Cap. 38: "Vástagos del Mar"
--¡Muere!—
Aquella palabra resonaba con fuerza en su cabeza, similar a un grito contenido por mucho tiempo. Se repetía como un constante latido y hacía que las ideas del capitán se nublasen lentamente. Sin embargo avanzaba decidido contra la bestia que había visto surgir hace unos momentos desde el mar profundo. Con la espada en la mano y el ceño fruncido repasaba mentalmente toda la situación e incluso se daba el tiempo de contestarle en voz alta a aquella voz.
--¡No pudiste hacerlo antes. Ahora tampoco podrás conmigo!—
La bestia ya había centrado su atención en él y siseando empezó a avanzar en su dirección. Silver se detuvo y estudio los movimientos de aquel monstruoso ser. Esto sería más difícil que aquel Kraken de punto ciego, ya que ahora había mucha más gente de la que preocuparse. La bestia también se detuvo y espero.
--¡Capitán!—Grito a su lado Mijok—Espero ordenes—
--Yo…hic…También espero Silver…hic…Espero que después de esto me invites un buen…hic…trago—
--Muchachos—Dijo y haciendo una pausa continúo—Esto es demasiado peligroso, y sin embargo sé muy bien que aunque los obligue no aceptaran que los deje fuera de este enfrentamiento…--
El monstruoso ser dejo escapar una especie de rugido, interrumpiendo al capitán de los Outlaws, los árboles cercanos y algunos muros se estremecieron, pero los hombres seguían allí como si nada.
--Como les decía, sólo espero que todos podamos reunirnos después de esto para beber unas buenas jarras de cerveza—
--Dalo por hecho…hic…Silver—Dijo Reyes
--No lo dudes capitán—Asintió Mijok
--Lo mismo va para ti Eratia, ya que aunque no seas parte de nuestra banda igual espero que aceptes acompañarnos--
Eratia quien llegaba junto a ellos se sorprendió de que Silver le hablase sin siquiera haberlo visto, y algo confundido solo atino a decir:
--Agradezco tu invitación Silver—
Como cansado de esperar, el monstruo volvió a rugir, en sus fauces abiertas se podían ver la gran cantidad de dientes que poseía, capaces de triturar a un hombre entero de un solo mordisco. Su piel escamosa refulgía con un extraño brillo y sus zarpas parecían ávidas de atravesar la carne de sus frágiles oponentes. Sin embargo ni los hombres ni la bestia osaban actuar, un extraño silencio inundo el lugar, como si de repente todos los sonidos del mundo hubiesen desaparecido, como si nada tuviera voz, como si nada pudiese dar una prueba sonora de que existía.
--Muere—
Otra vez la voz se hacía presente, otra vez la oía tan clara como si estuviese junto a él quien la articulaba. No podía decir con precisión a quien o a que pertenecía, sin embargo estaba seguro de que la había oído ya antes, y de que en lo más profundo de su ser sabia a quien pertenecía.
--Rechazaste el pacto y ahora eso que buscas me pertenece—
Algo pareció iluminarse en alguna parte, en la mente de Silver algunos recuerdo aparecieron fugazmente, se concentro para retenerlos y traerlos a flote, pero algo o alguien se lo impedía, era difícil, le costaba mucho recuperar esas imágenes, pero sabía muy bien que si lo conseguía entendería de donde venia aquella voz.
--Te invoque a mi lado y me rechazaste. Te negaste al poder que te ofrecía. Y el castigo por eso es perecer—
Al fin lo logro, aquella
voz le ayudaba a retener lo que fugazmente aparecía en su mente. Y
pudo ver al fin; la tormenta de hace tanto tiempo; el mar invertido;
el trono más allá del horizonte; al Ser; la isla errante; la luz
sobre la pirámide; el secreto; lo que buscaba. Ahora lo entendía,
por fin comprendía que era lo que había sucedido, comprobaba que lo
que le faltaba era precisamente aquello.
