LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN. SÓLO LOS OCS
Agradecimientos
ThePhantomPain02: gracias por tu review. Tus comentario son tan acertados que me alegra mucho. Gracias por leer.
SirDaniSkyWatcher304: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer.
PamExpelliarmus: gracias por tu review. Gracias y ya verás lo que sucederá con los zorros y con la adopción. Gracias por leer.
Alex Fox de Wilde: gracias por tu review. Espero que este capítulo te guste. Gracias por leer.
Realmente muchas gracias a los que siguen mi historia y comentan. Me halagan mucho con sus comentarios.
Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.
XIV
Amiga
Sabana Central, departamento de Nick. Martes, 19 de octubre, 5:30 h.
El sol comenzaba a salir en el horizonte y sus dorados rayos empezaban a iluminar el paisaje citadino, y con lentitud, atravesaba la ventana, abriéndose paso en la habitación donde ambos dormían. La primera en despertar fue Judy, notando que no tenía nada puesto; se sonrojó al extremo al recordar los sucesos que ocurrieron la noche anterior. Tomó su celular y vio la hora: cinco y treinta de la mañana. Tenían el tiempo apretado. Meció un poco a Nick para despertarlo, y éste le sonrió con picardía. Se levantó algo soñoliento y le dio un beso a la coneja.
—Buenos días, Zanahorias —dijo con un bostezo—. Qué noche la de anoche. Creo que aún tango entumidas las piernas. —Rió.
—¡Nick! —gritó ella, sintiendo las mejillas como pequeños volcanes—. Vamos, alístate, debemos salir en treinta minutos.
Él bufó por lo bajo. Por más cansado que estuviera de la actividad nocturna, debía ir al trabajo. Con todo el esfuerzo del mundo, se fue a duchar, pero claro, si iba a hacerlo, lo haría acompañado. Con su cola jaló a Judy rumbo a la tina.
Ya listos y con su uniforme, Nick fue a la cocina para hacer el desayuno, mientras ella le indicó que iría a despertar a Meloney. En la cocina, Nick hacía el desayuno. Tomó su celular y vio la hora: quince para las seis, aun tenían tiempo. Llamó a Finnick para que le consiguiera un decorador para la habitación de Meloney.
—Bueno, ¿Finnick? —saludó, cuando contestó.
—¿Quién es? —gruñó el fennec tras la línea.
—No reconoces la voz de tu antiguo padre —bromeó.
—¿Nick? ¡No son ni las seis de la mañana! ¿Qué haces llamando a esta hora?
—Necesito un decorador. ¿Conoces a alguien?
Tras la línea, Nick oyó un gruñido aún más furioso de Finnick.
—Necesito ver el lugar para saber a quién llamar.
—Vente rápido —le dijo—, a las seis debo salir. —Y colgó.
Ya con la comida preparada, Nick la llevó al comedor, donde lo estaban esperando Judy y Meloney. La pequeña lucía uno de los conjuntos que le habían comprado el día de ayer: una camisa azul con un estampado de huellas y unos jeans Por alguna razón, supo momentos después cuando le preguntó, a ella no le gustaban los vestidos. Comieron lo más rápido que pudieron, y en eso, el timbre sonó. Judy se extrañó, arqueándole una ceja a Nick y éste esbozo una sonrisa zorruna.
Él se levantó de la mesa, llevó su plató a la cocina y se dirigió a la puerta. Al abrir, se encontró al pequeño zorro fennec con su típico ceño fruncido y mirada asesina. Lo invitó a entrar con una reverencia burlona y cerró la puerta. Judy, quien había terminado de comer y llevado su plato a la cocina, apareció.
—¿Quién era, Nick? —preguntó.
Finnick, quien hablaba con Nick, se extrañó con la otra voz. Lo miró interrogante esperando respuesta a la clara pregunta que entre los dos sabían hacerse: «¿Tú y ella?»
—¿Finnick? —se sorprendió Judy, sin darle tiempo a Nick a explicarle a su hermano de estafas.
—¿Coneja? —exclamó Finnick, perplejo.
Éste lo miró incrédulo, pero se sorprendió más cuando de detrás de Nick apareció Meloney y le tomó la pata.
—¿Acaso tu…? —preguntó Finnick, mirándolo sorprendido.
Nick esbozó una sonrisa y presentó a las damas presentes, con orgullo y sacando pecho. Aún no se creía que tuviera la suerte de tenerlas a ambas.
—¡Oh!, Finnick, se me olvidaba que no sabías —bromeó—, te presento a mi novia y a mi hija. —Se dirigió a Meloney—. Meloney, saluda al tío Finnick.
