NOTA DE LA AUTORA: Bueno, finalmente aquí tenéis el capítulo 19, antes del fin de 2006, como había prometido. Por los reviews he visto alguna despistadilla que me decía cómo era posible que Hermione estuviese a punto de palmarla en el capítulo anterior y en el siguiente estuviese celebrando la Nochebuena... bueno, como ya dije, lo que sucede en el one-shot "HACIA BELÉN VA UN HIPOGRIFO" es la celebración de Nochebuena de un año antes, cuando la "otra Hermione" todavía no había sido sustituida por "esta Hermione". Como os dije, lo he quitado y lo subo a como un one-shot aparte, que es lo que debería de haber sido en un principio. Espero que os haya gustado... os juro que yo he llorado con la risa al escribirlo, sólo de imaginármelos a todos mostrando su... eh... verdadera cara...

Y ahora sí, disfrutad del capítulo 19...

Disclaimer: Pero a ver... a estas alturas¿todavía hay alguien que no sepa que yo no soy Rowling y que tan solo me divierto utilizando a sus personajes, todo esto sin ánimo de lucro? Pues eso... DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 19: En el amor y en la guerra, cualquier hoyo es trinchera.

Nymphadora Tonks Lupin abrió los ojos y parpadeó varias veces, desorientada. Aunque ella todavía no lo sabía, los sanadores habían revertido los hechizos que la mantenían sedada, de forma que se estaba despertando poco a poco. Cuando comprendió que por mucho que parpadease no vería de forma más nítida, optó por cerrar los ojos, hasta que la luz intensa de una varita le apuntó a las pupilas y los dedos inmisericordes de alguien le abrieron los párpados sin compasión.

"Se está despertando"

"¿Está segura?"

"Completamente, quédese aquí. En unos minutos estará completamente consciente"

Tonks no sabía a quién pertenecían aquellas voces, y ni siquiera le importaba. Sólo quería que la dejasen dormir¿tan difícil era de comprender?

"¿Cuándo volverá su marido?"

"Cuando termine la investigación preliminar... supongo que esta noche..."

"Bien. Es mejor que despierte junto a alguien conocido. Al fin y al cabo, ella está fuera de peligro. ¿Usted puede quedarse aquí?"

"Tengo que volver. Mi hermana se ha lesionado en un brazo y la dejarán regresar aquí después de declarar. Puede sustituirme dentro de un rato. Tenemos otra auror libre, Cordelia Winterthrop, pero anda por ahí interrogando a los mortífagos detenidos"

"De acuerdo. Quédese y responda a sus preguntas cuando ella despierte. Si tiene que irse, llámeme"

Tonks no oyó nada más. Estuvo unos momentos intentando recuperar del todo la consciencia y comprender el significado de aquella conversación, sin demasiado éxito, hasta que, por segunda vez, alguien le abrió un ojo sin mucha ceremonia y a golpe de lumus le iluminó la pupila con verdadera saña.

"¡Ya vale!" -gritó, apartando la varita de un manotazo. "¡Sácame esa luz de los ojos!"

"Pues tiene razón con eso de que está en perfecto estado" -dijo una de las voces. "Al menos parece conservar bastante brío"

"Ya le digo. Recuerde llamarme si necesita algo. Yo estoy muy ocupada, pero vendré en una media hora"

Nymphadora no reconocía esa última voz, pero sí la primera, que era masculina y un tanto brusca. Abrió del todo los ojos e intentó fijar la vista. Había algo muy rojo junto a ella. Estaba acostada, en una cama... ¿o era una camilla? Bueno, las sábanas eran rasposas y el aire olía a una mezcla de pociones. Sí, aquello que había junto a su cama era una persona con el pelo rojo... un hombre... intentó enfocar la vista correctamente hasta que su cerebro reconoció la figura alta y la nariz larga de Ron Weasley.

"¡Ron!" -exclamó intentando incorporarse.

"Eh, tranquila, no te emociones" -le contestó el pelirrojo empujándole los hombros y obligándola a acostarse. "Estamos en San Mungo, donde te trajimos ayer de madrugada. Un mortífago te lanzó una maldición, y llevas aquí desde entonces, en observación"

"Pero..." -la pobre Nymphadora se echó la mano a la nuca. No recordaba ni cómo se llamaba. Bueno, sí, Nymphadora. Qué ocurrentes que habían estado sus padres cuando le buscaron nombre... Nymphadora Tonks Lupin...-; "¿Dónde está Remus?"

