Y lo prometido es deuda y acá el final de lo que a mi me pareció una interesante historia para contar. Quizás sientan que el final está forzado pero no dispongo de demasiado tiempo, está historia fue planeada de este modo y aún así superé por mucho el número de capítulos publicados. Gracias a todos los lectores por su apoyo incondicional, a Ina Minina por los consejos que me hicieron crecer tanto, a Bunny Ball por ser mi mejor amiga, mi hermana del alma y que jamás acepto un maldito adelanto de la historia porque quería que la sorprenda y tiene razón, fue para ella. Gracias Kenia, Jenny, Johaaceve, Marilu, Naomi, Yess88,Veros, Celestia... Disculpen si me olvidé de alguien! Gracias por hacerme sentir tan bien y tan querida. Espero lo disfruten mucho, K!
Capitulo 15: El nuevo trato
Al cabo de dos semanas Bulma estaba mirando un lindo departamento en La Capital del Oeste junto con Maron y Tihgt. Es que su hermana insistió en hacerse cargo junto a Leo de la empresa entonces una idea maravillosa nació de las hermanas Brief, ampliar los puntos de venta de Capsule & Home y para eso necesitaban que una se quedara en la capital supervisando lo que sería el primer local de muchos que pensaban abrir.
Bulma necesitaba renovarse, llevaba ese sentimiento hacía tiempo. Sanar heridas viejas para reinventarse y ser más ella misma. Su nueva amiga Maron había sido muy insistente en mantener el contacto y había sido una gran amiga al no tocar mucho el tema sobre Vegeta. Una tarde, mientras publicaban los muebles de los que deseaba deshacerse, le contó todo y justas, como si fuesen hermanas, lloraron y brindaron por la nueva oportunidad que se tomaban ambas. Una empezaba una nueva vida como emprendedora y la otra se animaba por primera vez a apostar a una relación sólida y seria… aunque no dejaba de ser una chiquilina que se reía de todo, había encontrado en Raditz el hombre con la medida justa de locura y seriedad necesaria para contenerla y hacerla feliz.
La menor de las Brief no podía dejar de pensar en su aventura amorosa con su jefe, llena de sentimientos encontrados, de situaciones difíciles. Estaba segura de que algo había pasado entre ambos y que había sido un sentimiento real más allá de la situación de aventura prohibida. Pero no dejaba de ser una mujer con fundamentos y valores, dispuesta a ser en esta nueva vida alguien más prudente.
Por las noches y las mañanas pensaba mucho en Vegeta, lo extrañaba. Sentía deseos de contactarse con él, de enviarle un mensaje, sea por teléfono o mail, pero su nueva actitud frente a la vida la hacía ser cautelosa y esperar que fuese él quien sea el que la buscara nuevamente. Estaba segura que debía ser así aunque muchas veces también se torturaba a si misma pensando si realmente esa era la mejor decisión, evaluando la posibilidad de comenzar ella con un mensaje. Luego se repetía que no, que si realmente la valoraba debía ser él quien comenzara a buscarla. Otros pensamientos también la abordaban sobre que pensaba él de ella, después de todo, su presencia dio un giro inesperado en la vida de Ouji, donde se encontró con que su tío lo estafaba y su prometida lo dejaba por alguien de menor rango que él. Era probable que ahora que las cosas se habían enfriado él sintiera que lo mejor era dejar todo tal cual se presentaba y recomenzar historias por separado. El destino ya diría que sería lo mejor para ambos, y sea cual fuese la respuesta a sus dudas, ella tenía nuevos planes en los cuales pensar y no solo era por Capsule & Home, tenía una preciosa vida que llegaría en forma de sobrino para alegrar sus días.
-Yo creo que es perfecto, muy luminoso y con espacio suficiente- marcaba Tight.
-Yo le pintaría aquella pared de negro o tal vez rojo, eso le daría una estética preciosa- sumaba Maron.
-No lo sé, creo que debe tener un dormitorio más, así cuando vienes a la capital tienes un lugar donde puedes descansar con el bebé- agrego la hermana menor.
-Tengo uno más amplio en venta en el piso superior, tiene 2 dormitorios y un balcón terraza ideal- agrego la agente inmobiliaria.
-Pero se va del presupuesto- objetó Bulma.
-No hay presupuesto Bul- interrumpió la rubia –Papá dijo que ya que ibas a invertir el dinero en el nuevo local, merecías un departamento propio y cuando sepa que piensas compartirlo conmigo, estará feliz de financiarlo- completo la mayor de las Brief que recibió una mirada dubitativa de su hermana menor.
-¡¿Qué esperamos?! Subamos ya!- aplaudió Maron festejando el discurso de la rubia.
La agente inmobiliaria abrió lo que era el departamento del último piso y fue perfecto. Un hermoso lugar lleno de luz, mucho más amplio que el anterior, con un patio aéreo de baldosas rojas y columnas blancas que marcaban el límite con el vacío. La vista a la avenida era grandiosa y se encontraba en un barrio hermoso, no muy lejos de donde pensaban abrir el primer local.
-¿Estás segura de que no es muy costoso Tight?-
-Claro que no, tus ahorros alcanza y sobra para comprarlo. Eres parte de la empresa familiar, no pienses que abrirás el local con dinero de tu bolsillo- objeto su hermana –Hasta puedo darte un préstamo interno- completo con sorna.
Y ahí se encontraban las tres chicas, brindando con las botellas con agua por la nueva adquisición en un piso 11. Jamás pensó que la vida le sonreiría de ese modo y fue cuando nuevamente Vegeta se coló en sus pensamientos apagando levemente su alegría. Se esforzó porque no se notará, ella se había empeñado en comenzar de nuevo y este era el mejor de los comienzo.
Pasaron dos semanas hasta que realmente se mudó, con algunos muebles viejos, otros nuevos y otros aun en falta, con el tiempo lo terminaría de llenar. Junto a Maron llenaron de flores el patio y pintaron con ayuda de Raditz y Yamcha. El último día los acompañó Mai, un momento raro para ambas pero que valió la pena, se debían una charla y la modelo deseaba dejar las cosas bien, con la mejor armonía posible ya que su novio aun se preocupaba mucho por la peliazul y comprendió la razón: ella había estado mucho tiempo sola, apoyada emocionalmente en él y que además había sido la que había impulsado al joven a tener su propio emprendimiento. Ambos habían sido indispensables él uno con el otro.
