Disclaimer: Yo no soy JK Rowling, y si alguien no se lo cree, que le eche un vistazo a mi cuenta bancaria.
NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP
Nota aclaratoria de la autora al final del capítulo.
DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?Capítulo 14: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
El primer encuentro entre Sirius y Hermione tras la intensa noche de pasión que habían compartido fue, cuando menos, borrascoso. Remus Lupin, que pese a todo lo que le estaba sucediendo seguía siendo un hombre sereno y sensato donde los haya, era testigo atónito de cómo sus mejores amigos se comportaban como niños. Remus era el mejor amigo de Sirius, y sabía el alcance de los sentimientos de éste hacia Hermione. También era un gran amigo de la chica, y desde luego conocía lo suficiente a la auror para saber que si había sucumbido a los encantos de Sirius, no se trataba de un mero capricho hormonal. Y allí estaban ellos, como dos adolescentes en su primer flirteo.
Y Harry en el medio. Como los jueves.
"¡POP!"
"Tac, tac, tac, tac"
Alastor "Ojoloco" Moody acababa de aparecerse en San Mungo, a tiempo para sumarse a la fiesta.
"Hola, Remus" -dijo saludando al licántropo con unas palmaditas de comprensión en el hombro. "¿Qué tal está Tonks?"
"No está mal, que ya es bastante" -afirmó Remus. "Parece que todo marcha mucho mejor de lo esperado"
"Me alegro, muchacho, me alegro" -exclamó el jefe de aurores asintiendo lentamente con la cabeza. "Esa chica es excelente... sentiría mucho tenerla fuera de combate mucho tiempo. Harry, tengo que hablar contigo" -dijo Ojoloco cambiando bruscamente de tono.
"¿Sucede algo, Alastor?" -preguntó el joven Potter dejando la bandeja con los desayunos.
"Sí, bueno... podría ser..." -explicó vagamente el jefe de aurores. "Me gustaría comentar unas cosas contigo..."
Todos los presentes se intercambiaron miradas nerviosas, olvidando por un momento lo que estaba sucediendo allí. ¿Sabía algo Moody de los Malfoy?
"¿Qué pasa, Alastor?" -preguntó Sirius con cara de pocos amigos.
"Nada, nada..." -la voz ronca de Moody vaciló unos instantes. "Una reunión de jefes, sin más..."
Nuevo silencio denso. Si Alastor y Harry tenían que reunirse de forma urgente, aquello no pintaba nada bien.
"Hermione, me gustaría que te quedases aquí, con Remus, hasta que nosotros volvamos, ¿de acuerdo?" -pidió Moody piqueteando las baldosas de San Mungo con su pierna falsa. "Después de comer tendremos una reunión, y entonces os explicaré lo que vamos a hacer los próximos días... tengo que ir a buscar a Cordelia para que interrogue a Narcissa Malfoy, y alguien tendría que ir avisando al resto para que no se retrasen... de forma discreta..."
"Hoy es luna llena, Alastor" -advirtió Remus.
"Lo sé, hijo, lo sé..." -afirmó pesaroso Moody. "No te preocupes, haremos la reunión antes de que anochezca y uno de nosotros te acompañará a tu casa para encerrarte después de que te tomes la poción y..."
"No es necesario, la doctora Gray me ha dicho que me habilitará una sala para que pase aquí la noche" -rechazó el licántropo negando con la cabeza.
Moody pareció complacido con la noticia.
"Tanto mejor..." -afirmó. "Tú preocúpate sólo por la salud de Tonks, y olvídate de todo lo demás..."
"Alastor... ¿quieres hacer el favor de decirme qué demonios pasa?" -preguntó una Hermione que tenía la desagradable sensación de que estaban tratándola como una figurita de porcelana.
El jefe de aurores la miró fijamente.
"Mmmmm... no, no voy a decírtelo, Hermione" -dijo finalmente, para sorpresa de todos. "No voy a decirte nada hasta la reunión, así que tómate esto como una orden: no te muevas de aquí, y sobre todo no vuelvas a tu casa. En San Mungo estás a salvo, pero me temo que los Malfoy y los que los ayudan están desesperados. No quiero más bajas" -añadió, mirando de reojo a Remus. "Estás en peligro, y espero que te lo tomes en serio. Harry, tú ven conmigo... nos apareceremos en mis oficinas... y vosotros dos, podéis ir avisando al resto del grupo" -dijo señalando a Sirius y Ron con un movimiento de mandíbula.
