Disclaimer: Si Harry Potter me perteneciese, ahora estaría en una isla paradisíaca tomándome un daikiri. Y si Sirius Black me perteneciese, el daikiri llevaría dos pajitas.

DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 4: Madre no hay más que una.

Hermione se lo pasó muy bien con Tonks esa mañana. Ya que tenía un guardarropa básico con la ropa que necesitaba, se dedicó a comprarse algunas prendas innecesarias, pero que le subieron considerablemente la moral en cuanto se las probó. Un vestido de cóctel negro con escote en la espalda, una etérea túnica de gala, unos zapatos forrados en seda con un tacón vertiginoso con los que positivamente no sabía caminar, y, para terminar, un pijama calentito con estampado escocés capaz de apagar la lujuria más recalcitrante. Tonks le tomó el pelo con lo del pijama hasta que se le saltaron las lágrimas de la risa.

"¿De verdad crees que eso detendría al seductor más famoso del cuerpo de aurores?"

"Vamos, Tonks" -refunfuñó Hermione chasqueando la lengua.

Estaban sentadas en la heladería de Florean, calentándose al tibio sol invernal. Hermione ya se había acabado su helado, mientras que Tonks estaba pasando la cuchara por las paredes de la copa, apurando hasta la última gota, mientras el metal campanilleaba sobre el cristal. Hermione echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Aquello sí que era vida.

"Hermione..."

"¿Mmmmmm?"

"¿Qué tal estás?"

Hermione abrió bruscamente los ojos y miró a su compañera. Volvió a apoyar la cabeza en el respaldo y miró al frente, sin fijar la mirada en nada concreto. Ni ella sabía la respuesta.

"Estoy... estoy feliz, Tonks. Por un lado. No sabes lo maravilloso que es veros vivos a todos. En serio, no sabes lo feliz que me hace eso..." -hizo una pausa y cerró los ojos de nuevo. "Y luego está lo de que ninguno de vosotros sois los mismos que yo conocí, aunque por otro lado sí sois los mismos, pero no compartís ningún recuerdo conmigo" -suspiró brevemente. "Necesito que cada uno de vosotros me contéis lo que vivimos estos diez años juntos, y esto va a llevar tiempo. Tengo que rehacer la amistad con cada uno de vosotros. Y luego..." -dudó unos instantes- "luego está Sirius..."

Tonks la miró comprensivamente.

"¿Sabes ya lo que vas a hacer?"

Hermione negó con la cabeza.

"Supongo que tú sabes muchas cosas de nosotros" -tanteó.

Tonks sonrió.

"¿Qué quieres saber?" -preguntó.

Hermione dudó unos instantes.

"Por qué me casé con Sirius" -repuso.

Tonks dio un respingo.

"¿A ti que te parece?" -le preguntó con una mueca. "Te enamoraste de Sirius, por supuesto, y él de ti. Tenías que veros: todo el día con esa cara de alelados, sonriendo bobalicones como si hubierais encontrado el último horcrux en el cubo de basura de los Malfoy. Mantuvisteis la discreción mientras lo llevabais en secreto, pero después erais tan evidentes..."

Hermione se tapó la cara con las manos.

"No puedo creerlo..." -murmuró.

"No veo por qué no" -rebatió Tonks. "Después de que Harry se cargó a Voldemort, lo hicisteis público, lo que llevó a la desesperación a la mitad de la población femenina del mundo mágico, que vio cómo Sirius se convertía en inalcanzable".

"¿Sólo la mitad?" -preguntó Hermione con un gesto irónico.

"Bueno, la otra mitad ya lo había conseguido antes de salir contigo"

Hermione soltó un bufido.

"Fue una suerte que Sirius se pasase doce años en Azkaban, después de todo" -añadió Tonks. "Dios sabe los estragos que hubiera podido causar en doce años..."

Nuevo bufido de Hermione.

"¡Oh, vamos!" -exclamó Tonks de repente, girándose hasta estar en frente a Hermione. "No me digas que no eres consciente de su brutal atractivo".

Hermione la miró con expresión asesina.

"Vamos, reconócelo. Sirius es la fantasía universal de la mente femenina".

"Sirius no tiene nada que ver conmigo, somos completamente diferentes" -gruñó Hermione sonrojándose.

"No. El Sirius que conociste con trece años no tenía nada que ver contigo, porque él tenía treinta y dos, y era un adulto, y tú una adolescente. Pero han pasado años, y ahora sois dos adultos, con muchísimas cosas en común, muchas más de las que tú te crees" -puntualizó Tonks. "¿Por qué te parece tan sorprendente que acabases casándote con él?"

"¡Porque no responde para nada a lo que yo hubiera buscado en un esposo!" -respondió Hermione con vehemencia ante la sorpresa de Tonks. "Yo... para mí una relación ha de basarse en la amistad, el compañerismo, el apoyo mutuo..." -se interrumpió unos segundos al ver que Tonks la miraba con ironía, enarcando una ceja. "No, no, no, noooooo... no me malinterpretes... y la pasión, y el deseo y todo eso, que es imprescindible pero no es lo principal, y a duras penas puedo imaginarme compartiendo todo lo otro con Sirius" -añadió.

