Disclaimer: No me pertenece ningún personaje de los que salen en los libros de JKRowling, sobre todo porque le pertenecen a ella. Me pertenecen la trama de la historia, Cordelia Winterthrop, Augustus Pomeroy y Philippa Spoilsoup. Qué pena más grande.
NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP
Nota de la autora: Este capítulo es un poco violento. Os aviso por si os sorprende... y ya se sabe que el que avisa no es traidor.
DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?Capítulo 17: El pez grande se come al chico
"Es impresionante" -murmuró Harry volviéndose hacia el grupo y despegando la mirada de la imponente mansión de piedra granítica que se alzaba bastante espeluznante sobre un acantilado. El paso del tiempo y la humedad procedente del río sobre el que se asentaba habían coloreado la piedra de un gris oscuro veteado de musgo. A pesar de que todavía no había anochecido, la frondosa vegetación y el obviamente insalubre clima que reinaba en la zona hacían que pareciese ser mucho más tarde. La ausencia de la luna ayudaba a oscurecer todavía más el paisaje.
"Debe llevar abandonada muchos años" -comentó Cordelia, cuyo innato sentido de la estética la hacían admirar el sombrío aire gótico del edificio.
"Podemos trepar desde el acantilado, sin magia, y así no detectarán nuestra presencia hasta que no estemos dentro" -sugirió Sirius, que parecía perdido en sus propios pensamientos, mientras se frotaba la incipiente barba que adornaba su mandíbula.
"Buena idea" -aceptó Moody ante la mirada asustada de Cordelia.
"Yo no puedo hacerlo" -negó Remus pesaroso. "Es posible que en mitad del ascenso me transforme y entonces me caería al río sin remedio. No debe faltar mucho para que salga la luna"
"Yo puedo acompañar a Lupin" -se apresuró a ofrecerse Cordelia. Prefería la compañía de un licántropo transformado que subir por una pared de piedra sin otra ayuda que la de sus uñas de manicura impecable y aquellas botas infames que había conjurado Weasley.
"Los grupos ya están hechos" -gruñó Alastor, que no era capaz de soportar una sublevación más de sus "chicos". "Sirius y Kingsley, subiréis por el acantilado. Podéis entrar por cualquiera de las ventanas que dan a él, seguro que no tiene hechizos muy potentes protegiéndolas. Ron, Remus y Cordelia, esperaréis desilusionados cerca de la entrada de la fachada principal, esperando a que alguno de los que hayan entrado os abran una ventana..."
"¿Quieres decir que voy a estar aquí parado mientras...?" -Ron no pudo acabar la frase: Alastor Moody le lanzó una mirada con su ojo bueno que hubiese sido suficiente para acallar a McGonagall en una de sus crisis de labios apretados.
"Formas parte de un equipo, Weasley" -susurró Ojoloco con voz falsamente tranquila. "Y si no quieres hacerlo, aceptaré tu dimisión gustosamente"
Ron masculló cuatro o cinco palabras malsonantes y se quedó callado, cruzado de brazos.
"Como iba diciendo, Ron y Cordelia os quedaréis fuera acompañando a Remus. En cuanto anochezca, si no hemos entrado todavía, tenéis que ayudar a Remus a ocultarse, revertiréis el hechizo desilusionador y os aseguraréis de que quede a salvo. Si hemos conseguido entrar, seréis igualmente los responsables de que no le pase nada" -continuó Moody mirándolos desafiante. "Harry y Ginny, os quiero ver en lo alto de la torre norte dentro de diez minutos. Tenéis que apareceros al otro extremo del río, subiros a vuestras escobas y sobrevolar la casa a suficiente altura para que no os detecten. Después, iréis bajando en vertical sobre la superficie de la torre y caeréis sobre ella. Una vez allí, forzad la entrada e intentad llegar a la planta baja. El primer objetivo es llegar todos allí y reunirnos lo más cerca posible de la entrada principal".
Harry se quedó pensativo un rato, frotándose el mentón con parsimonia. Tomó a Moody de un brazo con suavidad y lo apartó unos cuantos metros del grupo.
"Prefiero ir con Sirius, si no te importa" -dijo en voz baja.
"Como quieras" -aceptó el jefe de aurores mirándolo con desconfianza. "Aunque espero que me digas el porqué del cambio de planes".
Harry asintió con lentitud.
"Me parece que hoy vamos a saltarnos unas cuantas normas, Alastor... ya sabes que Cordelia y Kingsley son los más reacios cuando se trata de alejarse un poco del... camino trazado..." -explicó el joven Potter.
Ojoloco suspiró profundamente.
"No tengo que explicarte lo que tienes que hacer, Harry... eres tan jefe como yo de este grupo" -se limitó a decir, mirando fijamente a su protegido. "Pero tengo más años y más experiencia, y sólo te pido que tengáis mucho cuidado"
Harry asintió de nuevo.
"No debemos permitir que esto vuelva a suceder. La gente que ha sobrevivido a la guerra no puede vivir con el miedo a que un ex-mortífago se escape de Azkaban y cometa sabe Dios cuántos desmanes antes de ser capturado de nuevo" -siguió Ojoloco, como si estuviese hablando consigo mismo. "Pero os quiero a todos vivos y libres de cargos, así que controla a Sirius y no dejes que tu varita suelte maldiciones que no debe"
"¿Qué harás tú, Alastor?" -le preguntó Harry con curiosidad, observando que el veterano auror no se había incluido en ninguno de los grupos, lo cual iba en contra de sus costumbres.
La cara deformada del jefe de aurores esbozó una mueca que, de no haberle faltado ningún trozo a sus cejas, podría parecer un gesto de preocupación.
"De momento, voy a quedarme por aquí. Tengo la sensación de que nos espera una noche muy larga..."
