Cap.42: "Revelación"

--¡Silver!—

Fue lo último que alcanzo a oír, sin embargo no podía responderles, ya no estaba allí. Succionado por una fuerza superior sentía que le jalaban desde los hombros y se arrojaba a una vertiginosa caída hacia un vacio insoldable, oía voces, miles de voces, y al intentar ver sólo distinguía el color fugaz de un millar de mundos; no sabía qué era lo que estaba pasando, pero si estaba seguro de que aquello no era la primera vez que le ocurría.

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Llovía copiosamente en aquel lugar, el mar rugía encabritado y representaba su furia en cada una de las olas que se levantaban golpeando los maderos del muelle aquel sobre el que se encontraba de pie. Su chaqueta parecía rasgarse por la fuerza del viento que le golpeaba y debía sostener su sombrero para evitar que se fuese lejos de él. De pronto de entre las sombras una voz se dejo oír.

--¡Maldita tormenta!, Parece que el dios del mar se opone a nuestra travesía—
--Y ese hombre que nos contrato, ¿No debería ya estar aquí?—Le pregunto otra mientras se acercaban hasta donde él estaba
--Debería. Sin embargo creo que con este clima, él mismo debería haberse dado cuenta que navegar es imposible—
Al verlo de pie allí, impertérrito, guardaron silencio. Con su oscura e imponente figura, sumado a las condiciones de aquel momento definitivamente aquel sujeto infundía miedo. Este los miro con poco interés y saludándoles dijo:
--¡Buenas tardes señores! Les estaba esperando—
--Buenas tardes—respondió el que parecía ser el capitán—Pensamos que no vendría, considerando la tormenta que se dejo caer, nadie en su sano juicio se atrevería a zarpar—
--Bueno, eso es natural. Para todo aquel que tiene miedo de morir—Guardo silencio, como disfrutando la incomodidad de sus interlocutores—Sin embargo para mí, no hay nada malo con dar un paseo bajo esta pequeña lluvia—
Los hombres guardaron silencio, aquel tipo estaba loco si pensaba hacerse a la mar bajo estas condiciones. Se miraron incómodos uno a otro, e iban a oponerse a su deseo, sin embargo se detuvieron, algo en su interior les impedía hablar. Entonces aquel hombre volvió a hablar:

--Veo que no se oponen. Así que vamos entonces—

Como gobernados por un extraño hechizo los dos hombres pasaron junto al extraño y abordaron la pequeña embarcación que se movía al vaivén de las olas, el tipo aquel les siguió y subió con ellos. Acomodando su abrigo dejo ver una gran barba roja y un maléfico destello en sus ojos. Silver observaba todo esto, incapaz de hablar, de actuar o de entender nada. De pronto, otra vez la extraña fuerza que lo arrastraba hacia el vacio, la infinidad de colores y la incapacidad de reconocer a donde iba ahora.

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La cubierta de un barco inmenso, similar a los buques de la marina, sobre ella una batalla se está desarrollando, un grupo pequeño de hombres se enfrenta desesperadamente a otros vestidos de blanco. El pequeño grupo parece llevar ventaja, puesto que los que lo integran pelean con ferocidad. Una mujer ostenta un extraño poder, encadenando con cristales a sus oponentes, pero todo esto es extraño, ya que ella viste también un traje blanco. Dos hombres que parecen oficiales aparecen en escena para intentar detener la revuelta, y mientras dos hombres caminan decididos hacia ellos, otro que le resulta bastante familiar corre repartiendo golpes de puños entre los vestidos de blanco. Los hombres se detienen, intercambian algunas palabras y se separan. ¿En qué lugar esta?, ¿Donde se está llevando a cabo esta lucha?, ¿Qué es todo esto que le está sucediendo? Todas estas preguntas se suceden en su cabeza y no consigue responderlas; sin embargo hay algo muy familiar en aquel tipo que corre repartiendo golpes por doquier, mas no está seguro de reconocerle. De pronto, un silencio envuelve todo, y es roto sólo por los gritos de no y basta que cruzan de un lado a otro la agitada cubierta. Al mirar en la dirección que todos ven, observa la extraña escena, un hombre que maneja una extraña hacha martillo, con una mirada de poseso, la levanta y a la velocidad del rayo la deja caer sobre el cuello de su oponente, la cabeza rueda sobre el suelo, hay gritos de conmoción, una explosión de caos vibra en el aire. Silver vuelve a mirar a aquel hombre y le reconoce. Intenta hablarle, pero otra vez es succionado por el vacio, y otra vez vuelve a volar inconsciente. Es extraño, mas parece entender que está sucediendo. Sin embargo no piensa en nada y se deja llevar.

