Lamento la tardanza de la actualización. Estaba pasando por un momento personal algo conflictivo lo que también dañaba mi inspiración llevando la historia por un camino que no era el pensado originalmente. Preferí tomarme un respiro y estar lo suficientemente bien para redactar lo planificado. Espero lo disfruten, hay lemon! :D
Capitulo 9: Puerto Azul
Despertó y la leve luz que ingresaba por la ventana le permitió ver que ella dormía a su lado boca arriba totalmente desorganizada. Llevaba una pierna estirada y la otra flexionada y uno de sus brazos flexionado sobre la cabeza. Su propia mano, masculina e inconsciente, reposaba sobre el relajado brazo de ella y comprendió que la joven no se aferraba a él como esperaba. Todo su perfil se le antojaba caprichosamente hermoso, desde las cejas hasta el delgado mentón femenino sin obviar sus carnosos labios y su respingada nariz. En la penumbra no se podía apreciar la claridad de su piel pero no necesitaba de luz para recordar lo atractiva que era.
Mentalmente evocó el mail que leyó el día anterior y su ceño se ajustó mucho más, las preocupaciones de la empresa no lo abandonaban. Meditó sus responsabilidades y preocupaciones y recordó su propia boda que le generaba una tremenda sensación de ahogo. Necesitaba quitarse la tensión así que miró por última vez a su asistente que dormía tranquila, salió de la cama para vestirse y abandonó la habitación en dirección al gimnasio del edificio. Bajó a seguridad y pidió las llaves del recinto, eran las 05 de la mañana y dudaba que alguien estuviese entrenando a esa hora.
Giró en la cama y al estirar el brazo no sintió a nadie a su lado y la ausencia la despertó. Miró a su alrededor y no divisó la presencia de su jefe. La luz del baño y la del vestidor estaban apagadas como las luces de la sala. Extrañada se levantó para buscarlo dentro del apartamento pero no lo encontró. Al ver que eran las 05:40 de la madrugada se volvió a recostar algo confundida.
No lograba conciliar el sueño y el reloj ya marcaba más de las 06 de la mañana cuando aún Vegeta no regresaba. Decidida tomó su celular y le envió un mensaje pero la frustración llegó cuando oyó vibrar el dispositivo en la sala. Se había ido sin avisar dejando el maldito teléfono sobre la mesa. Una mezcla de temor y ansiedad la invadieron por lo que optó por taparse hasta la cabeza y ver si lograba dormirse. Era seguro que ella pensara que algo terrible le paso y que en realidad hubiera salido a correr o algo así. Resignada cerró los ojos cuando oyó el picaporte de la puerta de ingreso. Sin mover un ápice de su cuerpo esperó impaciente bajo las sábanas y se relajó con un suspiro cuando lo vio ingresar al dormitorio. Su jefe oyó el suspiro pero sin darle importancia ingresó al baño.
La joven se sentó en la cama meditando que le diría. Se sentía estúpida reflexionando sobre el supuesto abandono pero lo cierto era que se había sentido indefensa frente el descubrimiento de haberse quedado sola. Al salir del baño, Vegeta solo llevaba un toallón y se petrificó afinando la mirada sobre ella, era obvio que estaba enojada, no por nada se había sentado contra el respaldo de la cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Bulma percibió que la miraba y le clavó su mirada más asesina, él no se inmutó.
-¿Vas a hablar o siempre despiertas de malhumor?- escupió con sarcasmo su jefe sin dejar de mirarla. Ella hizo una mueca de asco.
-¡Buenos días!- vociferó la joven sin descruzar los brazos- ¿Cómo descansaste? ¿Dormiste bien? No te preocupes, voy a tal lado- continuó con sarcasmo y sin bajar el tono de voz.
-¿Acaso eres mi madre que debo decirte a dónde voy?- le respondió con una media sonrisa y una alta carga de sarcasmo.
