Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Advertencia: este fanfic contiene temas sociales que abarcan el matrimonio y la sexualidad desde el punto de vista de distintas mujeres. Las opiniones expuestas son subjetivas y no están sujetas a ninguna persona en especial.
Capítulo 17
La limusina avanzaba por las calles de la ciudad Domino a velocidad media. El transito estaba ligero a esas horas ayudando así a que no fuera complicado moverse en automóvil.
Para Kaiba era un gran honor estar acompañado por su rival al que no había visto en muchos años, los recuerdos de los viejos tiempos no morían tan fácilmente.
Notó que Yugi observaba con admiración los asientos de la limusina, los tocaba con suavidad, olía cada rincón y se asomaba por la ventana cual si de un niño se tratara. Esa inocencia le movía el corazón a Kaiba provocándole ternura, un sentimiento poco común en él.
-No puedo creer que estoy en un auto como este-dijo Yugi con gran admiración y estupefacción.
-Siendo mi empleado tendrás que acostumbrarte a estos lujos-aseguró Kaiba orgulloso de sí mismo.
-No puedo esperar a contarle a mi esposa que subí a una limusina con el mismísimo Seto Kaiba.
Kaiba abrió los ojos, estupefacto con lo que escuchó. Giró hacía Yugi mientras quedaba boquiabierto.
-¿¡Estás casado!?
-Si, desde hace 10 años.
La manera con que Yugi dijo que llevaba 10 años casado llamó la atención de Kaiba. No parecía estar acabado ni decepcionado del matrimonio; le pareció curioso ya que todos los hombres casados que conocía parecía que se les hubiera terminado el mundo una vez firmaron el papel.
-Tendrás que actualizarme sobre tu vida en cuanto estemos en el café.
-Conozco una cafetería muy buena. Una amiga mía trabaja allí y el servicio es excelente-dijo Yugi sonrientemente.
-¿Seguro no es sólo por tu amiga que piensas que es buen lugar?-preguntó el CEO arqueando una ceja indicando duda sobre la elección de su rival.
-Claro que no. Lo frecuentaba por el servicio antes de hacerme amigo de Kisara-afirmó Yugi un poco ofendido.
-Ups, lo siento-se disculpó Kaiba sarcásticamente con las manos al frente-. Escoge tú la cafetería entonces. Eres mi invitado después de todo.
Para Yugi era extraña la manera en que Kaiba hablaba primero de forma amistosa y luego podía hacer comentarios pasados de tono. Suponía que eso tenía que con ver con su personalidad, siempre pensó en Kaiba como alguien engreído, de carácter fuerte, ateo, frío y duro con una mezcla de buenas cualidades buenas como la responsabilidad, puntualidad, compromiso y seriedad una vez estaba dispuesto a conseguir algo.
Con una sonrisa adornando su rostro, Yugi se dirigió al chofer para indicarle la ubicación de la cafetería a donde irían.
.
.
Ishizu se apeó del automóvil otorgado por su marido para que ella se transportara a donde quisiera.
-No le diga a mi esposo que vine aquí-ordenó Ishizu a su chofer personal.
-Lo que ordene, señora.
Ishizu observó de frente el hotel donde la esperaba su amiga Mana. Sintió alivio al saber que pronto tendría con quien conversar sobre su situación actual, aunque Mana ya conocía los detalles importantes.
Se adentró en el hotel y pidió la habitación de Mana en la recepción. Subió por el elevador, atravesó el pasillo del piso indicado y tocó el timbre de la habitación.
-¿Quién es?
-¿Quién más podría ser?
Ishizu conocía las actitudes infantiles de Mana siempre en plan de juego, pero no se esperó lo que pasó en ese momento.
La puerta se abrió dando paso a la figura de una bella chica de tez morena, con el cabello café y los ojos verdes. Esbozó una sonrisa radiante para luego abalanzarse sobre su amiga.
-¡ISHIZU!-gritó llena de alegría con los brazos abiertos.
Abrazó a la egipcia, rodeando su cuello con sus brazos y, sin que Ishizu lo pudiera predecir, Mana la besó en la boca cual si de una pareja que llevaba años separada de pronto se encontrara.
Ishizu abrió los ojos descomunalmente noqueada totalmente por la acción de Mana. Cuando reaccionó, le dio un empujón a la chica y sintió su respiración agitada.
