Disclaimer: Dingún bersonaje de los gue indervienen en esde fic be berdenece. Gobo dije andes, la vida es dura. Gamarero, ahora bóngame... un güisgui... o bejor un vodga bás, gue no gonviene bedclar ligores...
NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP
Nota de la autora:
Bueno, mil disculpas por tardar tanto en actualizar. Me imagino que ya estaríais pensando que me habían secuestrado, o que me había largado a vivir a un poblado amazónico sin internet ni luz eléctrica, o que el muso se había largado al Caribe de forma definitiva. Pues no. No puedo contaros lo que me ha pasado, sólo deciros que ha sido algo de cierta gravedad que ha tenido mi vida patas arriba y a mí incapaz de conectarme a internet durante una buena temporada. No ha sido ninguna enfermedad, ni mía ni de ningún familiar, y mi vida privada sigue en perfecto estado, con mi Sirius particular tan encantador como de costumbre. En fin, todo está volviendo a su cauce y, aunque de momento no se ha solucionado del todo el problema, ya tengo algo de tiempo para dedicarlo al fic. No me gusta tardar en actualizar porque cuando pasa tanto tiempo, ya no te acuerdas de lo que había pasado en el último capítulo, así que subiré el próximo una semana más tarde (el siguiente viernes) para compensaros.
Y ahora me dejo de palabrerías y os dejo disfrutar con el capítulo. Como veréis, tiene un ritmo rápido, de escenas cortas... la intención era dar a entender que todo se sucede muy rápidamente. A ver qué os parece.
DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?Capítulo 15: Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara (SHAKESPEARE, William)
Remus vio cómo Hermione desaparecía de su vista (y con ella los dos pequeñuelos de aspecto angelical, que a pesar de su edad se aparecían con bastante habilidad) y no tardó ni un segundo en reaccionar: comprendió lo que había pasado y mediante el hechizo intercomunicador de varitas alertó al resto de los aurores, quienes acudieron inmediatamente a San Mungo.
La que se montó fue digna de recordar. Mientras Remus explicaba lo ocurrido, el grupo reaccionó de formas muy diversas: Harry parecía indeciso entre si matar al licántropo o consolarlo, dado que parecía estar buscando algo de plata para clavárselo a sí mismo en el paladar; Ron rumiaba palabras ininteligibles, furioso, no se sabía muy bien contra quién; Moody negaba con la cabeza, pesaroso, ante otra muestra irrefutable de que los aurores a sus órdenes hacían simplemente lo que les daba la gana, y de que esta Hermione era bastante más insubordinada que la otra; Ginny tenía los ojitos brillantes, Kingsley mantenía el semblante sereno de costumbre y Cordelia parecía pasar olímpicamente de todo.
Sirius, en cambio, con una serenidad sorprendente, guardó su varita y se limitó a mirar a Moody a la cara y soltarle:
"Me largo a interrogar a Narcissa, Alastor. Ella debe de saber dónde iban a llevar a Hermione"
"Ni hablar, Sirius" -lo contradijo Alastor. "No tienes mi autorización, y sigo siendo tu superior"
Sirius lo miró con una cara que debería tener reservada para los mortífagos.
"Pues tendrás que impedírmelo a base de maldiciones" -dijo. "Tienes mi dimisión, si la necesitas, pero no vas a evitar que le saque a Narcissa todo lo que pueda"
Alastor suspiró profundamente.
"Todo el que se entrevista con un prisionero es sometido a un análisis de la varita, y si encuentran restos de cruciatus en la tuya, te enviarán a Azkaban antes de que puedas pestañear" -explicó. "Os necesito a todos en activo. Sirius, sé cómo te sientes, pero..."
"No, no tienes ni idea, Alastor" -se limitó a señalar el animago. "Oye, de verdad... eres el mejor jefe que pueda haber, y me ha gustado mucho estar a tus órdenes, pero te aseguro que nadie podrá evitar que encuentre a Hermione como sea... además, no sería tan idiota como para lanzarle un cruciatus a Narcissa con mi propia varita..."
"Sirius, espera..." -lo interrumpió Remus interponiéndose en su camino. "No hagas tonterías, idiota. Es mejor que..."
Pero Remus no tuvo muchas posibilidades de continuar con su argumentación, porque Sirius le soltó un derechazo que lo hubiese dejado seco si los instintos agudizados del licántropo no lo hubiesen ayudado a esquivar parcialmente el golpe en el último instante. Aún así, el impacto lo tiró al suelo.
"¡Sirius!" -bramó Alastor empezando a considerar la idea de meter a todo el grupo en los calabozos del ministerio. Los demás permanecieron en silencio, atónitos.
"Déjalo, Ojoloco..." -intervino Remus desde el suelo, aceptando la mano que Sirius le ofrecía para levantarse. "Esto nos ayudará a sentirnos mejor a los dos..."
"Lo siento, Remus..." -se disculpó el animago, que no parecía en absoluto arrepentido de lo que había hecho. "Tú acata las normas, si quieres, pero deja de tocarme las narices"
"Yo también lo siento, amigo..." -aceptó Remus frotándose la mandíbula, que empezaba a adoptar las dimensiones de un hipogrifo. "Pero si pretendes ir sin mí vas listo..."
