Capitulo 5: El novio

Bulma salía abrumada del trabajo, esos encuentros furtivos con su jefe eran arrasadores más que nada mentalmente. Cuando salió del edificio y en la acera vio una figura que le pareció conocida, era Yamcha que la esperaba apoyado en uno de los enormes maseteros que decoraban la vereda. Su corazón saltó por las sensaciones de culpa y de sorpresa, su novio había decidido irla a buscar luego de pasar varios días sin verse. El gesto realmente le pareció encantador y sin dudarlo fue directo a él a saludarlo.

La esperaba con la sencillez que lo caracterizaba pero su porte y el ancho de su espalda era algo que no pasaba desapercibido. Ese mecánico que adoraba cuidar su cuerpo generaba la admiración de las féminas que pasaban a su lado admirándolo en silencio y sin disimular.

-¡Bulma! – la llamó alzando la mano, buscando acercarse a ella con una enorme sonrisa al reconocerla entre la multitud y Bulma no se resistió y saltó a colgarse del cuello del muchacho. Tras abrazarlo temió que él reconociera en ella algún perfume masculino que delatara su infidelidad pero Yamcha no hizo alusión a nada, por lo que consideró que tal vez lograría sobrevivir de ser descubierta.

-¡Yam! ¡Qué lindo es verte acá!- Bulma fue directo a besarlo y abrazarlo- Dime, ¿Qué te trae hasta acá? ¿Pasó algo?- se reformuló la peliazul frente a la nueva actitud de su novio.

-Te extrañaba y además necesitaba contarte que el sábado me iré de viaje con el equipo de competición al Desierto del Lobo- respondió mientras la tomaba de la mano y comenzaban juntos a caminar.

-¿Trajiste la camioneta Yamcha? Yo tengo mi auto acá a la vuelta.- señaló la peliazul.

-En realidad estoy de paso Bulma, vine por unos repuestos a esta zona y viendo la hora que era, pensé que quizás te iba a encontrar. –respondió el joven con timidez. Bulma suspiró y dejando de caminar se detuvo a pensar.

- Yamcha ¿Y si vamos a tomar un café?- y sin darle oportunidad a responder insistió-¡Dale!- mientras daba tirones del brazo de su novio buscando cruzar la calle. Él accedió y nuevamente una sonrisa invadió su rostro cansado.

Tenerlo de frente en el café recordó lo mucho que ese hombre había logrado encantar su corazón con la sencillez que tanto lo caracterizaba. Un joven guapo lleno de humildad que trabajaba en una tarea pesada que adoraba. Mientras hablaban sintió la necesitaba de reconquistarlo, volver a tenerlo con ella para que volviera a amarla y cuidarla como al principio de la relación.

-¡Yamcha!- interrumpió Bulma súbitamente- Llévame a la competición en el desierto- propuso con total entusiasmo.

-Bul…Bul…Bulma ¿Estás segura?- totalmente extrañado y con semblante serio- Estaremos todo el día metidos en el armado del auto, llenos de tierra y ganar esta competencia es muy importante para el equipo- agregó frunciendo el seño - Yo soy el jefe de mecánicos, no tendré mucho tiempo disponible y el lugar es espantoso.

-Prometo no molestar- declaró con un tono sereno- Es que, no nos vemos mucho y me encantaría poder acompañarte- y subiendo el tono por el entusiasmo- Tendríamos un amorío en el desierto- completó guiñándole un ojo con complicidad.

El muchacho rompió en una carcajada seca y tras estirar los brazos sobre la mesa para tomar las manos de su novia respondió:

-Tenemos que salir el viernes en la noche. Para asegurarme que estarás listas, mañana vendré a buscarte y te llevaré a tu casa y saldremos de ahí en mi camioneta- concluyo gentilmente. Después de todo, se veían poco desde que Bulma había conseguido el nuevo trabajo y aunque eso prometía mejorar la situación económica de su novia, sintió que ella estaba en lo cierto, ambos se merecían una oportunidad.