En una fracción de segundo, Alastor y Harry desaparecieron de los pasillos del hospital, dejando a unos Remus, Sirius, Ron y Hermione profundamente sorprendidos.
"Creo que voy a avisar a Ginny y a Kingsley" -anunció Ron cogiendo varios bollos de la bandeja que había traído Harry. La verdad es que deseaba largarse de allí cuanto antes, porque quería hablar con Hermione, pero no podía hacerlo con Sirius y Remus allí delante, y, además, con quien primero deseaba aclarar las cosas era con Harry. Ron tenía debilidad por Hermione (por algo había estado colado por ella durante los últimos años de Hogwarts) y era incapaz de increparle por nada, y sabía que lo que estaba haciendo Harry no era correcto, así que se veía en la obligación de poner a su amigo en su sitio. Con otro chasquido, desapareció.
Y allí se quedaron Sirius, Remus y Hermione. Mirándose entre sí con la boca seca y la desagradable sensación de que algo gordo se estaba cociendo.
"Me voy a buscar a Cordelia" -dijo Sirius con gesto hosco. "Habrá que interrogar a Narcissa Malfoy y al resto"
"Sirius..." -lo llamó Hermione cuando el animago ya se había dado la vuelta. "Sirius, por favor, me gustaría hablar contigo un momento"
Sirius se giró lentamente y miró a su esposa con cara de no estar para bromas.
"Mejor no" -dijo el animago. "No tengo muchas ganas de hablar. Quédate aquí hasta que Alastor te convoque"
"Sirius, yo..."
"Es una orden, Hermione, ya lo has oído"
Y, como el resto, desapareció del pasillo con un "pop", dejando a Hermione con la sensación de que había hecho algo irreparable y una voz en el fondo de su cabeza que le gritaba que no dejase marchar a Sirius sin aclarar las cosas.
"Tranquila"
Hermione se volvió al notar una presión afectuosa en el hombro. Era la mano de Remus, que intentaba consolarla por la actitud del animago. Ella negó con la cabeza.
"Es normal que se haya enfadado, Remus... creo que no he sabido reaccionar muy bien cuando lo he visto" -explicó pesarosa.
"Ya me había dado cuenta" -confirmó el licántropo con una sonrisa melancólica. "¿Quieres hablar de esto?"
Hermione lo miró fijamente.
"Yo diría que tú ya tienes bastante con lo tuyo para cargar con los problemas de los demás, ¿no te parece?" -le contestó.
"Bueno, hagamos una terapia de grupo: primero tú y después yo... ¿qué me dices?" -propuso Remus tomándola cariñosamente por los hombros.
Hermione le devolvió una sonrisa débil.
"De acuerdo, pero vámonos a comer algo, que estoy desfallecida. No quiero bollos: vámonos por ahí a comernos una buena chuleta con patatas. Podemos ir a "El ganso tuerto", que está aquí enfrente y..." -propuso Hermione.
"No, espera, Moody dijo que no salieses de San Mungo..." -rechazó el licántropo.
Hermione negó con la cabeza.
"Dijo que no me marchase, y menos a casa, pero no nos va a pasar nada por cruzar la plaza, Remus. Y necesito salir de aquí"
Remus asintió con comprensión.
"Vale. Marchando solomillo para dos"
---------------------------
"Alastor, ¿qué sucede?" -le preguntó Harry al jefe de los aurores cuando llegaron a sus oficinas.
Ojoloco rodeó su mesa, renqueando, y se dejó caer en el sillón que el día anterior había ocupado Cordelia. Se pasó la mano por la frente, preocupado.
"Ni siquiera ha hecho falta interrogar a Narcissa, Harry" -explicó pesaroso. "Con esa mirada suya de loca, no ha hecho más que reírse en nuestras narices. Dice que es imposible que impidamos que su hijo se lleve a Hermione, que todo está planeado y que no pueden fallar. Nos ha explicado lo que piensan hacerle, sin importarle un bledo lo que nosotros podamos hacerle a ella"
Harry no pudo evitar un escalofrío. Los Malfoy eran una familia de dementes sanguinarios, y odiaban a Hermione con toda su alma.