-¡No! – gritó y tras bajar la mirada y el tono de voz agregó- Fue horrible despertar y ver que estaba sola en el apartamento- elevó los ojos al moreno y con una mirada vidriada llena de incertidumbres siguió- Me dio mucho miedo no encontrarte y cuando me acosté sentí la puerta y no sabía si eras tú o alguien más- Él no dejaba de mirarla con los ojos semi cerrados y el ceño fruncido.
Vegeta no se movió hasta pasados unos segundos. Abrió un cajón del chifonier y sin resguardarse en absoluto se quitó el toallón y se colocó la ropa interior. Bulma se sentía ignorada y eso la indignaba. Ella le había comunicado porque se sentía mal y él no dijo ni hizo nada por contenerla. Sentía que el Vegeta de ayer desapareció a mitad de la noche y ahora tenía frente a ella otra versión. El coraje la desbordó y con la mano tanteo el piso hasta dar con una pantufla la cual lanzó a la espalda de él con mucha puntería. Él se giró sorprendido esperando una respuesta por la agresión recibida pero Bulma le sacó la lengua y totalmente indignada salió de la cama y se lanzó al baño totalmente furiosa. Vegeta no supo reaccionar frente a la actitud chiquilina de su asistente, solo la miró atónito hasta que ella dio un portazo en el servicio.
Suspiró y se puso de pie para dirigirse al baño. Colocó la mano en el pomo de la puerta pero antes de abrirla pensó que quizás ella estaría sentada en la taza y las cosas se volverían más violentas con su interrupción. Volvió a tomar aire y dio un golpe a la puerta pero no recibió respuestas, solo oía el agua del grifo.
-Bulma- espero unos segundos pero no recibió respuesta. Diablos, estaba furiosa y él solo se fue sin avisar porque creyó que despertarla hubiera sido peor. Nuevamente tomo aire- ¡Bulma!- la llamó con un tono de voz más elevado y por más que esperó una respuesta no la recibió.
Iba a entrar totalmente determinado pero la peliazul se le adelantó y abrió la puerta con fuerza. Su jefe debió esquivar el filo de la misma porque casi lo golpea en la cara cuando la abrió. Ella pasó por su lado sin prestarle atención y comenzó a ordenar sus cosas.
-¿Qué haces?- preguntó sin expresión alguna con su varonil voz.
-Ordeno mi maleta, veré si consigo vuelo para esta tarde- respondió con total soltura y una forzada naturalidad.
-No viajarás hoy, viajaremos mañana- respondió él remarcando la pluralidad del verbo viajar. Ella se giró y lo miró con furia. Se veía extraordinario de torso desnudo, era obvio que entrenaba mucho y lo más seguro era que fue a correr en la madrugada, pero ¿Porqué no le aviso?
Él no dejaba de mirarla, la expresión seria era algo propio de su persona pero mantener la vista casi cerrada era signo de estar realizando un escrutinio sobre ella. Se paró frente a él a unos pocos centímetros y con los brazos en jarra.
-¿Qué miras tanto?- lanzó con enojo.
-Intento adivinar porque chillas tanto- y entrecerrando más los ojos agregó- Son casi las 07 de la mañana y además de haberme recibido con un humor horrendo tampoco me has preguntado si me sentía bien, mal o había tenido una urgencia por la cual salir sin avisarte- concluyó.
Bulma afinó los ojos y aunque su consciencia le gritaba que él tenía razón no iba a darle las de ganar. Ella había sentido miedo y tras expresarlo él no había hecho nada por contenerla.
-Pues espero que tu emergencia te haya dicho "Buenos día Vegeta, gracias por preocuparte por mi y venir"- lanzó con total altanería y sin meditar demasiado.
Al moreno no solo se le estrujó la mirada por el acto de descaro, le comenzó a hervir la sangre. No solo estaba enojada, se estaba burlando de él. Tal vez ella tenía razón en estar enojada pero si realmente él se hubiera retirado por una emergencia, ¿Ese era el modo de abordarlo? Claro que no, pero no tenía una coartada lo suficientemente fuerte como para justificar que ella estaba enojada sin razón. Sin saber qué hacer la tomó de la cintura y la besó. Si seguían así iba a terminar destruyendo el departamento.
