DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama.
¡FIESTA, AMOR Y AVENTURA!
Al rescate del amor
Después de aquel glorioso discurso, todo pasó con rapidez: la sesión de fotos dio inicio y todos los graduados, vestidos temporalmente con la toga clásica, posaban con sus profesores, amigos y familiares, para inmortalizar aquel momento. Todos se unieron para gritar una última arenga ensayada y lanzaron sus birretes al aire, en medio de las chispas y papeles brillantes que caían del techo del auditorio.
Llenos de emoción, los jóvenes dejaron sus trajes negros y salieron a los jardines del exterior, entre risas y algunos cantos. Por su parte, Gohan se sentía entre halagado y confundido, tras recibir la atención de sus amigos: sin embargo, su mente estaba en otra parte. Miraba a su alrededor, en busca de su mejor amiga. Nada, no la podía divisar.
¿Seguía en el auditorio? No, eso no: estaba seguro de haberla visto junto a Ireza. ¿Su ki? Sería sencillo ubicarlo, por ser el más fuerte de toda la promoción, pero su confusión emocional no lo ayudaba mucho.
—¡Gohan!
Muy emocionada, Milk corrió hasta él, abrazándolo con mucha fuerza, sin dejar de llorar. La alegría era demasiada para la madre del muchacho: su sueño de verlo finalizar sus estudios se había cumplido. Tantos estudios, sacrificios y batallas para salvar la Tierra valían la pena.
—¡Ahí estás, Gohan! ¡Te amo! ¡No sabes cuánto te quiero! ¡Mi hijo, un gran investigador! ¡Lo hiciste tan bien! —dijo Milk, aferrada al cuerpo de su hijo.
—Mamá… —empezó a reír el guerrero saiyajin, correspondiendo a su abrazo con timidez y cariño.
—Milk, lo estás asfixiando… —intervino Gokú, entre risas, atrayendo a su esposa hacia sí— ¡vaya, Gohan! ¡Al fin terminaste la escuela! Estamos muy orgullosos de ti.
—Gracias, papá —Gohan le dio un apretón de manos, sin dejar de sonreír y cargar a Goten, que también lo felicitaba con efusividad.
—Sí que hiciste el ridículo —escuchó una voz conocida a sus espaldas.
—¡Señor Piccoro! —Gohan se le acercó, con Goten en brazos— ¡Sabía que vendría!
—No me quedaba de otra —expresó, disgustado por la algarabía juvenil, para luego mirarlo de reojo—. Tenía que comprobar si sobreviviste a tu batalla.
—¿Batalla? —Gokú se mostró interesado— ¿De qué hablan?
—¡Sí, también quiero saber! —secundó Goten.
—Pues, yo… —Gohan no supo qué contestar, intrigando a su familia.
—Es algo entre nosotros —el namekusei defendió a su sonrojado protegido.
—Pero hablaste de una pelea, no es justo que yo no sepa —Gokú cruzó sus brazos e hizo un puchero, al estilo de Goten, cuando tenía sus rabietas.
—¡Bueno, es suficiente! —Milk intervino, para fortuna del muchacho— Hoy es un día muy especial para mi Gohan: ¡así que no quiero que nadie lo arruine! ¿Me entendieron, caballeros? —concluyó, con aire satisfecho.
Gokú y Piccoro obedecieron a regañadientes, mientras Goten reía por la escena tan cómica.
—¿Y la fiesta, Gohan? —dijo el pequeño Son— Ya tengo hambre.
—¡Cierto! —volvió a intervenir Gokú, olvidando el tema de la batalla — Mr. Satan dijo que nos guiaría. Pero no siento su ki entre tanta gente.
—De seguro se fue. Ha venido en una limusina —le respondió Gohan.
—¿«Limu…», qué? —repitieron su padre y su mentor, ignorantes de aquella palabra.
—¿Kamisama, qué hago con ellos? —suspiró Milk, con una mano en la frente, avergonzada— De acuerdo, vamos, o se nos hará tarde.
Gokú avanzó con Milk, seguidos de su hijo menor, mientras Gohan y Piccoro caminaban detrás.
