Capitulo 3: El trato

Bulma no pudo reaccionar hasta que la puerta se cerró en un estruendo. La había besado con pasión y la había dejado sin aliento. ¡Sí! Debía tener una aventura con su nuevo jefe, luego ella volvería a Recursos Humanos y sería menos probable cruzárselo. Necesitaba hacer algo loco y aunque no justificaba la infidelidad sintió que quizás las chicas tenía razón y sentirse valorada nuevamente le devolverían ese brillo que siempre sintió llevar. No lo dudo y con las nuevas energías que la invadían comenzó con su labor. Pasado un rato, un poco más de una hora, él se asomó al no escuchar ruidos. Bulma estaba con su cabello aun revuelto y sin zapatos, metida en el libro de contaduría, sacando cuentas y verificando datos en la portátil. No quiso interrumpirla así que cerró la puerta con cuidado. Cuando se sentó y se puso a leer el correo interno, la puerta del despacho se abrió.
- Jefe, disculpe. Necesito ir al tolete - pronunció con timidez.
- Pasa y usa el mío - señalando a mitad de la pared en la que ella se asomaba se encontraba otra puerta camuflada.
Cruzó y al entrar al baño se vio despeinada así que mojó su cabello y lo moldeo con los dedos. Una vez que terminó de usar el servicio salió y no vio a su jefe así que entró al despacho. Ahí estaba, sentado en su lugar revisando sus anotaciones así que se acercó.
- Veo que más que nada revisas las cuentas de menor valor y verificas si son reales los movimientos.- dijo él si levantar la mirada - ¿Cuánto crees que puede llevarte un libro como éste?
- Es un gran libro - respondió con sarcasmo- supongo que unos cuatro o cinco días.
- Es demasiado tiempo- trata de que sea en tres días, te pagaré por las horas que te quedes - dijo con total seriedad.
- ¡Pero eso es imposible! ¡Tengo una vida allá fuera! - respondió la peliazul totalmente indignada.
- Con más razón debes esforzarte. Hay para revisar unos cinco libros más - agregó él con total naturalidad.
- Imposible, no puedo sola. Me voy a quedar ciega, es un trabajo muy complejo – ella volvió a recriminarle.
- Treinta mil al mes más viáticos Bulma- empezó a negociar Vegeta con un tono de voz suave - Eso incluye almuerzo en donde desees, taxi para ir y venir al trabajo, no sé si tienes auto, porque entonces te pago el combustible y el estacionamiento. Tendrás los beneficios de la Gerencia si logras liberarme de los que atentan contra la empresa.- y completó la frase con una media sonrisa.
- A cambio de que yo verifique cada uno de los libros, verdad? - busco aclarar las condiciones.
- Y a cambio de tu discreción, nadie en la empresa debe saber que estoy haciendo ésta investigación, ¿Qué dices?
- ¿Y cuándo esto se acabe?
- Veremos, primero debes mostrarme quienes son los traidores, luego habrá tiempo para recompensas.
- ¿Por qué sencillamente no contrata un contador? - preguntó llena de curiosidad.
- Porque necesito discreción y tú aún mantienes tu integridad - y luego de sonreír con ironía agrego - al menos eso le vendes al mundo.
Bulma supo por donde venía esa acusación pero ni aun así se dejó abrumar. Dejó pasar unos minutos simulando pensar y respondió:
- Bien, acepto el trato pero esa paga será completa en la próxima liquidación.
- Bien- sonrió nuevamente de lado su jefe, realmente tenía agallas esa chica.
- Y creo que debes buscarme otro lugar, la luz de éste despacho me va a dejar ciega - agregó ella con una leve preocupación.
- Por el momento te quedas acá, nadie debe ver de que se trata tu tarea y este es el mejor lugar para resguardarlo- se reincorporó del sillón y caminó hasta una esquina del despacho y trajo al área donde estaba Bulma un velador que conectó y encendió. - Al menos un poco más de luz. Puedo ordenar que traigan un dispensador de agua y una cafetera. Usa el mueble que desees para guardar tus cosas, no todos están ocupados-
Bulma quedó abrumada frente a tanta amabilidad. La Gerencia tenía beneficios que luego extrañaría, o no, porque si hacía bien su tarea tal vez obtendría la promoción.
-Con una jarra de agua fría y un termo de agua caliente es suficiente - una parte de ella sentía que estaba abusando de la situación.
- Bueno, te dejo. En un rato voy a retirarme a una junta, quizás no me veas al salir. Se discreta. - agregó antes de retirarse. Bulma solo afirmó con la cabeza y esperó a que él se retirase. Tenía mucho trabajo por delante. Tomó su celular y le mandó un mensaje a su novio de que llegaría tarde, de que no fuera a su casa. Al rato recibió un mensaje de respuesta: "No te preocupes, te amo". Bulma comprendió que ese mensaje ya no la conmovía como antes y lo guardó sin responder. Se entregó a la ardua tarea de revisión de libros perdiendo la noción del tiempo. Cuando le empezó a doler el cuello comprendió que llevaba horas en la misma posición. Se levantó y se asomó a la oficina de su jefe para estirar las piernas y encontró una foto enmarcada sobre el escritorio de él. Estaba abrazando una chica alta, de tez clara y cabello lacio, largo y negro. Una chica hermosa con unas súper piernas que se podían apreciar en ese vestido corto de gala. Él llevaba traje negro que combinaba con el vestido de ella. Seguramente esa era la novia de la cual le comentaron las chicas en el almuerzo. Un nudo se formó en su estómago. Siguió recorriendo la habitación y encontró un par de fotos más, entre ellas la del guardaespaldas, cosa que le pareció graciosa. Se sirvió un café y volvió al despacho.

