LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN. SÓLO LOS OCS
Agradecimientos
ThePhantomPain02: gracias por tu review. Ya verás que más adelante habrá algunos problemas legales con la pareja. Dios mio! Al fin alguien se da cuenta, creí que no había puesto las pistas lo suficientemente claras, pero veo que tu las captaste :) No sabes la alegría que me causó. Gracias por leer.
AidaZamayoa: gracias por el review. Me alegra mucho que te guste y espero que este capítulo sea de tu agrado. Gracias por leer.
SirDaniSkyWatcher304: gracias por tu review. Y esa era la reacción que quería causar. Gracias por leer.
TEH Fluffynator: gracias por tu review. Y no, no lo eres, ya verás como saldrán las cosas. Gracias por leer.
xXDZEFXx: gracias por tu review. Me alegra que te guste. Gracias por leer.
Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.
XII
Revelaciones
Tundratown, mansión de los Big. Martes, 12 de octubre, 22:45 h.
En la mansión de Big en Tundratown, FruFru se encontraba ordenando unos asuntos referentes al sepelio de su padre. Aunque el día anterior haya salido del hospital, no podía darse el lujo de descansar, como única hija del mafioso, la administración y manejo de la organización recayó en sus hombros. Claro, tenía la ayuda de sus tres mejores miembros, pero en ese momento solo uno estaba con ella, Kevin. Puesto que Raymund seguía aun en terapia intensiva, recuperándose de los impactos de bala que recibió al protegerla a ella y a la pequeña Judy.
Mientras veía algunos balances de ingresos, notó que algo no cuadraba como debería: los ingresos en Tundratown habían bajado de manera drástica los últimos tres meses, y la razón no se sabía. ¿Algún conflicto? ¿Los negocios se negaban a pagar la comisión? ¿Robos internos? ¿Sabotaje? Mientras ella se carcomía la mente en un intento de encontrar la razón de eso, llamaron a su puerta.
—Adelante —dijo FruFru sin apartar la vista de los papeles.
Entró un oso polar, Koslov, quien era la mano derecha de su difunto padre. Se dirigió de manera neutral a ella, dio un saludo inexpresivo a Kevin que se encontraba cargando en su pata a Judy y posó su mirada en FruFru.
—Señorita, han llegado —informó.
Dicho esto, se paró firme en el despacho a la espera de una orden. FruFru apartó la vista de los documentos y miró, incrédula, a Koslov. Se supone que ellos vendrían más tarde. ¿Por qué se adelantaron?
Dio un suspiro para tranquilizarse y se dirigió al oso.
—Koslov, llévalos a la sala de reuniones y espérame adentro. Ya estaré con ellos. —Se giró hacia Kevin—. Kevin, por favor lleva a Judy a su cuarto y cuando vuelvas, monta guardia en la entrada del despacho, que nadie salga sin mi permiso.
Los osos asintieron y se retiraron. Luego de un rato FruFru se desocupó de sus labores y su fue hacía el despacho. Se sintió extraña yendo por sus propios medios cuando normalmente a ella los osos la llevaban de un lugar a otro. Al llegar a la puerta del salón donde se reunirían, Kevin ya se hallaba en la puerta y con una mirada éste le abrió para que ingresara.
Adentro se encontró con ocho animales de aspecto intimidante. No hablaban y ni siquiera hicieron contacto visual con ella, cada quien parecía inmerso en su mundo con sus propios problemas. Koslov la esperaba sentado en la silla de la cabecera en la mesa estilo ejecutivo del salón que en primera instancia cuando lo construyeron, mucho antes de que ella naciera, sería el de reuniones legales e importantes. Al él verla, se agachó y la sentó en una silla mullida y de estilo ejecutivo que llevaba en sus patas. Ya con todo listo, se dio comienzo a la reunión.
En eso, un zorro rojo de ojos azules, que estaba sentado en la cabecera del otro extremo, se dirigió a la musaraña con una sonrisa de impaciencia.
—Cariño, adelantamos la reunión porque tenemos asuntos pendientes —le dijo, como si le leyera el pensamiento.
