Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 18: No te metas con una miko embarazada

27 de junio

Sola.

Estaba sola.

Sí, admitía que se estaba autocompadeciendo. Incluso cuando había viajado sola al campo nunca se había sentido tan sola. Así que sentía que se merecía la autocompasión y no iba a sentirse culpable por ello.

Bueno… cierto es que tenía el bebé que crecía dentro de ella, pero el hijo en gestación que no era ni del tamaño de una pelota de béisbol era difícilmente el compañero de viaje ideal. Gracias a las estrellas del cielo que parecía que las náuseas matutinas semejaban estar desapareciendo, aunque los antojos de dulces no. Mataría por un poco de helado con doble ración de dulce de leche, aunque preferiría arrancarse el bazo a pedirle nada a nadie del grupo.

Ninguno de los de aquí la quería cerca.

Había oído accidentalmente muchas conversaciones porque la gente tendía a olvidar que ella estaba por allí. Y eso era lo que le gustaba. Fingiría dormir si tenía que hacerlo para evitar conversaciones.

Miroku y Sango a veces susurraban sus miedos sobre el futuro. Hacían planes de lo que harían si Kagome no regresaba nunca. Una vez, Miroku incluso contempló brevemente la posibilidad de abandonar el grupo con su mujer e hijo. Pensó en abandonar a Inuyasha y a Shippo. Pero ¿y ella? ¿A nadie le importaba lo que le pasase a ella?

¿Nadie la quería cerca? Bueno. Ella tampoco quería estar aquí. Quería estar con su propia familia en su propia casa en lugar de dormir en una cama de tierra y rocas. Y, arg… ¡todos aquellos insectos!

Pero ni siquiera su colchón de ramas, rocas e insectos chupasangres podía borrarle la sonrisa de la cara esta mañana.

Hoy era el día.

Miró hacia sus compañeros dormidos. Compañeros a regañadientes, en realidad. Era difícil contenerse y no despertarles. No estaba segura de lo lejos que estaban del agua, o de en qué momento funcionaría la magia. Todavía faltaba un rato para que amaneciera, así que lo único que podía hacer era esperar.

Esperar funcionó durante unos dos segundos.

Se puso de pie y se estiró. Se le levantó la tela de su blusa, pero no volvió a caer en su sitio cuando bajó los brazos. Bajó la mirada y vio su vientre descubierto. Rechinó los dientes e intentó no maldecir. Su ropa se le estaba haciendo incómoda. De repente, sin su permiso, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

Empezaba a notársele.

Apoyó la mano en su vientre y le susurró al niño que todo iba a ir bien. Prometió que habría un final feliz.

Sabía que Inuyasha la estaba mirando, pero no le importó. Se preguntó si siempre dormía en árboles. Con lo a menudo que ella cambiaba de posición en mitad de la noche, no veía cómo podía ser siquiera posible dormir en una rama. O nunca dormía profundamente, lo que explicaría su humor excesivamente gruñón, o tenía un equilibrio estupendo. Entonces, se preguntó por qué nunca se lo había preguntado antes. ¿Estaba empezando a encariñarse con estas personas?

Levantó la mirada hacia el árbol.

¿La estaba mirando para protegerla o la miraba porque no confiaba en ella? Al mirar hacia arriba, vio sus ojos entrecerrados y un frunce en su rostro. Era sin duda lo de la confianza.

No había nada más que hacer y ella tenía que mantenerse ocupada para no volverse loca de ansiedad, así que Kikyo removió las brasas de la fogata y empezó a ponerse a ver qué podía preparar de desayuno.

—Sí que nos vendría bien un poco de pescado o algo de carne fresca —dijo por encima del hombro.

—Feh. Pues sal a cazar.

Había pasado un tiempo desde que había tenido que atrapar o pescar algo para comer. Cuando viajaba antes, lo hacía a diario. Pero oh, era tan agradable tener comida preenvasada. Mejor aún, precocinada. Una buena hamburguesa grasienta sonaba muy bien.

