LOS PERSONAJES DE ZOOTOPIA NO ME PERTENECEN. SÓLO LOS OCS


Agradecimientos

ThePhantomPain02: gracias por tu review. No te preocupes por el retraso, y en cuanto a tus especulaciones pues, deberás leer :D. Amé tu capítulo nuevo de tu fics, te lo dije en la review y te lo digo de nuevo :v. Gracias por leer.

Daniel Shurtugal: gracias por tu review. Justo esa era la reacción que quería causar. Gracias por leer.

Byakko Yugure: gracias por tu review. Tu odio me da años de vida, sho también te amoh 3. En cuanto a lo que pasará, tendrás que leer el capítulo para que te hagas una idea. Gracias por leer.

Alex Fox de Wilde: gracias por tu review. Espero que se salven, todo depende de la situación :v. Gracias por leer.

armony men: gracias por tu review. Yo nunca planeé dejar a Judy de segundo plano, y en este capítulo lo verás. Y tengo unas escenas hermosas para ellas, claro, si me conoces sabrás lo que quiero decir :V. Gracias por leer.

SirDaniSkyWatcher304: gracias por tu review. James es Porfirio. Sobre lo de Meloney pues no sé quizá viva o quizá no y en cuanto a que planean, deberás leer el capítulo. Gracias por esas palabras sobre mi regreso, y aquí estoy. Gracias por leer.

Jana: gracias por tu review. Me alegra que te guste y me alegra más aún que hayas detectado las pistas. Gracias por leer.

HELEN18: gracias por tu review. Huehuehuehuehue he matado a casi todo el mundo. Feel a like Grim Reaper :v. ¿No más sorpresas? Cariño, los capítulos venideros no serán aptos para cardíacos :v ya verás por qué lo digo. En cuanto a lo de mitología pues, las sagas de "Percy Jackson y Los dioses del Olimpo" así como su secuela "Los Héroes del Olimpo" hablan bastante sobre dicha mitología y para lo demás existe Master... es decir, para lo demás usa a SanGoogle :v. Gracias por leer.

PinPonUst: gracias por tu review. Me alegra que te guste el fic. Gracias por leer.

Alicevalentinebwh: gracias por tu review. Si yo digo que no la dejaré, así será, y aquí me tienes con un nuevo capítulo. Gracias por esperarme. Gracias por leer.

TEH Flyffynator: gracias por tu review. Ya lo creo, y se pondrá mejor, ya verás. Estúpida PC que se dañó :(. Gracias por leer.

CipherX: gracias por tu review. Esa sensación era la que buscaba y consideraré tu idea. Gracias por leer.

Naeko: gracias por tu review. El final estará ¡BUM! Solo digo eso :V. Gracias por leer.

Flame n' Shadows: gracias por tu review. Aquí me tienes :D. Gracias por leer.

Paola1234: gracias por tu review. Me alegra que te guste. Gracias por leer.

See you at night: gracias por tu review. Falta poco para eso ;). Gracias por leer.

Jair937: gracias por tu review. Gracias, espero que este capítulo te guste y cuando tenga el tiempo me pasaré por tu fic con gusto :D. Gracias por leer.

Hugo: gracias por tu review. De hecho lo quise matar, pero me dije "No vale, ya has hecho sufrir mucho a Meloney como para que le quites al tio :v". Gracias por leer.

Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.


XXVI

Los cinco faltantes

En algún lugar en los límites de Sabana Central. Lunes, 14 de noviembre, 19:54 h.

Judy iba en el auto de Nick, junto a él, rumbo al punto de reunión citado por Jamesmucho tiempo antes. Luego de una «sana discusión» contra el zorro, éste accedió a dejarla ir con él. Ella logró sonsacarle que quería se quedara protegiendo a Meloney, lo que la molestó y ofendió a partes iguales, ¿acaso no habían pasado por todo eso juntos, entonces, quién era él para prohibirle intervenir?

Al volante, Nick tomaba las calles y giraba en intersecciones demasiado angostas como para que se hiciera con calma, sin embargo, dentro del auto apenas si se sentía el movimiento del giro, era como una cámara aislada; mientras, Judy estaba inmersa en su computadora portátil, tratando de conseguir alguna información que tuviera alguna relación con los Gigantes. Ya de por sí ella había actuado bajo las intuiciones y conocimientos de Nick, y, con los acontecimientos sucedidos con Meloney, no iba a volver a mover una pata sin estar al tanto de toda la situación. Recordando su entrenamiento en la Academia en lo referente a infiltración cibernética, sumado a los consejos de Benjamín, navegaba con total cuidado en las bases de datos de las organizaciones encargadas de capturar a los criminales.