—Por fin, ya no luces como payaso —mencionó Piccoro en son de broma, respecto al traje de gala que llevaba.
—No ahora, señor Piccoro —dijo Gohan, observando los alrededores.
—¿Y la chica?
—No pude hablarle. Hay demasiada gente aquí.
—Típico —resopló el guerrero verde, comprobando la ingenuidad que el muchacho compartía con su padre—. Y bien: ¿te quedarás ahí parado?
—¡No!
—Entonces búscala, Gohan. Porque la próxima vez, te echaré si vienes con otro melodrama —lo codeó con suavidad.
—Señor Piccoro…
—¡Ve! Esa fiesta te espera —Piccoro se despidió, marchándose a otra parte.
Gohan volvió a sonreír y siguió a sus padres, tal como su mentor le aconsejó. No podía molestarse con Piccoro: comprendía su filoso sarcasmo. Una cualidad que, irónicamente, le devolvía el buen ánimo. Además, ya se sentía un hombre; y como tal, debía enfrentar las cosas. Esa noche hablaría con Videl.
[…]
En la parte trasera del local de graduación, tres camiones del servicio de catering descargaban todos los implementos para el grandioso buffet que Mr. Satan había mandado preparar. A los segundos, un automóvil de la policía se acercaba a gran velocidad, hasta que uno de los empleados lo detuvo a una distancia prudente, muy al ras de una zona acordonada.
—¿Qué significa esto? —el policía bajó de su vehículo, malhumorado, mientras sacaba una libreta de su bolsillo.
—Discúlpenos, señor —habló un hombre de ojos verdes y barba—. No sé si le han notificado que el campeón Mr. Satan organizará la graduación de su hija aquí. Nos pidió expresamente que nadie cruzará por estas calles y ya tenemos el permiso de la estación de policía.
—Cierto, lo había olvidado —el comisario se relajó—. Espero que todo marche bien.
—¿Le sucede algo? —dijo el hombre, preocupado por el estado del comisario.
—Nada. Es que ayer hubo una fuga masiva en la cárcel y estamos buscando a estos hombres —expresó el policía, enseñándole el retrato hablado de quince pandilleros prófugos—. Si usted sabe algo, por pequeño que sea…
—Descuide, le avisaremos —el diligente empleado estrechó su mano.
—De acuerdo, ¡buena suerte con el evento! —el policía alzó su mano, a modo de despedida, y entró a su auto.
Al verlo irse, el hombre de barba dio media vuelta hacia la parte trasera del tercer camión y sacó su teléfono móvil, marcando unos números.
—¿Ya se fue? —le contestó un individuo de voz chillona.
—Sí. El imbécil no se dio cuenta. ¿Cómo van?
—Desbloqueamos la seguridad —le contestó—. ¡Mr. Satan sí que sabe celebrar! Hay obsequios muy caros aquí, estamos por llegar a la bóveda.
—Bien. Esperen mi señal —el hombre colgó la llamada, esbozando una sonrisa diabólica.
[…]
Como la alfombra roja para los actores de cine, las cámaras no detenían su flash, fotografiando cada instante del ingreso de los graduados al hotel. Mr. Satan alzaba las manos y saludaba a todos con su típica voz gruesa, en tanto Videl lo acompañaba, no tan animada de ser el centro de atención. A su costado, Ireza, Shapner y sus demás compañeros disfrutaban el cálido recibimiento, aunque también apresurados por entrar al local sin ser acosados por la prensa.
Casi al final, la familia Son contemplaba con asombro el espectáculo inicial, quizás por su tranquila vida en el campo o por el hecho de sentirse anormales entre la humanidad: no obstante, tales ideas no empañaron su fascinación.
—¿Todas las graduaciones son así, hermano? —preguntó Goten, colgado de los hombros de su padre.
—No, que yo sepa. Mr. Satan hizo los preparativos —respondió Gohan.
—Eso explica todo. ¡Por Kamisama, es todo un multimillonario! —dijo Milk.
—Pues a mí no me gustan mucho estas cosas —Gokú trató de cubrir su vista, incómodo del flash de las cámaras—: ¡si Vegeta estuviera aquí, ya los habría hecho volar! —empezó a reír.
