Disclaimer: No me pertenece ningún personaje de los que salen en los libros de Harry Potter. La verdad es que me gustaría que me pertenecieran los cuatro primeros libros, pero a partir del quinto, prefiero que me regalen un gusarajo.
NOTA IMPORTANTE: CONTIENE SPOILERS DE HBP
Notas de la autora:
Bueno, gracias mil por vuestros maravillosos reviews, que me han dejado el ego inflado para todo el año. Reconozco que para mí el 17 también ha sido uno de los mejores capítulos, y la segunda mitad me ha salido de un tirón sin ni siquiera pensármela. Uno de esos raros momentos en los que el muso tiene un buen día, se encuentra magnánimo y te permite ese estado de gracia que hace que las frases te salgan de la punta de los dedos.
Mis disculpas sobre mi tardanza. Es verdad que he estado liadísima, pero es que además, los fines de semana (que es cuando puedo ponerme al teclado) mi muso, agotado por el capítulo anterior, decidió tomarse el mes de octubre de vacaciones... simplemente me enfrentaba a la hoja de Word en blanco y las ideas no salían. En la ducha, desayunando, viendo la tele o conduciendo el coche, intentaba encontrar ideas para el capítulo, pero estaba en secano total. Sólo espero que lo que mis resecas meninges han dado de sí sea suficiente para que el capítulo no os decepciones.
Y hay otra cosa: de tanto leer fics no me había dado cuenta, y por un post que leí en unos foros, se me puso la mosca detrás de la oreja, me fui al libro 5 a comprobarlo y, efectivamente, Rowling no utiliza medimago ni medibruja, sino "sanador" ("healer", en inglés) para denominar a los "médicos" de enfermedades mágicas. Así que... a partir de este capítulo lo modifico. Los anteriores paso, que me da pereza.
Y ahora sí: disfrutad del capítulo.
DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?ADVERTENCIA: Este capítulo es bastante violento.
Capítulo 18: La venganza es una especie de justicia salvaje (Francis BACON)
La doctora Gray se apoyó en el respaldo del sillón de su habitación de San Mungo. Miró su reloj de pulsera: bien, eran casi las dos de la mañana, los pacientes de la CIM (unidad de Cuidados Intensivos Mágicos) estaban estables, y aquella prometía ser una guardia tranquila. Estiró las piernas y las cruzó sobre un escabel al pie de la chimenea, hechizó su té para que se mantuviese caliente, cerró los párpados y suspiró de satisfacción: al cabo de un rato volvería a la unidad para comprobar que todo estaba tranquilo y después se echaría una cabezadita.
"¡Gray! ¡Rápido, vuelve!"
Mierda, pensó. Todo el té por encima, y aún encima recién recalentado. Qué demonios querría ese chulito de Wilkes para hacer aparecer aquella cabeza suya repeinada por la chimenea. Claro que parecía de todo menos contento... a lo mejor era algo grave y todo...
En la CIM, donde se apareció tras agarrar la varita casi con los dientes, todo era alboroto. El tal Wilkes, un sanador con un atractivo tan abrumador como su ego, estaba inclinado sobre una camilla que acababa de llegar. Gray y él se odiaban cordialmente, aunque eran lo suficientemente sensatos como para trabajar en equipo con profesionalidad.
"¿Qué es, Wilkes?" -preguntó mientras se abría paso entre el montón de gente que rodeaba la camilla. "¡Por todos los...!"
"Otra auror, hacía tiempo que no veía algo así... está prácticamente muerta, pero todavía respira. Ha perdido sangre suficiente como para transfundir a un hipogrifo, pero es que además las heridas sangran sin parar y no responden a los hechizos de cicatrización" -explicó el sanador mientras se apartaba el perfecto flequillo de la frente con un gesto brusco.
"Puede que le hayan destrozado algún órgano" -elucubró la doctora Gray, remangándose el uniforme y apuntando a Hermione con la varita. Una tenue luz verde pálido cubrió el cuerpo de la auror, que dejó de respirar inmediatamente. Las heridas también dejaron de sangrar y los brazos y las piernas se relajaron.
"Se trata de Hermione Black, una compañera de tu otra paciente, Nymphadora Lupin" -continuó el sanador. "También han llegado otros dos, Kingsley Shacklebolt y Ginevra Weasley, pero los están atendiendo en la planta cuarta porque están fuera de peligro. Hay que preguntarle a sus compañeros qué demonios le ha pasado".