"Supongo que no ha explicado cómo piensan secuestrarla, ¿no?" -preguntó Harry yendo a lo práctico.
"No, no, claro..." -confirmó Moody sacando su petaca del bolsillo y echando un trago. "Evidentemente, tampoco nos ha dicho dónde piensan esconderla y torturarla" -al oír la última palabra, Harry sintió una descarga helada en el espinazo. "Pero lleva desde ayer riéndose como una loca y gritando que no podremos evitarlo. Está completamente segura de que conseguirán llevársela. Que la harán sufrir hasta que les suplique que la maten..."
Harry se pasó la mano por la nuca, desordenándose el pelo en un gesto muy Potter. Suspiró profundamente.
"No podemos contarle todo esto a Sirius, Ojoloco" -le pidió Harry. "Hay que proteger a Hermione en todo momento, pero si le contamos esto, se volverá loco. Será capaz de cualquier cosa"
Moody lo miró con recelo.
"Pensé que tú también serías capaz de hacer cualquier cosa" -repuso sin inmutarse.
Harry sonrió con indolencia.
"Y lo soy" -afirmó. "Si Cordelia no logra freírle el cerebro a Narcissa y sacarle toda la información que necesitamos, yo mismo le lanzaré unos cuantos cruciatus hasta que nos cuente todo lo que sabe. Pero no puedo dejar que sea Sirius el que lo haga. Hermione nunca le perdonaría que torturase a Narcissa aunque fuese para protegerla a ella"
Moody sonrió con sorna.
"Y puestos a que se aleje de alguien, prefieres que ese alguien seas tú... ¿Escrúpulos de repente?"
Harry sonrió de nuevo. En parte era eso, y en parte... no.
"No. Pero Ron me dijo algo el otro día y tiene razón. Se lo debo a Sirius. Por todas las ratas que tuvo que comerse"
Alastor se levantó de la silla y se acercó a Harry, moviéndose con su torpeza característica. Lo miró con afecto y le puso una mano en el hombro.
"Haces bien, muchacho"
"Lo sé, Alastor, lo sé..."
---------------------------
El local donde los dos aurores daban buena cuenta de un descomunal pedazo de solomillo no se parecía demasiado a los refinados restaurantes donde Hermione había compartido velada con Sirius. La decoración parecía sacada de una película de miedo, un hombre hosco parecía cumplir los roles de dueño, camarero, cocinero y guarda de seguridad, y había un humo espeso que salía de la cocina y empañaba el ambiente. Pero, como había dicho Hermione, la carne era insuperable.
"Exquisito" -exclamó mientras tragaba un enorme trozo de solomillo blando como la mantequilla.
Remus asintió con la cabeza mientras cortaba con destreza su propia ración.
"A mí también me gusta este sitio" -afirmó. "La clientela no es selecta, pero bueno..."
Hermione miró a su alrededor de forma discreta. El ambiente era similar a la "Cabeza de Puerco", la taberna de Hogsmeade donde se había cocido el germen del ED. Había magos de aspecto siniestro ocupando mesas individuales y grupos de dos o tres con aire todavía más atemorizador. Hermione se encogió de hombros.
"Y ahora dime... ¿realmente cómo están las cosas?" -le preguntó a Remus.
El licántropo se pasó la mano por la nuca y suspiró.
"Tonks está bien... la doctora Gray no está preocupada por ella. Sin embargo, no puede darme garantías sobre el bebé... todavía es pronto para asegurar al cien por cien que sobreviva"
Hermione asintió en silencio. Era evidente que había algo más, así que esperó que el ex-merodeador hablase.
"Me preocupa que Tonks no me hubiese dicho nada sobre su embarazo" -confesó algo incómodo. "Hermione, en tu pasado... ¿sabes porqué Tonks y yo no tuvimos hijos?"
La bruja más inteligente que había pisado Hogwarts (y la más incompetente en cuanto a asuntos de corazón se trataba) lo miró entornando los ojos.
"Exactamente... ¿qué se te está pasando por la cabeza?"
