LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN. SÓLO LOS OCS
Agradecimientos
ThePhantomPain02: gracias por tu review. Por lógica, él sería Hades, sin embargo, con respecto a qué pinta en ésto, ya verás. Pues sí son muchos ámbitos, aunque es predecible por dónde atacará, ¿no? xD. Gracias por leer.
Firefox Arcanine: gracias por tu review. No exactamente su hermano, pero te vas acercando. Gracias por leer.
SirDaniSkywatcher304: gracias por tu review. Me alegra que te haya gustado. Gracias por leer.
brucorra: gracias por tu review. No responderé eso, pero tu duda está en el clavo xD. Gracias por leer.
Alex Fox de Wilde: gracias por tu review. Con respecto a qué es de Nick, ya verás. Debes seguir leyendo xd. Gracias por leer.
HELEN18: gracias por tu review. No puedo responder a tu suposición porque si no estaría spoileando todo, sólo toca esperar y leer. Gracias por leer.
Jair937: gracias por tu review. Me alegra que te guste. Gracias por leer.
Alicevalentinebwh: gracias por tu review. Bueno, sobre si lo es o no, ya verás xD. Gracias por leer.
Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.
XIX
Declaración de guerra
BunnyBurrows. Miércoles, 20 de octubre, 14:19 h.
La cabeza le dolía a Nick, entre la consciencia y la inconsciencia, a punto de desmayarse, pero con la suficiente fuerza de voluntad para no hacerlo. Era extraño. Se sentía como si estuviera en un plano astral distinto. Ya había aceptado su muerte, y maldecido la debilidad de su cuerpo por no aguantar el dolor hasta que hubiera matado a Zeus, ya después de hacerlo, no le hubiera importado caer en coma si le tocaba. Muerto el zorro, estaría en paz.
Sin embargo, cuando ya se había abandonado a los brazos de la muerte, escuchó un disparo tras de sí. Corto y rápido, y Zeus cayó al suelo, con una herida en el hombro derecho, haciéndole soltar el arma. Nick fue asaltado por un golpe de adrenalina que le devolvió sus sentidos por corto tiempo, logrando, entre pataleos y temblores, afincarse en sus rodillas y codos, para volverse y encontrar a Colmillar, con pistola en alto y los ojos serios.
—Colmillar —murmuró Nick, cansado.
Zeus intentó tomar la pistola de nuevo, pero Colmillar volvió a disparar, impactándole al vulpino cinco cuatro más: tres en el abdomen y uno en una pierna. Nick estiró el hombro, conteniendo un quejido de dolor, para tomar su pistola y matar a Zeus. La alcanzó, pero el pulso le temblaba mucho.
—Vamos —murmuró para sí—. Sólo una vez. Necesito un disparo. Uno solo. Deja de temblar.
—No se mueva —ordenó Colmillar a Zeus, casi con un rugido—. Patas en alto. Si mueve un músculo o me da la sensación de que hará algo potencialmente peligroso, dispararé y lo mataré sin miramientos. —Empezó a caminar hacia él cuando Zeus se mantuvo quieto—. Queda bajo arresto. Tiene derecho a permanecer… —Cuando Colmillar hablaba, Zeus comenzó a llevarse las patas hacia las orejas, cubriéndoselas.
Entonces, por curioso que le pareciera a Nick la posición de Zeus, que lo normal era estar de rodillas con las patas en la nuca, no cubriéndose las orejas, comprendió el porqué. Un repiqueteo en el suelo lo alertó, haciéndolo apartar la vista de Zeus a un artefacto en el suelo que rebotaba unas últimas veces antes de quedarse quieto. Al darse cuenta de qué era, por instinto cerró los ojos y se cubrió los oídos.
Luego, vino la explosión.
Un mudo pitido, indoloro, azotó sus oídos, y una opaca luz atravesó sus párpados, sin aturdirlo ni hacerlo desmayar. Se impresionó por ello, si estando protegido el efecto de la aturdidora lograba llegarle, ¿cómo hubiera sido si lo hubiera recibido de lleno? Diez segundo después, el brillo se aplacó. Nick abrió los ojos y se encontró con un Colmillar que estaba hincado en una rodilla y se sostenía afincando la palma de la pata que no tenía el arma en el suelo.
Instantes después, la comadreja que había visto Nick llegar con los Olímpicos, apareció con paso burlesco y despreocupado de los cultivos del fondo, con una pata reposando en su cintura.
—Mira en qué estado has quedado, Zeus —dijo, burlón.
Zeus, quien parecía haber recibido los efectos de la granada en su cuerpo, ladeó el rostro y frunció el ceño.
—No es la manera más adecuada para ayudarme, Hades.
Hades sonrió, encogiéndose de hombros, se llevó una pata a la espalda y sacó un revólver, con el que apuntó a Colmillar. Nick notó que a éste le sangraba uno de los dos oídos; él jadeaba y parecía al borde del colapso.
—Creo que deberíamos dejar esto aquí —comentó Hades a nadie en específico, el mensaje iba para todos—. Si seguimos, todos moriremos.
Sin esperar que nadie dijera nada, Hades comenzó a caminar hacia Zeus, llegó con él y lo ayudó a levantarse. El zorro lanzó unos quejidos y varios juramentos por el dolor, mientras la sangre le manchaba el traje y la carretera. Los ojos de Zeus se toparon con los de Nick, cuando Hades sacaba una granada de humo.
—Esta me la cobro, Nicholas —dijo Zeus.
