LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN. SÓLO LOS OCS
Agradecimientos
ThePhantomPain02: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo y quiero leer tu review, para ver si aciertas. Gracias por leer.
Alex Fox de Wilde: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer.
SirDaniSkyWatcher304: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer. En cuanto al fic de Hotel Transylvania, ya lo hice y va por el segundo capítulo, pásate y me dices que te parece.
HELEN18: gracias por tu review. Ya verás si tu conclusión es o no correcta. Gracias por leer. En cuanto al fic de Hotel Transylvania, ya lo hice y va por el segundo capítulo, pásate y me dices que te parece.
algebra12: gracias por tu review. Ya verás si tu conclusión es o no correcta. Gracias por leer. En cuanto al fic de Hotel Transylvania, ya lo hice y gracias por leerlo y comentarlo :D
Jair937: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer.
TEH Fluffynator: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer.
brucorra: gracias por tu review. Espero que te guste el capítulo. Gracias por leer.
Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.
XX
Reencuentro
Downtown, Hospital Central de Zootopia. Jueves, 3 de noviembre, 09:48 h.
El inicio de un nuevo día significaba para Judy más trabajo por hacer. Desde lo ocurrido en BunnyBurrows con los Olímpicos, sumado a todo el caos, la polémica que hubo y su constante sentimiento de culpa por no haber conseguido su objetivo, el cual era capturar a McLean, ella se las arreglaba para investigar por su cuenta, aprovechando que tenía tiempo libre que Bogo le confirió para hacerse cargo tanto de Nick como de su padre; cuidar a Nick y pasarse donde Stu, a quien cuidaba su madre. Todo eso, además, de comer, dormir y evitar que colapsase por el estrés. Llevaba quince días en esa rutina y ajetreo incansables, desgastándola física como emocionalmente.
Salió del elevador del hospital, volviendo del piso donde tenían a su padre, quien se había salvado por poco, ya que gracias a las zanahorias la bala no le rozó ninguna arteria importante, con sólo más que un pulmón perforado. Caminó por el pasillo y llegó a la habitación de Nick, abrió la puerta y entró.
Nick había llegado al hospital casi al borde de la muerte, con cuatro impactos de bala distribuidos en ambas piernas, uno en un hombro y uno en la muñeca, sumándole que casi murió desangrado. Las primeras horas luego de su ingreso a la sede fueron las más tortuosas después de las de su padre, porque en el caso de él, ella le pudo donar sangre sin problemas, al contrario que el de Nick, quien para su mala suerte tenía un tipo de sangre particularmente difícil de conseguir, sumado a que no habían zorros conocidos que le hicieran el favor de donarle.
Lo creyó muerto, hasta que, para su sorpresa, el mismo zorro que ella observó en el restaurante comandando a Los Gigantes, apareció ante ella, con una cara risueña y un poco burlesca, contrastando un poco con el pequeño ceño que empezaba a formársele.
—¿Qué haces aquí? —le había preguntado. Sabía que como estaba en un hospital, no podía hacer una escena en el lugar. Lo más que podía era interrogarlo.
—Calma, coneja. —El zorro alzó las patas en señal de rendición—. Vengo a hacer un acto de solidaridad. Aunque no lo parezca, soy muy solidario.
Judy había quedado un momento en blanco. Ese zorro tenía la misma personalidad que Nick. Y de hecho, si se fijaba bien, era muy parecido, con la única diferencia que sus ojos eran azules y no verdes.
Sin decirle más nada, el zorro pasó como si el hospital fuera su casa, le dijo a la enfermera dependiente que iba a donar sangre para Nicholas Piberius Wilde, a lo que ella le indicó los requisitos para hacerlo, sobre todo siendo para un paciente en específico. Él echó de lado todos los procedimientos con un gesto de la pata, argumentando que no era la primera vez que estaba donando; la enfermera le dio una planilla a llenar y se lo llevo. Mientras Judy había visto al zorro alejarse, estaba con una puya en la mente: muy pocos conocían el segundo nombre de Nick. Entre esos estaba ella, Bogo y algún que otro conocido, como Finnick.
