2º capítulo

Lo que Jim no sabía, era que Spock se había enamorado primero. Despacio, de forma constante, a lo largo de los años.

Por mucho que lo intentase, Spock no sería capaz de decir el momento exacto en que ese sentimiento surgió en su interior. Haciendo un ejercicio de memoria, debía confesar que ya desde el momento de conocerse, algo en James Tiberius Kirk le había llamado la atención. Aquel cadete engreído había sido capaz de superar el Kobayashi Maru, una prueba que el propio Spock había diseñado como un escenario de "victoria imposible". Había reprogramado todo el sistema para ser capaz de obtener la victoria. Era ingenioso, era creativo, y además requería de una gran inteligencia. No obstante, el cadete había hecho trampa y se vio en la obligación de denunciarlo. Algo que Spock nunca confesaría fue que, en aquel momento, se sitió indignado, intrigado y sorprendido al mismo tiempo de aquel cadete. Sería un tramposo, pero al mismo tiempo debía reconocer era una persona muy interesante.

De algún modo, aquel muchacho también fue capaz de colarse en la nave U.S.S Enterprise. Dijo cosas horribles sobre él y su madre, quiso matarlo, lo habría hecho de no estar allí su padre. Más tarde comprendió los motivos que le llevaron a ello, Jim realmente no pensaba lo que dijo, pero debía decirlo para convertirse en capitán, por indicaciones además de una versión del futuro del propio Spock. Cuando por fin se hubo serenado, cuando Jim y él debieron unir fuerzas para enfrentarse al peligro que suponía Nero, fue cuando realmente pudo apreciar la eficiencia de Jim, sus habilidades y lo capacitado que estaba realmente para la capitanía. Al final de esa misión, cuando se convirtieron oficialmente en una tripulación, Jim ya contaba con el respeto de Spock. Si se paraba a pensarlo fríamente, nunca le había odiado, pero sus personalidades eran demasiado diferentes y entraban en conflicto y antagonismo. No obstante, pronto demostraron ser muy buen equipo.

Ese fue el comienzo de todo. Y a partir de ahí, le siguieron muchos momentos que fueron transformando, poco a poco, como la germinación de una semilla, esa curiosidad inicial en respeto, ese respeto en admiración, esa admiración en amistad, y esa amistad en amor. El sentimiento floreció en el corazón de Spock, y había llegado para quedarse. Y el joven vulcano descubrió que era un sentimiento hermoso y puro, le gustaba, quería conservarlo. Un sentimiento más allá de la comprensión, más allá de la lógica. Su cultura le había enseñado que debía suprimir toda emoción, pero esa emoción era demasiado bella como para ser suprimida, sería un crimen intentar suprimirla. Quizá eso le hacía ser menos vulcano, pero al mismo tiempo le hacía más humano. No estaba seguro de si llegaría a su fin algún día, no estaba seguro de querer que llegase a su fin. Por eso decidió guardar la emoción, aunque se suponía no debía sentirla, como un tesoro, así como a la persona que la había causado.

El embajador Spock había dicho en varias ocasiones que no era bueno conocer el futuro, pero había dejado claro desde el principio que debía permanecer al lado del capitán, que ese era su lugar. Siendo la misma persona, Spock tenía claro que su yo del futuro también amó a su capitán.

Kirk le hacía siempre actuar del modo más ilógico e irracional posible, no obstante, de algún modo hacía que resultase lógico. Cuando Jim murió por obra de Khan, Spock se sintió como si le partiesen por la mitad. Eso no debía pasar. Se suponía que era Spock quien moría salvando a la tripulación. Spock habría dado lo que fuera por estar en su lugar, en lugar de observar impotente como la vida se apagaba en aquellos ojos imposiblemente azules. Jim tenía miedo, acudió a Spock en busca de un consuelo que no pudo proporcionarle, pues todas las enseñanzas que había recibido, todo el esfuerzo y todo el entrenamiento a lo largo de los años, se vino abajo en un solo instante. Como deseó poder romper el cristal y eliminar aquella molesta separación entre ellos. La ira y la sed de venganza le cegaron. Solo pensaba una cosa, eliminar a Khan, y lo habría hecho si Uhura no le hubiese asegurado que él era el único modo de salvar a Jim. Solo eso logró devolverle el raciocinio.