Un par de horas más tarde Bulma llegaba a su casa exhausta, luego de bañarse se lanzó en el sofá. Solo podía pensar en el beso del Sr Ouji, del modo sorpresivo que la tomó, la fuerza de sus manos, el calor de su aliento y el sabor de su saliva. Amaneció en la sala y se maldijo por dentro, rato más tarde ya estaba lista para correr a la oficina a enfrascarse en la tarea de rastreo de fraude. Haber estado el día anterior tantas horas leyendo y con la vista fija la llevó a elegir una falda más cómoda, así que vistió una tipo A, tacones no tan altos y una de las tantas blusas y chaquetas que siempre llevaba. Llegó a tiempo y desayunó con sus amigas, con ánimos renovados ingresó a la Presidencia donde aun no había llegado el Sr Ouji. Ingresó al despacho y se lanzó en la tarea de investigación. Pasaron las horas y fue la interrupción de Fasha que le recordó que debía almorzar. Al cruzar la Presidencia advirtió que estuvo toda la mañana sola pero consideró que lo mejor era no hacer ningún tipo de comentario al respecto y se fue con sus amigas a almorzar. Al volver observó una gran pila de carpetas por revisar en el escritorio de su jefe, siguió caminando y retomó su tarea, debía tratar de terminarlo para esa misma tarde aunque dudaba mucho de lograr esa meta.

Reunión tras reunión, Vegeta y Bardock habían recorrido gran parte de la ciudad haciendo negociaciones, supervisando oficinas y fabricas. Almorzaron como siempre en el restaurant de la avenida y como se sentía con dolor de cabeza pidió a su tío que lo dejara descansar por un rato en la oficina. Al ingresar oyó maldecir a la peliazul y recordó que tendría que estar en el despacho. Sin dudarlo, cruzó la oficina para ver porque maldecía y la vio bajo la mesa con una falda que apenas cubría sus glúteos pero no las piernas. La imagen fue gloriosa pero no era el momento ni el lugar para verla así.

-¿Qué sucede?- preguntó para llamar su atención.

Bulma salto del susto bajo la mesa y se golpeó reciamente la cabeza generando un fuerte ruido seguido de un quejido. Al salir de ahí abajo era tal el dolor que solo atinó a sentarse en el suelo y a sobarse la cabeza con la mano.

-¡Bruto!- se quejó- ¿No puedes golpear para anunciarte? Me partí la cabeza por el susto- agregó con voz quejosa.

Vegeta se sintió fastidiado, suficiente tenía con el dolor de cabeza como para tener que soportar que le reprocharán. Se acercó a ella y como la vio muy adolorida, la tomó en andas y la llevó al sillón de la oficina. Preparó hielo del bar en un repasador y se acercó para colocarlo en la cabeza, la joven que tenía los ojos vidriosos por el dolor. Se sentó frente a ella sobre la mesa ratona y no solo le sostenía el hielo en el chichón, sino también la mirada. Bulma sintió que algo se movía dentro de ella cuando él la miraba, así que sin meditarlo se acercó y lo beso. Tras unos segundos, Vegeta retrocedió e interrumpió el beso. Bulma lo miraba compungida.