Finnick se quedó estático en el lugar, con la mente en blanco y el parpado de uno de sus ojos temblándole de la impresión. Parecía que iba a pegar el grito en el cielo exigiéndole detalles, pero una vocecita lo tranquilizó.
—Hola —susurró la pequeña.
Ese simple acto de timidez de Meloney calmó a Finnick de una manera que Nick no creyó posible. ¿Qué pasó con el rebelde Finnick? Estaba a la merced de una cría de tres años. Se aclaró la garganta para no dejarse llevar y habló.
—Bueno —dijo Finnick, sonando lo más sereno posible—, no voy a decir que no me impresionó semejante bomba, pero volviendo al tema principal. ¿Cuál es la habitación a decorar?
Nick le pidió a Judy que ambas se adelantaran y lo esperaran en el estacionamiento, diciéndoles que bajaría en un momento luego de orientar a Finnick. Ya solos, le indicó al zorro dónde era el lugar.
—Aquí es, los colores te los mando por un mensaje. Se me olvido preguntarle a Meloney. Si necesitas algo, por ahí están las llaves. —Sacó su celular y vio la hora—. ¡Tres para las seis! ¡Zanahorias me va a matar si llegamos tarde! Hablamos por mensaje. Adiós.
Nick se fue corriendo del departamento dejando al fennec aún digiriendo la noticia de su pareja y nueva hija. Él llegó corriendo a su automóvil, donde lo esperaba una Judy enojada, haciendo sonar su pie contra el suelo. Ignoró el regaño que le lanzó y subieron al auto. Salieron del lugar como alma que lleva el diablo, y contaban con la suerte de que al ser policías, con sólo colocar la sirena portátil los autos les abrirían campo. Condujo con suma destreza y delicadeza entre el trafico, lo menos que quería era que le rayaran su amado auto.
Al llegar a la jefatura se bajaron sin ningún inconveniente, el único que se podía mencionar sería las quejas de Judy: «¿cómo es posible que uses la sirena para llegar antes?», «eso es mal uso de los equipos» y muchas cosas más. Nick solo hizo un ademán con la pata restándole importancia, después de todo, habían llegado.
Al entrar fue lo mismo de siempre: oficiales de aquí para allá, con informes y registros. Fueron donde Benjamín para saludarlo, pero éste dio un grito de alegría al ver a Meloney. Ella se fue hacia él y lo saludo con un abrazo, cosa que Nick y Judy vieron con felicidad.
Luego de saludar a Ben, los tres fueron a la sala donde asignan las tareas del día. Una vez dentro, notaron a Bogo de mal humor, más del de costumbre, fueron a su silla y los tres se sentaron. El búfalo dio las asignaciones del día y para mala suerte de ambos, les tocó informes. Antes de retirarse, Bogo lanzó una mirada enojada a los miembros presentes.
—Espero que esto no se convierta en una guardería —espetó.
Nick y Judy se vieron confundidos. ¿Lo decía por ellos? Bogo, al ver que la pareja se lo había tomado para sí misma, señalo atrás de ellos con un gesto de la cabeza al oficial Colmillar, quien estaba con su hija.
Colmillar, quien para todos era un misterio por ser uno de los animales más cerrados en cuestión de sociabilización de la jefatura, sorprendió a todos al traer a su hija, explicando que debido a los disturbios en Plaza Sahara, la escuela de la mencionada en cuestión estaba en reparación, y el animal responsable de cuidarla no pudo hacerlo el día de hoy. Y si Wilde y Hopps pudieron traer a su hija, ¿por qué él no?
Sin embargo, eso no era lo impactante. Lo que realmente sorprendía a todos era el hecho de que el siempre serio y reservado oficial Colmillar tuviera una hija. Él parecía un tigre solitario.
Todos los animales salieron de la habitación y se dirigieron a sus respectivos rumbos. Judy y Nick daban los pasos con una notoria molestia rumbo a la sala de los ordenadores. Cuando ingresaron, vieron que a Colmillar también lo habían asignado al lugar. Su hija estaba sentada a su lado sosteniendo su rostro con sus patitas, el aburrimiento la dominaba por completo.
Ambos, al ver esto, supieron que a Meloney no le iría mejor, Nick se agachó a su altura y le susurró.
—¿Ves esa niña de allá? —sonrió, señalando a la tigresita—. Ve a jugar con ella.
Meloney lo miró escéptica.
Nick supo que la timidez le ganaría a ella, así que se acercó a Colmillar, estrecharon las patas y preguntó:
—Colmillar, ¿puede mi hija jugar con la tuya?