El joven Weasley suspiró profundamente.

"Vamos a ir por orden¿vale?" -propuso. "¿Hasta dónde recuerdas?"

La metamorfomaga se puso las palmas en las sienes y se esforzó para acallar aquel hipogrifo que estaba bailando un zapateado dentro de su cráneo.

"La mansión Riddle..." -le estaba costando bastante esfuerzo concentrarse, pero podía visualizar perfectamente la casa en ruinas, sostenida en pie a base de hechizos.

Ron asintió con la cabeza.

"Vale" -inhaló aire. "Bueno, en la mansión Riddle a ti te lanzaron una maldición de las gordas. No hubo más heridos graves entre nosotros. Cogimos a Narcisa Malfoy y a Jugson, Crabbe, Bullstrode y Nott, y a ti te trajimos aquí. Remus se quedó aquí toda la noche. Sirius estaba aquí con él cuando llegamos Harry y yo, y parecía que tampoco había pegado ojo en toda la noche, pero yo no entendía por qué tenía aquella pinta. Entonces llegó Hermione, y no te lo vas a creer..."

Nymphadora había olvidado temporalmente su dolor de cabeza.

"¿Qué?" -preguntó, hipnotizada por la atropellada forma de contar las cosas que tenía Ron.

El joven Weasley esbozó una sonrisa.

"Sirius se adelantó para saludarla, se le veía muy contento de verla, y ella... cómo decirlo... le pegó un buen corte..."

"¡No!" -acertó a exclamar Tonks.

"Sí" -rebatió Ron afirmando con gesto grave. "Sirius se cabreó, claro, pero no le dio mucho tiempo, porque entonces llegó Ojoloco y nos convocó a todos para una reunión al mediodía. Le ordenó a Hermione quedarse aquí con Remus y no salir del hospital"

Tonks parecía una cobra ante un encantador de serpientes.

"En fin, ahora llegan las malas noticias" -dijo Ron suspirando. "Hermione y Remus salieron a comer por ahí, y la secuestraron utilizando un traslador"

"¡¿QUÉ?!" -gritó Nymphadora incorporándose en la cama hasta que el hipogrifo que había dentro de su cráneo volvió a recordar las bondades de la danza. "Auch... ¿quién secuestró a Hermione?"

"Los Malfoy, me temo" -la informó Ron pesaroso. "Sirius quería torturar a Narcisa hasta que cantase, pero no hizo falta, porque Cordelia, que a veces sirve para algo, vio algo en su cabeza sobre Escocia y la casa de un tal Prince, Prince Hall... llegamos allí justo antes del anochecer"

"¿Ayer, ayer domingo?" -preguntó Tonks preocupada. "Ayer fue luna llena..."

Ron asintió con la cabeza.

"Remus se largó al bosque con Cordelia de guardaespaldas, ya me dirás tú, Cordelia protegiendo a Remus, cosas de Moody... bueno, el caso es que nos encontramos con Lucius Malfoy y un montón de mortífagos... mientras, Harry se fue a buscar a Hermione con la capa de su padre, y la encontró. Llevaban horas y horas torturándola con cruciatus, esos hijos..." -hasta una curtida auror como Tonks tenía que sonrojarse con los juramentos que salieron de la boca de Ron. "Parece ser que Snape era un Prince, y que siempre estuvo del lado de Vol... Vold... bueno, del que no debe ser nombrado" -tanto tiempo después de su muerte, Ron seguía siendo incapaz de pronunciar el nombre del heredero de Slytherin.

"¿Y cómo está Hermione?" -volvió a preguntar Tonks, esta vez con un ligero tono de angustia en la voz.

Ron movió la cabeza.

"Mal, está muy grave" -por primera vez, habló lento y con cierta vacilación. "La tienen donde estuviste tú, en la unidad de Cuidados... bueno, donde llevan a los que están graves"

"¿Y Sirius¿La ha visto?"