"Que Tonks estuviese pensando en no seguir adelante con el embarazo"
La franca risa de Hermione resonó en la taberna, lo que hizo que varios magos de aspecto poco amistoso los mirasen de reojo con gesto amenazador. Remus se limitó a arquear las cejas y darle un trago a su cerveza de mantequilla.
"¿Qué tiene de gracioso lo que he dicho?"
"¿Qué te hace pensar eso?" -inquirió Hermione mirándolo con curiosidad. "Es un pensamiento un tanto macabro, ¿no te parece? Y totalmente impropio de alguien como Tonks..."
El licántropo miró para su plato de carne como si se le hubiese ido el hambre para siempre.
"Hermione, no sabemos qué posibilidades hay de que un hijo mío herede la licantropía. Tal vez Tonks se estuviera pensando si merecía la pena traer alguien a este mundo con esta maldición..."
Hermione soltó un bufido.
"¿Alguna vez hablasteis de la posibilidad de tener hijos?" -inquirió con impaciencia.
"No" -respondió simplemente Remus. "Hasta ahora nunca..."
"En mi pasado..." -lo interrumpió Hermione mirándolo fijamente-; "...en mi pasado, Tonks estaba destrozada por no poder tener hijos... ella deseaba intensamente tener uno, pero tú no lo permitías y ella misma reconocía que era una locura... ninguno de los dos queríais dejar un huérfano como Harry..."
"¿Tonks quería tener hijos?" -exclamó Remus súbitamente animado.
"Todo el mundo quería tenerlos, Remus... tú y Tonks, Bill y Fleur... hasta..." -Hermione se interrumpió bruscamente y retomó el relato. "Pero estábamos perdiendo la guerra, y la situación para esos niños hubiera sido muchísimo peor que la de Harry... los herederos de la Orden del Fénix... todos sospechábamos que íbamos a morir, y que esos niños serían aniquilados por los mortífagos para evitar que en el futuro fuesen la semilla de una nueva generación que combatiese a Voldemort. Tú convenciste a Tonks y ella renunció. Pero ella se hubiese arriesgado... y además le importaba un bledo que heredase la licantropía..."
"Entonces... ¿por qué no me dijo nada?" -rebatió Remus.
Hermione se encogió de hombros.
"Cuando estábamos vigilando el cementerio de la mansión Riddle, yo le pregunté a Tonks por qué le estaba fallando la metamorfomagia. Ella no me quiso contestar" -explicó Hermione. "Me dijo literalmente: 'no puedo decírtelo hasta que...' y en ese momento llegó el patronus de Moody y me quedé sin saber más. Pero yo sabía que una alteración en la metamorfomagia sólo se produce por una alteración anímica o por estados físicos de enfermedad o por... embarazos"
"¿Tú lo sabías?" -preguntó Remus incrédulo.
Hermione negó con la cabeza.
"No, pero la conozco muy bien... sabía que Tonks no estaba deprimida, así que sólo podía ser por un problema físico. Y no me parecía cansada ni enferma... al contrario, la veía bien, muy contenta... y pensé que podría estar embarazada. Además, estaba un poco susceptible y no comía demasiado..."
Remus recordó lo que le había dicho Sirius.
"Estoy segura de que lo que quería decirme Tonks era que no podía contarme nada hasta haber hablado primero contigo. Si Tonks no te ha dicho nada del embarazo, no sé por qué habrá sido, pero te aseguro que no porque no tuviese claro que iba a tener a ese niño" -declaró Hermione con seguridad. "De todos modos, puedes preguntárselo cuando se despierte..."
Remus se quedó pensativo y asintió lentamente.
"¿Y tú?" -le preguntó Hermione con una sonrisa. "¿Tú qué opinas de tener un mini-Remus o una mini-Tonks en casa?"
La contenida sonrisa de Remus lo dijo todo.
"Ya veo..." -rió Hermione.
"Bueno, dejemos de hablar de mis problemas..." -sugirió Remus sintiéndose de nuevo hambriento y volviendo a atacar el jugoso solomillo. "Hablemos de cierto animago y una bruja que yo pensaba que era muy lista..."
Hermione suspiró profundamente.
"Soy idiota" -concluyó.
