Capitulo IV. El abuson, el anonimo y los sentimentos

La mañana siguiente comenzaba, Hermione se desperezaba, miro hacia la cama de Draco, como era Comedor, habitual él no se hallaba seguro que había pasado la noche fuera, se cambio y se dirigió al Gran recogió su comida y se marcho a la biblioteca sin percatarse de que un rubio la vigilaba. Comenzó a comer cuando su tazón de cereales se derramo, todos los cereales se iban uniendo formando una especie de escrito:

Hermione, como puedes comprobar no podrás descubrirme y mas vale que no lo intentes o todos sabrán de tu escondite. Cuando vuelvas encontraras mis deberes los harás y los dejaras y ya pasare a buscarlos.

Draco sentía una gran rabia ya que el abusón era más listo que el propio rey de las serpientes.

Comenzaron las clases y a cada pregunta que el profesor formulaba, Hermione era la única en contestar, aunque no era de extrañar se pasaba horas en la biblioteca sin ninguna otra diversión que leer libros y mas libros, todos los slytherin la detestaban y en cuanto a sus ex amigos Harry y Ron simplemente la ignoraban.

Terminaron las clases y Hermione se dirigió hacia su escondrijo, allí encontró unos libros y una nota con los deberes que tendría que hacerle, comenzó con pociones un trabajo sobre como hacer un filtro amoroso con consecuencias totalmente distintas, primero buscó en un libro sobre filtros amorosos, de él sacó la información necesaria, después buscó otro libro sobre sustancias potencialmente venenosas, terminó con el filtro y comenzó con la siguiente tarea de defensa contra las artes oscuras hacer un informe sobre el Avada Kedavra y sus posibles contra hechizos y así siguió con todas las tareas, dejando todo allí y marchándose a su habitación a descansar.

Draco entraba en su sala común cuando encontró a dos de sus mayores aduladores o peloteros que tenia, cuchicheando algo demasiado gracioso que él no llegaba a escuchar por lo que se acerco.

-¿no haces tus deberes?- pregunto a Zabinni para entablar conversación.

-no hace falta ya tengo a quien me los haga y encima gratis, hasta tú si estuvieras en mi situación harías los mismo.

-Cuenta cuenta que me tienes algo intrigado-mentía el rubio para sacar información.

-pues he encontrado el escondrijo de la sangre sucia y me estoy aprovechando para que me haga los deberes.- dicho esto vio como Draco cambiaba su cara, ahora estaba demasiado seria incluso para él.

Al día siguiente Hermione se levanto pronto como siempre y como de costumbre Draco ya no se encontraba allí, tan solo quedaba su olor. Se vistió y bajo a desayunar era demasiado temprano por lo que no había mucha gente que pudiera insultarla. Llego a la biblioteca y su habitual sitio encontró una carta.

Hermione Granger, te escribo esta carta para que sepas que no volverán a molestarte nunca mientras yo te proteja, seré... como tu guardaespaldas.

No volverá a aprovecharse de ti, después de mucho investigar le descubrí, hable con él y quedamos en que no volvería a hacerte daño.

Se valiente y sal de esta de mugrienta biblioteca, ignora lo que te diga la gente.

Por cierto si quieres decirme algo, escríbeme una carta deposítala aquí y yo vendré a buscarme.

Firmado: tu guardaespaldas

Aquella carta había dado algo de alegría a su insufrible vida, no entendía el motivo por el cual ocultaba su identidad tampoco le importo por el momento, era feliz sabiendo que alguien a parte de Luna se interesaba por ella. Salio de la biblioteca con la cabeza bien alta como le había recomendado aquel muchacho, tenia muchísima razón, debía enfrentarse a todos aquellos que le deseaban lo peor, ya no tenía miedo y quería arreglar las cosas con sus antiguos amigos, de camino al gran comedor los encontró.

-Hola chicos-dijo muy alegre poniéndose delante de ellos.

-Hola Herms-contesto únicamente Ginny mientras que Harry y Ron miraban sorprendidos por la reacción de la pelirroja.-Chicos es Hermione, nuestra Hermione, aunque ahora no sea de nuestra casa no significa nada.-Las caras de los muchachos pasaron a una de compresión.

-Quería pedirles disculpas por no haber hablado con vosotros desde el desalojo (llamaron así a la ley en la cual los muggles eran trasladados a San Davinia), sentía bueno no mejor dicho siento haberles mentido pero al ser una traidora pensé que no querrían saber nada de mi.-dijo entristeciendo su alegre cara al recordar aquellos días.

-Bueno tienes razón hasta cierto punto pero te echamos mucho de menos.- se unieron en un fuerte abrazo. Todos se separaron mirando a un Ron ahora mas maduro y más mayor, Hermione le miro a los ojos y se abrazaron. Ahora todos volvían a estar juntos, Hermione ya no se sentía sola pero sabía que les estaba volviendo a traicionar.

Volvió a su cuarto y comenzó a hablar como de costumbre con el espejo:

-Hola, jefe.

-Hermione, sabes que puedes llamarme papa, aunque no lo sea, además ya no podrás llamárselo a tus verdaderos padres.

-Si es cierto ya no tengo padres pero no sé, llamarte padre es demasiado difícil, ya se que me has cuidado desde que murieron y has pagado mi enseñanza pero entiéndeme todavía mi corazón les recuerda.

-De acuerdo mi niña, sabes que tienes todo mi apoyo.

-Ahhh se me olvidaba ya me he arreglado con Harry, Ron, Ginny.

-Siiiiiiiiiiii, me alegro y ¿nuestro plan?

-Tranquilo con Draco todavía no he solucionado nada y pienso vengarme de lo lindo, estoy ultimando los preparativos.- Se despidió dando un beso al espejo.

Draco se había ido al lago donde él y su compañera de habitación habían jugado tanto y donde ambos se dieron cuentas de unos sentimientos muy ocultos y donde ambos rompieron su amistad y todos fueron destruido en mil pedazos, se tumbo en la hierba y cerro los ojos, necesitaba relajarse.

Después de discutir con Hermione durante un buen rato, el rubio se marcho a su habitación, pego un salto y cayo en su cama donde hundió su cara, odiaba a aquella chica, le había mentido a él, a un Malfoy, no quería saber el motivo. Le habían enseñado a odiar a los muggles, cosa que le parecía una estupidez por lo que simplemente los ignoraba. Su padre apareció agarrandole de un brazo y llevándoselo a un lugar muy lejano donde le torturaría no solo físicamente sino también psicológicamente hasta que los odiase de tal manera que quisiera hacerles la vida imposible.

Hacia un par de años que habían vuelto a admitir a muggles y en su séptimo curso una muchacha de cabellos castaños entraba de nuevo en el colegio, abriendo nuevas heridas.