"Vete tú, Wilkes. Yo me encargaré de ella, tú has estado trabajando sin parar hasta ahora y estás agotado. Cuando esté estable, empezaré a explorarla. Pregúntales a sus acompañantes qué maldiciones le han lanzado y cuántas, todo lo que sepan. Ah..." -añadió en voz más baja, al ver que su compañero ya se dirigía a la puerta- "... y si lo saben, pregunta quiénes han sido los que le han hecho esto..."
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En cuanto Alastor Moody, Ron y Cordelia se habían largado cargados con los mortífagos apresados, el cuerpo inerte de Kingsley Shacklebolt y una dolorida Ginny, Sirius y Harry se miraron y con esa mirada juraron para siempre que lo que iba a suceder en aquella antigua mansión de piedra era algo que no sería desvelado a terceros.
"Tenemos que encontrar a Lucius..." -dijo Sirius en voz baja, fijando los ojos en su ahijado-; "...donde él esté encontraremos a Snape. Es el único que puede revertir el efecto del sectumsempra..."
"Será sencillo. Habrá ido dejando manchas de sangre a su paso..." -supuso Harry.
Desgraciadamente, esa parecía haber sido también la idea de Lucius Malfoy, porque después de dar interminables vueltas por la casa se encontraron con la desagradable sorpresa de que el reguero de sangre los conducía una y otra vez al punto de partida. Parecía ser obra de un hechizo bastante complejo, porque por mucho que lo intentaban no conseguían entender si era las manchas de sangre las que se movían o eran los pasillos los que giraban sobre sí mismos para volver a conducirlos a donde se encontraban ahora.
"Es obvio que han utilizado una combinación de hechizos, incluyendo un confundus..." -pensaba Harry en voz alta, mientras se desordenaba el pelo. Sirius intentaba, por su parte, no hacer caso a aquella vocecita que le susurraba desde un rincón remoto del cerebro que lo mejor que podían hacer era tirar la casa abajo y todos contentos.
"Puedo transformarme en perro y seguir su olor" -propuso, aún sabiendo lo que iba a objetar Harry.
"Puedes hacerlo, pero si hay un confundus detrás de todo esto, no te va a servir de nada" -negó el joven jefe de aurores.
Sirius se sentó en el suelo sin decir nada, apoyado en la pared, mientras se pasaba la mano por el pelo, apartándoselo de la cara. Se miró la palma, al notársela mojada, y la encontró manchada de sangre, que se limpió con la ropa. Harry se sentó a su lado y suspiró.
"A ver, vamos a pensar con un poco de tranquilidad..." -susurró. "Hemos entrado en la casa sin problemas, ¿por qué narices no podemos ahora movernos por los pasillos sin que la maldita casa nos traiga aquí de vuelta?" -la pregunta retórica se quedó flotando en el aire, sin respuesta.
"Harry, es evidente que esas ratas nos esperaban y querían que llegásemos aquí" -terció Sirius con un resoplido. Estaba agotado, llevaba casi dos días enteros sin dormir, y lo único que le apetecía era conseguir desahogar su furia como fuese. "Seguramente toda la casa estará hechizada para que cualquier pasillo conduzca hasta aquí".
Harry se quedó pensativo, jugueteando con la varita. Miró a su alrededor: a pesar de que ya hacía un par de horas que la pelea había acabado, todavía flotaba en el aire un olor a humo, polvo y sangre.
"Haría falta magia muy poderosa para que la casa entera estuviese hechizada" -murmuró sin poner mucha atención a lo que decía.
Olor a sangre.
Sirius tampoco prestaba demasiada atención a Harry. Sin poder evitarlo, su cerebro revivía una y otra vez las últimas imágenes de Hermione, las escasas palabras que había pronunciado antes de perder el conocimiento. Se la imaginó agonizante en San Mungo. No podía perderla... no ahora que por fin la había recuperado...
"Magia demasiado poderosa... incluso en Hogwarts, que almacenaba el poder de los fundadores, había escaleras hechizadas, pero hubiera sido imposible encantar todo el edificio..." -Harry continuaba con su monólogo particular, abstraído.
El olor dulzón a sangre. Sangre de los mortífagos.
Y de Hermione.
Había ido perdiendo sangre desde el sótano.
"Eso es..." -Harry se incorporó como si hubiese visto a Voldemort resucitado y agarró a Sirius del codo. "Yo localicé a Hermione en los sótanos, llegué hasta ella sin dificultad, así que el problema es que hay un sitio en la casa que no puede ser localizado, que es donde se esconde Malfoy"
"¿Y cómo vamos a encontrarlo entonces?" -le preguntó Sirius escéptico. "No pensarás recorrer toda la casa y por eliminación..." -le lanzó una mirada incrédula a su ahijado. "Estás bromeando, nos llevaría horas..."