El tigre lo miró con una sonrisa de agradecimiento.
—Claro, Wilde —asintió; «vaya, así que Colmillar sí es un animal.»—. Sabrina ha estado aburrida desde esta mañana. —Se giró hacia la pequeña tigresa—. Sabrina, ves esa zorrita de ahí. Ve a jugar con ella.
La tigresita sonrió y fue disparada hacia Meloney. Luego de saludar, se dispusieron a jugar en una esquina de la habitación. Nick y Judy se sentaron en sus respectivos ordenadores y se pusieron a trabajar.
El tiempo pasó tortuosamente lento, Nick cada rato veía el reloj de su celular o el de la pared y parecía que la aguja avanzara un minuto y retrocediera tres. Con el rabillo del ojo vio que Judy estaba inmersa en su trabajo, y aprovechó para vaguear un rato. Tomó su celular y lo revisó, tenía un mensaje entrante.
Finnick
Nick ya tengo todo listo para la decoración ¿De qué color?
Se dio una cachetada mental, había olvidado por completo que Finnick estaba en su departamento por la decoración, dirigió su vista a donde Meloney y Sabrina estaban jugando, y preguntó.
—Meloney, ¿de qué color quieres tu cuarto?
—Azul —aseguró ella sin volver a verle—. Azul oscuro
Él asintió con una sonrisa y mandó la respuesta a Finnick.
Azul oscuro.
La contestación llegó.
Finnick
¿Azul oscuro? Ese no es un color para una niña. ¿Seguro que no rosa o algún otro de esos colores chillones?
Nick rodó los ojos y mandó la respuesta.
Sí, Finnick, azul oscuro. A mí también me extrañó, pero bueno, son sus gustos.
Finnick
Bien, cuando esté listo te aviso. Serán unas dos horas, a las tres debería estar listo.
¿Tres de la tarde?, muy bien, su turno terminaba a las cuatro. Luego de ese mensaje no recibió ningún otro. Al pasó de una tortuga con tres patas, el tiempo transcurrió y llegó el medio día. ¡Perfecto! El almuerzo; precioso y valioso tiempo fuera de ese confinado cuarto, lleno de sonidos de teclas y demás. Llamó a Judy y a Colmillar y los invitó a la cafetería que quedaba a una cuadra de la jefatura, porque sabía que la de dentro de la misma debería estar atestada de animales. Ambos asintieron con una sonrisa, pareciendo que también estaban felices de abandonar aquel endemoniado lugar que chupaba el alma y las razones para vivir.
Salieron y caminaron por la calle rumbo a la cafetería entre risas y anécdotas. Nick y Judy jamás habían entablado alguna relación con Colmillar, por el simple hecho de él ser muy reservado; y en efecto, mientras más hablaban, más se daban cuenta de ello, sumado también que era alguien amable y solidario. Otra cosa que notaron, y que les vino de maravilla, fue que no veía inconvenientes con su relación; es decir, algunos oficiales de la jefatura veían inapropiado o antinatural la relación sentimental entre ellos dos. Sin embargo, eso a él no le molestaba, al contrario, el creyó lo mismo que Garraza.
Judy dio una mirada rápida a ambas pequeñas y las vio muy alegres, aunque Nick notó que Meloney seguía algo tímida, pero no tanto como al principio del turno. Sabrina llevaba de la pata a Meloney, mientras le contaba las hazañas de su padre como policía.
Llegaron a la cafetería y se sentaron en una mesa amplia, Judy junto a Nick, a su lado Meloney y Sabrina, y junto a ésta, Colmillar, su padre.
Se pasaron el almuerzo con tranquilidad y volvieron a la jefatura, se sentaron en sus respectivos ordenadores y continuaron con su tortuosa labor, mientras las niñas jugaban en una esquina para no incomodar a los demás que estaban ahí.
Nick aprovechó que estaba con el ordenador e investigó los trámites legales para la adopción de Meloney. Encontró un artículo:
Proceso de Adopción: entendiéndose que es aquella cuyas consecuencias jurídicas se dan entre adoptante y adoptado, reconociendo a este último como un verdadero hijo nacido del matrimonio y para el caso de no existir el vínculo matrimonial, como un hijo en el sentido amplio de la palabra; dándose sus efectos también entre el adoptado y los familiares del adoptantes.