Tonks permaneció un rato callada, sopesando las palabras de su amiga.

"No creas que no sé lo que te pasa" -repuso la metamorfomaga son una sonrisa comprensiva.

"¿Y qué me pasa?" -le preguntó Hermione picada.

"Pues que tú siempre has despreciado la superficialidad; siempre has sido profunda y trascendente en todo, incluso con quince años. No te importa la ropa, la imagen, resultar atractiva o no, y los hombres te atraen por lo que tienen en el cerebro, o por la amistad que compartes con ellos" -explicó Tonks mientras Hermione se sonrojaba más al ver que su amiga la estaba diseccionando con certera intuición. "Y ahora te encuentras casada con un hombre al que no ves desde que eras adolescente, y que en aquel momento estaba a años luz de ti, adulto, lejano e inalcanzable, y crees que es imposible que compartieseis algo sólido. Y lo ves, tan atractivo, masculino e imponente, que crees que te has casado con él sólo por eso, y te estás dejando llevar por el pánico. ¿Me equivoco?" -le preguntó con tono irónico.

Hermione apoyó la cabeza en la palma de la mano y se mantuvo pensativa unos instantes. Era evidente que Tonks la conocía bien.

"Además, siento algo por otra persona" -completó Hermione. "Pero sí, es posible que ahí radique parte del problema".

Tonks suspiró profundamente.

"Si estabas unida emocionalmente a alguien en ese tiempo alternativo del que vienes, es normal que estés hecha un lío, y tienes derecho a intentar retomar aquella historia donde la dejaste" -la apoyó Tonks comprensiva. "Pero me gustaría que no subestimases la relación que te une a Sirius, porque te puedo asegurar que los motivos que tuviste para enamorarte de él no incluyen ese físico suyo de infarto..."

Hermione soltó un gruñido de "no me creo nada", pero Tonks hizo un gesto de impaciencia con la mano.

"No debes pensar que para Sirius sigues siendo aquella adolescente meticulosa y perfeccionista. Él se quedó muy impresionado contigo cuando viajaste al pasado, hace diez años para nosotros" -le explicó bajando un poco el tono de voz. "Yo siempre he pensado que fue entonces cuando él..."

Hermione rechazó la teoría con un gesto.

"Tonks, estuvimos juntos sólo una hora escasa" -argumentó.

"Lo suficiente para que se diese cuenta de en qué mujer te habías convertido" -insistió la metamorfomaga sonriente. "Y te aseguro que esa mujer le impresionó profundamente"

Hermione inhaló aire despacio y cerró los ojos para reclinarse de nuevo contra la silla.

"Y luego, cuando entraste en la academia de aurores, Sirius y tú compartisteis un montón de misiones juntos, en grupo o en solitario. Pasabais mucho tiempo a solas, y te aseguro que os hicisteis muy amigos" -siguió Tonks. Miró compasivamente a su amiga y le puso la mano en el antebrazo. "Llevas diez años de retraso, Hermione. ¿Cuántos años te llevó convertirte en amiga incondicional de Harry y Ron?"

Hermione pegó un brinco al oír el nombre de Harry.

"Era diferente... éramos unos críos, pasábamos todo el día juntos, en Hogwarts... compartimos muchas aventuras, corrimos muchos riesgos..." -recordó.

Tonks afirmó con la cabeza.

"También compartiste muchos momentos importantes con Sirius" -matizó. "Hermione, no estoy intentando convencerte de nada, eres tú la que tienes que decidir lo que quieres hacer. Pero por amor de Dios, no malinterpretes tu relación con Sirius. Eso no sería justo ni para ti ni para él" -finalizó, recostándose también en su silla y dejando que los rojizos rayos de sol de la tarde le iluminasen los cortos mechones rubios.

Hermione sonrió y la examinó con detenimiento. Tonks debía de tener unos treinta y dos años, aproximadamente, aunque su aspecto era prácticamente el mismo que tenía cuando la habían conocido como miembro de la Orden, en el verano de cuarto a quinto. Parecía conocerla bien, y aunque no compartían los recuerdos de los últimos diez años, era evidente que la "otra" Hermione había logrado tanta intimidad con "esta" Tonks como ella había tenido con la metamorfomaga en su propio pasado.

Hermione se había pasado la mayor parte de su vida teniendo como mejores amigos a dos chicos, y aunque había hecho buenas migas con Ginny, la pelirroja era muy diferente a ella. Hermione y Tonks eran más parecidas en muchos aspectos, y desde que había entrado en la academia de aurores, se había convertido en una amiga íntima con rapidez. Hasta entonces nunca había añorado tener una "mejor amiga", pero desde que Tonks ocupó ese lugar, Hermione disfrutó de la posibilidad de tener a alguien a quien contarle cosas que nunca le habría contado a Harry ni a Ron. El ver su cadáver, frío y rígido, tendido en el suelo del Gran Comedor, había sido la última herida desgarradora que había sufrido, acostumbrada como estaba ya a las pérdidas. Por eso, verla así, viva y feliz, le hizo recordar aquel momento y llenó sus párpados de incómodas lágrimas.