Bulma intentó alejarse de él e interrumpir el beso pero él la tomó con fuerza y la besó profundamente. Ya no pudo seguir peleando y se dejó besar. Cuando ella se relajó, aflojó el agarré y tras disfrutar unos segundos ser correspondido se desprendió de ella. Observó los labios hinchados de la joven e intentó volver a lanzarse sobre ellos pero la joven lo detuvo.
-Me debes una disculpa por no avisarme- insistió ella, él la miró y desoyendo la petición intentó nuevamente besarla pero ella se tiró hacía atrás y lo miró como quien espera una respuesta. Él respiró hondó y con la apatía que lo caracteriza la miró.
-Perdón- hizo una pausa y retomó la palabra- Perdón Bulma. Es que te vi dormir…
-Ah! Ah! Ah!- lo interrumpió- Sin justificaciones- El moreno la miró asqueado, realmente se comportaba de modo irritante.
Volvió a respirar hondo y sin buscar otro beso se giró y la arrastró del brazo hasta la cocina con él. Corrió una silla para luego sentar de sopetón a la joven. Se paró frente a ella y se agachó entre sus piernas para mirar a los ojos desde esa altura mientras acariciaba los blancos muslos de la chica-.
-Perdón, fui a entrenar pero no me resulta gracioso tanto escándalo tan temprano, si?- ella observaba atenta la severa reacción- A veces me cuesta mucho dormir varias horas de corrido y el mejor modo que tengo de canalizar mis energías es entrenando- agachó la cabeza sin saber si agregar o no algo más.
La peliazul respiró hondo y al ver que él no decía nada posó su mano en el hombro izquierdo de su jefe dibujando líneas con su dedo haciendo que él izara sus ojos hasta ella.
-¿Qué es ésta cicatriz?- preguntó ella sin elevar demasiado la voz.
-La marca de una bala- ella no dejaba de tocar la cicatriz – Iban a secuestrar a mi padre pero se encontraron conmigo- continuó. El rostro de la joven se contrajo en una expresión de preocupación.
-¿Te lastimaron mucho?- preguntó obsecuente. Él apoyó su mano en la mano de ella que lo acariciaba.
- Más de lo debido porque me raptaron herido y perdí mucha sangre- agregó fijando sus ojos negros y afilados en los cristalinos y preocupados ojos de la chica.
Tras unos segundos Bulma se sintió traspasada por la mirada de él así que para quitar la tensión desvió la mirada sonriendo forzadamente y busco con sus manos que él se reincorporara. Él comprendió el mensaje de inmediato y se puso de pie al ver que algo en ella se quebraba. ¿Acaso sentía pena o remordimiento por él? Necesitaba llegar más a fondo, había algo en ella que lo atrapaba a él pero él no lograba captar por completo la atención de ella. Se puso de pie y comenzó a preparar café y pudo ver como la joven se estiraba para alcanzar algo de la alacena, realmente se veía hermosa con ese camisón celeste.
-¿Podrías ayudarme en lugar de ver que no alcanzo?- le reprochó la chica. Realmente estaba harto de los reproche así que con el mentó le señaló una silla como alternativa.
Bulma le sonrió con sarcasmo y tomó la silla, después de todo él no era mucho más alto que ella así que aceptó la sugerencia. Subió y cuando iba a tomar la caja de endulzantes artificiales sintió que él le bajaba la ropa interior. Rápida intentó quitarlo de ahí pero ya se había ido y sonreía sentado en la mesa disfrutando de la broma que le acaba de realizar.
-Idiota- masculló entre dientes.
-Ingenua- le respondió él que estaba con unos sobres de endulzante artificial en la mano. Eso llamó la atención de ella que miró hacía todos lados hasta dar con un pequeño contenedor de porcelana donde habían colocado varios sobres.
Bajó y se sentó a desayunar con su jefe en silencio, suficiente habían hablado antes. Él tomó su taza con café y se sentó al lado de ella arrastrando también las tostadas que había sacado del paquete. Ese detalle generó en la chica una sensación extraña en la boca del estómago pero buscó apagarla dando un sorbo nervioso a su café.