-No… no lo hagas- fue la frase poco audible que logro articular su jefe.

- ¿Por qué no?- cuestionó la joven.

- Bulma, me voy casar en poco tiempo, no me hagas más difícil la tarea – respondió él con voz suave.

-Pero me deseas, lo veo en tus ojos- exigió la peliazul.

-No debo, estoy haciendo un esfuerzo espantoso por hacer las cosas bien. De haberte conocido hace un año atrás las cosas serían diferentes – agregó Vegeta con seriedad.

- "Un año atrás"- repitió ella en voz baja y con melancolía. Él no pudo evitar mirar sus hipnóticos labios, la quería para él.

- Bulma, eres bellísima pero- y cuando buscaba reconfortarla ella lo interrumpió.

-¡Tengamos una aventura! – pronunció determinada, con los ojos vidriosos sobre los de él.

-¿Qué?- se sorprendió.

-Yo… Yo estoy comprometida, de novia. No sé cuando me casaré ni que haré con él, pero ya que esto no puede ser… -bajo la mirada – Lo sé, es loco… Pero tengamos una aventura, una sola y luego no sabrás más de mí- concluyó si levantar la mirada.

- Trabajas aquí- agregó su jefe que la miraba con severidad. Bulma no se aguantó y comenzó a sollozar y recitar:

- Es lo mismo de siempre. Lo mismo. Si Cariño, eres muy candente pero no es el momento, siempre es el mismo discurso- se cubrió el rostro con las manos por la vergüenza y el llanto.

Vegeta tomó sus manos y las bajó, luego comenzó a limpiar el rostro de la chica con sus manos y cuando ella dejó de llorar comenzó a acariciar su rostro que se veía hinchado por la congoja. Se acercó a ella y comenzó a besar su rostro con ternura, en la frente, los labios, el mentón, las mejillas, nuevamente los labios. Deseaba con todas sus fuerzas sanar ese dolor pero la soltó cuando oyó que la puerta se abría. Era Bardock.

-¡Vegeta! ¡Bulma! ¿Qué paso?- fue el cuestionamiento del mayor al verlos sentados de frente y con la joven llorando.

-Bulma se golpeó la cabeza con la mesa del despacho – respondió ásperamente Vegeta al reincorporarse y mostrar distancia con la chica. Bardock se acerco a ella.

-Te has golpeado muy fuerte pequeña- observó al verla de cerca y decidirse a sostener el hielo en la cabeza de ella. –Vegeta, pide un taxi y manda ésta chica a descansar a su casa, sé ve que se golpeó con fuerza.

-Si Tío, pensaba hacer eso en este instante- respondió con desgano Vegeta y dio la orden a su secretaria por el intercomunicador.

-¿Tío?- preguntó incrédula Bulma.

- Si, mi sobrino te jugó una broma ayer cuando me presentó- confirmó Bardock con la seriedad que lo caracterizaba- y tras unos segundos le ofreció ponerse de pie- Vamos, vayamos al baño necesitas limpiarte el rostro.

Bulma se lavó el rostro con agua fría y tras recuperar la entereza, decidió salir e ir al despacho por su bolso. Se sentía totalmente avergonzada por proponerle a su jefe algo tan desubicado como tener una aventura, pero ella era impulsiva por naturaleza y muchas veces no medía previamente las consecuencias de sus actos. Una vez en el despacho, tomó el maquillaje y se arregló un poco y se quedó ahí esperando a que le avisaran que su taxi estaba listo. Una hora y media más tarde estaba en el sofá de su casa con un tarro de helado y una bolsa de hielo en la cabeza. Iba a llamar a Yamcha pero el desgano la superó y desistió de hacerlo. Toda la tarde se quedó ahí, compadeciéndose de sí misma. Pasada las nueve de la noche llamarón al timbre y Bulma saltó a atender esperando que sea Yamcha. Su alegría cambió a temor cuando supo que era Vegeta quien tocaba timbre porque deseaba ver como se encontraba. Se encontraba en pijama de franela, así que luego de destrabar la puerta de ingreso del edificio con el portero eléctrico, corrió a su dormitorio y se puso ropa deportiva, al menos no era ropa de dormir. Apenas se calzó las zapatillas, oyó que llamaban a la puerta y su corazón saltó. Abrió la puerta y ahí estaba, inmutable y serio como siempre. Ella hizo ademán de que pasara y una vez adentró, él se quitó el saco y observó el hielo sobre el sofá así que lo tomó y cuando se acercó a ella para colocárselo en la cabeza, la beso. Apenas llegaba y la estaba besando con deseo sin mediar palabra alguna. Bulma intentó resistirse un instante por la sorpresa pero luego se entrego. Él la llevó hasta el sofá y una vez que la recostó sonrió de lado.