"Sirius no la ha visto todavía desde ayer" -negó Ron. "Cuando Harry volvió con Hermione, ella soltó a Harry, se lanzó corriendo hacia Sirius, y le dijo que lo quería. Te aseguro que a mí todas esas memeces románticas me dan grima, pero casi me echo a llorar"

"¡Santo Cielo!" -exclamó Tonks, que sabía perfectamente que Sirius estaba empezando a desesperarse por la frialdad de Hermione. "¿Qué hizo Sirius?"

"Nada, se quedó flipado" -continuó Ron. "Yo creo que estuvo intentando mentalizarse de que no iba a encontrarla viva, ya sabes cómo es... y no fue capaz ni de abrir la boca. Entonces, Hermione se desmayó. Estaba... mejor que no la hayas visto... parecía estar prácticamente muerta... y Ojoloco no ayudó mucho a ponernos optimistas, la verdad..."

Tonks tragó saliva. Quería tanto a esa chica...

"Sigue, Ron, por favor..." -pidió, recostándose de nuevo sobre las almohadas.

"La trajimos aquí, y los sanadores se están encargando de ella. Ellos tampoco son muy optimistas, la verdad..." -Ron apartó la mirada y Tonks recordó, de repente, lo importante que Hermione había sido para él y que todavía seguía siendo. "El caso es que Harry y Sirius se quedaron en Prince Hall, buscando a Lucius Malfoy y a Snape, mientras Ojoloco, Cordelia y yo traíamos a Hermione, a Kingsley, que estaba inconsciente, y a Ginny, que tenía un brazo roto"

"¿Y Remus?" -preguntó Tonks incorporándose de nuevo.

"Remus andaba por ahí, por el bosque, transformado todavía... Cogimos a la mayoría de los mortífagos, pero Lucius y Snape seguían en la casa, y ni Sirius ni Harry quisieron dejarlos allí. El caso es que los encontraron y tuvieron algunos problemas con ellos, pero ya había amanecido y Remus apareció para echarles una mano. Los tres están bien" -se apresuró a aclarar al ver que Tonks se agitaba de nuevo.

"¿Y los Malfoy¿Y Snape?"

"De Draco se encargó la propia Hermione" -aclaró Ron con una dolorosa sonrisa. "Querían que un dementor le diese el beso, y ella se las apañó para que se lo diesen a él. Lo encontramos esta mañana, en el sótano, después de que Sirius, Harry y Remus se encargasen de Lucius y de Snape..."

Tonks se recostó de nuevo y entrecerró los ojos.

"¿Se encargasen...? Ron... ¿qué ha pasado?" -preguntó suspicaz.

El pelirrojo suspiró profundamente.

"Que se los han cargado, Tonks, así de simple. Prácticamente les han tirado la casa encima. Ojoloco y yo volvimos, pero ya había pasado todo. Moody tuvo que informar rápidamente al ministerio, y ahora aquello está lleno a rebosar de aurores, inefables, y gentuza de la OVA y todo eso..."

"¿OVA?" -acertó a interrumpir Tonks. No tenía ni idea de qué estaba hablando Ron.

"Oficina de Vigilancia de Aurores" -masculló Ron con un bufido. "Es un grupo que han creado recientemente, para controlar que las prácticas de los aurores sean correctas, que no se emocionen demasiado luchando contra los magos oscuros... No les ha gustado mucho que Malfoy y Snape estén muertos, y están rastreando toda la casa y la zona de bosque de alrededor buscando restos de imperdonables, analizando las varitas de Harry, Sirius y Remus... todo eso..."

"Pero por todos los..." -comenzó Tonks.

"Por si te estás preguntando algo, Umbridge está al mando de la OVA"

"¿Umbridge¿Ese sapo...?" -Tonks sintió que le hervía la sangre. Aquella alimaña racista había sido la causante de que Remus no hubiese tenido un trabajo remunerado durante muchos años, y todavía no era capaz de comprender cómo después de lo que había hecho en Hogwarts, y sobre todo después de lo que le había hecho a Harry, todavía conservase su puesto y su autoridad en el ministerio.