--Ha pasado
mucho tiempo ya y es el momento de que acabes. No puede seguir
existiendo aquello que no tiene esencia—
La voz seguía hablando, y ahora parecía provenir de las fauces abiertas del monstruo. Silver le miro, y moviendo la cabeza de un lado a otro respondió mentalmente:
--Yo jamás pedí ir a tú presencia, es más, creo que llegue hasta allí por equivocación. Sabes, pensé que sería el mayor descubrimiento que un pirata pudiese hacer; pero debo reconocer que estaba errado—Hizo una pausa y continuo—Con respecto a lo que dices, no creo que sea justo que intentes acabar con aquel que logro burlarte, es más, quiero que sepas que si sigo en pie es simplemente porque voy a hacer que me devuelvas lo que me arrebataste—
La bestia se movió inquieta, y con un gesto torpe pareció sonreír. Rugió de nuevo y esta vez la tierra se estremeció también con su sonoro alarido. Decidido a no esperar más o liberada quizás de una extraña fuerza que le retenía empezó a avanzar. Con cada paso que daba el retumbar aumentaba, haciendo que todos los que allí estaban se sintieran cada vez más temerosos. Todos excepto los piratas que le hacían frente, los cuales sin inmutarse permanecían de pie allí observándole, y acompañando en silencio el extraño meditar del capitán. Respirando hondo, dejo este que el aire llenara sus pulmones; y como si saliese de un trance en un grito lleno de furia proclamo:
--¡Honor y Gloria a los que desafían a la muerte!—
Los tres que con el estaban sintiéndose inundados de una extraña fuerza, le respondieron con un grito, tan fuerte y potente que hizo parecer un murmullo a los rugidos de aquella bestia. Blandiendo su espada Silver echo a correr en dirección a la bestia, seguido de los tres valientes. La bestia los vio acercarse y en un movimiento instintivo recogió su largo cuello unos metros y apuntando lo lanzo luego en la dirección del capitán de los Outlaws, con el hocico bien abierto y mostrando todos sus dientes presta a dar un bocado mortal. Silver detuvo su carrera y dando un salto rodo hacia un lado, escapando en el momento justo para evitar ser devorado; la bestia ensarto sus dientes contra el suelo y allí donde antes era plano se podía ver ahora la amenazadora marca dejada por ella. Aprovechando este movimiento Mijok cargo con su espada contra el cuello de la serpiente, y asestando un golpe limpio creyó terminar con ella. Mas cual no sería su sorpresa al detenerse y ver que no había logrado nada, ya que sus duras escamas parecían ser la mejor armadura que una bestia podía desear. Algo confundido Mijok arremetió de nuevo, una, y otra vez, y sin embargo no conseguía hacer mella en aquel inmenso ser.
--¡Mijoookk! ¡cuidado!—Grito Eratia
Alertado por el grito de este, Mijok levanto la guardia justo a tiempo para evitar que el zarpazo de la bestia le diese de lleno en el cuerpo, protegiéndose con su espada, logro detener en algo el golpe, pero no evito que este lo mandase a volar por los aires. En ese mismo instante, Reyes llamaba la atención de la bestia, para evitar que fuese tras Mijok; armado de un montón de botellas, se encargaba de lanzarlas contra la cabeza y el cuerpo de aquel ser.