Eso desanimó un poco al zorro, ya que para adoptar a la pequeña debería estar casado. El problema era que en la ciudad no había alguna ley que aprobara y/o permitiera los matrimonios interespecie. Leyó y releyó el artículo buscando algún vacío legal, y por suerte lo encontró. Claro que para adoptarla debía casarse, pero el artículo dice «y para el caso de no existir un vínculo matrimonial», su astucia lo ayudó de nuevo. En teoría él podía adoptar sin estar casado; porque en dicho artículo no especifica que no pueda hacerlo una pareja inter-especie. Posibilidad que ya había considerado, pero dado que Judy podía aludirse como su compañera podría tener legalmente a Meloney mediante un poder que él le entregase, ya sea como tutora o madre, si así lo quisiese. Lo sabía porque en el pasado movió unos hilos para una amiga de Finnick con aquellos vacíos legales.
Unos cinco minutos antes de terminarse el turno, recibió un mensaje.
Finnick
Nick, ya está listo. Los espero aquí para que me digan su opinión.
El vulpino sonrió complacido al saber que su hermano ya completó su tarea, haciéndosele un poco curioso que lo hiciera él y no mandara a llamar a otro, como acostumbraba. Estaba ansioso, contaba los minutos para terminar e irse a su departamento y observar cómo quedó.
Cuando el turno terminó, se dispusieron a retirarse, Wilde se ofreció a llevar a Colmillar, él aceptó, argumentando que vivía por el mismo camino. Nick y Colmillar fueron a marcar su salida, mientras las damas los esperaban en el auto del vulpino. Al llegar al estacionamiento, se subieron; Colmillar de copiloto y Judy atrás con las dos pequeñas, ambas seguían con sus patitas tomadas.
Nick condujo hasta una intersección en la cual Colmillar y Sabrina se bajaron y se despidieron de Nick y Judy, el tigre estrechó la pata del zorro y luego la de la coneja, en cambio, Sabrina y Meloney se despidieron con un simple «adiós» ondeando sus patas. Después de que los tigres se fueran, Judy se pasó al asiento del copiloto, mientras Meloney veía por la ventana con la mirada perdida. Nick notó esto y se dirigió a la pequeña.
—Meloney, ya la volverás a ver —aseguró, mirándola de reojo—, hablaremos con Colmillar para que nos reunamos de vez en cuando y juegues con ella.
Ella asintió con una sonrisa y Nick condujo al departamento. Una vez ahí, ingresaron al recinto, saludaron a Larry y subieron a su hogar. Él estaba ansioso y tenía muchas dudas en su mente. ¿Habrá quedado bien? ¿Le gustaría?
Sus dudas se disiparon al instante de ver la habitación: las paredes quedaron con un tono azul rey y con huellas blancas que iban de una pared a otra, haciendo semejanza a que un animal anduvo cerca. La cama hacia juego con el color, era de un gris tenue que se fusionaba a la perfección. Lo demás, pues había quedado igual.
En el umbral de la puerta, Finnick los veía con una sonrisa de superioridad. Nick sonrió a su vez, observando que su hermano tenía manchas de pintura por la cara y ropa y estaba sacando el pecho, orgulloso por su trabajo. «Ese pequeño desgraciado sabe que hizo una maravilla», pensó, casi riendo para sí.
—Y bien… ¿les gusta? —inquirió, con falsa modestia.
Antes de que alguno de los dos respondiera, Meloney se adelantó y abrazó con la poca fuerza que tenía al vulpino; Nick trató de ignorar la cómica característica de que Meloney, con tres años, tenía la mitad de la altura de Finnick.
—Gracias —dijo ella.
Luego de la escena del abrazo y él ver al fennec sonreír de forma tosca y ruda como él lo hacía, lo convencieron de que se quedara a cenar, como manera de darles las gracias. Éste le lanzó una mirada afilada, mas Nick lo calmó argumentando que igualmente le pagaría lo que valía su trabajo.
Después de la cena, Finnick se retiró y se despidió con una seña de su pata, una especie de saludo.
—Adiós, tío Finnick —se despidió Meloney, ondeando la patita.
Él gruñó un tosco «adiós, pequeña» y les dio la espalda, yéndose hacia el ascensor. Nick se reía hacia sus adentros, intentando no soltar la carcajada del siglo. ¿Cómo era posible que Finnick estuviera así solo por una cría? Si le hubieran dicho que era así hacía mucho tiempo, seguramente había estallado en risas, pero helo ahí, apenado por una simple despedida.
Nick y Judy llevaron a Meloney a habitación y la acostaron para que descansara. Judy le besó la frente y le deseó buenas noches para retirarse a su habitación, cuando Nick se despidió, Meloney le hizo una pregunta.