FruFru lo miró seria. Ese no era el plan. No tenía razón de peso que ella conociera para que se adelantaran, ¿o era que no confiaban en ella y eran ellos quienes debían dictaminar los términos del encuentro? Suspiró. Debía calmarse, no le convenía iniciar una discusión y menos en esta situación, cuando la que requirió sus servicios fue ella.
—No te preocupes, Porfirio —dijo sonriendo en un intento de parecer serena. Cosa que se le hizo difícil, ella no tenía los dotes de su padre—. Y ya que estamos todos aquí les diré el por qué de mi solicitud.
Una loba de ojos severos se levantó y con una actitud amable se dirigió a la musaraña.
—Eso lo sabemos —interrumpió—, quieres vengar la muerte de tu padre. En pocas palabras quieres destruir a Los Olímpicos.
—Exacto… ¿Y tú eres? —inquirió cortante FruFru.
El zorro, alias Porfirio, se levantó previendo lo que se podría formar.
—Encélado, ¿qué te he dicho de interrumpir? —reprendió con una voz extrañamente cálida, y se giró hacia FruFru—. Discúlpala, querida, ella a veces se emociona por los trabajos.
Encélado bajó las orejas con obediencia. Porfirio le sonrió a FruFru y la charla continuó.
Luego de más de dos horas de planes y estrategias para destruir a la organización, tenían muchas opciones. Un tigre que tenía como alias Polibotes sugirió un ataque a gran escala, utilizar recursos para investigar la localización de la sede de la banda y atacar con todo su arsenal; lo que sonaba factible, pero Porfirio lo descartó de inmediato, un ataque de esa índole llamaría mucho la atención.
Un zorro mucho más robusto y fuerte que el líder, con aspecto de no ser de la ciudad, cuyo alias era Hipólito, habló sobre atacar sus puntos débiles, es decir, sus plantas de fabricación de Néctar, sugerencia que tomaron como una posibilidad. Dos osos polares gemelos y un león de alias Efialtes, Gratión y Mimas, respectivamente, planearon localizar a los miembros y atacarlos individualmente; plan que la mayoría apoyaba. El único que no dijo ni opinó nada fue un elefante.
—Damasén —preguntó Porfirio—, ¿nada que quieras decir?
—A mí no me interesa de qué manera lo hagamos, sólo me interesa matar a Ares con mis propias patas —respondió, reacio.
Porfirio rió por lo bajo y se dirigió a FruFru.
—Cariño —sonrió—, ya te dijimos los posibles planes. Considéralos y nos mandas una respuesta. ¿Alguna duda?
FruFru hizo un gesto negativo con la cabeza y agradeció la reunión. Los miembros se levantaron y se retiraron sin mirarla a ella, ni a Koslov. Sólo faltaba en salir Porfirio, el cual se levantó despreocupado y se detuvo cuando llegó al umbral del despacho.
—Decide cómo atacaremos —puntualizó Porfirio—. Zeus no es alguien que sea muy paciente. Si se llega a enterar de esto, arremeterá de una manera que no querrás conocer. —Y antes que ella pudiera decirle qué quería decir con eso, él salió tarareando una cancioncilla.
A FruFru le intrigó esa frase. ¿Acaso Porfirio conocía a Zeus? ¿Sería un espía? Aunque tenía esa y muchas preguntas más, ella no tenía el tiempo para pensar, debía decidir la forma de proceder y encontrar la razón del porqué sus ingresos se estaban perdiendo. No iba a ser un día sencillo.
Koslov se retiró con la musaraña entre sus patas, la llevó a su oficina y la dejó allí. Con decirle que se retiraba por hoy, FruFru lo despidió. A través de la ventana de la oficina de su padre, ella observó al oso polar caminar por las nevadas calles de Tundra, saliendo por el portón de la mansión y subirse a una limusina que lo estaba esperando.
En algún lugar en los límites de Distrito Forestal. Miércoles, 13 de octubre, 00:15 h.