Ginny lloraba ahora abiertamente, Cordelia hasta se había olvidado de apartarse la melena de la frente, Shacklebolt seguía impávido, y tanto Harry como Ron simplemente flipaban.
"De acuerdo, vamos" -dijo Sirius impaciente.
"¡Espera!"
El animago se volvió al oír la voz de Harry. No era una voz imperativa, sino más bien la de un niño que le pedía a otro que le dejase jugar con su pelota.
"¿Cuál es tu idea?" -le preguntó Harry.
"Veritaserum" -se limitó a responder Sirius. "Sé cómo conseguirlo sin autorización"
"Así que vas a ir a ver a Phillipa Spoilsoup" -la voz de Kingsley Shacklebolt se oyó de pronto en la habitación, con su entonación impasible característica, mientras su propietario se acariciaba la barbilla.
"¿Quién es esa Phillipa Spoilsoup?" -preguntó Ron mirándo a Kingsley y a Sirius alternativamente.
"Phillipa Spoilsoup es la jefa del laboratorio de pociones del Ministerio" -explicó Shacklebolt. "Y una... eh... buena amiga de Sirius..."
Harry enarcó una ceja.
"Antes..." -puntualizó Kingsley.
"Oye, dejadme en paz. Lo importante es que puedo conseguir la poción enseguida, y si no la consigo, puedo utilizar otros métodos sin llegar a los cruciatus" -interrumpió Sirius cada vez más irritado. "Y si los del Ministerio ponen pegas, con echarme toda la culpa a mí está solucionado, Alastor. Pero yo me largo"
Ojoloco suspiró.
"Vale... chicos... no quiero tonterías. Os necesito en el grupo, y no quiero veros acusados de algo de lo cual no pueda defenderos¿de acuerdo? Sirius, presiona un poco a Narcissa, pero no quiero imperdonables... y lo mismo te digo a ti, Remus... si os encuentran indicios de un cruciatus en la varita, poco podré hacer por vosotros..."
Todo el grupo se mantuvo a la expectativa durante unos instantes.
"Mientras tanto..." -continuó Ojoloco- "...vamos a empezar a dividirnos por grupos. Cordelia, mientras este par de majaderos consiguen la poción, empieza a interrogar a Narcissa, a ver si consigues averiguar algo sin que envíen a Sirius a Azkaban. Deberíamos empezar a registrar los sitios donde puedan haberse llevado a Hermione. ¿Alguna idea?"
"Yo iría primero a Malfoy Hall, y si no encontramos a nadie, a la casa de los Parkinson... sabemos que esa chica los está ayudando, así que bien puede ocultarlos allí. No estaría mal llevarnos a otra unidad de aurores, por si acaso" -dijo Kingsley.
Pero Moody negó con la cabeza.
"Para pedir el apoyo de otra unidad, necesitaríamos el permiso del director general del departamento de aurores, y se necesitan al menos veinticuatro horas. Es el procedimiento habitual..."-añadió moviendo con la cabeza como si estuviese golpeándola contra una pared.
"Menuda mierda de burocracia" -refunfuñó Ron poniéndose rojo por momentos. "Esto es una emergencia... dentro de 12 horas no sabemos si Hermione estará viva o..."
"Eso, Ron, tú da ánimos..." -le replicó Ginny dándole una colleja y señalando con la cabeza a Remus, que se había sobresaltado en la silla al oír las palabras del joven Weasley.
"Bien, Kingsley y Ginny, a Malfoy Hall. Ron, consigue una orden de registro de la casa de los Parkinson... Harry... ¿puedes ir con él?" -continuó Moody.
"Sí, pero no creo que encontremos nada. Los Parkinson son gente respetable... apoyan a los mortífagos, pero nunca se han visto involucrados en nada... no van a arriesgarse ahora que no tienen nada que ganar, y encontrar a mortífagos fugados en su casa los arruinaría por completo..." -Harry se desordenó su mata de pelo negro, pensativo. "No, tiene que ser la casa de algún mortífago, a la que tengan acceso, o de alguien que no tenga nada que perder con todo esto..."
Alastor asintió, en silencio.
"Igualmente, hay que intentarlo. Remus, dentro de tres o cuatro horas habrá anochecido. Tienes que hablar con esa doctora para tomar la poción matalobos y encerrarte" -le ordenó Moody.
"Eso será dentro de tres o cuatro horas, Alastor" -replicó Remus con una incipiente coloración amarillenta en los iris. "Mientras, estaré con Sirius y Cordelia".
El veterano auror los vio marchar y se dejó caer en una silla, como si de repente se sintiese viejo, y cansado. Los demás se levantaron y empezaron a irse, pero Kingsley le hizo una seña a Ginny para que lo esperase y se sentó al lado de su jefe, preocupado.
"¿Qué pasa, Alastor?" -le preguntó en voz baja.
Ojoloco se limitó a mirarlo fijamente con su ojo bueno, mientras el mágico daba vueltas como un loco y desaparecía en la órbita, probablemente mirando a su espalda. Shacklebolt no pudo evitar un estremecimiento: odiaba que Alastor hiciese eso.
