Cap. 24 "Errores del Pasado y el Presente"

La brisa de unos momentos se había convertido en una gran ráfaga, el mar que hace unos momentos parecía tan calmo, era ahora una marea furiosa e hirviente, el barco cedía a los embates de las olas y el cielo se ennegrecía con grandes y gruesas nubes.

--¿Cuánto falta para llegar a Atonar?—Pregunto el profeso preocupado
--Con este clima desfavorable, dudo mucho que logremos llegar hoy—le contesto el segundo de abordo
--¿Pero no pueden hacer nada?, es de suma importancia que llegue lo antes posible hasta la isla—

El marino negó con la cabeza y se disculpo con otro gesto, para luego alejarse del lado del profesor. Este contrariado, dio un golpe en el suelo con su bastón; este cambio repentino del clima era un mal presagio. Miro a su alrededor en busca de su asistente, hacia ya bastante rato que no le veía. De pronto dirigió su mirada hasta uno de los costados del barco y allí lo encontró. Estaba asomado con la mitad de su cuerpo por la borda, y al llamarlo el profesor se tardo un momento en responder. Al cabo de unos segundos, se volteo lentamente y pudo ver el profesor al hombre más pálido de la historia.

--Sí sabias que te mareabas al navegar, ¿por qué diablos me acompañaste?—
--No podía dejarle sólo señor—Respondió con dificultad
--Agradezco tu preocupación, pero ya te dije antes de salir, nada malo me sucederá—
--Pero señor, va a encontrarse con ese hombre, además no sabe que es lo que pueda él hacerle—
--No tienes que temer, ese muchacho no me hará nada, no me haría nada. Le conozco demasiado bien—dijo el profesor.

Una tarde de primavera, los jardines de la antigua academia, la investigación acerca de las antiguas puertas no avanzaba y los esfuerzos de todos los que participaban no daban frutos. El profesor paseaba pensando en una nueva forma de enfrentar los antiguos escritos, ninguna de las formulas de decodificación daba resultado. En eso estaba cuando una voz lo saco de sus ideas.

--Profesor White, señor, por favor se lo pido, escúcheme solo una vez—
--Otra vez tú, ya te dije que a pesar de tus buenas intenciones, si lo que dices no tiene bases científicas fiables, es sólo una perdida de tiempo escucharte—
--Pero señor, entiéndame, he ahí el problema de la ciencia, es demasiado estandarizada, si sólo usted me hiciera caso y captara la base del asunto—
--Sé muy bien que te has esforzado tanto como el resto, pero comprende, eres el único que insiste en alejarse de los métodos científicos, y para mí como tu mentor, es impresentable aceptar tus postulados que se basan sólo en sueños e ideas sin sentido—
--Pero dígame, ¿Cree que los antiguos se basaban en las burocráticas ideas de nuestra ciencia? Ellos creían, ellos lograron entender que la respuesta esta más allá de lo que nuestros sentidos pueden percibir. Ellos descubrieron el poder de los sueños, el poder de la voluntad por sobre la senda estrecha que dibuja la mente científica de los hombres—
--Todo lo que dices puede tener sentido, sin embargo bien sabes que nadie aceptaría tus ideas revolucionarias, y lo más probable es que si yo permitiese que presentases semejante teoría, nos correrían a ambos de aquí—
--Pues yo no pienso esperar, me marcho ahora. Y ya verá que yo tenía razón, voy a viajar para demostrarle lo cierto de mi teoría, y tarde lo que me tarde y sea lo que sea que tenga que hacer, lo lograré.—

El profesor busco entre sus ropas y miró de nuevo aquella carta que había recibido esa mañana, la brisa húmeda que le azotaba empapo el sobre que contenía aquellas iniciales que el tan bien conocía, dándoles un carácter aún más siniestro. Cerro los ojos y deseo que no fuera cierto lo que estaba sucediendo, que no fuera real que aquel joven que se marcho ese día, estuviese a punto de encontrar las antiguas tablas, el perdido y preciado códice que explicaba las irreales fuerzas que regían en el ancho Grand Line y en el resto del mundo conocido. Suspiro y le pidió a los cielos que alguien lo detuviese, antes de que fuese demasiado tarde.

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Silver tanteo con sus manos uno de los muros, el silencio aplastante que se sentía en aquel corredor oprimía los corazones de los hombres que profanaban su antigua soledad. Dio unos cuantos pasos apoyado contra el muro de fría y pulida piedra, no había nada que sirviese como antorcha para iluminar. Sintió tras de él a sus compañeros, quienes inmóviles no se atrevían aún a avanzar.

--Rentarou, As, como ven... —Se interrumpió Silver y soltó una gran carcajada—Digo como no ven, lo único que nos queda es avanzar hasta que encontremos la salida de este lugar, o un poco de luz, así que avanzaremos lentamente, ¡¿entendido?!—
--¡Sí! Capitán—Respondieron ambos hombres al unísono—
--Vamos entonces—Ordeno Silver

Los tres hombres iniciaron la marcha lentamente, al mirar hacía delante solo podían ver oscuridad, y al voltearse, más y más de las sombras que no permitían distinguir nada. Avanzaron y avanzaron midiéndose en cada uno de sus pasos, nunca habían puesto tanta atención a cada uno de sus movimientos, parecía que allí, en ese lugar donde nadie había estado en mucho tiempo, podían oír su propia sangre correr al interior de sus venas, sus propios corazones parecían latir más y más lento, como agrandando el silencio; con cada nuevo paso, más y más opresiva se hacía aquella maldita oscuridad. ¿Cuándo terminaría aquel infinito pasadizo?