-Una aventura, veremos cómo sobrevivimos a la tempestad- dijo Vegeta para luego besarla con pasión.

Bulma solo pudo sonreír un poco pero él la siguió besando. Ella comenzó a acomodarse debajo de él, dándole lugar entre sus piernas y abrazando su espalda que era fuerte y musculosa, más de lo que había imaginado. Él se separó un poco de ella y tras quitarse la corbata comenzó a besar el cuello de ella mientras su manos recorría en el contorno del cuerpo de Bulma. Era hermosa, armoniosa, con una cintura pronunciada y unos pechos generosos que tras acariciar por encima de la ropa, busco tocarlos piel a piel y su sorpresa fue gratificante al comprobar que ella no llevaba sostén. Bulma se sentía pletórica, tenía al hombre de sus fantasías devorándola poco a poco en el sofá de la sala. Comenzó a tirar de la camisa de él y Vegeta no tuvo más remedio que reincorporarse sobre ella y quitársela, así que tras otra sonrisa cómplice, él le quito la remera a ella y admiro toda la belleza que le ofrecía esa mujer. La besó una y otra vez, la quería solo para él y jamás había sentido tanto deseo sobre un cuerpo femenino. Pero no solo era su cuerpo lo que lo ponía tan ardiente, era todo ella, sus ojos, su modo de caminar, el modo en el que le hablaba, todo en ella lo tenía abrumado, desde aquel incidente donde la conoció. Bulma sentía que al fin había roto el hechizo que la dejaba afuera del deseo masculino. Comenzó a entregarse a sus besos, a sus caricias y no hacía más que acariciar con fuerza la espalda de él y su cabello. Vegeta decidió tomar aire y quitarse los zapatos, dejándola tendida. Luego le quitó el calzado a ella y la puso boca abajo, quería recorrer su espalda, así que comenzó a acariciarla y besarla con lujuria por toda la espalda y cuando subió al cuello de ella pudo oír que ella gemía con sus besos así que la forzó a girar su cuello y la beso con pasión, no deseaba perder ese fuego. Tras el beso apasionado ella arqueo su cuerpo y elevo sus caderas, Vegeta vio la redondez de su trasero así que no dudo en quitarle la calza y la observo embelesado nuevamente. Ella era un ángel azul y blanco que le pedía a grito que la hiciera suya. Beso sus nalgas sin quitarle la prenda de ropa interior que aún Bulma conservaba y se quitó el pantalón. Ella se giró y se sentó en el sofá, tras mirarlo un momento tomó la mano de él y lo llevó a su dormitorio sin resistencias. Quería que la besara, la mimara y la complaciera sobre la cama. Deseaba besarlo y lamerlo sin reparos y sin obstáculos, así que una vez adentro, lo sentó en su cama y se arrodilló frente a él pero no la dejó y tras tomarla la lanzó en la cama y comenzó a besarla sobre la braga. Bulma sintió delicioso y enceguecedor que él la tomara y la besara con tanta sabiduría. Luego él corrió la prenda y comenzó a besarla, a succionar y a penetrarla con la lengua. Bulma no aguantaba tanto placer y comenzó a gemir hasta no aguantar más y romper en un orgasmo vibrante. Vegeta se quitó el bóxer, se colocó un condón y se montó sobre ella apenas penetrándola y una vez que comenzó a besar el cuello de ella comenzó a embestirla. Ella era perfecta, hermosa, suave, ardiente. Sus besos bajaron a sus pechos y sin dejar de embestirla fue recorriendo su cuerpo con sus manos, sus labios, toda ella le pertenecía. Bulma no aguantaba tanta atención y no podía dejar de jadear y gemir. Logro tomarlo del rostro y besarlo con pasión para luego devolverle esas atenciones, besando el mentón de su amante, delineando con besos su cuello y luego su pecho. Vegeta se dejaba manipular si dejar de embestirla hasta q no pudo más y se tiró así atrás y sin dejar de penetrarla tomó las piernas de ellas y las colocó juntas en su hombre izquierdo. Tenía una vista privilegiada de esa mujer, del vaivén de sus pechos, pero estaba lejos y quería más así que bajó las piernas de ellas hacía la derecha y dejándola perpendicular a su pelvis, bajó y la beso cuanto pudo sin dejar de moverse. El calor aumentó y las sensaciones físicas daban aviso de que llegarían al clímax, así que se desprendió de ella y la puso boca abajo. Bulma estaba totalmente entregada y nuevamente elevó su cola a él. Vegeta se recostó sobre ella sin penetrarla, pasando su virilidad entre los muslos que le ofrecía, besándola. Ella se arqueaba cada vez más, deseaba que la hiciera suya otra vez. Tras unos cuando besos, él no se aguantó y tomó entre sus manos las caderas de ella para elevarla y dejarla arrodillada. Comenzó a embestirla y Bulma solo gemía más y más, verla en esa sumisión lo estaba volviendo loco y sintió que no era momento de contenerse. Una y otra vez Vegeta recorrió el cuerpo de Bulma, sentía que no podía dejarla y ella se entregaba sin reparos. Pasada las doce de la noche la abrazó con fuerza y buscó recomponer su respiración. No quería abrir los ojos, había sido una experiencia deliciosa y deseaba tenerla grabada a fuego en su mente. Ella comenzó a querer liberarse de él y cuando lo logró, tomó las sábanas y cubrió a ambos con ellas, volviendo a buscar refugio en los brazos de su jefe. Él la recibió con gusto y la abrazó fuerte contra su pecho. Bulma sentía la fuerza de él y tras moverse un poco logró que el aflojara sus brazos. Amaneció cuando él saltó de la cama. Eran las seis de la mañana y Vegeta intentaba vestirse en silencio. Ella encendió la luz y tomó un camisón corto de raso con el cual se cubrió. Se acercó a él pero con una maniobra evasiva Vegeta fue a la sala, comprendiendo la distancia lo dejó ir sin reprochar.

