¡Oh! Publicó 2 capitulos juntos! No se emocionen que aún no comencé a escribir el que le sigue... trataré de no ser tan mala y publicar pronto!
Ah, olvide algo: Dedico ésto capitulo a Jenny y a Kenia que me a molestado de modo totalmente gratificante y encantador para que siga con El Trato. Las amo chicas, K!


Capitulo 14: Reencuentro: ¿placer o dolor?

El martes a la tarde partió rumbo a La Capital del Oeste con muchas inseguridades dentro del pecho. Por un lado estaba enfrentarse nuevamente a Vegeta con todo los sentimientos y significados que movilizaban su alma, pero por otro lado se encontraba Yamcha, ese joven dulce al cual no sabía como explicarle la situación. Pasará lo que pasara, Bulma estaba dispuesta a enfrentarse a las consecuencias por más duras que le parecieran. Su hermana tenía razón, era momento de vivir y si las cosas salían mal, tomaría ese rumbo incierto que tanto deseaba tomar.

Entró a su apartamento y sintió que no era el lugar que consideraba su hogar. Sintió decepción al entrar, como si no hubiera reconocido el sitio. Comprendió que éste nuevo sentimiento de desear resolver sus vida desde adentro hacia afuera era radical y entre esas cosas se encontraba su apartamento, lleno de cosas que no la representaban en su totalidad, sino que eran objetos que fue adquiriendo a necesidad sin buscar identidad en ellos. Eran las 5 de la tarde y se sentía con ánimos de rifarlo todo y redecorarlo, una nueva Bulma estaba naciendo.

Lanzó el bolso sobre el sofá y sin reparar en el mueble que tantas veces la había contenido con amabilidad se dirigió a su cuarto para buscar ropa cómoda y darse una ducha. Antes de entrar al cuarto de baño tomó el auricular del teléfono y aunque dudo unos segundos, marcó directamente al taller mecánico de su aun novio. Sentir el tono de espera la llenaban de ansiedad por lo que inspiró y expiró para relajarse.

-Taller mecánico Ookami, buenas tardes!- respondió del otro lado del intercomunicador una voz masculina, gentil y vigorosa.

-Yamcha, soy Bulma- trato de no parecer nerviosa.

-¡Bulma!- exclamó del otro lado- Gracias a Dios que llamas. ¿Te encuentras bien? Dime ¿Dónde estás?-

-Estoy en la ciudad, más exactamente en mi apartamento- rió nerviosa – No sé si tienes planes para ahora, pero me gustaría verte para que hablemos –

- Me tuviste preocupado nena, si quieres voy de inmediato a tu casa-

- Eeh.. Quiero darme un baño, porque mejor no nos encontramos en El bar del Dragón en una hora?-

- Si, en una hora estaré ahí puntual, también necesito que hablemos- el tono del joven fue serio y contundente.

- Bien, en una hora, nos vemos. Bye-

-Bien, hasta luego-

La peliazul cortó la llamada y se quedó pensativa observando el teléfono. Yamcha la llamo nena en lugar de cariño, además, su tono de voz sonaba muy firme, demasiado serio al que solía usar. Por un momento pensó que quizás Yamcha también había cambiado, aunque era probable que ese tono de voz fuera porque iba a regañarla por desaparecer sin avisar ni llamar.

La ducha en su propio espacio fue revitalizante. Estaba rodeada de sus productos, de sus toallas, de sus aromas. Eligió algo cómodo e informal, había estado usando la ropa bonita y estilizada que había elegido para el viaje con Vegeta y sentía la necesidad de ponerse jeans, algo holgado encima y calzar algo deportivo y reconfortante. Secó y peino su cabello sin saber bien como usarlo, el largo ya le sobrepasaba a la mitad de su espalda y aunque era femenino usar el cabello largo, lleva tiempo pensando en hacerse un corte corto. Siempre sintió que una chica de cabello largo es femenina pero de cabello corto es sofisticada y sentía que ese nuevo look iba a ir más con la Bulma que sentía llevar dentro. Peinó su flequillo y se lo dejo suelto, no deseaba sentir nada sobre su cuerpo que la hiciera sentirse aprisionada.