"Eh, Hermione, ¿qué te pasa?" -le preguntó Tonks asustada al darse cuenta de que estaba empezando a llorar. "¿He dicho algo que te ha...?"

Hermione negó con la cabeza.

"En mis recuerdos has muerto hace una semana, ¿sabes?" -precisó con una sonrisa a través de los gruesos lagrimones que empezaban a rodar por sus mejillas.

Tonks sonrió abiertamente.

"¿Por eso lloras? ¿Porque has abierto los ojos y sigo viva y dándote la brasa?"

"Idiota..."

Tonks la abrazó con calidez y le desordenó el pelo.

"No seas tontorrona. ¡Estamos vivos! ¡Todos! Tu viajecito al pasado ha sido un éxito total, y, como remuneración especial, te ha tocado el premio gordo en la figura del mayor sex-symbol de la Historia de la Magia. ¿De qué te quejas?" -bromeó. "Podría haber sido mucho peor... imagina que te hubieras encontrado casada con... Snape..." -insinuó entrecerrando los ojos.

Hermione le lanzó una mirada fulminante.

"O tú con Percy Weasley"

Tonks soltó un respingo y se llevó la mano al corazón.

"Touché, Hermione, touché..."

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Hermione rehusó la invitación de Tonks a comer con ella y Remus. Le debía una visita a sus padres, y ya les había avisado por la mañana con una lechuza de que iría a verlos.

Tomó un taxi desde el Caldero Chorreante y llegó a la acogedora casita que sus padres tenían en Chelsea. Cuando llamó a la puerta, una mujer de cabello cano que debía rondar los sesenta años le abrió la puerta.

"¡Clarissa!" -exclamó Hermione dándole un abrazo. Clarissa era la mujer que había limpiado la casa de sus padres, hecho el almuerzo, abierto la puerta, contestado al teléfono y supervisado hasta el mínimo detalle desde que Hermione podía recordar. Dado que Albert y Jane Granger se pasaban casi todo el día en su clínica de odontología, Clarisa era la auténtica alma del hogar de los Granger.

"¡Oh! Hola, Hermione... ¿cómo es que estás tan efusiva hoy?" -le preguntó la criada.

La muchacha se encogió de hombros. En realidad, en su propio pasado, la pobre Clarissa había muerto hacía tres años, en el mismo ataque que sus padres. Pero Hermione decidió no pensar en esas cosas más de lo imprescindible.

"¡Hermione!"

La inconfundible voz de su madre llegó al vestíbulo desde lo alto de las escaleras, acompañada por la visión del cuerpo de una mujer de unos cincuenta años que se conservaba impecable para su edad. Tenía el cabello castaño cortado a la altura de la nuca, con mechas más claras alrededor de las sienes, y vestía un conjunto de pantalón en tono camel y camisa masculina blanca que gritaban a distancia que habían sido comprados en una de las más selectas boutiques de Londres. Hermione sonrió. Su madre siempre había sido tan elegante... Pronto se sintió engullida por un maternal abrazo, disfrutando que su madre la achuchase a gusto.

"Hermione, cariño... hemos recibido tu carta... estábamos tan preocupados..."

Hermione notó cómo las lágrimas la traicionaban de nuevo, pero esta vez no le preocupó mostrarlas. A pesar de que sus padres eran muggles y de que se sentían en cierto modo un tanto excluidos de su mundo de magia, hechizos y maldiciones, ellos eran las dos únicas personas con las que siempre había dejado que sus emociones aflorasen libremente. Abrazó a su madre con cariño, sintiendo cómo su afecto la reconfortaba.

"Hermione..."

La chica levantó la vista y, detrás de su madre, vio a un hombre muy alto, de cabello claro y encrespado como el estropajo, con el rostro lleno de pecas. Se separó de su madre, que estaba empezando a dejarse llevar por la emoción, y miró de frente a su padre.

"Papá..."

El señor Granger miró fijamente a su hija por unos instantes y se sintió invadido por una oleada de orgullo. Su hija. Su niña. La había cuidado y protegido desde que era un bebé llorón que sólo sabía dormir y comer. Y ahí estaba, una mujer que había vivido experiencias que ellos no podían imaginarse ni en sus más terroríficas pesadillas. Y, pese a todo, allí seguía.

Sin decir nada, se acercó lentamente a Hermione y la envolvió en el abrazo más intenso que le había dado nunca.

"Imagino que estarás hecha un lío y que no querrás que te acribillemos con preguntas, ¿verdad?" -le preguntó en voz baja. "Bueno, aquí estamos, Hermione... esperando a que nos necesites. Siempre estamos aquí".