"Sí, ese sapo, efectivamente" -la cortó Ron. "Yo tampoco entiendo cómo Harry, con las influencias y la fama que tiene, todavía no la ha enviado al Bosque Prohibido, a tomar el té con los centauros... no pasará nada, Moody y Harry tienen suficiente poder para evitar que esto pase a mayores, y además no usaron imperdonables, pero esos cretinos les harán pasar un mal rato. Espero que ni siquiera haya un juicio"

"¡Un juicio!" -exclamó Tonks. Aquello no pintaba nada bien. Umbridge le tenía una tirria tremenda a los licántropos, y si Remus estaba metido en aquello...

"De la varita de Remus sólo salió un protego, Tonks, no te preocupes" -la tranquilizó Ron poniéndole la mano en el hombro. "Y además, ni Harry ni los demás dejarían que lo usasen de chivo expiatorio, olvídalo. Sirius es el que estará más en el punto de mira, pero le importa un bledo, y además en el ministerio saben que hay una deuda pendiente con él, por aquello de mandarlo doce años a Azkaban siendo inocente" -Ron suspiró otra vez y encogió los hombros. "Es sólo que los jefes de Moody y todos esos cretinos del ministerio no estarán tranquilos hasta que no se olvide todo este asunto"

Tonks se masajeó las sienes.

"Y mientras Umbridge intenta buscarles las cosquillas a Harry y a los demás por cargarse a Malfoy, Hermione está en la unidad de Cuidados Intensivos Mágicos, entre la vida y la muerte. Menuda mierda..." -finalizó Ron con un gruñido de desesperación.

Tonks sólo pudo asentir en silencio. Habían acabado con Voldemort, pero Ron tenía razón: aquello era una mierda.

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"¡Dos muertos, dos!" -Alastor Moody aguantaba impertérrito el discurso de Shalom Benzazi, su superior inmediato y jefe de todas las secciones de aurores del Reino Unido Mágico. "¿No podíais inmovilizarlos sin más, como habéis hecho con los otros? No, claro, esos aurores tuyos tenían que ir por libre, como siempre. Y aún encima Lucius Malfoy, nada menos... ¿sabes lo que dirán en el ministerio?"

Ojoloco se mantenía firme, mirando a Benzazi a los ojos. El jefazo de todos los jefazos era un hombre gordo, alto y fuerte, con abundante pelo blanco y las cejas puntiagudas. Estaba rojo de la furia, y enarbolaba el dedo índice como si fuese una varita.

"No sé, dímelo tú, Shalom... porque si yo no recuerdo mal, Lucius Malfoy cumplía cadena perpetua en Azkaban después de que se demostrase que era el primer lugarteniente del mismo Voldemort... se escapó y conspiró para secuestrar a una de mis aurores y torturarla hasta la muerte... creo que en el ministerio deberían de estar contentos de que ya no pueda cometer más barbaridades" -le contestó Moody con tranquilidad.

Benzazi vaciló ligeramente.

"Sí, bueno... ya..." -se echó hacia atrás y dejó de amenazar a Moody con el índice. Pareció pensar un poco y volvió a la carga. "Pero está muerto, Alastor¡muerto¡No me digas que tus hombres no son lo suficientemente buenos como para coger a un mortífago vivo¡Esas no son maneras de...!"

"Escúchame, Shalom..." -lo interrumpió Alastor con un suspiro de cansancio. "Hace años que nos conocemos. Mis hombres, como tú dices, no son unos simples aurores a mis órdenes. Estamos hablando de Potter, Black y Lupin... Si los hubieran podido agarrar vivos lo habrían hecho, pero imagino que tanto tú como tus superiores preferirán que los que estén muertos sean Malfoy y Snape..."

Shalom Benzazi entrecerró los ojos. Todo aquello estaba muy bien, pero había grupos de presión que querían acabar con los cuerpos de aurores basándose en que tenían demasiada autonomía y que se tomaban muchas libertades, y él veía peligrar su puesto. Indudablemente, los Malfoy habían sido muy poderosos, y muchos de sus antiguos amigos o aliados estaban incómodos viendo cómo sus riquezas y poder no habían podido evitarles Azkaban. Ojoloco era un hombre de acción, y desconocía las implicaciones políticas que la muerte de los dos mortífagos podía tener, pero él tenía a la OVA pisándole los talones todo el día y a Dolores Umbridge respirándole en el cogote.