Llegó al bar y para su suerte no había demasiado bullicio en el lugar, quizás se debía a que era martes. Cruzó el umbral y a los pocos segundos pudo visualizar al mecánico en una mesa junto a unas de las ventanas que daban a la calle. Apenas él la visualizó, se puso de pie y le hizo seña de que se acercara. Siempre tan gentil, tan linda persona pero por alguna extraña razón el amor se había acabado y se debía a que la monotonía y la falta de intereses mutuos los había alejado lentamente a uno del otro.

-Vaya, hacía tiempo que no te veía tan informal- fue el curioso recibimiento del muchacho.

-Si, necesitaba bajarme de los tacones por un rato- sonrió la peliazul.

Yamcha había pedido una cerveza y pidió otra para su compañera. La conversación empezó amena, Bulma le comentó que había ido a ver a sus padres porque necesitaba estar con ellos tras el incidente en el trabajo y que para su sorpresa su hermana estaba embarazado y se había reconciliado. Ninguno largaba bocado de lo que realmente debían hablar pero en un momento el mecánico se puso serio.

-Mira Bulma, no deseo agregar más problemas a tu vida pero creo que debemos dejar de ser pareja- así, sin anestesia el joven lanzó la primera bomba.

Bulma primero lo miró confundida y luego bajo la mirada al vaso. Era lo mejor pero no sabía como encarar la situación.

-Sé que necesitas mi apoyo en este momento pero creo que esto debió terminar hace un tiempo- volvió a romper el silencio el moreno pero ella no decía nada – ¡Maldición Bulma, di algo! Al menos lánzame la cerveza en la cara- insistió nervioso.

-Es que a eso venía- y una sonrisa nerviosa se coló en el rostro de la muchacha- irónico porque pensé mil reacciones sobre ésta charla y ahora no sé que decir- y tras morderse el labio inferior una lágrima comenzó a recorrer su rostro.

-No llores nena, no me iré de tu lado- y atravesó con las manos la mesa que los separaba para tomar entre las suyas las manos de la chica –siempre estaré para apoyarte en lo que estés-

Una risa nerviosa salió ahogadamente de la garganta de la peliazul. Liberó una de sus manos y se limpió el rostro. Miró al joven frente a ella y notó la dulzura que emanaba y se sintió estúpida al sentir que ella lo iba a estropear todo. Yamcha estaba demostrando determinación y madurez frente a una situación que ya no tenía salida.

-Lo bueno de todo esto es que lo tienes claro y me ayudas a hacerle frente a la situación- retiro la otra mano y dio un sorbo a la cerveza. Nuevamente Yamcha se puso serio.

-Bulma, hay algo más que debo decirte y espero no decepcionarte con lo que diré. Es más, es seguro que me dejes aquí plantado frente a una escena de histeria- pronunció mirando su vaso y al mirarla a los ojos vio como el rostro de ella se tornaba serio y preocupado- he estado saliendo con alguien más… jamás te había engañado, en serio- y se quedó callado, observando preocupadamente la reacción de Bulma que se tornó seria.

-Sigue, no tengo nada que reprochar- fue la cortante respuesta que consiguió.

El mecánico se rascó la nuca con incomodidad, miró por un momento por la ventana y prosiguió algo dubitativo –Es que jamás me había pasado algo así- busco responder pero sintió que la excusa no era más que eso y decidió enfrentar las consecuencias –llevó un poco más de una semana saliendo con –sintió que estaba diciendo más de lo que debía pero al ver la mirada expectante de la administrativa comprendió que ya no tenía más remedio alargar el asunto – Estoy saliendo con Mai, la ex novia de tu jefe- y terminó la frase esperando una merecida reacción violenta por lo que llevó sus manos a su regazo esperando el estruendo que debía soportar por su infidelidad pero nada pasó. Volvió a mirarla y vio un rostro perplejo frente a él. Los ojos azules de Bulma vibraban de desconcierto y sorpresa, comprendió que lo que acaba de decir era más difícil de digerir para ella de lo que había pensado.

-¿Cómo que la ex novia de mi jefe? ¿Me estás diciendo que sales con Mai, la modelo con la cual se va a casar?- El rostro de la chica se iba deformando cada vez más.

No se esperaba esto pero ahora si entendía el cambio de actitud de quién decía ser su novio. Él la estaba dejando porque estaba con alguien más, y no era solo una aventura como la que ella había decidió vivir con su jefe, esto era serio, fuerte. Si Yamcha estaba blanqueando la situación frente a ella significaba que Mai también lo habría echo con Vegeta. Sentía que nada ya tenía sentido, que muchos de sus miedos se iban pero otros comenzaban a aparecer, como la terrible reprimenda que recibiría ya que el casamiento de su jefe era truncado por la persona que ella había puesto frente a su supuesta futura esposa.