Hermione sabía que su padre decía la verdad. Siempre, pese a que, de forma consciente o no, ella había optado por aislarlos un poco de su vida, contándoles sólo lo imprescindible de Voldemort, la guerra y los mortífagos, sus padres habían estado detrás de ella, apoyándola a cualquier precio. Y se dio cuenta de lo muchísimo que los había echado de menos.

"Lo sé, papá..." -murmuró en respuesta. "Aunque no lo parezca, de verdad que lo sé..."

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Un buen rato y varios litros de lágrimas más tarde, Hermione charlaba animadamente con sus padres mientras los tres daban buena cuenta de un asado de ternera con patatitas y salsa de cebollas hecho para la ocasión por Clarissa. Los señores Granger observaban aprobadoramente el tremendo apetito con el que su única hija estaba dejando reluciente el plato del asado, comiéndose hasta la última migaja que quedaba en el mismo.

"Bueno, hija... y ya que tú vienes de otro tiempo diferente, en el que Sirius falleció, desafortunadamente, claro, cuando tenías quince años... te darán la anulación sin problemas, ¿verdad?"

"¡Albert!"

"Pero querida, es que al fin y al cabo, no se conocen de nada... no tendría sentido que Hermione perdiese el tiempo tratando de conocerlo para decidir si le gusta o no... porque va a ser que no, ¿verdad, hija?"

"Verás" -la madre de Hermione entrecerró los ojos y miró amenazante a su marido-; "no voy a repetírtelo más veces. No quiero oír nada más sobre el matrimonio de Hermione".

"En realidad yo tampoco" -repuso su padre con cara inocente. "Pero sobre el divorcio sí me gustaría..."

"Albert..." -interrumpió la señora Granger empezando a perder la paciencia.

"No es que yo tenga nada en contra de Sirius" -se apresuró a aclarar el señor Granger mirando comprensivo a Hermione. "Aunque con ese nombre..." -se interrumpió rápidamente al interceptar la mirada asesina de su esposa-, "pero bueno, al fin y al cabo no se lo puso él, tenemos que ser tolerantes. El que se haya pasado doce años encerrado en una prisión de máxima seguridad tampoco tiene por qué..."

"¡Albert!" -amenazó Jane Granger. "No quiero oírte un insulto más pegado al nombre de Sirius".

"Pero Jane... nosotros queríamos lo mejor para nuestra hija... ¡es un mago! ¡Seguro que le ha puesto alguna poción mágica en la comida o algo así para convencerla de que se casase con él!"

"Papá, creo que los de la poción mágica son Astérix y Obélix" -metió baza Hermione partiéndose de risa.

"¡Bueno, o te ha hipnotizado! Eso no lo hacen Astérix y Obélix, ¿eh? Seguro que te ha puesto un péndulo delante de los ojos y te ha hecho creer que era una hermanita de la caridad..."

"No, eso es más propio de una película de Woody Allen" -terció su mujer reprimiendo una sonrisa.

"Pero hay una maldición de esas vuestras que te deja como hipnotizado, ¿verdad, cariño?" -volvió a la carga el señor Granger. "Algo así como la maldición republicus..." -intentó recordar el padre de Hermione.

"La maldición imperius" -corrigió Hermione sin poder parar de reír.

"Sí, ya sabía yo que era algo así" -siguió Albert Granger. "Al fin y al cabo fue procesado por lanzar la maldición esa a un montón de gente que estaba cerca de una boca de metro... cómo se llamaba, la rigor mortis, o algo así..."

"Avada kedavra" -rectificó Hermione a punto de un ataque. "Papá, Sirius fue declarado inocente cuando se descubrió que había sido su amigo Peter el que había matado a todos aquellos mu... no magos" -la chica prefería no utilizar el término muggle delante de sus padres, porque le encontraba una cierta connotación peyorativa.

"Vale, no fue él, pero sí un amigo suyo, es lo mismo" -concluyó el padre de Hermione. "Hija, no hay nada que te una a ese... ex-presidiario. Vale que te habías casado con él, pero ahora que tú vienes de otra línea espacio-temporal y que no lo veías desde los quince años, es tu oportunidad para librarte de ese vejestorio..."

Hermione suspiró profundamente. Se sirvió un poco del té que había traído Clarisa y fijó la mirada en la taza, mientras la removía con parsimonia.

"Papá" -dijo mirando a su interlocutor con mirada de resignación-; "Sirius ya me advirtió de que tú no le tenías mucho aprecio".

"Claro, intentando meter cizaña entre tú y yo... si ya lo decía..."

"Papá..." -le interrumpió Hermione, mirándolo con una expresión suplicante que lo dejó desarmado. "Como ya os expliqué, en el tiempo del que vengo, Sirius murió hace diez años... y vosotros hace tres..." -esto último lo dijo en voz baja y con un nudo en la garganta. "Y también la mayoría de mis amigos murieron. Aún no he podido disfrutar de verdad de todo esto porque todavía no he podido asimilarlo completamente. Por favor, déjame ser simplemente feliz durante una temporada, sin tener que pensar en nada más, ¿de acuerdo?"

