Disclaimer: No me pertenece nada de esto. Bueno, el personaje de Cordelia sí, pero ya me diréis para qué lo quiero. Ah, y tengo mi Sirius particular, moríos de envidia...

NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP

Nota de la autora:

Bueno, como habéis comprobado, no he podido actualizar al cabo de una semana, porque el problema empeoró. He echado los restos para solucionarlo durante este tiempo, pero sin embargo, yo ya he hecho todo lo que podía hacer, así que sólo me queda sentarme (no literalmente) y esperar. No voy a hacer predicciones de futuro sobre cuándo podré actualizar otra vez. Espero que esta vez sí lo haga en 1-2 semanas, pero no digo nada y así evito el chasco. Gracias por vuestra paciencia.

Como consideración a ls lectors, voy a haceros un breve (pero breve-breve¿eh?) resumen de lo sucedido hasta ahora, para que no tengáis que leeros todos los capítulos de nuevo porque ya no os acordáis de nada (si lo recordáis todo, enhorabuena por la memoria y saltáoslo directamente):

Voldemort está ganando la guerra. Harry ha muerto, y sólo Hermione y Remus quedan con vida. En un último intento desesperado, Hermione viaja diez años atrás al pasado utilizando un "trasportador temporal". Sólo dispone de una hora: retrocede hasta el día de la muerte de Sirius y utiliza esa hora para advertir al animago que no vaya al departamento de misterios esa noche; por tanto, evita su muerte. Cuando regresa, ese pequeño cambio en el pasado ha cambiado todo su presente, para mejor, claro está. Ni Sirius ni Harry ni los demás han muerto, Voldemort fue derrotado y los mortífagos están en Azkaban. Y ella, que en su pasado estaba enamorada de Harry, se encuentra casada con... ¡Sirius! (qué suerte tienen algunas...).

Mientras intenta adaptarse a su nuevo presente y se piensa qué hacer con su flamante matrimonio (ahora que Harry está vivo y corresponde sus sentimientos), los Malfoy se escapan de Azkaban y, como habían jurado vengarse de Hermione, todos se centran en protegerla (yo diría que en exceso). Marcus Flint, un ex-mortífago en busca y captura, intenta secuestrarla, pero la chica es dura de pelar y lo noquea. Tras interrogar a Flint, los aurores tienen una pista: se van en busca de los Malfoy a la semi-derruida mansión Riddle, donde les espera un buen número de mortífagos en paro y con ganas de gresca. Capturan a tres, pero Tonks es herida de gravedad. Y cuando llegan a San Mungo, Remus descubre que no sólo ha estado a punto de quedarse viudo, sino que, si las cosas salen bien, va a ser papi (y las cosas salen bien, porque por algo soy la autora y me gustan los finales felices).

Finalmente, Hermione sucumbe a los encantos y mimos de Sirius y pasa la noche con él (y parecía tonta cuando la compramos). Sirius se marcha temprano a San Mungo tras recibir una inoportuna nota de Remus y no se despide de ella. Cuando se reencuentran en el hospital, Harry está presente, y Hermione, que no quiere que se entere bruscamente de que ha elegido a Sirius, saluda a éste con poca (más bien ninguna) efusividad. Sirius se enfada bastante (quién no...), Alastor aparece dando órdenes a diestro y siniestro, y Remus y Hermione se van a hacer psicoterapia mutua a un antro cercano a San Mungo. A su regreso, Hermione es engañada y toca sin darse cuenta un traslador que la lleva directamente a la guarida de los Malfoy. Allí es torturada sin piedad, y entre cruciatus y cruciatus Snape le devuelve la energía y las defensas naturales, pero no con Actimel, sino con una fuerte poción reconstituyente. Sirius decide no perder tiempo e interrogar a Narcissa personalmente y a lo bestia, mientras Ron y Harry encuentran algo entre las notas de Hermione que puede darles una pista.