-¿Te sientes bien Bulma?- preguntó preocupado al ver palidecer el rostro ella.

- ¡Maldición Yamcha!- fue la compungida respuesta que dio –De todas las chicas que existen en la ciudad tu decidiste meterte con la prometida de mi jefe?-

El joven se quedo estático. Ella le reprimía la chica elegida, no el hecho de haber sido infiel. Realmente esperaba otra respuesta.

-¡¿Acaso no recuerdas que perdí mi puesto de trabajo porque supuestamente desvié fondos para tu emprendimiento?! – la peliazul se mostraba furiosa y confundida.

- ¡Es que fue Mai la que descubrió la mentira!- respondió algo confundido y aturdido- Si no hubiera sido porque ella se enteró de lo que sucedió nunca se hubiera sabido la verdad-

-¡¿De qué verdad me hablas?!- Bulma ya no entendía nada, se sentía burlada porque por lo visto todos sabían más de la estafa que ella misma. Que conexión había entre la estafa, Yamcha y Mai… y ahí cayó la respuesta en su brillante mente- Mai- susurró y nuevamente la frase de su novio o ex novio que estaba frente a ella tomaron sentido- Tu me dijiste que un nuevo empresario, un inverso novato te había dado el dinero, te referías a ella, verdad? ¡A Mai!-

Tras unos segundos la respuesta del joven fue - Si- y lleno de incomodidad se paso las manos por el rostro y el cabello.

No solo se sentía estúpida, se sentía estafada. Y ella que veía en él lo dulce que era y no advirtió lo embustero que podía ser. Lo mismo le había pasado con Vegeta, había visto bajo esa coraza a un caballero que sabía perfectamente resguardar un secreto pero no había visto la violencia que era capaz de soltar cuando le tocaban su dinero. Ella solo veía lo bueno, no media consecuencia, era una ilusa. Pero tampoco se encontraba en posición de reclamar, Mai había salvado su reputación mientras que ella se había metido con su prometido. Al fin de cuentas estaban a mano, aunque en realidad Bulma estaba en deuda porque gracias a la modelo se sabía que ella no era la ladrona. Su respuesta nuevamente fue contraria a lo que esperaba el joven ya que se empezó a reír.

Nada salía según lo pensado, el destino la llevaba a experimentar sensaciones de rabia y alivio por las fuertes revelaciones, riendo por lo bajo como una loca tratando de ese modo de canalizar los sentimientos de frustración que ahora la invadían.

-¿Te encuentras bien?- fue la temerosa pregunta del mecánico que la veía pasar reacciones diferentes con cada frase que se desataban en la incómoda charla.

-Si, es que todo esto es muy loco, tienes que admitirlo- y apresuró el vaso de cerveza –Dime, ¿ya sabe Vegeta que lo dejaste sin esposa?- preguntó con burla pero con verdadero interés.

-Creo que Mai habló con él el fin de semana. Yo intenté hacer lo mismo pero ya no te encontré y me preocupé- la miró fijó, demostrando real preocupación- No vuelvas a irte sin avisar, me tenías realmente preocupado-

-No me digas- fue la satírica respuesta de la peliazul – Suerte que tenías quien te consolara-

-No seas así Bulma, realmente me tenías preocupado ¿acaso dude en verte hoy? ¿Te puse alguna excusa?-

-No, pero podrías haber terminado conmigo antes- reclamó sintiendo culpa porque guardaba el secreto de su infidelidad. Irónicamente, ambos fueron infieles. Más irónico si pensaba que los cuatro eran infieles al mismo tiempo, haciendo un intercambio silencioso de parejas.

-Lo sé, pero te estabas esforzando, me acompañaste a la última carrera, buscaba que las cosas funcionarán y yo que me sentía un idiota que no tenía el coraje de finalizar esto- se excuso entristecido, sintiéndose preso de las circunstancias.

Pero ella no podía dejar de pensar que la iniciativa de tener una aventura con su jefe había sido propia y que estaba recibiendo nada más y nada menos que una cucharada de su propia conducta con la diferencia de que ella no se quedaba con Vegeta porque lo más seguro era no volverlo más luego de la reunión de acuerdo por la supuesta estafa. Respiro hondo y sintió que lo mejor era dar por finalizado el encuentro.