—Hazle algo a quienes quiero —jadeó Nick, empezando a ver borroso— y considérate muerto.
—¿Es una amenaza?
—Es una advertencia —gruñó.
—Nos veremos, Nicholas. —Hades empezó a llevárselo, dando Zeus pasos cojeados.
Nick quiso dispararle, intentó alzar la pata para apuntar, pero entre el dolor, el temblor de sus extremidades y la nube de humo negro que producía la granada, no pudo conseguirlo. Las piernas dejaron de responderle, haciéndolo caer por completo,
La mandíbula la sintió fría contra el asfalto, a pesar de ser más de medio día, y la visión se le oscureció por los lados, como una fotografía quemándose, hasta que la oscuridad lo envolvió en un abrazo reconfortante. Su último pensamiento consciente fue para Judy.
En algún lugar en los límites de Distrito Forestal. Miércoles, 20 de octubre, 18:39 h.
Hades llegó a la mansión con Zeus, donde estaban reunidos la mayor parte de los Olímpicos; él llevaba a rastras al zorro, el cual estaba al borde del colapso. Las primeras en ayudarlo fueron Hera y Atenea, llevándolo a su habitación. Una vez allí, lo recostaron en la cama y la nutria les pidió que los dejaran solos, ella lo iba atender.
Hades y Hera asintieron y se retiraron, dejándole todo a Atenea.
Ella lo desvistió, dejándolo en bóxers; ahí pudo apreciar la magnitud de las heridas. Una en el hombro, a nivel de la clavícula; una en la pierna, muy cerca de la rodilla; y tres en el abdomen, ubicadas cerca de zonas vitales, aunque sin riesgo de muerte.
Zeus respiraba de manera entrecortada, mientras Atenea limpiaba la sangre y, con una gasa imbuida en alcohol, desinfectaba la zona. Al completar la limpieza, se retiró un momento al lavabo, volviendo con una afeitadora; le rasuró el pelaje de las heridas, sumado a un espacio circundante de un dedo de grosor para que, según lo que le mencionó, no entrara ninguno en la herida. El dolor y ardor era insoportable, haciéndolo gruñir y aferrarse a las sábanas de la cama. No obstante, aquello no era todo, faltaba lo más doloroso: la extracción.
Jadeaba, dando pequeños gemidos cuando el ardor empezó a mitigar, pero los reanudó, soltando uno que otro grito ahogado cuando Atenea le abrió las heridas con una pinza. Primero separaba la piel y carne con la pinza, luego hacía presión con sus garras y, para rematar, introducía la pinza tentativamente en busca de los proyectiles. Una vez encontrados los sacaba rápido, pero eso no significaba que fuera indoloro. Se sentía más como un rápido y preciso navajazo. Ella repitió el proceso cuatro veces, sacándole todas las balas y luego suturó.
Cuando sintió contra su piel pelada el frío metal de la aguja, bajó la vista, encontrando un fino hilo quirúrgico y el metal brillando a la luz de la luna que entraba por la única ventana del cuarto.
—Resiste. —Fue lo único que le dijo.
Inició. Con cada sutura Zeus se retorcía del dolor, intentando aguantar hasta que todas estuvieran cerradas. Lo peor era que no era la primera vez que Atenea tenía que suturarlo por una balacera, ya con esa, iban cuatro veces. Sin embargo, conocía la excelente labor que hacía.
Luego de unos veinte minutos suturando, desinfectando y vendando las heridas, Zeus estaba listo; lo único que se negativo era que estaba al borde del desangramiento. Trató de levantarse, pero Atenea se lo impidió.
—Mantente recostado —le pidió—, has perdido demasiada sangre. Si no te permites recuperarte terminarás muriendo…
—Atenea —murmuró, tratando de llamar su atención.
—Con respecto al dolor —continuó—, veré si hay algo en el botiquín lo suficientemente fuerte como para que puedas dormir esta noche sin problemas. —Empezó a dirigirse al baño cuando Zeus la llamó por su nombre.
—Alison.
Existía una regla no escrita dentro de la organización: siempre llamarse por los alias, sin importar la situación. En caso de llamar por los nombres, significaba total atención, porque la situación era importante en demasía.
—¿Qué sucede? —le preguntó, cuando estaba en el umbral de la puerta del baño de la habitación.
—Necesito… —Se recostó en la cabecera de la cama, quedando un poco erguido— que planees un golpe contra Hopps y Wilde.
Atenea se mantuvo impertérrita, si se sorprendió, no lo demostró. Ella era uno de los pocos animales que conocían su pasado y las cosas que hizo, como para atentar contra animales que ya estaban igual de heridos que él. Sus ojos severos se volvieron de piedra, a la vez que asintió.
—Muy bien. —Se volvió hacia el baño—. Trata de no moverte mucho los puntos se abrirán.
En cuestión de un minuto, Atenea volvió con tres tipos de comprimidos distintos, tanto en forma como en colores. Calmantes, supuso. Ella se los tendió y Zeus los tomó a palo seco, sin agua. Luego de darle algunos otros indicativos sobre no moverse mucho y mantenerse en cama, se dio media vuelta y salió de la habitación.
Zeus se pasó ambas patas por el rostro en un intento de serenarse.
—Haz elegido a alguien erróneo para atacar, Nicholas —murmuró presionándose los ojos con fuerza, como evitando que todo lo que le pesaba salieran de ellos—. Ya deberías saber, por fuerza, que los Wilde siempre actuamos hasta las últimas consecuencias.