La limusina llegó a la mansión y se detuvo con un leve movimiento en los asientos traseros, donde el oso iba. Éste se bajó del auto y en la entrada de la mansión lo esperaba un león, que era uno de los guardaespaldas de Zeus. Se dieron una mirada significativa y él lo escoltó dentro de la propiedad.
Ya adentro, caminó hasta el despacho principal. Entró y se sentó en su lugar. De los trece asientos que había, tres estaban desocupados. El ambiente era pesado y sombrío. Nadie decía nada, todos mantenían un silencio ancestral, hasta que un tigre, Ares, rompió el silencio debido a su poca paciencia.
—¿Para qué nos llamaste, Zeus? —quiso saber, fastidiado—. Tengo asuntos más importantes que atender.
Hera, la zorra fennec, miró al tigre de manera furibunda y éste se tranquilizo. Zeus le sonrió a Hera como agradecimiento, mientras se dirigía a los miembros presentes.
—Ahora que están todos, tengo unos asuntos que tratar con ustedes. —Colocó ambas patas sobre la mesa—. Afrodita, ¿por qué los llevaste al escondite? —preguntó con voz neutral, pero Poseidón ya conocía qué se ocultaba tras ese tono glacial—. ¿No pudiste haber ido a otra parte? ¿Es que nunca haces nada bien?
La gacela, la cual tenía unos cortes y moretones por el cuerpo debido a la persecución del sábado, desvió la mirada, temerosa, y con cuidado eligió las palabras a decir. Ella conocía, tanto como todos los presentes, que hacer enojar a Zeus era suicida, y de seguro Afrodita no iba a arriesgarse a recibir un castigo.
—Zeus, yo no le dije a Harmonía que nos llevara ahí, él fue el que decidió ir, además de que esos dos parecían un jodido cobrador de impuestos: por más esquinazo que le diéramos, por más salidas que tomáramos, lograban seguirnos el rastro. —Se armó de valor y preguntó—. Todo porque ordenaste que le creáramos una oportunidad a Hermes; ¡ah, sí, claro!, ¿se puede saber quiénes son Hermes y Hades?
—¡No tienes derecho a preguntar nada! Y menos ahora que por tu culpa perdimos las hembras para el tráfico —espetó Hera.
—A mi no me hables en ese tono, Hera —le reclamó Afrodita—. Tú no conoces a esa coneja y ese zorro, esos animales parecen poseídos. Sobrevivieron a una oleada de animales armados y con Néctar en su sistema. Y tienen un temple de hierro, había mandado traer a los padres de la coneja y ella no mostró un ápice de debilidad. —Azotó su pezuña contra la mesa—. Perdí a mis tres mejores animales por nada.
Zeus, quien observaba todo sin decir una palabra, levantó la pata para que las hembras hicieran silencio.
—Afrodita, Hera; les agradezco que guarden silencio —pidió con voz neutral, luego frunció el ceño en dirección a la gacela—. Primero y principal, Afrodita, no tienes voz ni voto para reclamar o exigir algo. Perdiste a las hembras y revelaste el escondite, tienes suerte de que la misión la hubieras cumplido porque de lo contrario te hubiera ocurrido lo que le pasó a Hestia. ¿Recuerdas? —agregó, con una expresión tan seria que parecía de mármol.
Afrodita asintió sin hacer contacto visual, pero se notaba que por dentro la furia la dominaba. Sin embargo, Poseidón sabía que Zeus tenía razón, si no hubiera cumplido lo que le ordenaron le hubiera ocurrido lo mismo que a una antigua miembro. Hestia era una de las originales, quien falló en una importante tarea que le había asignado el mismo Zeus y pagó su error con su vida. La usaban como ejemplo para que ninguno de los otros miembros se les ocurra venir sin haber completado algún pedido.
Zeus sonrió y les habló a todos los presentes.
—Hoy les presentaré a todos ustedes a Hermes y Hades.
Hizo un ademan con la pata al león que estaba en la puerta para que los dejara entrar. Ingresaron una comadreja y un conejo.
—La comadreja aquí presente estará bajo el alias de Hades —presentó, señalándolo.