-Quiero que llames a TelSat en unos 20 minutos para que adelanten la firma del contrato para la media mañana o el mediodía más tardar- rompió el silencio su jefe- Pero nada de almuerzos ni nada, inventa una excusa, de que volveremos antes a La Capital del Oeste- finalizó dando un sorbo a la taza. Ella solo asentó con la cabeza. Luego él se levantó y sacó varias frutas que colocó sobre la mesa y se dispuso a comer una naranja.
-¿Por qué el apuro?- preguntó al ver que no le proporcionaba más información.
-Te llevaré a conocer una ciudad cercana, almorzaremos ahí- respondió sin dejar de pelar la naranja. Ella lo miraba con curiosidad.
-¿Es grande el lugar?- preguntó deseando saber algo más.
-Lo sabrás cuando llegues- respondió con total austeridad. Ella lo observó nuevamente, la seriedad y severidad eran parte de su carácter, como si hubiera recibido educación militar o algo así pero sin tentar demasiado su suerte, se puso de pie y marchó a la sala a realizar la llamada a TelSat y ver si siendo apenas las 08 de la mañana tenía suerte de que los atendieran.
Concertó la firma del contrato para las 11:30 de la mañana. Antes de salir hacia TelSat Vegeta se colocó en la sala con su tablet y una agenda. Leía mails, documentos y tomaba notas. Bulma optó por releer el documento que presentarían en la empresa de telecomunicaciones satelitales, una vez terminado el documento se lo presentó a su jefe que lo leyó y guardó en un sobre. Ella se retiró al dormitorio para prepararse, deseaba elegir un bonito vestido para el paseo del día y eligió un solero color natural con pequeñas flores estampadas y unas sandalias de corcho que le resultaban muy cómodas. Le intrigaba el paseo y un vestuario bonito y cómodo le parecían la mejor opción. Cuando ya estaba maquillándose, Vegeta entro a vestirse. Un sencillo traje azul oscuro y una camisa blanca fue su elección, en cinco minutos ya estaba listo.
Nuevamente utilizaron el auto de la familia Ouji para dirigirse a TelSat. Los recibieron en la sala de juntas y tras una amena charla con café se firmó el documento donde ambas partes aseguraron comenzar tareas conjuntas a partir del lunes. Un fuerte apretón de manos entre los presidentes sello el acuerdo aunque Vegeta decidió apurar la retirada cuando uno de los empleados accionistas de TelSat comenzó a acosar a su asistente. Bulma dejó plantado al empresario aprovechando que su jefe se mostraba malhumorado y deseoso de salir de ahí. Una vez en el auto la paz reinó en el interior de la peliazul que se sentía apenada por la reacción del hombre que a toda costa deseaba tener un contacto con ella frente al resto de los presentes quedando como un pelmazo.
-¿Siempre debes lidiar con idiotas como ese?- preguntó Vegeta una vez que el auto ya estaba rumbo a salir de La Capital del Sur.
-Cada tanto sucede pero no es algo que realmente me atormente- respondió su asistente que buscaba su teléfono en su bolso- Es por eso que renuncié al anterior trabajo- completo sin mirarlo y con el celular en la manos se dedicaba a buscar algo en el artefacto.
Vegeta la miró de reojo y lo intrigó el dato de la renuncia y que era lo que ella observaba en su teléfono.
-¿Renunciaste el día que me golpeaste en el Hall del Edificio Bird?- indagó tratando de saber más. La joven abrió al máximo sus ojos y lo miró sorprendida.
-Si mal no recuerdo tú me chocaste ese día y quedaste sobre mí en el suelo- respondió con un tono agresivo.
-Y luego me golpeaste con el lapicero- agregó él que no podía dejar mirar las piernas de su asistente y alternaba su atención sobre ella y sobre el camino. La chica comenzó a escribir en su teléfono y eso le generó aun más curiosidad- ¿A quién le escribes?- preguntó algo irritado.