Su padre pareció sentir un súbito interés por la taza de té que tenía delante. Miró a su esposa de refilón, quien asintió imperceptiblemente, y suspiró.

"De acuerdo, tú ganas" -admitió. "Prometo no meterme más en vuestros asuntos..."

Hermione le dio un abrazo con todas las ganas.

"...de momento..." -finalizó su padre, llevándose una colleja de la señora Granger.

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Por la tarde, Hermione salió con su madre a un café en el centro comercial de Londres que, según la señora Granger, frecuentaban de vez en cuando, cuando iban juntas de compras.

"¿Tú y yo íbamos de compras?" -le preguntó Hermione asombrada. La señora Granger siempre había intentado que Hermione le prestase algo más de atención a su imagen, pero viendo que su hija pasaba ampliamente de ropa y estética, había acabado por tirar la toalla.

"Sí, aunque no con mucha frecuencia" -le respondió su madre. "Lo último que compramos juntas fue uno de esos maravillosos camisones que te encantan" -añadió con la intención de llevar la conversación al "tema Sirius".

Hermione enrojeció hasta las rodillas.

"¿Fu... fui contigo a comprar un camisón?" -tartamudeó.

Su madre se inclinó hacia ella, acortando la distancia que las separaba la mesa.

"Con bata a juego" -agregó, como si le estuviese confesando que el crimen tenía un agravante. "Y ahora dejemos a un lado todo lo que no importa y centrémonos en lo que sí: viajas al pasado a punto de perder una guerra y cuando regresas, no sólo la habéis ganado sino que estás casada... y con un hombre guapísimo, además. Hija, que te conozco muy bien. Debes de estar de los nervios" -finalizó.

Hermione se relajó de verdad por primera vez desde el día anterior.

"Mamá, estoy a punto de que me dé un ataque" -admitió. "Es que no entiendo cómo pude enamorarme de Sirius"

Su madre enarcó una ceja, incrédula.

"Lo que yo no entiendo es cómo podrías haberte resistido"

"¡Mamá!"

La señora Granger hizo un gesto con la mano, acallando a su hija.

"En cuanto conocí a Sirius me di cuenta de varias cosas: la primera, que pese a que hubo una época en que te dí por imposible y pensé que acabarías casándote con algún mago subversivo que liderase cualquier causa imposible, como esa tuya de liberación de los enanos hogareños..."

"Elfos domésticos" -puntualizó Hermione con cara de mosqueo.

"Sí, eso" -afirmó su madre. "Bueno, pues para mi deleite, apareciste con un hombre... bueno, no puedo ni describirlo. Guapísimo, elegante, obviamente enamoradísimo de ti, pendiente de ti en todo momento, un hombre que te protegería de esos magos chiflados contra los que luchas, y que te protegería con su vida sin dudarlo... en fin, no sigo que me voy a poner a llorar de la alegría otra vez"

"¿Cómo que otra vez?" -le preguntó Hermione incrédula.

"Ay, Hermione, conocer a Sirius significó saber que mi hija estaba en buenas manos..." -explicó la señora Granger con un suspiro intenso. "Fue como si aparecieses con George Clooney, pero mucho más atractivo, y desde luego mucho más fiel, sin ninguna duda... el problema fue tu padre, que se murió de celos sólo con conocerlo".

"Vamos, mamá..." -le reprochó Hermione. "Papá sólo está preocupado por la diferencia de edad..."

"Sí, y porque al lado de Sirius se encuentra en inferioridad de condiciones" -replicó su madre. "Vamos, Hermione... conozco a tu padre, y sé lo que le pasa por la cabeza. Para él eres su niña, y se nunca le hubiera gustado nadie a quien hubieses elegido para casarte, pero aún encima cuando apareciste con Sirius... atractivo, con una enorme fortuna, amigo de los padres de tu mejor amigo... el típico hombre que despierta envidias entre sus congéneres masculinos. Además, tú estabas tan obviamente loca por él, que tu padre odió a Sirius nada más verlo. Tenías que verte..." -la señora Granger sonrió afectuosamente a su hija-; "estabas embobada mirándolo. Yo que pensaba que eras un genio para los estudios pero que tu vida personal iba a ser un desastre, y me das la sorpresa de mi vida escogiendo al mejor hombre que seguro que se cruzó en la tuya".

Hermione le dio un trago al zumo que se estaba tomando, incapaz de digerir todas las palabras de su madre. O sea, que realmente había estado enamorada de Sirius. O al menos eso parecía. Y, aunque su madre y ella eran muy diferentes, no cabía duda de que la conocía bien.

Al ver que se quedaba callada, la madre de Hermione sonrió y le dio un ligero pellizco en la mejilla.

"Ya sé lo que estás pensando, Hermione. No olvides que soy tu madre, aunque a veces pareces olvidarlo" -le reprochó con cariño.

"¿Qué quieres decir?" -le preguntó Hermione sorprendida por el súbito reproche.

La señora Granger le dio un sorbo a su té.