-Perdóname por reclamarte como una idiota, la verdad es que si valoro que te preocupes por mi y que tengas el coraje de finalizar esto de frente – se disculpó la peliazul tras ponerse de pie.

-Es que… -y buscó elegir bien que decir porque ya no la quería lastimar más- La verdad es que te aprecio mucho Bulma-

- Lo sé – dijo algo apenada y se fue, dejando solo en el bar al joven.

Mientras tanto en la Mansión Ouji se encontraban Tarble y su madre que recibía afligida a Mai y Vegeta. La señora de la casa se encontraba totalmente atormentada por lo ocurrido, la estafa que había generado su cuñado la hacía sentir culpable ya que siempre había coqueteado con él sin llegar a más que a un simple juego de histeria sin haber siquiera compartido un beso con Bardcok porque el amor que sentía por su difunto esposo no se lo permitía.

-¡Oh Mai! ¡Qué bueno es verte en casa! Tu presencia al menos nos hace pensar en lo bueno que será celebrar una boda pronto- fue el recibimiento de la distinguida dama.

Los tres jóvenes se miraron algo preocupados y fue Vegeta quién apresuró las cosas.

-Madre, venimos justamente para hablar sobre la boda- fue a lo que atinó Vegeta sonando poco feliz. Su madre lo miró desconcertada.

-Mejor vayamos a la sala- intervino Tarble acompañando a su madre- ¡Teresa! ¡Estaremos en la sala, trae café!- gritó el menor para que la sirvienta oyera.

Una vez sentados, nadie hablaba, solo se miraban unos a otros, la madre de los Ouji comprendió que no había buenas noticias o al menos había cambios. Por un momento dejo de pensar que algo malo pasaba e imaginó lo incorrecto.

-¡Oh! No me digan que piensan adelantar la fecha porque voy a ser abuela- exclamó feliz esperando que sus deducciones fueran certeras. Mai se quedó perpleja frente a la idea.

-Mamá, Mai no está embarazada- nuevamente su hijo mayor sonaba amargado y algo nervioso.

-En realidad queremos que sea la primera en saber que no nos vamos a casar- lanzó la modelo porque sentía que no soportaría mucho más a esa mujer triste y aislada del mundo seguir lanzándole ilusiones que no vería al menos en su persona.

-¡Por Dios Vegeta! ¡Dime que en realidad vuelven a retrasar la fecha!- intervino abrumada la señora.

-Mamá, mejor déjalos hablar- interrumpió Tarble.

-¿Tú lo sabías y me lo ocultaste?- reclamó al menor de sus hijos.

-No mamá, solo te pido que los escuches- repitió el joven.

-La verdad mamá es que… -como haría para decirle a su madre luego de meter en la cárcel a su tío que él pensaba en otra chica y tiraba a la basura lo que sería el casamiento más importante de la alta sociedad. Pero su ex novia lo salvó.

-En realidad Señora yo estoy abandonando a su hijo en el altar- soltó nuevamente sin medir las posibles reacciones de la mujer.

-¡Oh! ¡Qué horror!- y se cubrió la boca con la mano- De seguro se debe al mal carácter que mi hijo tiene- y tras cambiar de interlocutor comenzó a regañar a su hijo como si fuese un niño -¡Te dije que fueses gentil con la chica! Ella es una hermosa mujer, con una exquisita formación, digna de llevar el apellido que tu padre te ha dado-

-¡Mamá!- nuevamente la regañó el menor.

-¡Nada de mamá! Tu hermano a heredado ese maldito genio que tu padre tenía- replicó.

Mai la miró y dio gracias mentalmente por salir de esa familia, lo más seguro era terminar amargada y recluida como esa señora. Esperaba que la que se casase con alguno de esos chicos fuese lo suficientemente audaz para sacar lo mejor de ellos y evitar ese triste envejecimiento.

-La verdad es que su hijo, más allá de ser un maldito amargado, es un excelente partido- dio un sorbo al café que le acaba de alcanzar la sirvienta y continuó- Yo me conseguí un amante tan bueno que he decidido dejar a su hijo para comenzar una nueva vida- Todos se la quedaron viendo. -¿Qué? ¿Acaso nadie en ésta casa cree en el amor?- y mirando a Vegeta sintió deseos de ser aun más atrevida- Yamcha resultó ser un joven sorprendente- y dio otro sorbo sin quitarle la mirada, esperando una respuesta reflejo al nombrar la pareja de su amante.

