quaerere intellectus
Acuario, Escorpio
Pre-canon
Las moiras son aquellas que mayor entendimiento tienen sobre los humanos.
Mas pueden disfrazar el destino más cruel, de la acción más gentil que una persona reciba.
El santo de Acuario se quitó la máscara al hallarse sólo en el bosque mientras sus hermanos brindaban alrededor de la mesa en honor a Dioniso. Suspiró, pues tanto ella como el resto de sus hermanas debían comer en soledad y no tenían permitido homenajear a ninguna deidad masculina; se les tenía prohibido preguntar a Apolo, más aún, ofrendar en altares a Poseidón antes de navegar o al mismo Zeus cuando una tormenta se avecinaba.
No era algo malo.
Era un método de fortalecimiento individual, el depender de sí mismas antes que de los hombres (antes que de los dioses).
De cualquier modo, no es como si ella fuera, jamás, a homenajear a alguna de esas deidades sin importar su género. Los dioses en el monte Olimpo habían, después de todo, arrebatado al Acuario original de cualquier elección, le habían robado al hombre (niño, más bien) la oportunidad de gobernar en un trono magnífico, le habían quitado una vida entre sus pares y lo habían despojado de cualquier instinto de rebelión.
¿Qué hombre —no héroe de gran destino— puede ir contra el deseo de los dioses?
Al menos su diosa, Atenea, era gentil y honesta.
Por ella, en su nombre, valía la pena luchar… Y tener que vivir en soledad.
Quizás porque rara vez luchaban juntas, los santos femeninos no habían logrado conectar lo suficiente como para sentarse a comer en una mesa separada de la de sus contrapartes masculinas; más extraña era la ocasión en que se disponían a conversar sobre temas triviales o íntimos.
El santo de Acuario resolvió que tampoco éso era malo. Como guerreros, el formar lazos resultaba también un peligro.
Mas cuando el santo estaba bebiendo algo de agua de su jarra, unos pasos se revelaron al hacer crujir el césped. La mujer bajó el agua y su rostro, tanteando junto a su asiento para encontrar su máscara.
—¡Lo siento!, ¡juro que no estoy mirando!, ¡no vi nada!
El santo de Acuario suspiró al reconocer la explosiva voz de su hermano de Escorpio.
—¿Quieres hacer más ruido? Los animales están durmiendo —finalmente encontró la máscara y cubrió su rostro antes de dirigir la mirada a su compañero de orden—. Escorpio, abre los ojos y dime qué te traes entre manos.
El animado varón abrió uno de sus ojos lentamente para confirmar la situación y, en cuanto la vio apartar su plato casi vacío, sonrió ampliamente y se acercó a ella para tomar asiento a su lado. La repentina cercanía desentonaba tanto con su reacción previa que casi logra hacer reír a la mujer.
—Te la mostraré a ti primero, pero no le digas a Leo —murmuró el hombre como si aquello oculto entre sus manos fuese un gran secreto, bobo gesto que capturó la atención de Acuario—. Mientras obedecía el llamado de la naturaleza, me di cuenta de ésta pequeña y decidí seguirla.
Cuando el hombre entreabrió las manos, se descubrió que una mariposa oscura con patrones de colores parecidos a los de las luces del norte descansaba entre ellas. Un insecto magnífico y de aspecto onírico.
—Esa es…
—Una mariposa del Inframundo —confirmó el santo de Escorpio—. Es aún joven y no escapó de mí así que dudo que sea una mensajera, pero, puede desaparecer en cualquier momento.
La última advertencia hizo que Acuario se echase atrás.
—Por supuesto —debían, aunque era más bien tarea de Escorpio, informar de la presencia enemiga rondando su campamento y deshacerse de la criatura. El espectro a cargo de aquellos insectos era de los más temibles y gustaba de jugar con la mente de las personas.
El santo de Escorpio, en lugar de correr de regreso al sitio de la cena, permaneció observando a su hermana un rato. Más rato del que podría considerarse apropiado si ella lo hubiera notado.
—Oye —el hombre suspiró y cambió la posición de sus manos para sostener al insecto solo con su diestra—. Es peligrosa, pero, puedes quedártela si lo deseas.
Acuario observó al santo en silencio y éste se tomó el gesto como la aceptación de su oferta. El santo de Escorpio hizo crecer la uña de su arcano y revisó rápidamente los puntos vitales de la etérea criatura pues, engendro del hades o no, toda forma de vida en la tierra se hallaba anclada a la muerte.
—Insectos tan pequeños carecen de hígado y cerebro, pero, sus movimientos aún se activan gracias a la circulación de sangre por sus venas. Si el flujo se detiene y pierde la capacidad de volar o caminar, dejará de vivir por propia voluntad ya que, como los gólems inactivos, perderá su propósito; espía o no.
—Es un terrible uso de tus habilidades —algo en su queja logró hacer sonreír al varón, quien procedió, con veloces movimientos, a esterilizar a la mariposa.
—Llámame egoísta, pero, cuando la vi no pensé primero en el peligro que representaba —extendió su mano con el precioso insecto estático hacia su compañera—. Pensé en lo mucho que me recordaba a ti el día en que llegaste a nosotros, Aurora.
Al oír aquello, que bajo otras circunstancias podía incluso representar una amenaza, el caballero de Acuario sonrió bajo su máscara y aceptó el obsequio, atesorando la majestuosa mariposa entre sus manos con cierto temor a dañarla. La sonrisa de Escorpio se amplió aún más y se puso de pie.
—Termina de comer. Yo avisaré al resto.
El varón partió sin aguardar un agradecimiento.
Qué egoísta.
Sellar el destino de un santo femenino sin siquiera descubrir su rostro primero, con solo unas alas de mariposa que ni siquiera se movían.