Bueno, y hasta ahí puedo leer. Ahora disfrutad (es un decir) de lo mal que lo pasa Hermione.

DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 16: El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón

"Me refería a Lily..." -repitió Hermione al ver que Snape no decía nada. "Usted la odiaba más que a James¿no es así? Cuando Harry entró en su pensadero, vio una escena en la que James y Sirius lo ridiculizaban. Lily lo defendió y usted la llamó sangre-sucia... ¿Por qué la odiaba, Snape¿Qué motivo tenía para odiarla aún más que a James¿Qué motivos tuvo para contarle a Lord Voldemort el contenido de la profecía y así condenar a James y a Lily a una muerte segura?

Snape la miraba como si se hubiera vuelto loca. Hermione conocía una cantidad tal de información que él ni se imaginaba. Simplemente no entendía cómo ella podía haberse enterado de todo esto.

"Vamos, Snape" -insistió ella con terquedad. "Tanto Sirius como James le habían dado motivos más que sobrados para odiarlos. Lo ridiculizaban en público, le gastaban bromas pesadas e incluso una que puso en peligro su vida, pero... ¿Lily? Ella era guapa, inteligente y justa. Todo el mundo la adoraba. ¿Qué le hizo Lily para que la odiase de aquella manera¿Qué hizo ella para que la vendiese a Lord Voldemort? -Hermione seguía insistiendo implacable, a pesar de su agotamiento, mientras el rostro de Snape se volvía cada vez más cetrino, incapaz de reaccionar mientras ella se acercaba cada vez más a la verdad. "¿Por qué odia tanto a Harry, Snape¿Porque le recuerda a James o porque le recuerda a Lily¿A quién aborrecía más, a Lily o a James?"

"¡Cállese, Granger!" -le gritó Snape casi fuera de sí-; "¡No está en condiciones de preguntarme nada!"

"Se equivoca, Snape, yo ya no tengo nada que perder. Pero antes de que los Malfoy acaben conmigo, me gustaría saber por qué está metido en esto. Voy a ayudarle un poco y le voy a contar mi teoría..." -Hermione se guardó mucho de decirle que tenía información suficiente de su pasado en la segunda guerra para que esa teoría fuese más bien una certeza. "Usted odiaba a Sirius y a James porque eran sangre-limpia, porque tenían todo lo que querían. Eran inteligentes, brillantes, atractivos y populares entre las chicas. Y usted era un amargado de pelo grasiento al que colgaban boca abajo mientras se le veía la ropa interior. ¡Qué crueles¿verdad!"

Severus Snape estaba tan asombrado de la insolencia de Hermione que no era capaz de replicar. La escuchaba en silencio, tieso como un palo, mientras la expresión en sus ojos indicaba lo mucho que la odiaba en aquel momento.

"Y usted ya pensaba antes de ir a Hogwarts que todo lo que hubiera necesitado para que su vida fuese perfecta era ser un sangre-limpia como ellos. Si fuese un sangre-limpia no necesitaría quemarse las pestañas ante los libros para obtener buenas notas, tendría una familia respetable y cariñosa con usted, y un amplio círculo social"

Hermione hizo una pausa para acomodarse un poco y tomar aliento.

"En cambio, usted tenía una ilustre familia materna que lo repudiaba igual que habían repudiado a su madre por casarse con un muggle..." -continuó- "...una madre débil y un padre violento que despreciaba a la rareza que era su propio hijo. Y por todo esto usted culpaba a su madre, por haber traído la desgracia a la familia por no casarse con un sangre-limpia"

Nueva pausa.

"Así comenzó a fingir que tenía aquello que necesitaba para ser feliz, limpieza de sangre" -siguó Hermione. "Se juntó con Malfoy y los futuros mortífagos, quienes, hasta el día de hoy, ignoran que su padre era un simple muggle. Sabían que su madre era una Prince, eso sí... sólo Dios sabe qué historia se inventaría..."