Hades alzó la pata en señal de un saludo informal. Llevaba un ropaje barriobajero, pudo deducir el oso, unos bermudas color café con una franelilla blanca; lo que permitía ver un tatuaje de un Cerbero en su hombro izquierdo.
—El conejo aquí presente es Hermes. —Siendo en su totalidad lo opuesto a Hades, Hermes tenía un esmoquin que no era de marca, simple, lo que lo hacía pasar increíblemente desapercibido. Sin embargo, estando al lado de la comadreja, éste contrastaba con él, cual día de la noche.
Afrodita se levantó, incrédula, de su asiento.
—¿Por ti perdí a mis mejores animales? —le vociferó enojada a Hermes—. ¿Qué se supone que hiciste para justificar mis perdidas?
Ella recuperó la calma cuando Zeus le lanzó una mirada furtiva, advirtiéndole que se callara. Tanto la comadreja como el conejo se sentaron en sus respectivos asientos, en el despacho sólo quedó un asiento libre, que era el de Dioniso. Zeus miró al conejo para que le contara a él y a todos los presentes la información que consiguió.
Hermes asintió.
—Referente a la oficial Hopps, tiene a su familia en una granja en BunnyBurrows, sus padres responden a Stuart Hopps y Bonnie Hopps —informó él—. Tienen estrecha relación con sus hijos y familiares, lo que nos favorece si queremos atacar a la coneja por donde más le duela. El día del disturbio ocasionado por Afrodita, aquí presente, la nombrada en cuestión llegó con el zorro Wilde y una cría de zorro. Está la posibilidad de que sean pareja.
Al oír eso, un lobo ártico, el cual estaba sentado al lado de su gemela, Artemisa, se pronunció.
—Yo puedo corroborar eso —aseguró—, hoy en la jefatura la pareja de Hopps y Wilde presentaron a la pequeña al departamento. La cría responde bajo el nombre de Meloney Wilde y gracias a los micrófonos que coloqué en la oficina de Bogo puedo confirmar que Hopps y Wilde tienen una relación sentimental.
Todos los animales en el despachó se impresionaron y unos hicieron expresión de asco. Ninguno de ellos esperaba que la pareja fuera una interespecie. A Poseidón le daba igual, realmente. No podía juzgar aquello porque, aunque la mayoría lo negara, la fantasía con otra especie distinta estaba inmersa en cada uno de los animales que respirasen. Tabú y todo lo que fuera, pero al ser prohibido o mal visto, era la razón de que muchos cayeran ante ello. Incluso él; varias veces en su vida había tenido sus encuentros con otras hembras que no fueran osas polares. Lo que intrigó, sin embargo, fue la reacción de Zeus, se le veía enojado, incluso podría decirse que dolido. Le bastó con rodar los ojos, los pensamientos de sus jefes no eran problemas de él.
Zeus recuperó su expresión neutral y se dirigió hacia Hades. Éste asintió y dio su informe.
—En mi caso, he escuchado rumores en los bajos suburbios sobre una posible alianza de la mafia de Big con otra organización, pero no se rumorea cual puede ser. En cuanto a los lugares en los que podemos penetrar están Plaza Sahara y Sabana Central, los disturbios ocasionados dejaron algunas familias consternadas y necesitadas de recursos; podemos ofrecerles dinero a cambio de su ingreso a la organización.
El oso polar que se incorporó hacía poco, tomó la palabra.
—En cuanto a mi reporte —indicó—, puedo dar constancia de eso. Hoy en la mansión de Big se reunió una mafia y están planeando atacarnos. Aún no deciden el cómo ni el cuándo, pero referido al por qué…
—Fue por el asesinato de Big —interrumpió Zeus, ondeando una pata—. Agradezco tu informe, Poseidón —dijo dirigiéndose al oso polar; se giró hacia la comadreja y el conejo—. Hades, le pediré a Atenea que considere tu propuesta y Hermes, es de mucha utilidad esa información. En cuanto a ti, Apolo —agregó, dirigiéndose al lobo ártico—, sigue sacando toda la información que puedas, y que no se den cuenta que estás infiltrado. ¿Quedó claro?
Todos en la sala asintieron sin rechistar.