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"Me preocupa que Alastor haya decidido quedarse al margen" -jadeó Harry mientras hacían una parada en el ascenso para recuperar fuerzas. Estaban situados en la mitad de una gigantesca pared de piedra irregular que descendía hacia el cauce del río, a unos doscientos metro por debajo de donde se encontraban.
"¿La primera vez que lo ves hacer eso?" -preguntó Sirius sentado una roca saliente.
"Sí, y me sorprende" -respondió Harry encogiéndose de hombros.
"A mí no" -se limitó a responder Sirius pasándose un pañuelo por el cuello. A pesar de que hacía un frío que pelaba, estaban jadeantes y sudorosos por el esfuerzo. "Antes, Moody siempre se quedaba al margen para poder echar una mano si creía que nos metíamos en una ratonera"
"¿Tú también lo crees?" -preguntó Harry mirándolo sorprendido.
Ahora fue el turno de Sirius de encogerse de hombros.
"No lo creo, estoy seguro de ello" -dijo. "Puede haber un montón de mortífagos ahí metidos. Por lo menos, unos diez, seguramente. Y nosotros somos ocho, siete si no contamos a Remus... y desgraciadamente tampoco podemos contar con que Hermione nos ayude desde dentro..."
Harry contuvo el aliento. Era la primera vez que Sirius verbalizaba lo que pensaba que podía sucederle a Hermione en ese momento, y no tuvo muchas ganas de insistir en el tema. Estaba demasiado implicado emocionalmente con ella para que unas palabras de ánimo dirigidas a Sirius sonasen auténticas. Le dolía ver a su padrino pasarlo mal, y además había visto aquel extraño intercambio de miradas en San Mungo, él visiblemente molesto y ella distante primero y arrepentida después...
"Sigamos" -propuso, al tiempo que Sirius se ponía en pie.
"Harry..."
El tono suave pero imperativo de Sirius lo hizo volverse.
"Harry... quiero que sepas que no voy a actuar bajo las órdenes de nadie, una vez entremos ahí..." -su ahijado enarcó una ceja, pero Sirius negó con la cabeza. "No, formaré parte del grupo, no me refiero a eso. Quiero decir que si encontramos a los Malfoy... si Hermione está viva todavía, dejarlos con vida sería ponerla en riesgo para siempre..."
Sirius miraba a Harry con gesto tranquilo pero que dejaba entrever claramente que no estaba dispuesto a obedecer ninguna orden de "intentar no causar lesiones importantes con los hechizos". Harry contuvo una sonrisa. Sirius ya no tenía aquel gesto desafiante que solía apreciarse en las fotos que conservaba de la época de los merodeadores, pero en el fondo no había cambiado ni un pelo. Su amago de sonrisa se congeló cuando se dio cuenta de lo que había dicho Sirius... si está viva todavía...
"Y yo te aseguro que si tú no lo haces, los mataré yo mismo... pero es necesario que las cosas se hagan correctamente. Nadie va a volver a Azkaban" -le contestó, mirándolo con unos ojos completamente exentos de la inocencia que Sirius había conocido en sus tiempos del Torneo de los Tres Magos.
"Veo que nos entendemos" -confirmó Sirius.
"Siempre nos hemos entendido bien" -dijo Harry con una leve sonrisa.
Sirius le pasó la mano por el pelo y se lo desordenó más que de costumbre.
"¿Te han dicho alguna vez que te pareces mucho a tu padre?"
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"Menuda mierda, estar aquí parados esperando a que algún mortífago nos invite a tomar un té ahí dentro..." -rumiaba Ron, intercalando un inabarcable número de palabras malsonantes en su discurso.
"Lo siento" -se disculpó Remus divertido. "No era necesario que me hicieseis de niñera, pero ya sabes cómo es Alastor..."
"Tonterías, Lupin, Moody sabe lo que hace" -rechazó Cordelia con un gesto. "Cuando te transformes no podrás defenderte, y necesitas que alguien lo haga por ti"
"Y tú estás encantada de esperar aquí sentadita mientras los demás se cuelan dentro" -la picó Ron con malicia.
Cordelia enarcó una ceja y lo miró como si un escreguto tuerto la estuviese invitando a cenar.
"Estoy entusiasmada, Weasley" -confirmó. "No me gusta demasiado la acción, lo sabes perfectamente. Pero te aseguro que si tu cerebro pretende retar al mío, me deslizaré silenciosamente dentro de tu cráneo pelirrojo y..."
"Vale, vale..." -intervino Remus poniéndoles una mano en el hombro a cada uno de los dos y separándolos medio metro. "Mal vais a defenderme si estáis lanzándoos hechizos uno al otro. Ron, no hay nada malo en que a Cordelia no le gusten los duelos, pero que yo recuerde nunca ha actuado de forma cobarde. Y, Cordelia, el que Ron sea un hombre de acción no significa que tenga la cabeza hueca. Es sólo que sois demasiado Ravenclaw y Gryffindor para comprenderos bien, pero tenéis que hacerlo porque esto, os guste o no, es un equipo"
Tanto el pelirrojo como la auror más glamourosa que había enarbolado una varita enrojecieron un poco y bajaron la mirada. Remus sonrió un poco y deseó intensamente que aquella noche no fuese luna llena y que Nymphadora Tonks Lupin pudiese ser la engargada de velar por su seguridad en aquel momento.
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"Vamos a volar todo lo alto que podamos" -repitió Shacklebolt mientras se ajustaba bien el cuello de la túnica. "Probablemente a esa altura no podamos comunicarnos correctamente, así que, cuando estemos encima de la torre norte, nos pondremos en paralelo e iniciaremos el descenso"
Ginny Weasley asintió lentamente, sin mirarlo, mientras colocaba correctamente las sujeciones de su escoba. Echó a andar hacia el borde del acantilado, pero sintió que una mano la sujetaba por el hombro.