-A mi novio- respondió sorprendida la peliazul- ¿Acaso no puedo? ¿Estoy en horas de trabajo?- respondió con sarcasmo frunciendo el ceño sin dejar el artefacto que llevaba en sus manos.
-Me parece poco decoroso que le escribas cuando estás conmigo en plan de escape- respondió serio y maldiciendo por dentro lo que acaba de decir.
Bulma que aun llevaba el teléfono en las manos sonrió sin prestar atención a lo que le dijo y tras guardarlo en el bolso pregunto:
-Perdón, no te escuché- sonriendo y mirándolo.
-Nada importante- respondió mirando la ruta- ¿Se puede saber qué tanto le escribes?-
- Es que mi novio consiguió un sponsor para su auto de carreras- sacó un espejo y acomodó su flequillo- Él esperaba que te pidiera el dinero a ti pero consiguió a un emprendedor novato- concluyó guardando el espejo.
-¿Por qué no me lo pediste?-preguntó mientras salía de la ruta principal y tomaba otra de menor calibre.
-Supuse que sería complicado y que esperarías que dé ganancias pronto- justificó.
-¡Hmp!- fue la escueta respuesta del moreno. Si algo deseaba era alejar a ese idiota de la vida de su asistente y tenerla solo para él pero sabía que no estaba en posición de reclamar.
Poco a poco el verde de los campos fue desapareciendo y un terreno más árido con pastizales escasos y rústicos comenzaba a dominar el paisaje. Vegeta comenzó a desacelerar poco a poco la velocidad y tomó un camino de tierra y ripio adyacente a la ruta que circulaban. El olor a mar inundaba el aire que junto al graznido de las gaviotas daban aviso de estar cerca de la costa nuevamente. Una entrada vieja de hierro sobre el camino informaba el nombre del lugar al que ingresaban: Puerto Azul.
Pocos minutos después se encontraban en el centro de una pequeña ciudad costera. Tranquila, pintoresca, de pocos habitantes .Puerto Azul les ofrecía un paisaje propio de cuentos. Vegeta conducía con lentitud permitiendo poder disfrutar de cada detalle de la pequeña ciudad. El cielo comenzó a llenarse de nubes pero aun así no se perdía la magia de recorrer por primera vez un lugar bellísimo y totalmente alejado del ruido de la gran ciudad.
El auto fue estacionado frente a una enorme casa que estaba ubicada sobre la playa que era una hostería con restaurant. La Casona ofrecía a los pocos turistas de Puerto Azul la calidez de una confortable casa de pescadores con un menú delicioso y cálidas habitaciones en los pisos superiores para aquellos viajeros que requieren de una corta estadía. Casi no había personas en el restaurant y fue sencillo conseguir una mesa en el patio con vista al mar. Un menú marítimo llevo a los jóvenes a elegir un plato de pastas con mariscos que acompañaron con un vino tinto.
-¡Qué hermoso lugar! ¿Cómo lo conociste?- preguntó risueña la peliazul.
-Mis padres se conocieron en este lugar cuando eran muy jóvenes. Luego tenían la costumbre de traernos a mi hermano y a mí a visitar este lugar cada vez que viajábamos a La Capital del Sur. Creo que por eso compraron ese departamento- respondió su jefe totalmente relajado.
-¡Ah! Eso explica porque conoces tan bien éstas ciudades- dedujo ella apurando su copa de vino y tras exclamar el gratificante trago agregó- No suelo beber en las comidas, pero éste vino es delicioso- Él solo sonrió de lado.
Se observan en la costa algunos niños jugar en compañía de sus madres que hacían una especie de picnic y algunos pescadores acomodando sus redes, el viento comenzaba a aumenta levente en intensidad.
-¿Qué te parece si vamos a caminar?– propuso el moreno sacando de su ensoñación a la contemplativa joven que además se sorprendió por la propuesta- Vamos, dejaremos los zapatos aquí y llevaremos uno de esos manteles para sentarnos en la arena- completó él esperando convencerla al mostrarle la pila de trapos doblados en un rincón. Ella lo miró extrañada por unos segundos pero considero que no era tan loca idea así que aceptó con una enorme sonrisa.