"¿Eso es todo, Granger?" -preguntó Snape furioso. "No iba a decirme por qué odiaba tanto a Evans?"

Hermione suspiró profundamente.

"Porque ella era la personalización de todo lo que usted anhelaba" -concluyó. "Era hermosa y deseada... nada menos que James Potter la tenía en su punto de mira... era brillante, inteligente, y hábil... Slughorn la consideraba su mejor alumna en pociones, un puesto que usted reclamaba para sí... no era una sangre-limpia, pero no lo deseaba ni lo necesitaba en absoluto. Tenía unos padres muggles que no la despreciaban ni maltrataban. Al contrario, estaban encantados y orgullosísimos de ella... Lily la perfecta... y todo esto sin una gota de sangre limpia en sus venas... Ella lo tenía todo. Tenía todo lo que usted quería"

"¿Va a decirme ahora que yo deseaba secretamente a James Potter?" -preguntó con ironía Snape sin disimular una mueca de disgusto.

"Oh, no, no soy tan retorcida" -respondió Hermione haciendo un gesto con la mano para reforzar sus palabras. "Estoy convencida de que deseaba a Lily, Snape, la deseaba desesperadamente, pero sus ideas racistas le impedían sentirse atraído por alguien a quien consideraba indigno... superior a usted, pero indigna de serlo, esas incongruencias de los amantes de la sangre limpia... así que se forzó a odiarla. Se propuso despreciarla con tanta vehemencia que lo consiguió" -Hermione hizo otra pausa para tomar aire. "Tiempo después, de quien estaba enamorado profundamente y en secreto era de Narcissa" -le espetó a bocajarro.

Snape acusó el golpe y fue incapaz de disimular su asombro. Se tambaleó ligeramente y se apoyó en las piedras de la pared.

"Siempre fue un segundón entre los mortífagos, y los orgullosos Black jamás hubieran permitido el matrimonio de Narcissa con otro que no tuviese al menos un linaje tan antiguo como los Malfoy. También por eso está aquí, Snape. Usted no gana nada con salir a la luz: está oficialmente dado por desaparecido durante la guerra, e incluso se presupone que fue el propio Lord Voldemort el que lo mató al descubrir que era un espía"

Snape no lograba entender de dónde había sacado Hermione toda aquella información, y por qué demonios si sabía todo aquello el Ministerio no lo había estado buscando hasta dejar sin resuello a toda la plantilla de aurores del departamento. Pero estaba seguro de una cosa: no le convenía en absoluto que ella le transmitiese a Lucius Malfoy sus certeras teorías.

"¿Por qué me cuenta todo esto, Granger?" -preguntó Snape con una sorna que intentaba disimular su inquietud. "¿Está intentando demostrarme que los cruciatus le han afectado la mente?"

"No" -respondió simplemente ella. "Voy a proponerle un trato, Snape"

"¿Acaso cree que está en condiciones de negociar, Granger?" -exclamó él mirándola con desprecio. "Está aquí encerrada, sin varita, sometida a todos los cruciatus que su cuerpo pueda aguantar, en una agonía interminable. ¿Y pretende negociar conmigo¿Con qué?"

Hermione suspiró y se removió incómoda en el suelo. La cabeza empezaba a dolerle del esfuerzo.

"No me haga perder el tiempo, Snape. Seguro que no tenemos mucho hasta que Draco o Lucius aparezcan por aquí" -resopló ella con impaciencia. "Usted me dice cuáles son los planes que los Malfoy tienen para mí y yo no le digo nada a Lucius Malfoy de ese pequeño detalle de su ascendencia muggle... Le aseguro que cuando le cuente a Lucius cómo he conseguido esa información me creerá, no lo dude... ah, y necesito un vial de analgirea para tener oculto entre la ropa..."

Snape abrió los ojos todo lo que su impasible compostura le permitía.

"Se ha vuelto loca..."