--¡Heeeeeeyyyy! ¡Cosa Horrible!...Hic…No quieres echarte unos tragos conmigoooo…hic—
La bestia empapada en alcohol empezó a avanzar en su dirección, mientras Reyes seguía lanzándole botellas. Con cada paso que daba, la tierra temblaba aún más, y el incesante siseo sumado a los esporádicos rugidos, hacían que cualquiera en su sano juicio temblase también. Eratia aprovechándose de la situación, corrió y se situó justo detrás de la bestia, entonces su cuerpo empezó a brillar en un tono azul, adoptando una extraña posición grito:
--¡Deep Blue Demon!—
Desde los brazos del famoso navegante surgió entonces una extraña onda luminosa y refulgente, dirigida hacia la bestia. En un instante fue alcanzada por aquella inmensa concentración de energía y dando un feroz rugido pareció desfallecer, sin embargo y ahogando el grito de triunfo de Eratia, la bestia recupero su posición y sacudiéndose volvió a rugir, aquella técnica había fallado. Aprovechándose del momento de desconcierto, Silver se había acercado también hasta el monstruo marino; definitivamente esto sería mucho peor que el kraken; pensó. Cargo entonces con su filo contra el costado de la bestia, pero obtuvo el mismo resultado que Mijok y Eratia. La bestia parecía cada vez más ágil y si no es por los excelentes reflejos del capitán, hubiese estado ahora mirando desde muy cerca la zarpa de aquel monstruo. Mijok nuevamente atacaba y lo mismo hacia Eratia, sin embargo ninguno lograba hacer mella en la excelente defensa del rey del Mar. Corriendo y esquivando un nuevo ataque, Reyes logro llegar junto a Silver, mientras Eratia utilizaba como lanzas, los arpones olvidados en el lugar por los aldeanos y Mijok hacia otro tanto golpeando con su espada a la bestia.
--No creo…hic…Que quiera jugar con nosotros—Dijo Reyes
--Eso está más que claro mi amigo—
--Qué haremos…hic…entonces—
Silver guardo silencio, ¿qué podrían hacer? Llevaban ya bastante tiempo enfrentándose a aquel bicho y aún no conseguían hacerle ningún daño, si sólo supieran cual era su punto débil.
--Sabes Silver…hic…Ahora que miro bien a esta bestia, creo que se parece a una anguila…hic…Recuerdo una deliciosa receta de anguilas preparadas…hic…Con Ron—
Silver miro entonces a Reyes, como no se le había ocurrido antes. Si aquel ser provenía de las profundidades del mar, quizás el fuego si le provocase algún daño. La mente de Silver corría a una velocidad inmensa, ideando y descartando planes, hasta que por fin pareció dar con uno que le satisfacía. Rápidamente le explico a Reyes que era lo que debía hacer, este, con los ojos bien abiertos y con una lucidez que jamás había visto Silver en él, le escucho y asintió a las órdenes que recibía, dando un increíble salto, echo a correr en cierta dirección, evitando el ataque de la bestia que venía a por ellos. Silver también la esquivo, rodando, se alejo varios metros de esta. Se puso de pie y paso corriendo junto al monstruo, para llegar junto a Eratia y Mijok.
--Escuchen, esto es lo que vamos a hacer—les dijo
Rápidamente el capitán de los Outlaws les explico que era lo que pretendía, ambos hombres le escucharon atentamente y Mijok incluso sonrió. Tenían que actuar rápido y no fallar, puesto que la vida de Reyes dependía ahora de ellos.
Rugió la bestia justo antes de embestir y los tres lograron esquivarle. Eratia, tal y como habían convenido se alejo a una distancia prudente, mientras era Mijok quien le asestaba espadazos a la bestia y retrocedía para evitar ser alcanzado. Silver en tanto también golpeaba al monstruo, justo en los momentos en que Mijok no lo hacía y repetía los mismos movimientos que este. Eran al fin y al cabo, la prueba real de que se conocían perfectamente, un espectáculo digno de ver, la perfecta coordinación entre un bravo capitán y su aguerrido segundo de abordo. Al observarles, Eratia entendió que todas las historias que de ellos había, tenían mucho de realidad. De pronto, la voz de Reyes se dejo oír, y fue la señal para que Silver y Mijok dejaran de atacar y se replegasen. Cabreado el Rey del Mar centro su atención en el borrachito, quien a una distancia no mayor a los setecientos metros agitaba las manos y lo llamaba. Avanzo entonces la bestia hacia él, con una velocidad sorprendente, y aquella distancia la cubrió en unos cuantos pasos. Eratia, corrió tras la bestia y mientras lo hacía, sus brazos brillaban otra vez. De verdad esperaba que Silver no estuviera equivocado, porque si lo estaba, él no tendría mucho tiempo para reaccionar luego de lanzar aquel golpe. El monstruo ya estaba casi sobre Reyes y este seguía llamándole, abriendo sus fauces y rugiendo la bestia se lanzo contra él, sin embargo y en el último minuto, el pirata dio un increíble salto hacia la bestia, pasando a centímetros de su cabeza, a la vez que enganchaba de esta una serie de cuerdas que estaban firmemente atadas a un montón de barriles. Al darse cuenta de que había fallado otra vez, la bestia se volteo más enojada, intentando alcanzar a Reyes, pero este ya estaba alejándose de ella. Más furiosa aún empezó a andar tras él, arrastrando tras de sí y alzando sobre su espalda los barriles aquellos.