-¡Genial!- festejo la peliazul - ¡Oh Cariño! Eres el mejor- y apretó las manos del chico que por un momento tuvo una expresión de dudar que fuese una buena idea. Tras pasar unos minutos, ambos se despedían con un beso sencillo en la puerta de la cafetería.

Bulma llegó a su casa entusiasmada, debía reconquistar a Yamcha porque era algo que realmente deseaba, y sentía que de ese modo podría ponerle un límite a su jefe que se estaba volviendo un sátiro en tan solo 48 horas. Felicidad es lo que sentía y mientras se iba quitando la ropa ya iba eligiendo prendas y elementos de higiene que iba lanzando sobre su cama. Tal era el entusiasmo que no sabía si se meterse primero a darse una ducha o lanzar el bolso en la cama para armarlo por lo que optó por lanzar el bolso sobre la cama y luego lanzarse ella bajo el agua caliente que ya corría.

Se acostó muy tarde esa noche porque la indecisión de ver que llevar y que no por dos días de tránsito por el desierto la llevaron a reformular varias veces el equipaje. Lo primero que lanzó fue ropa interior de encaje, iba a reconquistarlo a lo que diera lugar. Pantalones vaqueros y calzado deportivo fueron como una santa revelación porque adoraba vestir cómoda y relajada.

Durmió profundo y soñó que Yamcha no la llevaba a la competencia dejándola en la ciudad. Despertó súbitamente pero solo había sido un mal sueño, aun era viernes y el despertador que sonaba indicaba que era hora de comenzar el día. Antes de salir verificó que todo estuviese ordenado, el bolso a mano y completo. Feliz de emprender un fin de semana con su novio, aunque se tratarse de estar rodeada de gente que poco conocía, la emocionaba de todas maneras.

Llegó a la empresa y como obligaba su ritual mañanero fue a reunirse con las chicas frente a la máquina de café para saludarse.

-¡Chicas! ¡Chicas! Ayer vino Yamcha a buscarme- fue lo primero que dijo Bulma al encontrar a Maron y Fasha hablando en un rincón y que acababan de llegar.

-¡Ahhh! ¡Qué tierno Bulma! Me encanta que él haya decidido venir por ti- festejó Maron. Fasha solo sonrió en aprobación, deseaba que su amiga no cometiera sus errores.

Entró como todas las mañanas a la Presidencia a recomenzar un nuevo libro y como todas las mañanas su jefe no estaba en la oficina, algo que la aliviaba. El mediodía no se hizo esperar y Fasha fue a su encuentro para recordarle que era hora de almorzar y al regresar continuó con su labor. La tarde transcurrió tan tranquila como la mañana y cuando recibió un mensaje de su novio de que estaba por llegar, Bulma considero que era momento de guardar todo para retirarse, de última, el lunes se quedaría hasta más tarde para avanzar un poco más.

Salió casi corriendo saludando de apuro a Fasha que le levantó el pulgar al salir en señal de buena suerte. Y salió del edificio y ahí estaba Yamcha, esperándola en el mismo masetero en el que lo encontró el día anterior. Cuando estaba a punto de colgarse de su cuello para saludarlo una voz femenina la interrumpió.

-¡Pero qué hombre más guapo me he encontrado!- intervino Mai que tironeaba del brazo de un amargado Vegeta que mostraba clara expresión de no querer intervenir- Veo que tienes buen gusto aunque él necesita un guardarropas nuevo-agrego son sorna. Bulma se quedó helada y Yamcha solo pudo llevarse una mano a la nuca y reír.

-Oye Bulma, ¿No piensas presentármelo?- continuó la modelo con total descaro.

-Ya déjalos- fue la tajante intervención de Vegeta.

-Vamos Cariño, ¿Acaso no quieres saber quién es el afortunado con el que compartes a tu asistente?- completo con total impunidad la modelo y ese comentario enfureció a la peliazul.