"Todavía no, Snape" -negó ella lentamente. "No crea que no entiendo que mis posibilidades de salir con vida de aquí son muy pequeñas, pero debo aprovecharlas; sólo dígame qué quería decir antes cuando insinuó que Sirius encontraría un cascarón vacío en lugar de a su esposa. Los Malfoy tienen que saber que tarde o temprano Ojoloco y los demás conseguirían averiguar dónde estoy... tiene a Narcissa, al fin y al cabo, y es cuestión de tiempo el que empleen veritaserum con ella" -Hermione hizo una pausa, cerró los ojos y se masajeó las sienes intentado paliar el dolor de cabeza. "Así que los Malfoy deben de tener algo planeado para cuando lleguen. Dígamelo, Snape, y yo no le diré nada a Lucius Malfoy sobre su pasado"

El cerebro de Snape funcionaba tan rápido que él no se hubiera extrañado si empezase a echar humo. Lo que ella decía era verdad, y por experiencia sabía que la joven extenuada que tenía delante no solía echarse faroles. Si hablaba con Lucius, los mortífagos no querrían saber nada de él, y ahora que Lord Voldemort había desaparecido y que él había sido dado por muerto, necesitaba a sus antiguos aliados desesperadamente. Además, si Granger le insinuaba algo sobre Narcissa... no dudaba de que Malfoy, conocido entre los mortífagos por su extrema crueldad y su peculiar concepto del honor, disfrutaría enormemente de matarlo con su propia varita.

"¿Para qué quiere la analgirea, Granger?" -preguntó.

"Usted limítese a proporcionármela, Snape" -respondió ella. "No le comprometerá ante Lucius... al fin y al cabo me la ha estado administrando tras cada sesión de cruciatus... puede decir que se le cayó un vial al suelo, llegado el caso. Si los aurores me encuentran con vida y sobrevivo, intentaré que su ayuda funcione como un atenuante en caso de un posible juicio"

Snape pareció pensarlo durante unos segundos que a Hermione se le hicieron eternos.

"Dementores" -dijo simplemente. "Tienen dementores preparados en el caso de que los aurores lleguen a tiempo. Si usted todavía está viva y los cruciatus no la han lesionado de forma irreversible, harán que le den el beso del dementor. Cuando sus amigos lleguen, encontrarán un cuerpo sin alma"

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"Es mejor que te vayas..." -explicaba Sirius con paciencia a una poco receptiva Cordelia. "Voy a empezar a hacer cosas que es mejor que no veas... así no podrás contárselo a nadie si te interrogan, y no podrás traicionarme..."

"Sirius, déjame intentarlo un poco más" -suplicó Cordelia mirando a Narcissa por el rabillo del ojo. Ésta se retorcía incómoda en la silla. No le daban miedo aquella cursi de Winterthrop ni un licántropo poco dado a dejarse llevar por sus instintos, pero Narcissa conocía bien a Sirius, y sabía que la violenta sangre Black podía aflorar en cualquier momento. Cordelia sabía que si Narcissa se ponía nerviosa, su oclumencia podía fallar.

"No. Tienes que irte ya, Cordelia. No me obligues a dejarte inconsciente"

"¡Sirius!" -dos voces masculinas retumbaron en la habitación.

Harry y Ron acababan de llegar, colorados y jadeantes de la carrera.

"Hemos encontrado algo entre las notas de Hermione, Sirius" -dijo Ron casi sin resuello. "¿Tú sabes quién es el príncipe de sangre mezclada? Según las notas de Hermione, en su pasado..."

Harry le dio un codazo a Ron antes de que se le escapasen más cosas delante de Narcissa, pero a Cordelia no le pasó desapercibido que ésta se retorciese todavía más al oír las palabras de Ron.

"Muffliato" -pronunció el moreno.

"No hay príncipes en la comunidad mágica, Ron..." -empezó a decir Sirius.