Y tal como Mai lo esperaba Vegeta casi se ahoga con el sorbo de café aunque hizo un desmesurado esfuerzo por no escupirlo. La modelo supo inmediatamente que dio en clavo y una sonrisa ladina se coló en su rostro.

-¿Yamcha?- preguntó el moreno algo alterado.

-¡Si! ¿Acaso no es fantástico? Tú con ella, yo con él… - lanzó como quién realiza un juego de palabras divertido y tras unos segundos se puso seria y dejó la taza de café sobre la mesa más cercana- No sé, el destino, el karma, el cosmos o como desees llamarlo a veces es caprichoso-

-¿Quién es Yamcha?- preguntó desconcertada la señora de la casa.

-Alguien que conocimos hace poco tiempo- contesto apresuradamente Vegeta sin darle lugar a contestar a la modelo.

-¡Alguien maravilloso!- sonrió Mai con la sorna que tanto la caracterizaba.

La madre de los jóvenes Ouji no tuvo otra respuesta que llevarse la mano al pecho en señal de espanto. Tarble se puso de pie detrás de su madre y busco consolarla, pero ella no dejaba de repetir que todo esto no tenía porque ser, que ella no merecía este tipo de cosas, ella que siempre rezaba tanto. Pero antes de que se recuperará, Vegeta ya había tomado del brazo a Mai y la había sacado casi a la fuerza de la mansión. La modelo se dejó aventar, era un bruto, pero ese poder físico era algo que siempre le había encantado y ser tan flaca la hacía sentir que era capaz de volar. Si, algunas veces su perversidad debía tener límites con ese hombre o podía llegar a ser dañina aun así no se lamentaba dejarlo por el mecánico, Yamcha era mucho más dulce, puro y la idolatraba como a una reina. Una vez en el jardín de la entrada volvió a tener los pie sobre la tierra.

-¡¿Acaso me estabas engañando con el novio de Bulma?!- vociferó Vegeta.

-¡Y tú me engañabas con ella! ¡No me creas tan estúpida!- respondió.

-No contestaste mi pregunta- ya bajando un poco el tono de voz y llevándose una mano al entrecejo en señal de dolor de cabeza –En mi casa me dijiste que me dejabas porque estabas harta de ver que todos me manipulaban y ahora frente a mi madre dices abiertamente serme infiel ¡Esto es demasiado! Demasiado para mí, mi cabeza ya me explota-

-Mira Vegeta, tendrías que ver el lado positivo, te dejo libre de que hagas lo que quieras, con ella o con otras, yo por lo tanto me iré con el mecánico. Con él estoy viendo esto de iniciarme como empresaria en las carreras de auto y si no resulta, pues fue una linda aventura- y comenzó a caminar hacía el auto de Vegeta- Imagino que me llevarás a casa, no?-

-¿Aún crees que en todo este tiempo de relación yo te engañado, verdad?- preguntó sentándose en el lumbral de la mansión –Crees eso, no? Que siempre te he sido infiel y que solo te tuve a mi lado como una fachada- insistió con altanería mientras ella se apoyaba en el capot del vehículo.

-Mira Cariño, no sé qué pensar de todo esto- sacó los cigarrillos y le ofreció uno al moreno pero esté no aceptó así que encendió uno y tras darle una calada prosiguió- De lo único que estoy segura es que lo que había entre nosotros paso de ser amor a una simple camaradería. Ya no veo luz en tus ojos ni ansiedad por verme. Yo siempre debo insistir, aparecer sin aviso, hasta elegí por ti todo lo de la boda, hasta tu traje!- dio otra calada- Vives ocupado, enojado, presionado y estás tan enfocado en la empresa que ni siquiera viste los manejos de tu tío. Él me acosaba abiertamente y tú decías que eran puras ideas mías. Él te quitaba el dinero de tus narices y tú castigabas a quién él señalaba y ¿sabes que vi? Qué te ponías gris, triste, perdías esa galantería y gallardía con la que te conocí. Yo no lograba llegar a ti de modo directo así que la supuesta estafa fue el modo que encontré para abrir tus ojos y ¿sabes porque estaba tan segura? ¡Porque yo fui el quién puso el dinero para financiar las carreras, no tu empresa!- dio otra calada la cigarro y lo lanzó lejos entre las plantas.