"Alastor, sabes que estoy de tu parte, pero cuando la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad se entere de lo que ha pasado, pedirán mi cabeza y la tuya" -resopló el gordo Benzazi.

"No veo qué van a decir si un grupo de aurores acaba con dos mortífagos en defensa propia"

"Tú no conoces a la gente de Santorini" -replicó Benzazi. "Estoy convencido de que esa Umbridge ya le ha presentado un informe y..."

"¿Hablaba de mí, señor Benzazi?"

Una voz suave pero chillona resonó a las espaldas de los dos hombres. Moody apretó la mandíbula ligeramente: los años pasaban pero Dolores Umbridge seguía igual; llevaba un lazo verde en el pelo que parecía un repollo y una toquilla de color esmeralda que rodeaba su cuello corto y abultado.

Benzazi se dio la vuelta lentamente, intentando mantener la calma.

"No, señora Umbridge. Estaba hablando con Alastor para ver si podemos aclarar lo que ha sucedido"

"Pero eso ya está claro¿no, señor Moody?" -Umbridge hablaba con voz exageradamente dulce, como si estuviera dirigiéndose a un niño. "Parece que sus hombres se han extralimitado otra vez en sus funciones y han asesinado a dos ciudadanos que..."

"¡De eso nada!" -bramó Alastor mientras Benzazi le hacía señas aterrado para que bajase el tono de voz. "La investigación preliminar ni siquiera ha terminado y mis hombres todavía están prestando declaración. ¡Por si todavía no se ha enterado, Umbridge, esos cadáveres son de dos mortífagos, uno de ellos en busca y captura por el ministerio, considerado el mortífago vivo más peligroso, y que han estado torturando a una de mis aurores hasta casi matarla!"

Dolores Umbridge palideció intensamente ante tamaño desafío a su autoridad. Benzazi estaba rojo otra vez, y parecía desear que se lo tragase la tierra, seguramente viéndose a sí mismo sin trabajo. A Umbridge le temblaba el labio superior.

"Hum... hum... hum... desafío claro a las jefaturas... claro... cómo sus aurores no van a... hum..." -murmuraba apretando su boca de batracio.

"Señora Umbridge, entienda que Alastor está atravesando un momento delicado y..." -comenzó Benzazi.

"¡De eso nada, estoy perfectamente, Shalom!" -rugió Moody.

"Veremos si está tan bien cuando mis subalternos terminen de interrogar a sus hombres, señor Moody" -Umbridge abandonó su fingida dulzura para pasar al grano. "Con un poco de veritaserum se puede conseguir mucha información"

"¡Eso es ilegal!"

"Tengo el permiso de mis superiores" -objetó Umbridge.

"Yo no recuerdo haber autorizado veritaserum para una simple investigación preliminar" -interrumpió una voz femenina, firme pero tranquila.

Los tres se giraron hacia la recién llegada. Era una mujer bastante atractiva, de unos cuarenta años, pelo rubio y brillantes ojos castaños. No era demasiado alta y tenía aspecto frágil, pero la expresión firme y seria de su rostro imponía un respeto instintivo. Tanto Benzazi como Moody sabían quién era, aunque la habían visto en escasísimas ocasiones.

La respetada, temida y muy poderosa Portia Santorini.

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"Voy a repetirlo por décima vez" -la voz grave y hastiada de Sirius resonó en la improvisada sala de interrogatorios que la OVA había acondicionado en Prince Hall. "Tiré esa pared con un hechizo de demolición. Nadie lanzó ninguna imperdonable. Cuando la pared estaba derrumbada, me transformé en perro y detecté debajo de los escombros el olor de Lucius Malfoy y Severus Snape, y así fue cómo supimos que las piedras los habían aplastado. No, no los torturamos, y tampoco les cogimos sus varitas para lanzarles ninguna maldición prohibida, siento terriblemente que se hayan roto y que no puedan comprobarlo, sobre todo porque en ellas sí habrían podido detectar restos interesantes" -finalizó Sirius, a pesar de que aquel "siento terriblemente" sonaba bastante más irónico que sincero.