Mai había aparecido el día de la mudanza, ayudó llevando el refrigerio y opinando junto a Maron sobre donde era mejor poner el nuevo sofá. Cuando notó que las tensiones bajaban, espero a que Bulma quedara sola en el patio y salió a su encuentro:
-Quiero agradecerte la amabilidad con la que me has recibido- interrumpió mientras la peliazul daba una calada a su cigarrillo.
-Lo sé, es raro pero ahora tú estás con Yamcha y yo no pensé que él quisiera venir a ayudar. No supe cómo decirle que no viniera- se justificó.
-No tienes nada que justificar, la que acá está en falta soy yo y la verdad es que… -tomo airé y suspiró como quien busca ordenar un torbellino de ideas- Si, realmente es raro- rió ahogadamente- pero él te aprecia mucho y yo… yo también, no sé, al principió temía de tu presencia, de tu personalidad, tan hermosa, avasallante y al final fui yo quien dejó todo y se fue con tu novio- completó desganadamente mientras se sentaba en el escalón que unía la casa con el balcón terraza. Bulma comprendió que esa mujer bella y exitosa que se mostraba tan fuerte frente a todo tenía las mismas inseguridades que ella. Se sintió por un momento identificada.
-Tú… tú no tienes toda la culpa- agregó con un hilo de voz, sabía que se metía en tu terreno peligroso, estaba en cierto modo dando a lugar a su inmoralidad en cuanto a lo que ambas habías defendido al comienzo con garras y dientes.
-No… o tal vez si pero a medias… yo –nuevamente suspiró con fuerza- yo estaba empujando a Vegeta a algo que él lleva tiempo posponiendo porque no le cerraba- la voz de la morena vibraba. Se puso de pie y cerró la puerta para que nadie las interrumpiera. Luego caminó hasta el borde y se apoyo en el yeso blanco mirando hacía la avenida –Es extraño todo esto pero con Yamcha siento cosas que antes no había sentido y me siento mal, con culpa. Lo más extraño es que yo no sabía que era la culpa- completó con ironía.
Bulma apagó el cigarro en el cenicero que sostenía y tomó la misma postura que la modelo y simuló mirar la gente pasar mientras buscaba que decir.
-Con Yamcha pensamos en casarnos y quería que lo supieras antes de que lo sepan los medios- agregó un poco más segura la morena mientras miraba a su compañera con una sincera sonría.
Bulma no se sorprendió por lo enunciado, se sintió rara al no detectar ningún sentimiento asesino frente a lo que le acaban de decir, una parte de ella se alegraba por ambos, pero otra parte de ella se estrujaba frente a la posible reacción de Vegeta. Nuevamente él la invadía en su mente, hasta cuando no debía preocuparle.
-Pero si tú crees que es muy pronto nos abstendremos de decirlo- completo al notar la no reacción.
-¿De no decir qué?- preguntó algo aturdida.
-Mira Bulma, cuando los medios se pongan a investigar quien es Yamcha saltará tu pasado con él y que trabajaste para Vegeta y que te fuiste y te empezarán a seguir porque pensarán que este romance tuvo que ver con todo esto- completo preocupada.
-No, no te preocupes- y una sonrisa sincera se plantó en el rostro claro de la joven Brief- Me pone muy feliz que todo esto sea tan maravilloso para ambos, que al menos vale la pena-
-¿Lo dices en serio?- la modelo no salía de su asombro- Porque yo creía que tal vez… ¿En serio?- volvió a preguntar atónita.
-Claro, ambos son bienvenidos. Te preocupaste por mí y me dijiste que tuviera cuidado de Bardock y mira en lo que terminó. Además fuiste clave para que se esclareciera la estafa-
-No te confundas Bulma, yo hice todo eso por Vegeta, no por tí- confesó la morena.
Mai notó que incomodó a la peliazul cuando el plan real era acercarse a ella. Pensó que lo mejor era volver a romper el hielo que había entre ambas. Esa chica resultaba ser deslumbrante en varios aspectos, había tenido razón en temerle como una posible competencia, entonces recordó lo que había pasado entre ella y su ex novio. Le dio un pequeño codazo y le sonrió, de respuesta consiguió otra sonrisa.
-¿Has hablado con Vegeta?- lanzó con timidez. La otra se sobresaltó por sentirse descubierta, como si Mai le hubiera leído el pensamiento y supiera que pensaba en él.
-No, ¿Porqué?- buscó sonar lo más natural posible.
-Oh!... Creí que se mantenían en contacto- agregó con poco entusiasmos, como quien se arrepiente de haber tocado cierto tema.
-No he sabido más de él desde que me fui de la empresa-
-Ah! Yo cada tanto hablo con él pero una sola vez hablamos de ti… fue cuando Yamcha te confesó lo nuestro- hizo una pausa incómoda –yo creía que Vegeta me era infiel y aun así me iba a casar con él porque era algo que ambos habíamos arreglado hacía tiempo. Luego él me confesó que no era así pero que… que si había estado contigo… Y fue extraño porque yo lo dejaba por quien era tu novio- entonces vio que a Bulma se le vidriaba la mirada- Perdón, es que ambas nos…
-Nos cruzamos- completo la otra –intercambiamos pareja sin pensarlo, solo que lo mío no funcionó y lo de ustedes sí- completo con una sonrisa tímida.
-Lo siento mucho, en serio, es por eso que me siento con culpa. Siento que en lugar de ganar estoy en falta y yo jamás me había sentido así-
-A veces las cosas suceden porque así deben ser-
-¿Quieres que hable con él?-
-¡No! ¡Por favor no y disculpa por todo este rollo! La verdad es que no quiero que nada se fuerce, deseo algo… natural?- y rió por la extraña conclusión a la que llegaba. Mai no se aguantó y le frotó la espalda en señal de fuerza. Ambas tomaron aire y se sumaron a la reunión de inauguración.
Cuando todos se fueron y se quedó sola en su nuevo dormitorio la peliazul lloró todo lo que no había llorado hasta ese momento. Lo que le había dicho Mai la llevaba a la conclusión de que no era importante para Vegeta, que lo mejor era olvidarlo y enfocarse en sus nuevos proyectos. Ya no alimentaría ilusiones tontas en su pecho.
Un mes y medio de trabajo intenso la llevó a la inauguración del primer local de venta exclusiva de Capsule & Home. El recinto rebalsaba de gente y de flores por la apertura. Una verdadera fiesta que llevó a la familia Brief a La Capital del Oeste. El festejo siguió en su departamento donde una cansada Tight con barriga prominente descansaba en el sofá sin calzado. Había mucho por que festejar, se confirmaba que tendría una niña y que se llamaría Mizugi.