-Soy patético, no?- concluyó con los hombros caídos en clara expresión de estar abatido. Mai se acercó a él y se sentó a su lado.

-No eres patético, eres algo terco- y tras apoyarse en su hombro siguió- Eres un gran chico, nadie ve lo que llevas dentro, yo sí y no quiero que termines amargado como tus padres- ambos suspiraron- Vive, no estés tan encerrado. Trataré de estar para lo que necesites- y tras dar un salto y ponerse de pie se paro frente a él y le ofreció sus manos para que se pusiera de pie- Vamos, llévame a casa-

Miles de cosas pasaron por la mente de Vegeta ¿Acaso Bulma sabría esto?

Miércoles a las 08 de la mañana Bulma se encontraba ingresando a la gerencia de Saiya & co junto a su abogado. Sentía que la habitación era más grande de lo que la que recordaba y que la oficina de Presidencia la atraía para engullirla con una fuerza invisible y poderosa como la de la gravedad terrestre.

Al caminar los tobillos le pesaban, el brasier la sofocaba, no la dejaba respirar. Sabía que no era por la mediación que iba a presenciar y protagonizar sino por la ansiedad acumulada de volver estar frente a Vegeta. Entonces una verdad se alojó en su pecho y la angustió. Lo había extrañado demasiado en los días que representaron su fuga y era el miedo al rechazo lo que le pesaba tanto al caminar.

Busco despejar su mente con algo y se encontró pasando frente al escritorio de Fasha, su antiguo escritorio. Nada de lo que había en él le era familiar, siquiera el joven que se encontraba absorto entre carpetas que acaba de abrir. Saiya & co comenzaba su rutina laboral sin saber que había tempestades en el interior de algunos de su integrantes.

No estaba seguro si era por la charla con Mai o lo devastado que había estado los últimos días que habían sido en exceso movidos pero extrañamente había descansado bien la noche anterior. Sentía que Bulma llegaba para completar el éxtasis de la tormenta pasada, con arrestos por estafa a su tío, un golpe bajo tanto para él como para el resto de la familia que no entendían que esa persona que decía amarlo como un hijo solo se había fijado en obtener las riquezas de quién fue su hermano ya fallecido.

Bulma entraría por esa puerta y completaría con su luz las noches de soledad, llenaría esos espacios vacíos que nadie había logrado jamás llenar. Oxigenaría con su aroma las dudas, disiparía los miedos… Tenía algo magnético que lo había abierto de tal forma que en poco tiempo la llevo a su lugar favorito, donde albergaba los mejores momentos de su infancia feliz.

Su primera impresión fue totalmente visual, le parecía tan sexy como insultante. Luego vio más allá, una chica atrevida, inteligente, con temperamento que no reparaba en completo en la autoridad, que se medía solo para evitar problemas, no por condescendencia. Auténtica, pasional y libre, tan libre que fue capaz de desaparecer como un fantasma… Entonces ahí lo comprendió, ella le pidió una aventura y por eso pudo desaparecer.

Ella no se había abierto a él del mismo modo. No lo había traicionado, era transparente y no lo había manipulado como en un principio le hicieron creer a él, pero por alguna extraña razón ella podía ocultarse y era porque había omitido información, había resguardado su identidad, su vida.

No lo amaba como él anhelaba y cuando ese pensamiento llegó a él ella se abrió camino en su despacho con esa altanería que tanto la caracterizaba. Caminaba con seguridad moviendo suavemente las caderas, mostrándose fuerte y única. Debía estar con él y con nadie más, ella podía hacerlo más poderoso de lo que ya era. Ella había dado en la tecla, ella sería suya y no importaba el precio a pagar.

-Buenos días Sr Ouji. Buenos días señores abogados- el Sr Kulilin había roto el silencio saludando y recibió el saludo de sus colegas que se encontraban acompañando al Sr Ouji en su oficina.

Bulma se sentó en silencio, de impecable vestido Jackie azul, cinturón plateado y saco negro. Se sentía hermosa, sofisticada. Apenas dijo buenos días y al hacerlo miró por instinto a Vegeta que la miraba con ojos penetrantes y desafiantes. Extrañamente se dejó intimidar y sintió como se le encendían las mejillas. Evitaría hacer un escándalo, necesitaba terminar eso pronto y huir de su lado. La ahogaba respirar su mismo aire, llenó de su personalidad, de masculinidad. Debía dar por finalizado todo eso o se volvería loca. Desde que él había aparecido en su vida, todo cambio, todo se volvió impredecible, ella se había vuelto impredecible y la asustaba el torbellino de cosas que le desataba su sola presencia.