Vegeta arremangó con prolijidad las mangas de su camisa dejando medias, calzado y saco en el playón de madera que ofrecía La Casona para las mesas del exterior sobre la playa. Bulma solo dejó su bolso y las sandalias, si él dejaba todo eso, significaba que el lugar era seguro.
Comenzaron a caminar en dirección al mar, el trayecto era de al menos 400 metros hasta la orilla. El moreno señaló a los pescadores y explicó que si recogían las redes era porque habían completado su jornada de trabajo. Faltaban al menos unos 100 metros para alcanzar a la orilla cuando él considero que era el lugar perfecto para sentarse.
Extendió el mantel y luego de que la joven se ubico sobre el tejido, él se sentó a su lado muy cerca de ella.
-Háblame de tus padres- rompió el silencio la voz ronca del moreno.
-Mmm, ¿Qué quieres saber de ellos?- interrogó con curiosidad la chica.
-Nunca te escuché hablar de ellos, ¿Viven?- preguntó sin dejar de ver el mar.
-Si, a 500 km de La Capital del Oeste- respondió casi ahogada la peliazul.
-¿No te hablas con ellos?- siguió interrogando.
-Poco, cada tanto hablo con mi madre por teléfono- respondió ella tratando de mostrar que no deseaba hablar de ello.
-¿Estás enojada con ellos?- siguió insistiendo él.
-¿Acaso me quieres psicoanalizar?- preguntó algo irritada la chica.
-No, quiero saber más de ti- respondió sin dejar de ver el mar. La respuesta generó una sensación extraña en el estómago de la joven y tras unos segundos ella continuó.
- La verdad es que tengo una hermana mayor con la cual me llevo mal y vive con ellos- tras mirar el cielo agregó- Creo que lloverá.
-¿Sabes por qué te traje?- preguntó él mirándola a los ojos- Siempre me recuerdas éste lugar. Tu carácter fuerte y libre junto con el azul de tu cabello me recuerdan el mar- y la mirada del moreno se volvió profunda y confusa, como quién espera una respuesta. La revelación incomodo profundamente a la chica comprendiendo lo que él tenía una idea errónea de su personalidad.
Unas gotas de lluvia suave comenzaron a caer sobre ellos y mientras las personas que habitaban la costa comenzaban a retirarse, Bulma sentía que se ahogada en los ojos negros de su jefe por lo que optó por seguírle el juego. Él la había llevado a un lugar alejado y olvidado del Mundo para confesarle lo que ella le generaba pero estaba por casarse en unos meses con una supermodelo con la cual llevaban varios años de relación. Patrañas pensó mordiendo su labio inferior y sentenciar que ese hombre no era la excepción. Lo mejor era continuar con el plan: disfrutar de todo lo ofrecido para luego desaparecer. Él ya tenía su vida delineada mientras que ella estaba totalmente convencida que quedarse no era lo mejor y deseaba empezar de cero en otro lugar. Necesitaba escapar de la prisión de esos ojos negros así que lo besó descubriendo en él labios ansiosos que convertían un simple beso en uno apasionado dónde se encontró aprisionada en su pecho por el poderoso abrazo que él le proporcionaba.
La lluvia comenzaba a caer con mayor ímpetu por lo que debieron apresurarse por volver. En la hostería los esperaba una señora que les hacía seña de que entraran. Al llegar, totalmente mojados, la dueña del lugar les ofreció una habitación para pasar la tarde y en ese transcurso secar sus prendas. Subieron y les tocó una pequeña pero acogedora habitación de madera con balcón techado. Bajo el techo había una hamaca de tela llena de almohadones de colores claros, ideal para recostarse durante la siesta. Sobre la cama estaban las cosas que había dejado antes de ir al mar y unas prendas limpias y viejas, para que usasen hasta que se secaran las propias.