-¿Compartir? Disculpa Mai mi falta de cortesía pero cuando estoy con mi novio no suelo tener ojos para ver a otros hombres ni aunque me empujen- agregó con total sarcasmo y abrazando a su novio continuó- Aun así te presentaré. Mai Pilaf, Vegeta Ouji, él es Yamcha Okami, mi novio- y con un tono totalmente encantado prosiguió- Cariño, el Sr Ouji es mi jefe y esta preciosura es su novia- deseaba decir idiota pero no iba a rebajarse a la altura de la huesuda.

-Un gusto- respondió Yamcha incomodo ofreciendo su mano derecha para saludar con un apretón de manos pero ambos lo ignoraron.

-Un gusto- sonrió de lado Vegeta y automáticamente apretó los dientes como quien traga con dificultad. Mai solo sonrió con desparpajo y fue Vegeta quien la jaló del brazo para abandonar la ridícula escena, no le gustó el accionar de su pareja y menos que menos tener que saludar al novio de su asistente.

-¡Mai!-intervino Bulma al ver que se retiraban- ¿Tu acostumbras a compartirte entre las personas que te rodean mezclando lo labor con tu vida personal? La verdad que cada día me sorprendes más- atacó la peliazul con un tono de voz disfrazado de inocencia. Vegeta sonrió de lado tras el modo en que la peliazul trataba a su entrometida novia.

-No comprendo- respondió Mai haciéndose la desentendida y girando para mirarla nuevamente mientras caminaba del brazo de su prometido.

-Acabas de decir que el Sr Ouji, tu prometido, me comparte con mi novio- y tras guiñarle el ojo agregó- No imaginé que fueses tan picarona- Mai sintió que la cólera la invadía al ver que esa chica siempre tenía respuestas aun más ofensivas a sus continuos ataques para resguardar su relación. Vegeta ya veía lo que podía suceder a lo que volvió a jalar del brazo a la morena.

-Sigues haciéndome pasar el ridículo y no tendré más remedio que ponerme del lado de mi asistente-gruñó al oído de la modelo. Mai tiró del brazo para que Vegeta aflojara el agarré y respondió con total naturalidad e inocencia:
-¡Ay! ¡Pero qué tonta que fui para expresarme!-se excuso y agregó- El asunto de la Boda me tiene medio boba. ¡Chau-chau!-finalizó haciendo un saludo ridículo con la mano libre y siguió caminando del brazo de su prometido al interior del edificio.

-¡Qué simpática chica! ¿Es la modelo?-rompió el silencio Yamcha que no dejaba de mirar el ir de la morena. Bulma le dio un codazo en señal de mal comportamiento.

-¡Si! Y es tan idiota como famosa- refunfuñó la peliazul.

-A mi me pareció simpática- agregó el joven que ya caminaba hacía camioneta con su novia del brazo mientras se llevaba la mano libre a la nuca.

-¡Ay Yamcha! Algunas veces pienso que debiste dedicarte al modelaje en vez de a la mecánica- siguió gruñendo Bulma.

El recorrido nocturno fue largo. Primero fuero a la casa de Bulma donde la peliazul se dio una ducha exprés y tras vestirse cómodamente tomó el bolso y marcharon con su novio al taller mecánico. Una vez ahí se unieron al resto del equipo para salir en caravana no sin antes enganchar la casa rodante a la camioneta de Yamcha. Viajaron casi toda la noche, aun las estrellas habitaban el firmamento cuando comenzaron a desplegar el campamento en el punto de competición.

Algunos equipos llegaban con ellos, otros ya estaban establecidos del día anterior. El ambiente era totalmente cordial y austero. Bulma, junto con otras chicas que viajaban con el equipo prepararon café para todos e iban ordenando las comodidades de los remolques, se ayudaban entre sí. Tanto compañerismo y distensión la abstrajeron de la rutina convirtiendo la cansada jornada de viaje en una reconfortante experiencia. Ya como a las siete de la mañana Bulma fue a dormir a la casa rodante de Yamcha porque lo necesitaba y además solo interferiría en la labor de pruebas del equipo. Durmió tan profundo que Yamcha debió zamarrearla varias veces para que reaccionara. Eran las dos de la tarde y la llamaba para que se una al almuerzo junto con el resto del equipo.