-¿Qué estás haciendo?-cuestionó Ishizu limpiándose la boca.
-¿Qué? Sólo es un beso. Los amigos se pueden besar-dijo Mana como si nada.
-No de esa forma. Yo estoy casada con un hombre.
-Lo sé, pero es divertido jugar a ser novias-dijo Mana guiñándole el ojo.
Ishizu se percató que ya había gente en el pasillo observándolas, así que se metió rápidamente en la habitación y cerró la puerta.
-¿Cómo pudiste hacerme esto?
-No es algo grave. Sólo es un beso, ya te lo dije.
Mana habló como si fuera una ofensa el comportamiento de la egipcia mayor.
-¿Hay algo de ti que no sepa?-preguntó Ishizu sonrojada tanto por vergüenza como por enojo.
-Soy heterosexual por si tienes duda-dijo Mana cruzando los brazos con molestia-. Solo estaba jugando contigo. Además supongo que nadie te ha besado en todo el tiempo que llevas con Kaiba.
Al oír esas palabras, Ishizu sintió como si le hubieran disparado una flecha en su corazón. Era verdad; desde la última vez que estuvo con su esposo no había vuelto a tener una relación sexual con alguien, ni siquiera un beso.
Eso la hacía sentir apagada, destruida y muerta en vida. Sin más, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos al tiempo que su cuerpo se doblaba. Mana se angustió cuando oyó los sollozos de la mujer.
-Ishizu…perdón…no quise…
Se acercó a su amiga, pero ella no paraba de llorar cada vez con más fuerza. No pudo aguantar más y esta vez fue Ishizu la que se abalanzó sobre Mana, abrazándola para buscar refugio en brazos de alguien conocido. Mana le correspondió el gesto como si de una hermana se tratara; los gimoteos de Ishizu eran lo que único que se escuchaba en la habitación.
.
.
La campana de la cafetería sonó al momento de que la puerta fue abierta de par en par dando paso a Yugi y Kaiba. Como si hubiera sentido la presencia de su amigo, Kisara volteó a él y, en automático al reconocerlo, se acercó con una actitud amable y servicial.
-Buenas tardes, señor Yugi.
-Hola Kisara-saludó Yugi como acostumbraba hacerlo.
Kaiba quedó boquiabierto cuando vio a Kisara. Tuvo que disimular que la miraba fijamente con los ojos abiertos enormemente. La tez de Kisara era blanca casi pálida, su cabellera larga e igualmente blanca brillaba a la luz y sus ojos azules cristalinos la hacían lucir hermosa. El traje de mesera le ayudaba a resaltar sus curvas bien formadas, resaltando también sus pechos, sus piernas destapadas y su trasero grande.
-¿Mesa para dos?-preguntó Kisara sin notar que el acompañante de su amigo la observaba.
-Si, por favor
Los ojos azules de Kisara se encontraron con los del Kaiba, que sacudió un poco la cabeza al darse cuenta que estaba comportándose de manera impropia.
Kisara también lo miró con fijación; percatándose de lo atractivo que era aquel hombre, pero no pudo continuar con su ensoñación porque debía seguir trabajando. Los dirigió a una mesa vacía donde los dos hombres se sentaron cómodamente mientras se les entregaba a cada uno la carta con el menú.
-Enseguida los atiendo, señores.
Kisara se marchó sonriendo, aunque aprovechó para ver de reojo a Kaiba, que la siguió con la mirada sin que ella lo notara. El único que notó lo que pasaba, al menos sólo la parte de su compañero de cena, fue Yugi.
-¿Te parece bonita mi amiga?
La pregunta pícara de Yugi sacó de sus pensamientos al hombre más frío del mundo.
-¿Qué cosa?
-¿Te gustó Kisara?-volvió a preguntar Yugi con picardía.
-No soy la clase de hombre que anda por allí coqueteando con mujeres-dijo Kaiba con tono digno y orgulloso.
Obviamente no podía revelarle a Yugi sobre sus amantes a lo largo de los años. Su aprecio por el tricolor no llegaba al grado de considerarlo su confidente, al menos no por ahora.
-Tú eres casado, ¿verdad?
-Claro que sí.
-Entonces olvida todo lo referente a Kisara. Ella nunca andaría con un hombre casado-dijo Yugi en modo de advertencia.