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El lugar que eligieron no parecía ser el mejor de toda aquella vasta ciudad, sin embargo, el sólo leer el nombre en el letrero que colgaba de la puerta les había convencido simultáneamente de que fuese como fuese ese era el mejor lugar de por allí. Fue así como Reyes, Roca y Flaunder se zambulleron en la olorosa oquedad que era el "Barril sin Fondo", al entrar fue como si el mismo paraíso se hubiera abierto para ellos; un gran salón repleto de barriles que hacían las veces de mesas y una larga barra que rodeaba tres de los cuatro costados del lugar, donde se apilaban en brillante infinidad, miles y miles de botellas rellenas de los más espirituosos y desconocidos licores de todo el ancho mar. Reyes y Roca sintieron el canto de los ángeles cuando vieron apilados en un rincón montones de barriles que parecían estar rebosantes de ron. Era un sueño hecho realidad. Caminaron hasta el barril más distante de la puerta, pero el más cercano a la montaña de ron, y allí se instalaron. Uno de los taberneros del lugar, el que parecía ser el aprendiz de los otros dos que allí habían, se acerco hasta el singular trío:

--Bienvenidos señores al Barril sin Fondo, el bar más surtido de todo Atonar—
--Basta de palabras y trae inmediatamente seis barriles de la mejor cerveza que tengas muchacho—Le dijo Reyes saboreándose.
--¿Serán capaces de beber tres barriles cada uno?—Lo miró atónito el muchacho
--¿Y quien dijo que eran para los dos?—Le dijo Reyes mirándole de reojo y algo enfadado—No te han enseñado que no debes hacer preguntas tontas como esa mocoso—

Antes de que el joven pudiese responder, Roca se río y dijo:

--Disculpa a mi amigo muchacho, es que hace días que no bebe nada y eso le pone de un humor de perros, para mí que sean tres barriles de cerveza y tres de ron, gracias---

El muchacho algo asustado aún, intento decir algo pero la voz no le salía, fue cuando otro de los taberneros se acerco a la mesa y dijo:

--Respetables señores, disculpen al tonto de mi aprendiz, es que lleva sólo unas semanas y aún no aprende bien el negocio, tanto que se olvido de decirles que en este famoso lugar es costumbre pagar antes de beber—

Flaunder que estaba echado en el suelo junto a los hombres, levanto una oreja y abrió un ojo, como presintiendo algo malo, Roca enfurecido se puso de pie violentamente, pero Reyes, rápidamente hizo que se sentase dándole un golpe con su bastón, acto seguido lanzo sobre la mesa una bolsita que al caer sobre esta tintineo alegremente.

--¿Bastara con esto?—
--Basta y sobra; respetable señor—Dijo el tabernero haciendo una media reverencia.—Apresúrate y trae lo que los caballeros pidieron—Ordeno luego, y se fue contando las monedas del saco que reyes le había entregado.
--Porque me detuviste Reyes, yo le iba a enseñar a ese malparido que nadie se mete con nosotros—
--Si te detuve fue porque no debemos causar problemas innecesarios, recuerda que la misión que nos encomendó Silver es investigar secretamente cualquier cosa que se diga en este pueblo—
--Tienes razón, por un momento lo había olvidado. Además si Silver se entera, de seguro que nos cuelga del palo mayor—Dijo Roca
--O peor aún, nos prohibe beber durante un largo tiempo—Dijo reyes y se largaron a reír.

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--Prepárense para desembarcar, es hora de re abastecernos para luego responder a la alerta que ha lanzado el cuartel general—Dijo con voz de mando un hombre alto vestido de blanco
--¡¡Señor!!, ¡¡Sí señor!!—dijeron al unísono un montón de voces sobre la cubierta del barco
--Oficial, dígame, sabe algo de a quien es al que debemos perseguir ahora—Pregunto otra vez el hombre alto
--Según los nuevos carteles y la orden del cuartel general, es a Long Jhon Silver y a los Outlaws, su banda—Le contesto el oficial
--Seguro es uno de esos piratillas recién aparecidos, nada de cuidado—Dijo sonriendo el hombre
--Pero señor, el cuartel le ha dado prioridad máxima a este hombre, y si las informaciones son correctas, hasta la almirante Alira esta tras su pista—
--Pamplinas. El cuartel general sólo se preocupa de debiluchos. No me extrañaría que fuese un nuevo capricho de la caza hombres esa a la que llama almirante. Pero bueno, ordenes son ordenes, ya lo atraparemos a él y a su grupito de amigos y se lo enviaremos de regalo a los altos mandos—Dijo riéndose el hombre.
--¡¡Atonar!!, ¡¡Puerto de Atonar!!—Grito el vigía.