En la base de datos de la ZPD era sencillo, pero lamentablemente no había alguna información importante sobre los Gigantes, así que, contra su sentido común, se adentró en una más complicada así como peligrosa: la de la ZIA. «Nunca dures más de noventa segundos, o te detectaran», le había dicho Benjamín hacía mucho tiempo, y eso la ayudó bastante. Al entrar y sondear la base, encontró una carpeta centrada en James Wilde, más lo que la intrigaba o mejor dicho, extrañaba, era que no estaba relacionada con los Gigantes en sí. Siguiendo su instinto, abrió el enlace y lo que leyó la dejó sin palabras.

Era un documento que redactaba todo de una organización criminal, la más poderosa así como escurridiza, que había doblegado al bajo mundo de Zootopia: Los Titanes. Según el documento, era una antigua sociedad de criminales compuesta sólo por zorros, que le hizo frente tanto a la ciudad como a los distintos organismos protectores. Se conformaba de doce individuos, seis machos y seis hembras. De los cuales cuatro de estos estaban fugitivos, mientras los ocho restantes estaban muertos o apresados. Los cuatro fugitivos están identificados como: James Wilde, alias Jápeto. Martha Wilde, alias Mnemósine. Jacob Wilde, alias Ceo. Joseph Wilde, alias Hiperión.

El haber leído eso la impresionó bastante sí; pero aunque James, o Porfirio, o Jápeto, cualquiera uqe sea su alias, tuviera alguna relación con esa antigua organización, no la ayudaba a recolectar información de Los Gigantes. Salió de la base de datos de la ZIA una vez cumplido los noventa segundos y usando su razonamiento, buscó algo referente a la mitología en la que se basan los nombres de dichas organizaciones. Por suerte, ella había descargado un documento que tenía dicha información.

—Zanahorias, baja.

Ella posó su vista en Nick y notó que éste estaba afuera y tenía abierta la puerta del asiento del copiloto, donde ella se encontraba. Lo miró confundido. ¿Hace cuanto habían llegado? ¿Tanto estuvo inmersa en los documentos que no se dio cuenta de lo demás? Cerró su ordenador, bajó y se fue con el zorro.

Una vez en el punto de reunión, se dispusieron a entrar a un despacho y se sentaron en unas sillas situadas en una mesa estilo ejecutivo. Se encontraban sólo ellos dos. Judy quería volver a sacar su ordenador y revisar, no obstante, por cuestiones de seguridad, no se arriesgaría a tanto, por lo que se mantuvo tamborileando sus garritas, fastidiada por esperar, en la mesa.

Luego de unos veinte minutos de espera, las puertas se abrieron, dejando entrar a dos animales. Uno era James, pero el otro era una comadreja, la cual llevaba una máscara y unos folios. El animal les resultó familiar a ambos, más aún a Judy, quien por el caminar tan despreocupado y burlesco que tenía, le daba la sensación de haberlo visto antes. Algo que no le pasó desapercibido a ninguno allí presente, fue que Nick se llevó una pata a su guantera y le quitó el seguro al arma.

—¿Los hice esperar mucho? —indagó James, burlón.

Ninguno respondió, tenían la vista fija en la comadreja.

—Ustedes lo conocen —dijo James, haciendo un gesto vago con la pata para restarle importancia, al notar que su acompañante era una distracción.

—Claro que sí —afirmó Nick—. El es Hades.

Judy se sorprendió y por instinto se llevó la pata a donde llevaba su arma tranquilizante.

—Nicholas, no fue una pregunta. Ustedes realmente lo conocen —prosiguió James, para luego hacerle una asentimiento al animal, indicándole que se quitara la máscara que llevaba.

Al éste hacerlo, ambos se quedó atónita al descubrir quién era el que estaba tras la máscara. Nada más y nada menos que Duke. La primera reacción de Judy fue sorpresa, seguida de una bofetada mental, ¿cuántas veces Duke había estado a nada de ser arrestado o interrogado y nadie llegó a sospechar de él? «¡Por eso se me hacía familiar!» Pero esos pensamientos quedaron en el olvido cuando oyó el disparo de un arma. Al ver de dónde provenía, observó a un Nick, extremadamente furioso y apuntándole a Duke. La bala disparada rozó al animal, dejándole la mejilla ensangrentada y yendo a parar en la pared.