La junta comenzó con una formal disculpa de parte de la empresa, mostraron las pruebas del caso conseguidas por Raditz y nuevamente pidieron disculpas formales a la señorita Brief. Lo que siguió en la mediación fue una suma como resarcimiento por el daño profesional que le habían generado, un reconocimiento a su labor y la continuidad de su labor en la empresa sin tomar en cuenta los días laborales perdidos. Tendría el puesto que ocupaba antiguamente Fasha en el Departamento de Riesgos Financieros o la trasladarían a Recursos Humanos según fuese su preferencia.

Bulma acepto la indemnización por daños y perjuicios, al fin y al cabo ella había puesto mucho por la empresa. La cifra le pareció un poco excesiva pero sabía que también estaban en cierto modo pagando por su silencio y discreción pero no acepto ningún puesto laboral. Cuando todo iba muy ameno, tomó coraje y miró a su abogado dándole la señal correcta para que entregase frente a todos su desvinculación formal de la empresa. Acaba de presentar la renuncia para asombros de todos menos de Vegeta quien no se inmutó pero se notaba claramente como endurecía las facciones de su rostro. Un silencio ensordecedor y asfixiante reinó en la oficina de Presidencia.

-Acepto la renuncia pero necesito que me acompañes al despacho antes de hacer formal tu retiro- la voz grave del presidente de Saiya & co resonó en la habitación y tras dudar unos minutos Bulma se puso de pie sin decir nada y se dirigió al despacho que tantos sentimientos despertaba en ella.

Sin saber que hacer realmente se puso de pie junto a la mesa esperando que él pasara, al sentir que las rodillas perdían la capacidad de sostenerla se apoyo sobre el mueble. No tenía certezas de que podía suceder, había personas en el escritorio de Presidencia por lo que no iban a poder elevar mucho la voz… o si? Ya no sabía como iba a responder el temperamento de su antiguo jefe ni ella. Cerró los ojos y espero a que él hablara. Oyó como el dispositivo del picaporte cerraba la puerta, tragó con dificultad y cuando abrió los ojos lo vio parado frente a ella apoyado en una de las estanterías, inmóvil, serio, con una mirada indescifrable que parecía buscar respuestas en ellas. Intentó hablar pero las palabras no salían, le dolía la garganta, como si todas las palabras se encontraran atoradas en sus cuerdas vocales.

Notó que ella se mantenía tensa, que intentó hablar pero no emitió sonido alguno. Esos ojos azules, tan azules como el mar vibraban y observó que se aferraba a la mesa con fuerza, pero ella estaba tan asustada que de seguro no lo notaba. Decidió que lo mejor que podía hacer para recuperar su confianza era romper el hielo con una disculpa que se sintiese sincera y lo cierto era que la necesitaba mucho y buscaría demostrar esas emociones que él tanto resguardaba para ser comprendido.

-Siento mucho lo sucedido pero no creo que sea necesario que te marches- pronunció sin pensar demasiado, notó que no debió decir que no se marche, lo dejaba en evidencia en el momento que comenzaba a arrepentirse de todo.

No tuvo respuesta, ella seguía exactamente igual de inalcanzable. Se pasó la mano por el cabello y un pequeño destello llamó su atención. Los ojos de Bulma estaban a punto de explotar pero ella estaba esforzándose por no llorar frente a él y la culpa lo invadió violentamente dejándolo sin respuesta. Acaso, ¿cuántas sensaciones guardaba esa mujer de temperamento impredecible?. Se acercó a ella y sin saber que hacer posó sus manos en los brazos de ella para ver si había algún tipo de respuesta:

-¿Te sientes bien?- la voz del moreno sonó grave y baja.

-Demasiadas cosas- carraspeó por que no le salía la voz- demasiadas cosas sucedieron desde que entré a trabajar acá- completó la frase con dificultad, no se animaba a levantar la mirada, solo miraba la corbata sin mirar.