—Ese hombre es un salvaje. Pobre Bulma… ¡en fin, ya estamos aquí! Así que compórtate como se debe.
—Bien, bien, ¿pero dónde está la comida? —el saiyajin escuchó un suspiro resignado de su mujer.
Como parte del programa, los guardias de la entrada tomaron nombre de cada graduado y su familia, mientras los mayordomos del hotel los guiaban a sus asientos en la sala mayor, donde cientos de mesas habían sido dispuestas a la luz de diez grandes arañas que emitían luces fosforescentes en tonos azules, amarillos, verdes y rojos. En el estrado, decorado con un telón crema y celeste, una banda de música ajustaba sus instrumentos, a la vez que los camareros salían con pequeñas bandejas para la atención. A los ojos de los invitados, el lugar parecía sacado de un cuento de hadas.
—¿No te dije? ¡Mr. Satan lo organizaría todo! —gritó Ireza— ¿Qué te parece, Videl?
—Nada mal… —la ex colegiala miraba a su alrededor, sorprendida del buen gusto de su padre— ¡realmente se ve hermoso!
Pasados algunos minutos, la primera melodía de la noche dio inicio, haciendo que casi todos los jóvenes y algunos padres y profesores saltaran a la pista. Varios muchachos de la promoción se sorteaban una pieza con Videl, mientras Ireza y Shapner liberaban todo su frenesí con sus pasos, motivando a su amiga para que los siguiera.
En su mesa, Gohan y su familia veían danzar a todos, acompañando con sus palmas, al igual que otros padres y alumnos sentados en sus lugares.
—¡Sí que están locos, Milk!
—Así son los jóvenes, Gokú. Lo sabrías si me invitaras a bailar un poco.
—¿Yo? —se sorprendió— ¿Por qué Gohan no sale? Después de todo, es su fiesta.
—¿Eh? —el joven guerrero reaccionó a la intervención de su padre.
—¡Cierto! Deberías bailar con tu novia Videl o te la quitarán.
—¡Cállate, Goten! —atinó a responder Gohan, abochornado por la soltura del pequeño.
—¡Vamos, Gokú, aunque sea una vez! ¡Y mañana te cocinaré todo lo que quieras! —volvió a insistir Milk, obteniendo esta vez la atención de su esposo.
—¿De veras? ¡Hubieras empezado por ahí!
—¿Qué? —dijeron Gohan y Goten a la vez.
—¡Ven, Milk!
—Pero no seas tan brusco… ¡ay, ten cuidado! ¡Gokú! —gritó la mujer, sintiéndose arrastrada por su fuerza.
—¡Esperen, yo voy con ustedes! —Goten se apresuró a seguir a sus padres.
Gohan sólo atinaba a reír en su sitio, viendo a su madre más acostumbrada a los giros de su padre, en imitación de los más jóvenes; a la vez que su hermano los acompañaba. Aún con todo el bullicio, su oído saiyajin percibió sus estridentes carcajadas. El corazón del graduado se reconfortó con tal imagen: por fin, después de muchos años, su familia estaba completamente unida.
No obstante, otro extraño sentimiento lo embargó. Quería ver a Videl y ahora, por la música y el derroche de energía de la multitud, ya no podía ubicarla de nuevo. La situación lo estaba frustrando: ¿qué hacía sentado, cuando su prioridad era buscarla? Se levantó con inusitada firmeza.
—Hola, Gohan —el aludido volteó, topándose con alguien que no esperaba ver esa noche.
—¡Angela! —exclamó, al reconocer a su compañera, que llevaba un hermoso vestido blanco.
—Me alegra encontrarte. Hace tiempo que no nos vemos —dijo, moviéndose al son de la canción.
—Sí —Gohan rio un poco—, es verdad.
—¿Por qué estás tan solo? ¿Quieres bailar? —Angela le pidió dulcemente, juntando sus manos.
—¿Bailar? —tartamudeó, entre risas— Bueno, no soy muy bueno con eso. ¿Por qué no…?
—¡Ahí estabas! —repentinamente, Ireza apareció ante ellos— ¡Te dije que no escaparías! ¡Ven!