—Dime una razón para no dejarte tieso ahí mismo donde estas —le espetó Nick a Duke.

La expresión relajada, e incluso burlona de Duke, pasó a una de tensión. Levantó ambas patas y las movió repetidas veces.

—Nick, amigo, compañero, casi hermano —farfulló—. Sabes que yo no quería hacerlo, pero no iba a arriesgarme a que me descubrieran —El terror del susto llevado era palpable.

Judy se quedó en penumbra. ¿Hacer qué? ¿Qué hizo Duke que causara esa violenta reacción en Nick?

—Nick, baja el arma —sugirió ella.

—¿Cómo que la baje, Zanahorias? ¡Este desgraciado dejó escapar a Zeus!

—Explícate.

—¿Recuerdas cuando durante el problema en BunnyBurrows yo te dejé en el auto con Stu, Bonnie, Kevin y FruFru, cuando yo me quedé en el lugar?

—Sí.

—Bueno, pues resulta que yo fui a por Zeus, lo tenía; te juro que casi lo tenía, pero mi cuerpo no resistió tanto agotamiento. Colmillar me salvó la vida, hiriendo de gravedad a éste, pero el susodicho que tengo al frente apareció de la nada para salvarlo.

—¡Oye, Nick —El miedo se hubo disipado en la voz de la comadreja, más bien parecía enojado—, me importaba un comino que te mataran! Mi deber era infiltrarme en Los Olímpicos, y si para ello tenía que salvar al líder, no tenía opción. No me arriesgaría a que me descubrieran.

—¡Basta! —ordenó James, con voz potente, quien había tenido suficiente de ese circo—. Nicholas, si Eurito hizo lo que hizo, no importa. Su punto es válido, no iba a dejarse descubrir. Tú no sabes lo que me costó infiltrarlo para que por una ridiculez lo descubran. ¡Cállate y cálmate!

Judy escuchó eso a la perfección. Infiltrado. ¿Así que Duke está infiltrado en Los Olímpicos?, bien eso es un paso adelante. Otro punto clave fue que James lo llamó Eurito, y según lo que ella había leído en su documento de mitología sobre los Gigantes mientras venían, Eurito era uno de ellos. Ahora tenía que ver cómo demonios hacía para que la situación estuviera a su favor.

—Nick, baja el arma —dijo Judy.

—No.

—Nick-baja-el-arma —ordenó, poniendo énfasis en cada palabra.

Al verla a los ojos, Nick se dio por vencido y obedeció; con un bufido molesto y un refunfuñar casi ininteligible, enfundó la pistola, quejándose como un cachorro a que le negasen algo dulce.

—Así que está infiltrado en los Olímpicos —agudizó Judy.

—Muy sagaz, mi estimada —sonrió James.

El tono de voz del zorro era de enojo. Si ella jugaba bien sus cartas podría tomarlo desprevenido.

—Más que tú, James. —Se miró las uñas como si fueran lo más interesante del mundo—. ¿O debería llamarte Jápeto?

Al oír ese alias, James formó una expresión entre sorpresa y miedo. Judy sonrió para sus adentros, victoriosa.

—¿Cómo sabes ese alias? —farfulló él.

—Te lo diré a su debido tiempo, querido James. —No era la primera vez que tenía que recurrir a esa personalidad dura y cortante cuando negociaba con criminales, sin embargo, sí era la primera vez que lo hacía a tal alta escala: mangonear a un líder de la mafia no era un deporte con muy altas expectativas de ganar… o de vida—. No me llegaste a contar eso cuando hablamos, ¿o sí?

—¿Qué quieres que te diga? —Se encogió de hombros—. Los exitosos separan la vida privada de la laboral, ¿o no?

—Concuerdo, así que creo deberíamos tratarnos como lo que somos: negociantes.

—Concuerdo.

Judy sentía cómo su pulso aumentaba, sintiendo el pum, pum, de las venas en sus sienes, y la sangre palpitando en su cabeza. Sabía que estaba jugando con fuego, manipular a un zorro no era algo sencillo, pero si ella lo ha hecho con Nick, ¿qué tal difícil sería hacerlo con James?

—Ahora a lo que vinimos. Necesito toda la información posible sobre los Olímpicos restantes. Además, si vamos a trabajar juntos para derrocarlos, necesito los nombres de cada uno de tus miembros, James —puntualizó Judy—. Claro, si es que quieres que la policía te respalde.