No había tiempo para montar una trampa y esperar a que la comida quedase atrapada. No quería perder un solo momento del día cuando el tiempo que lograba pasar viendo a su familia era tan corto. Así que tendrían que estar servidos con una taza de té y fruta. Tras poner un poco de agua a hervir, Kikyo cogió un cuenco pequeño y fue a buscar bayas. Se dio cuenta de que, aunque Inuyasha la mantenía vigilada, no abandonó el claro.

Quiso la suerte que la flora local no se hubiera quedado sin todas las bayas e incluso se topó con un árbol frutal. Para cuando volvió al campamento con la comida, había rayado el alba y los demás empezaban a levantarse.

¡Por fin!

Intentó ser paciente mientras realizaban sus deberes matutinos. Pero parecía como si todos se estuvieran moviendo a cámara lenta. ¿No sabían que hoy era el día?

—Tenemos que encontrar agua —les dijo mientras perdían el tiempo entreteniéndose con las bayas. Nunca debería haberlas traído. Tal vez el hambre habría hecho que movieran los pies un poco más rápido.

Miroku asintió en dirección a la cantimplora mientras le daba de comer a su hijo trozos de fruta. Kikyo respiró hondo e intentó no chillar. O gritar obscenidades. El deseo de hacerlo estaba creciendo poco a poco.

—Tenemos que encontrar un poco de agua —empezó a explicar de nuevo—. Ya.

Miroku le tendió a Ryoku a Sango y fue a buscarle el agua. Incapaz de controlar sus embravecidas emociones, empezó a gritar, después de todo.

—¡Agua! ¡Necesito agua!

—Tranquilícese, señorita Kikyo, encontraremos agua pronto. Trajimos sufic…

Kikyo agarró al monje por la parte delantera de su traje y siseó mientras lo zarandeaba.

—¡Tenemos que darnos prisa!

—¿No vas a apartarla de él? —oyó que Inuyasha le preguntaba a Sango con curiosidad.

Sango levantó la mirada de donde le estaba dando de comer al bebé y volvió a bajarla, evidentemente sopesando sus opciones.

—¿Quieres sujetar al bebé o ir a interrumpir la pelea?

Inuyasha ya estaba a medio camino hacia allí antes de que pudiera terminar la frase. Sango sonrió con satisfacción antes de arrullar a Ryoku.

El deseo de pelear se vio vencido rápidamente por el deseo de reír. Estúpidas hormonas. Pero por la forma en que Inuyasha actuaba alrededor de bebés, cualquiera pensaría que era alérgico a ellos. Sería interesante ver cómo sería alrededor de un bebé suyo. Por supuesto, suspiró, eso dependería de si, no… de CUÁNDO volvería Kagome. Simplemente no podía imaginarse al demonio perro con nadie más.

No podía imaginarse a nadie más aguantándolo.

Tras soltar a Miroku antes de que Inuyasha los alcanzase siquiera, Kikyo retrocedió un paso e intentó calmarse para volver a ser una persona racional.

—Kaede dijo que hoy era el día en que nos veríamos de nuevo en los reflejos. Tengo que encontrar agua para poder encontrar mi reflejo. Quiero ver a m…

El resto de la frase salió en un gran silbido cuando tiraron de ella de golpe por el cuello de su blusa y acabó bajo un brazo, del modo en que alguien llevaría una pelota. Ver el suelo pasando volado mientras sus brazos y piernas oscilaban y sólo un brazo la sujetaba bajo las axilas fue un poco desorientador. Las náuseas de las que pensaba que se había librado habían vuelto en su totalidad.

No aterrizó con un golpe seco cuando Inuyasha la soltó. Aterrizó con una salpicadura.

Había días en los que odiaba de verdad a aquel demonio.

Le habría gritado por ser tan grosero, pero su corazón se derritió sólo un poco cuando lo vio mirando ansiosamente al agua. Se puso de pie y empezó a escurrir el agua de su pelo. Era bueno que el agua fuera tan superficial. Desafortunadamente, probablemente tenía unas pintas horribles. No era exactamente la forma en que quería que Hojo la viese. Chapoteó de camino a salir del agua y empezó a pasarse los dedos por el pelo, asegurándose de estar pendiente de su reflejo.