-¿Eh?... ¡Ah! ¡¿Qué pasó?!- se sobresalto la peliazul.

-Nada Bul, ya está lista la carne asada ¡Vamos! Hay que almorzar- respondió Yamcha con una sonrisa.

-¿Qué hora es?- preguntó para poder ubicarse en tiempo y espacio.

-Las dos de la tarde. Vamos que nos están esperando- insistió su novio.

El almuerzo fue agradable, divertido. Todos se llevaban muy bien, permitiendo que la peliazul se sumara al grupo. Los hombres festejaban y hacían bromas a Yamcha sobre lo bonita de su novia y el porqué la mantenía oculta. Las chicas súper gentiles, colaboraban con el orden y lavado de los trastos.

A la hora de hacer clasificar el auto, la peliazul se quedó en la gradas con el recto de las muchachas sin interferir en las decisiones que iba tomando el equipo de mecánicos con el piloto. Los resultados fueron los esperados y todos festejaban. El domingo la carrera sería temprano y ahora era momento de relajarse para estar al cien por ciento en la mañana.

Otra barbacoa y cuando Bulma sintió que Yamcha ya se había divertido lo suficiente lo llevo con ella al tráiler con la excusa de que debían descansar para el siguiente día. Rodeados de silbidos y gritos los despidieron sus compañeros al sospechar que irían a intimar al carro y no estaban equivocados, ella deseaba con todas sus fuerzas volver a seducir a su novio con sus encantos femeninos. La peliazul gruñía y tiraba de la camisa a cuadros de su novio al ingresar al tráiler en señal de deseo erótico.

-¿Así que ahora eres un motor?- interrogó cómicamente su prometido.

-¡No! Soy una felina- respondió Bulma frunciendo los labios en claro gesto de capricho y tirando aun más de la camisa de su novio para que bajara y así pudiese acercarse a su boca. Él jugaba a hacerse el desentendido y reía hasta que se dejó besar. La joven buscó besarlo apasionadamente pero él la alejo y comenzó a empujarla hacía la cama.

Cuando llegaron, ella lo giró y lo sentó para luego quitarle la camisa y sentársele encima. Tomó las manos de él y las colocó en sus glúteos y pasando sus manos por el torso de su novio comenzó a besarlo. Inmediatamente el muchacho reaccionó al cuerpo y estímulos recibido de la chica y comenzó a besarla y apretar contra su cadera. Toda su virilidad comenzaba a palpitar así que giro sobre sí mismo y coloco a Bulma sobre la cama y tratando de no dejar de besarla intentaba arrancarle la ropa a la novia. Bulma arqueó su cintura y se dejó desvestir.

Comenzó a besarla en el cuello, luego en los pechos y Bulma comenzó a gemir suavemente. Cuando la peliazul metió su mano en el pantalón de él para estimularlo Yamcha dejó de besarla y se sentó súbitamente, como si algo lo paralizara.

-¿Qué pasa?- preguntó preocupada.

-Es que no sé, no sé qué hacemos- se justificó. Ella ya no resistió el rechazo y se sentó con las piernas cruzadas en la cama mirándolo con total desconcierto.

-Bulma, nunca fuimos así- la miró con ojos de cachorro lastimado.

-¿Así cómo?- la muchacha no se lo creía, eran novios y habían intimado miles de veces y últimamente él la rechazaba una y otra vez- Dime la verdad ¿Me estás engañando? Porque no encuentro respuesta a que no quieras que yo te toque.

-No Linda, es que jamás te vi tan deseosa- volvió a justificarse- Tanto tiempo hablando de que las mujeres no deben ser tomadas como objeto que ya no sé como tratarte.

-¡Yamcha! Eso lo decía porque mi antiguo jefe era un depravado que no dejaba de decirme obscenidades- rápidamente la invadió la culpa porque ella le era infiel con su nuevo jefe pero se rearmó y volvió a reformularse frente a la situación se repetía nuevamente con su pareja- ¿Acaso ya no te atraigo?- ¡Yamcha! ¡Necesito que me demuestres que aun te gusto!- exigió en un grito ahogado.