-Estoy para lo que necesites- nuevamente la voz grave la inundó en un sinfín de sensaciones. Él le decía que estaría, la misma persona que le gritó por haber tocado su dinero, que le importaba más lo bienes económicos que los sentimientos de las personas. La rabia y el desconcierto acumulados estallaron en el pecho de la peliazul y esta vez todas esas palabras que no salían lo hicieron a toda velocidad:

-¿Cómo te atreves a decirme que estarás para lo que yo necesite cuando fuiste el primero en encerrarme en este maldito despacho a decirme que era una maldita trepadora?- y la invadió el sarcasmo y las ganas de cantarle unas cuantas verdades- Claro, ahora resulta que eres un hombre genero y sensible- completó zafándose de la débil contención que recibía.

Siempre le había parecido impredecible pero esto lo estaba llevando a un nuevo nivel, era cierto lo que ella decía pero sus disculpas también lo eran. Sintió el deseo de aclararle a gritos que ella estaba equivocada, que él había recapacitado y fue justo antes de gritar que lo había visto con claridad: él le había fallado, la había señalado, etiquetado sin siquiera sentarse con ella a ver que era lo que realmente había pasado. No le había derecho a defenderse, a contar su versión, cierta o no, él tendría que haber dejado su ira de lado y ver más allá.

-Lo siento- no se atrevió a levantar la mirada y su voz fue poco audible. Percibió que ella dejaba de agitarse con violencia y volvió a repetirlo con un poco más de autoridad, mirándola a los ojos –Lo siento Bulma-

-Yo también- agregó ella con desgana – Nada de esto hubiera sucedido si yo no te ofrecía ese estúpido trato de una aventura- él intento acercarse y ella le indico con la mano que no se acercará – Si yo no me hubiera metido en la cabeza la posibilidad de poder seducirte quizás Mai no se habría fijado en Yamcha… Lo sabes, no?- titubeó al completar el recuento de cosas.

-Si, lo supe ayer cuando informé a mi madre de la cancelación de la boda- tosió y se acercó a ella nuevamente- ¿Sigues pensando en irte de la empresa?- formuló lleno de dudas.

- Necesito aire, oxigenar mi vida y aunque somos lo suficientemente adultos como para superar los rumores en la empresa… -suspiró – Necesito alejarme un tiempo de acá. Saiya & co me ha dado mucho pero debo volver con mi familia, prometí hacerme cargo de la empresa-

-¿Resulta que tienes una empresa?- fue la irónica pregunta de Vegeta al ver que ella no contemplaba en ninguno de sus planes su persona.

La peliazul se acercó con nostalgia y acarició la cafetera del despacho- ¿Sabes a quien pertenece Capsule & Home?

-¿Eres familiar del viejo Breif? Porque su hija es rubia- contestó sin perder el sarcasmo.

-Tights, mi hermana mayor – miró a Vegeta mordiéndose el labio inferior y sintió deseos de cerrarle la maldita boca –Pues investiga más cerebro corporativo y sabrás que tiene 2 hijas: Tights y Bulma. Mi hermana heredó el cabello de mi madre y los ojos de mi padres. Yo llevo el cabello sin gracia de mi padre y los ojos de mi madre- completó soplándose el flequillo.

Los ojos de Vegeta brillaron por un momento, esa era la mujer que le gustaba, altiva y decidida como él pero una frase de Mai retumbó en su mente: "Vive, no estés tan encerrado". Sintió que era una señal, que tal vez Bulma también tenía razón con eso de oxigenar las cosas y que tal vez era momento de separarse por un momento. La deseaba y mucho pero ella no le correspondía. Creyó anteriormente que tal vez, solo tal vez, podría comprarla pero esa mordaz actitud de ella le mostró que no, que debía dejarla partir, al menos por un tiempo. Ya sabía exactamente por donde comenzar a buscar la próxima vez no dudaría en hacerlo.

Una media sonrisa se planto en su rostro que la muchacha reconoció como sentimiento de seguridad y supo que había hablado demás al decir quién era. Ya estaban las cartas echadas, que sea lo que deba ser pensó.

-Gracias por la gratificación, me será de utilidad- agregó dirigiéndose a la puerta.

-Lo que sea por complacerte- ronroneó el moreno desde el sillón sin molestarse en salir del despacho.


Quiero agradecer enormemente a Ina Minina y a Bunny Ball por el apoyo incondicional que me han dado a todo momento. Ellas saben por los momentos que pasé y siempre estuvieron tendiéndome una mano. Las quiero!
Y TAMBIÉN QUIERO MUCHO A LOS NUEVOS LECTORES! Uff! Gracias por los Rw, me dieron mucha energía para continuar esta linda historia! K!