"Desde que te fuiste a Hogwarts, te alejaste un poco de nosotros" -explicó. "No pienses que te lo echo en cara, ni nada de eso, pero yo creo que siempre pensaste que nosotros, por ser muffles..."

"Muggles" -acertó a corregir Hermione.

"Sí, eso..." -aceptó la señora Granger con un gesto. "Pensaste que nosotros seríamos incapaces de entender ciertas cosas, o que nos asustaríamos terriblemente si sabíamos que luchabas contra esos necrófagos..."

"Mortífagos" -volvió a interrumpir Hermione en voz cada vez menos audible.

"Ah, sí, perdona, tu padre y yo siempre nos liamos con los términos" -aclaró la odontóloga. "El caso es que nos dejaste un poco de lado, aunque con la buena intención de protegernos, de que no nos preocupásemos por ti. Pero, Hermione, somos tus padres, y tú eres lo más importante para nosotros, así que es inevitable estar preocupados. Por mucho que nos ocultases, siempre hemos sabido leer entre líneas, al recibir tus cartas, o ver más allá de esa expresión impasible que pones a veces. Y te aseguro que sé perfectamente lo que te preocupa de tu boda con Sirius".

"¿Y es...?" -la animó Hermione, con curiosidad.

"Sirius es el clásico hombre a cuyos brazos se lanzaría sin dudarlo la mayoría de las mujeres" -sentenció su madre.

"¿Y...?" -volvió a preguntarle Hermione.

La señora Granger sonrió pronunciadamente.

"Cariño, tú no eres como la mayoría de las mujeres. Sólo de pensar en que puedes parecerte a esa compañera tuya... Cordelia se llamaba, ¿verdad?"

"No tengo ni idea" -dijo Hermione intrigada.

"Bueno, o como esas compañeras tuyas de Hogwarts, Lavender y Par... Par..."

"Parvati"

"¡Esa! Bien, probablemente estás aterrorizada de haberte enamorado del típico hombre del que se enamoraría absolutamente cualquier mujer. Demasiado perfecto. En realidad, nunca me pareció que tuvieseis muchas cosas en común, aunque sin duda las teníais, porque siempre he notado una complicidad muy especial entre vosotros. Y además estoy segura de que también te preguntas qué demonios vio él en ti"

"¡Mamá!" -protestó Hermione indignada.

"Eh, espera, que yo soy perfectamente consciente de lo que vio Sirius en ti. Sólo digo que tú arrastras una cierta inseguridad desde tu infancia, y que no confías en tu atractivo. La única ropa impresionante que te he visto es la que te pones... para dormir" -finalizó con una sonrisa pícara.

"Yo no soy insegura" -rebatió Hermione enfadada y roja como un tomate por la insinuación de su madre.

"Oh, sí que lo eres, pequeñaja..." -la contradijo la señora Granger. "No en cuanto a capacidad, inteligencia y valor, pero sí en cuanto a atractivo personal. Yo veo perfectamente a la mujer bella y cautivadora, pero tú no. Y te aseguro que Sirius ve lo mismo que yo. No sé lo que te ha dicho él, pero... Hermione... para Sirius no existe ni ha existido nunca ninguna otra mujer que no seas tú"

Hermione sintió un agarrotamiento súbito en el estómago. Sirius era extraordinariamente amable con ella, pero un tanto frío. No daba la sensación, desde luego, de estar especialmente enamorado, e incluso le pareció que aprobaba sus insinuaciones de separarse. Pero lo que le decía su madre... apoyó los codos a ambos lados de su taza y la cabeza en las palmas de las manos.

"Gracias, mamá..." -suspiró. "Me estás siendo de gran ayuda..."

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Hermione regresó a casa a través de la red flu, utilizando la chimenea del Caldero Chorreante, tal y como le había indicado Sirius. Todavía no estaba familiarizada con la casa, y era más prudente esperar unos cuantos días para poder aparecerse sin problemas. Aterrizó en el confortable salón de forma poco decorosa, y cuando se estaba sacudiendo la ceniza de los tejanos, apareció el animago, alertado por el ruido.

"¡Oh, vaya, ¿qué tal ha ido el día?" le preguntó alargándole una mano y ayudándola a levantarse.

"Denso" -se limitó a responder Hermione con un suspiro. "Pero la verdad es que me lo he pasado muy bien"

"Y has hecho unas cuantas compras, por lo que veo" -comentó Sirius con una sonrisa al ver las bolsas que habían caído con ella por la chimenea. "¿Cómo está tu madre?"

Hermione entrecerró los ojos, sopesando la pregunta.

"Tenías razón, te aprecia mucho. Mi padre no tanto"

Sirius se echó a reír.

"Ya te lo dije. Bueno, ¿y a quién vas a ver ahora?" -le preguntó de golpe.

Hermione lo miró dubitativa.

"¿Ahora? Pues no tenía pensado nada, pensaba cenar aquí" -explicó, pensando que a lo mejor Sirius había quedado para cenar con alguien y había dado por supuesto que ella había hecho lo mismo. Se sorprendió al sentirse un poco sola, de repente.