Judy ni siquiera sabía de dónde salió el coraje ni las palabras exactas que acabó de pronunciar. Sintió cómo Nick le tomó la pata y al verlo, éste le lanzó una mirada en un intento de decirle «¿No hablaras enserio?», lo que hizo que ella dudara de sí misma. Obviamente lo del respaldo policiaco era una mentira para ver si ellos picaban el anzuelo, pero no le pareció muy creíble.

—¿Segura que la ZPD nos respaldará? —James levantó una ceja.

—Segura —respondió con firmeza.

Luego de unos tensos minutos, el zorro soltó un suspiró de resignación y le hizo una seña a Duke para que colocara los folios en la mesa. Ella los tomó, les echó un simple vistazo y notó que faltaba uno: el de Poseidón.

—¿Dónde está el restante? —quiso saber.

—¿Restante?

—James, si me pongo a sacar las cuentas sé que falta un informe. Han muerto cuatro Olímpicos: Afrodita y Hermes, y según me informó Nick, también Apolo y Deméter. Le sumamos a Dioniso y Hefesto que están presos, nos dan seis. Quedando seis libres —aseguró ella.

Judy notó como el zorro esbozaba una sonrisa casi imperceptible.

—¿Seis? ¿Seguro que sabes contar? ¿Acaso no te llegaron reportes de un incendio en el noroeste de Tundra.

—¿Qué tiene que ver el incendio con…? —Hizo una pausa—. ¿A quién?

—¿Segura que eres policía? —se mofó Porfirio.

Judy se sintió como una estúpida, si en el folio faltaba Poseidón, pues por lógica es él el que está muerto.

—Ahora tus miembros —pidió.

—Primero me dices de dónde averiguaste mi antiguo alias.

—No estás en posición de exigir, James. —Se cruzó de brazos—. Si yo quisiera podría mandar el expediente que encontré a la ZPD y en menos de lo que canta un gallo estarás tras las rejas. Así que me vas diciendo los nombres de cada uno de tus miembros o te preparas para vestir de naranja, que supongo, es un color que no te queda.

Si a Judy le preguntasen cómo hizo para estar tan serena y tranquila, la respuesta sería un «no sé», porque así mismo era. No sabía de dónde salía tanta firmeza y seguridad. Lo más probable sería que una emoción más fuerte que el miedo la dominaba: la venganza. Propiamente venganza no era, no mataría a los Olímpicos, pero no iba a negar que las enormes ganas que tenía de verlos pudrirse tras las rejas, era mil veces más grande que ella misma.

—Lo diré una sola vez, Hopps: si olvidas alguno no será mi problema.

En ese instante, Judy comprendió que debía usar su zanahoria-lapicero. Disimuladamente bajó una de sus patas hasta su bolsillo y pulso el botón.

—Somos un total de ocho miembros, unos pocos de nosotros tenemos nuestros alias, refiriéndonos específicamente al Olímpico al que queremos ver muerto, ya sea por motivos, personales, financieros o de cualquier otra índole.

»Yo soy su líder, James Wilde, alias Porfirio y como mi alias lo indica, mi objetivo es ver muerto a Zeus. Paul Claws, alias Polibotes, un tigre. Lourdes Howlin, alias Encélado, una loba, su alias está designada porque ella tiene un ajuste de cuentas con Atenea. Gabriel Giesler, alias Damasén, un elefante, su alias se debe a que quiere, por todos los medios posibles, la muerte de Ares. Adam Grey, alias Hipólito, un zorro con el que tengo tratos desde hace tiempo. Los gemelos Mathew y Elizabeth McArtic, alias Efialtesy Gratión,respectivamente, osos polares. Y por último Leonardo Soria, alias Mimas, un león, pero fue asesinado en nuestro encuentro con Poseidón.

»Esos son todos, así que espero que de verdad nos respaldes. —Frunció el ceño, perforándola con sus ojos azules—. Traicióname y te destruiré.

Judy trató de que la amenaza del zorro no le calara. Ahora tenía los nombres de los Gigantes. Una de las cosas que le sorprendió fue que un familiar de Gideon estuviera inmiscuido en todo eso, claro que ella sabía que el robusto zorro tenía familia turbia, dicho por él mismo, pero no se imaginó que estaría en esa organización. Iba a dar todo por terminado cuando un pensamiento la dejó en duda. ¿Por qué no mencionó a Duke? Según lo que ella recordaba eran trece Gigantes, no ocho.