"¿Y qué propones tú, entonces?" -le espetó Harry empezando a cabrearse.
"Ir derrumbando la casa hasta encontrarlos" -respondió Sirius. Hablaba completamente en serio.
"Morirán todos, y no sabemos si hay alguien más que los mortífagos dentro" -se negó Harry.
"Puedo vivir con eso en mi conciencia"
"Hermione no"
Sirius miró a Harry con un cabreo que iba en aumento, aunque tenía que reconocer que el joven auror tenía razón. Resopló y pareció concentrarse un segundo, para, acto seguido, transformarse en un gran perro negro. El perro, después de recorrer la sala husmeando por todos los rincones, se transformó en humano otra vez.
"Sólo comprobaba si podía captar algún rastro, pero es imposible, esto está inundado de olores... de acuerdo, explícame tu plan" -accedió.
"Vamos bajando desde la planta más alta, registrando todas las habitaciones" -comenzó Harry. "Habrá plantas que podremos recorrer por completo, así que sabremos que allí no están" -hizo una pausa para coger aire-; "imagino que todos los pisos serán similares... llegaremos a uno que no nos permita recorrerlo, y una vez allí, subimos al piso de arriba y vamos derrumbando el suelo de las habitaciones hasta dar con Malfoy y compañía" -finalizó, exhalando el aire con alivio.
Sirius lo miraba como si fuese el boggart de Neville.
"Pues no veo mucha diferencia entre tu plan y el mío" -espetó.
"Hombre, el tuyo es más rápido" -repuso Harry con una sonrisa; -"pero desde luego, mucho menos sutil" -por su respuesta, el joven auror ya sabía que contaba con la colaboración del animago.
"¿Y si pasan las horas y no los encontramos?" -quiso saber Sirius.
Harry se encogió de hombros.
"Entonces pasamos al plan Black" -contestó.
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En las mismas sillas donde habían esperado noticias de Tonks, Alastor Moody, Ron Weasley y Cordelia Winterthrop lo hacían con las de Hermione.
"Por favor, ¿quiénes son los acompañantes de Hermione Black?"
Se giraron hacia el sanador que acababa de salir por las puertas de la unidad de CIM. Ron se puso en pie con la rapidez de un muelle. Alastor lo hizo unas décimas de segundo después, pero Cordelia, sorprendentemente, parecía haberse quedado pegada a la silla con un hechizo adhesivo.
"¡Somos nosotros, ¿cómo está?!" -la voz impaciente del más joven de los varones Weasley resonó a escasos milímetros de la perfecta y menuda oreja de aquel adonis.
"Eh... a ver... está inconsciente y extremadamente grave. Necesitamos saber qué maldiciones le han lanzado, cuántas, si había cruciatus entre ellas..." -explicó Wilkes con la voz más profesional que consiguió emitir, mientras desplegaba ante él un trozo de pergamino y empezaba a garabatear datos. Parecía un tanto distraído...
"Parece que han estado lanzándole tandas de cruciatus durante varias horas" -dijo Ron apretando los puños. "También la han expuesto a un dementor, pero acabó con él y..."
El doctor Wilkes levantó los ojos del pergamino y miró a Ron con incredulidad.
"¿Tandas de cruciatus? ¿Durante horas? Vamos, nadie es capaz de resistir algo así... eso es..."
"Nos lo dijo ella, le daban analgirea cuando perdía el conocimiento para que resistiese" -continuó Ron impaciente. Las miraditas furtivas entre aquel guaperas y Cordelia no le habían pasado desapercibidas.
El doctor Wilkes se pasó la mano por la frente y se sintió súbitamente consciente de lo muy cansado que estaba.
"Deberían avisar a su familia" -se limitó a decir mientras seguía escribiendo notas.
"¿Qué quiere decir con eso?" -preguntó Ron mientras empezaba a sentirse invadido por una desagradable sensación de pánico.
"Verá, los cruciatus no sólo producen dolor..." -intentó explicar el sanador Wilkes pasándose la palma de la mano por la nuca en un gesto nervioso. "La maldición cruciatus lesiona lentamente los órganos internos... teóricamente estallarían dentro de la víctima. Pero nunca se llega tan lejos porque el mago o bruja que está siendo torturado suele perder el conocimiento, y ya se sabe que un cruciatus no tiene efecto en un paciente inconsciente. Pero si el torturador mantiene a la víctima despierta de forma artificial, mediante pociones... bueno, lo más probable es que su compañera esté mucho más grave de lo que parece a simple vista..."