Más aún, el hecho de que sentía haberlo visto desde mucho antes de lo ocurrido en el restaurante, pero no recordaba dónde.
Tiempo más tarde, salió con ese semblante alegre, aunque con un toque de mareo por la pérdida de sangre. Pasó a su lado y le guiñó el ojo, en una silenciosa promesa de volverse a encontrar. Tiempo después de que se hubiera ido, mientras cuidaba a Nick, Judy se había preguntado de dónde le parecía familiar ese zorro, dejando de lado el restaurante. ¿Por qué se preocupaba en ayudarlo? Sin embargo, el tema quedó de lado cuando, días más tarde, Nick despertó por poco tiempo.
Ahora, Judy terminaba de sentarse en unos de los sofás mullidos de un animal que había en la habitación de Nick, a la espera de que éste despertara de una vez; lo habían mantenido con anestésicos potentes para mitigarle el dolor por los días pasados hasta que estuviera clínicamente estable y lo despacharan, lo que le avisaron, era hoy.
Tomó el periódico que había comprado antes y se dispuso a leerlo, intentando relajare. No lo logró. Apenas posó sus ojos por el titular, éste era el mismo que los últimos días, con la leve diferencia de que ahora cuestionaban a la ZPD. Otra vez.
¿Filas criminales en la ZPD?
Otra vez, pensó. Animales que juzgaban sin saber nada. Mentes atemorizadas que sólo tomaban hechos fuera de contexto y sacaban conclusiones. Esa era una de las razones que sacaban el pequeño demonio interno que poseía. Respiró profundo y leyó el artículo, que era aún más venenoso que el encabezado.
Es bien sabido por los habitantes de Zootopia, que hace quince días hubo un gran ataque en el pueblo
rural de BunnyBurrows, sin embargo, de lo que pocos tienen conocimiento, gracias a un contacto en la ZPD se nos dio a saber que el Olímpico conocido como Damián, alias Hefesto, tiene relación consanguínea con el jefe de la policía, Bogo, siendo ellos hermanos. Esto siembra la duda en la ZPD, que al día de hoy, con dicho caso, que ha tenido sus fracasos redimidos esta vez, si actúa como debe o si hacen tiempo por orden de Bogo para evitar capturar a su hermano. Anteriormente no capturaron a nadie de la organización criminal Los Olímpicos, y ahora obtienen a uno y el cuerpo del otro. Sin embargo, los daños materiales y animales no son algo que se pueda reparar tan fácil.
La pregunta de si estamos seguros para a un segundo plano cuando nos preguntamos: ¿debemos
confiar en nuestros protectores?
Molesta, Judy dobló el periódico y frotó sus sienes, intentando calmarse. Era muy sencillo lanzar mierda a quienes ponían el pecho al peligro. Siempre es más sencillo criticar desde lejos, sin arriesgarse a nada. ¿Por qué no hablan sobre los policías que dieron su vida en aquel evento? Soltó aire, despacio, serenándose, para enfocarse en lo importante. El parentesco de Hefesto y Bogo era algo clasificado, de prioridad uno, sólo la Alcaldía y los elegidos por Bogo, Judy, Nick, Colmillar y Garraza, estaban al tanto, ¿cómo era posible entonces que se hubiera filtrado?
Sin respuestas, se soltó en el sofá, estirándose a todo lo que su cuerpo le daba. Quince días en ese ajetreo, ese ir y venir de un piso al otro, de comer rápido, de no dormir mucho, de cuidar a Meloney; la estaba matando. No daba abasto suficiente para su padre y Nick, por lo que poco a poco se le comenzaban a notar ojeras por sobre el pelaje.
El pitido del monitor cardíaco era constante y relajante, haciéndola caer en un leve letargo, en donde cada parpadeo era más pesado que al anterior. Entonces, de un momento a otro, observó cómo Nick empezaba a abrir los ojos, aturdido, para luego fruncir el ceño al darse cuenta en dónde estaba.
Sonrió a todo lo que su agotado cuerpo le permitía y se quedó mirando fijamente al zorro, quien localizó sus lilas; esos verdes lucían agotados, y no era para menos, estaba vivo por poco.