Kaiba arqueó una ceja ante las palabras de su rival.
-Por lo que veo la conoces muy bien.
-Es mi amiga, después de todo-dijo Yugi guiñándole el ojo.
-Entonces cuéntame sobre ti-dijo Kaiba cambiando de tema-. Dices que estás casado…
La voz de Kaiba sonó con un ligero toque de picardía. Si bien era muy frío tenía sentido de humor con personas que le agradaban.
-Sí, me casé hace 10 años. Con la que fue mi novia desde varios años atrás, Rebeca Hawkins.
-¿Es la misma chica que mencionaste cuando nos conocimos en el campamento de duelos?-preguntó Kaiba incrédulamente.
-Exacto, es la única novia que he tenido. Tenemos un hijo llamado Yuri.
Kaiba arqueó de nuevo las cejas con sorpresa; no podía imaginar la vida con una sola mujer durante tantos años. Yugi debía de tener una crianza muy tradicional como para verse contento al durar tanto tiempo con una única pareja.
-Me sorprende mucho saber que tienes familia. Pensé que ibas a convertirte en un duelista solitario como la mayoría-dijo afirmó Kaiba.
-A mí también me asombra saber que estas casado. No te había imaginado con novia, mucho menos con esposa.
Mientras que Kaiba hablaba con crítica burlesca, Yugi se expresaba con la familiaridad de un amigo entusiasmado con la vida de los amigos que no veía en mucho tiempo.
-Mi padre me casó a la fuerza-dijo Kaiba con desdén-. Si por mí fuera nunca me hubiera unido con Ishizu.
Al oír esas palabras Yugi no pudo evitar pensar en su hermano Yami que fue casado a la fuerza debido a un embarazo no deseado. Siendo testigo del sufrimiento de su hermano al estar matrimoniado con Tea, sintió lástima por Kaiba al suponer que también sufría por estar con alguien que no deseaba tener a su lado.
Lo que Yugi no imaginaba era el tipo de vida que Kaiba había forjado para "solucionar" su soledad matrimonial.
-¿Y cómo te ha ido desde el campamento de duelos?-preguntó Yugi cambiando de tema.
-Bastante bien si nos referimos a la creación de juegos-respondió Kaiba sonriendo animadamente cual si hubiera revivido repentinamente.
-Por cierto, ¿cómo es posible que tuvieras un apellido distinto en aquella época?-cuestionó Yugi achicando los ojos de manera juzgona y observadora, pero sin borrar la sonrisa que adornaba su rostro.
-Es mi verdadero apellido-dijo Kaiba secamente-. Soy adoptado, así que normalmente uso el apellido de mi padre.
Yugi se sorprendió; no sabía que Kaiba era hijo adoptado. No podía imaginar lo que era ser una persona adoptada y crecer ante la sombra de personas que no son tus padres biológicos.
-¿Y por qué en ese momento usaste tu apellido real?
-No quería que se dieran cuentan en el campamento de que era hijo de Gozaburo Kaiba o podría haber un escándalo.
-Supongo que todos hubieran reconocido a Seto Kaiba con sólo escuchar tu nombre.
-Por eso necesitaba ocultarme.
Kisara apareció nuevamente ante ellos para pedir la orden; tanto Yugi como Kaiba sólo pidieron un café para cada uno y unos bocadillos sencillos. Nuevamente tanto Kaiba como Kisara se lanzaban miradas muy disimuladas; Kaiba observaba lo hermosa que era la chica ojiazul, mientras que Kisara se sentía cautivada por lo guapo que era aquel hombre.
Cuando ella se retiró de la mesa, Kaiba la siguió de reojo antes de volver a platicar con Yugi.
-Después del campamento ¿seguiste jugando duelo de monstruos?
-Por un tiempo. Después de casarme dejé de jugar y me dediqué a buscar diseñar juegos para empresas.
-¿Qué clase de juegos?
-Juegos de mesa, ajedrez, uno, juguetes de franquicias famosas, cosas así.
-Conmigo vas a diseñar juegos que requieran tecnología, no cosas tan simples como juegos de mesa o juguetes.
Yugi sonrió ante el tono alterado de Kaiba; por alguna razón ese Kaiba lo hacía sentir como si tuviera un amigo muy cercano a su lado.
-Me da gusto poder formar parte de tu compañía de juegos.
