez fue la casa que Blaise acababa de comprar junto a la playa –intentó bromear-. Todo está bien Granger.

Draco vio la figura de Nott en la entrada del salón. Una mirada, un leve asentimiento y un rápido vistazo a Marcus Colton. Era todo lo que necesitaba saber. Negó mientras miraba a Nott sabiendo que el otro comprendería.

Su compañero asintió. Después. A solas. Cuando nadie supiera qué estaba ocurriendo… Iba a ser una noche muy larga para Colton. Muy, muy larga.

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Bueno, pues esto es todo por hoy!!

Qué tal?? Yo no estoy demasiado convencida, pero bueno… ya está escrito y subido así que espero con impaciencia vuestras opiniones!!

Espero no tardar tantos meses en subir el próximo, pero no puedo asegurar nada de acuerdo?

Espero que os haya gustado.

Un besito y recordad: no es rico el que más tiene sino el que menos necesita!!

Sed felices!! Nos leemos pronto!!!