"Es arriesgado. Si hay algo que te preocupa, es mejor que te desahogues ahora. Una cabeza preocupada puede poner en peligro la vida del auror más experto" -le dijo con una suave sonrisa.
Ginny lo miró sorprendida. Kingsley era un auror veterano, serio y responsable, que rarísima vez hacía bromas y con menor frecuencia aún tocaba temas personales.
"Supongo que echas de menos a Tonks... desde que te entrenó, habéis estado muchas veces en el mismo grupo" -lo intentó Shacklebolt enarcando las cejas, como si la invitase a hablar.
La pelirroja ladeó la cabeza y se encogió de hombros. "Bueno, es verdad que estuve muy preocupada por ella, pero en San Mungo dijeron que está fuera de peligro... no, es un problema personal..." -suspiró.
Kingsley asintió y le apretó el hombro con más fuerza.
"Lo suponía. Los problemas personales tienen que dejarse en casa cuando te enfrentas a mortífagos de la calaña de los que vamos a encontrar ahí dentro" -Ginny se sobresaltó ante la implícita bronca paternalista, pero Shacklebolt le sonrió, quitándole hierro a sus palabras. "No creas que soy un insensible... tan sólo práctico. Vamos a ver... piensa en el problema que te preocupa, ¿vale? No me lo cuentes, tan sólo verbalízalo mentalmente"
Ginny no pudo evitar sonreír ligeramente y aceptó la propuesta. "Me sigue gustando Harry", pensó. La breve relación que habían tenido en el pasado no había funcionado, pero tras la boda de Hermione con Sirius, Ginny había pensado que todavía tenía una oportunidad de recuperarlo. Ahora, esta Hermione le había puesto las cosas bastante más complicadas.
"Bien, por tu cara veo que tienes claro el problema" -resumió Kingsley cruzándose de brazos. "Ahora dime... ¿hay algo que tú puedas hacer para solucionarlo?"
Ginny lo miró dubitativa. Realmente, creía haber hecho todo lo que estaba en su mano para volver a captar la atención de Harry, pero este había pasado de la indiferencia hacia todas las mujeres a estar completamente focalizado hacia una en concreto. No, realmente no creía que nada que ella pudiese hacer cambiaría las cosas. Sólo le quedaba esperar.
"No, no lo creo" -aceptó negando con la cabeza. "Excepto hablar con una persona, pero no me atrevo a hacerlo"
"Bien, bien..." -continuó Shacklebolt mientras le apoyaba las manos en los hombros. "Pues voy a pedirte algo: piensa en el problema y en esa persona, ¿lo tienes? Y ahora, mételos a los dos en un rincón de tu cerebro, en el cajón de 'Asuntos pendientes', ¿de acuerdo?" -el auror sonreía casi imperceptiblemente mientras Ginny asentía, más tranquila. "Bien, pues ahora piensa que tienes un motivo más para salir con vida de esto, porque tienes un asunto pendiente almacenado que tienes que solucionar, ¿estás de acuerdo? Buena chica..." -comentó al ver que ella dejaba de fruncir el ceño y parecía más serena. "Es normal sentirse agobiado por los problemas, pero algo que antes aprendíamos todos los aurores era a mantenerse aislado de ellos cuando te enfrentabas una misión. Desgraciadamente, las técnicas modernas de entrenamiento incluyen muchos hechizos de ataque y defensa, pero se olvidan de que los aurores son humanos... en fin..." -finalizó soltando a Ginny y acabando de ajustarse el cuello.
La pelirroja no podía evitar admitir que aquella extraña e impersonal charla con aquel veterano auror la había dejado tranquila y sosegada. Sí, tenía que hablar con Harry... era su último recurso, antes de darlo completamente por perdido...
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Tal y como habían supuesto, las ventanas que daban al acantilado estaban protegidas por hechizos sencillos, que cedieron sin mayor resistencia. Sirius y Harry se colaron dentro con todo el sigilo del que fueron capaces, y a pesar de la mínima luz que se filtraba por los ventanales angostos, pudieron ver con bastante detalle la sobria belleza del interior de la edificación.
Harry se deslizó rápidamente por encima la capa de invisibilidad.
"Sirius, voy a llevar encima la capa, todo el rato" -le susurró a su padrino. "Si alguien nos ve, verá sólo a una persona, y si hay problemas, me largaré a buscar a Hermione".
El animago asintió sin decir nada, y enarboló su varita en alto. Avanzaron silenciosamente, pegados a las grandes losetas de piedra vagamente iluminadas por las escasas antorchas que había aquí y allá, hasta que Sirius agarró a Harry de un brazo.
"Alguien viene" -se limitó a murmurar, señalando los últimos escalones de una escalera que se abría en medio de la pared y que se dirigía hacia los pisos superiores.
Se quedaron quietos, oyendo sus propios latidos, hasta que dos figuras desilusionadas aparecieron ante ellos. Sin decir nada, los desilusionados revirtieron el hechizo y Ginny Weasley y Kingsley Shacklebolt los saludaron con un gesto de cabeza. El cuarteto siguió su camino, emitiendo algún leve susurro, como un roce de tela, hasta que llegaron a la entrada principal, una estancia de enormes dimensiones y aspecto medieval.
Pronto estuvieron dentro Ron, Remus y Cordelia.
"¿Qué haces aquí?" -le espetó Sirius a Remus, señalándole el cielo ennegrecido a través de la ventana. "Dentro de poco va a salir la luna"
"Un licántropo en transformación puede distraer a los mortífagos" -le respondió Lupin negándose a regresar al bosque. "No te preocupes, Cordelia estará a mi lado todo el tiempo para aparecerse conmigo en el exterior, si hace falta"
"Eres un idiota temerario" -gruñó Sirius.