—Hola, zorro suicida —sonrió, sin ánimos de reclamarle lo suicida que fue el haber hecho lo que hizo.
—¿Me extrañaste? —dijo con voz carrasposa.
—No. —Negó con la cabeza—. Sabía que no te irías.
—¿Por qué?
—Hierba mala nunca muere. —Le guiñó el ojo.
Ella se levantó y fue hasta Nick, contándole lo que había pasado, omitiendo el hecho de que el zorro líder de los Gigantes le donó la sangre, eso era un golpe muy fuerte. Después de varias disculpas por parte de él por haber hecho semejante locura, indicaciones de ella, cuánto tiempo llevaba internado, del personal médico, decirle el estado de Stu e informarle que tenían una semana libres para su descanso, Nick pareció más animado.
Lo dieron de alta y ella lo sacó del hospital en una silla de ruedas. En casa lo esperaban Meloney y Bonnie, quien la estaba cuidando cada que salía y se quedaba cuando quería en el departamento. Sin embargo, Judy por solicitud de su madre, le entregó las antiguas llaves de su departamento, cuando ella argumentó que no quería molestarlos a los tres, sumado a que del Hospital Central a su antiguo departamento era un trayecto más corto.
Cuando su madre se fue, Judy ayudó a levantarse al vulpino, regañándolo cuando afincaba mucho la pierna derecha, que era la más lesionada de las dos. No obstante, no le costó mucho hacerlo que tomara una siesta luego de tomarse las pastillas que le recetaron para terminar de curarse.
Mientras Nick dormía, Judy intentaba encontrar sentido a las cosas, más que todo el por qué los Olímpicos no habían hecho movimiento alguno. Es decir, con gran parte de la policía inhabilitada por la heridas y recuperándose, lo normal, si se tratase de la coneja, que usara eso para poder superponerse a ellos y tener control de la ciudad, pero no. No ocurrió nada. Ni Olímpicos ni Gigantes se habían manifestado, más allá de que el líder de éstos últimos ayudase a Nick.
Y estaba también ese punto: ¿por qué él lo ayudó?
Tamborileaba sus garras en el comedor, escuchando el tintineo constante contra el vidrio, mientras analizaba. Horas después, cuando anochecía, se dio por vencida, ella no era una mafiosa ni tenía una mente criminal tan avanzada como para prever los movimientos de un grupo de animales que, para colmo, tenían sus propios ideales a seguir además de los generales de la organización. Pasó la vista por el lugar, encontrando a Meloney hecha bolita en el sofá, durmiendo con Nick.
Entonces fue cuando, con una sencillez pasmosa, supo quién era el líder de los Gigantes y el salvador de Nick.
Era tan simple como un golpe al mentón, sembrándole más preguntas que respuestas.
Ahí, en la sala, justo al lado del pasillo que llevaba a las habitaciones, en una mesita de estilo antiguo, estaba un portaretrato. Más en específico, a la fotografía que había en éste. Sonrisa vivaracha y ojos azules, esbelto y con un aspecto alegre. «¡Es él!» Se acercó con cuidado de no despertar a Nick o Meloney y analizó la foto. No había duda. El zorro que llevaba a Nick en hombros era el mismo que lo ayudó. «Eso quiere decir que…»
Nick conocía al líder de Los Gigantes.
Mitad impresionada, mitad enojada, Judy se volvió, tratando de poner la avalancha de preguntas que llegaban a ella en orden para despertar a Nick e interrogarlo. No sólo le había ocultado una pieza de información importante, sino que necesitaba saber en definitiva quién era ese zorro.
Lo meció, despertándolo, él abrió los ojos, aletargado.
—Nick… —comenzó a decir, pero el sonido del timbre la detuvo.
—Zanahorias —murmuró Nick, arrastrando las palabras—, ¿puedes abrir, por favor?
Judy asintió, sintiéndose como un robot que obedecía órdenes. Meloney empezaba a despertar también. No supo en qué momento Judy se supo en la puerta del departamento, pero volvió en sí cuando el timbre sonó por segunda vez. Se asomó por el ojo mágico que había instalado Nick poco después de su mudanza al hogar, apropiado para su tamaño, y notó que unas patas de pelaje blanco sostenían a una FruFru, quien sonreía al ojo mágico.
