Disclaimer: Todos los personajes que podáis reconocer pertenecen a JK Rowling. Alguno que hay por ahí que no reconoceréis, no me pertenece a mí, sino a él (ella) mismo.

NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP

NOTAS DE LA AUTORA: AL FINAL DEL CAPÍTULO

DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 13: Amar sin padecer, no puede ser.

Sirius apenas había dormido en toda la noche; después de que Hermione hubiese caído en un sueño profundo, agotada, se había quedado mirándola un buen rato, sin poder llegar a creerse del todo que por fin la tenía en sus brazos. Lo único que le preocupaba era saber si ella realmente se había enamorado de él o si su reacción correspondía simplemente a un ataque de deseo.

Hermione era la misma mujer con la que se había casado, aunque casi imperceptiblemente cambiada. Venía de un pasado duro, en el que había tenido que vivir el momento, día a día, siempre con la amenaza constante de morir en cualquier duelo con los mortífagos. Y aunque aquello no la había transformado en una mujer fría, sí era más decidida y pragmática que antes. Algunas cosas lo sorprendían, como la evidente familiaridad con la que había tratado a Augustus Pomeroy (y que, para ser francos, también había sorprendido enormemente al propio Augustus), lo cual sólo podía significar una cosa: que esta Hermione era un pelín más decidida que la otra.

La noche anterior, Hermione se había comportado como una mujer indudablemente enamorada. Pero el hecho de que, cuando había vuelto de su viaje en traslador, hubiese reconocido seguir amando a Harry, le hacía albergar ciertas dudas. Hermione estaba lejos de ser una persona de afectos volubles, y aunque Sirius había utilizado toda su artillería pesada en armas de seducción, envuelta, eso sí, en una sutileza exquisita, la temprana rendición de Hermione daba mucho que pensar.

Así que la pregunta que le rondaba en la cabeza a Sirius era¿traducía el comportamiento desinhibido de Hermione un enamoramiento profundo o no? Y, sobre todo¿seguía sintiendo algo por Harry? Le extrañaba tanto como le entusiasmaba el hecho de que se hubiese decidido, aparentemente, por él. Y aunque se encontraba profundamente feliz después de aquella noche fantástica, también estaba un poco inquieto.

Cuando la lechuza que había enviado Remus le había entregado su nota, sintió deseos de darse de cabezazos contra la pared. El licántropo le anunciaba que no había cambios en Tonks y que no hacía falta que fuese por el hospital, pero Sirius había leído entre líneas que su amigo estaba destrozado y, aunque lo que menos deseaba en el mundo era levantarse de aquella cama, dejó el cuerpo cálido de Hermione apaciblemente dormido, se dio una ducha rápida y se apareció en San Mungo.

"¿Qué tal estás?" -le preguntó a Remus, sentándose a su lado en la sala de espera de la unidad de cuidados mágicos intensivos.

"¿Qué haces aquí?" -respondió Remus con irritación. "Te mandé la lechuza para avisarte de que no hacía falta que vinieseis"

"Yo también me alegro de verte, querido amigo" -repuso Sirius con ironía. "Hoy es luna llena. Deberías irte un rato a descansar a casa. Yo te relevo"

"No" -replicó el licántropo apretando la mandíbula. A unas horas de la luna llena, estaba que se subía por las paredes.

"Pues yo tampoco me voy, Moony" -aseguró el animago recostándose en la incómoda silla.

Lupin gruñó un poco pero mantuvo silencio durante un rato.

"Te noto muy contento" -dijo al fin Remus mirándolo fijamente. "¿Qué tal está Hermione?"

"Bien" -se limitó a contestar Sirius con una media sonrisa que no pasó desapercibida.

"Oh... ¿tan bien?" -interrogó el licántropo, que a pesar de su agotamiento y su frustración, no puedo evitar sentirse feliz por su amigo.

El animago lo miró con una ceja enarcada.

"Vamos, Sirius, a mí no me engañas" - explicó Remus sintiendo cómo parte de su mal humor se desvanecía. "Conozco esa expresión tuya... la he visto muchas veces"

"¿Qué expresión?"