"Tú también, y yo no te digo nada" -le respondió el licántropo sin dejarse intimidar.
"Collustry"
El grupo de aurores, concentrado en el medio del inmenso vestíbulo, quedó cegado por la brusca iluminación que parecía venir de todas partes. Cuando pudieron volver a abrir los ojos sin dificultad, lo que se ofrecía ante sus ojos era más bien poco tranquilizador.
Lucius Malfoy y un grupo de mortífagos los tenía completamente rodeados y apuntados con sus varitas. Entre ellos, había algunos reconocibles, como Holofernes Egan y Liar McFadden, viejos conocidos de Harry; Theodore Travers, Thomas Wilgoren, y, sorprendentemente, Pansy Parkinson, también permanecían desafiantes y sin máscaras. Pegado a la túnica de Pansy, un tembloroso Goyle se mantenía en pie con precariedad. Otros estaban cubiertos por las archiconocidas máscaras blancas de los seguidores de Voldemort. Había, como había previsto Harry, unos quince en total.
"Vaya, vaya, vaya..." -resonó la aristocrática voz de Lucius Malfoy. "Pero si tenemos visita... disculpad que el anfitrión no esté aquí en estos momentos, pero está ocupado... con sus cosas... Mientras tanto, nosotros podemos daros la bienvenida como os merecéis, e incluso podríamos invitaros a cenar. La señorita Granger ya se está vistiendo para la cena, por supuesto..."
Sirius se giró hacia Harry, que permanecía pegado a su hombro derecho. El animago sintió de forma imperceptible y Harry se alejó lentamente del grupo, oculto bajo su capa de invisibilidad, desapareciendo en la oscuridad de los corredores con el único objetivo de encontrar a Hermione.
"Aceptamos gustosos tu invitación, Malfoy" -aseguró Sirius con ironía. "Aunque nos gustaría conocer personalmente a ese anfitrión tan ocupado"
Malfoy miró a Sirius desdeñosamente.
"Ya lo conoces, Black" -informó. "Mejor de lo que crees"
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Alastor "Ojoloco" Moody era un mago poderoso, con muchos años de experiencia y un trabajado sexto sentido. Sabía que uno debía quedarse al margen para actuar como refuerzo si había problemas, y que sólo él podía tener la intuición necesaria para saber cuándo había llegado el momento.
Sin embargo, no necesitó mucha sutileza cuando las chispas de las maldiciones empezaron a volar por el vestíbulo y sus resplandores se empezaron a ver a través de los estrechos ventanales.
"Mierda..." -pensó.
La juerga había empezado antes de lo que hubiera supuesto. Era evidente que los Malfoy (y ese Prince, quien quiera que fuese) habían instalado hechizos potentísimos para detectar posibles intrusos, máxime cuando sabían que los aurores acabarían por encontrar su escondite.
Miró al cielo con preocupación. La luna llena estaba a punto de salir, así que se iba a montar un pequeño revuelo cuando Remus se transformase. Ese iba a ser el momento ideal para irrumpir en medio, aprovechando el desconcierto del otro bando. Y además, sabía que no debía dejar a Harry y Sirius sin control mucho tiempo: por muchas promesas que le hubiesen hecho de que se iban a comportar debidamente, sabía que aquel par de anárquicos podían meterse en muchos problemas ellos solitos.
Suspiró y fijó de nuevo la mirada en el cielo.
Después de aquello, se jubilaba, estaba decidido.
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Severus Snape cumplía siempre las órdenes de Lucius Malfoy, estuviese o no de acuerdo con ellas. Así que, cuando los hechizos de protección detectaron a los aurores y el patriarca de los Malfoy le ordenó avisar a Draco para que ejecutase a Granger, Snape asintió con la cabeza y se dirigió a buscar al joven mortífago, aunque pensaba que no era una buena idea.
La buena idea, sabiendo lo que sabía, hubiera sido encargarle a él mismo que acabase con ella.
Snape odiaba a Hermione con toda el alma, por los mismos motivos que había odiado a Lily Evans Potter, con la salvedad de que no se sentía atraído por ella en absoluto. Le tocaba profundamente la moral el saber que era muy buena en pociones, mejor que Draco, y casi tan buena como él mismo a su edad. Durante los años de ella en Hogwarts no podía soportar ver a una bruja de origen muggle haciendo alarde de una habilidad sorprendente para la magia, una habilidad tan abrumadora que ponía en ridículo a la mayoría de los sangre limpia. El que fuese la mejor amiga de Potter sólo añadía leña al fuego.
Por eso, cuando Hermione le había pedido su colaboración, lo había hecho tragándose su odio, movido tan sólo por un impulso cobarde de salvar el pellejo llegado el momento. Si ella sobrevivía, su rectitud tan Gryffindor la obligaría a explicar en un juicio que la ayuda del ex-maestro de pociones le había salvado la vida, y eso le evitaría, sin duda alguna, la cadena perpetua en Azkaban. Sin embargo, Snape se hubiera quedado más tranquilo matándola él mismo o viéndola destruida por los dementores. Un cuerpo vacío, sin mente, no podría contar que Severus Snape había estado allí.
Así que cruzó los dedos y se fue a buscar a Draco Malfoy. La mente del muchacho estaba bastante perturbada por su paso por Azkaban, pero Snape esperaba que su entrenamiento como mortífago siguiese allí, en alguna parte. Draco odiaba a Hermione tanto o más que él, y tenía la experiencia suficiente para acabar con una bruja gravemente lesionada y sin varita, por muy lista que fuese.