"¿Más grave aún?" -preguntó Cordelia con un estremecimiento. Realmente el aspecto de Hermione cuando habían llegado a San Mungo no le parecía como para tirar cohetes.
"Lo siento..." -musitó el sanador enternecido por aquel gesto que denotaba un corazón de oro. Se volvió de nuevo hacia Ron, cambiando la cara de bobo que se le había quedado por un gesto más adusto. "¿Saben quién ha sido?"
"Mortífagos. Y de los peores... eso es todo cuanto necesitan saber..." -masculló Ojoloco Moody cortando el interrogatorio por lo sano.
Wilkes asintió y les dijo que tardarían bastante en salir de nuevo a darles noticias sobre el estado de Hermione. Le lanzó una última mirada furtiva a Cordelia, que parecía perdida en sus propios pensamientos, y volvió junto a sus compañeros.
"Tenemos que volver" -la voz decidida de Ron resonó en el pasillo. "Harry y Sirius pueden tener problemas con Lucius y con Snape, y aún quedan algunos mortífagos más por allí".
"Sí, y también está Remus, todavía transformado y solo. Si se encuentra con alguno, no podrá defenderse" -añadió Moody frotándose la nuca. "Cordelia, quédate aquí".
"Estoy perfectamente, Alastor" -negó la auror. "Voy con vosotros"
"No, te quiero aquí" -insistió el jefe de aurores. "Quiero que ahora vayas al ministerio y que te asegures de que Parkinson, Goyle, Travers y los demás están encerrados como ordené. Intenta interrogar a algunos de ellos, a ver si saben algo importante, por si Malfoy consigue escapar. Y de vez en cuando aparécete por aquí a ver si hay algún cambio en Hermione... y no estaría de más avisar a sus padres..." -añadió con tono cansado.
Cordelia reprimió un escalofrío.
"Alastor, no creerás que..." -la auror fue incapaz de continuar. No le tenía ninguna simpatía a Hermione, pero desde luego que no deseaba verla muerta. Además, una rival muerta era una rival con la que no era posible competir. Sirius la idealizaría todavía más, y eso no le convenía lo más mínimo.
El jefe de aurores sacó su petaca del bolsillo y le pegó un buen lingotazo.
"No creo nada, Winterthrop, excepto lo que ha dicho ese sanador" -gruñó. "Hermione está muy grave, y creo que sus padres tienen derecho a verla... mientras todavía está viva..."
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"Bueno, ya sabemos que está escondido en la planta baja..." -murmuró Sirius.
Harry asintió con la cabeza.
"Están en el ala norte"
"Tiene lógica, porque así tienen acceso directo al acantilado para largarse. Bien, subamos..."
Sirius y Harry localizaron las escaleras y subieron una planta. Llevaban horas recorriendo la casa, y aunque había momentos en que empezaban a desesperarse, por lo menos ya sabían que no había rastro de los mortífagos en los sótanos, y en las plantas primera y segunda. Ergo, Lucius, Snape y los demás debía de estar en algún lugar de la planta baja protegido sólo Dios sabía por cuántos hechizos...
Se situaron en el centro del ala norte, se miraron un segundo y Harry apuntó al suelo de piedra con la varita.
"¡Deturbum!"
Con un estruendo ensordecedor, el suelo cedió bajo sus pies. Toneladas de granito gris se precipitaron hacia el piso inferior, envolviéndolo todo en una nube de polvo casi sólida. Harry y Sirius, que permanecían pegados a la pared, quedaron asomados a un enorme agujero que ocupaba casi toda la habitación.
"¡Vamos, antes de que tengan tiempo de darse cuenta de lo que está pasando!" -susurró Sirius saltando ágilmente al piso inferior y transformándose en perro en medio del salto.
Harry lo siguió ayudándose de un hechizo de amortiguación. El perro olfateaba los alrededores de los escombros como un loco, buscando restos de olores y sangre. Se transformó de nuevo ante sus ojos.
"¡Por aquí, dirección oeste!"
El derrumbar el techo les permitió acceder libremente a toda la planta, tirando puertas a su paso a golpe de varita. Cuando pensaban que se habían equivocado y que los pájaros habían volado, se encontraron con una puerta firmemente cerrada.
"¡Alohomora!"
Harry contuvo el aliento. Sentado en una silla en el medio de la enorme habitación, con un vaso humeante en una mano y la varita firmemente agarrada con la otra, estaba Lucius Malfoy. Parecía bastante recuperado, a pesar de que su ropa estaba empapada en sangre. Junto a él, de pie, estaba, encogido como un cuervo, Severus Snape. Delante de ellos, tres mortífagos enmascarados los protegían varita en alto. Toda la habitación estaba llena de estantes con tarros etiquetados, calderos de diferentes tamaños, vacíos o no, y materiales diversos para la elaboración de pociones.