"No pienso permitir que Sirius tenga problemas por tratar de salvar a Hermione... a pesar de mi fama de loco todavía tengo muchos amigos en el Ministerio... de cualquier modo, si no es Sirius con el veritaserum, serán Harry y las imperdonables..." -Shacklebolt observó cómo Ojoloco se levantaba lentamente, sacaba una petaca de su abrigo y se tomaba un buen lingotazo. "Lo que me importa es que yo estoy con ellos... quiero a Hermione de regreso, sana y salva... y si tú o Cordelia ponéis algún problema, os lanzaré un obliviate y me quedaré tan ancho..."
Shacklebolt pareció sorprenderse ligeramente por la amenaza, pero se repuso enseguida y negó con la cabeza.
"No puedo hablar por Cordelia, pero tienes mi apoyo. Hermione es una compañera..." -se limitó a asegurar Kingsley.
Moody le dio una palmadita en el hombro.
"Bien, bien... pues ahora ve con Ginny y rastrea la casa de los Malfoy como si te estuvieses buscando a ti mismo" -ordenó el jefe de aurores, volviendo a adoptar el aire imponente que Kingsley estaba acostumbrado a ver.
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El entrenamiento de un auror incluye saber sobrevivir a todo tipo de situaciones peligrosas, pero en cuanto Hermione abrió los ojos supo que, en aquel momento, iba a batir todos los récords.
La consciencia volvió a su cabeza lentamente, compartiendo espacio con un terrible dolor que le apretaba el cráneo como si se lo estuviesen estrujando con un cascanueces. Todo estaba oscuro, al principio, y hacía mucho frío. También le dolían los brazos, y las piernas, y... bueno, no era capaz de reconocer alguna parte de su cuerpo que no le doliese.
"Recuento de daños..." -logró verbalizar mentalmente, de forma automática. Era algo que le había enseñado a hacer Remus después de un ataque: explorar mente y cuerpo y evaluar las lesiones.
Estaba en una mazmorra, sin duda, con el suelo y el techo de piedra y a oscuras. Hacía frío, y la humedad se le pegaba a los huesos. El dolor que le atenazaba los miembros era obviamente el resultado de los cruciatus... por lo mal que se encontraba probablemente le habían lanzado siete u ocho. No sangraba por ningún sitio, y aunque estaba a oscuras, por las sombras que vislumbraba parecía que veía bien. El suelo era duro y frío... y húmedo... pero tenía miedo de moverse por si había algún mortífago con ella.
Recordó todo lo que le había pasado, e inmediatamente pensó en Sirius. Deseaba desesperadamente verlo, estar con él y explicarle lo que había pasado en San Mungo... quería que la abrazase y la besase, y oír de nuevo todo lo que le había susurrado al oído la noche que habían compartido y que le habían derretido los huesos.
Quería a Sirius.
Sintió ganas de llorar de rabia al darse cuenta de que esa noche ella no le había contestado cuando él le había dicho que la quería. Había sido una idiota. Estaba enamorada de Sirius como una estudiante de los TIMOS, y ahora todo estaba perdido. Los Malfoy no iban a darle la oportunidad de escapar. La torturarían y la matarían, y ella nunca podría decirle a Sirius lo que sentía.
Mierda.
Deseó profundamente una segunda oportunidad. Poder escapar de los Malfoy, sólo para decírselo a él. Sabía que la esperaba una muerte segura, pero necesitaba ver a Sirius una última vez. Abrazarlo y decírselo.
"Vaya, Draco... no resiste tanto como parecía..."
Hermione hizo el esfuerzo de no moverse al oír la sibilina voz de Lucius Malfoy. Venía acompañado, por lo que parecía.
"Ha aguantado diez cruciatus antes de desmayarse" -respondió la voz de demente de Draco Malfoy, saboreando las palabras.
"Sorprendente..." -siseó Lucius. "Vamos a ver si sigue así. Enervate"
Hermione no pudo fingir más que estaba inconsciente. Abrió los ojos como platos y ante ella vio una imagen que gustosamente hubiera declinado observar.
Tres hombres.
Lucius Malfoy, tal y como ella lo recordaba. Alto, con una cabellera rubia y larga, impecable como siempre. Vestido con la elegancia que lo caracterizaba, como un caballero victoriano, acompañado por su sempiterno bastón. Con una belleza impactante y fría. Lo había visto torturar magos y muggles sin despeinarse, y sabía que su crueldad no tenía límites.
Draco Malfoy. Hermione pensó por un momento que no era él. Su cuerpo, alto y espigado como un junco, aparecía ahora desgarbado y escuálido. Llevaba el pelo corto, pero no con su perfecto peinado engominado de Hogwarts, ni con el aspecto indolente que ella le había visto durante la guerra. Iba despeinado, y los mechones rubio platino parecían sucios y desiguales. Pero lo que más sorprendió a Hermione fueron sus ojos. La mirada de acero que lo caracterizaba había sido sustituida por una enfebrecida e inyectada en sangre, una mirada de loco. Había muchas emociones que podían leerse en aquellos ojos, pero ninguna parecía humana.
Y un tercer hombre.