—¿Y los otros cinco? —inquirió Judy.

Pudo escuchar cómo James emitió un chasquido con la lengua, quizá supuso que no lo notaría, pero Judy no había venido sin informarse lo suficiente. Acto seguido, como si se diera cuenta de ello, James sonrió.

—Duke Weaselton, alias Eurito, una comadreja, infiltrado en los Olímpicos bajo el alias de Hades. En lo que respecta a los otros cuatro no puedo darte sus nombres, o mejor dicho, no lo haré yo —respondió con sorna.

—¿Cómo que no?

—Hopps. —James se inclinó sobre la mesa—. Te di el nombre de uno de mi quinteto principal, y eso es arriesgarme mucho. En nuestra próxima reunión invitaré a los otros cuatro. Así que te lo pregunto de buena manera: ¿cómo diablos supiste ese alias?

Judy decidió no tentar la suerte, que de por sí le estaba sonriendo descaradamente, y optó por dejar quietas la aguas. Suspiró y respondió:

—De la data base.

—¿La data de la ZPD? ¡Mentira! —vociferó—. Ellos nunca pudieron seguirnos la pista.

—¿Cuándo dije que fuera de la ZPD? —Judy sonrió desafiante.

—Es a la única a la que tienes acceso.

—De la ZIA… —susurró Nick, y James se le quedó mirando—. ¡Zanahorias pudieron haberte descubierto!

—Pero no lo hicieron —afirmó ella, se puso de pie y con un asentimiento le indicó a Nick que era hora de irse—. Ahora, si nos disculpas, James, debemos retirarnos. Espero que nos mandes la hora y el lugar de nuestra próxima reunión.

La pareja cruzó el umbral, Judy sin mirar atrás, mientras Nick le lanzaba una mirada mordaz a Duke. Una vez en el vehículo, se dio unas palmadas en el rostro para relajarse y con un suspiro dejó salir todos los nervios y presión que sentía, aún no se podía creer que acabó de hacer todo eso. ¡Literalmente manipuló a su antojo a un mafioso! Una vez más calmada, se dispuso a revisar más a detalle los informes que había de los Olímpicos restantes.

Abrió el primero. David Hunter, alias Ares,un tigre. Un secuestrador y traficante de Néctar en Sabana Central. Su signo distintivo son dos aretes en forma de serpiente. Quien cumplía los trabajos sucios importantes, es decir, asesinatos demasiado importantes para ser confiados a sus subordinados, pero no lo suficiente como para ser conferidos a Artemisa. Posee un mínimo de treinta animales bajo su mando. «Un vulgar sicario

El segundo folio. Alison Vega, alias Atenea, una nutria. La estratega encargada en organizar los ataques de la organización, además de ser la contadora que administraba el dinero de la misma. Su signo distintivo es un collar con un dije en forma de lechuza. Debido a su contextura, no podía usar armas de alto calibre, por lo que se perfeccionó en la lucha con armas blancas. «Me consta.»

El tercero. Alejandra Fernández, alias Artemisa, una loba ártica. Asesina predilecta de la sociedad y espía profesional. Su distintivo es un collar con un dije en forma de luna menguante. Especializada en armas de largo alcance.

El cuarto. Amber Stock, alias Hera, una zorra fennec. Segunda al mando de la organización. Su distintivo es un collar con un dije en forma de corona. En el folio ponía: «Se requiere más investigación», por lo que no había nada resaltante.

El último folio. Joseph Wilde, alias Zeus, un zorro rojo. Líder de la organización. Su distintivo es un anillo con un rayo grabado. Se presumía que fue miembro de alguna organización, aunque no se sabe de cual. Investigaciones sin ningún resultado en lo referente a su pasado. Legalmente no existe bajo ese nombre, Joseph Wilde; acta de defunción expedida hace más de veinte años, he ahí la razón por la cual casi nunca se dejaba ver. Se desconoce su nombre legal actual o algún parentesco que lo ligue a su pasado en la organización que se presume perteneció. No había nada más esclarecedor, sin embargo, unas líneas más abajo, Judy se sorprendió, quedándose de piedra. «Se realizaron investigaciones exhaustivas durante el periodo en que no tuve contacto con Porfirio, tres meses, para encontrar algo que lo identificara y se encontraron dos familiares cercanos: James Wilde, su hermano menor y Nicholas Wilde su hijo».