—¡Ireza, qué…! —el muchacho reclamó sin éxito, dejándose llevar por Ireza.
—¡Gohan! —Angela los vio perderse en la pista, motivando su molestia.
¡Ella quería bailar con él! Y si hace tres años no logró tener una cita normal, al menos conseguiría una pieza de música junto a él. ¡Estaba decidida!
[…]
Un empleado del catering era arrastrado hasta un salón vacío, junto con otros que yacían mareados o inconscientes, para luego ser encerrado allí. El hombre de barba que había conversado con el policía se sacó las prótesis de vello en su cara, revelando su verdadera identidad. Junto a él, estaban sus catorce compañeros, corpulentos y no menos fieros, que reían insanos al son de la música.
—Está marchando mejor de lo que creí. ¿La fiesta comenzó?
—¡Sí, jefe! Todos están allí —uno de ellos señaló hacia una ventana.
—Perfecto, ¡ya saben lo que tienen que hacer! —dijo el jefe, haciendo un ademán para que los pandilleros se fueran— Es hora de darles una sorpresa…
[…]
Los gritos de júbilo y los movimientos mareaban a Gohan, cada vez más incómodo pero, contradictoriamente, sin oponer resistencia al llamado de Ireza. Cuando llegaron a un espacio más ancho, cerca del centro de la pista, la joven rubia saltó un poco, haciendo girar el vuelo de su vestido azul. Por su natural condición masculina, Gohan no pudo evitar sentirse maravillado por la atractiva silueta de su amiga, sonrojándose violentamente. Ireza aprovechó su confusión para tomarlo de las manos y bailar la pieza de rock que la banda estaba tocando. Por otro lado, no muy lejos de ellos, Videl y Shapner también danzaban, sin dejar de reír.
—¿Te he dicho que estás muy hermosa, Videl?
—Más de cinco veces, Shapner —contestó la joven, disimulando su incomodidad—. Creo que has bebido de más.
—Para nada —Shapner sonrió, acercándose a una distancia prudente—. Sabes que eres mi amiga y te aprecio mucho. Lo único que no entiendo es porque te fijaste en ese tonto de Gohan. ¡Debería estar aquí contigo!
—¿Podríamos no hablar de eso ahora?
—No, no podemos. Sé que te sientes triste y no es justo que te arruinen la fiesta. ¡Lo digo por tu bien! Y-yo te cuidaría mucho —el atlético rubio se aproximó un poco más, tomando su cintura.
—¡Shapner, por favor! —Videl intentó retroceder, muy nerviosa.
—¡Gohan, espera! —un fuerte choque interrumpió el avance de Shapner, haciendo que Videl se pusiera a un costado, antes de que le cayera encima.
La muchacha de ojos azules sacudió la cabeza, pensando que alucinaba al haber oído el nombre de Gohan, hasta que lo comprobó al ver a Angela buscar al susodicho que bailaba muy contento con Ireza. Sin entender la razón de su arrebato, Videl se movió entre sus compañeros, en busca de su mejor amigo.
—¿Por qué te fuiste así? —la chica de ojos violeta irrumpió ante la pareja, tomando el brazo de Gohan— ¡Se supone que bailarías conmigo!
—¡Oye, qué te sucede! —Ireza retuvo a Gohan, tomando su otro brazo— ¡Yo le dije primero!
—¡No, Gohan va a estar conmigo esta noche!
—¡Olvídalo! —la rubia tiró del brazo de Gohan.
—¡Déjalo, Ireza! —Angela hizo mayor esfuerzo para atraer a Gohan con él.
—Oigan, chicas, ¡ay! —el saiyajin se quejaba, atolondrado por tanto rodeo— ¿No se pueden calmar?
—¡Tú no digas nada! —corearon las dos féminas al mismo tiempo, hasta que Ireza volvió a hablar— ¡Él es mi amigo!
—¡Y yo casi fui su novia!
El tirar de las dos jóvenes llamó la atención de los que estaban a su alrededor, justo en el clímax de la música. Mientras tanto, Videl llegó a la escena, junto a Shapner, que la había seguido sin que ella lo notara.
