Cap.: 44 "Secreto"
Rido no decía nada, nada con respecto a lo que hubiese descubierto junto al mascaron del Caledonia. Silver lo vio alejarse en dirección a la bodega, portando su gran martillo y lo que parecía ser un maletín con herramientas. El capitán suspiro y volvió a mirar a la distancia. Habían pasado ya varios días desde que dejasen Red Village, y sin embargo ahora, no se estaban moviendo. Desviados de su nuevo curso, producto del empeoramiento de la salud de Renta, debían aguardar aún a que mejorase. Por eso, como una manera de aprovechar el tiempo, le había pedido a Rido que revisase el barco. Silver sabía bien que el Caledonia no necesitaba muchas atenciones, ya que era legendaria su resistencia, pero por alguna extraña razón necesitaba que alguien más oyese, lo que durante las noches el también había oído. El lamento de un ser oculto, pero muy cercano a la vez. Se puso de pie y echo a andar por la cubierta de su navío, daba cada paso con una lentitud casi marcial, como intentando sentir la corriente de energía que creía descubrir allí, bajo las maderas de la cubierta. Aquella energía que tantas veces le había inundado; aquella fuerza sobrenatural que le impulsaba a hacer lo imposible; aquella fuente de poder que no sentía ya desde hace bastante tiempo.
--¿Qué nos está pasando?—
Pregunto en voz alta, sin darse cuenta, y la brisa le arrebato las palabras llevándoselas con furia. Desde su posición podía observar ahora el mar calmo en la distancia, ese mar que hace tanto tiempo lo había conquistado, esa inmensidad azul que tantas veces había vencido, para alcanzar así lugares que ningún otro hombre jamás ha soñado con conocer. Desde los pilares infinitos de la desaparecida Iram, hasta los gélidos mares de Tiir, y desde allí hasta aquel fatídico muro de vacío.
--Capitán—
Oyó que le llamaban, se volteo lentamente y vio ante él a As. Sin decir nada, le hizo un gesto para que continuase hablando.
--Vengo de visitar a Renta, la doctora Kaya dice que si todo va bien, mañana o pasado ya podría volver a navegar. Eso sí, tendrá que tomarse un montón de medicamentos—
--Me alegro. No podemos perder a nadie. Todos son necesarios para realizar este nuevo viaje. Más el pobre de Renta, que lleva tanto tiempo alejado de nosotros—Dijo Silver sonriendo
--Capitán ¿puedo preguntarle algo?—
Silver miro a As, con un aura de calma que inspiraba al sobrecogimiento. Algo cohibido por aquello, el joven pirata al fin pregunto:
--¿Qué sucedió después de que nos hicisteis bajar del barco, esa noche de tormenta? ¿Donde estuvisteis Mijok y tú todo este tiempo?—
El silencio los envolvió a ambos, haciendo parecer que incluso el mundo se hubiese detenido. Silver mantenía su faz calmada, la mirada perdida, como si estuviese presenciando de nuevo, aquellos precisos momentos que tanto intrigaban a As. El sabía perfectamente el por qué y el donde, que podrían responder a aquellas preguntas, sin embargo, aún no podía hablar, aún no era el momento, no lo seria hasta que comprobase y descubriese, si todo lo que había visto hasta ahora era cierto; o todo aquello que estaba sucediendo y había sucedido, no era más que un cruel producto de su inmensa y volátil imaginación.
--Mis disculpas As—Dijo al fin Silver—Es todo lo que puedo darte como respuesta por el momento; ya que todo eso que me preguntas no puedo solucionarlo aún. Sin embargo esta próximo el día en que tú y el resto lo sepan—
Y sin esperar respuesta o aguardar a oír algo más, se volteo y se encamino en dirección a su camarote, dejando a su tripulante lleno de dudas sobre una cubierta aún vacía.