Más alto que Draco y menos que Lucius. Moreno, con el pelo lacio y grasiento cayendo sobre la nariz ganchuda. Una mueca despectiva en los labios finos y pálidos. Un hombre completamente vestido de negro, como un cuervo.
Hermione lo conocía muy bien.
Era Severus Snape.
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Mientras, Ron acompañaba a un Harry pensativo de camino a Malfoy Hall. En lugar de crear un traslador para ir hasta allí, Harry caminaba taciturno rascándose la nuca.
"¿Qué te pasa?" -le preguntó Ron, acostumbrado ya a sus arranques.
"Que no creo que el veritaserum de Sirius vaya a ser muy efectivo. Estoy seguro de que los Malfoy tienen a alguien que les suministra pociones"
"¿Por qué dices eso?" -inquirió Ron sorprendido.
"Poción multijugos" -respondió Harry. "Los niños que jugaban en el parque... eran mortífagos, y por eso desaparecieron con Hermione. Y si tienen acceso a la multijugos... también pueden tener antídoto para el veritaserum... de todos modos, a ver si Sirius puede conseguir algo, y mientras tanto, yo quiero ir al despacho de Hermione"
"¿Para qué?" -se sorprendió Ron.
"Para mirar sus notas. Hermione siempre escribe notas cuando está investigando algo..."
"¿Como cuando la petrificó el basilisco?"
Harry asintió con un gesto.
"Bueno, pues vamos cuanto antes" -propuso Ron agarrando a Harry por un codo. "Conociendo a Sirius, tardará menos de cinco minutos en conseguir que esa Philippa le ofrezca veritaserum suficiente como para rellenar el lago de Hogwarts"
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"¿Qué tal se encuentra, señorita Granger?..." -Lucius Malfoy le levantó la barbilla con el mango de plata de su bastón. "Espero que mi hijo Draco la haya atendido como se merece"
Hermione hizo un esfuerzo y se incorporó lentamente sobre un codo. Los movimientos le producían náuseas y con pánico notó un sudor frío por la espalda y la sensación inminente de que iba a vomitar. Cuando ya empezaba a contraérsele el estómago, Snape la sujetó por la mandíbula y, sin más miramientos, la obligó a beberse el contenido humeante de una copa. El líquido tibio le bajó por la garganta, calmando las náuseas y dejándole una intensa sensación de bienestar. Cayó hacia atrás, agotada, mientras el dolor que le paralizaba los músculos iba cediendo lentamente.
"Esto es analgirea, una potentísima poción reconstituyente. Pero claro, un ratón de biblioteca como usted ya habrá reconocido lo que había en la copa del señor Snape¿verdad, señorita Granger¿O debería llamarla señora Black?" -la voz de Lucius Malfoy adoptó un tono melifluo, mientras Severus Snape ponía una mueca de profundo disgusto al oír el apellido de su odiado enemigo. "Ah... qué casualidades tiene la vida... el tierno romance entre una sangre sucia y un traidor a la sangre... he de confesarle que tanto mi esposa como yo celebramos enormemente sus esponsales... sólo el joven Potter hubiera sido tan apropiado para usted como ese perdedor de Black..."
"Es curioso que quien le llama perdedor esté condenado a cadena perpetua en Azkaban" -no pudo evitar replicar Hermione.
Lucius soltó una sonora carcajada.
"Tiene usted muchos bríos dadas las circunstancias¿no le parece, señorita Granger? Sí, no puedo negar que estoy condenado a cadena perpetua en Azkaban, pero, si se fija bien, observará que yo estoy libre y usted está aquí, encerrada... y que mi hijo tiene la intención de hacérselo pasar realmente mal..."
Hermione miró fugazmente a Draco, que esbozó una mueca sádica. Se inclinó hacia ella y le tomó un mechón de pelo, tirándole de él hasta hacerle extender el cuello para que lo mirase a los ojos.
"Verás, Granger... no estamos solos aquí..." -comenzó a explicarle con el tono endulzado que utilizaría con un niño. "Este lugar está lleno de mortífagos... todos los que quedaron leales al Señor Oscuro están aquí... pero nadie más sabe dónde estamos, así que no esperes que Potter y los demás den contigo. Tenemos tiempo antes de que nos encuentren. Mientras tanto, Granger, vas a sufrir tanto como desees. Voy a torturarte hasta que no puedas más, y cada vez que pierdas el conocimiento, Snape hará que te recuperes con una de sus pociones. Es lo malo de los cruciatus... que utilizados en exceso, o te vuelven loco o te matan. Pero tú no tendrás la suerte de morir, Granger, porque Severus preparará suficiente analgirea para que resistas... y cuando tú decidas que no puedes más, y te arrodilles y me supliques que te mate..." -los ojos grises de Draco se acercaron a los marrones de Hermione, que intentaba controlar su temblor-; "...cuando me supliques, Granger, gustosamente terminaré tu suplicio y te lanzaré un bonito avada kedabra..."