--¡Ahora Eratia!—Chillo Reyes
El navegante tomando su posición grito entonces:
--¡Piercing Sea Horn!—
De su puño extendido broto entonces una nueva onda de energía, la que era distinta a la anterior, puesto que se concentraba en una forma compacta pareciendo un gran cuerno. Este atravesó a la bestia sin hacerle nada, pero no importaba, puesto que su objetivo eran los barriles. Al alcanzarlos estos explotaron cubriendo y rodeando a la bestia en una gran tormenta de fuego. Ahora si habían logrado dañarla, ya que los rugidos que profería, eran muy distintos a los anteriores.
--¿Cómo se te ocurrió esto Silver?—Pregunto Mijok
--Fue gracias a la receta de Reyes—Contesto el capitán—Me permitió comprender que el fuego que se consigue con alcohol es mucho más intenso y penetrante que el que se consigue por otros medios—
--Y más instantáneo…hic…--Agrego Reyes
--Pero y ¿Cómo sabias lo de mi ataque?—Pregunto Eratia llegando junto a ellos.
--Lo intuí después de ver el primero que lanzaste. Sin embargo debo reconocer que me sorprende que poseas esa clase de poder—
--Uff, bueno, ya habrá tiempo para más detalles—Dijo al fin el navegante
--Que bueno que hice…hic…Que Roca me dijese donde…hic…ocultaban el ron—Decía Reyes empinándose una botella de las muchas que llevaba en los bolsillos de su chaqueta.
Tambaleándose por el dolor, la bestia se desplomo sobre uno de los edificios del lugar. El fuego había empezado a extinguirse y ahora podía verse sobre el suelo, las escamas que conformaban la armadura de aquel ser. También veían ahora la piel desnuda de esta, blanca y brillante bajo el tímido sol.
--¿Crees que me has derrotado ya?—Volvió a hablar la voz—Eres un humano bastante tenaz, debo reconocerlo, sin embargo ya ha sido suficiente—
--Calla—Respondió Silver—No ves que tus criaturas no pueden contra mí. Prepárate, porque el siguiente serás tú—
--Iluso. Crees acaso que mis hijos son tan débiles como ustedes, ¡Mira!—
Como por arte de magia, la bestia volvió a ponerse de pie, y ahora parecía más furiosa que antes. Sacudiéndose volvió a arremeter contra ellos intentando alcanzarles. Sin embargo ahora no poseía su armadura. Tanto Mijok como Silver, le asestaron tremendos cortes, al tiempo que le esquivaban, mientras Eratia armado de dos lanzas, las blandía a una velocidad abismante y punzaba y estocaba a la bestia en sus flancos. Reyes por su parte, hacia lo propio usando ahora su bastón espada. Definitivamente la voz se equivocaba, aquella criatura no podría resistir mucho más, eran sus últimos momentos. Pero de pronto, algo extraño sucedió, la bestia empezó a emitir un chillido ensordecedor, que hizo que los piratas perdieran el equilibrio. Era un ruido tan fuerte y atroz, que parecía perforar los tímpanos, se colaba en la cabeza y hacia parecer que esta iba a explotar.
--Canto de Sirena—Exclamo Silver
Sin
embargo nadie logro oírle, el dolor que les producía aquello no les
dejaba continuar ni les permitía moverse para escapar.
Aprovechándose del desconcierto, el monstruo arremetió contra
ellos, de un zarpazo, mando a Mijok volando por los aires, con la
cola golpeo a Eratia y lo lanzo lejos también, a reyes intento
comérselo de un bocado, pero este, haciendo un esfuerzo sobre
humano, logro esquivarle en el último momento, sin lograr evitar del
todo el ataque y recibiendo una gran dentellada en la pierna. Avanzó
entonces la bestia hacia Silver y tumbándole con una de sus garras,
se puso sobre él.