—¿Dónde está? —exigió Inuyasha.

—No lo sé. No debe de ser el momento todavía.

Toqueteó el agua con una garra. Entonces, dirigió su mirada de furia hacia ella, como si fuera culpa SUYA que la magia estuviera tardando el tiempo que le daba la gana.

—¿Dónde está?

—No lo sé. Ten paciencia.

Encontró bastante irónico que fuera ella la que necesitase una buena dosis de paciencia cuando el demonio perro superó sus expectativas en cuanto a ser un incordio. Si no le estaba diciendo que se diera prisa y trajera a Kagome, entonces prácticamente le estaba respirando en el cuello mientras ella miraba el agua. Hubo un par de momentos en los que estuvo bastante segura de que él había estado pensando en lanzarla dentro para ver si eso obtenía algún resultado. Finalmente, le preguntó demasiadas veces. No había pretendido que su respuesta fuera tan maliciosa, pero de verdad que la había sacado de quicio.

—¿Dónde está? —le había preguntado.

Su respuesta, para vergüenza suya, fue sugerir que Kagome probablemente se había dado por vencido con él y que estaba por ahí haciendo cosas con un hombre al que realmente pudiera acercarse. Sí, había puesto en cursiva la palabra «cosas» al decirlo, provocando que incluso el demonio perro que a veces tardaba en comprender supiera exactamente a qué se refería. Al instante, se sintió mal ante la insinuación, ya que parecía alguien a quien le hubieran arrancado el corazón y robado el alma.

Respiró hondo y se secó las manos en su mugrienta ropa. Odiaba enormemente disculparse, pero no podía soportar la expresión afectada de su rostro.

—No lo dije en serio —le dijo—. Estaba enfadada y frustrada. Kagome no se daría por vencido contigo.

Él aplanó las orejas y compuso sus facciones para parecer aburrido. Pero sus ojos le traicionaron. Le había hecho daño. Prácticamente había apagado el pequeño destello de esperanza de que fuera a estar de nuevo con Kagome, su compañera.

—Lo siento.

—Feh.

Observaron el agua en silencio. Esperando.

—Hace mucho tiempo… que no está…

Le sorprendió que Inuyasha realmente sonase preocupado. ¿De verdad podía creer que Kagome fuera a…? Genial… ¡Ahora se sentía incluso peor! Y no había creído que fuera posible.

—Las cosas serán como deberían —le dijo.

Él la fulminó con la mirada, sus ojos destellaron oro.

—Eso es lo que dijo esa bruja… antes de que se llevaran a Kagome.

—No es una bruja. Es una miko.

La respuesta de Inuyasha a lo que creía que era realmente hizo que Kikyo casi se atragantase. Puede que hubiera pensado algo parecido, pero nunca lo habría dicho en voz alta. Nunca se sabía quién estaba escuchando. No obstante, no discrepaba.

Los arbustos empezaron a agitarse en la distancia. Inuyasha movió la oreja hacia atrás por un momento, luego volvió a concentrarse en el agua. Debían de ser sus compañeros.

El demonio zorro vino en silencio, se sentó al lado de Inuyasha y fijó la mirada en el agua con él. Sango y Miroku empezaron a descargar sus pertenencias. Extendieron una manta en el suelo para que Ryoku se sentase.

—Podrías haber esperado por nosotros —se quejó Miroku.

Kikyo ahogó una carcajada mientras Inuyasha le decía sin palabras lo que podía hacer con su opinión.

Pasó la mañana y Sango empezó a hacer fuego, sabiendo que el grupo probablemente no fuera a moverse ese día. Cuando hubo terminado, Miroku fue a buscar comida para su almuerzo. Volvió con las manos vacías y le preguntó a Inuyasha si le importaría ir a cazar un poco de comida. La petición fue ignorada. Sugirió que Shippo intentase cazar y se vio recompensado con una similar respuesta sin palabras a lo que podía hacer con su sugerencia.

Inuyasha era una mala influencia.