"Bueno, yo no diría eso..." -la consoló el licántropo. "Pero creo que estás un tanto confusa..."
Hermione negó con la cabeza.
"Ya no, Remus..." -rechazó. "Es verdad que cuando volví del viaje al pasado... bueno... me encontré con que las cosas eran muy diferentes... Voldemort vencido, mis amigos vivos... Harry no había muerto... y yo estaba casada con Sirius..." -hizo una pausa durante la cual el licántropo se limitó a esperar. "Lo primero que pensé fue divorciarme... pensaba que no tenía sentido continuar casados... por diferentes motivos decidí esperar, pero..."
"¿Pero?" -la animó Remus, al ver que ella no continuaba.
"Ahora ya no"
"¿Ya no quieres divorciarte o no quieres esperar más?" -le preguntó Remus disimulando su interés y fingiendo cortar con esmero un trozo de carne.
"No... no quiero divorciarme de Sirius" -aclaró Hermione, incómoda.
"¿Por qué?" -se limitó a preguntar Remus intentando darle un tono aséptico a su pregunta.
Fshhhhhhhh...
Las mejillas de Hermione exhalaron un vaporcillo tenue debido al sonrojo.
"Yo... no... Sirius se ha comportado conmigo de un modo intachable, y... bueno, la verdad es que me ha comprendido perfectamente, y no me ha presionado... y... en fin... yo... no sé..."
Remus decidió apiadarse de Hermione y echarle un cable.
"¿Qué sientes por Sirius?" -le preguntó, fijando en ella sus amables ojos dorados.
Hermione lo miró a los ojos y dejó de balbucear. Remus había sido su gran amigo y su imprescindible apoyo en su pasado. La había adiestrado, entrenado y preparado para sobrevivir. El Remus que ella había conocido sabía de su relación con Harry, pero éste no, y no podía contárselo. Sin embargo, allí, hablando mientras los dos devoraban su almuerzo, se sentía tan cómoda con él como con el otro, y sobre todo sabía que a pesar de la profunda amistad que compartía con Sirius, podía confiar en que lo que ella dijese no iba a salir de allí.
"¿Qué demonios tenéis los merodeadores que hacéis estragos en las chicas de corazón inocente?" -confesó alzando la bandera blanca.
El licántropo esbozó una sonrisa muy... merodeadora.
"Remus, haz el favor..."
"Veo que el viejo saco de pulgas no ha perdido el toque. Si sientes eso por Sirius, ¿por qué lo has saludado como si fuese Cordelia?"
"Yo no tengo nada contra Cordelia" -refunfuñó ella mientras volvía a atacar el solomillo con furia asesina.
"Claro..." -admitió Remus. "Por eso en la reunión de ayer querías sacarle los ojos al verla coquetear con Sirius. En serio... no entiendo por qué lo saludaste de aquella forma tan borde..."
Hermione se revolvió incómoda en su silla.
"Es difícil de explicar"
Remus se inclinó hacia delante y le sonrió con calidez.
"Y yo soy un licántropo muy listo y que entiende las explicaciones a la primera"
Hermione sentía un gran pudor a la hora de explicar sus sentimientos, pero la verdad es que necesitaba hablar con alguien que la conociese bien, y de todos sus amigos, exceptuando a Tonks, Remus era el único que podía ayudarla en ese momento.
"Antes de que todo el mundo se entere de que Sirius y yo volvemos a ser una pareja normal, hay alguien que no quiero que se entere por otros... creo que le debo una explicación... bueno, en realidad no se la debo, pero no me gustaría hacerle daño..." -intentó explicarse.
Remus asintió con la cabeza.
"Y ese alguien estaba presente esta mañana" -concluyó.
Hermione se limitó a asentir en silencio. Remus tomó un trago de su cerveza de mantequilla y permaneció un rato pensativo. Por supuesto, Remus ya sabía todo aquello, pero tenía que oír por boca de Hermione sus sentimientos hacia los dos.
"El problema..." -continuó Hermione pesarosa-; "...el problema es que, por no hacerle daño a Harry se lo he hecho a Sirius... la verdad es que mi reacción parece haberle sentado como un tiro..."