Hermione intentó controlar el miedo que empezaba a sentir. Remus también le había enseñado aquello: que el miedo era inevitable, pero se le podía controlar. Los aurores tenían técnicas relativamente eficaces para soportar el dolor físico de la tortura, pero el problema, donde todo el mundo fallaba, era en la parte mental. Perder la esperanza era lo peor que te podía pasar. Saber que estaba allí, escondida quién sabe dónde, sola y sin varita, en una casa probablemente abarrotada de mortífagos, y a merced de unas bestias sanguinarias como los Malfoy, no era un panorama nada halagüeño. Así que Hermione recordó lo que le había enseñado Remus: tenía que ponerse pequeñas metas e ir alcanzando una a una. Sobrevivir hora a hora, día a día... cada cruciatus que no te mataba era una victoria...
"Así que vamos a empezar a jugar, Granger... recuerda lo bien que te sientes ahora, porque no volverás a sentirte así en mucho tiempo... ¡crucio!"
Hermione volvió a sentir como si miles de cuchillos se le clavasen en las entrañas, y ni siquiera tuvo la suerte de desmayarse.
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"¡Sirius!"
"Hola, Philippa..."
Philippa Spoilsoup era una bruja de unos treinta y cinco años, de piel morena y vivaces ojos castaños, algo así como una versión femenina de Sirius. El animago la abrazó con afecto y, cogiéndola por los hombros, hizo que girase en redondo sobre sí misma.
"Tan guapa como siempre..."
"Lo mismo digo..." -le respondió ella, riéndose con franqueza. "Y ahora deja de dorarme la píldora y dime qué te trae por aquí"
Y Sirius se lo dijo.
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"¡Legeremens!"
Una concentrada Cordelia llevaba una hora intentando meterse en la mente enfermiza de Narcissa Malfoy, con un éxito limitado. La mortífaga estaba sentada frente a ella, desarmada e inmovilizada, pero parecía defenderse bastante bien con la oclumencia. A su lado, Remus permanecía de pie, apoyado en la pared, haciendo auténticos esfuerzos por mantenerse callado y contener la rabia que iba aumentando según el lobo empezaba a aparecer.
"Escocia¿eh?"
Remus levantó la cabeza. Narcissa tenía una mueca de rabia deformándole la cara, y Cordelia, que empezaba a mostrar signos de cansancio, esbozaba una sonrisa de satisfacción.
"¿Escocia?" -preguntó Remus.
"Sí, están en Escocia, lo he visto en una señalización. He visto una casa, pero de noche, y no la reconozco"
"No sabemos de ninguna residencia de mortífagos en Escocia" -rechazó Remus. "Puede no ser nada"
"Es algo" -insistió Cordelia. "Sé diferenciar las imágenes banales de las que se intentan bloquear. No puedo asegurar que la tengan allí, pero es algo".
"Escocia..." -repitió Remus en un murmullo. "No tenemos tiempo para registrar toda Escocia..."
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Hermione abrió los ojos con gran dificultad y sintió cómo la agarraban por la nuca sin miramientos y le estiraban el cuello con violencia.
"Hola, Granger" -siseó Draco Malfoy. "¿Has tenido dulces sueños?"
Hermione notaba todo su cuerpo arder con el dolor residual de los cruciatus. La analgirea no le producía amnesia, y empezaba a invadirla el pánico a que Draco comenzase a torturarla otra vez. En el pasado le habían alcanzado unos cuantos cruciatus, pero siempre en el transcurso de una batalla y de forma aislada. Draco le había lanzado crucio tras crucio, disfrutando como un enajenado ante el sufrimiento de ella.
"Por supuesto, Malfoy. He soñado que volvías a Azkaban, a pudrirte allí el resto de tu vida"
La carcajada de Draco se oyó reverberando por toda la mazmorra.
"Todavía tienes energías¿eh, pequeña sangre sucia insolente?" -le susurró Malfoy al oído. "No importa, todavía estamos empezando. Los sangre sucia no estáis acostumbrados a la magia¿sabes? No aguantáis las maldiciones... nunca seréis como nosotros..."
"Claro, Malfoy..." -contestó Hermione con ironía, ahogando un quejido cuando él le retorció aún más el cuello. "Los sangre limpia lo lleváis en los genes¿eh? Por eso tenéis que ser siempre los mejores en todo. Lástima que de vez en cuando haya por ahí algún hijo de muggles que os estropea las estadísticas"
"Ningún sangre sucia superará nunca a un sangre limpia" -le escupió Malfoy en voz cada vez más alta. "¡Crucio!"
Hermione se quedó sin respiración durante el tiempo que duró el efecto de la maldición. Todavía estaba muy débil después de la última sesión de cruciatus de Draco, y le parecía que iba a volver a desmayarse de un momento a otro. El dolor, aplicado sobre su cuerpo lesionado, era insoportable, y se sintió tentada a suplicarle a Draco que parase. Pero no podía hacerlo. Jamás podría suplicarle nada a Draco Malfoy.
Cuando el efecto de la maldición terminó, se quedó inmóvil, agotada, respirando con dificultad. Draco se levantó y fue hacia una mesa que no había visto antes. Cogió una copa que humeaba y se la llevó a Hermione. La agarró por el pelo, le levantó la cabeza y la obligó a beber el contenido. Inmediatamente, Hermione sintió cómo el efecto de la poción la confortaba y el dolor desaparecía, dejándola relajada y tranquila. Si tan sólo Draco la dejase dormir un poco...