Y después de avisar a Draco, sólo tenía que hacer una cosa: esconderse donde Sirius Black no pudiese encontrarlo.
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"¡Expeliarmus!"
"¡Sectumsempra!"
"¡Desmaius!"
"¡Protego!"
"¡Crucio!"
Los aurores y los mortífagos formaban grupos que se dedicaban a intentar sacarse la piel a tiras unos a otros a base de maldiciones. Ginny y Kingsley estaban colocados espalda contra espalda, mientras se defendían y atacaban, a partes iguales, a Parkinson, Goyle, Travers y Wilgoren. Sirius estaba solo contra Lucius, quien, por otra parte, era el que mejor peleaba con diferencia, y otro mortífago enmascarado. Ron también luchaba solo contra Egan y McFadden, y Remus y Cordelia se defendían como podían de los siete restantes. Después de un buen rato, aunque no había bajas en ninguno de los dos grupos, las maldiciones empezaban a notarse en los combatientes: tres de los mortífagos enmascarados se habían retirado hacia la oscuridad de los pasillos, dos de ellos llevando a un tercero que había sido herido por una maldición cortante de Remus. Ginny tenía roto el brazo izquierdo, pero peleaba igual de duramente con el derecho, y Sirius sangraba por un feo corte que tenía en el cuello. Lucius Malfoy estaba magullado por todas partes después de que su primo político lo hubiese lanzado contra la escalinata de mármol, y cojeaba ostensiblemente. El hechizo de iluminación que había lanzado Malfoy estaba dejando de ser efectivo, pero las luces de las maldiciones iluminaban todo más intensamente todavía que antes.
"¡Sectumsempra!"
Malfoy gritó y se echó las manos al abdomen, apretándoselo con furia mientras notaba cómo los antebrazos se le teñían de sangre. Sirius aprovechó el momento para fulminar al otro mortífago con un desmaius, pero mientras Parkinson agarraba a Lucius por la cintura e intentaba sacarlo de allí, un rayo violeta alcanzaba a Shacklebolt en la espalda, dejándolo inconsciente en el acto.
"¡Kingsley!" -gritó Ginny mientras atendía a su compañero.
Sirius le hizo una seña para que se apartase a un lado, mientras él se enfrentaba a Goyle, Travers y Wilgoren. Y cuando ya casi no se veía nada a causa de la oscuridad, la confusión y el humo...
"¡Cuidado, es un licántropo!"
El grito de Lucius retumbó en las paredes cuando, con un gutural gemido, Remus Lupin comenzaba su transformación a hombre lobo. Pansy ahogó un chillido y lo soltó, apretándose contra la pared muerta de miedo. Y mientras los aurores aprovechaban el pánico de los mortífagos, la puerta principal se abrió y un curtido Alastor Moody terminó de inclinar la balanza del lado del que debía ser inclinada.
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"Enervate"
Hermione se despertó con una sensación de desesperación que empezaba a ser parte de ella. Otra vez, pensó, otra sesión de cruciatus, otra sesión de dolor insoportable... pensó que le faltaba muy poco para que las fuerzas la abandonasen, para no tener más remedio que suplicar que la matasen... y entonces pensó en Sirius, y, con un suspiro, se incorporó lentamente, apartándose de la cara los mechones oscurecidos por la sangre coagulada. Se apoyó en la pared y se quedó semisentada, esperando a que aquel Draco Malfoy enloquecido que tenía frente a ella la obligase a beber la analgirea y la machacase de nuevo a golpe de crucio.
Pero Draco no hizo nada de eso.
Draco se limitó a sonreírle con sibilina suavidad, como si estuviese secretamente contento por algo.
"Hola, sangre sucia. Parece que ha llegado tu hora, ¿sabes?" -siseó.
Hermione lo miró incrédula, sin entender lo que le estaba diciendo. ¿Iba a matarla? Bueno, ella no quería morir, quería ver a Sirius, pero la perspectiva de descansar y de dejar de sentir aquel insoportable dolor que hacía que respirar se convirtiese en un tormento no dejaba de ser enormemente placentero.
"¿Vas a matarme, Malfoy?" -consiguió pronunciar con voz afónica. Tan afónica estaba que Draco no consiguió entender lo que decía.
"No te oigo, Granger" -le susurró a dos centímetros de su cara. "Aunque quizás ya no dices nada que tenga sentido"
"Te estoy preguntando si tienes intención de matarme, Malfoy" -le respondió ella haciendo un esfuerzo sobrehumano. Le ardían las entrañas, la boca y la garganta, y cada vez que expulsaba el aire de los pulmones, era como si su interior se pegase como un globo sin aire, y las paredes se quemasen una a otra, impidiendo que el aire volviese a entrar. Y volver a meter el aire dentro era tan difícil que no tenía fuerzas suficientes para hacerlo.
"Bueno, da la casualidad de que tu querido traidor a la sangre ya ha llegado, Granger... o más bien señora Black..." -le respondió Draco, apartándole un mechón ensangrentado de la cara que le estaba manchando los labios pálidos con su propia sangre.
A Hermione, en el estado en que estaba, le costó unos segundos procesar adecuadamente la información, pero cuando lo consiguió pegó un brinco en el suelo, golpeándose los huesos de la cadera contra la piedra y ahogando un aullido de dolor.
"Sirius... ¿Sirius está aquí?" -consiguió preguntar, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas de alivio que intentaba no derramar.
"Así es, querida sangre sucia..." -Draco se incorporó y la señaló con la varita. De pronto, a Hermione le pareció menos enloquecido y más decidido, determinado como estaba a vengarse de ella y de Sirius. "Me hubiese gustado divertirme un poco más contigo, pero creo que ha sido suficiente. Ya no hay tiempo para más jueguecitos, Granger. Acabaré contigo y subiré para unirme a mi padre y a los otros. Pero te llevaré conmigo, y te arrojaré a los brazos de tu querido Black, para que él pueda ver en lo que te hemos convertido..." -se dirigió hacia una sombra que había entrado con él en la mazmorra, y le hizo un gesto con la mano. "Aquí la tienes, es toda tuya".