Judy abrió, con curiosidad. ¿Qué hacían FruFru y Kevin, porque indudablemente tenía que ser Kevin, ahí?
—¡Hola, Judy! —saludó ella, sonriendo, haciéndole una seña a Kevin para que la acercara y pudiera darle dos besos en las mejillas—, ¿cómo estás?
—Hola, FruFru —saludó en respuesta—, y hola, Kevin. —El oso polar asintió a modo de saludo—. Bien, bien. Estamos bien. —Hubo una pausa—. A riesgo de sonar grosera, FruFru, y sabes que adoro tus visitas, aunque ésta sea la primera que me haces, ¿a qué se debe? Son… —Sacó su móvil del bolsillo del short que tenía puesto— casi las nueve de la noche.
—Es algo compli…
Y así, como una sombra del pasado, el zorro líder de los Gigantes, el mismo de la fotografía en el portaretrato de Nick, apareció, ladeándose de Kevin, silencioso como un fantasma. Aquellos ojos azules expresaban una diversión que su sonrisa acentuaba.
—Tenemos que hablar, Cola de algodón —aseveró, interrumpiendo a FruFru.
Judy se quedó por un instante anonadada.
—¿Debemos? —preguntó, alzando una ceja—. ¿Te recuerdo que eres el líder de un grupo criminal?
—¿Te recuerdo quién salvó a Nicholas? —rebatió, cruzándose de brazos—. No seas así, Hopps.
—¿Zanahorias? —llamó Nick, desde atrás—, ¿qué sucede?
Ella intentó decirle que no era nada, pero cuando se volvió, el vulpino estaba apoyado en la pared, con Meloney tomada de su pata. Sus ojos la atravesaron, como si no estuviera ahí, enfocándose sólo en el zorro.
—¿Cómo te sientes, Nicholas? —preguntó el zorro, moviendo una pata en un gesto de saludo.
Nick abrió los ojos con sorpresa, para luego pasarse la pata libre por el rostro, con una mueca indescifrable para Judy. Bueno, se dijo, ya que estaban los dos zorros reunidos, obligaría a Nick a que le cuente ciertas cosas.
—Veo que estás recuperándote —comentó el zorro.
—Sí —respondió, ido—. Dime, ¿qué necesitas?
El zorro abrió los brazos, dando unos pasos dentro del departamento. Judy no se lo impidió, quería ver hasta dónde podía llevar a Nick; con una seña les indicó a Kevin y FruFru que pasasen. El zorro estiró los brazos como si viera a Nick en mucho tiempo.
—¿Esa es forma de saludar, Nicholas?
—No creo que sea momento para eso, James —dijo, con el semblante muy serio; las cejas parecían una línea, y Judy sabía que eso quería decir que de verdad el asunto era delicado. Nick se volvió hacia Meloney—. ¿Puedes ir a tu cuarto, cariño? Los adultos necesitamos hablar. —Ella asintió y se fue.
Poco después de que la puerta se cerrara, gracias a su agudo sentido de la audición Judy pudo captar el murmullo de la TV. El zorro líder de los Gigantes se llevó una pata a la nuca, observando el lugar.
—Al menos podrías decirle quién soy, Nicholas —comentó el zorro, señalando a Judy por sobre su hombro con el pulgar.
—Cierto, Nick —corroboró ella, cruzando los brazos sobre su pecho y dando pequeños golpecitos con el pie—. ¿Podrías decirme quién es él? ¿Y por qué te salvó? ¿Y por qué su foto está allí? —Señaló el portaretrato.
Ambos vulpinos voltearon para verla, con expresiones distintas. Mientras la de Nick era de normalidad, de ver algo cotidiano, la del zorro era de incredulidad, mezclado con algo que parecía dolor y afecto. Nick se volvió.
—Creo que deberíamos sentarnos —propuso, señalando con un gesto amplio el comedor.
—No me has respondido, Nick —dijo Judy.
—Bien. —Parecía estar pensando qué diría o cómo decirlo. Después se dejó caer de hombros—. Zanahorias, él es James. Mi tío.