"Nunca lo has entendido¿verdad, Granger?" -la voz enloquecida de Draco le susurraba al oído. "Da igual que hayamos perdido la guerra, da igual que la mayoría de los mortífagos estén muertos o en Azkaban... somos superiores y siempre lo seremos... los magos siempre estaremos por encima de los muggles, somos una raza..."
"Superior, sí, ya me sé el discursito racista de Voldemort y sus acólitos" -le respondió Hermione con desprecio, la voz ronca del esfuerzo. "Lástima que toda esa teoría no sea más que una teoría¿verdad, Malfoy? Una teoría que hijos de muggles como yo y la madre de Harry nos hemos encargado de echaros por tierra..."
"¡Tú nunca podrías considerarte mejor que yo en nada, repugnante sangre sucia!" -gritó Malfoy agarrándola del pelo otra vez y acercando la cara a la de la chica, que tenía ahora un pequeño reguero de sangre deslizándose por el labio. "¡Como ves, vuestros patéticos intentos de encerrarnos en Azkaban no han tenido mucho éxito, Granger, y ahora eres tú la que estás encerrada rezando para que te mate!"
Hermione se tocó la sangre que empezaba a bajar hacia el mentón.
"Todavía no has acabado conmigo, Malfoy" -murmuró ella, aún a sabiendas que eso sólo iba a enfurecerlo más.
La risa enloquecida de Draco resonó de nuevo. Sonrió con sus ojos entrecerrados, y acercándose todavía más a Hermione, lamió con delicadeza la gota de sangre que le resbalaba por la cara. Ella se mantuvo inmóvil, reprimiendo a duras penas el gesto de rechazo.
"No, todavía no, espero... todavía nos quedan muchas horas de diversión por delante, repugnante sangre sucia... así que vamos a empezar a aprovecharlas... ¡crucio!"
Hermione se retorció entre espasmos de dolor, respirando con dificultad. Otra vez... La poción le quitaba el dolor previo, pero se daba cuenta de que las secuelas de las anteriores maldiciones no se iban, y que cada crucio era más insoportablemente doloroso que el anterior. En cuanto el dolor cesó, la invadieron las náuseas y las lágrimas empezaron a aflorarle, imposibles de controlar. Pensó en Sirius, y en las últimas palabras airadas que le había dirigido, y ya no pudo evitar que los lagrimones le rodasen por las mejillas. Pero no pudo pensar mucho más en él, porque Draco levantó la varita y le lanzó otro cruciatus, y el lacerante dolor de la maldición la atravesó otra vez.
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"¡Sirius!" -exclamó Remus al ver entrar al animago. "¿Traes la poción?"
Pero Sirius negó con la cabeza, en silencio.
"No, va a intentar conseguirme un frasco de poción, pero será difícil porque los viales están numerados, así que también va a empezar a prepararla ahora mismo. Lo malo es que le llevará hasta la madrugada..."
Remus y Cordelia se quedaron callados, sin saber qué decir. Toda la noche en manos de los Malfoy... no eran buenas noticias.
"Tengo que irme..." -suspiró Remus. "Tengo que tomarme la poción matalobos y encerrarme..."
Sirius asintió.
"Yo voy a seguir intentando averiguar algo más" -dijo Cordelia, volviendo a la habitación donde estaba Narcissa y dejando a los dos merodeadores solos. Ver a Sirius en ese estado por la desaparición de Hermione era una patada en su ego.
"Sólo son unas horas, Sirius..." -lo tranquilizó el licántropo. "Hermione es dura... aguantará lo que haga falta, y mañana la tendrás en casa, sana y salva".
Sirius se pasó la mano por el pelo, nervioso.
"No voy a esperar, Remus..." -contestó. "Voy a empezar a presionar a Narcissa, ya. No voy a lanzarle ningún cruciatus..." -añadió al ver el gesto del licántropo- "...por ahora... pero voy a empezar a sobrepasar los límites, así que es mejor que te vayas. Mandaré a Cordelia a casa a descansar... cuantos menos estemos implicados, mejor."
"Son sólo unas horas, Sirius..." -intentó convencerlo Remus.
"¿Qué harías tú si fuese Tonks?" -lo interrumpió Sirius.
"Bueno, vale, haz lo que quieras, pero vete con mucho cuidado" -admitió Remus.
"Yo siempre tengo cuidado" -bromeó Sirius enarcando una ceja.
"Sí, claro, por eso te lo digo..." -respondió Remus elevando los ojos. "La idea es que sean los Malfoy los que vuelvan a Azkaban, no tú"
Sirius se dirigió tras los pasos de Cordelia sin decir nada más, y se despidió de su amigo con un gesto de la mano.
"Sirius... en serio... no quiero que vuelvan a encerrarte" -insistió el licántropo.
El animago se quedó parado pero no se volvió.
"Yo tampoco, pero prefiero quedarme allí de por vida a encontrar a Hermione muerta. Y ahora, si no te importa..." -y desapareció tras la puerta.