—¡Rayos, maldito nerd! —el rubio apretó sus puños, con una mezcla de celos y negada admiración— ¿Cómo haces para conquistar a tantas mujeres?
—¡Suéltalo! —gritaron Ireza y Angela, en simultáneo.
—¡Gohan! —intervino Videl, con intenciones de acercarse.
El guerrero volteó al escuchar la voz de Videl y la fuerza de Angela cedió, soltándolo. No obstante, la inercia contenida hizo trastabillar a Ireza, quien se salvó de caer por los rápidos reflejos de Shapner. Mientras tanto, Videl y Gohan lograron cruzarse con el final de la música y el grito colectivo de la promoción.
Segundos emocionantes que corrían a paso lento. Sus miradas se encontraron, al igual que sus radiantes sonrisas. Ninguno tenía intenciones de soltarse, tampoco de hablar: como todas las veces, desde aquella semana de su discusión, el silencio volvió a apoderarse de ambos.
Gohan sintió que no conocería tanta belleza encarnada como en ella. Videl supo que jamás trataría con alguien tan excepcional como él. Tenían tantas ganas de decirse lo que fuera, pero sus sentidos estaban plenamente enfocados en las sensaciones del otro. Alguien debía dar el primer paso.
Repentinamente, las luces empezaron a apagarse progresivamente y las puertas se cerraron con violencia, dejando adentro a todos los invitados. Algunos gritos se escuchaban de los exteriores del lugar, aumentando el susto de los presentes.
—¿Qué está pasando? —preguntó Videl, sintiéndose protegida en los brazos de Gohan.
—¡Allá arriba! —un muchacho de la promoción señaló hacia el techo, llamando la atención de todos.
De una gruesa viga del techo, cuatro hombres se lanzaron al vacío con cuerdas atadas en su cintura: con una risa siniestra, sacaron sus metralletas y dispararon a toda dirección, situación que aterrorizó a todos. Sabiéndose invulnerable a las balas, Gohan echó a Videl en el suelo y la cubrió, a medida que los casquillos de las balas caían al suelo. Presos del pánico, Mr. Satan y otros profesores también se ocultaron bajo sus mesas, mientras los estudiantes y padres de familia intentaban guarecerse en cualquier lugar del salón.
—¡Nos atacan! —dijo Milk, aferrada a Goten y su esposo, llena de miedo— ¡Gohan! ¿Dónde está Gohan?
—Espera… —respondió el saiyajin, que sintió inmediatamente el ki de su hijo, tomando las manos de Milk y Goten— ¡lo encontré, síganme!
El tiroteo se detuvo y los hombres armados bajaron al estrado, donde el más grande se apoderó del micrófono, al mismo tiempo que las luces sólo iluminaban esa parte.
—¡Estupenda celebración, damas y caballeros! Lástima que hayamos tenido que interrumpirla. Hemos salido de la cárcel hace poco, ¡necesitábamos un poco de acción! —el bandido alzó su metralleta y realizó unos cortos disparos al aire.
Tres de las balas chocaron contra la araña más cercana al telón del estrado, causando que se zafara de su soporte. Los que estaban ubicados en aquella zona fugaron rápidamente hacia la multitud, tratando de escapar de la estrepitosa caída. Entre ellos, estaba Mr. Satan; de quien se supo que fue herido, por rumores del gentío. La idea aterró mucho a Videl.
—¿Videl, qué haces? —Gohan la tomó del brazo, viéndola correr.
—¡Debo ayudar a mi papá, suéltame! —sin más tregua, Videl se zafó de su agarre y corrió hacia el estrado, aprovechando el tumulto.
—¡No, Videl! ¡Espera! —quiso seguirla, pero la gente empezó a moverse y la perdió de vista.
—¡Escuchen todos! —los invitados hicieron un eco de terror— ¡La policía nos persigue y tenemos que salir de la ciudad en una hora, así que van a entregarnos un vehículo y todo lo que tengan de valor! O me encargaré de darles una muerte segura… ¡especialmente a ti, Satan! —el hombre apuntó hacia el aludido, en ese instante paralizado por la amenaza— ¡Tú nos enviaste a prisión y pagarás como mereces!