Poco a poco las ventas comenzaron cada vez a ser mayores. Muchas personas consumían los productos de la empresa Brief y se ampliaba el número de clientes y de pedidos. La fábrica comenzó a evaluar una posible apertura de una nueva planta pero no sería hasta que Tight tuviera familia y pudiese valerse por sí misma. Ambas veían lo comprometido que estaba en todo Leo y no querían quitarle la posibilidad de disfrutar de los primeros meses de su hija por nacer.
Tres meses más tarde llegó Mizugi y fue recibida con todo el amor del mundo. Tight comenzó a visitar una vez al mes a su hermana con la excusa de que acompañaba a Leo con los pedidos. Bulma estaba tan feliz con la niña que su departamento se veía cada vez más lleno de cosas rosas. En varias oportunidades la rubia le preguntó a su hermana si había algún pretendiente en su vida pero al llegarle una negativa muy rotunda de su hermana, fue su pareja la que le explicó que varias veces había visto a hombres muy guapos rondando a la peliazul y que ella rechazaba sin reparo. Que temía por su cuñada ya que había echado hacía unos meses a uno que aparcaba a unos metros del local y se quedaba observando los movimientos del mismo.
-Creo que no debes entrometerte tanto Leo-
-Pero ¿y si es un psicópata? Ella vive sola, debería tomar recaudos-
-Ella es muy inteligente Cariño, nada va a pasarle- justificó Tight mientras intentaba que la pequeña Mizugi hiciera el eructo luego de haberle dado el pecho.
Las oportunidades de venta aumentaban junto con las propuestas de noviazgo que Bulma rechazaba. Ella no se sentía en ánimos de un nuevo amor, nadie la hacía suspirar por lo que se abocaba de lleno a su trabajo y a su familia. Viajaba una vez al mes a la casa de sus padres, por lo que veía y disfrutaba de su sobrina cada 15 días. Nadie volvería a quitarle el maravilloso momento por el que pasaba. Cuando Vegeta invadía sus pensamientos, automáticamente buscaba algo con que ocupar su mente. Era momento de crecer profesionalmente y este nuevo estado requería mucho de ella. Ya se aproximaba la convención anual de pequeña y mediana empresa y Capsule & Home había sido contratado para el agasajo, además tendrían un stand en el centro de exposiciones de la misma y la organización corría completamente a su cargo.
Todo iba de maravillas. Tenía 3 promotoras vestidas como azafatas de chaqueta y pollera azul, camisa blanca y lazo rojo, ella vestía igual. Leo con Tight y Mizugi también estaban ahí para ayudar con el reparto de folletos y café. Tenía que comenzar con los sorteos de cafeteras y cápsulas porque la convención estaba a pleno. Varias charlas se ofrecían en varias salas y aunque las chicas hubieran deseado asistir comprendieron que con tanta demanda iba a ser imposible. El evento se realizaba en un lujoso hotel y la peliazul se sintió apenada de no haber reservado una habitación para que su hermana tuviese un lugar donde descansar con la pequeña.
Tenía que prestar atención a todos los detalles porque las promotoras eran muy jóvenes y no sabían hacer otra cosa que quejarse y repartir café. Miró hacía la parte superior del stand y una de las guardas decorativas estaba despegada, no se aguantó. Tomó cinta y subiendo a una silla se dispuso a solucionar el desperfecto cuando sintió que una mano le toma de lleno un glúteo y tras un segundo de quedarse helada, reconoció la voz del pervertido de su ex jefe:
-Hacía tiempo que no veía a esta cola-
-¡Maldito Roshi!- exclamó la peliazul a la vez que sentía que alguien más la tomaba de la cintura y la bajaba lejos del agresor. Cuando giró para agradecer a su cuñado por el rescate se encontró con la oscura y severa mirada de Vegeta que le sonreía de modo perverso.
-Cariño, veo que conoces a Roshi Sama- la voz del moreno sonaba grave y suave como el terciopelo. La joven lo miraba hipnotizada y tras oírlo sintió como se le erizaba el bello de la nuca.
-Perdón Sr Ouji, no sabía que eran… que ustedes se conocían- se disculpó tratando de desaparecer.
-¿Te encuentras bien?- Ella solo parpadeó –Ya sé fue, no volverá a molestar- nuevamente la voz de él sonaba suave y no lograba reaccionar. Siempre había pensado en gritarle pero ahora que lo tenía enfrente no lograba moverse. Le colocó la mano de modo posesiva en la nuca como si la fuese a besar –Te ves hermosa- le susurró al oído y ella olvidó que debía olvidarlo y se humedeció los labios secos con la punta de la lengua.
Sintió como él aspiraba en su nuca su perfume y fue invadida por su aroma masculino. Lo odio por tener el don de revivir en ella cada una de sus células, cada una de unas sensaciones. Deseaba besarlo con todas sus ansias pero antes tenían que hablar. Sin dudarlo, lo tomó de una mano y lo llevó a la parte posterior del stand. Él no se resistió, la siguió con la naturalidad de quienes lleva tiempo juntos. Una vez adentro, caminó hasta una mesada y sin soltar la blanca mano de ella, la guió para que quedase frente a él. La observó tomar aire sin quitarle la vista de encima, ya no se mostraba hipnotizada, se mostraba decidida y eso le encantó.
-¿Qué haces acá?-
-Doy la charla de las 15hs en la sala Diamond- tiro de la mano de ella y la acercó aun más. Con la otra mano le desprendió la chaqueta y le acarició la cintura hasta la espalda y la acercó más a él.
Bulma no lo dudo, siquiera pensó en la posibilidad de resistirse o cual era el motivo de hablar a solas con él. Lo beso primero con timidez y cuando sintió que él invadía su boca se animó a besarlo con profundidad. Lo deseaba y lo necesitaba por más de que llevaba meses negando la situación. Sintió vibrar su cuerpo y que las piernas se le aflojaban así que se aferró al fuerte cuello del moreno. Él no lo soportó, era más fuerte que él y sintió como una dolorosa erección se generaba. La necesitaba más que a nada en el mundo.
Sintió que levemente se le escurría entre los brazos y la abrazo con fuerza.
-¿Te sientes bien?- susurró casi sin aliento.
-Si – trago con dificultad- creo que me mareé, es todo-
La tomó de la cadera y la sentó en la mesada en la que él se apoyaba. No quería separarse de ella así que la tomó por el rostro de modo posesivo y nuevamente la beso.