"Esa" -puntualizó el licántropo divertido. "Especialmente cuando se acompaña de ojeras pronunciadas"

"No sé de qué estás hablando" -suspiró Sirius con sonrisa boba, recordando los momentos vividos con Hermione esa noche.

"No, claro que no. Tenías el mismo aspecto al día siguiente de liberar a Ginny"

"O sea, cara de día-después-de-machacar-mortífagos" -sugirió Sirius.

"No, cara de día-después-de-llevarte-el-gato-al-agua" -rectificó Remus con una sonrisa maliciosa. "Imagino que Hermione no tardará en pasar por aquí. Podemos ver si tiene la misma cara que tú e interrogarla un poco"

"No harás tal cosa"

"No si me dices dónde has dormido esta noche"

Los dos amigos se miraron unos momentos, y Sirius terminó tirando la toalla.

"Con ella" -se limitó a confirmar.

Remus sonrió abiertamente y se recostó en la silla.

"Chica lista" -afirmó. "No hubiera esperado menos de mi alumna más brillante. Aunque confieso que después de eso te imaginaría algo más... exultante..."

El animago se quedó callado.

"Vamos, Padfoot..." -insistió Remus. "Tendrías que estar transformado en perro, dando saltos por todo San Mungo... ¿qué es lo que va mal? Hermione parece haberse decidido al fin... ¿o no?"

"Eso es lo que no sé" -respondió el animago. "No estoy seguro de que sea una decisión definitiva"

Remus lo miró con gesto de extrañeza.

"¿Qué quieres decir?"

"Lo de anoche puede haber sido... algo físico... no lo sé... todavía no hemos hablado, pero ella parecía estar muy enamorada de Harry cuando regresó de su viaje temporal y..."

"¡Sirius, es de Hermione de quien estás hablando, por amor de Dios!"

El animago suspiró e hizo un gesto con las manos para calmar a su amigo.

"No estoy diciendo que sea así, idiota... pero... ¿conoces a Augustus Pomeroy?"

Remus asintió con la cabeza, sorprendido del cambio de tema.

"Sí, es uno de esos guapitos del grupo de inefables... un auténtico cretino..."

"Creo que Hermione y él fueron amantes en el pasado de ella"

Lupin abrió los ojos hasta que casi se le caen de las órbitas.

"Estás delirando"

Sirius negó con la cabeza.

"Debió de ser hace un año, después de la... muerte... de Harry, en su pasado..."

Remus se quedó pensativo unos instantes.

"Bueno, no es algo esperable en Hermione, pero tiene cierta lógica... con Harry muerto y ella sola... pero lo que ha sucedido ahora es algo completamente diferente. Hermione sabe lo que sientes... no sería propio de ella comportarse de forma equívoca..."

Sirius se puso serio y no dijo nada más, así que Remus decidió no presionarlo por el momento. Por una parte, el animago no quería preocupar a Remus con sus cosas, ahora que él pasaba un mal trago, y por otro lado, si analizaba la situación con frialdad, la verdad es que no tenía mucho sentido preocuparse: todo apuntaba a que Hermione, después de dudar entre Harry y él, lo había elegido a él. Todo lo demás eran rompeduras de cabeza sin sentido.

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Un buen rato más tarde, Harry y Ron hicieron su aparición, dispuestos a hacerle a Remus las horas un poco más llevaderas. Mientras el licántropo les ponía al día sobre el estado de Tonks, una figura femenina surgió de entre las puertas batientes de la unidad de intensivos.

"¿El señor Lupin?"

Remus, Harry, Ron y Sirius se levantaron de inmediato. La mujer, una joven morena que llevaba el pelo recogido en una cola de caballo con aspecto de haber sido peinada el día anterior, los miró sucesivamente.

"Eh... ¿todos son... el señor Lupin?"

"No, soy yo" -aclaró Remus acercándose a ella. "¿Hay algo nuevo con respecto a mi esposa, doctora...?"