La encargada de interrogarlo suspiró profundamente y se apoyó un poco más en el brazo de su silla. Sarah Freshman llevaba solamente seis meses en la OVA, e interrogar a un mito viviente como Sirius Black le estaba resultando una tarea demasiado abrumadora. Freshman conocía también a Lupin, aunque tampoco lo había visto nunca en persona hasta entonces. La Orden del Fénix, Santo Cielo. La gente que había rodeado y arropado a Harry Potter y que le había ayudado a derrotar al que no debe ser nombrado... y ahora los estaban interrogando como si fuesen criminales, pensó sonrojándose. Black estaba sentado indolentemente frente a ella, y a pesar de sus ojeras pronunciadas y el aspecto de llevar tres días sin dormir, derramaba elegancia por los cuatro costados. Era condenadamente atractivo, no perdía la calma ante ninguna pregunta agresiva de las muchas que le había hecho, y a pesar de que, tal y como adiestraba Umbridge a sus subalternos, el interrogatorio era implacable y dirigido a derrumbar las defensas del interrogado, Black había respondido a todas sus preguntas de forma firme pero a la vez amable, como si fuese consciente de que ella estaba realizando un trabajo sucio que no le gustaba hacer. Freshman se pasó la mano por la frente y suspiró de nuevo.

"¿Se encuentra bien?" -le preguntó Sirius apoyando las manos en la pierna que tenía cruzada sobre la otra e inclinándose ligeramente hacia ella.

Freshman lo miró a los ojos, dubitativa. Soltó mentalmente unas cuantas blasfemias, y se quedó un poco más relajada. Si es que era encantador... ¿cómo podía intentar que Black se traicionase en el interrogatorio si la que estaba a punto de traicionarse era ella gracias a sus revolucionadas hormonas? Black le doblaba en edad, experiencia y malicia, pero sin embargo lo que estaba utilizando para debilitarla era, simplemente, su proverbial encanto.

"Eh... sí, un poco cansada, eso es todo" -consiguió responder.

"Comprendo... podemos descansar un poco si quiere" -propuso Sirius convocando un vaso de agua y acercándoselo con amabilidad.

Freshman parpadeó. Parecía que la interrogada era ella. Black era deliberadamente encantador, sí, pero estaba jugando con ella como un gato con un ratón.

"Sí, descansaremos cinco minutos. Usted quédese aquí y descanse también" -repuso ella devolviéndole el vaso de agua después de vaciarlo de un trago, aunque más que bebérselo le hubiese gustado echárselo a sí misma por encima de la cabeza, a ver si se le enfriaban las ideas. "Voy a ver cómo van los otros interrogatorios"

Salió de la pequeña habitación donde se encontraban. Prince Hall había sido acordonada mágicamente para que ningún muggle o mago no autorizado atravesasen sus muros. Varias de las habitaciones de la planta baja habían sido habilitadas como sala de interrogatorio, y el resto del edificio estaba literalmente tomado por la gente del ministerio: inefables, otros grupos de aurores y gente que, como ella, trabajaba en el grupo de Umbridge.

"¡Freshman!"

Hablando del rey de Roma... Su jefa se acercaba a ella por el pasillo, con cara de ansiedad. Freshman miró a los acompañantes de Umbridge: Moody, con la cara de malas pulgas de siempre, Benzazi, que parecía haberse tragado un escreguto y... oh, Santo Cielo... Santorini...

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Sirius, Harry y Remus estaban esperando juntos en la misma sala. Los habían reunido después de los interrogatorios, y llevaban ya casi una hora allí sin hacer nada. Remus se pasó una mano por el pelo, desesperado, mientras se levantaba de la silla y daba vueltas por la habitación como un león enjaulado.

"Para ser el día después de la luna llena, conservas bastantes energías" -dijo Sirius con desgana.

"Quiero irme a San Mungo, maldita sea"

"No pueden retenernos mucho más" -suspiró Harry. "O nos dejan marchar o presentan cargos contra nosotros"

Remus se paró en seco y miró a Harry fijamente. Tenía las ojeras cada vez más pronunciadas y una barba incipiente.

"Si hacen eso... ¿podrás hacer que me dejen ir antes a San Mungo? -preguntó con tono seco, como si le importase un bledo que lo metiesen en Azkaban.