Uhura, inteligente y perspicaz como siempre, se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos sin necesidad de decir nada.

-Spock, antes que nada, eres mi amigo, y quiero que seas feliz- le había dicho

La emoción siguió creciendo con los años. Spock ya tenía claro que su lugar en el universo era junto a su capitán, Jim lo necesitaba, él mismo le había dicho que no sabía que haría sin él. El doctor McCoy lo había corroborado. Seguramente habría muerto varias veces en un mismo año. Spock no sabía si Jim correspondía sus sentimientos, pero tanto si lo hacía como si no, la emoción era hermosa, sería feliz de poder amarlo aunque fuera en la distancia. Aunque no tuviese posibilidades de ser correspondido. Con estar junto a él era suficiente, jugar al ajedrez por las noches, explicarle cosas de su cultura y su lengua, trabajar juntos, en esos momentos Spock sentía que pertenecía a algún sitio, que formaba parte de algo. Era ilógico. Era totalmente lógico.

La primera vez que fusionó su mente con la de Jim, cuando se tocaron y pudo percibir sus sentimientos y emociones, esa calidez, esa electricidad… Jim lo amaba. Spock no cabía en sí, aquello era más de lo que nunca pudo esperar. Lo amaba. Era su t'hy'la.

Spock y Jim acordaron mantener su relación en secreto. No era asunto de nadie más que de ellos, lo harían saber si ese era su deseo, pero de momento, lo disfrutarían sin más. Lo que no sabían era que la tripulación hacía apuestas a su costa.

-Si no te importa, Spock- sugirió Jim- Me gustaría contárselo por lo menos a Bones. Es mi mejor amigo, es quien mejor me conoce aparte de ti, y es de las pocas personas con las que puedo abrirme realmente-

-Confío en el buen juicio del doctor y en su discreción-

-¡Maldita sea, Jim! ¿El duende de sangre verde?- exclamó Bones más alto de lo que a Jim le hubiese gustado

-Ya, Bones. Primero, no le llames así y segundo, grita un poco más, creo que no te han oído en Yorktown-

-¿Te hace feliz?-

-Mírame, Bones. Desde que me conoces, ¿me habías visto alguna vez así?-

Bones debía reconocer que no, Jim resplandecía. Era obvio hasta para la forma de vida más idiota que Jim era feliz.

-Bueno, en ese caso, supongo que tenéis mi bendición. Eso sí, cuanto menos me cuentes, más feliz seré- dijo apurando de un trago su copa de whiskey

Kirk jamás se había sentido así de bien en su vida. Con Spock quería hacer las cosas despacio y bien. Disfrutaba con su mera presencia, podían estar juntos en silencio sin que éste resultase incómodo. Una noche, Jim propuso a Spock dormir juntos. Al ver que Spock alzaba una ceja se apresuró a añadir:

-Sólo dormir, ya sabes, estar juntos y abrazados. No tiene que pasar nada si tú no quieres-

-Sería agradable compartir el lecho, Jim-

Una vez tumbados, sin necesidad de manta ya que la habitación del medio-vulcano estaba a una temperatura elevada, Spock estrechó a Jim entre sus brazos. Jim apoyó la cabeza en su hombro y colocó la mano en su pecho, buscando su corazón. Se extrañó al no sentir latido, Spock guió su mano hacia su vientre, a la altura del hígado humano, donde estaba su corazón.

-Jim, con respecto al tema de la intimidad física…- empezó a explicar Spock

-¿Los vulcanos también tenéis costumbres diferentes al respecto?- preguntó Kirk. Cómo no. Una especie tan lógica seguro que tenía algo que decir

Y Spock le explicó lo que era el Pon Farr.

-Entonces, ¿me estás diciendo… que una vez cada siete años? ¿Y vuestras únicas opciones son aparearos o morir?-

-Es un tema que nos avergüenza, Jim. Perdemos totalmente el control, nos volvemos agresivos, irascibles e irracionales. Nos vemos sometidos a nuestros impulsos más bajos y primitivos. También es peligroso. Podría llegar a matarte-

-No me harás daño, t'hy'la-

-Los vulcanos tenemos mayor fortaleza física que los humanos y, como ya te he dicho, perdemos totalmente el control…-

-Spock, cuando tenga que pasar, pasará. Tengo plena confianza en ti y en que no me harás daño-

-También crearé un vínculo mental permanente entre nosotros. Un vínculo que no podrá romperse. Nuestras mentes estarán fusionadas hasta la muerte de uno de los dos. Es… es el mayor de los compromisos-

Jim se quedó un largo rato en silencio, analizando lo que acababa de decirle Spock. Se trataba de algo muy serio. Del más serio de los compromisos. Oficial e irrompible. Durante el resto de su vida.