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Llueve de nuevo, pero este es otro lugar, columnas de humo se levantan hacia el cielo, y un montón de cuerpos se apilan sobre las calles de este lugar. Aquí también hay enfrentamientos, pero la crueldad e intensidad de esta es distinta. Nuevamente son los marines, pero esta vez sus oponentes son una banda compuesta por cientos de bandas piratas, tantas que no logra reconocerlas a todas. Algunos hombres piden ayuda y otros lloran como los niños que son, al observar como se les escapa la vida. Silver camina entre ellos, incapaz de hacer ni decir nada, sólo puede observar. De pronto un hombre extraño pasa corriendo junto a él, no sabe porque pero aquel hombre parece notar su presencia, sin embargo le ignora y continua su desesperada carrera. Camina entre el desastre y no logra entender que es lo que está haciendo allí. Escucha un fuerte estruendo, se voltea y sólo puede ver más humo y caos. Una voz resuena entre las sombras, una voz que le es familiar.

--¡Al suelo!—

No podía equivocarse, aquella era la voz del vicealmirante, aquel que le había capturado y del cual se había escapado para proseguir su búsqueda. ¿Qué pasaba allí? Unas balas de cañón pasaron volando junto a él, pero no tuvo que preocuparse mucho, ya que de nuevo aquella extraña fuerza lo sacaba de allí a una velocidad irritante. ¿A qué lugar le llevaría ahora?

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Al borde de un acantilado, a cierta distancia de este y flotando, allí era donde estaba ahora. Aquel lugar parecía tranquilo, pero se equivocaba, vio una especie de dragón que intentaba atacar lo que parecía ser un hombre; entre las sombras; y tras él, una mujer suspendida en el aire, en medio de lo que parecía ser un ciclón. Sabía exactamente quien era ella, pero no pudo hablar. La mujer se abalanzo volando contra la bestia, y de un golpe la levanto y la llevo junto a ella hacia el fondo del acantilado, donde el rugiente mar se complacía al engullirles a ambos con sus negras aguas. Silver ahogo un grito de espanto, ¿Podía ser cierto lo que acababa de ver? No alcanzo a observar más nada, puesto que volvió a ser abducido por la ingente fuerza.

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Otra vez la velocidad, el silencio y la incapacidad de saber donde estaba, hasta que se encontró de pie en la solitaria calle de una extraña ciudad. Acostumbrándose a este extraño viaje espiritual, ya no se sorprendió al ver a un tipo desnudo que se regocijaba en golpear a un grupo de los que parecían ser piratas y a los cuales, una vez hubo derrotado, se encargo de despojar de sus pertenencias; definitivamente esto era de lo más extraño que le había tocado ver. Aquel tipo al igual que los que había visto antes, parecía tener un brillo especial en sus ojos, y una especia de aura dorada le rodeaba. Definitivamente sólo hasta ahora había reparado en aquel extraño fenómeno. No alcanzo a permanecer mucho tiempo allí, ya que otra vez fue arrancado de aquel lugar, para caer en lo que parecía ser la calle de una nueva ciudad, frente a él vio caminar a un hombre extraño, que portaba sobre su espalda y amarrado con gruesas correas de cuero un inmenso libro. En sus manos llevaba una especie de bastón. Aquel hombre también pareció sentir su presencia, sin embargo no se detuvo a contemplarle, y siguió su camino. Cuando iba a preguntarse que sucedía, volvió a desaparecer ante él lo que veía, se sintió nuevamente arrastrado hacia la nada, y esta vez todo se detuvo frente a una resplandeciente luz, de la que emanaba también una calidez y una paz, que jamás antes había sentido.

--Saludos "Testigo"—Oyó a una voz profunda y grave decirle.

No contesto, intrigado, guardo silencio, aguardando.

--No temas "Testigo"—Volvió a hablar la voz—Aquí estas a salvo—

Comprendiendo que la voz provenía desde la luz, Silver por fin hablo:

--¿Quién eres tú? ¿Y por qué me llamas testigo?—

Antes de contestar, la luz aumento de tamaño, envolviendo todo el espacio que se veía, envolviendo todo en un blanco resplandeciente. La claridad encegueció a Silver, y entrecerró los ojos, y volvió a oír:

--Quien o que soy poco importa. Lo realmente importante es el porqué estás tú aquí, Testigo—
--¿Pero por qué insistes en llamarme testigo?—

--Porque ese es el nombre que se ha elegido para ti. Desde el momento en que ofreciste tu vida a cambio de las de tus amigos. Tú que has debido sufrir el dolor de otros, ver la historia de otros y ser el sacrificio ofrecido por otros a cambio de paz—

No entendía a que se refería aquella voz, ¿Que era todo lo que estaba oyendo? Iba a preguntar, pero la voz le interrumpió:

--Tú que has pasado la prueba, de sobrevivir sin la esencia de los seres, a cambio del saber y el conocimiento suficiente para enfrentarte a aquel que devorara al mundo. Tu llamada ha sido escuchada, tu lamento ha sido oído, tu búsqueda ha sido anticipada—