Remus no sabía si contarle a Sirius la conversación que había tenido con Hermione antes de que la secuestrasen, pero pensó que era mejor ver primero cómo sucedían las cosas. Estaba convencido de que se reprochaba haberle hablado de aquella forma, y contarle que Hermione se había enamorado de él hasta las pestañas no iba a ayudarle precisamente a tener la cabeza fría. Tenían tiempo, mucho tiempo, para eso.
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"Es increíble... nunca he conocido a nadie tan organizado como Hermione en mi vida... lo de esta chica no es normal..." -murmuraba Ron mientras él y Harry rebuscaban en la mesa de la auror. Había carpetas rotuladas con asuntos pendientes y solucionados, libros de hechizos y defensa contra las artes oscuras, pero todo ello tan pulcro y ordenado que parecía que tuviese un ejército de elfos domésticos ocupándose tan solo de su mesa.
"Mira esto... tiene que ser aquí¿no?" -dijo Harry con una sonrisa, mientras separaba una carpeta rotulada con mayúsculas. "Mira, Hermione puso por escrito las diferencias entre su pasado y el de la otra Hermione..."
Estuvieron un rato leyendo los pergaminos, buscando algo que les pudiese ayudar.
"¿Qué es esto del príncipe de sangre mestiza?" -preguntó Ron rascándose la nuca.
"¿Qué dices?" -murmuró Harry enfrascado en la lectura, sin prestarle demasiada atención a Ron.
"Mira, aquí lo pone..."
Harry inclinó la cabeza hacia el pergamino que sujetaba Ron. Un príncipe... un príncipe mestizo que había asesinado a Dumbledore en el pasado de Hermione. Sin embargo, no había príncipes en la comunidad mágica...
"No conocemos a ningún mortífago que se hiciese llamar así..." -dijo Ron.
"O sí lo conocemos..." -murmuró Harry. "Pero no por ese nombre..."
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"Mierda, otra vez no..." -pensó Hermione al sentir que alguien la despertaba con un enervate. Todo el cuerpo le temblaba, notaba todas las articulaciones hinchadas, y aunque estaba empapada en sudor, tenía muchísimo frío. Cada cruciatus era peor que el anterior, y pronto comprendió cómo los padres de Longbottom habían terminado en el ala psiquiátrica de San Mungo.
"Bienvenida al infierno, Granger" -le susurró al oído la voz rechinante de Severus Snape mientras la obligaba a tragar la analgirea por el simple pero efectivo método de taparle la nariz y hacerle abrir la boca para respirar.
"¡Snape!" -logró articular Hermione mientras volvía a notar el efecto de la poción. Sin embargo, aunque el líquido humeante hacía desaparecer las lesiones, se quedaba cada vez más agotada y débil. Apoyó de nuevo la cabeza en el suelo de piedra, y notando algo pegajoso en la sien, se llevó los dedos a ella. Sangre. Debía haberse golpeado contra las losas del suelo la última vez que se había desmayado.
Snape estaba inclinado junto a ella. La miraba con la fría indiferencia de un forense, mientras le giraba la cabeza para mirarle la herida o le palpaba ligeramente una muñeca o un tobillo que seguían algo hinchados. Se levantó, fue hacia la mesa que había visto antes, y mezcló un par de líquidos que sacó de unos viales de cristal. Le alargó la copa y ella se bebió el contenido sin miramientos. Automáticamente, la herida de la sien dejó de dolerle, aunque seguía notando algo de sangre que se deslizaba por su mejilla.
"Póngase esto en la herida" -se limitó a ordenarle Snape mientras le alargaba un tarro que contenía algo denso y de color amarillo limón. Hermione obedeció sin rechistar.
"Hacía mucho que no lo veía, Snape" -comentó Hermione mientras se untaba la pomada apoyándose en un codo, con el mismo tono que hubiera utilizado si se hubiesen encontrado tomando un helado en la cafetería de Florian Fortescue y si la última vez que lo había visto no hubiese sido el día de la muerte de Dumbledore.
"¿Sorprendida, Granger?" -preguntó Snape mientras le movilizaba un tobillo, sin mirarla a la cara. "¿Pensaba cuando desaparecí que el Señor Oscuro había descubierto que era un espía de la Orden y me había asesinado, igual que sus compañeros? Es evidente que su afamada inteligencia no era tal..."
Lo que Hermione no sabía, hasta el momento, era lo que había sucedido con Snape en el pasado de la otra Hermione. En su propio pasado, Snape había asesinado a Dumbledore y había vuelto con los mortífagos, y seguía sano y salvo. Aunque nadie le había hablado de Snape, ella lo había apuntado en sus notas, con la intención de preguntarle a Sirius, pero lo había olvidado por completo. Así que era eso lo que había pasado con el ex-profesor de pociones en este pasado... lo habían dado por desaparecido sin más... otra baja más en el bando de Dumbledore...
"No sabía que estuviese vivo, pero nunca pensé en usted como en un héroe, Snape..." -replicó Hermione, con la voz cada vez más afónica, intentando incorporarse con enorme esfuerzo. "Usted siempre fue un mortífago. No es más que un criminal que ha abrazado la causa de los sangre limpia"
"Mi causa..." -aclaró Snape con cara de asco.
