Cap. 27 "Ilusión, Reaparece el más Temible"
--Señor ya llegamos—
La voz del marino saco de sus pensamientos al profesor, quien una y otra vez pensaba en aquel tiempo pasado, en sus clases en la Academia y en el problema que estaba a punto de suceder si no se detenía a tiempo al que había sido uno de sus discípulos. Se puso de pie y arreglándose el sombrero, cogió luego su maleta y se acerco hasta el barandal; allí le dio unos golpecitos con su bastón a la espalda de su ayudante, quien durante todo el viaje había permanecido con medio cuerpo fuera de la borda
--Ya hemos llegado Miguel, vamónos—
El hombre se enderezo lentamente, las piernas le temblaban y el color de su rostro recordaba a la más blanca de las hojas de papel; con una voz débil respondió:
--Que bueno que ha terminado, yo pensé que esto
duraría eternamente—
--Te lo vuelvo a recordar; fuiste tú
quien insistió en acompañarme—
--Lo sé, lo sé—dijo algo
afectado Miguel—¿Pero podría seguir regañándome luego de que
bebamos algo?—
El profesor White sonrío, y sin decir palabra se puso a andar, bajo con una facilidad sorprendente a través de la rampa que habían dispuesto los marinos del barco; tras él; Miguel no acababa de reponerse. Una vez en tierra firme, el profesor respiro hondo, estiro los brazos y espero a que su asistente estuviese junto a él. Mientras esperaba, llamo su atención el navío marine que se encontraba atracado en el puerto de Atonar, la presencia de los hombres de blanco no era una buena señal.
--Profesor por favor, vayamos hasta algún lugar donde puedan
servirnos algo que me devuelva el alma—Rogó con un poco más de
voz Miguel
--Está bien, esta bien; pero debemos darnos prisa, ya
sabes a que es a lo que hemos venido hasta aquí—
--Lo sé muy
bien. A impedir que ese desgraciado destruya Atonar—
--No sólo
a Atonar Miguel, no sólo a Atonar—Respondió sombríamente el
profesor.
Caminaron entonces por una de tantas calles que tenía la ciudad, algo raro había en el ambiente, como si todo indicase que nada bueno estaba por suceder; la gente corría en la dirección en que el profesor y su asistente llevaban, un gran revuelo se estaba produciendo en una pequeña plaza que se encontraba al final de la calle, el profesor sin oír los ruegos de su asistente se encamino hasta donde la multitud se estaba congregando. Al alcanzarles, se abrió paso entre la gente y consiguió llegar hasta el frente del grupo. Una vez allí pudo ver a un hombre muy alto, vestido con la chaqueta de capitán marine; frente a él, dos hombres tendidos en el suelo y un perro que le mostraba los dientes amenazantes. El capitán se acerco hasta el perro y con una mirada de odio se abalanzo sobre él, dándole una patada que lo mando rodando por el suelo junto a los hombres. La multitud dejo escapar un grito de dolor, el que fue acallado por el aullido desgarrador del animal herido.
--Eso es para que aprendan, que nada ni nadie puede oponerse a la fuerza del gobierno mundial, ni siquiera un perro viejo como este—
Sin que nadie se diese cuenta, el profesor se acerco hasta los hombres y el perro. Rápidamente los reviso y comprobó que aún respiraban, aunque con bastante dificultad. Abrió su maletín para atenderles las heridas que tenían y se puso a trabajar presuroso en ellos. En eso estaba cuando el marine advirtió su presencia
--¿Qué crees que haces viejo?—dijo
acercándose hasta él
--Lo que cualquier ser humano haría,
atender a un par de hombres heridos y a su perro—Respondió
--Pero
estos son piratas y no se merecen ese trato—
--Sean piratas,
soldados o reyes; todos tienen derecho a ser atendidos—Le dijo
pausadamente
--¿Estas desafiando mi autoridad?—Grito con los
ojos encendidos el capitán marine
--¿De qué autoridad me
habla? Hasta donde yo sé nada ni nadie tiene derecho a maltratar así
a un par de hombres y su perro—
--Esto es un interrogatorio; y
la autoridad a la que me refiero es la que me otorga el sagrado
gobierno mundial—Respondió el cada vez más furioso marine
--Si
mal no recuerdo... Los interrogatorios se llevan a cabo al interior
de vuestros cuarteles, o en su defecto en sus barcos. Lo único que
puede hacerse públicamente es una ejecución, y hasta donde sé,
esas las ordenan los altos mandos y se anuncian con semanas de
anterioridad—Le dijo el profesor, quien sin prestarle más atención
continua con su labor.
