Cap. 41: "Avanzar"

Allí estaba por fin, la puerta abierta de par en par; accionados sus mecanismos por la piedra que Silver portaba consigo. Al mirar lo que ocultaba tras de sí, pudieron ver infinidad de grabados y escrituras, tantos como tantos puede imaginar la mente febril de un hombre enfermo, años de historia se reunían sobre aquellas paredes, cuantas culturas desconocidas o desaparecidas hacían patente allí su existencia. Todos estaban sumamente sorprendidos, incluso Hilmar, quien ya de por si era alguien sorprendente; todos menos Silver, quien de la sorpresa inicial ahora mostraba una actitud desinteresada, como si nada le llamase verdaderamente la atención.

--¡Esos de allí son Poneglyphs, ¿no es cierto profesor?!—Decía Rido emocionado
--Así es hijo, así es—
--Pero lo malo es que a pesar de reconocerlos, no puedo leerlos, son algo distintos de los que había visto antes—
--Bueno, para mí también lo son. Hay algunas palabras que no logro comprender tampoco—se lamento el profesor
--Eso es porque estos son anteriores a los que ustedes tan bien conocen—Les dijo desinteresado Silver
--y tú ¿Cómo es que lo sabes?—Pregunto el profesor
--Por que los vi antes en otro lugar. Son un poco más complicados que los demás, es por eso que dejaron de usarse—

Antes de que siguieran preguntándole, Silver agregó:

--Bueno, es hora de marchar—
--¿No deberíamos antes intentar descifrar lo que dicen estos muros?—Decía el profesor al tiempo que extraía su libreta blanca
--Yo puedo decirle que es lo que dicen, sin necesidad de mirar demasiado—le respondió algo hastiado Silver

Sorprendido por la actitud de su alumno, el profesor guardo su libreta, y mirándolo espero que este le explicara lo que allí se leía. Rido estaba tan entusiasmado con todo lo que veía que no se había percatado del cambio de actitud del capitán de los Outlaws, sin embargo As si lo notaba. Algo parecía molestarle a Silver, algo que parecía provenir desde el interior de aquel lugar.

--Si observa los dibujos, estos que parecen seres humanos no lo son. Son una antigua raza que se encargaba de proteger la tierra. Vivian felices y tranquilos hasta que uno de ellos despertó al mal que habitaba en el fondo del mar, eso produjo que el equilibrio desapareciese. El mundo vivió una época muy oscura, producto de este ser—Silver señalaba un grabado, donde se veía el espiral, sobre él una especie de humano, con la parte inferior de un pulpo y la cabeza de un dragón o un rey del mar, desde sus manos surgían torbellinos y ondas—El que pretendía dominar todo lo conocido. Hasta que algunos valientes se le opusieron sellándolo nuevamente a costa de su vidas…--

--¿Pero que tiene que ver todo eso con todo esto?—El profesor se veía realmente contrariado.
--La relación entre eso y esto, es que supuestamente aquí descansa, o descansaba uno de los instrumentos necesarios para enfrentarlo—Silver seguía hablando con desinterés

--¿Pero qué tiene que ver eso con Barbarossa?—As estaba tan confundido como el profesor—

--Como bien dije antes, Barbarossa parecía conocer la existencia de dicha raza, así como el mito que acabo de relatarles. Por lo tanto, debe haber venido hasta aquí en busca de eso--

Rido escuchaba atentamente todo lo que Silver relataba. No se había equivocado al venir en esta expedición ya que definitivamente junto al capitán de los Outlaws podría saber mucho más que sólo de poneglyphs. Quiso preguntar algo, pero una frase escrita en un rincón de todo lo demás y que no estaba en ninguna de esas extrañas lenguas llamo poderosamente su atención. Se acerco y cuál sería su sorpresa al comprobar que estaba escrita en un perfecto español, sin embargo más se sorprendió al leer lo que allí ponía:

"Maldita senda hacia lo oculto, espíritu encantador que emboba la mente y el alma. Cerrad los ojos y los oídos, no permitáis que oiga vuestros sueños. Al final de las escaleras aguarda…"

Lo leyó sin darse cuenta en voz alta, y una vez que termino una fría brisa vino desde el interior de aquel pasillo oscuro. Todos guardaban silencio, como esperando a que algo sucediera. Incluso Hilmar parecía contrariado, hasta que al fin el pobre de Miguel sufrió una crisis nerviosa, temblaba de pies a cabeza y no lograba articular palabra. As se acerco hasta él e intento calmarlo, pero era inútil, era presa del pánico.

