Cap. 007: "Kid"

Desde que ingresase a la marina como un grumete más, siempre tuvo en mente la meta de llegar a ser uno de los más importantes, para eso, se dijo, trabajaría más que ninguno consiguiéndose un lugar entre los grandes cargos. Por su esfuerzo y tesón, no le fue difícil alcanzar su objetivo, y al cabo de un tiempo, ya era capitán a cargo de una pequeña base en ese lado del mar. La suerte y la prosperidad le sonreían al joven capitán marine y entre sus ideales se encontraba bien alto, la defensa de los débiles y de la justicia. Sin embargo, un día su suerte cambio, empecinado en conseguir más y más poder, olvido a su familia por completo, y así fue que un día, su bella esposa y sus hijas, le abandonaron para irse con un millonario que si se preocupaba de ellas. Kid creyó volverse loco, y desde ese momento, sus actitudes y objetivos cambiaron completamente. Se obsesiono de pronto con la belleza de las mujeres que se cruzaban en su camino, así como con la de los hombres que se aparecían frente a él. Claro que a ambos géneros los trataba de manera distinta; ya que mientras que a las mujeres las veía como trofeos a los que debía acumular, a los hombres los consideraba unos poderosos enemigos, a los que se encargaba de desfigurar de manera atroz en secretos calabozos del cuartel de la marina. Un médico que desapareció extrañamente luego de examinarle dijo en su diagnostico que creía ver en los demás hombres a aquel que le había arrebatado a su amada. Claro que este hobby de coleccionar damas y eliminar hombres, los realizaba secretamente y a espaldas de sus superiores, apoyado por unos cuantos hombres de confianza. La imagen del capitán Kid era el terror para los ciudadanos y viajeros que pasaban por las isla de Morte, ya que además de los rumores que acerca del capitán de esta base corrían(se decía que su rostro era tan hermoso que sólo contemplarlo provocaba la locura, por esto se lo cubría con una tela), con su forma de ser, huraña y de pocas palabras, atemorizaba hasta al más valiente de los ciudadanos. Sus hombres le temían y le obedecían sin oponer resistencia y los piratas o delincuentes que se atrevían a desafiarle, sabían que corrían un riesgo igual al de enfrentarse a la misma muerte.

Kid miraba por la gran ventana de su despacho, cuando el Den den Mushi sonó:

--Capitán Kid al habla--dijo en un tono seco
--Saludos capitán Kid--Dijo la voz de el otro lado--Tengo una información que le será de mucha utilidad para sus objetivos--
--Hable entonces, que espera--Dijo algo molesto Kid
--Ohh...No se impaciente señor. Sabe muy bien que yo corro un montón de riesgos para conseguir información interesante para usted, y que esta por supuesto tiene un costo--
--Pero si ya discutimos sobre el precio--
--Es que esta tiene un valor doble, considerando su importancia--
--Esta bien--Dijo Kid más molesto y luego de pensarlo un rato--Pagaré lo que pides, pero si por asomo, no es de la calidad de la que estas alardeando, ten la seguridad que esta misma noche colgaras del palo más alto del puerto--
--No se decepcionará--Dijo con una risa burlona el hombre al otro lado del Den den Mushi

Al colgar, Kid no podía creer lo que acababa de escuchar. Un ex tripulante de una famosa banda pirata era miembro activo de la marina, y lo mejor, es que él era la clave necesaria para dar con el paradero de esa banda, que ultimamente había reaparecido y tras la cual estaban los altos mandos de la marina.

--Debo jugar muy bien esta carta--Pensó Kid--Si la muevo bien y consigo antes que el resto a aquella mentada banda o contactar con este famosos ex pirata, podré llevarle un lindo regalo a la Almirante Alira, lo cual, me sumaria muchos puntos.--

Se sentó en su sillón con una gran sonrisa, esto no podía ser mejor. Ahora entendía bien el porque el vice Almirante Ramsus se dirigía hacia allí con tanta prisa. Debía retrasarle como fuese, y así conseguir ventaja en la que deducía era su objetivo en su cacería. No se había equivocado antes y por eso volvió a decirse:

--Definitivamente, mis queridas gatitas me ayudaran en esto--

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Rentarou llevaba ya una gran ventaja, y se había sacado un gran peso de encima. Haber hablado directamente con Ramsus y enterarse así que ya sabían de su pasado, lo impulsaba a seguir aún más con este plan. Debía encontrar primero a Silver y decidir allí cual seria su futuro. Seguir en su actual vida o volver a su antigua profesión. Los dos caminos le parecían ahora difíciles, pues no sabía sí sus antiguos compañeros querrían recibirle ahora que había servido a los marines. Sin embargo, quedarse en su actual puesto tampoco lo alentaba mucho, ya que de mantenerse ahí, seguramente sería sancionado por no cooperar en la investigación de sus superiores y lo mínimo que le podía pasar era perder su cargo. Sacudió la cabeza para dejar de pensar en eso, y se concentro en el mapa que tenía extendido frente a él. A su lado, dos de sus oficiales trazaban rutas y reflexionaban acerca del lugar donde estaría ahora el famoso Caledonia. Miró por la ventana y en lo más profundo de su corazón enterró para siempre el odio que alguna vez pudo haber sentido por Silver y los demás, todo por haber sido estos piratas.
--Al fin y al cabo, yo también lo fuí--Pensó en voz alta.
--Que dice capitán?--Preguntaron a coro sus oficiales
--Nada, nada--Dijo apresuradamente Rentarou.