"¿Y alguien que se apellide Prince?" -preguntó Harry ansioso. "En el pasado de Hermione, ese supuesto príncipe mató a Dumbledore"

Sirius negó con la cabeza.

"No, no conozco a nadie que se llame así... pero sí que me suena de haberle oído algo a mi madre alguna vez... es un apellido ligado a la sangre limpia... Me parece que la rama más importante de la familia radicaba en el norte de Escocia"

"¿Escocia?" -preguntó Cordelia con los ojos visiblemente brillantes. "He visto algo en la mente de Narcissa, algo sobre Escocia... podría ser algo..."

"Muy bien, pues vamos a preguntárselo a ella directamente" -decidió Sirius. "Harry, Ron, Cordelia... no os quiero aquí"

"Por Dios, Sirius, no vas a echarme" -repuso Harry con decisión. "Me importa un bledo si torturas a Narcissa, y recuerda que siendo tu superior puedo darte permiso. Empecemos de una vez"

Sirius no estaba muy de acuerdo, pero tampoco tenía ganas de perder el tiempo discutiendo. Narcissa seguía sentada rígida y desafiante, con algunos mechones sueltos del elegante moño en el que llevaba recogido el cabello. Intentó mostrarse impasible ante el acercamiento de los aurores, pero no pudo evitar un escalofrío al encontrarse con los ojos grises de Sirius, que expresaban cualquier emoción menos la simpatía.

"Hola, prima Narcissa" -dijo Sirius apuntándole con la varita en la frente sin más miramientos. "Vamos a charlar un rato sobre dónde tenéis a Hermione"

"Estás tan loco como pensaba si crees que voy a decirte algo, Sirius" -respondió ella con cara de asco, mirando hacia otro lado"

"Pues no, no estoy tan loco como piensas, Narcissa" -terció él agarrándola de la mandíbula y obligándole a enfrentar sus ojos.

"No vas a utilizar imperdonables, Sirius" -aseguró ella, insegura por primera vez de lo que estaba diciendo. "Como auror, irías directamente a Azkaban y en el caso de que encontréis viva a la sangre-sucia, no podrías verla nunca más"

"No tengo ninguna intención de volver a Azkaban ni necesito imperdonables" -repuso él con un amago de sonrisa que helaba los glóbulos rojos. "Puedo hacer que lo pases muy mal sin tener que emplear maldiciones demasiado ilegales..."

Los demás guardaron silencio, mientras Narcissa se revolvía en la silla, intentando inútilmente liberarse de las cuerdas que la ataban. Narcissa Malfoy parecía asustada por primera vez.

"Sé lo importante que es para ti tu belleza, prima" -susurró Sirius a la oreja de Narcissa. "Incluso encerrada en Azkaban, estoy seguro de que soportarías cualquier cosa antes de saberte deforme para siempre. Así que..." -Sirius deslizó la punta de la varita por la mejilla de Narcissa, abriendo una herida superficial desde la sien a la comisura de los labios, que sangraba profusamente. Narcissa controló el dolor apretando los dientes. "... te destrozaré, Narcissa... Puedo lanzarte hechizos cortantes, uno tras otro, como los que esa animal de Umbridge usó con Harry, hasta que la piel no consiga repararse y esos perfectos rasgos tuyos queden deformados para siempre. Cuando lleve un buen rato haciendo esto por toda la superficie de tu piel..." -continuó Sirius repitiendo la acción en el otro lado- "...las heridas serán cada vez más profundas y la piel no se cerrará. Unos cuantos hechizos para impedir la cicatrización ayudarán bastante en el proceso..." -el animago tenía la entonación fría de un torturador profesional, e incluso parecía que estaba disfrutando con lo que hacía, mientras bajaba la punta de la varita hacia el escote de la túnica de la mortífaga.

Cordelia soltó el aire que había estado conteniendo involuntariamente. Aquello bien podía ser la peor de sus pesadillas.

