Apariencias
—Sabes, creo que deberías dejar a esa noviecita tuya —dejó salir suavemente el humo del cigarrillo mientras sostenía la revista en una de sus manos, de esas donde suelen escribirse los chismes mas jugosos de las celebridades, la portada era llamativa con grandes letras rojas y fotografías escandalosas del muchacho que se encontraba en la habitación con él.
—No creo que seas el mejor para dar consejos de ese tipo —le contestó el otro molesto, acomodándose las ropas mientras le observaba de reojo. Craig sonrió, llevándose el cigarrillo a los labios nuevamente.
—Tienes razón —contestó, seco. Le observó moverse por la habitación desordenada, caminando en grandes zancadas hasta la puerta. Exhaló el humo y vociferó, sobresaltando al muchacho, quien salía apurado. —Nos vemos después, Darling.
No recibió otra respuesta más que un portazo y una mirada de desdén. No se lo tomaba a pecho, pero le sorprendía lo rápido con que el otro solía alterarse, aunque bien, estar en boca de todos solía ser un problema.
Arrojó la revista al colchón y por fin salió de las sábanas para estirarse. Tener una relación secreta no era su parte favorita, pero quién iba a saber que Stanley Marsh, el modelo más codiciado por las editoriales, y supuestamente 'heterosexual', sabía el cómo seducirlo tan rápidamente. Apestaba, pero el sexo siempre era tan bueno.
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—Buen trabajo hoy —se despidió del staff, casi desinteresado, ojeando las fotografías en la pantalla, y ellos, sonrientes, correspondían dando las gracias y unas cuantas despedidas mientras recogían los materiales que se habían utilizado para la sesión de ese día.
Como siempre, trabajar con Marsh, había sido un deleite, las fotos prácticamente eran inmaculadas y agradecía que no tendría que hacer demasiada edición para que estuviesen listas.
—Buen trabajo —reconoció la voz de Stanley, suave, discreto, e hizo un simple movimiento de cabeza dando a entender que le había escuchado mientras continuaba seleccionando las fotografías para enseñar al otro editor. Para cuando quiso encender un cigarrillo, notó que el otro aún se encontraba ahí, quieto, observándole con una expresión difícil de leer.
—¿Se te ofrece algo? —murmuró, colocando la punta del cigarrillo contra sus labios, alzando las cejas en pregunta. Stanley boqueó un par de veces, bajando la mirada un par de veces y pronto comprendió qué es lo que quería. Ah, Craig era tan simple de impulsos. Se atragantó levemente, ignorando el cigarrillo sin encender para colocarlo sobre la mesa.
—Dame unos minutos —fue la frase final, que cargaba con cierta emoción. Estaba prácticamente vibrando tratando de contenerse.
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—Sé que es difícil, pero necesito que hagas silencio —dijo entre jadeos, Stanley rodeándole el cuello con los brazos mientras Tucker embestía suavemente contra él.
—No puedo… —susurró, gimiendo por lo bajo mientras buscaba los labios de Craig entre llantos apagados. Tener sexo en uno de los armarios que se encontraban en el lugar era inesperado para el Tucker, pero algo le decía que Stanley lo estaba esperando desde que llegó a la sesión. Y no lo culpaba, habían pasado tres días desde la última vez que 'hablaron'.
Estaba bien, Stanley podía seguir jugando a lo que fuere que hiciera con la castaña que salía en las fotografías de la revista, con tal de tener reencuentros como estos donde todo pasaba tan rápido y lento a la vez.
Impaciente, le apretó contra su cuerpo, acallando lo más que pudiese cualquier ruido que saliera de entre los labios del otro, no era fanático del exhibicionismo, aunque pareciera todo lo contrario. Sintió las piernas del otro temblar levemente contra suyo y sabía que Stanley estaba cerca de correrse. Se separó levemente del otro, alejándose de sus labios para esconder el rostro en su cuello, sintiendo el interior del Marsh contraerse en su miembro. Gimoteó contra su cuello y en un llanto silencioso, Stanley terminó.
Craig no tardó mucho en hacerle segunda, y exhausto, ambos terminaron en el piso, Stanley besándole suavemente la cara; solía hacer eso, incluso después del sexo más intenso que pudieran tener, lo encontraba adorable, aunque no se lo haría saber.
Por un momento contempló lo miserable de la situación y de su situación, pero no tenía caso, podría preocuparse, si realmente lo intentaba, en la mañana; cuando otra revista tratase de exponer a Stanley como el 'depravado' que era, saliendo con tantas chicas a la vez.
Por ahora, sólo se limitaría a dejarse hacer y que Stanley le besara hasta cansarse.