-¿Cómo no me vas a gustar si eres hermosa?- insistió él con una mirada llena de ternura.

-Entonces deja de ser ese chico dulce y tierno- y tras tomarlo del rostro con ambas manos lo beso y separándose apenas del rostro de él le exigió- Y conviértete en un lobo feroz porque ésta chica merece que la atiendan- y volvió a besarlo con pasión.

Yamcha no se resistió, su novia era bonita y aunque conocía su cuerpo de memoria no se resistió a la idea de dejarse llevar. Tanto esforzarse por no defraudarla y apoyarla, tanto trabajar en paralelo con su taller mecánico y el proyecto de la carrera habían hecho de él un hombre sin lívido. Sin pensarlo más se lanzó sobre la peliazul y comenzó a besarla y poco a poco se entrego al deseo de hacerla suya.

Amanecieron abrazados, con el dulce sabor de un amor correspondido. La noche no fue la más apasionada de su noviazgo debido al cansancio de la competencia pero los reconfortaba por completo, sintiendo la certeza de que la atracción seguía viva entre ellos. Como estaban acostumbrados a convivir, los turnos para ducharse no fue un problema y salieron a recibir el día junto con el resto del equipo que los esperaba para desayunar.

La sonrisa legítima en el rostro de ambos dio a entender al resto del grupo que había tenido una noche apasionada. Todos sabían lo arduo que trabajaba Yamcha, que las cosas en la pareja estaban estancadas llevándolo a centrarse más en sus labor de mecánico. Fue revelador y encantador verlos tan unidos, tan amoroso en públicos, algo que casi nunca mostraban.

La competencia sería en el mediodía así que todos los hombres se dedicaron a ultimar los detalles con el corredor y el auto. Las muchachas dejaron a los varones completar la labor que los había trasladado al desierto y cuando comenzó la competencia alentaron el equipo desde las gradas. El auto llegó en quinto lugar y eso era algo extraordinario para un equipo que apenas se lanzaba a ser profesionales. Si todo seguía de ese modo muy pronto lograrían un sponsor que solventara su participación y las ganancias superarían las pérdidas que afrontaban frente al colosal emprendimiento. Festejaron todos juntos y antes de partir Yamcha sintió deseos de volver a explorar la piel de su novia.

La pareja se redescubría animosamente frente a la euforia de que ver que las cosas resultaban como se habían planeado. Volvieron al remolque y se entregaron sin reservas. Bulma se sentía amada, deseada y por sobre todo, valorada. Las experiencias con Yamcha no eran tan desenfrenadas como las que vivió con su jefe. La ternura y las pausas con risas cómplices caracterizaban sus encuentros, aun así sentía que podía vivir una vida entera con ese amor que la colmaba. Ya encontraría el modo de hacer que su pareja la hiciese vibrar como su experimentado jefe.


En la ciudad las cosas eran diferentes, Mai y Vegeta vivían la típica vida de la gente exclusiva haciendo sociales en lugares costosos y de moda. Lo cierto es que el moreno ya no toleraba tanto ruido y tanta explosión de color con fondos de paredes negras y luces parpadeantes. Todo eso lo hartaba, ya no le generaban la adrenalina de años atrás pero su novia insistía en que debía presentarse, los paparazzi esperaban en lugares así a las parejas famosas y prometedoras mostrándose felices.

Sencillamente se sentó en un rincón de la zona VIP y trataba de encontrarle el sentido o la gracia, si es que lo tenía, a las tácticas de apareamiento que se recreaban frente a él. Observaba con curiosidad las actitudes de los jóvenes que se mostraban sin reservas al resto de los presentes, buscando la excitación sexual sin elegancia ni decoro. Se sintió viejo y desencajado cuando la frase de "En mi época yo no hubiera hecho eso" resonó en su mente.