—Si la hija de Big quiere que se inicie una guerra, pues, que así sea. —Una breve pausa—. Retírense.
Todos los animales en el despacho se retiraron en silencio menos uno, Poseidón, el oso polar, aun seguía ahí.
—¿Por qué no te has ido? —le preguntó Zeus
—Zeus, ¿cuál es tu relación con el líder de la mafia que está con la hija de Big? —quiso saber.
Esa pregunta lo desconcertó.
—¿A qué se debe la pregunta?
—El líder de esa banda parece que te conoce, porque antes de irse del despacho de la hija de Big la advirtió, y cito «Zeus no es alguien que sea muy paciente. Si se llega a enterar de esto, arremeterá de una manera que no querrás conocer».
Zeus perdió su impasibilidad, frunciendo los labios y mostrando un enojo casi palpable; asqueado. «¿Qué oculta?»
—Dime el nombre de la organización —ordenó.
—Según por lo que dijeron se hacen llamar Los Gigantes.
Zeus abrió un poco los ojos con sorpresa. Apretó sus patas formando unos puños y maldijo por lo bajo, acto que no pasó desapercibido por Poseidón. Él, al notar la forma en que lo veía queriendo saber la respuesta, contestó de forma cortante.
—Sí, lo conozco.
De repente, cortando la pregunta que Poseidón iba a formular, el teléfono de Zeus repicó, éste lo tomó y lo observó con interés. Apartó la mirada de la pantalla y la enfocó en los ojos del oso.
—Es Hermes —dijo—, necesita que le de recursos para hacer el Néctar ya que en el disturbio de Afrodita en BunnyBurrows, le destruyeron la farmacia donde vendía. Hablaré después contigo, Poseidón —añadió, saliendo del despacho.
Sabiendo que él no iba a decirle más, Poseidón alisó su traje, bajándose la manga para ocultar el tatuaje en su antebrazo. Caminó por los pasillos recubiertos con alfombras persas y se despidió del león que hacía guardia en la puerta con un asentimiento, para retirarse.
En algún lugar en los límites de Distrito Forestal. Miércoles, 13 de octubre, 00:45 h.
Al observar a Poseidón retirarse del terreno de la mansión, Zeus aligeró un poco su ceño, para tomar asiento en uno de los sofás mullidos y sacar de nuevo su teléfono móvil. Estaba molesto por el giro que habían dado los acontecimientos. Bajó por su lista de contactos hasta que dio con el número.
Realizó la llamada.
—¿Bueno? —contestó una voz.
—¿Se encuentra Jacob? —preguntó, sin saber muy bien cómo hacerlo. Hacía mucho que no hablaba con él.
—Él habla, ¿quién lo busca?
—Habla Hiperión.
—¿Joseph? —se oyó la incredulidad tras la línea.
—¿Quién más?
—Hiperión… —Jacob soltó un suspiro retrospectivo—. Tenía años sin oír nuestros alias, hermano.
—Deja la nostalgia para otro momento —cortó Zeus. No quería tener que recordar la antigua organización familiar en la que ambos habían participado y que, con el tiempo, se desmoronó. Ceo siempre tenía ese estúpido sentimentalismo, no obstante, su personalidad, aunque ambigua, no tenía relación con el limpio trabajo que realizaba.
—¿Cuál es el motivo de tu llamada, Joseph?
—Necesito que nos reunamos —respondió—. Público, de preferencia. Así no levantamos sospechas de ninguna parte.
—¿Para qué?
—Es referente a Jápeto.
—¿James? —preguntó; tras la línea se pudo deducir la sorpresa—. ¿Por qué quieres hablar de él?
—Iniciará un ataque contra mí.
Hubo un momento de silencio, pero Zeus no habló, sabía que Jacob estaba considerando qué decirle. Él siempre era así, cuidadoso, inteligente, metódico.
—Nos vemos el lunes en La trufa de platino —dijo al fin—. Más te vale que sea cierto lo que dices.
—Ahí nos vemos. Y tranquilo, no te estoy mintiendo, parece que nuestro hermanito menor se volvió peligroso.