Ella sentía que cada fibra de su cuerpo se derretía, el calor aumentaba, reaccionaba inmediatamente a su presencia y podía sentir su erección contra su cuerpo, no entendía porque no la había buscado antes o si esto era simplemente un encuentro fortuito. Estaba decidida a cuestionarlo, arrinconarlo cuando la puerta se abrió.
-¡Ahí está el psicópata!- gritó Leo pero Tight comenzó a reír, reconoció a Vegeta de inmediato.
Vegeta dio un paso atrás sin soltarla, tuvo la sensación de que ella se caería. Jamás giró a ver quien lo acusaba, solo la miraba a ella con la mirada penetrante, cerrada y oscura esperando una respuesta.
-Vegeta, ellos son mi hermana Tight, mi cuñado Leo y la pequeña Mizugi- trato de parecer natural pero la risa de su hermana la contagiaba junto con la situación embarazosa en la que se encontraba.
-Te espero en la habitación 628 a las 20Hs- susurró al oído de Bulma y deslizó la llave magnética en el bolsillo de la chaqueta de la joven –Entra si llamar, te estaré esperando- giró, hizo una mueca osca a modo de saludo y se retiró a toda prisa del cubículo posterior del stand.
-¡¿Qué?!- cuestionó molesto el joven.
-Ese es Vegeta, con el cual tuvo una aventura amorosa, y es el ex novio de Mai- intentó aclarar la rubia pero el joven se seguía mostrando confuso.
-¡Pero si ese es el que vigilaba el local hace unos meses atrás!- se justificó, le preocupaba la seguridad de su cuñada.
-¡Ay no!- exclamo al momento que rompía a reír su mujer – No la iba a matar, la estaba tratando de ubicar y tu lo corriste-
Luego de un rato las cosas en el stand seguían como antes de la llegada del millonario Ouji pero Tight era tan aguda como su hermana y quería saber que fue lo que le había dicho él al oído.
-Bul, ven- la llamó a un lado aprovechando que Leo acunaba a la bebé en el fondo –Dime, ¿irás a verlo?- Su hermana se ruborizó y le hizo seña de que mantuviese silencio.
-Parece que tiene una habitación acá, me dejó la llave- Tight sonrió instantáneamente con malicia pero recibió en respuesta un codazo -¡Ya! ¡No!, creo que me debe una explicación-
-Yo en tu lugar me iría a preparar, hueles a tabaco y ya se te está corriendo el maquillaje- criticó su hermana con tono severo. Su hermana la miro con desconcierto -¡Vamos! Ve al toilette y ponte linda, de seguro traes ropa extra en el bolso, obsesiva Bulma Brief- la acuso burlona. La peliazul afirmo con un leve movimiento de cabeza y corrió por su bolso y luego al baño.
Una vez frente al espejo no sabía por donde empezar, su cabello se veía terrible, se le salían mechones. Comenzó a cepillarlo y lo ató nuevamente, porque no quedaba de ningún modo. Se lavó la cara y volvió a maquillarse, sentía el corazón correrle a mil, aunque ella se había prometido hablar primero, aunque luego de tremendo encuentro dudaba tener fuerzas para hablar sin tocarlo.
Revisó el bolso y tenía un juego de pantaletas tan aburridas como las que llevaba puestas, al menos olían a limpio. También tenía una camisa blanca de repuesto y un juego de medias por si se rompían las que llevaba puesta. Jamás había pensado en un encuentro salvaje, solo en un trabajo eficaz y bien acabado. ¿Acaso pensó en las palabras encuentro y salvaje juntas?. Si, definitivamente él la hacía vibrar en otros niveles, le hacía olvidar lo malo, lo triste y lo aburrido con su sola presencia.
Pero, ¿qué haría una vez ahí?... Se quedó atónita frente al espejo mientras se arreglaba, ¿estaba segura de correr ese riesgo de volver a ser abandonada por él? No, el no la había abandonado, ella se había alejado porque él le había gritado… Sí, pero él tampoco hizo mucho por buscarla… o si?, Leo acababa de confesar que lo había echado de las cercanías del local y con lo orgulloso que era él, era muy probable que se fuese totalmente irritado por la intromisión. Rió sola frente al espejo. Completó el aseo precario, se cambio la ropa decidida y guardo nuevamente todo en su bolso. Había un solo modo de saber cómo se resolvería todo este asunto y era yendo a la habitación 628.
Cuando estaba a poco pasos de la puerta 628 sintió que no podía respirar, que le fallaban los tobillos pero era ahora o nunca. Respiró hondo y sacó la llave magnética, se sentía rara haciendo esto pero tras contar hasta cinco, pasó la tarjeta y la puerta se destrabó y se abrió levemente. Se oían voces masculinas adentro así que ingreso con precaución. La suite era enorme y la puerta de ingreso daba a una enorme sala decorada con elegancia y opulencia. En el centro había varios hombres en torno a una laptop y con varias carpetas y hojas sobre la mesa ratona que estaba rodeada de grandes sillones. Giraron por la leve interrupción de la chica y Vegeta se puso de pie al verla. Llevaba el cabello ligeramente húmedo, una camisa blanca a medio abrochar y un pantalón negro de vestir.
-Disculpen, seguiremos mañana, acaba de llegar mi prometida- señaló el moreno haciendo señas de que la reunión se terminaba, haciéndola que se ruborizara, paralizada junto a la puerta por el enunciado. Rápidamente juntaron los papeles y comenzaron a desfilar hacía la salida de la habitación, saludándola con cortesía al pasar. Reconoció a dos de los presentes, eran los abogados que habían estado en la mediación, eso la puso más nerviosa aún.
No percibió que él se acercó a ella y cuando le beso el lóbulo de la oreja ella se sobresaltó. No pudo reaccionar, él la tenía prisionera contra un mueble con una erección palpable, le besaba el cuello y le presionaba los pechos sin quitarle la ropa. La deseaba y se lo hacía saber. Dejo de pelear con la razón y se relajo bajo las atenciones de él, un gemido se escapó de su garganta y se aferró a sus fuertes bazos. Estaba a punto de sacarle la blusa de la falda cuando se detuvo y la llevó de la mano al sillón. Llevaba los pies descalzos y eso le generó una imagen aun más varonil de él.
-Vamos a pedir algo de comer porque luego va a ser muy tarde- la sentó a su lado como si nunca hubieran estado separados, con esa necesidad tan suya de tenerlo todo bajo control y a ella no le importo, sintió que era al único al que le podía permitir eso.