Miró hacía todos lados y no podía encontrar a la incordiosa de su novia que se había alejado de su lado con el pretexto de ir a bailar con sus amigas, otra frase estúpida para él ya que jamás vio que Mai conservara amistades por largo tiempo. Sin otra motivación que la de salir de ese repugnante lugar, Vegeta ubicó a su pareja desde el balcón del VIP y una vez que la visualizó bajó las escaleras y mientras trataba de quitarse a las mujeres que lo tocaban indecorosamente para invitarlo a bailar, tomó a su novia y tras arrastrarla fuera de la pista sin escalas, la sacó del local.

-¡No seas bruto! ¡Sueltame!- grito la morena buscando zafar su brazo del agarre de Vegeta. Él le clavó la mirada y tras observarla con dureza siguió tironeando de ella hacía el auto.

-¡Qué me sueltes! ¡Pareces un maldito animal!- volvió a vociferar la modelo.

-¡A mi no me dices que parezco un animal cuando te desenvuelves como una hembra en celos!- apeló Vegeta quitando el cierre centralizado de su auto importado. Mai no dijo nada más, cuando él se alteraba lo mejor era llamarse al silencio y así se mantuvo hasta que llegó a su casa. Al bajar solo beso en la mejilla a su enrabietado novio y entró al edificio donde ella tenía su departamento.

Vegeta sentía que le hervía la sangre, el asunto del casamiento con Mai lo estaba empezando a hartar. Cuando su padre le pidió que asentara cabeza y se hiciera cargo de la empresa, el hecho de prometer casarse con la joven modelo parecía un buen respaldo para demostrar integridad y confianza, pero con el pasar del tiempo la chica era alguien a quien ya no toleraba. Pero había dado su palabra y las confirmó frente al ataúd de su antecesor. La chica viajaba mucho alejándose de su entorno bastante, hasta tal vez lograba eludirla de tener hijos. Solo eso lo mantenía con la idea de que resultaba ser una buena pretendiente para casarse.

El lunes a la mañana no tenía deseos de entrenar, tampoco tenía reuniones esa mañana por lo que se levantó sin prisa. Al caminar por el pasillo de su casa observó la katana que le había regalado su padre cuando lo puso a cargo de la empresa. Casi no había adornos o fotos en el departamento de Vegeta, detestaba el desorden y muchas cosas sueltas para él representaba desorden. Pero esa katana representaba la fuerza y determinación que él prometió tener cuando tomo el lugar de su padre. Sostuvo sus ojos en ella unos segundos y concluyó que era mejor casarse con Mai aunque ciertos destellos azules rondaran en su mente. Una vez que tomaba una decisión, se mantenía fuerte frente a ella. Soy un Ouji, reflexionó.


Bulma amaneció radiante en su departamento. No había pasado la noche con Yamcha pero eso no cambiaba la felicidad de saber que las cosas empezaban a encaminarse. Al ver su celular descubrió un mensaje de su novio donde le deseaba buenos días. Sintió que nada podía ser más poderoso que el amor verdadero. Tras mirarse por última vez en el espejo antes de salir hacía el trabajo comprendió que ya no necesitaba de las atenciones de su jefe, Fasha había dado en clavo con esa reflexión. A partir de ese día trataría de ponerlo a raya a como diera lugar y se sentía tan segura de lograrlo que entró a la oficina con determinación y la frente en alto, pero su jefe no estaba ahí. Rió por dentro por tener una reacción tan desafiante y sin necesidad, se sintió niña por un momento y tras tomar asiento en el despacho se abstrajo del mundo en su labor.

Vegeta ingresó a la empresa entrada la mañana. Los pasillos le parecían bulliciosos y hasta exageradamente transitados. El malhumor se acumulaba en lugar de diluirse. El sábado había dejado a su novia y ya no busco encontrarla, extrañamente, ella tampoco y eso significaba una sola cosa: Lo interrumpiría en las horas de trabajo. Ingreso a su oficina sin saludar ni a un solo integrante de la Gerencia.