-Lo analizaré desde tu punto de vista, Spock. Desde un punto de lógico, sería bueno que la mente del capitán y de su primer oficial estén conectadas. Así les resultará más sencillo y rápido tomar decisiones conjuntas, comunicarse cuando uno de los dos esté lejos si se ven obligados a separarse durante una misión…-

-No seré yo quien discuta con tu lógica, Jim-

Permanecieron un rato en silencio, tumbados, sin dormirse pero relajados.

-Así que… una vez cada siete años- dijo Jim

-Si supone un problema para ti…- empezó Spock

-No, no…-

-Podemos intentar llegar a un acuerdo-

-¿Un acuerdo? Spock, hablamos de nuestra relación de pareja, no de un tratado político-

-Sé que la intimidad física es importante para ti, Jim-

-En cierto modo… lo es… lo era… quiero decir… Spock, se supone que cuando dos personas se quieren, es algo que hacen para disfrutar juntos, si uno de los dos tiene que "sacrificarse" para que el otro disfrute, no tiene sentido. Te quiero y sé que las costumbres vulcanas son muy importantes para ti, no quiero que te veas en la obligación de hacer algo que te incomode o que vaya en contra de dichas costumbres solo por mí-

-Jim, me veo en la obligación de recordarte, que también soy mitad humano-

-Oh. OH. Me gusta cómo piensa, señor Spock-

-¿Intentamos dormir?-

-Sí. Buenas noches-

Silencio.

-Spock, ¿estás ronroneando?-

Cuando finalmente llegó el momento del Pon Farr, Jim se sentía preparado y seguro de la decisión que iba a tomar. Spock todavía mostraba sus reservas, seguía temiendo perder el control y herir a Jim.

El vulcano se había refugiado en las habitaciones que compartía con el capitán, sentado en el suelo hecho un ovillo y bañado en sudor. Intentaba controlarse pero notaba un extraño chorro de energía recorriendo su cuerpo, el instinto animal luchando por someter a la razón, la razón luchando por mantener el control. Kirk tuvo que suplicar frente a la puerta para que le dejase entrar. Se acercó a Spock muy lentamente, como a un animal herido, y cuando llegó a su altura se arrodilló a su lado.

-Spock- dijo en el tono más tranquilizador posible- Yo también tengo miedo. Temo que cuando entres en mi mente y veas todas las estupideces que he hecho y mi comportamiento no me consideres digno de ti. Pero temo mucho más perderte y no voy a dejarte morir cuando puedo salvarte. Spock, te quiero y quiero pasar el resto de mi vida contigo. Estoy preparado para que crees un vínculo mental entre nosotros para siempre-

-Jim-

-No me harás daño-

Jim le besó al modo vulcano, acarició sus palmas. Le besó en la boca, en la mejilla, cuando mordió ligeramente su oreja puntiaguda, Spock dejó de resistirse.

Spock llevaba rato despierto haciendo algo tan humano como es mirar a Jim dormir a su lado. Había fundido sus mentes, ahora podían sentir sus mutuas presencias y leer sus pensamientos, ya eran sateln'su. Jim y Spock compartían un vínculo mental tan fuerte como lo tuvieron una vez Sarek y Amanda. Jim era la persona más ilógica que Spock había conocido, pero enamorarse de él era lo más lógico que había hecho nunca.

-Es lo más bonito que me han dicho en mi vida- dijo Jim despertándose.

-¿Cómo te encuentras?-

-Bien, muy bien. Te quiero, señor Spock-

-Yo también te quiero, Jim-

Jim Kirk no creía en el escenario invencible.

Mi más sincero agradecimiento a Fantasmaalineal por sus correcciones con respecto a la lengua vulcana y todo lo demás. Os recomiendo leer sus fics, merecen mucho la pena.

Larga vida y prosperidad.