-A mí me da gusto volver a verte después de tanto tiempo. Así podremos tener la revancha por la derrota pasada.
Kaiba habló con diversión cuan de un niño se tratara.
-Cuando quieras. Quiero quitarme lo oxidado de los duelos-respondió Yugi de forma retadora.
Los dos se sonrieron con felicidad rival hasta que fueron interrumpidos por Kisara que les trajo sus órdenes. Kaiba volvió a mirar de reojo a Kisara tanto cuando ella les sirvió los platos y tazas, como cuando se alejó. Su corazón empezó a latir un poco más fuerte de lo normal; algo que jamás le había pasado con una mujer anteriormente por mucho que le gustara.
-¿Y tú sigues jugando?
-Un poco. Ahora me es más difícil aparecer con mi apellido real porque casi todos me conocen.
-Ahora que lo pienso, éramos muy jóvenes en esa época-dijo Yugi con nostalgia.
-Teníamos 16 y 21 años cuando nos conocimos en el campamento de duelos.
-No sabíamos que no podríamos ser duelistas profesionales.
Una atmosfera pesada cayó sobre ambos repentinamente. Los dos habían dejado lo que más les gustaba debido a sus respectivos matrimonios, junto con los cambios de empleo, despidos y mejoras a la empresa. Para los dos había sido difícil dejar de ser adolescentes y convertirse en adultos con responsabilidades que, en muchas ocasiones, no les causaba realmente un placer cumplir. Uno fingía ante todos un matrimonio sólo por la estabilidad de la empresa, mientras que el otro buscaba proteger y hacer felices a su familia aunque cada vez se sentía más imposibilitado.
Tras unos minutos de silencio sepulcral en la mesa del restaurante, Kaiba decidió hablar.
-¿Recuerdas cómo me venciste ese día?
-Claro. Usé a Exodia, el prohibido para vencer a los tres dragones blancos de ojos azules en el campo-dijo Yugi alegrándose ante los recuerdos.
-Esa fue una jugada bien usada-afirmó Kaiba con cierta admiración.
-Tú me pusiste en un aprieto. Casi me dejas sin monstruos y podías atacarme directamente-dijo Yugi en una especie de reclamo divertido.
-Lo más importante es ganar-respondió Kaiba con orgullo.
-No has cambiado. Me dijiste lo mismo cuando jugábamos en aquellos tiempos.
-Obvio, esa mentalidad me ha ayudado a no dejarme vencer fácilmente.
-Yo te vencí en duelo-afirmó Yugi con orgullo para sí mismo.
-No podrás vencerme en un duelo ahora gracias al nuevo sistema virtual que he creado para revolucionar los duelos de monstruos.
-¡Tienes que mostrarme ese sistema virtual!-exclamó Yugi con el entusiasmo de un niño pequeño.
-Mañana mismo te lo mostraré para que veas el lugar donde te derrotaré-dijo Kaiba con una sonrisa triunfante.
-Más bien donde yo te recordaré lo que es perder-respondió Yugi con gran seguridad en sí mismo.
Los dos se rieron ante las ocurrencias de ambos provocando, con sus carcajadas, que Kisara los mirara a distancia.
-Hace tiempo que no veía a Yugi feliz con alguien-dijo para sí.
Kisara conocía la situación de Yugi ya que ella llegó a ayudarlo a cuidar a su hijo cuando algo se les ofrecía a él y a Rebeca. Debido al despido de Yugi y sus dificultades para trabajar de nuevo, Kisara siempre lo veía triste, cabizbajo y agotado. De ahí su asombro al ver sonreír tan animadamente.
Desvió la mirada para fijarse en Kaiba por quien sabe cuanta vez desde que llegó a la cafetería.
-"¿Quién será ese hombre?"-preguntó en su mente.
Se ruborizó un poco al observarlo ya que lo encontraba muy guapo y con porte elegante; podía notar que su tórax era fornido. Su corazón comenzó a latir con más fuerza y eso la sorprendió. Era la primera vez que se sentía así frente a un hombre.
CONTINUARÁ...
Siglos sin actualizar esta historia, pero por fin ya subí este capítulo y continuaré con el desarrollo de este fic multishiper. Espero les guste a los nuevos lectores y a los antiguos que la leyeron cuando comenzó. Saludos