"Gray, doctora Gray..." -dijo ella sin mirarlo a los ojos, estudiando unas notas encuadernadas que llevaba en la mano. "Hoy estoy yo a cargo de la señora Lupin... veamos... he visto que ella es metamorfomago... y que usted es un licántropo..."

"¿Y a usted qué le importa eso?" -saltó Harry como si le hubiesen puesto escregutos de cola explosiva en los zapatos.

La joven doctora enarcó las cejas y le lanzó una mirada gélida a Harry.

"Disculpe, señor..." -vocalizó con lentitud.

"Potter" -respondió Harry mirándola fijamente.

"...señor Potter" -continuó la medibruja con tono de dureza. "Dado que soy la encargada de velar por la señora Lupin y por su bebé, le aseguro que la condición de licántropo del señor Lupin me interesa considerablemente más que a usted"

"Lo dudo"

"¡Harry!" -rugió Remus empezando a cabrearse.

"¿Harry¿Harry Potter¿El salvador del mundo mágico?" -preguntó la doctora, cambiando su tono férreo por un tono de edulcorada suavidad.

"Eh... sí..." -admitió Harry con la habitual incomodidad que sentía cuando era reconocido.

"Pues permítame decirle, señor Potter" -le espetó la medibruja volviendo a su tono acerado y lanzando puñales por los ojos-, "que a mí me importa un bledo que usted sea el salvador de los magos, de los elfos domésticos o de los escarbatos en vías de extinción. Estoy a cargo de la señora Lupin y es a su familia a quien tengo que informar de su estado. Si no le importa acompañarme, señor Lupin..." -añadió señalando la puerta de la sala donde estaba Tonks.

El licántropo asintió, ligeramente divertido al ver cómo la medibruja le había bajado los humos a Harry en una fracción de segundo, e hizo un gesto de galantería a la doctora para indicarle que pasaría después de ella. Cuando ella entró, se giró hacia Harry.

"Yo de ti me disculparía" -le aconsejó con un guiño, antes de desaparecer por la puerta.

"Sí, tío, deberías morderte la lengua con más frecuencia" -constató Ron negando con la cabeza. "Si no, algún día te la van a cortar"

"Es que me pone enfermo que a estas alturas todavía le digan a Remus que..."

"Harry, Remus es un licántropo, y eso es una maldición" -interrumpió Sirius con voz calmada. "Esto es un hospital de enfermedades mágicas. Ella es una medibruja. Trata maldiciones"

"Ya lo sé" -admitió Harry rascándose la nuca.

"Discúlpate antes de que te lance alguna imperdonable" -lo aconsejó Ron divertido.

Mientras tanto, Remus se sentaba junto a la cama de Tonks, que parecía apaciblemente dormida.

"¿Cómo está?" -le preguntó a la medibruja.

"Creemos que bien" -respondió ésta. "Vamos a esperar que dejen de hacerle efecto las pociones para dormir, y vamos a despertarla. Con respecto al feto... no hemos encontrado daños irreversibles, pero tampoco podemos asegurar que el embarazo siga adelante... pensábamos que lo habíamos perdido, y sin embargo..." -la medibruja vaciló un momento y Remus pareció olvidarse de respirar.

"¿Sin embargo...?" -el licántropo sintió el deseo irrefrenable de arrancarle la cabeza de una dentellada a la dubitativa doctora.

"Está haciendo cosas muy curiosas"

Remus enarcó las cejas. ¿A qué se refería con aquello de que el feto hacía cosas curiosas¿Estaba bailando la rumba¿Pero aquella mujer no tenía piedad o qué?

"Eh... doctora... imagino que estará cansada... yo también estoy cansado y a lo mejor un poco irritable, pero... ¿no le importaría ser algo más clara?"

Ella le sonrió comprensiva.