Al leer esto Judy se quedó de piedra. Ese nombre, Joseph Wilde, estaba en el expediente que leyó de la ZIA, Zeus estaba bajo el nombre de Hiperión.

—Lo sabías —murmuró.

—¿Qué sabía? —Nick la miró de soslayo, confundido.

—No me vengas con mentiras, Nick; lo sabías. —El tono de Judy no era de enfado, era de dolor—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—¿De qué hablas, pelusa?

—¡Nicholas Piberius Wilde, sabías que Zeus es tu padre y no me lo dijiste! —le reclamó—. ¡¿Por qué?!

Pudo apreciar cómo la expresión de Nick pasó de sorpresa a pesar y luego a culpa.

—Respóndeme. —Judy apretó las patas con fuerza, se sentía traicionada.

—Por… porque no quería que ustedes salieran heridas. Creí que podía hacerle frente solo —susurró Nick.

—¿Creíste? —chilló, entre molesta y dolida—. ¡Qué novedad! ¡El zorro aquí presente creyó que podía solo! ¡¿No habías dejado ese muro emocional atrás?! ¡O por lo menos, no levantarlo hacia mí! ¡Podrás refugiarte en ese muro con cualquiera, ¿pero por qué conmigo?!

—Judy…

—¡Judy nada! ¿Acaso pensaste que las cosas se volverían así? ¿Acaso pensaste que casi morimos varias veces? ¿Acaso… —agregó, con la voz más aguda— acaso pensaste que Meloney casi muriera? ¡No! ¡No lo hiciste, y por eso nuestra hija está en un coma del que no sabemos si despertará!

Ante las preguntas que lanzaba, que sabía él no hallaría manera de responderlas, Nick sólo se dedicó a bajar la cabeza, cual cachorro regañado, admitiendo que no tenía forma de alegar algo. El trayecto restante hacia el departamento de Nick fue silencioso, él intentó disculparse varias veces, pero sus intentos terminaban en frases sueltas que no formaban una oración, finiquitadas por la decisión de Judy en no dirigirle la palabra. Se sentía traicionada por no haberle contado un tema tan delicado, que los dos hubieran podido superar trabajando juntos, como la pareja que eran.

Cuando llegaron a su departamento el ambiente era depresivo. Lo poco que se consiguió rescatar estaba en su lugar, pero las pérdidas materiales era grandes. Para llegar a su habitación ambos debían cruzar en la que Meloney dormía y al hacerlo Judy no pudo evitar mirar a la misma, al verla vacía sintió unas inmensas ganas de llorar, sólo que no podía, mejor dicho, no debía. Debía mantenerse firme y tener su objetivo en mente: capturar a los Olímpicos, y como un bono, a los Gigantes.

Se metió en la cama junto a Nick. No sintió al zorro abrazarse a ella, así que dedujo que estaba devastado. Al principio se sintió reacia a compartir cama con él, sin embargo, se serenó y reflexionó sobre los que les deparaba, y una frase le llegó a la mente: mantenerse unidos. En sí, tenía razón, ahora que las cosas estarían más intensas no era el momento para estar peleados. Se giró hacia el zorro y lo llamó:

—Nick, ¿estás despierto?

—Sí. —Fue un susurro, débil y anémico.

—Quiero hablar algo.

—¿Qué?

—Estuve pensando que no deberíamos estar peleados, las cosas ahora serán más difíciles y lo que menos necesitamos es que estemos divididos.

Nick se giró hacia ella con una sonrisa, se quedaron viendo a los ojos.

—Pero eso no significa que olvidaré que no confiaste en mí. —Suspiró—. Así que espero que me apoyes en lo que haré y no quiero secretos.

Nick levantó dos dedos de su pata en el aire y con una sonrisa asintió.

—Palabra de zorro explorador, Pelusa.

Judy no pudo evitar sonreír también.

—Zanahorias, ¿hablabas enserio sobre lo de darles respaldo policial? —le preguntó de pronto.

—No. Lo dije para que accedieran a cooperar. ¿Sabes que eso significa que debemos arrestar tanto a los Olímpicos como a los Gigantes, cierto?

—Sí, y te apoyo Zanahorias. No lo dudes. —Hizo una pausa—. Aunque no será sencillo.

—Incluirá arrestar también a James, lo sabes, ¿no?