"Perfecto" -le respondió él con una sonrisa. "Pues si no tienes planes, te invito a cenar fuera" -propuso, sin que cupiese ninguna duda de que ella aceptaría.

"¿Eh? ¿Cenar fuera los dos solos?" -inquirió ella sorprendida.

Sirius la miró con guasa.

"Eh... sí, ese era el plan. ¿Te aburre la idea? ¿O tienes miedo de que te acose?" -bromeó. Por su tono era evidente que le divertían las preguntas absurdas y los apuros de Hermione.

Ella enrojeció hasta la médula.

"Nnnn... no... claro que no" -se apresuró a decir. Al fin y al cabo, deseaba con todas sus fuerzas conocer más a fondo a ese enigmático Sirius, pero al mismo tiempo cuando pensaba en pasar tiempo a solas con él sentía aquella rara opresión en la boca del estómago. La misma que sentía cuando pensaba en volver a ver a Harry.

"Bien, pues saldremos dentro de una hora. Es un restaurante al que solíamos ir con frecuencia, a ti te encantaba. Lo que no quiere decir que ahora no lo odies, claro. Descansa un rato y yo te despierto cinco minutos antes, ¿de acuerdo?"

Hermione asintió sin decir nada. Una cena a solas con Sirius. Por favor, que alguien parase aquella polilla loca que le daba vueltas y vueltas en el estómago.

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Hooooooooooooooooooooooooooolaaaaaaaaaaasssssssss! ¿Qué tal va eso? Yo estoy fatal de tiempo y no debería haber actualizado tan pronto, pero este fic me tiene el cerebro trastornado. Y si no escribo, me da algo.

Bueno, para quienes se sorprendan al conocer a la señora Jane Granger, que sepan que aunque no tenemos muchos datos de los padres de Hermione, el hecho de que sean dentistas los dos, que le hayan puesto semejante nombre a su hija y que les gusten actividades un tanto pijas, como ir de esquiar o salir de viaje al extranjero, hace que me los imagine así, un tanto pijillos y adinerados. La verdad es que me dan un poco de pena, los pobres, con una hija única que se les larga al mundo mágico y que cada vez pasa menos tiempo con ellos (¿os habéis fijado que, en los libros, Hermione cada vez pasa menos vacaciones con sus padres?).

Y otra cosa, que yo me lío mucho: espero que quede claro que Hermione tiene una gran empanada mental con lo de su matrimonio con Sirius. Su cabeza, y por tanto su corazón (siempre he pensado que Hermione lo rige todo con la cabeza) están invadidos por todo tipo de emociones y sentimientos, desde la inseguridad al miedo, pasando por una atracción que me imagino que será inevitable ante un Sirius como el que le ha tocado en suerte a la chica. Y de momento, no parece que esa empanada se vaya a aclarar.

Pensaba poner más cosas en este capítulo, pero me ha salido muy largo. En el próximo, la cena con Sirius y, seguramente, el reencuentro con Harry.

Una cosilla: quienes esperen la actualización de "Nada como un buen ataque de amnesia", que sepan que tengo un bloqueo monumental. Vamos, que mi muso está de huelga. Lo intento, de verdad, pero de momento me está costando mucho decidir por dónde van a ir los tiros de nuevos episodios.

Y ahora sí, los reviews:

FinnFisshu88

Harry con Ginny? Mmmmmm... Verás, es que hay dos parejas que no me gustan: Harry/Ginny y Ron/Hermione. Me da igual lo que vaya a escribir Rowling. Harry/Ginny porque creo que es imposible que alguien como Harry se enamore de alguien como Ginny (y además Ginny me saca de mis casillas a veces), y Ron y Hermione porque no creo en las relacione de pareja que se gestan a partir de estar de bronca todo el día. Pero respeto las opiniones ajenas, por supuesto. Lo que ocurre es que dudo que algun fic mío se den esas parejas.

En cuanto a Sirius, pues la verdad es que me ha dado un punto raro, porque habitualmente me imagino a Hermione con Harry, pero esta vez... misterios de la ciencia. Además, me lo imagino tal y como lo describo (comestible). Y en cuanto al pensadero... tendrá mucha utilidad, pero no aún.

¡Besitos!

Nury

Mmmmm... primero, gracias mil por tus piropos a montones. Me vas a hacer sonrojar. Y segundo, Hermione no pedirá el divorcio de momento porque ella misma se lo pidió (a si misma) en la famosa carta. Además, Hermione es muy curiosa y quiere esperar a saber por qué demonios se casó con Sirius (entre nosotras: ¿no es obvio?). Coincido contigo en lo de Ron/Hermione, y Harry... reconozco que es mi debilidad, aunque no soy ciega y veo ese complejo de héroe que tiene. Aunque no lo creas, la actitud decidida de este Harry tiene mucho que ver con Hermione.

Y sí, Sirius está para comérselo. Esta Hermione... tan lista que es para los hechizos y... no, si ya lo dice su madre. Ahora, no puedo prometerte que Harry no se ligue a Hermione... qué le vamos a hacer.