Aquel era, evidentemente, el sancta sanctorum de Severus Snape.
Y, por la cara que ponía Sirius en aquel instante, bien podía ser su tumba.
"Avada..."
"¡Protego!" "¡Expelliarmus!"
"¡Carpe retractum!"
En un abrir y cerrar de ojos, los tres aprendices de mortífago estaban mordiendo el polvo, noqueados por un gigantesco caldero que Harry había atraído hacia sí, y que había derribado a los tres como si se tratase de una partida de bolos. Malfoy y Snape permanecían en su sitio, si bien la varita de Malfoy estaba ahora en manos de Sirius. La varita de Snape seguía sin dar señales de vida.
"¡Desmaius!"
"¡Incarcerus!"
Dos hechizos más, y los tres enmascarados estaban inconscientes y firmemente atados. Harry avanzó hacia ellos y les arrancó las máscaras con la punta de la varita.
"Vaya, Edmund Knox-Burke, Brunhilde Rosier y Horatius Elsewhere" -enumeró. "No sabíamos que eran fieles a la causa de la pureza de sangre... bueno, podrán pasarse unas pequeñas vacaciones en Azkaban a cuenta del ministerio... a ver... portus... " -apiló los cuerpos uno sobre otro, tocó su capa con la varita y, tras convertirla en un traslador, la extendió sobre las figuras. La capa vibró ligeramente y desapareció junto con los tres mortífagos. "De momento aparecerán junto a Parkinson y al resto, así que no nos van a molestar" -se volvió hacia el sedente Malfoy y el cada vez más encogido Snape, que miraba a Sirius con una mezcla de odio intenso y algo cada vez más parecido al pánico. El animago, a su vez, permanecía impasible y sólo había abierto la boca para pronunciar algún hechizo. Miraba a los dos mortífagos con una frialdad que para Harry sólo podía significar una cosa.
"Sirius..."
El animago agarraba la varita de Malfoy con tanta fuerza que parecía que iba a partirla. Ni siquiera miró a Harry para contestarle.
"Sabes lo que hay que hacer, Harry"
"Sí, pero..."
La carcajada de Malfoy resonó por toda la habitación.
"Vamos, Potter, sabes que no vais a matarnos, ¿verdad?" -incluso desarmado y herido, Lucius Malfoy permanecía aparentemente indiferente a la posición de inferioridad en que se encontraba. "Igual que nosotros seguíamos al Lord Oscuro, vosotros seguís siendo los seguidores de ese imbécil ingenuo de Albus Dumbledore, el inútil más grande de la historia..." -Lucius se levantó con lentitud deliberada y se colocó ligeramente por detrás de Snape, apoyándose en su hombro. "Dumbledore y sus ideas sobre el bien y la bondad... me dan ganas de echarme a llorar de la emoción... ¿no te dan ganas a ti también, Severus?" -pero Snape no parecía estar para bromas, porque no dejaba de mirar fijamente a Sirius, que seguía quieto y firme, sin abrir la boca.
"Oficialmente tenemos que llevaros de vuelta a Azkaban con vida, Malfoy" -contestó Harry sin permitir que Lucius lo sacase de sus casillas. "Sin embargo, por desgracia hay ocasiones en que las cosas no salen como uno quiere..."
"Vamos, Potter, no vas a hacerlo" -terció Malfoy tajantemente paseándose por la habitación como si no hiciese unas horas que había estado a punto de morir desangrado. "Es lo que tiene autodenominarse "de los buenos"... una lástima... y una pérdida de tiempo... en cambio, nosotros podemos matar por la causa y dormimos a pierna suelta por las noches... pero tú no vas a lanzarme un avada desarmado y lo sabes"
La varita de Malfoy salió volando de la mano de Sirius hacia su dueño, quien a pesar de la sorpresa la agarró en el aire.
"¡Sirius, no!" -gritó Harry.
"Ahora ya no estás desarmado, Malfoy" -afirmó Sirius con determinación, sin mirar a su ahijado. "No voy a dejarte salir de aquí con vida, así que será un duelo de verdad" -miró hacia Harry de reojo y con los ojos le dijo que se tranquilizase.
Harry suspiró, tirándose mentalmente de los pelos. Debería conocer suficientemente bien al animago como para esperarse algo así.