"No. No es su causa" -rebatió Hermione logrando quedar semisentada, apoyándose en la pared de piedra. "No es su causa, y lo sabe. Usted no es sangre limpia..."
Snape palideció profundamente.
"Está delirando, Granger" -la acusó con voz menos firme de lo que hubiera querido.
"Yo creo que no" -dijo Hermione, cerrando los ojos. Estaba tan cansada... "No corre sangre limpia por las venas de un Snape... aunque no se puede decir lo mismo de un Prince¿verdad?"
Snape se sobresaltó tanto que casi se cae de espaldas. ¿Cómo era posible que Granger supiese que era hijo de una Prince y un muggle¿Lo sabía el resto de sus compañeros de la Orden¿Lo sabía Black?
Mientras tanto, Hermione pensaba en cómo sacar partido de lo que sabía de Snape. En el pasado de la otra Hermione, Dumbledore había sido asesinado por Voldemort en persona, el libro de pociones del "príncipe de sangre mestiza" nunca había sido encontrado, indudablemente, y por tanto el secreto de Snape seguía a salvo. Las muñecas, las rodillas, las vértebras... le ardían... le dolían tanto que no podía pensar con claridad. Se frotó las muñecas con las manos, intentando aliviar la quemazón.
"Beba esto" -dijo Snape.
Abrió los ojos. Severus estaba arrodillado junto a ella, el gesto serio y sin muecas de disgusto, y le acercaba un pequeño vial a los labios. Volvió a obedecer, y notó cómo la inflamación de las articulaciones desaparecía.
"Cuando Black llegue aquí, usted ni siquiera será un cadáver, Granger..." -murmuró Snape. "Será una bonita venganza hacia ese asesino de Black, encontrar a su esposa torturada y convertida en un cascarón vacío, sin alma..."
Hermione se estremeció. ¿Qué quería decir Snape con aquello¿Se refería a que se volvería loca, como los Longbottom?
"Así que su motivo para participar en esto es su odio hacia Sirius¿eh? Bueno, qué alivio, pensé que era algo personal..." -volvió a apoyar la cabeza en la piedra, agotada. "Al fin y al cabo, nunca soportó que alguien hijo de muggles fuese tan bueno en pociones como usted..."
"¡Usted nunca podría compararse a mis conocimientos...!"
"Me refería a Lily..." -lo interrumpió Hermione con suavidad, esbozando una suave sonrisa.
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"Es mejor que te vayas..." -explicaba Sirius con paciencia a una poco receptiva Cordelia. "Voy a empezar a hacer cosas que es mejor que no veas... así no podrás contárselo a nadie si te interrogan, y no podrás traicionarme..."
"Sirius, déjame intentarlo un poco más" -suplicó Cordelia mirando a Narcissa por el rabillo del ojo. Ésta se retorcía incómoda en la silla. No le daban miedo aquella cursi de Winterthrop ni un licántropo poco dado a dejarse llevar por sus instintos, pero Narcissa conocía bien a Sirius, y sabía que la violenta sangre Black podía aflorar en cualquier momento. Cordelia sabía que si Narcissa se ponía nerviosa, su oclumencia podía fallar.
"No. Tienes que irte ya, Cordelia. No me obligues a dejarte inconsciente"
"¡Sirius!" -dos voces masculinas retumbaron en la habitación.
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Bueno, aquí lo dejamos. Como véis, Hermione lo está pasando muy, muy mal, y yo de Sirius no esperaría demasiado a que Philippa prepare la poción, porque una noche entera a manos de Draco pueden dejar a su querida Hermione hecha unos zorros.
En fin, como os decía en otro capítulo, nos habíamos olvidado de un personaje tan importante como para ser el título del libro 6: nuestro inefable Severus Snape. ¿A nadie le parece raro que alguien como Snape se comporte como lo hace¿Por qué un sangre-mezclada se une a las filas de Voldemort¿Por qué odia a Harry de ese modo? Yo, desde luego, no entiendo nada, a no ser que esté locamente enamorado de Lucius Malfoy, pero eso sería un tema para otro fic (slash, que no es mi debilidad precisamente). En fin, a mí Snape me cae muy mal, pero estoy convencida de que Rowling descubrirá en el libro 7 que en realidad es bueno, y que se cargó a Dumbledore siguiendo sus órdenes. Pero como esto es un fic, y la autora soy yo, pues aquí Snape es un mortífago convencido.
En cuanto a Sirius, dos hombres lo han interrumpido, imagino que ya sabréis quiénes son, antes de empezar a interrogar a Narcissa con métodos "poco ortodoxos". Sin embargo, aunque pronto se descubrirán cosas importantes, Sirius seguirá necesitando todo su "poder de convicción" para hacer que Narcissa les dé alguna pista de dónde está Hermione.
Bueno, prometido que en breve tendréis el próximo capítulo, que será muy, muy interesante... claro que el siguiente lo será todavía más (de fondo se oye la risa sádica de Lara)...
Esta tarde subiré un review mío contestando a todos los vuestros (es que si lo hago ahora, tardaré mucho más en subir el capítulo...)
En fin, para todo el mundo, un beso tierno de helado de menta con salsa de chocolate...
Lara