Lo que sucedió a continuación pasó ante los ojos de Hermione como si estuviese viendo una película a cámara lenta. De entre las sombras salió una figura alta y oscura, que se movía como si flotase, y que emanaba un frío intenso que pronto inundó la mazmorra. Se cubría con una capucha, y mientras se acercaba a Hermione, la sensación de frío se introducía por sus huesos, atenuando curiosamente el inmenso dolor físico que sentía y haciendo que su mente se llenase de las imágenes que la habían torturado por años. Vio a Harry morir a manos de Voldemor, los cadáveres de los Weasley, las torturas y los cuerpos mutilados de la guerra. La felicidad se alejó de ella como si nunca fuese a volver a ser capaz de sentirla, y la angustia atrapó su corazón y lo estrujó como si se tratase de una araña que succiona a su presa.
Draco tenía razón.
Había llegado el momento.
Malfoy permanecía a unos metros de ella, mientras veía con una sonrisa de hastío cómo el dementor se acercaba a Hermione, hambriento. Hermione se movió lentamente, tal y como había planeado hasta la saciedad en los breves momentos conscientes que había tenido, fingiendo taparse la cara horrorizada. Pero lo que hizo fue sacar el vial de analgirea del bolsillo de su túnica, moviéndose con el suficiente disimulo como para que Draco no notase nada, y llevarse el frasquito de cristal a los labios. Las manos le temblaban tanto que pensaba que el vial iba a caérsele y romperse contra el suelo de piedra, y por un momento se puso tan nerviosa que pensó que iba a desmayarse. Pero pensó en los consejos que Remus le había dado, inspiró profundamente y vertió el contenido de la botellita en la boca, tragando con dificultad.
La analgirea hizo efecto inmediatamente, dejándola descansada y relajada. Intentó poner la mente en blanco, tal y como le había aconsejado el licántropo hacía años, para minimizar el efecto paralizante del dementor, y localizó por el rabillo del ojo a Draco Malfoy. Estaba a cinco o seis metros de ella, paseando indolentemente mientras jugueteaba con su varita. Se alegraba de que fuese Draco, precisamente...
Cuando vio que el dementor se acercaba peligrosamente, Hermione dejó de fingir que temblaba y se puso de pie rápidamente, agachándose y echando a correr hacia Malfoy, a quien la brusca reacción de una Hermione a la que creía moribunda había pillado completamente desprevenido. La chica lo golpeó y lo hizo caer al suelo, y los dos lucharon por agarrar la varita. Sabía que en cualquier otra circunstancia su inferioridad física la habría hecho perder ante el joven mortífago, pero Draco también estaba débil. Pensaba que ella no iba a poder ni moverse, y no había contado con una posible resistencia.
"¡Petrificus totalus!"
Mientras, el dementor, de escasa o nula inteligencia y ciego, giraba sobre sí mismo buscando aquella fuente de emociones que había estado a su alcance unos instantes antes y que se había alejado de él. Flotaba ingrávido intentando localizar de nuevo a su presa, hasta que detectó de nuevo emociones muy humanas. Furia. Miedo. Y se dirigió hacia allí, rápidamente, indignado porque su cena hubiese osado burlarlo.
Hermione había conseguido paralizar a Draco y lo sujetaba ahora, con el último esfuerzo que se creía capaz de hacer. Se mantuvo inmóvil, intentando controlar sus emociones, sujetando fuertemente el cuerpo liviano de un inmóvil Draco Malfoy. Y cuando el dementor estuvo lo suficientemente cerca, le arrojó el cuerpo del mortífago, que cayó directamente en brazos de la bestia, mientras veía aterrorizado e incapaz de moverse cómo el agujero oscuro que había en el lugar de la boca del dementor se abría para él.
La bruja más inteligente que había pisado Hogwarts no pudo evitar estremecerse y caer al suelo, mientras veía horrorizada cómo Draco recibía el beso del dementor. Aquello era un destino terrible, pero la chica no podía lamentar el destino de un torturador como el heredero de los Malfoy. Estaba destrozada física y moralmente, y aunque tenía una falsa sensación de bienestar provocada por la analgirea, sabía que los cruciatus la habían lesionado de forma grave.
Cuando el dementor terminó y olfateó el aire consciente de que había otra presa en la mazmorra, Hermione cerró los ojos, sujetó con fuerza la varita de Draco y revivió con placer los momentos felices que había vivido en las últimas semanas, cuando había regresado del pasado para encontrarse a todos sus amigos vivos y a salvo. Hizo un elegante giro de muñeca, miró al dementor y pronunció el hechizo con más fuerza que en toda su vida.
"¡Expecto patronum!"
El dementor se elevó en el aire al ser embestido por la nutria plateada y huyó por la puerta de la mazmorra, vencido por el patronus de Hermione, mientras su creadora caía de rodillas agotada, llorando de forma compulsiva.
Había acabado con Draco. La pesadilla estaba a punto de llegar a su fin. Sirius estaba allí.
Ella había ganado.
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Harry empezaba a desesperarse. Había recorrido los pasillos del sótano una y otra vez, pero no había encontrado ni rastro de Hermione. La lóbrega atmósfera que reinaba en la casa se acentuaba en las frías habitaciones del sótano. Los pasillos estaban revestidos de piedra en paredes, suelo y techo, y relucían con un brillo frío e irreal, iluminados en algunos puntos aislados con antorchas mágicas que flotaban a tres metros del suelo. No había charcos de agua, ni junturas en la pared, ni piedras gastadas por los pasos que le diesen una pista de dónde podía ocultarse la entrada a una mazmorra. Palpó losa tras losa, buscando indicios de magia, e incluso cerró los ojos para concentrarse y detectar algún hechizo sin ayuda de la varita. Pero todo fue inútil.