—Sí. —Suspiró, retrospectivo—. Y estoy seguro lo entenderá. Su objetivo es matar a Zeus, a Joseph, toda su vida ha sido esa su meta. Dudo que cuando la cumpla tenga algo más que hacer. —Le acercó una pata al rostro, acariciándole la mejilla con cariño—. Mi Pelusa, tú eres mi familia ahora, tú y Meloney, y debo protegerlas, a ustedes son a quienes debo poner por sobre todo. Para bien o para mal, aunque tío James me ha ayudado tanto que no puedo agradecerle, estoy seguro que entenderá. —Sonrió con algo de melancolía—. Después de todo, aún puedo visitarlo en prisión.

Judy asintió con una sonrisa y cerró sus ojos para dejarse llevar por los brazos de Morfeo.


Sabana Central. Jueves, 17 de noviembre, 16:48 h.

Habían pasado tres días desde la última reunión con James para planear el ataque a los Olímpicos. El día siguiente a la reunión, Judy fue y le entregó todo lo que consiguió a Bogo: los folios con los Olímpicos restantes, la pluma-zanahoria con la grabación que detallaba a los miembros de los Gigantes y que confirmaba la muerte de Poseidón. Le contó todo, incluyendo que aún faltaban cuatro Gigantes por identificar, su relativa cooperación con ellos para capturar a los Olímpicos y la manera de cómo aprender a ambas organizaciones. Lo único que se guardó fue que obtuvo la información referente a los Titanes de los expedientes de la ZIA, porque de hacerlo la podían despedir, o peor, la mandarían a informes.

Esa tarde de jueves estaban rumbo al punto de reunión que les había llegado a través de un mensaje de texto, cortesía de Duke. No tuvo que explicarle nada a Bogo, porque éste les permitió salir antes, con la única condición de que recolectara información importante.

Aunque iban demasiado temprano y terminaron llegando veinte minutos antes de la hora pactada, Judy no se molestó por ello, siempre le gustaba llegar antes de tiempo a los lugares. Como ya conocían la casa, relativamente, sólo tuvieron que atravesar las puertas y caminar por la enorme mansión hasta el mismo despacho donde estuvieron antes. En el trayecto, sus agudos oídos captaron el fragmento de una canción que James entonaba entre dientes, casi susurrando.

How can I try to explain, when I do he turns always again. —James apareció bajando unas escaleras que llevaban a un segundo piso, meneando la cabeza de un lado a otro de una forma casi imperceptible, con unos short y una camiseta holgada—. It's always been the same, same story. —Levantó ambas cejas a modo de sorpresa cuando los vio a ambos—. ¡Oh! —sonrió, haciendo un gesto con la pata a modo de saludo, con dos dedos—, llegaron antes. Gracias por venir.

Terminó de bajar las escaleras y les dijo que lo esperaran un momento, mientras iba a la cocina. Ninguno de los dos comentó nada, pero a Judy se le hacía peculiar la forma en que James lograba separar su vida cotidiana de la mafiosa, cuando están intrínsecamente unidas la una de la otra. Era como si tuviera una doble personalidad, sólo que no era el caso.

James volvió con un sándwich doble de pescado en su pata, con tanta salsa que el pan se notaba húmedo, les pidió que entraran al despacho mientras subía y se cambiaba. Ellos lo hicieron, y Judy no hizo comentario alguno sobre la tranquilidad con la que James afrontaba todo. Entraron al despacho y se sentaron en dos sillas; dos minutos después empezaron a entrar distintos tipos de animales, hasta que luego de quince minutos, llegó James, con un jean y una camisa blanca de manga corta, rematado con un chaleco de esmoquin y una corbata mal anudada; se parecía tanto a Nick que era irreal.

Él tomó asiento en la cabecera y reposó los brazos en la mesa. Sus ojos buscaron los de Judy y comenzó a presentar a los que había nombrado en la reunión anterior, incluido Duke, sin embargo, se detuvo y tomó su tiempo al señalar con un amplio gesto a un lobo al lado de un elefante que James presentó como Damasén. La mirada lila de ella se detuvo en dos zorros rojos que eran clavados a James y, por ende, a Nick; los reconoció de cuando había visto los archivos de los Titanes en la data de la ZIA.

—Nuestro compañero lobuno es Greyback Lestrenge, alias Alcioneo. —El mencionado enseñó los colmillos a modo de saludo; su rostro era una máscara de molestia.

James señaló al rinoceronte al lado de Alcioneo.

—Él es Slugorn Phinegan, alias Toante. —Toante no hizo expresión alguna, sino que la perforó con la mirada—. La cabra al frente de éste es Grover Stone, alias Agrio. —Éste movió una oreja mientras alternaba la mirada de ella a Nick—. Por último, pero más importante en comparación con los demás, la hiena es Fred Crouch, alias Clitio.