Se quito los zapatos y le dio pena que se vieran las punteras de las medias, le parecían poco sexy. Él tomó el teléfono y llamó a la recepción, tras consultarlo con ella pidió pastas y coctel de frutas, una botella de champagne y dos de agua. Colgó y se lanzó sobre ella, la recorrió con las manos sin quitarle la ropa mientras le besaba la base del cuello, le desprendió los primeros botones de la camisa y lamió entre los pechos que se mostraban generosos en el brasier, olía a una mezcla de perfumen y jabón blanco, ella tan real, tan diferente al resto que siempre fingían poses. Simuló penetrarla sin quitarle la ropa y ella se entrego por completo, no se quejó, enredó sus dedos en su cabello obligándolo a besarla más, dándole pequeños tirones en el cabello. La tomó con una mano de la cadera y la sujetó a su pelvis que exigía liberación, ella se arqueó y comenzó a acompasar los movimientos. A ese ritmo iba a perder el control antes de que llegara el buffet pero no lograba parar, había esperado demasiado tiempo. Tomó aire, la dejó en reposo sobre el sillón y la miró:
-Te propongo un trato- casi no le daba el aire para hablar. Ella se rió, era irónico, así habían empezado con lo de la aventura.
-¿Quieres una amante?- le sugirió ella con picardía.
-No la necesito- la voz sonó grave y suave, como un ronroneo- pero si te quiero a mi lado-
El corazón de ella dio un brinco muy fuerte, quedó por un momento paralizada, sintió renacer todas sus esperanzas, solo lo miró. No salían las palabras, no sabía que decir, temía que fuera una mentira más y ella lo deseaba tanto que disfrutaría del placer de sus cuerpos sin necesidad de hacer promesas. Ese autoritarismo en sus frases, buscando siempre ser el controlador eran una maldita ambigüedad, porque ella no era de nadie pero adoraba ser de su propiedad. Tanta distorsión le generaba ese hombre que se odiaba a si misma por ser tan débil frente a él
-Si te quedas conmigo prometo- susurró a su oído para luego lamerle el hueco de la clavícula- prometo no gritarte otra vez – dio otra envestida con la ropa aun puesta y lanzó su aliento hacía ella- prometo hacerte muy feliz-
Debía estar soñando, después de tanta locura, de tanto besarlo, él la dejaba ir por un maldito malentendido y desaparecía por meses y de la nada aparecía nuevamente lleno de energía, prometiendo lo que ella no pedía pero secretamente anhelaba. No, en esas condiciones no podía pensar con claridad, era capaz de darle todo, hasta las escritura de la casa de sus padres.
Se abrió la puerta y ambos se sobresaltaron, era el camarero que ingresaba a la suite con un carro que trasladaba el pedido que habían realizado hacía un rato. Vegeta se puso de pie y fue a recibirlo para que no ingresara más. Mientras él hablaba con el camarero, Bulma sintió la necesidad de buscar su teléfono y sin saber mucho por que llamó a Tight. Se dirigió a la ventana para hablar con su hermana, estaba desbordada por la emoción del momento y necesitaba un escape seguro.
Tight no se esperaba que la llamara tan pronto, temió que le haya pasado algo pero luego comprendió que su hermana estaba desbordada por la emoción del momento. Le aconsejo que se relajara, que disfrutara, que ambos tenían mucha tensión sexual por la cual desquitarse. Que dejara de ser tan mojigato, que en la mañana sabría perfectamente que clase de hombre era. Si la lanzaba fuera de la habitación como una más, era un completo idiota… si no la soltaba, quizás valía la pena.
-¡Vamos Bul! Ya somos adultos, disfruta y que sea lo que tenga que ser, nadie va a señalarte. No solo ellos tienen derecho a divertirse-
-Si, si, lo sé. Tienes razón Tight!- carraspeó tratando de que sea lo más disimulado posible y agrego- Gracias y disculpa que te deje con todo a cargo.
-No te preocupes, ahora es asunto de Leo- rió la otra y cortó.
Se aseguró de dejar mudo el teléfono y cuando se volvió se encontró con Vegeta totalmente desnudo de pies a cabeza, caminando hacía ella seguro de sí mismo y con una erección más que sugerente, se podía decir que era urgente. Nuevamente se paralizó, ese hombre la desencajaba continuamente y la llevaba a un nuevo nivel de lujuria y escándalo. Antes de que pudiera reaccionar la tomó de las muñecas y la arrastró con prudencia pero sin sutilezas hasta el sofá donde habían estado, la recostó y se arrodilló frente a ella. Primero le subió la falda hasta la cintura y con las manos le rasgó las medías a la altura de la entre pierna y no atinó a quitarle la ropa, solo le corrió la braga y comenzó a succionar con voracidad toda su feminidad que ya se encontraba húmeda y cálida de las atenciones anteriores.
Bulma no lo podía creer, era capaz de arrastrarla hasta un precipicio y ahí mismo hacerla suya sin que ella intentar resistirse. Era más que obvio que entre ambos corría una misma energía que al unirse los llevaba hasta el nirvana, olvidando el mundo que los rodeaba por completo. Y fue ahí que el comenzó a penetrarla con lujuria con la legua que sentía como tortura exquisita. Todo su abdomen se llenaba de cosquilleos y contracciones dolorosamente placenteras. Cuando ya no aguantó más y llegó al máximo con esas sensaciones, se colocó sobre ella y le quitó la blusa de la falda y con destreza desprendió el brasier por atrás y quitó los breteles, lo retiró sin quitarle la blusa. Sus besos devoraban sus pechos que estaban turgentes, deseosos de sus labios. Los pezones rosados eréctiles pedían a grito su atención y él lo sabía. Lamió uno, luego tiró levemente de con los dientes mientras que no dejaba de penetrarla con los dedos. Moldeaba sus pechos con la mano con habilidad, sabiendo hasta donde apretar sin lastima, ejerciendo placer con los pellizco y mordidas.
Estaba tan sofocada que no tenía más reacciones que respirar con dificultad y con las manos se agarraba fuerte del tapiz. Buscó desesperado su boca y cuando logró besarla con una demencia furtiva la envistió sin aviso, con fuerza. La deseaba solo para él, todo su cuerpo era de ella, todos sus pensamientos, cada una de sus células solo podían responde a ella así que las envestidas eran cada vez más fuertes, más vigorosas hasta el punto de no soportarlo más y sin pensarlo se entregó en su cuerpo. Fue un orgasmo placentero y agonizante. La espera había sido larga, nadie merecía más de sus atenciones que la mujer que lo recibía entre sus brazos. Ni una sola de las que había visto lo había hecho perder la razón como ella con su sola presencia. No había encontrado el modo de sentirse atraído por nadie más desde aquel incidente donde había tropezado con ella. Tenía algo que lo tenía aferrado a ella y no estaba en sus planes negarse, se rendía con total voluntad a su cuerpo blanco y femenino.