Lucius Malfoy acariciaba su varita sin creer del todo en su buena suerte. Ahora sólo tenía que poner nervioso al animago y confundir suficientemente a Potter para anularlos. Al fin y al cabo, Severus no parecía ser de mucha ayuda en aquel momento.
"Vaya, vaya, vaya, Black, esto confirma mis teorías... incapaces de asesinar a un mago desarmado, ¿eh? Sin embargo nosotros no tuvimos tantos escrúpulos a la hora de torturar a tu querida esposa, por supuesto..." -Malfoy parecía estar disfrutando cada una de sus palabras-; "...tenías que haberla oído chillar con cada cruciatus, tsk, tsk, tsk..." -chasqueó la lengua-; "qué falta de elegancia, típico de una sangre sucia..."
Harry levantó su varita y apuntó a Lucius, pero la firme mano de Sirius lo agarró por la muñeca.
"No" -dijo simplemente.
Malfoy seguía caminando lentamente, moviéndose con elegancia en el centro de la enorme habitación. Esbozaba una media sonrisa irónica, como si se riese de algo que sólo él podía entender.
"¿Por qué, Malfoy?" -preguntó Sirius.
"¿Te gustaría saber el porqué de secuestrar a tu dulce esposa, y torturarla un poco?" -inquirió el mortífago con expresión de fingida sorpresa. "Vamos, Black, a estas alturas deberías saber que los sangre sucia no me caen demasiado bien, ¿verdad? Y mucho peor los sangre sucia que se mezclan con traidores a la sangre como tú... Esa Granger humilló a Draco durante los años de Hogwarts, y después utilizó su mente retorcida para meternos en Azkaban... ¡a nosotros, los Malfoy, cuando si las cosas fuesen como deberían ser ni siquiera debería poder estar en la misma habitación que uno de nosotros! Hasta tuvo la desvergüenza de casarse con un sangre limpia, aunque fuese un sangre limpia tan sucio como tú" -Malfoy hizo una pausa para reírse de su propio chiste. "¿Qué diría tu pobre madre si pudiera ver esto? Pobre Walburga... En fin, Black, a estas alturas me estás preguntando qué tengo en contra de Hermione Granger Black... cuando para mí todos los sangre sucia deberían estar a varios metros bajo tierra..."
La expresión de Lucius Malfoy se fue endureciendo progresivamente a medida que se acaloraba en su discurso racista, pasando de la ironía cruel al odio más feroz.
"Son basura, Black, deberías saberlo... aunque a ti siempre te encantó revolcarte por el fango, juntándote con gentuza como ese Lupin, o la sangre sucia de tu amiguita Evans..." -Harry volvió a intentar abalanzarse sobre Malfoy, pero Sirius lo agarró suavemente por la mano y, por su expresión tranquila, Harry imaginó que Sirius quería oír lo que Malfoy tuviese que decir. "No merecen estar en el mismo lugar que nosotros, no merecen tener los mismos derechos... son anomalías, rarezas, engendros de la naturaleza... no tienen nuestras costumbres, no entienden que los magos somos infinitamente superiores a los muggles, no comprenden que los sangre limpia llevamos siglos conservando intacta nuestra sangre, sin contaminar... pretenden ser como nosotros... nosotros, que llevamos siglos luchando por el mundo mágico" -Lucius se iba calentando cada vez más, y su compostura inicial iba desapareciendo. "La única forma de mantenernos incorruptos y alejados de los muggles es hacer que todos los sangre sucia y los mestizos desaparezcan definitivamente... que esos engendros de la naturaleza vuelvan por donde vinieron..."
Malfoy hizo una pausa que Sirius utilizó.
"¿Qué hace esta rata aquí, Malfoy?"
Lucius miró al ex-profesor de pociones como si fuese un perro del que se sintiese especialmente orgulloso.
"Ah, Severus... sí, él ha estado siempre con nosotros, aunque vosotros sois tan imbéciles que os creísteis lo del doble espía... qué ingenuos" -continuó. "Aquí donde lo veis, siempre ha sido un gran colaborador de nuestra causa, ¿verdad, Severus?" -Malfoy apoyó las dos manos en los hombros de Snape, quien no dijo ni esta boca es mía. "Espía a las órdenes del Lord Oscuro desde sus tiempos de Hogwarts... Nuestro valioso Severus conocía la profecía que asociaba al Lord Oscuro con el hijo de Potter y Evans, y fue él quien informó al Lord personalmente" -Lucius apretó ligeramente los hombros de Snape. "Un buen hombre, Severus, con un profundo sentido del deber... aunque hay que reconocer que lo mucho que odiaba a tu padre, Potter, tuvo algo que ver en todo ese desgraciado asuntillo..."