-¿Deseas bañarte antes de irte?- preguntó la peliazul que buscaba toallas en el armario.

-No, gracias. Ya pasé al baño mientras dormías pero deseo ir a mi casa a bañarme y cambiarme. Tampoco creo que sea prudente que lleguemos juntos a la oficina- agregó mientras se ajustaba los cordones de los zapatos.

- Está bien, nos vemos allá- respondió Bulma con serenidad y lo acompañó a salir. Cuando llegó a la puerta no sabía cómo saludarlo, a lo que él le plantó un beso en la mejilla y se fue. Minutos más tarde sonó el timbre, era Vegeta que le pedía que destrabara la puerta del edificio y se fue.

Ocho menos diez de la mañana una Bulma radiante iba cruzando la Gerencia en dirección a la Presidencia, con un café en la mano. Había dejado a sus amigas en el baño de mujeres del piso e ingresó a la oficina, y como no lo vio, fue a su despacho y comenzó a redactar el informe que debería presentarle a su jefe. Por momento sonreía pero buscaba estar seria, nadie debía saber que había sucedido. Cerca del mediodía Bulma seguía enredada en la confección del informe porque notó que se le habían traspapelado algunos datos. Estaba volviéndose loca con los datos faltantes, no podía demostrar ineficacia, y mucho menos luego de haber vivido una noche de tanta pasión con su jefe.

-Hola, ¿Sabes dónde está Vegeta?- una hermosa mujer interrumpía en el despacho asustando a Bulma.

- ¿Eh? ¿Ah? Hola... No, no sé donde se encuentra el Sr Ouji- respondió sobresaltada Bulma y al mirar con atención a la chica su pecho se estremeció y concluyó- Eres Mai, verdad?

-¡Si! Mi nombre es Mai Pilaf- sonrió la morena y se acercó a la peliazul para extenderle la mano derecha –Disculpa mi falta de memoria, ¿Nos conocemos?

-No, no nos conocemos. Mi nombre es Bulma Brief y trabajo para el Sr Ouji hace un poco más de un mes – y tratando de disimular los nervios agrego- ¿Lo buscas para almorzar? Aún no oí que haya llegado.