La respiración de ambos eran turbulentas. Ella le beso el rostro y cuando llegó a su boca, lo beso con el poco aliento que le quedaba. El resultado fue sorprendente, lo vio sonreír con los ojos cerrados, como quien logra su cometido después de un extenuante esfuerzo. Fue fugaz pero real, al abrir los ojos era nuevamente de mirada inquisidora y oscura. ¿A cuántas habrá regalado algo tan bonito y puro como eso?
Con la mano que tenía libre, buscaba sin aciertos quitarse las medias que le estrangulaban las piernas. Al notar su esfuerzo, él se reincorporó y le quitó las medias destrozadas junto con la braga y la falda. Volvió a ella, le besó el vientre y volvió a colocarse entre ella y el sofá. La puso de espaldas a él y le besaba la nuca abrazándola con fuerza con si temiese que se cayese o se fuera. Volvió acomodarse y le pasó una de sus fuertes piernas por sobre las de ella, como si quisiera protegerla. Le quitó la coleta del cabello que estaba hecho una maraña y se lo acomodó un poco para luego besarlo con ternura, esa chica lo tenía embelesado.
-¿Deseas comer algo ahora?- su voz fue grave y baja. Ella estaba flotando en nubes de algodón entre sus brazos y pasó por alto la consulta. La apretó más y la sacudió levemente. Ella resopló.
-No creo que pueda comer así, estoy como en una especia de caja de seguridad- rezongó casi dormida. Su calor, su aroma, sus besos eran embriagadores para ella.
Se reincorporó con ella en brazos y luego la soltó para ir hasta el carro que lo llevó a un extremo de la sala. Se pudo oír con claridad el pitido de las teclas de un microondas. Bulma se miro, lo único que llevaba era la blusa blanca toda arrugada pero no le dio lugar al pudor ni al protocolo y así como estaba fue a acompañarlo a él que estaba completamente desnudo. Cuando se iba acercando a él pudo por primera vez reparar en la perfección de su figura bronceada vista desde atrás. Se notaba que ocupaba mucho tiempo fortaleciendo y torneando cada una de sus partes. No sabía qué era lo que más le apetecía más, si sus piernas perfectas, su espalada imponente que se apoyaba en una ceñida cintura masculina o esos glúteos que parecían sacados de una escultura griega. Todo en él era labor y perfección, comenzaba a creer que esa era una de las facetas que tanto le gustaban de él.
Juntos, sin sentir incomodidades, calentaron las pastas, aunque en una oportunidad él no dejaba de mirarle los pechos hasta que la tomó por la cintura y le mordió levemente el cuello. Ella se sintió derretir, él sintió volver el vigor a su cadera. La puso al mando del carro para que lo llevase hasta donde estaban antes. La miró por un momento ir y le pareció la mejor imagen antes vista de ella, aunque cada vez que la veía siempre tenía el mismo sentimiento. Bulma notó la atención que le prestaba así que comenzó a caminar con lentitud moviendo las caderas insinuantemente. Él tuvo una mejor idea así que se puso detrás de ella y tras besarle la nuca, la acorraló contra el carro del cual empujo y guió a ambos hasta el dormitorio.
Una enorme cama llena de mantas y almohadones blancos y dorados coronaba esa habitación que parecía sacada de un palacio barroco. Una vez acomodados en una de las mesas de desayuno de la habitación comenzaron a cenar con miradas desafiantes del moreno y coquetos pestañazos azules.
-¿Por qué haces todo esto?- rompió el juego ella que necesitaba aclarar dudas.
-Porque te deseo- fue la escueta respuesta de él.
-¿Solo eso? ¿Deseo?-
-Si hay algo para lo que no soy bueno es para el romanticismo, estimadísima señorita Brief- y el rostro se volvió duro como un muro.
Siguieron comiendo en casi en silencio, solo comentarios triviales sobre el sabor de los platos. Una vez que ambos estuvieron satisfechos, el moreno la tomó de la mano y la llevó hasta el cuarto de baño. La desnudo con suavidad y la llevó con él hasta donde se encontraba la ducha, pasando por alto la tina con hidromasaje. Reguló el agua buscando la temperatura correcta sin soltarla y cuando logró su cometido, arrastro a su amante junto a él para agasajarla con un baño rápido y erótico. Se contuvo de volver a hacerle el amor bajo el agua aunque ya se sentía recuperado, el primero encuentro había sido desgastante por la ansiedad y la ferocidad. Si esperaba que ella se quedara a su lado, debía hacer las cosas diferentes y demostrar con hechos lo que no podía expresar con palabras. Su cuerpo reaccionaba a ella con intensidad y en un momento de locura la atrapó contra la pared y se refregó contra ella con vehemencia mientras le apretaba los pechos con las manos y le recorría con besos el cuello hasta culminar en esa boca que tanta locura física y mental le desataba. La oyó gemir y de un gruñido se retiró de ella. En un estado confuso le dio una tolla y le pidió que lo esperara en la cama. Ella obedeció con aturdimiento y él terminó su aseo en su ausencia.
Bulma no lograba comprender esos cambios repentinos de actitud, no sabía si irse o quedarse. Vio la enorme y confortable cama y sintió todo el cansancio caer sobre ella, dejó caer el toallón al piso y se deslizó entre las sábanas, en la mañana tendría más claridad.
Y ahí estaba ella, durmiendo como una ninfa entre etéreas sábanas blancas y doradas. Su piel, su boca, su perfil hermoso, su cabello aún húmedo. Se acurrucó a su lado y la apretó contra su erección, ella despertó de inmediato y por un momento se quedó estática, así que la tranquilizó pasando su nariz por la nuca y susurrando que nada había pasado, que estaba segura. Ella aflojó la tensión de su cuerpo, por lo que se colocó sobre ella y la recorrió con la mirada. Bajó hasta su abdomen y lo beso como quien tiene la esperanza de una promesa por cumplir.
-Quédate conmigo- rogo su voz grave y ella sintió tanta electricidad en su vientre que suspiró para aliviar la tensión.
-¿Por qué me tratas así? Siento que te burlas de mí- la voz le vibraba al igual que sus enormes ojos azules. Solo recibió de respuesta una mirada penetrante –Dime porque me dejaste ir, me diste ese dinero y me dejaste ir… ¿Querías que te olvide?- gimoteó.