Kikyo sabía que todos pasarían hambre antes de que ninguno de ellos dejase el agua. A ella le parecía bien, no habría apartado los ojos del agua el tiempo suficiente para comer, de todos modos.

El sol del mediodía destelló en el agua. Una vez podría haber encontrado paz observando el sol bailar en el agua ondulante, pero ahora lo único que podía sentir era ansiedad. Los destellos fueron casi cegadores cuando el agua empezó a brillar.

¡Sí!

—¡Hojo! —gritó—. ¡Kaede! ¿Estáis ahí?

—Pero ¿qué…? —Inuyasha sonó sobresaltado cuando el agua empezó a aclararse y mostró a Kagome con las manos alrededor del cuello de Hojo.

Kikyo estaba sin habla.

Inuyasha rugió y rajó el agua con sus garras.

—¡Te voy a matar! —le gruñó a Hojo—. ¡Aparta tus manos de ella!

Kikyo entrecerró los ojos mientras fulminaba con la mirada al demonio perro.

—¡ELLA tiene las manos sobre ÉL, tonto! —Deseó tener garras.

Kagome y Hojo se giraron hacia ellos con sonrisas en sus rostros. Las manos de su reflejo cayeron a sus costados mientras se giraba hacia ellos. Hojo, el marido traidor, inútil e infiel, se giró también hacia ellos sonriendo. Kaede apareció de un salto entre ellos. Parecía como si estuvieran posando para una foto familiar. Kikyo sintió que se le apretaba el corazón.

Dolía.

No sabía que nada pudiera doler tanto.

—Papá no conseguía ponerse la corbata recta —dijo Kaede mientras saludaba a Kikyo con la mano—. La tía Kagome dijo que, si no paraba de juguetear con ella, iba a estrangularlo. —Entonces se giró hacia Kagome con una mirada de reprimenda—. No es bonito amenazar con estrangular a papá.

Kagome se rio y sostuvo las manos en alto fingiendo rendirse. Después, ladeó la cabeza y miró al demonio perro que estaba echando humo.

—¿Qué te pasa? —le preguntó.

—Lo… lo… estabas tocando…

Kikyo apoyó la mano en su codo con la esperanza de calmarlo, aunque su propio corazón todavía latía con fuerza, pero él apartó el brazo de golpe.

—Le estaba ayudando a anudarse la corbata —explicó. Luego, sonrió cuando el dolor de su corazón amainó—. Querían estar guapos cuando nos vieran.

Volvió a mirar al agua junto con Inuyasha.

—¿Le estabas ayudando a vestirse?

—Sólo con la corbata, no es como si le estuviera ayudando a ponerse los pantalones, ni nada.

Inuyasha gruñó. Ah, un momento… era Kikyo la que hacía ese ruido.

—¡Fuimos a por helado! —Kaede sonrió ampliamente, interrumpiendo lo que posiblemente podría haber sido una fea escena—. Le pedí a papá que te comprara uno. Te lo metimos en el congelador.

El mundo se volvió borroso. Kikyo alejó las lágrimas parpadeando rápidamente.

—Gracias.

Shippo estaba saludando animadamente a Kagome con la mano y Sango había llevado a su hijo para ver si podía verla él también. Miroku se colocó entre Kikyo e Inuyasha para saludar también a su amiga. Kikyo deseó que todos retrocedieran un poco.

—Está encantadora, señorita Kagome —dijo Miroku.

Kagome se sonrojó mientras presumía de vestido nuevo. Sí que tenía un aspecto encantador. Kikyo se mordió el labio al mirar a Hojo, preguntándose si alguna vez se daba cuenta de lo encantadora que era Kagome. Inuyasha tenía razón, hacía mucho tiempo que no ESTABAN. ¿Tres meses? Él podía declarar abandono. Podía empezar una nueva vida. Ni siquiera tendría que mirar tan lejos. ¡Kagome estaba ALLÍ MISMO! Solía amarla. ¿Todavía era así? ¿Todavía había una pequeña parte de él que la deseaba? Podía sentir la histeria creciendo de verdad.

Con anchos ojos temerosos, miró a Hojo.