-Ok, lo esperaré en la oficina- y una vez en la puerta volvió a mirar a la peliazul con extrañeza y agregó- Un placer conocerte Bulma Brief.

Bulma la observó con detenimiento y supo porque le parecía familiar, esa chica salía en publicidades gráficas de ropa femenina, incluyendo lencería femenina y perfumes importados. Se levantó y la alcanzó.

-Disculpe Señorita Pilaf, ¿Usted es modelo internacional?- preguntó con curiosidad

Mai se giró y sonrió para luego afirmar con la cabeza. Bulma se acercó y nuevamente le extendió la mano derecha.

-Disculpe Señorita…-

-Mai, dime Mai- interrumpió la morena.

-Está bien, Mai, el placer es mío- Bulma sonrió y se excusó- Pasa que estaba muy concentrada en mi labor, disculpe si fui descortés con usted.

-No te preocupes, esperaré a Vegeta acá- dijo sentándose en el sillón y con un tonó burlón concluyó- Debo pensar muy bien que le diré cuando llegue. ¡Cómo se atreve a no contarme que tiene una asistente tan bonita!- y guiñó un ojo a Bulma. La peliazul no supo si fue un simple cumplido o si realmente sospechaba de que algo sucedía entre ella y Vegeta. Tras una pequeña reverencia a modo de disculpas, la peliazul volvió al despacho.

¡Por Dios! Debía terminar ese informe en ese mismo instante para así poder irse a almorzar. Saber que la prometida de su jefe estaba ahí la incomodaba mucho, en especial, por haber disfrutado de él sin su consentimiento. Esa reflexión le hizo gracia y continuó con el informe hasta que la voz de Vegeta la sobresaltó.

-¡Bulma! ¿Dónde está el informe? Debería estar listo en mi escritorio desde hoy temprano – la regañó Vegeta quien tenía a su novia colgando de su cuello como un niño que lleva tiempo sin ver a su padre.

-¡No la regañes! La asustas- intervino Mai antes de que Bulma llegara a pronunciar una disculpa. Vegeta miro a su novia con severidad pero ella no le prestó atención.

-Si, disculpe Sr Ouji, es que perdí unos datos pero ya los recuperé, en unos minutos estará sobre su escritorio – respondió Bulma abrumada y tratando de justificar su torpeza.

-Bulma, en una hora a más tardar sobre mi escritorio- sentenció Vegeta.

- ¡Oye! No la regañes- repitió Mai y mientras cruzaba la oficina de su novio agregó- ¿Por qué no me contaste que tenías una asistente tan linda?-

-Hace poco que trabaja acá y conmigo unos días, no llegué a contarte Cariño, es todo- respondió Vegeta y Bulma ya no pudo oír más porque habían abandonado la oficina.

La peliazul deseaba concentrarse pero no podía, la situación fue por un momento asfixiante, pero luego recordó que su jefe era conocido por Casanova así que sabría manejar la situación con habilidad. Pero lo que si era cierto era que ella no estaba completando en el tiempo estipulado el informe y no había revolcón que justificara su irresponsabilidad laboral. Puso todas sus energías en eso y veinte minutos más tarde estaba listo para ser impreso. Dejó la carpeta de modo prolijo en el escritorio de su jefe con la leyenda de "Libro contable rojo" y se fue a buscar a sus compañeras para almorzar. Luego de conocer a Mai, necesitaba aire fresco.

Continuará…

Yani34: ¡A qué te sorprendí! Ayer escribiste porque actualice pronto y hoy te tengo el nuevo capítulo. De todos modos no te ilusiones con que actualizaré cada vez que me lo pidas, pero trataré de que sea cada 15 días. Espero esta nueva entrega sea de tu agrado.

BunnyBall: ¡Deja de sufrir! Acá está el lemon que te prometí y si, lo siento mucho por tu conciencia pero acá habrá infidelidad, es un mundo adulto y tú conoces demasiado bien a "La Bulmis" como para pensar en ella con tanta pureza.

A Los Anónimos: Agradecida también a los que me dejaron un reviews sin identificación apoyando mi historia. Gracias, gracias, gracias.

A Todos: Cada reviews y cada follows que recibo es una gratificación más que alimenta mis ganas de seguir escribiendo y releyendo cada capítulo antes de publicar para tratar de complacerlos. Gracias por realizar estas acciones, no se imaginan la satisfacción que generan. K!