Se hizo un silencio espeso, mientras Harry asimilaba lo que acababa de oír, que fue roto de nuevo por Malfoy.
"Y bien, puesto que Severus tampoco le tiene gran simpatía a Potter hijo y mucho menos a esa basura de Granger, estuvo entusiasmado desde el principio en colaborar con su secuestro. Nos proporcionó las pociones multijugos y la analgirea para mantener a Granger con vida... ha sido muy bonito, la ha tratado con todo el cariño del mundo..." -cada palabra, cada sílaba de Malfoy eran como un cuchillo que se le clavase a Sirius y a Harry en las entrañas.
"Muy bien, se acabó" -atajó Sirius con gesto cansado. "Snivellus, coge tu varita..."
"Deberías matarme a traición" -escupió Snape. "Siempre fuiste un cobarde, como esa alimaña de Potter"
Harry tuvo que ser agarrado por Sirius para no hacerle tragar la varita a Snape.
"Rata asquerosa..."
"Oírte hablar a ti de valor es algo que me retuerce las vísceras, Snivellus" -dijo Sirius apretando la mandíbula. "Coge tu varita de una maldita vez; no voy a matarte desarmado"
"¿Vamos batirnos en un duelo clásico, como en el colegio?" -se oyó la voz burlona de Malfoy. "Qué bonito, Black... sin embargo, tengo que informarte de que tengo otros planes..."
"¡Expelliarmus!"
"¡Expelliarmus!"
Un mortífago enmascarado apareció bruscamente detrás de los aurores y desarmó a Sirius mientras Malfoy hacía lo mismo con Harry. Los dos aurores salieron despedidos bruscamente hacia la pared y se golpearon con las losas de piedra en la nuca. Aunque ninguno quedó inconsciente, sí bastante atontados por el golpe. Lucius avanzó triunfante hacia Sirius y junto con Snape, que acababa de sacar su varita y hacía lo mismo, apoyó la punta de la varita en el corazón del animago.
"Se acabó la broma, Black. Como te dije, yo no tengo los mismos escrúpulos que vosotros, así que..."
Antes de que Lucius pudiese siquiera pestañear, el mortífago enmascarado salió volando y se estampó de narices contra la pared de enfrente, aplastándose la cara contra ella y dejando un reguero de sangre en el granito. Y antes de que pudiese darse cuenta de que aquello había sido obra de un hechizo no verbal, sintió en todo su cuerpo el dolor lacerante de la maldición cruciatus y cayó al suelo retorciéndose. Snape, que no entendía nada de lo que estaba pasando, retrocedió como una alimaña amenazada por el fuego y pegó la espalda a la pared, blandiendo la varita a diestro y siniestro en busca del enemigo invisible.
"¡Accio varitas!"
En la puerta por donde habían entrado Sirius y Harry, una figura acababa de revertir su encantamiento desilusionador. Allí, pálido y cansado, Remus Lupin miraba al antiguo profesor de pociones con un rencor nada disimulado.
"Veo que las viejas costumbres nunca mueren, Snape" -dijo el licántropo, devolviéndoles a los aurores sus varitas. Tanto Harry como Sirius se pusieron de pie con cierta dificultad y flanquearon a Remus. "Lo siento, pero me temo que el mundo será un lugar más seguro sin ti, seguro que lo comprenderás".
"¿Cuánto tiempo llevas aquí, Moony?" -le preguntó Sirius frotándose la nuca.
"El suficiente, Padfoot, viejo amigo" -contestó Remus mirando a Snape con un odio no disimulado. "No me costó demasiado encontraros después de que amaneciese, sobre todo porque habéis dejado un agujero considerable" -dijo refiriéndose al techo derrumbado. "He visto que les has ofrecido a estos dos la oportunidad de batirse a duelo limpiamente y prefirieron traicionaros por la espalda, así que no veo que nos quede otra opción"
"¿Estás seguro?" -le preguntó Sirius preocupado. Al fin y al cabo, Remus era el que siempre seguía las normas...
"Casi la pierdo, Sirius" -respondió Remus sin apartar sus ojos de Snape y de Malfoy, que se recuperaba jadeante del cruciatus. Tanto Harry como Sirius no tuvieron ninguna duda de a quién se refería. "Ya nos equivocamos una vez, dejando a Wormtail con vida. No volverá a pasar" -añadió mirando significativamente a Harry.
"Esta vez no seré yo quien lo impida, Remus" -Harry negó pesaroso con la cabeza.