"Es posible que sea un metamorfomago, también, lo cual podría ayudarle si la maldición le produjo lesiones" -explicó. "Hay muy pocos metamorfomagos, y suelen ser de aparición espontánea, aunque nunca aparecen en hijos de muggles... la verdad es que no se sabe mucho sobre la herencia de estas características... tampoco sobre la licantropía"

"¿Cree que puede heredarla?" -preguntó Remus con un leve dejo de angustia en la voz.

La medibruja se encogió de hombros.

"Sobre esto sí que apenas se sabe nada. Los licántropos no suelen tener hijos, me temo, y los pocos casos que se conocen de licántropos hijos de licántropos pueden haber contraído la maldición siendo mordidos por sus padres durante las transformaciones. Dado que suelen vivir en un estado casi salvaje, no hay muchas referencias fiables sobre ellos... usted es una excepción, señor Lupin. Su licantropía no le ha impedido llevar una vida completamente normal, y si su hijo sobrevive y la hereda, estoy segura que con el apoyo de sus padres podrá hacer lo mismo" -resumió.

Ambos permanecieron unos segundos en silencio.

"Ahora le dejo un rato a solas, si quiere" -le dijo la doctora Gray, apretándole el hombro en señal de apoyo. "Voy a tomarme algo a la cafetería del hospital, y después intentaremos despertar a su esposa"

Se dio la vuelta y lo dejó allí, con la cabeza llena de ideas confusas.

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"Esto es insoportable" -decía Harry revolviéndose el pelo una y otra vez.

A su lado, Ron permanecía callado y Sirius hacía auténticos esfuerzos para no quedarse dormido en la silla.

"¡Eh, Sirius!" -le espetó el pelirrojo al animago, mientras le daba un codazo en las costillas. "Parece que no has dormido muy bien esta noche¿eh?"

Sirius levantó la cabeza sobresaltado. Estaba dando cabezadas de puro agotamiento. Necesitaba algo de cafeína urgentemente.

"Necesito café" -constató levantándose de la silla. "Voy a buscar uno a la cafetería"

"No, mejor voy yo" -se ofreció Harry incorporándose a la velocidad de la luz. "Vosotros quedaos aquí para que Remus no se encuentre solo cuando salga de ahí dentro, y yo iré a buscar café y algunos bollos para los cuatro" -sonrió ligeramente ante el gesto de Sirius-; "de verdad, necesito estirar las piernas... si sigo aquí esperando sin hacer nada, me va a dar un ataque"

Sirius y Ron asintieron con la cabeza y Harry se lanzó pasillo abajo en busca de la cafetería del hospital. Cuando llegó a la planta baja, se encontró con una puerta que decía "Cantina" y la traspasó. Era un lugar agradable, que contrastaba con la frialdad del resto del edificio. Pidió los cafés, que le sirvieron en tazas hechizadas para mantener el calor, y una humeante montañita de bollos y muffins. Cuando hacía levitar la bandeja para volver con sus amigos, vio a una joven de pelo negro que parecía concentrada frente a una taza de café en la que hubiera podido bañarse Hagrid.

"¿Doctora¿Doctora Gray?" -preguntó acercándose a ella.

La joven morena se giró y miró a Harry sin reconocerlo. Ladeó la cabeza, sonriendo ligeramente, pero enseguida frunció el ceño y se puso seria otra vez.

"Ah, es usted, el señor Potter, el héroe" -siseó con una sonrisa irónica.

"Por favor, no me llame eso" -suspiró Harry derrotado.

"¿Por qué¿No le gusta?" -insistió ella impertérrita.

"No" -murmuró Harry en voz baja. "Prefiero que me llamen Harry a secas. Me gustaría disculparme con usted. ¿Puedo invitarla a un café?"

"No" -dijo ella, cortante.

"Por favor..." -pidió él con una ligera sonrisa de súplica. "Me he comportado como un idiota. La he acusado de tener prejuicios contra los licántropos sin ningún fundamento. Lo siento"

La disculpa de Harry pareció ablandar algo a la medibruja, que sin decir nada asintió con la cabeza. Harry tomó asiento frente a ella.

"Escuche... señorita Gray... señora Gray..." -comenzó Harry tanteando el terreno.