--Hacer lo que estas haciendo te costara
caro viejo; primero me falta el respeto, luego pretendes enseñarme
los procedimientos de mi función y por ultimo, sigues ignorándome y
ayudando a esos criminales. Hombres, detengan al viejo—
La escolta del capitán marine se movió rápidamente rodeando al profesor y a los hombres, la gente empezó a protestar, por lo que creían era una injusticia.
--Pueblo de Atonar—Grito el capitán marine—Por qué están contra quienes deseamos proteger su seguridad, por qué desaprueban las medidas que empleamos en pos de su bienestar, por qué... —
--¡No te callas!—Se oyó una voz de entre la multitud.
No podía creerlo, uno de los habitantes de esa inmunda isla lo estaba haciendo callar, tenían que pagar por aquello, montando en cólera, grito:
--¡¿Quién
demonios dijo eso?!—
--Yo—
La multitud se separo repentinamente y dejo ver la figura de un hombre alto, este se quito el sombrero e hizo una pequeña reverencia a modo de saludo.
--¿Quién demonios eres tú?—Pregunto exasperado el marine
--¡Jo!, Yo pensé que era más famoso, ¿seguro que no eres
nuevo entre los blanquillos?—
--Es Mijok, el más terrible de
los Outlaws—dijo señalándole una mujer
--Señora, por favor,
el más apuesto, el más galante, él más fuerte, pero eso de más
terrible, no, ese no soy yo—dijo Mijok sonriendo
--Así que
Silver si estaba aquí después de todo. Vieron borrachos, si
hubieran hablado se habrían evitado la golpiza—
--¿Dónde?,
yo no lo veo—Dijo Mijok burlándose—Pero sí así fuera, ten la
seguridad de que no perdería el tiempo contigo—
--¡Hombres, a
él!—Ordeno
La escolta, dejo de custodiar a Reyes, Roca, Flaunder y el profesor y se abalanzo contra Mijok, a una velocidad impresionante desenvainaron sus espadas y se aprestaron a herir al pirata. Sin inmutarse, y de pie en el lugar en que estaba, Mijok movió una de sus manos, murmuro algo y por fin se escucho:
--Ilusión—
Los marines se detuvieron en seco, sin lograr acercarse siquiera al pirata, como si se hubiesen estrellado contra un muro cayeron uno tras otro.
--Ahora que eliminamos a las moscas, dígame distinguido señor; Quien mierda es usted—
No podía ser cierto, sus cuatro mejores hombres, aquellos que él mismo había elegido por su fuerza y habilidades, no habían logrado ni siquiera rozar al pirata que enfrentaban. ¿Qué había hecho?, ¿Cómo lo había hecho?. Mientras tanto, una mujer se había acercado hasta los hombres caídos, cuando comprobó que estaban bien, les ayudo a incorporarse y los llevo hasta la fuente de la pequeña plaza, el profesor aún asombrado por lo que había visto, le ayudo a cargar al perro.
--No dijimos nada, nada One
Piece, tal como lo ordeno Silver—Dijo Reyes con la voz entrecortada
--Lo sé, lo sé. Ahora descansa y no hables—
Al oír aquel nombre el profesor reacciono, él estaba allí, y los heridos y la joven muchacha que los auxiliaba ahora parecían saber en que lugar exactamente. Quiso preguntarles pero la mujer le interrumpió.
--Gracias por su ayuda señor, de no ser por usted, no
sabemos que les habría sucedido a nuestros amigos—
--No es
nada, yo sólo hice lo que debía—Respondió el profesor
--Sabíamos que algo raro sucedía, desde el momento en que Reyes
y Roca no volvían, además Silver se ha tardado demasiado; por eso
decidimos venir con Mijok. Sin contar que Eratia y Seastone tampoco
han dado señales de vida—
--Te comió la lengua un ratón,
o en la marina no les enseñan a hablar—
--Jajajajajajaja. Qué
misión más fácil, sin siquiera buscarles aparecen ante mí los
Outlaws. Con esto me aseguro un buen ascenso—Dijo, tosió y
aclarándose la voz continuo—Te daré el placer de que sepas el
nombre de quien te encarcelara a ti y a tus amigos de una vez por
todas, del mejor de los mejores marines, el elegido por los cielos,
mi nombre es... —
--Caca de paloma... que asco, esto arruinara
completamente mi sombrero—Dijo Mijok
La gente que aún estaba en la plaza se empezó a reír, indignado por la afrenta el marine ya no podía soportar más.
--Capitán de la onceava
división Leo Godwitch—Rugió
--Un placer, capitán Godwitch—Le
dijo Mijok—Ahora si me permite, hay un asunto que debemos
solucionar—
--¿Y ese seria?—
--Acaba usted de golpear a
mis amigos y eso no se lo permito a ningún perro; perdón Flaunder,
sin ofender; del gobierno—
