Cap. 31 "Bauer y las Ruinas"

--¡Ogo! ¡Ogo! ¡Ogo!—
Repetían incansablemente los seres cubiertos de máscaras, y a cada paso que daban el eco se hacía más y más grande. Era extraño pero atrayente; pensó Silver; el hecho de que en aquella isla olvidada sus habitantes lo rodearan ahora postrándose ante él y mientras lo hacían repetían aquel nombre.

--¡Ogo! ¡Ogo! ¡Ogo!—

Caminaban en lo que parecía ser un sendero, el cual a simple vista no era fácil de descubrir, ya que a ambos lados de este, crecían sendos arbustos que cubrían la totalidad del suelo. Eran conducidos en fila, escoltados en todo momento por aquellos seres, los que aún portaban sus mascaras. Al mirarlas detenidamente, se podía adivinar el sentido que tenían para ellos: grandes bocas llenas de miles de afilados dientes, ojos inyectados en lo que parecía ser sangre y por todo el rededor de estas, conjuntos de plumas de todos los colores imaginables. Aunque había algunas que no seguían el mismo patrón, ya que en donde las otras llevaban plumas, estas poseían retazos de piel, y las expresiones de los rostros que pretendían simular, trocaban los dientes y las bocas abiertas, por débiles líneas, que parecían indicar un grado de elevación de quien las usaba. El profesor caminaba absorto en tratar de atesorar todos y cada uno de los detalles y diferencias que veía y se lamentaba de no tener en su poder uno de sus cuadernos de viaje, una mísera hoja de papel o un trocito de pergamino, cualquier cosa le bastaría, para registrar todo aquello que estaba viendo. Era sorprendente cuanto había vivido los últimos días desde que decidiera salir desde su cómodo despacho en la academia, para lanzarse en la titánica tarea de detener a Silver. No sabía porque razón, pero estaba seguro, que todos los temores que había sentido en un principio, eran infundados ahora; ahora que había conseguido hablar con su antiguo estudiante, ahora que conocía de primera mano a aquel pirata que todos temían y que la marina buscaba incansablemente.

--¿Ogo?, ¿Qué demonios es eso?—Pregunto One Piece en voz alta.
--Puede ser alguna especie de exclamación para referirse a algo, o quizás una especie de fórmula para ahuyentar a los malos espíritus—Le contesto el profesor en mismo tono.
--Pero aún no entiendo, ¿Qué tiene que ver esa palabra, con el hecho de que se postrasen ante Silver y ahora nos conduzcan a algún extraño lugar?—
--Eso mi querida señorita, yo tampoco lo entiendo, quizás y nuestro amable capitán aquí nos pueda resolver esa duda—
--Aún no estoy seguro—Respondió Silver rompiendo el silencio en que caminaba hace bastante tiempo—Sin embargo creo haber oído esa palabra antes, el problema es que no logro recordarla—

Intentaba una y otra vez traer a su memoria el lugar o momento en que había oído esas tres letras antes, sin embargo, a pesar de estrujarse tanto el cerebro, no lograba recuperar aquella preciada información. Repaso uno a uno todos sus últimos destinos, repaso parte por parte cada uno de sus viajes, y no daba resultado. ¿Fue quizás cuando estuvo en aquella isla desértica?, ¿O tal vez, cuando estuvo sólo, mucho antes de reunir a los Outlaws?, definitivamente no conseguía traer a su mente de donde conocía esa palabra y menos aún conseguía saber o recordar que significaba. De pronto, un golpe de luz lo trajo de vuelta al presente, la luz enceguecedora del sol le daba ahora de lleno en el rostro y era precisamente porque se terminaba el pasadizo entre la selva y salían ahora a un gran claro, allí en ese lugar y frente a él, se alzaban unas impresionantes construcciones. Varios muros rectos dejaban entre sí una serie de pasadizos, por los cuales fácilmente podrían caber dos hombres montados a caballo, uno al lado del otro, en estos muros se multiplicaban una serie de grabados y palabras escritas, en el mismo idioma antiguo que leyese junto al profesor al desembarcar en esta isla. Al final de estos pasadizos se levantaba imponente una especie de pirámide cuadrada, construida toda en piedra, la que al recibir directamente la luz del sol sobre ella, parecía resplandecer. Esta pirámide que veía, era tan grande que en cada uno de los descansos que poseía en su ascenso, se podían observar construcciones más pequeñas, que al parecer eran los edificios de uso público de esa gente. Desde allí no parecía más una pirámide si no que era una especie de…