"Doctora Gray" -se limitó a puntualizar la medibruja entornando los ojos.

"Doctora Gray" -aceptó Harry conciliador. "Verá, el señor Lupin es una persona muy importante para mí, y yo... le tengo un gran afecto. Ha tenido una vida bastante difícil, por el problema de la licantropía, y, bueno... la gente suele reaccionar bastante mal cuando se entera de que es un hombre lobo"

La medibruja lo miró evaluativamente.

"¿Dije yo algo insultante para el señor Lupin?"

"¡Claro que no!" -se apresuró a responder Harry. "Pero la gente tiene bastantes prejuicios contra los licántropos, y..."

"Yo no"

Harry se quedó mirando los profundos ojos castaños de la medibruja y no albergó ninguna duda de que decía la verdad.

"Ya lo veo..."

Durante unos minutos, ninguno de los dos habló.

"Verá, doctora Gray... durante muchos años, los licántropos no pudieron encontrar un trabajo digno, con ese decreto de Umbridge... el señor Lupin fue profesor en Hogwarts y tuvo que renunciar porque se hizo público que era un hombre lobo, y había sido el mejor profesor que tuvimos en el colegio. Él es un hombre estupendo... sin su ayuda nunca hubiéramos sido capaces de vencer a los mortífagos y..."

La doctora Gray suspiró profundamente.

"Escuche, señor Potter..."

"Harry..."

La medibruja sonrió por primera vez en toda la conversación.

"De acuerdo, Harry... escuche... usted es conocido por todo el mundo mágico... el adolescente con mayor responsabilidad sobre sus hombros de toda la historia de la magia... desde que tenía... no sé... dieciséis o diecisiete años... se le conoce como El Elegido, el que iba a acabar con Voldemort..." -Harry se sorprendió al oír a la medibruja llamar al mago oscuro por su nombre. "Bien, pues ya está, Voldemort ha muerto, deje de pensar en él... las cosas han cambiado, los licántropos ya no tienen que registrarse por ningún decreto y los nacidos de muggles no corren peligro. La guerra ha acabado, Harry. ¿Sabe lo que necesita usted?"

Harry hubiese jurado que la medibruja iba a recomendarle un buen revolcón.

"No tengo ni idea"

"Usted necesita algo más de sentido del humor, Harry" -se respondió a sí misma la joven doctora. "Necesita tomarse la vida con mayor frivolidad, necesita relajarse y tomarse unas largas vacaciones... usted ha hecho ya bastante por el mundo mágico... deje al mundo mágico que se las apañe solito sin usted, y hágase un favor. Ah... y además..."

Harry enarcó las cejas al ver que ella dejaba la frase inacabada.

"Por supuesto, yo también le recomendaría un buen revolcón" -añadió la medibruja con una sonrisa pícara, ante el asombro de Harry. "No es una proposición¿eh, no me malinterprete... pero estoy segura de que era eso lo que estaba pensando"

Harry se echó a reír. Después de todo, le caía bien, esa doctora Gray.

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Cuando Hermione llegó a San Mungo, esa mañana, sintió el deseo irrefrenable de dar marcha atrás y volver a su casa. No quería encontrarse con Sirius en público... notaba cómo se le calentaban las mejillas cuando recordaba todo lo sucedido aquella noche, y cómo él se había comportado de forma adorable con ella. Quería besarlo, quería abrazarlo y sentirse protegida en sus brazos. Pero, sobre todo, quería hablar con él en privado.

Así que cuando llegó a la unidad de cuidados mágicos intensivos, se dio cuenta de que tenía muy mala suerte. Porque allí estaban un Remus pálido y ojeroso, un Ron con cara de aburrimiento y un Sirius concentrado y preocupado. El animago levantó la cabeza y la vio dirigirse hacia ellos, y el mal humor desapareció de su cabeza volatilizándose como el humo. Se levantó rápidamente, feliz por primera vez desde que había puesto el pie en San Mungo, y hasta el propio Remus esbozó una sonrisa tras ver su sonriente semblante aproximarse por el pasillo.

