Cap. 18: "Interminable"

--Lo sabía. Atentos todos, ya vienen--

A las palabras de Silver todos reaccionaron como si un resorte se hubiese soltado en su interior. Rápidamente Mijok desenvaino su espada, Roca cogió de su cintura su par de cuchillas, As y Fletcher hicieron lo mismo, pero con unos sables que llevaban y Rentarou apretó sus puños, en los cuales se podían ver los guantes de kairouseki que le habían devuelto antes. Todos estaban listos para enfrentarse a aquellos que su capitán ya había sentido venir y que de una u otra forma estaba esperando. Silver avanzo unos pasos hasta ponerse a la altura del resto, luego, haciendo un gesto les ordeno que guardasen silencio. Al principio no podía oírse nada, sin embargo, al cabo de unos segundos un fuerte rumor, semejante al de una colmena de abejas inundo aquel salón. El ruido era tan fuerte que parecía que un puñado de insectos estaba dentro de sus cabezas, y de pronto los vieron aparecer. Descolgándose desde una pequeña puertecita cavada en la pared de roca más distante en aquella cueva, unos pequeños seres vestidos con andrajos bajaban a toda velocidad hacia ellos. En sus manos portaban armas semejantes a lanzas y el fuerte ruido no era otra cosa más que sus voces profiriendo el grito de guerra contra los intrusos.

--¡¡Demonios!!--Exclamo Mijok--Son Damnnes!!--
--¿Damnnes?--Pregunto Fletcher interesado--¿Y esos que son?
--Una raza perdida en el tiempo, los nombran en antiguos libros de magia negra--Le dijo Silver--Entonces era cierto que Barbarossa sabía de los antiguos cultos--

Los Damnnes, eran unos pequeños seres que no pasaban de los cincuenta centímetros de altura, vestían unas especies de túnicas que cubrían en algo sus amorfos cuerpos, los que si se miraban bien, tenían el aspecto de los cangrejos. Sus manos incluso eran similares a las de estos crustáceos y de sus pequeñas cabezas podía verse asomar uno pequeños y brillantes ojillos negros. No tenían boca, y en el lugar que esta debía estar, tenían unas mandíbulas con forma de pinzas.

--Y tú como sabes eso de esta raza--Lo inquirió Rentarou
--Porque he leído bastantes cosas que hablan sobre aquello que no debe invocarse, y estas cosas mi amigo, son una de esas--Le dijo Silver.
..Si lo que he oído es cierto--Alcanzo a decir As--Se supone que esas cosas son carroñeras, y les encanta la carne humana. ¿O me equivoco?--
--Así es--Le grito Silver de vuelta.

El panorama no era alentador. Ya estaban entendiendo el porque de la presencia de tantos huesos en aquella isla, la relación entre Barbarossa y esos repugnantes seres(Era como una especie de maestro proveedor de alimentos), y el porque de los difíciles accesos a aquel lugar. Seguramente, ellos estaban allí para preservar los misterios que el malvado capitán pirata se había llevado a la tumba y ese por cierto, era uno de los que Silver la había arrebatado a la estatua.

--Por que no me dijeron que nos enfrentaríamos a estos diablillos--Gritaba Roca
--¿Tienes miedo?--Le pregunto As
--No es eso. Es que si hubiese sabido que esto pasaría habría traído más ron--
--Muchachos, he aquí el peligro y el terror que les prometí. Espero que ahora sea el momento para que me demuestren cuanto saben del arte de luchar y cuanto aman la vida.--Dijo Silver, luego agrego--Espero que los amigos marines olviden nuestras diferencias y se preocupen del resto como el resto se preocupara de ustedes, es la hora de que nos enseñen como pelean los marines--

Fletcher miró a Rentarou quien estaba con la vista fija en sus oponentes. Nunca había visto a su capitán tan entusiasmado, ni siquiera cuando patrullaban en busca de prófugos su capitán tenía aquel gesto. Parecía como si disfrutase de el hecho de poder enfrentarse sin miramientos a aquellos seres.

--No te preocupes Silver--Dijo al fin Rentarou--Ahora verás porque mis puños son tan famosos en la marina. Fletcher, espero que demuestres porque eres mi teniente--
--A la orden señor--Respondió Fletcher--El honor de los marines quedara bien alto--
--Entonces, hasta que no salgamos de esta, amigos todos!!--Gritó Silver
--¡¡Amigos todos!!--Le respondieron.