La hiena se pasó una garra por una ceja y sonrió enseñando los largos incisivos. Judy le dio una mirada a Nick de advertencia, y éste se la respondió con un asentimiento. Había reconocido los nombres de esos cuatro: eran animales importantes. Lestrenge era el editor en jefe del periódico de la ciudad, ya se había pasado varias veces por la ZPD para hablar con Bogo. Phinegan era el guardaespaldas del alcalde, cómo no reconocerlo. Stone era el secretario, uno que a veces les ponía trabas a la policía cuando necesitaba hablar con Leonzáles. Y Crouch era el segundo al mando del Banco Central de Zootopia.

Apellidos importantes. ¿Cómo rayos habían terminado en esa banda?, peor aún, ¿llegaron a sus cargos luego de haber ingresado a los Gigantes?, ¿era todo una estrategia bien orquestada?

—Y en cuanto a mis dos zorrunos amigos a mi lado, son…

—Mnemósine y Ceo —completó Judy.

James sonrió, a punto de soltar una carcajada; los otros dos zorros se tensaron al instante.

—Cariño, veo que sabes demasiado —siseó Mnemósine, con una voz irritable y chillona—. ¿Sabes lo que le hago a los que saben mucho? —Se pasó el pulgar por el cuello de izquierda a derecha, sonriendo.

El zorro al lado de ella, Ceo, la miró con superioridad, entrecerrando un poco los ojos, suspicaz, mientras una viperina sonrisa bailaba en sus labios.

—Creo es mejor nos centremos en los negocios —opinó éste, haciendo un gesto con las patas de entendimiento, dejando caer una pata con la palma hacia arriba—. James nos llamó para poner al tanto del plan que ya habíamos organizado entre nosotros. —Afincó los codos en la mesa y entrelazo las patas—. No es algo fácil. Ares tiene unos cuantos animales vigilando la mansión donde se encuentran, la cual mi hija aquí presente ayudó a localizar. Por ende, tendremos que atacar de noche; para los animales sin visión nocturnas les entregaremos material para que no sean una carga. —La forma en cómo lo dijo y Ceo la miró como haciendo énfasis en ella, le molestó—. Las divisiones, lugares débiles y posibles entradas son nulas; la única forma de entrar es por el frente, por la puerta principal. Si se animan a tomar la empresa, dispondremos de entre quince y treinta minutos antes de que lleguen los refuerzos de los Olímpicos.

James alzó una pata y se llevó un pulgar al mentón, con una sonrisa.

—A lo grande o a casa, ¿no?

—Exacto. —Ceo asintió—. Con respecto a mis honorarios, James, quiero ocho millones y medio como depósito y once y medio cuando terminemos el trabajo.

—Jacob —comentó James—, deberías pudrirte en una cárcel, mísero avaro. —Rió.

Sin embargo, dejando de lado el acuerdo que ambos zorros tenían, en Judy había una pequeña vocecita que le decía que no confiara en Ceo, pero no sabía decir el porqué. Además, saltaba cierta duda de cómo Ceo, en tan sólo tres días, obtuvo la información y ubicación, cuando la ZPD llevaba más de tres meses en ello y no se acercaban al paradero. Ciertamente era muy sospechoso. Le dio una mirada a Nick y con verlo a los ojos notó que éste pensaba lo mismo.

Por ahora les harían caso, ya verían después qué hacer o cómo proceder. Asimismo, sabía debían alertar a la ZPD para que estuviera lista el día del ataque.

—¿Y cuando podríamos atacar? —indagó Judy.

—Por eso no te preocupes, coneja —respondió Ceo—: atacaremos cuando hagan su reunión semanal.

—¿Y eso será cuándo?

—Mañana al anochecer.

Asintió, sin decir más nada y poniéndose de pie, pidiendo que le mandaran un mensaje con la ubicación en la cual todos se reunirían. Por donde quiera que lo mirase sabía que era una locura de altísimas proporciones, no obstante, si con eso atrapaban a dos organizaciones de un tiro, y si le podían sumar a dos exmiembros de los Titanes, valdría la pena. Mas lo que más le repercutió en la mente camino a casa, fue el hecho de que no tenía respuesta para el cómo Ceo sabía con tal precisión que el día de mañana los Olímpicos se reunían en la mansión.