--Montaña—Exclamo extasiado el profesor—Esa pirámide parece más una montaña, sobre todo porque en sus faldeos; que vendrían a ser esos grandes descansos como explanadas; estos seres han construido sus demás edificios—

Precisamente, a él también le parecía una montaña, la más alta que jamás había visto; o mejor dicho, la montaña más alta que jamás había visto y construida por estos seres. Siguieron caminando y se adentraron entre los pasadizos que viera antes, los grabados repetían una serie de dibujos, entre los que volvió a reconocer a aquel pulpo gigante, también podían verse unas aves descomunales, unos caballos que parecían tener alas y toda clase de extraños animales. Al mirar uno de estos dibujos, se detuvo un momento, allí justo allí, podía ver un grupo de figuras que se le hacían sumamente familiares, eran unos seres que poseían cuerpo humano, pero que no obstante, sus cabezas y sus manos recordaban poderosamente a cangrejos.

--Damnnes— Pensó en voz alta Silver.
--¿Dam…qué?—Dijo el profesor.
--Damnnes, unos seres terribles, con los cuales nos topamos hace algún tiempo—Contesto One Piece—Los recuerdo y me dan escalofríos—
--Veo que tus viajes te han llevado a lugares muy interesantes muchacho—
--¿Y este acaso no le parece interesante profesor?—

El profesor guardo silencio, ese lugar en el que estaban ahora, era definitivamente uno de los más interesantes que había visitado hasta ahora; mucho más incluso que las antiguas ruinas de Karadia y por mucho superiores a las de Enolfia.

--¡¡Silver!!—

Aquel grito lo saco de sus pensamientos. Estaban ya a los pies de aquella inmensa pirámide, en la base donde se iniciaban los escalones. Junto a estos se encontraban todos los demás, quienes al verlos se pusieron de pie y avanzaron hasta donde ellos estaban.

--¿Les han hecho daño?—Pregunto One Piece
--La verdad es que en un principio, nos trajeron hasta aquí atados; pero hace un momento, luego de que uno de ellos llegara corriendo y gritando algo, nos han soltado e indicado que esperásemos aquí—Dijo As
--Malditos aborígenes, si fuese porque atraparon muy rápido a ese inepto—Dijo Mijok señalando a Miguel—Me habría encargado de todos ellos en un tris tras—
--Eso y el hecho de que eran demasiados y de que no nos dejaron reaccionar—Dijo Reyes, con una voz normal, producto de que con el susto había perdido la borrachera.

Reparando en lo que había dicho Mijok, Silver agrego:

--¿Aborígenes dijiste? ¿Cómo es que sabes que son humanos?—
--¡¡Ah!!—Exclamo Mijok—Eso es simple. Antes de que lograsen atraparnos, conseguí golpear a uno y quitarle la máscara que llevaba. Fue ahí cuando descubrí que eran, digo, son humanos—

El profesor estaba extasiado, humanos, en aquella isla, junto a esas construcciones, con aquellos misterios, humanos. Definitivamente este era el mejor y el más grande de sus viajes.

--Y ¿Qué era lo que estaba gritando el tipo aquel?—Pregunto Silver
--Algo así como Ogo—Respondió Mijok

Al oírle pronunciar esa palabra, todos los que estaban cerca de ellos se volvieron y miraron algo asustados a Silver, luego de lo cual, algunos se postraron de hinojos sobre el suelo y se quedaron reverenciándole y repitiendo aquella palabra; como si fuese un murmullo, o una especie de canción, en un momento se dejo oír más fuerte.

--¿Qué demonios les pasa?—Exclamo ofuscado As
--Vuelven a actuar como hace un momento—dijo por fin Miguel, sacando la voz
--Sólo que ahora están reverenciando a Silver. No sabía que eras tan famoso capitán—Señalo Mijok

Ogo, ogo, ogo, la palabra se repetía incesante, llenando con su cadencia el aire. Sabía que la había oído antes, sabía que la conocía, pero donde, de donde.