"¿Te extraña?" -preguntó Remus sorprendido. "¿Qué te hubiera parecido a ti? Sirius te quiere... es normal que se sienta ofendido con semejante bienvenida"
"Ya lo sé" -admitió Hermione desesperada. "Ya te dije que soy idiota"
Esta vez fue Remus el que se echó a reír.
"No. Eres una bruja muy lista, pero siempre has querido contentar a todo el mundo, y eso a veces no es posible. Así que hay que escoger hacer feliz a quien más te importa... tú sabrás quién es..." -le explicó mirándola con una media sonrisa.
Hermione cruzó los brazos sobre la mesa y escondió la cara en ellos.
"Lo que yo te diga... idiota perdida..."
----------------
Sirius Black llamó a la puerta del apartamento de Cordelia Winterthrop todavía de muy mal humor. Se había ido de San Mungo con un cabreo monumental, con ganas de morder a alguien y, sobre todo, con un ataque de celos del tamaño del calamar gigante. Y la perspectiva de aguantar a Cordelia no mejoraba sus expectativas.
"¡Oh, hola, Sirius!" -lo saludó la auror al abrirle la puerta.
Cordelia iba vestida de forma informal, en ropa de estar por casa. En el caso de cualquier otra persona eso hubiera significado un pantalón viejo y un jersey estirado, pero Cordelia... Cordelia era Cordelia. Llevaba una túnica corta azul zafiro de una seda pesada y lustrosa sobre unos pantalones negros, el pelo impecablemente alisado y brillante cayendo en una cola de caballo sobre su espalda, sin joyas ni aparentemente maquillaje (exceptuando la raya del ojo que, para no perder la costumbre, se elevaba impecable desde el borde interno del párpado, trazando una curva perfecta) y, para darle un toquecillo informal al atuendo, bailarinas planas de piel de dragón. En cuanto vio al animago, los labios carnosos se curvaron en una sonrisa sugerente y lo invitó a pasar con un gesto. Con el aire de un submarino nazi durante la segunda Guerra Mundial, se preparó para lanzar todos sus misiles de acoso y derribo.
"¿Qué tal tu hombro?" -se limitó a preguntar Sirius, entrando en el apartamento y desplomándose en el sofá.
"Bien, ya no me duele nada" -lo tranquilizó Cordelia poniendo cara de "sufro mucho, pero soy una heroína y no me quejo". Se dirigió a un mueble cercano, cogió dos copas y le enseñó una a Sirius, quien asintió con la cabeza.
"Mejor. Te espera una dura tarde de trabajo, me temo. Tienes que interrogar a Narcissa" -le explicó Sirius.
Cordelia suspiró profundamente.
"No me hace demasiada gracia" -dijo la auror.
"¿Por qué?" -le preguntó Sirius con una ligerísima curiosidad.
"Esos Malfoy... tienen una mente tan... enferma... no sabes lo desagradable que es ver algunas imágenes en sus cerebros retorcidos" -explicó Cordelia con una mueca, mientras llenaba las copas con un líquido dorado y le tendía una a Sirius.
El animago enarcó una ceja.
"Nunca se me había ocurrido pensar algo así" -dijo confuso. "Supongo que a veces no es muy agradable"
"Mi trabajo casi nunca es agradable" -confirmó Cordelia sentándose a su lado y cruzando las largas piernas haciendo que pareciese que una levitaba sobre la otra. "Lo único bueno que tiene es que satisfago completamente mi vena cotilla"
A su pesar, Sirius sonrió intrigado.
"¿Vena cotilla?"
"No sabes la tira de cosas interesantes de que te enteras cuando te metes en el cerebro de alguien" -dijo Cordelia mirándole por encima de la copa, la ceja izquierda subiendo sutilmente. "Rita Skeeter hubiera pagado su peso en galeones por tener mis... habilidades" -su voz se transformó en un susurro sugerente al pronunciar el final de la frase.
El animago se echó a reír abiertamente. Casi podía oír el zumbido del primer misil rozándole la oreja.
"Bueno, ya te vas relajando. Cuando abrí la puerta pensé que ibas a morderme... no es que fuese a quejarme, pero..." -continuó Cordelia.
Fiuuuuuuuuuuuuuuuu... el segundo misil casi lo despeina.