Vegeta se quedó con el pantalón de vestir puesto, ya había lavados sus pies antes de entrar al restaurante. Bulma ingreso al baño a darse una ducha rápida y al salir lo vio contemplando el mar desde el balcón con el torso desnudo. Ella llevaba puesta una camisa clara de hombre que había dejado para su jefe totalmente desprendida. Lo abrazo desde atrás y tras recorrer con sus manos el musculoso abdomen y sentir como él reaccionaba a su tacto se decidió bajar un poco más. Desprendió el pantalón y sin quitárselo deslizó son suavidad sus manos y comenzó a estimular la totalidad de su masculinidad que buscaba darse paso entre la ropa con dificultad.
Sin dudarlo lo giro, simplemente él se dejó manipular. La peliazul lo besó mientras buscaba desprenderle el pantalón, en la tarea lo fue empujando hasta la baranda del balcón. Una vez liberada la virilidad del pantalón se arrodilló frente a él y comenzó a lamerlo y succionarlo.
Vegeta no deseaba imponerse, esa chica lo estaba volviendo loco. Sentir la turgencia de sus pechos mientras lo abrazada con calidez, la delicia de sus manos bajando buscando más, lo tenían hipnotizado. Más tarde, sus cálidos labios femeninos con una ardiente lengua recorrían la totalidad de su masculinidad lo llevan al climax irremediablemente. No deseaba detenerla ni participar de la maniobra. Con sus manos busco tomarse de los barrotes del balcón y tras disfrutar por unos minutos del placer sensorial y visual sintió que no iba a poder aguantar. Se lanzó hacia adelante y sin dejarla terminar la tomó entre sus brazos y la lanzó a la cama.
-¡No! Me toca complacerte- protestó Bulma mientras era maniobrada como una muñeca.
-Si te dejo seguir no me voy a aguantar- respondió sin dudar Vegeta que se había posicionado entre las piernas de su secretaria para devolverle el placer. Y comenzó del mejor modo porque la joven iba a protestar nuevamente cuando una sensación eléctrica subió repentinamente por su espina dorsal haciéndola balbucear un rezongo que se ahogó en un gemido que la obligó a lanzar la cabeza hacia atrás.
Ambos se perdían en darle placer al otro cuando la peliazul recordó que ella debía llevar el mando ésta vez. No lograba sacarlo de ahí por más que se lo pidiera por lo que optó por lanzarle unos almohadones y una vez que él elevó la cabeza lo arrastró hacía ella. Lo empezó a besar y cuando sintió aflojarse el cuerpo del moreno sobre ella, lo volteó para sentarse sobre él. Con una sonrisa ladina la muchacha comenzó a recorrer con sus manos el torso del moreno que se dejaba someter. Con determinación tomó la virilidad candente del joven y tras recorrerlo con una de sus manos lo introdujo en su entrepierna. El calor y el éxtasis la dominaban. La masculinidad ardiente, erecta y rígida se abría paso entre la suaves y húmeda carne femenina generando gemidos ahogados que solo seducían más y más a Vegeta. El vaivén de los pechos con los pezones erectos se volvieron irresistibles para el moreno que no dudo en tomarlos y aplastarlos con sus manos. Subía el calor y el ritmo entre los dos, él no se aguantó y se sentó mientras ella no dejaba de montarlo. Se acomodó y la tomó de los glúteos para ayudarla con las embestidas que eran fuertes y profundas. Acabaron juntos y él nuevamente la abrazó y la apretó contra su pecho. Ella se entregó y quedando colgada de los hombros de él lo besó en el cuello y lo abrazó. Nuevamente no habían usado protección y Bulma agradecía mentalmente haber tomado la píldora anticonceptiva.
Una vez que ambos se recuperaron, él la ayudó a ponerse de pie y tras tomarla en brazos, la llevó hasta la hamaca donde ambo se recostaron para disfrutar de la belleza de la lluvia sobre el mar. Piel a piel, recostados uno sobre el otro, la sensación de satisfacción y plenitud era total. No existía el vacío de un encuentro fortuito, el reposar sintiendo la piel y la respiración del otro llenaban todo un mundo de inseguridades y vanidad. No había quedado lugar para los reproches, el remordimiento o las preocupaciones. La sensación de bienestar y tranquilidad inmortalizaba el reposo en la hamaca junto con llovizna que cubría el mar.