Caminando despreocupadamente, Fletcher volvía en dirección al Caledonia, luego de haber visitado a su ex capitán. La brisa que corría en esos momentos le refrescaba y le hacían olvidar todo lo que había vivido hasta ese momento. Si lo pensaba detenidamente, aún no lograba entender como había estropeado tanto su vida y en tan poco tiempo. De ser un orgulloso servidor de la justicia, había pasado a ser ahora un miserable pirata. A pesar de todo lo que dijesen el resto de sus nuevos compañeros, era difícil que lograsen cambiar por completo, todo lo que él sentía y creía saber al respecto, ya que había crecido oyendo que los piratas eran seres despiadados, y que fuesen quienes fuesen lo único que merecían era ser castigados. Sin embargo ahora, era él uno de esos hombres miserables, era él uno de esos seres despiadados, y a pesar de todo, no se sentía un ser tan despreciable. Quiso silvar una canción, pero solo recordaba melodías de aquellas que cantaban sus compañeros en la marina, sería bastante raro, pensó, ver a un pirata entonando ritmos de la fuerza. Se sonrió y apuro el paso, ya habría tiempo de aprender alguna canción apropiada para un pirata. Al llegar junto al Caledonia, se quedo un momento observando aquel imponente barco, definitivamente las ilustraciones que de él había visto, así como lo que decían los informes que había leído, no le hacían justicia; puesto que todos hablaban o señalaban un barco a mal traer, a punto de irse a pique y que con solo soplarlo se desarmaría. Por el contrario, allí estaba, gallardo, robusto, firme, desde la primera vez que lo viese se había sentido atraído por él, por esa aura de misterio y poder que emanaba de sus maderos, esa sensación de imbatibilidad que oprimía. Había navegado antes en él como prisionero y ahora lo hacía como uno más de sus hombres; y se sentía orgulloso de ser transportado por semejante leyenda. Agarrado de la escalerilla, subió hasta la cubierta y una vez sobre ella, se sorprendió del silencio que reinaba. Esa era otra de las cosas que le llamaba la atención de aquel barco, que siempre parecía estar vacio. ¿Seria quizás por la exigua cantidad de tripulantes? ¿O tal vez era un barco tan grande que no se lograba apreciar bien a cuanto llegaba su verdadera magnitud? No sabía tampoco si el resto pensaría igual a él o si todos se habían resignado ya a develar aquel secreto. De pronto oyó que alguien lloraba. Miro a su alrededor y no encontró a nadie, sin embargo, al cabo de unos segundos volvió a oírlo, era como si alguien sollozase en silencio para no ser oído. Fletcher empezó a buscar por todas partes, seguro de lo que acababa de oír; alguien lloraba y quería saber quién y por qué, ¿Quizás era un polizonte? ¿O seria posible que los Outlaws mantuviesen en algún lugar prisioneros? Volvió a oír el llanto, esta vez venia en la dirección de las escaleras que llevaban hacia la bodega. Armándose de valor camino en pos de encontrar el origen de aquel sonido. Caminando lentamente y poniendo sumo cuidado en cada uno de sus pasos, bajo lentamente los escalones que lo llevarían hacia la obra viva del Caledonia; deteniéndose cada cierto espacio, para comprobar que llevaba bien el rumbo, guiándose siempre por el cada vez más audible sollozo que lo había llevado hasta allí. Se detuvo al comprobar que se encontraba en la parte de popa de la bodega, junto a un montón de sacos y barriles, sin haber dado con el origen de aquel lamento.
--Parece que he estado alucinando—Se dijo
Y entonces lo vio; a través de una rendija, que quedaba entre dos barriles mal ubicados, pudo ver la silueta de una sombra proyectada contra las maderas del interior del barco. Perplejo se sorprendió aún más cuando oyó de nuevo aquellas quejas lastimeras, pero más aún cuando desde donde estaba la silueta escucho aquella frase: "Silver se está muriendo".
--Y tú ¿Qué haces aquí?—
Fletcher dio un grito de terror, al oír aquella voz a sus espaldas. Se volteo asustado y vio allí ante él a Rido, quien llevaba en una mano su hacha martillo, y en la otra unas herramientas.
--Yo… Este nada. Sólo vine a ver la
bodega—Respondió Fletcher, temeroso de revelar el verdadero motivo
de porque estaba allí.
--Ahh. Pero ¿Por qué estas tan asustado?
Parece que hubieses visto un fantasma—
--No, no para nada. Es
sólo que estaba pensando en otras cosas—
--Bueno. Si me
permites, quiero examinar esta parte también. He oído un sonido
extraño hace un momento—
--Qué, ¿Tú también lo has
escuchado?—Pregunto Fletcher
--¿El qué?—Dijo extrañado
Rido
--El llanto, la voz y lo que dijo acerca de Silver. ¿Tú
también lo has oído?—
--Perdón, pero yo me refería al ruido de los ratones. Sabes, los barcos siempre están llenos de ellos. Así que si me permites—Le dijo al fin Rido algo desconfiado luego de escuchar lo que le había dicho Fletcher, ¿Era posible que el también pudiese oír el espíritu de los barcos?