-No- rotundo y seco, sin saber como una velada erótica se convertía en una catarata de reproches.
-¿Por qué me dejaste ir y luego apareces de la nada en tu corsel blanco a salvarme de lo que yo puedo manejar? ¡Me traes acá, les dices a todos que soy tu prometida y luego me sales con eso de que esto es solo deseo!- la voz se ahogaba en un hilo agudo y él solo la miraba, desde su altura, teniéndola a ella desnuda a su pie –¡Si esto es solo sexo, quiero que me lo digas ahora!- exigió la peliazul.
-¡No!- y su voz retumbó como un rugido y sintió bajó que ella daba un respingo, acababa de romper su promesa de no volver a gritarle. Se sintió ofuscado, ahogado, así que se sacó las mantas y se sentó a la orilla de la cama tratando de buscar una solución a la posibilidad de perderla nuevamente. Giró y la vio ahí, de brazos cruzados, con el ceño y los labios fruncidos. No podía darse el gusto de perderla, era avasallante y al igual que él exigía respuestas claras. Se giró sobre ella que no se inmutaba y no le quitaba la miraba de encima.
-Perdón- hizo una pausa y como ella seguía sin ablandarse siguió- Perdón, es que… No sé, jamás antes me sentí así con alguien-
-¿Ni con Mai cuando se iban a casar?- seguía estoica con su postura. Él respiro profundo.
-No, eso fue mutuo acuerdo, mi padre estaba muriendo y le dije frente a ella que sí, que me casaría con ella, no fue una propuesta formal- le acomodó un mechón y ella ladeó la cabeza para evitar al máximo el contacto –Te quiero a ti y solo a ti, a nadie más- y como si se sacara un peso de encima su ceño se aflojó. Ella solo atinó a abrir los ojos con estupefacción -¿Me perdonas? Es que a veces no sé como responder a lo que siento-
Bulma sintió en esa declaración que Vegeta bajaba todas sus defensas y le dejaba ver lo que a ningún otro hubiera dejado ver. Comprendió por la ausencia pero no porque la había dejado partir.
-Y si me quieres tanto como dices, ¿Por qué me dejaste ir de la oficina ese día así nomás?- necesitaba la respuesta.
-Porque te vi turbada, acorralada, superada por la situación- dio un respiro y se acomodó a su lado colocando su cabeza sobre una de sus manos y con la otra entrelazó la de ella sobre el vientre blanco de Bulma –Sería mucho mejor recomenzar si estabas más tranquila, sin miedos- Tomó nuevamente aire –Y yo… yo tenía muchas cosas que resolver en la empresa, con mi familia, eran muchas cosas y tampoco estaba preparado para estar al cien por ciento contigo-
Solo atinó a morderse el labio inferior, la cercanía y la verdad analítica como él había percibido todo lo volvían a convertir en el ser perfecto del cual ella se había enamorado, sintió que valía la pena intentarlo, él ya se había abierto a ella, faltaba que ella diera el próximo paso. Tragó con dificultad y observó la incertidumbre en el rostro masculino de su amado cuando le soltó la mano. Se acomodó de lado y con ambas manos tomó su rostro y lo beso con la pasión que sentía desbordar en su pecho. Fue un beso largo, profundo, lleno de amor y de promesas. Temía que el embrujo se rompiera si le decía que lo amaba, él no se llevaba bien con el romanticismo, así que pensó en otra cosa:
-Me quedo- susurro contra sus labio- Me quedo porque me te quiero y sé que me quieres-
-Eso no lo dudes jamás- y sintió como él dibujaba una sonrisa tímida contra sus labios antes de volver a besarla.
-Quiero champagne- rió ella mientras se colgaba de su cuello, feliz de tenerlo de verdad, sin la necesidad de volverse a esconder, después de todo él ya la había proclamado su amor frente al señor Roshi en la convención y frente a varios miembros de la empresa al llegar ahí.
-Yo quiero darte mi apellido y que me des una niña tan hermosa como tú- pronunció en sus labios y se escondió en otro beso. Ella rio con su aliento en su boca.
-Un niño guapo como tú- corrigió ella.
-No, quiero tus ojos en ellos, tú eres la guapa acá, yo solo soy una ilusión- y se aferró a la cadera de ella.
- Y dime, ¿qué harás con las pobres criaturas?- rió ella frente a tremendas ilusiones conjuntas.
-Los llevaré al trabajo y la pequeña princesa caminará a mi lado con tu belleza y mi carácter- pronunció orgulloso, nuevamente salieron risas descontroladas de ella.
-Pobre niña, no encontrará marido- agregó con ironía.
-Por supuesto que no, me tiene a mí y yo las tendré a las dos- y comenzó a besar el cuello de quien sería de ahora en más la única mujer capaz de derribar cada una de sus murallas.
A la mañana siguiente despertó con la claridad que invadía la habitación, no tenía noción del tiempo. La noche había sido fantástica y dulce junto a un Vegeta que le prometía darle todo lo que ella esperaba. Temía que el encantamiento se acabara con la llegada del nuevo día y parte de ese temor se generó con su ausencia del dormitorio. Espantó como pudo esos pensamientos negativos y fue directo a darse un baño. Por un instante creyó que él entraría pero nada ni nadie la interrumpió. Secó su cuerpo y su cabello con las toallas y lo único que encontró para ponerse era una bata de seda blanca con flores lilas que aun estaban en su envoltorio en una banqueta que había en el cuarto de baño. Se la colocó y sintió la delicia de la seda sobre su piel generándole un sentimiento de erotismo que no le generaba su salto de cama de algodón.
Cuando se acercó a la mesa de la sala observó a Vegeta que vestía camisa blanca, pantalón negro de vestir y sandalias. Estaba usando la portátil y haciendo anotaciones en una tablet. Le hizo ademan de que se acercará, estaba el desayuno humeando sobre la mesa. Se preparó un café y no quiso interrumpirlo, pero él se tomó un momento para acercarse a ella y la besó en los labios con ternura, eran como una feliz pareja consolidada. Tomó un sorbo de café y recordó su teléfono. Lo buscó y le escribió a su hermana para que no se asustara por su ausencia, eran ya las 09 de la mañana. Recibió automáticamente un mensaje de que estaba todo ok, que le daba el día libre. Le hizo gracia y buscó un enchufe para cargarlo, pero Vegeta apareció tras ella, apoyando su cadera en sus glúteos y le susurró:
-¿Qué buscas?-
-Poder cargar mi teléfono- y se meció en el abrazó que él le daba. Él tomó el artilugio en sus manos, lo llevó a la mesa donde se encontraba el desayuno, desconectó un aparato y colocó el de ella.