--¡¡Saludos viajeros de la bruma. Saludos a los compañeros de Ogo!!—

La voz se levanto por sobre el clamor de las demás voces, y al oírla, el resto de los aborígenes dejo de repetir su molesto mantra. El silencio presuroso inundo el lugar, dándole un aire mucho más imponente a aquellas magnificas construcciones. Aquí, en este lugar, donde ni el canto de los pájaros podía oírse, donde el sol hacía resplandecer furiosamente a la piedra, volvía a reinar la calma. Silver se volvió casi por instinto, levanto su mirada y pudo ver allí, a unos tres o cuatro peldaños de altura, la figura de un hombre. Un hombre distinto del resto, un hombre que parecía no pertenecer a ese lugar; ataviado con una larga túnica de color marrón, sobre la cual cruzaba otro trozo de tela, atado desde uno de los hombros de aquel sujeto, colgándole hasta la cintura. El color de su piel, definitivamente era distinto a la del resto, sin mencionar el hecho de que hablaba una lengua distinta a la de aquellos hombres.

--Saludos—Volvió a decir
--Dígales que paren de hacer esto, por favor. Me molesta bastante—Pidió Silver
El hombre lo miró por un momento y luego dijo:
--Kaalb'a Saante meeah—

Los aborígenes al oírle, se pusieron presurosamente de pie, y luego se quitaron las mascaras. Otros se encargaron de recolectar las armas que portaban y de llevárselas de allí.

--N'tagaa mieehn eehan— Volvió a decir aquel hombre, ante lo cual, varios de los que allí estaban corrieron escaleras arriba, mientras otros se mantenían en pie observando a Silver.

--Muchas gracias—
--No hay de qué. Todo lo que Ogo pida es casi una orden para estos hombres—Le contesto el sujeto aquel.
--Deténgase por favor—Dijo Silver algo molesto—Y explíquenos mi buen amigo, quien es usted, que es esta isla, y por qué demonios insisten en llamarme Ogo—
--Será un placer, síganme por favor—

Dicho esto el sujeto se volteo y comenzó a subir los escalones. Silver y los demás se apresuraron en seguirle; todos estaban ansiosos puesto que por fin descubrirían que era lo que allí estaba pasando, sin embargo, el más interesado era Silver ya que de una vez por todas podría recordar que era lo que significaba aquella palabra. Subieron pues los escalones, perfectamente construidos y exquisitamente alineados, no se veían allí el lugar o el modo en que había sido trabajada la piedra. Eran pues, al igual que todo lo que allí había, una maravillosa obra de ingeniería.

--Cien peldaños—dijo al llegar al primer descanso Roca—Cien malditos peldaños—
--Bah, no son tantos—Le replico Reyes— Aunque los hubiera subido más a gusto, si hubiera traído conmigo un poquito de ron—
--Miren, que hermosa vista—Dijo al fin One Piece

Todos se dieron vuelta y miraron. Definitivamente era una hermosa postal la que tenían allí en frente. La jungla y su verdor, combinaban a la perfección, con el azul del distante e inmenso océano y la claridad del cielo, hacia parecer que el mar se extendía también sobre ellos, en un perfecto espejo.

--Hay algo que me llama la atención—comento en voz alta As
--¿El qué?—Pregunto interesado Miguel
--No puedo ver el barco—

Efectivamente, el barco no se veía desde allí. ¿Qué habría pasado? ¿Habría desaparecido así sin más? ¿O es qué acaso aquellas gentes los habían destruido para impedirles escapar?

--El barco no se ve, simplemente porque están mirando en la dirección equivocada—Les dijo con un aire de suficiencia Mijok
--A que te refieres—Pregunto As
--Me refiero a que el barco no está allí, si no que esta hacia acá—Contesto Mijok señalando con su pulgar hacia su espalda—Y esta por este lado porque cuando vinimos a través de la selva hasta aquí, lo hicimos en círculos—
As no se convenció hasta que miro por sobre el hombro de Mijok y vio en la distancia y recortado sobre el azul profundo del mar al viejo Caledonia, meciéndose suavemente al compas de las olas.

--Bien, ya estamos aquí. Ahora si fuese tan amable de decirnos quién es usted y porque sabe tanto de todo esto—Dijo Silver algo molesto

--Encantado. Precisamente es por eso que les he traído hasta aquí, por eso y porque el destino así lo había escrito—

El profesor desde hacía un momento no paraba de pensar en aquel hombre, le resultaba bastante familiar, por su complexión física, así como por el tono de su voz. Sin embargo no estaba aún bastante seguro.

--Entonces Long Jhon Silver, el por qué estás aquí…--
--¡Ya lo recuerdo! ¡Ya sé de donde conozco a este hombre!—Exclamo el profesor, con voz de triunfo—No es así profesor Bauer—