—¡Sobre mi cadáver! —el grito de una mujer alertó al hombre del micrófono, que al instante cayó al suelo por una patada.
¡Videl! La valiente hija del Campeón Mundial enfrentó al malhechor, ante la mirada estupefacta de su padre y los invitados que corearon su nombre para darle ánimos. Desde su posición, Gohan la vio luchar como en el Torneo de las Artes Marciales, pero su intuición de guerrero le rogó continuar. Algo le decía que estaba en peligro.
—¡Niña tonta! —se acercó otro de los bandidos, ofreciendo más competencia a la joven luchadora.
—¡Mr. Satan, haga algo! ¡Por favor! —un maestro le susurró al Campeón Mundial.
—Tiene razón —Mr. Satan se recuperó de su shock y llamó a algunos muchachos de la promoción para que lo apoyaran—, ¡los que puedan, síganme!
El público se motivó con los actos de Videl y Satan, viendo una oportunidad para escapar. En grandes masas, se arremolinaron contra las puertas, haciendo más difícil el avance de Gohan al estrado. Los bandidos se vieron acorralados y volvieron a disparar, esta vez sin tanto efecto sobre la pavorosa multitud. Ante esto, los demás ladrones llegaron por una entrada anexa, acompañados de su líder, derrumbando la pequeña defensa liderada por Mr. Satan.
—¡Papá! —gritó Videl, al verlo tendido en el piso.
Su atacante aprovechó su distracción y utilizó toda su fuerza hasta vencerla, inutilizando su pierna derecha. Por su falta de entrenamiento en los tres meses anteriores a la graduación, Videl no pudo soportar el ataque y se desvaneció temporalmente, con su vestido amarillo rasgado a medias.
—¡A este paso, llamarán a la policía!
—¡No, si tenemos con qué negociar! ¡Traigan a la muchacha! —habló el tercer maleante, mientras el peleador cogía a Videl por la cintura para subir la escalera principal.
—¡Videl, no! —Gohan salió muy tarde del gentío, contemplando el secuestro y la ruina de la graduación.
—¡Gohan! —la voz de Gokú lo detuvo— ¿Qué está pasando?
—¡No lo sé! Videl fue a enfrentarlos y se la llevaron.
—¿Qué? —Milk exclamó horrorizada— ¡Deben ayudarla! Si algo le pasa…
—¡Eso no, mamá!
—¡Papá! —gritó Goten, sujetando al Campeón Mundial que estaba herido en el brazo— ¡Encontré a Mr. Satan!
—Videl, mi hija… –susurró, antes de desmayarse.
—Salgan de aquí —dijo Gohan—. Me encargaré de ellos.
—¡Iré contigo! —se ofreció el pequeño Son.
Gohan respondió con una negativa y levantó la manga izquierda de su saco, dejando ver su reloj. Aquél que le fabricó Bulma hacía tiempo, para sus luchas contra el mal. La máquina que liberaba a su alter ego.
—¿Qué harás, Gohan?
—Lo que corresponde, papá. Me necesitan —sentenció el joven saiyajin, pulsando el botón de encendido de su reloj.
[…]
Los tumbos despertaron un poco a Videl: en medio de su aturdir, vio los escalones alejarse de ella. Los bandidos habían subido hasta el último piso, luego de haber robado cuanto pudieron de la gente que encontraban en su camino. Ya en el techo, varias luces del primer piso los rodeaban, en tanto se oía el llamado de la policía, que los obligaba a bajar y liberar a la joven heroína. Sin embargo, la advertencia no afectó en nada el plan de los intrépidos malhechores.
—¿Dónde…? —balbuceó Videl, sintiendo que amarraban sus manos y pies.
—¡Está despertando, jefe!
—No irá a ninguna parte. Tiene la pierna malherida.
—Lo sé, pero…
—¿Le tienes miedo a una mujer, idiota? —habló el líder del grupo— Ya he visto cómo pelea, pero no me sorprende. Es tan testaruda como su padre.
—¿Testaruda? —Videl quiso reaccionar, pero la soga atada a sus manos se lo impidió— ¡Sáquenme de aquí!