-Tengo algo para ti, para que comprendas que lo de anoche no fue mentira- tomó algo entre los cables a lo que ella no había prestado atención y se lo entregó –Para que entiendas que me cuesta decirlo pero es verdad-
Bulma se quedó atónita con el regalo recibido, era un pequeño estuche que no se animaba a abrir. Afinó la mirada y frunció los labios, eso no podía ser cierto, menos en tan poco tiempo… O si, después de todo llevaban cerca de un año conociéndose. Él al principio estaba muy serio, pero al ver las reacciones diversas en el rostro de ella no tuvo más opción que aguantarse de no reír. Pasaron unos largos segundos hasta que al fin se animó a abrirlo. El estuche contenía dos anillos similares, eran alianzas de algún tipo de metal claro con una raya al medio. El de menor tamaño que sería para ella llevaba una fina línea negra al medio, el de mayor tamaño llevaba una similar pero de color azul oscuro. Eran anillos de compromiso que los representaban a ambos y ella no podía creer en el detalle de que cada uno llevaría al otro representado en colores en símbolo de unión y exclusividad.
Para cuando pudo reaccionar, él ya no estaba desayunando, estaba parado frente a ella y le tendió la mano en señal de que la tomara y se pusiera de pie frente a él. Nadie iba a inclinarse sobre nadie. En silencio y uno frente al otro se colocaron los anillos que significarían que serían siempre el uno para el otro. Se estaban besando cuando se sintieron unos golpes en la puerta. Vegeta la soltó y le pidió que esperara, al instante volvía con bolsas, era ropa y zapatos nuevos para Bulma.
-A ver si ahora dejas de vestirte como una bibliotecaria- le entregó las bolsas a la peliazul que le guiño el ojo con picardía -¡Ah no! ¡Eso es una provocación!- rugió el moreno y se lanzó sobre ella.
Mientras la besaba comenzó a desatarle la bata y la arrastró hasta el dormitorio, le quitó la bata y la lanzó contra la cama, ella se movía como sirena esperando a su amante. Se quitó la ropa con rapidez y tomó el lazo de la bata con el cual ató las muñecas detrás de ella con un moño. Arrastró la cadera de ella hacía el borde de la cama y comenzó a succionar su feminidad, lo volvía loca y ahora la tenía a su disposición, era libre de tenerla. En algún momento ella puso sus pies en sus hombros y comenzó a empujar mientras él la agasajaba, dejó de atenderla y la miró extrañado.
-¿Te lastimé?-
-No, me toca atenderte- y le guiñó el ojo. Vegeta tiró de ella hasta que la sentó sobre la alfombra mostrando que él mandaba.
-Mando yo- su voz de oyó grave y contundente
-Ahora me tienes a mí y algunas veces mandaré yo- fue la respuesta segura que recibió, de aquella mujer que se encontraba sentada frente a él totalmente desnuda y atada de manos, solo pudo pensar que ella era tan perversa como él había imaginado –Ponte de pie mi amo- rogó y no lo dudo y se puso de pie sin siquiera tocarla.
Con esfuerzo ella se puso de rodillas y con ingenio comenzó a lamer y consentir su masculinidad. Cuando percibió que estaba tan duro como ella necesitaba, comenzó a succionarlo lentamente hasta poder acomodarlo en su boca desprendiendo en cada succión un gemido varonil y ronco de su amante. Comenzó progresivamente a subir el ritmo de la felación y cuando él estaba a punto de llegar al clímax, la quitó de ahí con brusquedad, la puso de pie frente a él comenzó a devorarle la boca, sintiendo su propio sabor mezclado con el dulzor de su labios.
Con un poco más de cuidado la colocó sobre la cama y antes de que ella se entregará, la giró y la puso boca abajo, le dejó las piernas juntas y la penetró con la estreches de tenerla con los glúteos juntos, tomándole el cabello y jalándolo para que no quedase con el rostro contra la colcha. La oyó gemir con una mezcla de placer y dolor, así que las siguientes envestidas fueron más suaves, iguales de placenteras. Esa mujer le hacía perder los estribos, lo obligaba a tener mayor autocontrol del que ya tenía y a su vez, lo liberaba. Ella era capaz de todo y él daría todo por ella, por eso los anillos, la sumisión, pero ella debía ser feliz además de él y él siempre la cuidaría más allá de las responsabilidades que pudieran agobiarlo. Salió de ella, la desató y se acostó boca arriba, por una vez se dejaría dominar.
Bulma sintió esa liberación como algo más que un permiso y si dudarlo, al verlo boca arriba, se puso sobre él y disfrutó de ser ella quien manejaba el ritmo y la profundidad. Cuando se estaba agotando, él se reincorporó con ella encima y sentando comenzó a guiarla y ayudarla en lo que quedaba en llegar al final, la apretó contra él cuando la sintió vibrar y tras unas estocadas más él también lo alcanzó. La siguió abrazando con fuerza, buscó recuperar la respiración. Una vez recompuesto, se puso de pie y fue hasta la sala y volvió con el teléfono de ella y se lo lanzó.
-Avisa a tu hermana que te quedarás conmigo todo el día, yo voy a cancelar cualquier cosa que tenga que hacer hoy- y ambos se dispusieron a desaparecer del mundo en aquella habitación.
Un rato más tarde ambos estaban acostados en la cama, abrazados, disfrutando del diseño de las alianzas que eran más que un objeto para ellos, era el símbolo físico de lo que sentían. Estaban juntos, piel a piel, planeando como verse, planeando como compartir sus hogares, imaginando como iban a presentar a sus familias. Llevaron parte del desayuno a la cama por primera vez en mucho tiempos ambos no pensaron en el trabajo o la familia. Más tarde se reunieron Tihgt, Leo y la pequeña Mizugi que gimoteaba cuando Vegeta la miraba fijamente buscando refugio en brazos de su madre.
Todo comenzaba a brillar para ambos, sin ataduras, sin sombras. Acordaron cada quien seguir con sus negocios, para darse el aire. Algunas veces Bulma viajaba a sola a ver a sus padres, en otras ocasiones la acompañaba él. Vegeta también realizaba viajes solo, de un día o dos y volvía siempre deseoso de verla, con algún presente para ella. Poco a poco fueron adaptando sus días y sus noches, poco a poco ella aprendió a no temer a esa apariencia ruda y él en ceder el mando. Ambos habían encontrado en el otro algo que no lo completaba, sino que los hacía mejores.
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