Un beso de kilo.

HoneyBeeM

Bien, para saber si este Harry siente algo por Hermione, tendrás que esperar al próximo capítulo, diría yo. Pero no te preocupes, que espero actualizar pronto.

Bueno, yo no dije ni diré nunca que este fic sea uno de los mejores Sirius/Hermione (por Dios, una es inmodesta, pero no tanto), aunque sí es verdad que he leído pocos que me gustasen. Pero los hay, y muy buenos. Y he leído algún Hermione/Remus fantástico.

En cuanto a Sirius, dentro de poco sabremos más sobre sus sentimientos, que están guardados a buen recaudo en un... pensadero...

Un beso enorme.

Lorena:

¿Sirius orgulloso? Naaah... Pero ponte en su lugar: Hermione no parece muy contenta de estar casada con él, así que actuar de esa forma, como si nada le importase, creo que es la mejor en este caso. Bueno, a mí me ganaría por completo con esa actitud.

Los recuerdos de Hermione se verán, no te preocupes, y Draco Malfoy aparecerá pero en su papel habitual en los libros de Rowling: malo malísimo y rastrero rastrerísimo. Ah, y a mí Ron tampoco me entusiasma demasiado. Cuando era pequeñito sí, pero en los últimos libros...

Un beso graaaaaaaaande, graaaaaaaaaaaande...

amsp14

¿Verdad que este Sirius es un encanto? Pues espera y verás. Harry ha cambiado mucho, pero obligado por las circunstancias (la guerra, vamos). Ya ves que Tonks también ha sido de gran ayuda... y más que será.

Besos a montones.

LaDYaRGoS:

Gracias por tus piropos, siempre se agradecen. Actualizar con rapidez es difícil, porque el tiempo es limitado. En verano siempre se va mejor de tiempo.

Y Sirius/Hermione nunca fue mi pareja favorita, pero creo que se me ha trastocado la neurona, y en este fic me encantan.

Un beso de tamaño Grawp.

Elena:

Gracias, guapísima, te agradezco los comentarios. Aquí tienes una actualización lo más rápido que he podido.

Un huracán de besos.

Ginger:

Ja, ja, ja, quieres sonsacarme, ¿eh? Bueno, entenderás que no puedo contarte nada. Pero no te preocupes, que se sabrá.

Un beso... y otro más.

Ginny84:
Harry... ya verás lo que pasa con Harry. En cuanto a Ron... no sé, yo le estoy cogiendo un poco de manía, me tiene harta que discuta tanto con Hermione. Es que Hermione es mi debilidad.

Un beso muuuuuuuuuy grande.

Harry R G:

Harry con Ginny? Pues va a ser que no... Siga leyendo! Ja, ja, ja...

Un beso gigante.

Nebriniel:

Gracias, guapa. A Sirius le caerías muy bien: estaría completamente de acuerdo contigo.

Un besito del merodeador que prefieras.

Carla Gray:

Primero: no me lo puedo creer: un review de mi ídolo! Yupiiiii! De verdad que tus fics le alegran la vida a una. Y además me piropeas el mío... Algo he hecho bien en otra vida.

Sí, Sirius le llama "la otra Hermione", qué mono. Es que Sirius es un encanto, para qué negarlo. A mí siempre me entusiasmó el personaje. Y yo también me lo imagino todo un adicto a la buena vida: la buena ropa, los buenos restaurantes, los hoteles de lujo, la lencería sofisticada... un bon vivant, que dicen los franceses. Súmale un físico de infarto... bueno, no sigo que me mareo.

Mmmmm... me había olvidado de la bañera... puedo utilizarla más adelante, jejeje.

Una tonelada y media de besos.

Lluna de mitjanit:

Vale, ahora lo entiendo. Pero me temo que tendrás que esperar para saber algo del pasado de "este" Harry.

Un besito... o mejor dos.

Cassandra Black

Un millón de gracias por tu review, que me ha dejado el ego más inflado que mi canario cuando duerme. Sirius... no podemos hacer que se porte mal, porque aunque se porte mal, Sirius siempre se porta bien. Se me comprende, ¿no?

Un beso muy, muy, muy, muy grande.

noin ange

Gracias, me alegro de que te gustase. A ver qué te parece este capítulo.

Un beso de unicornio loco (no me preguntes cómo besan: me lo acabo de inventar ahora mismo).

Orkin :

A mí también me gustó el Sirius del desayuno. Vamos, yo me encuentro casada con un tío así y me tienen que sujetar para no comérmelo a besos. Y Hermione... bueno, ya verás lo que hace.

Un beso... mágico, hala.

Emily Grenyer

Sí, la verdad es que este Sirius está comestible. Espero que te siga gustando el fic.

Bueno, y nada más por ahora. No os quejéis, que hasta ahora no he tardado mucho en actualizar, ¿eh?

En fin... un beso de Sirius para cada una de los que habéis dejado reviews. (Y si sois chicos, pues un beso... de Hermione, por supuesto)

Lara