—¡Ni hablar! Eres nuestra carta de escape. Si a ese payaso de campeón le preocupas, cederá a entregarnos el dinero que pida —el jefe tomó su barbilla bruscamente, con una sonrisa sádica—; y para que te libere, tendrá que hacer un gran esfuerzo.
—¡El helicóptero está listo! —gritó uno de los ladrones.
—¡Bien! ¡Vamos!
—¡Suéltame, infeliz! —Videl forcejeó al ser tomada por el jefe de la banda.
Cuando llegaron al techo, una fuerte explosión se interpuso en su camino, haciendo estallar el vehículo. La onda expansiva separó a todos, confundidos por lo que estaba sucediendo.
—¡Intenten huir y lo lamentarán!
—¿Quién demonios eres? —se quejó el líder, visualizando una silueta borrosa entre el humo.
—¡Gran Saiyaman! —gritó Videl, emocionada, aún en brazos del maleante.
Con su traje verde y negro, botas al estilo saiyajin, lentes oscuros y una pañoleta blanca, la épica identidad secreta de Gohan se hizo visible.
—¡Suéltenla! —ordenó el héroe, cada vez más molesto.
Algunos ladrones ya sabían de su existencia por las noticias de la televisión. Temían enfrentarse a él.
—¿Qué están haciendo? —gritó el líder, viéndolos retroceder.
—¡El Gran Saiyaman, jefe! Dicen que es terrible —expresó uno de los ladrones, quien se vio interrumpido al sentir que le entregaban a la muchacha.
—¡Me importa muy poco!
El jefe de la banda disparó sin piedad hacia Gohan, sin éxito: la impresionante velocidad del saiyajin lo borró de la mira, pasando cerca de tres maleantes, a quienes golpeó. Los más resistentes se acercaron a su jefe, acompañándolos en su ataque, pero eso no les evitó sufrir el mismo castigo de sus compañeros. Poco a poco, los catorces secuaces del líder fueron cayendo: un reto, en parte, agotador para Gohan, puesto que había dejado de ser héroe por un tiempo.
—¡Detente! —se oyó el grito del líder— ¡O ella no la cuenta!
Cuando el saiyajin frenó su ataque, se vio rodeado de los cuerpos inconscientes de los ladrones, mientras escuchaba el manipular del gatillo de una pistola. Detrás de él, Videl era amenazada por el jefe de la banda. La imagen de su grupo caído lo llenó de frustración y caminó con ella hasta el borde del techo, con intenciones de lanzar a la chica.
Las luces del exterior del hotel, ya acordonado por la policía, se enfocaron en las dos siluetas del balcón principal. La multitud reconoció a una de ellas.
—¡Es Videl! —gritó Ireza, aterrada— ¡La va a matar!
—¡Ya no pierdan tiempo, vayan al techo! —ordenó un policía, seguido de veinticinco agentes más.
En el techo, Gohan volteó lentamente, deseando que su contrincante no le hiciera daño a Videl. Debía tener cautela: el jefe de la banda se le escapó hábilmente, podía ser impredecible. No obstante, cualquier noción de juicio desapareció al notar un brillo de temor en los ojos de Videl: ya la había visto así antes, en el Torneo de Artes Marciales, y eso no hizo más que aumentar su furia.
—Muy bien, quédate ahí —volvió a hablar el malhechor—. ¡Hmp! Sí que tienes poder, derribaste a todos mis hombres; pero no creas que te lo perdonaré.
—Gohan… —susurró, inaudible, moviendo sus muñecas.
—¡Déjala ir! —le advirtió Gohan, ignorando el último comentario—. No volveré a repetirlo.
—¡Tú no me das órdenes! —el jefe acercó más su pistola al cuello de Videl, haciendo que se quejara— Bajarás inmediatamente y traerás el dinero que quiero. ¡Y no intentes engañarme, porque si no…!
—Si no, ¿qué? —alguien intervino, para sorpresa de los tres.