Narcissa tenía la cara ensangrentada, los dientes apretados y tal mirada de odio que daba miedo. Cruzó su mirada con la de Sirius con furia asesina.

"Están en Escocia" -le escupió con una mueca. "En la casa de los Prince, al oeste de Edimburgo. Se llama Prince Hall"

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En los escasos momentos de paz que le concedían a Hermione cuando la analgírea le calmaba el dolor, pensaba en los diferentes efectos que Azkaban podía causar en los magos que habían pasado por allí. A Sirius lo había, de alguna forma, madurado y fortalecido. Lucius Malfoy, uno de los mortífagos más curtidos en horrores y torturas, parecía más bien que acababa de disfrutar unas vacaciones en un balneario; seguía siendo exactamente el mismo asesino sanguinario, elegante e impecable como siempre, como si nunca hubiera estado allí.

Pero Draco... Draco había sido un niño mimado desde que lo había conocido con once años. Probablemente, al contrario que Harry, había tenido una infancia fácil, llena de comodidades e indudablemente carente de frustraciones. En Hogwarts, a pesar de que era delgaducho, nadie se atrevía a meterse con él, eternamente protegido por Goyle y Crabbe y por el temor que suscitaba la fama de ex-mortífago de su padre. Así que la derrota en la guerra, la muerte de Voldemort y el encierro en Azkaban habían destrozado su mente delicada. En la prisión mágica se había quedado la poca cordura que debía haber sobrevivido a la derrota.

"¡Crucio!"

Otra vez. Hermione parpadeó con fuerza mientras se desvanecía el efecto del cruciatus. Ya no aguantaba tantos seguidos y se desmayaba al cabo de seis o siete, que le resultaban casi insoportables.

"¿Cansada tras la primera maldición, Granger?" -preguntó Draco con una carcajada enloquecida. "¿Ves cómo es cierto que los sangre-sucia sois unos flojos?"

Hermione hubiese querido responderle algo viperino, pero ya no tenía fuerzas ni para pensar. Se limitó a relajar los músculos todo lo que pudo y acariciar el vial de analgírea que le había dado Snape y que guardaba en el bolsillo de su túnica. Si los demás llegaban y montaban un buen revuelo, tal vez los Malfoy se despistasen unos minutos, y ella necesitaría estar en las mejores condiciones para escapar de allí con vida. Si los mortífagos habían decidido acabar con ella, lo último que iba a hacer era ponérselo fácil.

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Remus acudió tan rápido como pudo a la llamada del hechizo convocador, todavía con la copa de poción matalobos en la mano, llena hasta la mitad.

"¿Prince Hall?" -preguntó con inquietud. "No conozco a ningún mortífago relacionado con esa familia"

"Yo tampoco, pero es un apellido de sangre-limpia, con lo que bien podían simpatizar con ellos" -concluyó Sirius pasándose los dedos por el pelo.

"¿Cómo vamos a ir allí?" -preguntó de nuevo el licántropo.

"Tú no vas a ninguna parte" -le contestó Alastor girando su ojo mágico 360 grados. "Dentro de un par de horas anochecerá y tienes que transformarte. Y si seguimos allí cuando amanezca, tampoco nos serás de ninguna ayuda, agotado y probablemente herido"

"Moody, cuando me tomo la matalobos la transformación es dolorosa y agotadora, pero no me automutilo" -repuso Remus apretando la mandíbula. "Puedo ayudaros hasta que anochezca del todo, después me largo de allí y regreso al amanecer. Con la poción soy consciente de mis actos. Si os habéis ido, cuando amanezca puedo aparecerme de nuevo en San Mungo. Seguro que la Dra. Gray tiene un arsenal de pociones para recuperarme antes"

"Lo estoy haciendo por ti, Remus" -insistió Ojoloco.