Ni rastro de Hermione.
Mientras los pasillos se adentraban más y más, acentuando su pendiente y haciéndose más profundos, Harry empezó a pensar si no se habría equivocado dando por sentado que Hermione debía de estar encerrada en un sótano. Quizás alguna de aquellas dos torres que habían visto, aunque Kingsley y Ginny habían entrado por la del lado norte... pero quizás en la torre sur...
Enfrascado como estaba, no se dio cuenta de que en un pasillo cercano al suyo podía oírse un ruido amortiguado. El ruido se repitió, y esta vez Harry lo oyó con dificultad. Se dio la vuelta y, tapándose bien con la capa, dio la vuelta a la esquina que acababa de pasar, lentamente, esperando encontrar allí un mortífago rezagado.
Pero no era un mortífago. Con la túnica hecha jirones y el aspecto de que le hubiera pasado una manada de thestrals por encima, allí estaba Hermione. Tenía heridas en la cabeza, los brazos y las piernas, que era lo único que dejaba ver su destrozada túnica. Estaba pálida, como si hubiera perdido mucha sangre, y tenía el pelo impregnado en coágulos negruzcos. Se apoyaba en la pared, visiblemente débil, y se llevaba la mano al estómago como si algo le doliese allí.
Harry sintió tanto alivio que pensó que iba a vomitar.
"¡Hermione!" -susurró, descubriéndose la cabeza hasta parecer una curiosa versión de Nick-casi-decapitado.
La chica lo miró hacia arriba y cruzó sus ojos con los de él.
"Harry..." -murmuró, al tiempo que levantaba su brazo izquierdo hacia él. El auror la sujetó firmemente por la cintura al tiempo que sujetaba el brazo izquierdo de ella sobre sus hombros y echaba la capa de invisibilidad sobre ambos.
"Hermione... ¿estás bien? ¿Qué te han hecho?" -le preguntó Harry en voz baja mientras la apretaba contra sí, feliz hasta el dolor de verla viva.
Ella tosió ligeramente, inclinada hacia delante, mientras intentaba caminar apoyando su peso sobre él.
"Me han torturado... como a los padres de Neville, pero me han estado administrando analgirea para que lo aguantase... analgirea, ya sabes, la poción..." -explicó ella con la voz entrecortada.
"La poción reconstituyente, sí, la conozco" -la interrumpió Harry ansioso por saber más.
Hermione lo miró con los ojos brillantes.
"Vaya, la conoces... veo que estudias más que el otro Harry..." -bromeó entre toses y jadeos.
Harry se sintió invadido por una oleada de afecto. Futuro o presente, indemne o no, seguía siendo la misma Hermione de siempre.
"No te canses, Hermione... tan sólo dime quién está aquí, quién te ha hecho esto..." -le susurró mientras le acariciaba el costado.
Ella se paró bruscamente, lo miró y apoyó todavía más su peso sobre él. A pesar de que ambos estaban bajo la capa, la cercanía hacía que Harry pudiese apreciar con detalle las heridas de la cara, la sangre, la palidez cérea del rostro y la expresión de pánico que todavía adornaba los dulces rasgos de ella.
"Sólo he visto a los Malfoy, padre e hijo... y a Severus Snape..." -respondió ella.
"¿Snape?" -Harry ahogó una imprecación. "Snape desapareció al principio de la guerra, supuestamente..."
"Me olvidé de decíroslo, Harry" -lo interrumpió ella pesarosa. "En mi pasado, Snape fue siempre un mortífago, y su puesto de espía de la Orden una mera fachada... siempre estuvo del lado de Voldemort... aún así, he conseguido, utilizando el chantaje, que me ayudase... han utilizado un dementor para que me diese el beso, pero he conseguido que atacase a Malfoy en lugar de a mí... está ahí dentro, en la mazmorra, con el alma absorbida por el dementor... nunca podrá hacerme daño otra vez" -finalizó Hermione con un tono rencoroso en la voz que Harry no le había oído nunca.
"¿Y Snape?" -acertó a preguntar el auror.
Hermione negó con la cabeza.
"No sé dónde está... me consiguió un vial de analgirea y me dijo lo del dementor. A cambio, yo prometí no decirle a Lucius que es un mestizo. Su padre era muggle y su madre una Prince..."
"¡Un Prince!" -exclamó Harry con voz ahogada. "Estamos en Prince Hall, Hermione, en Escocia... en la casa de la familia de Snape, entonces..."
"Harry..." -murmuró Hermione, cada vez más débil.
"¿Qué te pasa?" -le contestó Harry interrumpiéndose.
"Estoy herida. Llévame hasta Sirius" -fue lo único que pudo decir Hermione. Harry la apretó más fuerte contra sí y asintió en silencio. Eso haría... y después buscaría a su "apreciado" Severus Snape y le obligaría a tragarse su varita...