Los hombrecillos ya estaban a unos pasos de ellos, sus afiladas lanzas no daban tanto miedo como sus rostros y sus cuerpos. Era como si de verdad un montón de cangrejos se hubiese levantado en dos patas y ahora corriera zumbando contra ellos. Mijok fue el primero en atacar, viendo su oportunidad se abalanzo dando un grito, que más pareció un rugido, el cual paralizo por un momento a aquellos seres que no alcanzaron a reaccionar a la velocidad del pirata, el cual, en un tris tras se despacho a cinco oponentes de un golpe y a otros cuatro más con un revés de su arma. Roca alentado por la acción de Mijok se lanzo también contra los Damnnes, con certeros golpes de sus cuchillas parecía deshacerse fácilmente de sus pequeños adversarios. As hacía lo propio y Fletcher con cada golpe de sable se llevaba por delante a tres o cuatro. Rentarou hacía gala de una gran velocidad, sus puños volaban y casi no se podía ver sus movimientos, con cada golpe diezmaba a quienes se le acercaban. Mientras tanto Silver, se abría paso a golpes de puño, con su mano libre, a mandobles, con la mano armada y si era necesario también a patadas. Varías veces repelió el asedio de los Damnnes mandándolos a volar por los aires. A pesar de que con cada golpe lograban dejar fuera de combate a varios de sus oponentes, el grupo de hombres se estaba empezando a cansar. Por cada uno que eliminaban, dos o tres más aparecían para cubrir su lugar. Su número era impresionante y parecían no dejar de aparecer. Además, por la extraña composición de sus cuerpos, semejantes a escamas quebradizas, las armas de los piratas y el par de marines, empezaban a fallar. Eso sin mencionar que el suelo se estaba poniendo resbaloso, producto de la viscosa sustancia que manaba de las heridas de aquellos seres, así como de las escamas que iban cubriendo el suelo. Roca perdió el equilibrio luego de rechazar una embestida de un grupo de Damnnes, y sí no es por la rápida acción de Fletcher hubiese ido a parar bajo las garras de aquellos seres.

--Gracias marine, te debo una--Dijo Roca
--No me debes nada--Le respondió Fletcher--Perder a alguien ahora seria fatal--

Silver estaba junto a Rentarou, peleando hombro con hombro. El capitán marine daba un montón de golpes de puño y el capitán pirata hacía lo mismo con sus pies. Mientras tanto As se encargaba de cubrir las espaldas del temerario Mijok, quien una y otra vez rompía con sorpresivas carreras, las filas de los centenares de enemigos que no dejaban de aparecer.

--Tenemos que hacer algo y pronto.--Sugirió Rentarou
--¿Que se te ocurre?--Le respondió Silver
--Dímelo tú, se supone que eres él que sabe acerca de todo esto--
--Pues ahora exactamente no se me ocurre nada--
--Pero y todo lo que has leído. Debería decir allí como deshacerse de estas cosas--Le reprocho Rentarou
--Ah, es que en ningún libro decía que alguien se hubiese salvado de estos seres.--Le contesto Silver encogiéndose de hombros
--Miren, que es eso?!!--Grito Roca

Todos intentaron mirar en la dirección que había señalado, al hacerlo pudieron ver que una gran conmoción se sentía entre las filas de Damnnes, y no era porque Mijok estuviese corriendo como un ángel de la muerte entre ellos, si no que se debía a algo distinto. Proveniente del borde que se recortaba contra la porción de precipicio que también bordeaba a este gran salón un gran rugido se dejo oír. Su clamor era semejante al grito que se puede oír bajo el mar, cuando las tormentas arrecían y el viento aúlla como llamando a la más fatídica de las muertes. El zumbar de los Damnnes se detenía y una especie de gritito ahogado era lo que dejaban escapar ahora. De pronto, un gran temblor sacudió el suelo, los Damnnes abandonaron sus armas y se volvieron en loca carrera hacía el agujero del que habían salido. El ruido aumento y un gran movimiento hizo que los hombres allí presentes perdieran el equilibrio. Apoyado contra uno de los muros, Silver y el resto observaron un dantesco espectáculo. Un par de grandes tentáculos se asomo por el borde rocoso y con una gran precisión se abalanzaron sobre el grupo de humanoídes que corrían desesperados, tomaron a unos cuantos y los levantaron como frágiles hojas. Los llevaron por los aires hacia el borde del precipicio y los dejaron caer. Un ruido semejante al de unas nueces partiéndose fue lo que oyeron ahora y luego lo vieron aparecer. Una gran cabeza emergió de entre las sombras, unos ojos gigantes y profundos y bajo ellos una gran fauce llena de filosos dientes, entre los cuales aún podía verse los cuerpos de los Damnnes capturados.

--Madre mía. Es el mismo terror abismal al que hemos despertado--Dijo Roca espantado
--Es peor que eso. Hemos llamado al Kraken--Dijo Fletcher
--Te equivocas--dijo Mijok--Esa cosa esponjosa que esta allí es mucho, mucho más grande--
--Aprovechemos de huir ahora que se entretiene con esos seres--Sugirió As

Todos guardaron sus armas y se dispusieron a escapar. El correr se hacia difícil por lo resbaloso del suelo; así que se tuvieron que resignar a caminar. No llevaban más que unos cuantos pasos, cuando una voz a sus espaldas llamo su atención.

--Por fin los encontramos--Grito un hombre
--Sabía que Silver tenía que estar aquí--Dijo otra voz
--Bueno, es hora de que arreglemos unas viejas cuentas--Dijo otra.

Silver y el resto no lograban reconocer a los que habían llegado, pero una cosa si era cierta, también habían llamado la atención del gigantón que estaba junto al precipicio, el cual, aburrido quizás de su dieta de Damnnes, miraba con avidos ojos a todo el grupo de humanos que tenía en frente y el cual había aumentado al parecer.