"Alastor, deja que venga" -pidió Harry, que intuía que Remus se sentía todavía culpable por haber permitido que Hermione fuese secuestrada delante de sus narices. "No sabemos qué podemos encontrarnos, y ya no contamos con Tonks. Remus tiene razón: en cuanto se transforme, se hará a un lado y ya está"

Ojoloco gruñó ligeramente y terminó por asentir con la cabeza. A veces tenía la sensación de que era imposible imponer disciplina en aquel hatajo de ácratas. Si no fueran tan condenadamente buenos...

"Alastor..." -sonó suavemente la voz entonada de Cordelia.

"¿Tú también tienes otra idea?" -preguntó Moody girándose tan rápidamente que pudo oírse el chasquido de sus vértebras.

Cordelia suspiró con resignación.

"Pues sí. He visto la casa en la mente de Narcissa y puedo hacer una descripción del edificio antes de que lleguemos, para ahorrar tiempo"

Ojoloco la miró ceñudo. A veces, la carcasa de aquella chica le hacía olvidar que era una auror y no una modelo de "corazón de bruja".

"Claro, pero rapidito. Tenemos diez minutos para prepararnos hasta que nos traigan el traslador con las coordenadas exactas. No quiero que después tengamos que lamentarnos por haber perdido demasiado tiempo. Y, Cordelia, si no te quitas esos zapatos que llevas, te quedas aquí"

Cordelia Winterthrop volvió a suspirar profundamente, se sacudió la lustrosa cabellera con un golpe suave del dorso de la mano y, apuntando a sus vertiginosos "stilettos" con la varita, los transformó en unas coquetas sandalias planas que hubieran sido la delicia de Boris o cualquier otro stylist coach mágico que se preciase.

Ojoloco enarcó una ceja y negó con la cabeza. Cordelia volvió a realizar el hechizo y las refinadas sandalias engastadas con pedrería se convirtieron en unas bailarinas de brillante piel tornasolada. Ojoloco frunció el ceño, negó otra vez y un exasperado Ron Weasley, con un leve bufido, transformó las bailarinas de Cordelia en unas sólidas y flexibles botas militares.

Mientras Ojoloco asentía satisfecho, Remus disimuló una sonrisa, lamentando profundamente que Hermione no hubiera estado allí para verlo.

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¡Tachán, tachán, tachaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannn!" ¿Qué os ha parecido? Bueno, es un capítulo de transición antes de la "operación rescate", pero ahora que tengo unos días más relajados aprovecho para subirlo, porque si no vais a acabar hasta el moño de esperar la actualización y yo conozco esa sensación espantosa de cuando pasa el tiempo y un fic que estás siguiendo con ganas no se actualiza ni a tiros.

En fin, como veis, Hermione no se da por vencida, y ya ha conseguido, por lo menos, saber lo que le espera. Eso y un vialito de poción en el bolsillo que bien puede ayudarle en... el siguiente capítulo.

Ahora las preguntas son¿encontrarán nuestros aurores favoritos la antigua mansión de los Prince¿Aguantará Hermione tanto cruciatus¿Conseguirá Remus decir "esta boca es mía" antes de que anochezca? Y lo más importante de todo... ¿Qué hará Sirius cuando se entere de la participación de su adorado Snivellus en la tortura de su querida Hermione¿Eh? Porque ya sabemos cómo se las gasta Sirius cuando quiere... y si no me creéis, no tenéis más que recordar el cálido recibimiento que le dedicó a Peter cuando se reencontraron en el tercer libro... aunque... mmmmm... no debería decir esto, pero... nuestro amable, sensato y afectuoso Remus tampoco se le quedó atrás¿eh?

En fin, disfrutad lo que podáis del verano, y a ver si en una o dos semanitas consigo actualizar. Como siempre, gracias a todo el mundo por sus maravillosos reviews, por vuestra paciencia infinita y por leer el fic. Las respuestas, en otro review firmado por mí misma...

Besitos de helado de straciatella,

Lara

PD: Antes de que alguien comente algo, "hatajo" sí se escribe con "H", je, je, je...