Entonces, llegaron las lágrimas y esta vez no intentó detenerlas.

El amor en sus ojos era inconfundible. Eran cálidos y cariñosos, empapándose de ella. Hicieron que se derritiera. La amaba. A ella. A Kikyo. Todos los demás desaparecieron mientras le veía mirarla tan atentamente.

—Hola —dijo en voz baja.

Él sonrió.

—Hola.

En ese momento, comprendió por qué Inuyasha y Kagome a veces se quedaban sentados en silencio y se miraban fijamente a través de los reflejos. Había algo tranquilizador en simplemente verle. Sus ojos le contaban todo lo que estaba sintiendo y esperaba que él pudiera leer lo que había en los suyos. Aunque medio esperaba que pasara por alto los pocos momentos de histeria. No necesitaba preocuparse por ella más de lo que ya lo hacía.

—Cuando veas a Midoriko, ¿puedes pedirle si puedo tener una bonita perla rosa por mi cumpleaños? —preguntó Kaede.

—¡Qué! —Inuyasha dirigió su atención hacia la niña.

Estaba tan embobada mirando a su marido, que a Kikyo le llevó un momento comprender del todo lo que había dicho su hija. Cuando lo hizo, apenas pudo contener su emoción.

—¿Está cerca, cariño?

Kaede se encogió de hombros.

—Cerca no, pero no muy lejos. Ten cuidado en la montaña, mamá, es muy alta y no quiero que te caigas. —Miró a Shippo y sonrió—. Pero él puede ayudar, ya que la conoce tan bien.

—Kaede —rogó Kikyo—. Dime dónde está.

En lugar de responder, Kaede miró por encima del hombro de su madre y se encogió al mismo tiempo que Inuyasha movía la cabeza hacia atrás y empezaba a gruñir.

El demonio parecía ser una especie de roedor, como un ratón mutante de más de tres metros y medio que hubiera tomado esteroides. Kikyo miró al demonio y luego de nuevo a su familia. Se preguntó si debería perturbarle que realmente fuera una decisión difícil de tomar: mirar a su familia o luchar por su vida. El demonio decidió en su lugar cuando saltó sobre ella y aterrizó en el agua, dispersando la imagen de su familia.

Antes de que Sango pudiera coger su arma o Miroku pudiera pronunciar una palabra, cielos, antes de que Inuyasha hiciera crujir sus nudillos siquiera, Kikyo estuvo de pie en la orilla. Enfurecida. Llamas azules provocaron un torbellino alrededor de ella, haciendo que pelo y tela azotasen a su alrededor. Con una mano en su vientre y otra delante de ella, Kikyo soltó un grito.

—¡NOOOOOOO!

La criatura quedó incinerada al instante.

Kikyo cayó de rodillas e inspeccionó el agua, rezando para que su familia siguiera allí. Soltó un sollozo de alivio cuando vio la expresión sorprendida de Hojo y oyó a Kaede aplaudiendo.

Kagome se estaba riendo.

—No te metas con una miko embarazada. —Se abrazó el estómago mientras seguía riendo.

Kikyo sonrió y se permitió reír también.

—Midoriko —recordó Miroku suavemente—. Estabas preguntando dónde podríamos encontrarla.

En lugar de responder a la pregunta de Miroku, Kaede miró a su mamá con tristeza e hizo un ademán.

—Te voy a echar de menos, mamá.

Antes de que Kikyo pudiera responder, la imagen desapareció de la vista y se quedó mirando su propio reflejo. Su corazón latía con tanta fuerza que le sorprendería que los demás no lo oyeran también.

—A qué… ¿A qué se refiere con que me va a echar de menos? —preguntó en un susurro.

Inuyasha se encogió de hombros y se giró para marcharse.

—Probablemente vas a morir.

Sango puso los ojos en blanco.

—El maestro del tacto —refunfuñó. Pero Kikyo se dio cuenta de que no rebatió lo que había dicho el demonio perro.

Ninguno la miró a los ojos mientras recogían sus pertenencias.

¿No iba a tener un final feliz después de todo?