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En el gran vestíbulo de Prince Hall, el resultado de la pelea estaba decantándose hacia el lado de los aurores. Remus había desaparecido junto con Cordelia, que cuidaba de que el licántropo, un lobo manso ya transformado, no tuviese problemas con ningún mortífago temerario; algo así como una versión moderna de Caperucita y el Lobo Feroz, que diría Ginny más tarde. Lucius estaba fuera de combate y había optado por largarse de allí, así como varios de los mortífagos enmascarados, que por lo que parecía eran los más jóvenes e inexpertos de los que permanecían fieles al desaparecido Voldemort. Kingsley seguía inconsciente, y Ginny, que se sujetaba el brazo apretando los dientes, lo había sacado de la casa y lo había dejado junto a Remus y Cordelia, para volver lo antes posible a la pelea. Pansy Parkinson permanecía en una esquina, obviamente con una pierna rota, atendida por un solícito Goyle. Travers, Wilgoren, Egan, McFadden y dos enmascarados eran los únicos ilesos del bando mortífago, mientras Sirius, Moody, Ron y Ginny parecían apañarse bastante bien contra ellos.
Cuando Harry y Hermione llegaron allí, la batalla estaba definitivamente ganada, pero varios hechizos aturdidores lanzados por el primero bajo la protección de la capa de invisibilidad acabaron de determinar rápidamente el bando ganador. Mientras los aurores miraban hacia el lugar de donde habían partido los hechizos, Harry dejó que la capa se deslizase por sus hombros y los descubriese a él y a su acompañante.
"¡Hermione!" -gritó Ron parándose en seco en medio de un hechizo para inmovilizar a los mortífagos inconscientes.
Sirius, Ginny, y Alastor se quedaron parados a su vez, mirando incrédulos a la pareja que acababa de aparecer. Hermione, que parecía a punto de derrumbarse, soltó los hombros de Harry, se zafó de su brazo y echó a correr hacia Sirius, quien instintivamente abrió los brazos para sujetarla, paralizado por la sorpresa.
"¡Sirius!" -gritó ella con la voz ronca, aferrándose a él como un náufrago a una tabla, mientras las piernas le fallaban y caía de rodillas, arrastrando al animago con ella. "Sirius, tenía que sobrevivir para decírtelo, no he podido ser más estúpida... yo... te quiero..."
Sirius la apretaba contra sí como si fuese a desvanecerse como el humo de un momento a otro, incapaz de asimilar que la habían encontrado con vida. Los demás contemplaban la escena en silencio, demasiado sorprendidos y abrumados por las emociones que destilaba la pareja para hablar. Sirius seguía aferrándose a ella, incrédulo, hasta que notó que el cuerpo que abrazaba se volvía más lánguido.
Ron fue el primero en reaccionar.
"Sirius, está inconsciente. Apártate para que podamos examinarla".
El animago separó el cuerpo de Hermione del suyo y la acostó en el suelo con extrema delicadeza. Un reguero de sangre se deslizaba de la comisura de la boca de ella, bajando por el cuello y perdiéndose en el escote de la túnica. Su palidez era ahora grisácea, y el pulso le latía errático y superficial. Ojoloco le apoyó las yemas de los dedos en el ángulo bajo la mandíbula y negó con la cabeza. Había visto muchos casos así.
"Se está muriendo. Hay que llevarla a San Mungo si no queremos perderla, Sirius" -determinó con voz áspera. "Si no la hemos perdido ya..."
Sirius estaba bajo el efecto del shock. Miró a Moody como si le hablase en chino.
"Llévatela, Alastor, y también a Kingsley. Yo me quedo; voy a encontrar a Lucius y hacerle pagar por esto"
"También está Snape" -interrumpió Harry. "Hermione me lo contó cuando veníamos hacia aquí. Es un Prince... y nunca ha dejado de ser un mortífago. Yo me quedo contigo"
Sirius apoyó delicadamente a Hermione en los brazos de Ron, acariciándole la mejilla con los dedos empapados en la sangre de ella. Estaba decidido a hacer lo que tenía que hacer y nadie iba a impedírselo. Así que Severus Snape volvía a cruzarse en su camino... bien, quizás a la tercera iba la vencida...
"De acuerdo, vamos a sacar a Hermione, a Kingsley y a Ginny de aquí" -accedió Alastor. "Voy a organizar el regreso a San Mungo, pero volveré con Ron. Buscad a los mortífagos que quedan... quiero a Malfoy y a Snape, Harry... y los quiero con vida..." -ordenó.
Harry miró a Sirius, quien tenía los ojos fijos en el cuerpo inerte de su esposa. El animago le devolvió la mirada al joven Potter y éste se dirigió a Moody.
"Claro, Alastor... los agarraremos vivos" -concedió.
Y en aquel momento, a ninguno de los que estaban allí le quedó ninguna duda de cuál iba a ser el destino de Lucius Malfoy y Severus Snape.
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¡Eh, hola a todo el mundo! Bueno, espero que vuestra paciencia se vea recompensada con un capítulo largo y movidito, movidito, aunque me vais a matar por este final tan... bueno, tan de mi estilo. En fin, que Hermione consigue escaparse ella solita (tanto como la sobreprotegían y mira), pero me temo que la chica ha quedado bastante cascada de tanto cruciatus... ahora sólo queda que consigan llegar a San Mungo, que los medimagos puedan hacer algo por ella, y que Harry y Sirius consigan encontrar a los mortífagos huidos y no caigan en otra trampita... casi nada, ¿eh? Vamos, que lo tienen difícil...
Bueno, muchas gracias por vuestra paciencia y por vuestros maravillosos reviews. Este capítulo en realidad es medio: he tenido que cortarlo en dos porque se me hacía demasiado largo. La continuación de "la aventura de Prince Hall" en el capítulo 18, donde veremos el desenlace de todo esto.
Las respuestas a los reviews las subiré mañana en un review dirigido a mí misma. Ahora no puedo seguir, que he quedado para ver una peli.
Próximamente, el que probablemente sea el penúltimo capítulo del fic. Su título tendrá, probablemente, algo que ver con la venganza...
En fin, besos a montones para todos... besos dulces como el membrillo y refrescantes como la limonada... vamos, besos como los de Sirius, para qué explicar más...
Lara