La puerta del despacho estaba abierta, el resplandor de luz que de ahí se emitía lo testimoniaba. Se asomó y efectivamente su asistente estaba trabajando. Una mezcla de odio y frustración lo invadieron al recordarla con el joven apuesto al que presentó como su prometido y más aumentaba su rabia al pensar que Mai interrumpiría en su oficina.

Salió decidido a buscar a Fasha a su escritorio y una vez ahí le informó que Bulma sería traslada como personal efectivo del Departamento de Riesgos y que debía cederle parte del escritorio porque a partir de ese día trabajarían juntas en la Gerencia. Fasha lo miró atónita, no sabía bien porque su jefe actuaba de ese modo pero sin titubear se puso a reordenar sus cosas en el escritorio que era amplio y con un poco de orden ambas podrían usar.

-Bulma, junta tus cosas, te traslado a Gerencia- fue la orden de Vegeta casi en un rugido que desestabilizó a la peliazul que estaba ensimismada en su labor. Para cuando logro reaccionar y mirar hacía la entrada, su jefe ya no estaba ahí. Tomó sus cosas con duda y se lo quedo mirando desde el marco de la puerta. Vegeta estaba sentado en su escritorio con el ceño fruncido, con tal presión que parecía que le explotaría la cara. La joven no entendía porque el súbito cambio pero sintió que podía haber sido una petición directa de Mai que tenía un claro y certero rechazo hacía ella.

-¿A dónde me presento?- preguntó Bulma una vez que juntó fuerzas para hablar.

-Al escritorio de Fasha – y sin levantar la mirada de una de las carpetas que revisaba agrego con total dureza- Varios empleados comparten escritorio.

Si, muchos en Gerencia compartían escritorio, Fasha era de las pocas que no lo hacía. La peliazul cruzó la enorme oficina en silencio sin saber muy bien porque esa nueva actitud de su jefe. En lugar de sentirse aliviada se sintió rechazada. Estar en un lugar rodeada de personas bajaba las posibilidades de ser abordada por él. Nuevamente se sentía estúpida y caprichosa. Buscó arrancarse ese pensamiento recordando que las cosas con su novio iban bien y por eso no necesitaba más de las atenciones especiales del Sr Ouji. Intentó pero una leve pesadez invadía su espíritu. Sabía a ciencia a cierta que ella deseaba tener al menos otro encuentro con su jefe, deseaba que él la dominara. El objetivo de rechazarlo por la mañana era un deseo interno de provocarlo, por eso se sentía rechazada en lugar de aliviada.

Continuará...

Cuantos reviews y suscriptores! Esto es felicidad absoluta :D
Especialmente gracias a Celestia Carito, Johaaceve, Rafan Fan, Juniver, Soy Hina, Juanitasadana, Jenny070891. A todas les cuento que trato de actualizar cada 15 días pero prometo en una semana dar el próximo capitulo. Esta entrega fue algo tranquila pero creo que aclara muchas cosas. Ranfan Fan, en cuanto a tu inquiedtud es que si, tenía pensado algo como lo propones para Mai pero como yo también amo mucho a Maron, puede que también. Gracias por sugerirlo. Disculpen la demora y las faltas gramaticales, lo cierto es que mi vida diaria me arrastra como en un huracán y estoy teniendo poco tiempo para las cosas que más disfruto.

Ina Minina: Toda mi gratitud por responder a mi PM. La verdad es que me llena de felicidad tu aprobación y tu apoyo. Acá hay mucho por contar y pronto complicaré la historia. Gracias por continuar tus historias. Ya te seguiré contando que dicen tus fans xD (PD: Gracias, gracias, gracias! . )

Bunny Ball: Espero te guste. Creo que mi regalo ya no es tan loco como te prometí. Aún así trataré de complacerte.

Lectores anónimos: Espero que esto sea de gran agrado. Nada reconforta más que encontrar un fic que nos llena el alma, nos moviliza y nos transporta por mundo llenos emociones. Un placer que ocupen su tiempo leyendo mi historia. ¡Gracias, les dejo miles de abrazos a todos! K!