Pero, como ya se ha dicho, Hermione era un poco gafe. Por el otro lado del corredor apareció un cargado Harry Potter, levitando una bandeja con café y bollos. Y todo fue demasiado rápido para una dubitativa e insegura Hermione.

Sirius era un hombre discreto, y no pensaba abrazarla en mitad del pasillo y darle un beso apasionado... sólo quería darle pasarle el brazo por los hombros y reconfortarla un poco, porque sabía que ella se sentía muy próxima a Tonks. Pero cuando Hermione levantó la cabeza y lo vio allí, dirigiéndose hacia ella, imaginó justamente lo primero. Le lanzó una mirada rápida a Harry, que la observaba fijamente, sujetando con fuerza la bandeja y, presa de los nervios, se comportó del modo que más podía haberle dolido al animago. Su intento de pasarle un brazo por los hombros fue evitado sutilmente, en un gesto que, aunque no pretendía ser un rechazo, sólo podía ser interpretado como tal. Esbozó una sonrisa incómoda, ocultó las manos a la espalda y lo saludó con camaradería, como hubiese hecho con Kingsley. Sirius, que había captado la mirada rápida que le había lanzado a Harry, sintió cómo las entrañas le ardían de furia.

"Bienvenida" -la saludó con frialdad, cruzando los brazos y caminando junto a ella sin mirarla. "No hay muchos cambios, Tonks sigue igual"

Hermione notó su tono gélido y comprendió que había metido la pata hasta un metro por encima de su cabeza.

"Oh... yo... ¿cómo está Remus?" -consiguió pronunciar. Era evidente que a Sirius le había sentado como un tiro su actitud, y ella misma era consciente de que se merecía aquella actitud distante.

"Estoy bien" -respondió el aludido, observando con los ojos entornados el intercambio de miradas entre Sirius, Harry y Hermione. "Desde luego, creo que de la cabeza estoy bastante mejor que vosotros"

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Hale, lo dejamos aquí. Bueno¿cómo está todo el mundo? Espero que bien, y que San Valentín se haya portado muy bien con todos vosotros. La verdad es que yo no pude celebrarlo, porque estaba de trabajo hasta las cejas, pero me resarcí al día siguiente. No me gustan los regalitos de San Valentín, pero salir por ahí a cenar algo siempre es apetecible...

A ver, motivos de los retrasos: la conexión a internet no ha vuelto a fallar, gracias a todos los santos, pero voy agobiada de trabajo y el muso me está mandando a freír espárragos un día sí y el otro también. Parece que, justo cuando la historia llega a su recta final, el muso decide tomarse unas vacaciones. La historia está ya esbozada, y ya sé lo que va a pasar, pero me cuesta un montón conseguir diálogos creíbles. En fin...

Como ya hice la otra vez, voy a poner las contestaciones a los reviews en la propia página de reviews. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, por vuestras críticas y por vuestro cariño.

Con respecto al capítulo, este vendría a ser la segunda mitad del capítulo 12, pero, para evitar problemas, se bautiza como 13. No hay acción de la física, pero sí intercambio verbal entre los personajes, y un regalito para una persona que está pasando un momento bajo. El bebé de Remus y Tonks parece ir superando el bache, aunque aún no os puedo prometer nada, y Harry empezará a darse cuenta de que tiene que darse un respiro. Aparece el malentendido entre Sirius y Hermione, que no podrán aclarar a tiempo, porque en el próximo capítulo algo malo, malo, le sucederá a la chica. Es un capítulo donde todos lo pasan más o menos mal, y en el próximo algunos lo pasarán mejor y otros mucho peor. ¿Quiénes serán? Sorpresa, sorpresa...

En fin, besitos para todo el mundo y a ver si os animáis y le dais al botón del review, que siempre anima. Ya sabéis, se admite todo tipo de crítica...

Besos de piña colada (imaginad que estáis en una playa del Caribe...) de Lara.