El silencio lo envolvió todo, Silver no conseguía ver nada, sin embargo ya estaba entendiendo. ¿Pero cuando se había transformado él en todo eso? Como si le leyese la mente, la voz continúo:

--Cuando descubriste en los límites del mundo, la morada del que acecha en las profundidades, intento él apropiarse de tu voluntad y tu destino, así como el de los que te acompañaban. Sin embargo tú le propusiste un trato: A cambio de la libertad de los tuyos, tu alma. El acepto, sin saber que con esto activaba el antiguo pacto, de que con el sacrificio de uno, el mundo se prepararía para rechazarle, a él, que llevaba tanto tiempo dormido, hasta que aquel al que persigues volvió a despertarle, a cambio de poder—

--¿Pero y donde esta él ahora?—Pregunto Silver
--¿Acaso no lo has visto? Era él, quien se ocultaba en las sombras—
--¿Y que busca?—
--Así como tú buscas la manera de recuperar tu alma derrotando a quien te la arrebato. Su invocador busca un sucesor digno de su lucha, a aquel que sea capaz de contener la esencia de su amo—

--Pero entonces…--

--El sabe muy bien qué es lo que está pasando, y que sin darte cuenta, tu búsqueda ha iniciado la reunión de los que deberán hacerle frente. Es por eso que te llamamos testigo, porque por ti se ha lanzado la llamada, por ti se ha iniciado la búsqueda y por ti se llevara a cabo la batalla. Tú que has visto el antes y el después, has visto ahora a algunos de los que deberán venir—

Guardo silencio, ahora si estaba entendiendo. Todas esas escenas, todo aquel conocimiento, todo provenía de su misión. Por eso los grabados en la isla de los kanagas, por eso aquella pleitesía. Comprendía también que había pasado en aquella isla.

--Aquella vez te reconocimos como quien eres, por eso te dimos parte de la esencia, en reemplazo de la que te han arrebatado. Sin embargo, esa vez aceptaste continuar lo señalado, y ser parte de lo que vendrá—

No tenía que hablar, no era necesario. Aquella voz conocía todo lo que pasaba por su mente, era extraño, pero reconfortante el saber, que no era el mal quien lo estaba invocando, si no que era una fuerza opuesta y superior.

--Vuelve pues con tus amigos y recuerda, no debes fallar hasta alcanzar de nuevo la morada del destructor. Nosotros sólo podemos brindarte el saber, todo lo demás depende de vuestro esfuerzo—Guardo silencio la voz y como si se alejase fue diciendo—"Como fue antes, deberá ser ahora, y en el mañana que es incierto tus ojos, deberán encontrar el camino, para devolver el mal a su sueño…"—

Desapareció el resplandor ante los ojos de Silver, volvió la oscuridad, y la velocidad que lo arrastraba hacia lo alto, incapaz de entender, oír o saber que estaba sucediendo de nuevo. Hasta que de pronto volvió en sí.

--¿Qué…Qué ha pasado?—
--¡Silver!—Exclamo Estella, junto a él
--No deberías ponerte a dormir en los momentos claves Silver—Le recrimino su segundo, aunque en su voz se apreciaba un tono de preocupación

--Damnes—Dijo Rido—Cientos de ellos…--
--Pero los habéis vencido—Dijo Silver sonriendo, comprendiendo aún más a que se referían las voces—Enhorabuena—Agrego
--Tuvimos que venir a echarle una mano, pero…--Rio Mijok, dándole un manotazo en la espalda a Rido como muestra de apoyo—El chaval lo vale—
--Y ¿Usted maese Hilmar?—Pregunto Silver
--¡Yo descubrí el secreto!—Exclamo henchido de orgullo el pequeño ghost

--¿En serio?—Respondió Silver, con la expresión de un niño que acaba de oír una historia fantástica--¡Increíble!—
Definitivamente, ahora todo encajaba, a eso se referían los kanagas con lo de portador de una misión, era él el testigo, el encargado de enlazar los caminos, de proseguir la búsqueda, de encontrar la respuesta a la eterna pregunta.
--Pero ¿Como llegaron hasta aquí?--Pregunto Silver
--Ahh, eso...--Dijo Mijok--Fue gracias al testarudo de Rentarou, el nos trajo hasta aquí--

Rentarou, quien por ordenes de Estella había permanecido alejado de la batalla, hacia acto de presencia al fin. No daba muestras de cansancio o dolor, o al menos eso era lo que parecia. Silver lo miro, orgulloso, consciente del esfuerzo de su compañero. No le dijo nada, al final, se habia salido con la suya. Al fin Silver exclamo:

--¿Entonces…Seguimos?—
--Lo dudas—Dijo Rido, mientras caminaba de espaldas a la puerta.