Sirius suspiró y le dio un trago a su copa. Era cierto que Cordelia, con su aparente frivolidad, lo relajaba bastante, pero no se veía con ganas de interceptar sus ataques.
"Ha sido una mañana muy cansada..."
"¿Al menos has descansado bien por la noche?" -preguntó Cordelia con el gesto inocente y encantador que probablemente puso el lobo feroz antes de comerse a Caperucita.
"No mucho..." -se limitó a comentar el ex-convicto.
"¿Y Hermione? ¿Qué tal está, quiero decir?" -se apresuró a aclarar.
"Está bien... esa poción que le dieron ayer le ha sentado bien... en cuanto a lo de descansar, cuando me he ido a San Mungo esta mañana me ha dado pena despertarla y la he dejado durmiendo, así que no puede quejarse" -le explicó Sirius oyendo en su mente el ruido virtual de la explosión del submarino "Cordelia" al ser desintegrado.
La auror suspiró profundamente y, con cara de "he perdido esta batalla pero no la guerra" se levantó del sofá y se alisó la túnica.
"Bueno, será mejor que me vista cuanto antes. No puedo ir así a la reunión"
"Pero si estás guapísima..." -dijo Sirius con cara de cachorrillo inocente.
"Vamos, Sirius, no seas tonto... no puedo ir así... tardo un par de minutos..." -lo reprendió Cordelia complacida.
La auror desapareció por la puerta y Sirius suspiró satisfecho. Miró su reloj y calculó que a la chica le quedaba todavía un cuarto de hora antes de volver al salón; se apoltronó en el sofá e intentó poner en claro sus ideas.
Sirius era un hombre con gran experiencia, de la cual había sacado una conclusión: que era muy fácil meterse en la cama de alguien, pero no tanto meterse en su corazón. El corazón era mucho más selectivo que el deseo, que respondía ansioso si se pulsaban las teclas adecuadas.
Él sabía que, tarde o temprano, Hermione iba a caer en sus redes, pero para él no era suficiente. En el pasado, cuando en medio de aquella discusión le soltó a gritos a la otra Hermione lo que sentía por ella, al ver su expresión atónita y confusa comprendió que lo iba a tener muy crudo. Hermione era dura de pelar. Cuando se habían besado, después de rescatar a Ginny de las garras de Draco Malfoy, Sirius no podía creérselo. Y cuando la otra Hermione fue reemplazada por la actual, sintió ganas de darse de cabezazos contra las paredes: vuelta a empezar y sin ninguna garantía de que esta Hermione volviese a enamorarse de él.
Su parte más optimista tomó entonces la palabra: Hermione había estado enamorada de Harry durante mucho tiempo, pero al fin y al cabo había compartido cama con él. Y aunque ella podía dejarse llevar por una relación puramente física (si no, qué demonios la había unido al petardo de Augustus Pomeroy), había algo que no cuadraba: si siguiese enamorada de Harry no hubiera sido capaz de acostarse con él. Eso era un hecho irrefutable.
"¿He tardado mucho?" -la cristalina voz de Cordelia lo sacó de su ensimismamiento. Levaba una túnica larga en tono azul pavo real, con un discreto escote en "V", y unos pendientes de aguamarinas que pasaban de los tres dedos de largo. La melena, recién cepillada, caía en ondas sobre sus hombros. Los ojos parecían aún más grandes y profundos gracias al hábil maquillaje y sus esbeltos tobillos parecían levitar sobre unos tacones vertiginosos. Sirius tuvo que reconocer que estaba impresionante.
"Qué va... tan rápida y guapa como siempre. Anda, vámonos" -propuso ayudándola a ponerse la capa que llevaba en el brazo.
Cordelia se colocó bien la melena con un movimiento rápido de cabeza y suspiró profundamente. Si el mundo fuera justo, Sirius Black tenía que enamorarse perdidamente de ella y no de aquel insulto a la feminidad que era Hermione Granger.
-------------------
Cuando Remus y Hermione salieron de la taberna, el sol lucía resplandeciente en un cielo que había estado nublado toda la mañana. El jardincillo que había en medio de la plaza que los separaba del hospital de San Mungo estaba lleno de niños que jugaban en los fosos de arena o trepaban a los árboles, y tanto Remus como Hermione se encontraban con el ánimo más optimista que cuando habían entrado.