--Bueno, permiso—Dijo al fin Fletcher
--Si lo que has oído acerca de
Silver es grave, te recomiendo que guardes silencio y no se lo
comentes a nadie—Le hablo Rido, sin voltearse siquiera—Yo también
he oído algo, pero no debemos revelarlo hasta que estemos seguros de
que podemos hacer algo para solucionarlo. Si este barco te ha
hablado, es porque de alguna manera te has conectado con él. Sea
como sea, es una responsabilidad y debes responder como es
debido—
Fletcher guardo silencio, ¿Por qué precisamente él
merecía saber aquello? ¿Qué significaba todo esto? Salió de la
bodega en dirección a la cubierta, la brisa fresca le ayudaría a
ordenar sus ideas. Respiro hondo y trato de entender por qué había
escuchado aquello, precisamente él, uno de los más nuevos sobre
aquel barco. ¿Qué querría decirle entonces el Caledonia con
esto?
--¿En qué piensas Fletcher?—Oyó a One Piece preguntarle
Sin decir nada se volteo y la miro un momento, era extraño tener una mujer de compañera. En la fuerza las únicas mujeres con las que coincidía, eran aquellas que ostentaban cargos superiores, ya que los grumetes femeninos estaban destinados a barcos especiales.
--En nada, nada especial. Tan sólo pensaba en
cuanto tardara en mejorar el capitán Satsuma—Mintió
Fletcher
--MMM…No te creo—Le dijo One Piece—Sé muy bien que
vienes de verlo y debes saber lo mismo que le dijo As a Silver, que
en uno o dos días ya podría viajar. Así que no me engañes y dime
que es lo que pensabas—
¿Seria posible que ella pudiese leer la mente? ¿Cómo le decía lo que sabía? Fletcher sintió una gota de sudor correr por su frente, estaba en un aprieto, sin saber que decir y sintiendo la mirada inquisidora de su compañera, tendría que revelar lo que había oído.
--Es una broma tonto—Le
dijo al fin One Piece—No es de mi incumbencia lo que estés
realmente pensando. Sólo te estaba molestando. Vamos, vamos a comer
que ya es casi hora de la cena—
--¿Puedo hacerte una
pregunta?—
Extrañada One Piece se volteo, mirando a su nuevo compañero
--¿Qué pasaría si Silver muriese?—
En las callejuelas de aquel pueblecito costero, que en otro tiempo había sido testigo de la gloria, famélicos canes rondaban husmeando los rincones, en busca de algo con que llenar sus aullantes tripas. Abandonadas barcas sobre la playa, daban cuenta de la ausencia por mucho tiempo, de aquellos que se encargaban de utilizarlas. Un hombre, caminaba en medio de aquel vacio, el color de su chaqueta, le devolvía en parte la vida que le faltaba a aquel silencioso lugar. Con cada uno de sus pasos, pequeñas nubes de polvo se levantaban, era él y aquellos perros, los únicos seres vivos que rondaban aquel lugar. Al llegar a la que parecía ser la plaza de aquel abandonado pueblecito, se acerco a una especie de pozo que marcaba el centro de esta. Apoyándose contra ella, busco entre sus ropas y saco un cigarro, lo encendió y dándole una gran calada, se dispuso a esperar.
--Veo que aún conservas esa maldita costumbre—Dijo una voz detrás de él
Sin voltearse, y botando una bocanada de humo respondió:
--¿Y por que debería dejarlo?, Si al fin
y al cabo ya no va a matarme—
--Y tan testarudo como
antes—
--Bueno, es lo único que realmente me pertenece, ¿no?
Ahora, sé que no me citaste a este lugar para reprenderme—
--Así
es. Estas aquí para cumplir una nueva misión—
Una ráfaga de viento aulló en la solitaria plaza, levantando una gran cantidad de polvo. La larga chaqueta del hombre que fumaba, ondeo impulsada por el viento, dejándose oír un tintineo metálico.
--Como ves él ha pasado por este lugar ya, y pretende aumentar aún más el caos—
El hombre miro a su alrededor, parecía que hubiesen arrancado toda la energía de aquel pueblo.
--Tú tarea
consistirá en ayudar a quienes se oponen a aquel poder que él
pretende, y de paso intentar eliminarle—
--¿Y cuál será mi
paga?—
--El descanso eterno—Dijo la voz, luego de una pausa
agrego—Creo que es suficiente para ti Xion el caminante—
Este sólo atino a sonreír, de verdad era un buen trato.
Continuará…