--No podemos obligarle a seguir Silver, sería demasiado para él—Dijo As
--Pero tampoco podemos quedarnos aquí o volver ahora—Le respondió Silver—No podemos perder más tiempo en esta isla—
--Pero si yo me quedo aquí junto a él, ustedes pueden seguir adelante—Un profesor desencantado por perderse la aventura mencionaba estas palabras
--Creo que sería mejor que volviesen al pueblo. Pero usted solo no puede con Miguel, así que As, quédate y vuelve con ellos al pueblo—Ordeno Silver
--Pero capitán, y si ese algo que menciona lo que leyó Rido aún está allí dentro, necesitaran ayuda—Protesto As
--No te preocupes, Rido y yo estaremos bien. Recuerda que los marines le llaman Bloddy Axe—
--No me llames así por favor, no es necesario—Los fantasmas parecían envolver también a Rido
--Esta decidido entonces. Seguimos nosotros e Hilmar, mientras tú te llevas al profesor y a Miguel de vuelta—

Se separaron entonces, As les deseo suerte, lo mismo que el profesor. Silver y Rido los vieron alejarse por el camino de abajo, el que era menos complicado que el de arriba. Una vez desapareció la luz de su antorcha, se dispusieron a entrar más allá. El olor que se venía desde el interior era mucho mayor que el de afuera, una mezcla de amoniaco y sal. Avanzaron pues a través de este nuevo pasadizo, donde sobre el suelo se podía ver el resplandor fosforescente de musgos y hongos, lo que les señalaba la presencia de humedad al interior del recinto. Los grabados continuaban poblando las paredes, pero en palabras de Silver, no aportaban nada nuevo, ya que se repetían una y otra vez. La oscuridad era cada vez mayor, y crecía tanto que parecía aplastarles.

--Interesante, muy interesante—repetía Hilmar, rompiendo el silencio.
--¿Qué es lo que te parece tan interesante?—Le interrogo Rido
--El hecho de que a pesar de que llevo bastante tiempo aquí, jamás supe que era lo que se escondía tras la puerta—
--A propósito ¿Hace cuanto estas aquí y por qué motivos?—Volvió a preguntarle Rido

Hilmar iba a contestarle, cuando Silver detuvo la marcha. El ghost, alerta guardo silencio, lo mismo que el carpintero. El capitán de los Outlaws se agacho entonces y apunto la tea hacia las sombras, la movio y se dirigió hasta una de las paredes. Allí vieron que los grabados habían desaparecido, y en su lugar una extraña cabeza que recordaba a un lagarto sobresalía de la pared. Era una especie de gárgola extraña, que sostenía en lo que parecía ser su boca un trozo de madera. Silver se puso de pie y acerco hasta ella la antorcha, el trozo aquel se encendió con una rapidez abismante y sucedió lo inesperado, el fuego empezó a correr por la pared, saliendo desde la boca de la gárgola para dirigirse hacia el fondo de la galería, luego y por el muro contrario, podía verse volver a la flama, era aquel un extraño método de iluminación, pero al menos ahora podían ver con facilidad lo que tenían enfrente. Una escalera de ónice más negro que la noche se desplegaba ante ellos, infinidad de peldaños oscuros que bajaban hasta las entrañas de la tierra, y sobre las paredes, multitud de cabezas iguales a la primera, que servían como antorchas y que parecían interrogarles con sus ojos fríos y muertos.

"…Aquel que no teme está loco, o ha dejado de creer, resignado al terror más oculto"…

Sobre el muro del fondo y por un momento fugaz apareció aquella frase, escrita en un rojo furioso y parpadeante. Silver y Rido guardaron silencio, esperando ambos que el otro hablase, sin embargo, fue Hilmar quien lo hizo primero:

--¡Vieron eso! ¡Vieron eso!—

El ghost corrió a esconderse tras el capitán de los Outlaws, al tiempo que repetía una y otra vez una extraña retahíla de frases.

--Por lo menos ya sabemos que Hilmar no está loco—Dijo al fin Rido mirando a Silver
--Pues al parecer nosotros tendremos que demostrar que si lo estamos—Le respondió este y echo a andar.

Iniciaron el descenso de aquella escalera gigantesca, cuyos negros peldaños relucían ante el reflejo de las antorchas con una luminosidad maligna. Infinitos se sucedían uno tras otro hacia las profundidades de la tierra, donde la ausencia de todo sonido delataba la inexistencia total de vida animal. Sólo se oía el eco de los pasos y el compas de las respiraciones del carpintero y el pirata. Al cabo de unos minutos que parecieron horas llegaron por fin al final de aquellas escaleras demoniacas; arribaron entonces a una estancia semicircular, en cuyas paredes aparecían otra vez los grabados, sin embargo esta vez no había letras o palabras, si no sólo imágenes que representaban a grotescos y extraños seres, así como a inmensos e indescriptibles monstruos. El techo de aquel lugar se asemejaba a una gran bóveda, la que mantenía el trazado de su base. El piso del lugar, ostentaba el mismo color de las escaleras, aunque solo en la mitad del total del salón. Al fondo podían verse un par de estatuas semejantes a humanoides, vestidos ambos con extrañas armaduras, las que flanqueaban otra nueva puerta.

--Interesante lugar, muy interesante—Repetía asombrado Rido
--No podía esperar menos. Barbarossa frecuentaba lugares bastante extraños—Agrego Silver

Caminaron pues a través de la habitación, y al hacerlo observaron sobre las paredes, como la pléyade de figuras aumentaba a tal punto de parecer todas solo una. De pronto Silver se detuvo y miró con atención una de las figuras. Era espantosamente similar a uno de los seres que habían visto en punto ciego. Llegaron por fin hasta la puerta, la cual a diferencia de la anterior carecía de todo grabado o muesca, presentando una faz lisa y llana.

--¿Entonces?—Dijo al fin Rido

Pero Silver no le respondió, puesto que a pesar de que su cuerpo aún estaba allí, su mente estaba en otro lugar.