—¿Cuándo volveré a ver a Sabrina?
Nick sonrió paternalmente.
—¿Te parece el viernes? —Meloney asintió—. Bueno, el viernes será. Mañana le digo a Colmillar a ver si puede; por ahora descansa. Buenas noches —agregó, revolviéndole el pelaje de la cabeza para retirarse.
Estando en la habitación con Judy, le contó sobre lo que encontró referente a la adopción.
—Aprovechando ese hueco, podremos adoptarla sin inconvenientes —aseguró sonriente.
—Eso es maravilloso, Nick. —Judy no cabía de la alegría—. Aunque… —Frunció un poco el ceño— de verdad quisiera que la adoptáramos juntos, los dos, no valiéndonos de artimañas.
—Yo también, Pelusa —convino, abrazándola por la cintura y acercándola aún más—, pero la ciudad aún no está preparada para esto. Tal vez en unos años.
—Sí, supongo… —Se acurrucó contra su pecho—. Se divirtió hoy, ¿no? —preguntó. Comprendió que era por Meloney.
—Ya lo creo —asintió él.
—Sí; su primera amiga y son inseparables —sonrió.
«Demasiado», pensó el zorro, con una sonrisa. Ambos se dieron un último beso para descansar.
Tundratown. Mansión de Big. Martes, 19 de octubre, 20:02 h.
En la mansión de Big, se encontraba FruFru en su despacho junto a Kevin, el oso polar había mejorado de manera significativa y de igual manera ella. FruFru estaba comparando otros balances. Entre los antiguos y los actuales había un margen de pérdida de más del cuarenta por ciento, lo cual la extrañó. «¿Cómo se baja tanto en sólo dos meses?»
Frotaba sus sienes, agotada por el esfuerzo físico y mental. Se dirigió a Kevin y le pidió que la llevara a su habitación.
Ya en ésta, el oso se retiró y la dejó con su hija. FruFru revisó que no hubiera nadie cerca, sacó su celular y realizó una llamada.
—¿Bueno?
—Sí, diga.
—Busco a Porfirio.
—Él habla. —Hubo una pequeña pausa—. ¿FruFru?
—La misma.
—¿Ya te decidiste cómo haremos las cosas? —quiso saber Porfirio.
—Bueno, en cuanto al ataque, elegí separarlos y atacarlos individualmente —respondió ella, colocándose el móvil entre la oreja y el hombro, mientras cargaba a Judy y la llevaba hacia la cuna—. Pero se hará con algunas condiciones.
—¿Cuáles?, querida.
—Me informarás sobre todos los movimientos que realices, yo hablaré con unos conocidos en la ZPD para que nos ayuden.
—¿Con la policía? —bufó, cansino, casi llegando a suspirar—. ¿No crees que estas tentando tu suerte?
—Ustedes no se verán inmiscuidos en esto, yo seré la mediadora entre ambos.
—FruFru, si te soy sincero, lo tuyo es demasiado arriesgado. Que tú hables con la policía es como colocar la cabeza en el cañón de la pistola que te matará. A ver: ¿cómo crees que tomará la poli que una hija de un mafioso importante les avise sobre una guerra inminente entre dos bandas criminales de alto calibre? Te meterán presa antes de que termines la frase. —FruFru lo estaba pensando, y Porfirio tenía una razón aplastante—. Déjame eso a mí, ¿vale?
—¿Y eso como por qué?
—Digamos que tengo conocidos en la policía.
—Podría decirte lo mismo que tú a mí.
—Ahí es donde te equivocas —dijo Porfirio, y FruFru detectó un timbre divertido y victorioso en su voz—. Conmigo no podrá negarse. —Suspiró—. Por otra parte, cariño, ¿estás sola?
Esa pregunta la descolocó.
—Sí; ¿por qué?
—No confío en tus osos.
Ante tal respuesta, FruFru colgó enojada. ¿Cómo es posible que no confíe en sus animales? Ellos habían estado ahí con su padre, y ahora con ella, y nunca llegaron a mostrar algún indicio de traición. El único que ha estado extraño era Koslov, aunque eso era normal debido a la muerte de Big.
Entonces una pregunta llegó a su mente: ¿debería estarlo? Ellos eran asesinos, crueles, prácticamente entrenados para que nada les afecte, incluyendo la muerte de sus jefes. Entonces…
«Un momento, Koslov lleva actuando extraño desde hace poco más de dos meses. ¿Sera qué…?»
Un extraño presentimiento se apoderó de ella, y mientras acostaba a Judy rogó que no fuera lo que parecía ser.