Una leve brisa marítima erizó la clara piel de la joven por lo que Vegeta comprendió que era momento de vestirse para abandonar la comodidad y retomar cada quien su rol.
-No te muevas- rogó Bulma ajustando su abrazo- Me gusta el calor de tu cuerpo- agregó acariciando el tórax de su jefe con la mejilla. Él acarició el cabello azul de la joven para inhalar su aroma que se mezclaba con el del mar.
-Debemos volver- dijo con voz suave y ronca- Es tarde y no quiero tomar el camino de noche con ésta lluvia- completó buscando el rostro de su amante debajo de la cabellera azul.
Ambos se reincorporaron y Vegeta fue directo a darse un baño. La dueña del hospedaje golpeó la puerta y Bulma se colocó rápidamente la camisa y atendió abriendo solo un poco la puerta. Recibió la ropa y agradeció la atención recibida. Ordenó la habitación y preparó la ropa de ambos sobre la cama. Cuando el moreno salió del baño entro ella, se dio una ducha rápida y se vistió de inmediato. Minutos más tarde su jefe había pagado por los servicios recibidos y retomaron rumbo a La Capital del Sur. Llegaron de noche y compraron comida para llevar. Una vez en el apartamento ambos se desenvolvían como una pareja consolidada. La confianza y la intimidad se complementaban con total naturalidad. Luego de cenar, juntos ordenaron y antes de acostarse prepararon sus maletas para regresar a sus vidas habituales.
Cuando se acostaron no buscaron tener intimidad porque la intimidad ya estaba con ellos. Vegeta abrazó por la espalda a Bulma y antes de que el sueño los invadieran comentaron entre ambos lo bonito del paseo por Puerto Azul, de sus calles con poco tránsito y de la belleza y sencillez de las casa. Satisfacción era lo que ambos sentían y los llenaba por completo internamente. No necesitaban más que estar juntos sin las presiones personales con las que convivían a diario. Escapar del día a día había sido un bálsamo en la frustración de sus propias existencias.
Temprano se levantaron, desayunaron y verificaron que el taxi llegara a tiempo para llevarlos al aeropuerto. Bajaron juntos al hall principal del edificio y el moreno dejó instrucciones para el aseo del departamento. Una vez en el aeropuerto nuevamente fue Bulma la que se encargó de los trámites de embarque. Cuando tomaron sus asientos en el avión, Vegeta posó su mano sobre la pierna de su asistente para decirle algo pero se lo guardó, por lo que palmeó la rodilla de la chica y quitó la mano.
-Lo disfruté mucho- fue la tímida declaración de la chica que se ruborizó y bajó la mirada.
Vegeta se inclinó al oído de ella y susurró - Entonces te robaré más seguido- y volvió a su lugar donde cerró los ojos con indiferencia al entorno. Pero en realidad cerró los ojos para recordar los detalles de todo lo compartido con ella y así grabarlo a fuego en su alma como un tesoro que nadie podrá robarle jamás.
Continuará…
Gracias por todos esos reviews de aliento. Jenny070891 y Juniver siempre estuvieron muy presentes con sus porras y se lo agradezco. También a naomigomiz por sus mensajes de apoyo y las debidas correcciones. Gracias a todas! A BunnyBall por no insistir con que actualice siendo que este fic es tanto para ella como para mi y respetar mis tiempos, la verdad es que en ella descubrí la mejor hermana del alma que la vida me podría haber dado. Gracias a Ina Minina, a Mr Shen Long y a todos los/as lectoras que me sumaron a su lista de favoritos, es un alago grandísimo ver que la historia que les comparto les agrade. Gracias todos, incluyendo a los lectores anónimos, y disculpen las demoras. A veces es mejor no forzar y ver poco a poco como sigue. Supongo que un par de capítulos y se finaliza, pero no teman... ésta historia está siendo concebida con la intención de un final feliz. Los quiero muchos a todos y disculpen mi tardanza. K!