"Vaya... pocas veces te he visto sonreír así..." -le dijo ella al licántropo, que habitualmente se mostraba más cerrado que una caja fuerte.
Remus se limitó a seguir sonriendo y no dijo nada. Mientras cruzaban el jardín vieron a dos mocosos de unos seis o siete años que miraban hacia las ramas más bajas de un árbol. Uno de ellos, un enano con una espesa mata de pelo negro y unos ojos grises que casi no le cabían en la cara, corrió hacia Hermione y le tiró de la manga, poniéndole cara de cachorrillo abandonado.
"¿Me coges la pelota?" -imploró, mirándola con una sonrisa que hizo que Hermione sintiese aflorar su atrofiado instinto maternal.
La auror le acarició el pelo y le sonrió.
"Claro que sí... ¿dónde está?" -le preguntó.
El pequeñajo se limitó a señalar una rama del árbol, donde había quedado atrapada una gastada pelota de colores. Hermione se separó unos pasos de Remus, que probablemente había quedado fuera de juego imaginándose a su propio futuro retoño jugando en el mismo parquecillo y, poniéndose de puntillas, alcanzó la pelota.
En el mismo instante en que Hermione tocó el juguete con la punta de los dedos, su sexto sentido le advirtió que no lo hiciese, pero ya era demasiado tarde. En cuanto sus manos agarraron firmemente la pelota, sintió el característico tirón bajo el ombligo y todo lo que la rodeaba se oscureció bruscamente. Se vio inmersa en medio de un tornado de viento y oscuridad, mientras se maldecía a sí misma por ser tan imbécil como para no reconocer un traslador. Había picado como una novata.
Cayó de rodillas en un duro suelo de piedra y, antes de poder aspirar una bocanada de aire, oyó una voz maliciosa que no podía contener el entusiasmo.
"Bienvenida a nuestro hogar, Granger... ¿te apetece un cruciatus para empezar?"
"Malfoy" -jadeó.
Y antes de que pudiese ponerse en pie, el dolor la engulló y la sumergió, otra vez, en la oscuridad.
-----------------------------
¡Hola, cuánto tiempo, ¿eh! Aquí tenéis a los dos tortolitos que siguen en sus trece de complicarse la vida. Y tal y como os prometí, a Hermione le ha pasado algo malo, muy, muy, muuuuuy malo... Siento deciros que el fic entra en su recta final. Me da mucha penita...
ATENCIÓN, SPOILERS, SPOILERS, SPOILERS...
Bueno, voy a aclararos unas cosillas antes de nada con respecto a la trama, porque viendo algunos reviews observo alguna confusioncilla. Vamos a ver: la Hermione protagonista es la de los libros. Es decir: cuando tenía quince años se murió Sirius atravesando el velo (libro 5), y para no liar las cosas, lo que sucede en el libro 6 también le sucede a ella, qué le vamos a hacer. Por tanto, en su pasado también se han enamorado Remus y Tonks (después de cierta reticencia por parte del licántropo, que desaparece después de que Fenrir ataque a Bill) y Bill y Fleur. También Dumbledore ha muerto porque se lo ha cargado Snape.
Lo que no sabemos es lo que va a hacer Rowling, pero yo ya me he tomado la licencia de inventarme un final: pierden la guerra, Voldemort mata a Harry y van cayendo todos como chinches hasta que la última en morir es Tonks. Quedan Remus y Hermione, y ella utiliza el traslador.
Al utilizar el traslador, cambia el pasado, y se invalidan todos los libros después del final del quinto. En este tiempo alternativo, el libro 6 no existe, Sirius no ha muerto y la historia de Remus y Tonks es como la conté yo en el capítulo 12. O sea, que, por si no lo habíais notado, falta algún personaje importante que ya aparecerá. Tampoco se liaron Ginny y Harry.
Bueno, creo que hasta ahora es suficiente. Cuando vea que alguien plantea alguna duda importante en un review, lo aclaro aquí.
Mientras tanto, respuestas a los reviews en un review firmado por mí misma, como hago ahora.
Muchos besitos de caipiriña para todos, y recordad felicitar a vuestros papis por el día del ídem.
Lara