"Muy bien, pues acabemos de una vez" -sentenció Sirius. "Malfoy, arriba" -recogió la varita del mortífago del suelo y se la puso en la mano, agarrándolo del cuello para ponerlo en pie. Toda la elegancia natural del otrora mano derecha de Voldemort había desaparecido tan rápido como si le hubieran aplicado un evanesco. Lo empujó hasta apoyarlo en la pared, pegado a Snape, que no era capaz de lanzar ningún hechizo porque Remus y Harry lo tenían apuntado con sus varitas. "Bien, ahora ya tenemos un completo muestrario de ratas de alcantarilla. Sólo falta Peter, qué lástima" -retrocedió hasta donde estaban los otros dos aurores.
"Muy bien. Empecemos" -dijo Harry adelantándose un poco. "Lucius Malfoy, eres culpable de fuga de Azkaban, donde estás encerrado a perpetuidad por los crímenes cometidos durante las dos guerras contra Voldemort, y culpable del secuestro, tortura e intento de asesinato de Hermione Granger Black. Severus Snape, eres culpable de traición a la Orden del Fénix, de facilitar el asesinato de James y Lily Potter, y de colaborar en el secuestro y tortura de Hermione Granger Black. ¿Algo que decir?" -enumeró con frialdad.
"Vete al cuerno, Potter" -escupió Snape.
"Y tú vete al infierno, Snivellus" -le respondió Sirius. "Vamos, estáis armados, tenéis una oportunidad de..."
Los mortífagos no le dieron tiempo a terminar la frase: dos rayos de luz verde habían salido de la punta de sus varitas, uno de ellos, el de la varita de Snape, dirigido directamente a Sirius, y el otro, el de Malfoy, orientado claramente al corazón de Harry. Pero los aurores no estaban por la labor de facilitarles el trabajo.
"¡Protego!"
"¡DETURBUM!"
"¡DETURBUM!"
Mientras Remus se adelantaba y los protegía con un encantamiento escudo, tanto Harry como Sirius dirigían sus hechizos hacia la pared de piedra en la que se apoyaban los mortífagos y volaban la pared. Las enormes y pesadas losas de granito se derrumbaron como los naipes de una baraja, para caer con un estruendo sordo sobre los cuerpos de los dos mortífagos, que quedaron inmediatamente sepultados bajo varias toneladas de piedra escocesa, mientras se oía el crujir de sus huesos reventados.
A través de la nube de polvo, y tosiendo como un loco para sacársela de la garganta, Harry veía cómo los trozos de muro seguían cayendo y rebotando lentamente sobre los mortífagos. A su lado, tanto Sirius como Remus seguían de pie, con la mirada fija en la improvisada tumba que ellos mismos habían causado. No parecían felices, ni satisfechos, ni tan siquiera tenían en la mirada el gesto terrible de una Némesis cumpliendo con su deber de venganza. Harry comprendió, por primera vez, que los ex-merodeadores habían sobrevivido a dos guerras, habían enterrado a muchos amigos y que simplemente estaban cansados, y sabían que el mal, encarnado por Voldemort o por los mortífagos, o por cualquier otro chalado sediento de sangre y escudado en cualquier teoría exterminadora como la de los sangre limpia, no tiene fin.
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Bueno, bueno, bueno... ¿qué os ha parecido? Como decía al principio, me he pensado mucho el final del capítulo, porque no soy muy partidaria de estas cosas de la venganza, etc. etc., pero me pareció sinceramente que era lo más fiel al carácter de los personajes.
Como ya dije una vez, Sirius y Remus estaban dispuestos a matar sin pestañear a Peter en el libro 3, y creo que no valoran demasiado positivamente que Snape sea un traidor redomado (en este fic), y por eso me parece que lo más coherente con la historia era que se cargasen a Lucius y a Snape. No al resto de los mortífagos, pero conociendo a Malfoy y su mentalidad de psicópata, es evidente que encerrarlo en Azkaban no supondría la completa seguridad de que no volviese a fugarse para torturar un ratito a Hermione. Y Snape, pues un poco lo mismo que Peter: básicamente por colaborar en la salvajada que le han hecho a Hermione y por ser un traidor a la Orden, y por pasarse la mayor parte de su vida haciéndole la vida imposible a todo el que podía.
En fin, me lo pensé muy bien, le di muchas vueltas, y finalmente hice que Sirius, Harry y Remus se tomaran la justicia por su mano.
Las respuestas a los reviews las subiré mañana en un review dirigido a mí misma. Ahora no puedo seguir, que es tardísimo, pero quería subir el capítulo antes de que se acabase el fin de semana.
Espero de corazón que os guste. Para acompañarlo, besos dulces como los de ex-merodeador.
Lara