--Ves insignificante humano, no
puedes contra mi poder. Aquel al que rechazaste y al que niegas, al
que amenazas con destruir por recuperar algo tan irrelevante. Ha
llegado tu fin—
Silver no podía hacer nada, las
fuerzas le habían abandonado ¿Seria ese su final? Miro a su
alrededor y pudo ver a sus compañeros magullados y heridos, todo su
esfuerzo no había servido de nada. Que desperdicio de vidas tan
valiosas. El monstruo alzo su cabeza y abrió por enésima vez sus
fauces, seria este el golpe final, Silver miraba atónito los
brillantes dientes de la bestia incapacitado de reaccionar.
--No
te preocupes humano, mi sirviente traerá tu cabeza hasta aquí y
quizás te deje observar una vez más aquello que tanto buscabas.
Ahora si puedo decir que será mía por toda la eternidad—
Silver sintió hervir su sangre, y en su mente apareció aquella imagen, el corazón empezó a latirle con más fuerza y la rabia y la ira que sentía al oír aquellas palabras de burla lo inundaron. Con una fuerza desconocida logro zafarse de la prisión de la zarpa del Rey del Mar, y poniéndose de pie, arremetió contra el cuerpo descubierto de aquel ser. Este, que había visto interrumpido su ataque, no lograba entender que sucedía, e intento contraatacar, sin embargo era demasiado tarde, puesto que aquel ser humano lo golpeaba con todas su fuerzas y lo hacía retroceder con furia. Silver estaba fuera de sí, parecía que no era él quien atacaba a esa bestia, y en su mente repetía una y otra vez esa palabra: "DEVUELVEMELA". Demostrando una furia nunca antes vista, golpeo en el que parecía ser el corazón de aquella bestia. Perdiendo el equilibrio, esta fue a dar contra una construcción cercana, haciendo que volaran por los aires partes de esta. Cogió entonces Silver su espada y corrió tras la bestia, la que nuevamente se ponía de pie e intentaba acometerle. Esquivándole Silver salto hacia ella y clavando la espada en el lugar donde antes la golpease rasgo la piel y llego hasta el corazón de aquel ser mientras gritaba:
--¡Devuélvemela!—
Mijok, Eratia y Reyes no daban crédito a lo que veían, parecía que todo hubiese quedado en silencio de nuevo. Un gran chorro de sangre salió de la herida abierta y cubrió por completo al capitán, al mismo tiempo, la bestia profería un agudo grito de dolor y se desplomaba estrepitosamente. Al acercarse a Silver, este seguía empuñando la espada y temblando, manteniendo fijos los ojos, como ausente, seguía murmurando:
--Devuélvemela, devuélvemela, devuélvemela, devuélvemela…--
El cielo se oscureció entonces, y la lluvia empezó a caer, lavando lentamente las señales de la lucha y arrastrando consigo la sangre de la bestia. Mijok se acerco hasta Silver y poniéndole la mano en el hombro, lo movió.
--Ya estoy bien Mijok, no te preocupes—
Tratando de no referirse al tema, Eratia dijo:
--Debemos salir de aquí. ¿Dónde esta Renta?—
--Estella quería llevarlo a la enfermería del cuartel—Dijo Rido, quien se había acercado al grupo, al parecer había sido herido, puesto que llevaba una mano sobre el pecho—Los deje en una de las casas, pero ya no están allí—
Acercándose hasta él, Silver le ofreció ayuda, ya que parecía perder el equilibrio. Mijok pregunto que debían hacer con los de blanco y alguien proponía llevarlos al cuartel. Silver ya no prestaba atención, pues estaba cansado, la voz había desaparecido de momento y el estaba cubierto de sangre, pero por lo menos ya sabía exactamente qué era lo que le faltaba. Cerró los ojos y se desplomo, ahora sólo quería descansar.