El ladrón no tuvo tiempo de voltear y sintió su vista nublarse, luego de un fuerte golpe en la nuca. Gohan alzó las cejas en sorpresa: ¡Piccoro lo había ayudado! Presa del dolor de su pierna y todo el estrés, Videl cayó de bruces, todavía maniatada.
—Dale una semilla —el namekusei no explicó nada y le lanzó una bolsita a Gohan—. Yo me encargo del resto.
El muchacho siguió el consejo de su mentor y ayudó a Videl. Las fuerzas regresaron a la chica tras comer la semilla y Gohan rompió las cuerdas de sus manos y pies, ayudándola a levantarse.
—¿Estás bien? —le preguntó, quitándose los lentes y tomando su rostro con vehemencia.
—Sí, Gohan —Videl sonrió—. Ya me siento mejor…
Ambos miraron al guerrero verde que recogía a los ladrones inconscientes, apilándolos cerca de la entrada. De la puerta del último piso, se oía el lejano trote del escuadrón de policía que ya se acercaba. Gohan activó su reloj, volviendo a su estado normal.
—Muchas gracias, Piccoro —dijo Videl.
—No entiendo, ¿cómo lo supo?
—Eso no importa, tú eres el héroe —el namekusei extendió dos dedos en su frente y sonrió, en señal de despedida—. ¡Suerte!
Gohan y Videl vieron marcharse al guerrero, para luego mirarse. Solos de nuevo… pero esta vez, ya no se sentían mal.
—¿Cómo está mi papá?
—A salvo. Mi familia lo ayudó.
—Qué bueno… en serio, me alegra. Aunque —bajó la mirada con tristeza, contemplando las rasgaduras del vestido de su madre— la fiesta…
—Olvídala, tú estás bien. ¡Estás conmigo!
—¿Qué? —Videl alzó la mirada con esa frase y Gohan sintió el bochorno apoderarse de su rostro.
Algo golpeó su espíritu. No dejaría que su falta de valor arruinara el momento. Respiró hondo, preparado para el discurso más importante de su vida.
—Que no volverás a estar sola, Videl. ¡Cómo no me di cuenta que a mi lado tenía a la mejor amiga del mundo! Y sobre todo, a la mujer que logró enamorarme.
—¡Gohan! —Videl se sorprendió, mientras sus ojos brillaban de emoción— ¿Acaso…?
—Sí, Videl. No quiero perderte. ¡Te amo, realmente te amo! —el joven la acercó más a su cuerpo, abrazándola al mismo tiempo que ella reía.
—Yo también… yo… ¡te amo tanto, Son Gohan!
Liberando su corazón impulsivo, Videl se aferró al cuello de Gohan y lo besó intensamente, muy feliz por ser correspondida. Pocos segundos después, la policía irrumpió en la escena, viendo a los malhechores desmayados; además de la pareja que, aparentemente, estaba demasiado concentrada para notar su presencia.
Gohan y Videl continuaban besándose, perdidos en sus declaraciones. Luego, cuando ambos decidieron separarse un rato, explicarían que la noche fue salvada por el brillante paladín de la ciudad: el poderoso Gran Saiyaman.
Pero aún quedaba tiempo para eso. Podía celebrarse otra fiesta de graduación, por oferta de Bulma. Repetirían aquellos besos una y mil veces. El amor había ganado el primer lugar.
N.A.:
¡Cómo están! De vuelta, con el final de esta historia. Aunque me salió más larga de lo esperado, ¡pero no importa, la inspiración lo vale!
Como han podido ver, finalmente Gohan y Videl pudieron estar juntos. Claro que es un poco extraño, el hecho de que un asalto masivo arruinara la hermosa fiesta de promoción, pero creo que eso debió darle valor a la pareja, que ya tenían ganas de declararse desde el principio (jajaja, como que Gohan intuyó que su reloj de Saiyaman sí serviría XD). ¡Y claro, cómo olvidarnos del gran baile y las locuras de la promoción de «Estrella Naranja», junto con la familia de Gohan! :3
¡Aquí terminamos con este two-shot, que espero les haya gustado bastante! Nos vemos en otros fics y muchas gracias por seguir mis historias. ¡Ustedes me motivan bastante! ¡Besos, cuídense! :D