Harry hizo un gesto con la mano, descartando la opción.

"No pueden presentar cargos contra nosotros, pero menos aún contra ti, Remus. Tu varita está libre de maldiciones y el último hechizo que lanzaste fue un protego".

"Estamos los tres juntos en esto" -rechazó Remus.

"No seas idiota, Remus" -dijo Sirius. "Además, si no fuese por ti a lo mejor ahora estarían levantando nuestros cadáveres y no los de Malfoy y Snape"

"Estamos juntos en esto" -insistió Remus con tozudez. "Lo único que quiero es estar con Tonks cuando recupere la consciencia".

Harry no dijo nada, sabiendo que no podía prometerle eso. Estaba pensando qué decir cuando la puerta se abrió y entró una nutrida comitiva: Umbridge, Moody, Benzazi y, por supuesto, la jefa de la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad, a la que todos conocían. Umbridge los miró con los ojos entrecerrados, Moody les hizo un guiño cómplice y Benzazi miraba a todas partes con aprensión.

"Buenas tardes... o noches, casi" -dijo Santorini saludándolos con rígida amabilidad. "Siento que hayan sido retenidos aquí tantas horas, pero entenderán que una investigación exhaustiva es necesaria en un caso como éste."

Silencio sepulcral por parte de los tres aludidos.

"Como supondrán, todavía queda mucho por hacer, pero no necesitamos retenerlos más tiempo. Tenemos los informes de los interrogatorios a los que han sido sometidos por los funcionarios de la OVA, y creemos que esto es suficiente por el momento..." -Santorini se interrumpió al ver que Remus se levantaba de la silla. "¿A dónde va, señor Lupin?"

Al habitualmente sensato y comedido Remus Lupin parecía importarle un pimiento el alto cargo que tenía enfrente. Harry se sorprendió enormemente al ver la mirada fría que le lanzaba a Portia Santorini.

"Si no he entendido mal, han terminado con nosotros de momento, y tengo... a alguien en el hospital, a quien me gustaría ver" -se limitó a decir el licántropo.

Santorini entornó ligeramente los ojos y lo miró con detenimiento, mientras Benzazi le susurraba unas palabras al oído. Ella asintió ligeramente y se dirigió a Remus de nuevo.

"Sí, su esposa, no lo recordaba, lo siento. Por supuesto, puede marcharse, y usted también, señor Black. Señor Potter, me gustaría que usted se quedase, por el momento. No se preocupe, se trata de una breve charla a solas" -solicitó.

Tanto Sirius como Remus miraron a Harry negándose en silencio a marcharse sin él, pero el joven Potter fue tajante y les ordenó que se largaran, cosa que ellos hicieron a regañadientes y no sin antes arrancarle la promesa de que lo verían en San Mungo antes de un par de horas.

"Estoy a su disposición" -se ofreció Harry con una sonrisa diplomática.

"Eso me parece bien, señor Potter" -le respondió ella con el mismo gesto. "Ahora, si nos dejan a solas..." -añadió dirigiéndose a Moody, Benzazi y Umbridge.

"Pe... pero... podría ser peligroso, todavía no sabemos si las muertes de los señores Malfoy y Snape fueron premeditadas, y..." -la voz de Dolores Umbridge sonaba vacilante y ansiosa.

Portia Santorini miró a Umbridge enarcando una ceja. Habían leído los interrogatorios de los tres aurores, y los tres coincidían milimétricamente en la versión que habían dado. No había ninguna manera de presentar cargos contra ellos, al menos de momento, pero Umbridge había intentado por todos los medios convencerla de que aquellos tres eran un peligro para la humanidad. Santorini no entendía porqué aquella mujer actuaba de aquella manera, pero no era la única: había un amplio sector en el ministerio que les tenía cierta inquina a los aurores, y Santorini sabía los motivos. Al fin y al cabo, había sido un cuerpo de aurores, aunque agrupados en la Orden del Fénix, quien había derrotado a Lord Voldemort. Eso les había proporcionado un poder casi ilimitado y además gozaban de una cierta carta blanca, lo cual generaba reticencias, desconfianza y, por supuesto, una enorme envidia.

"¿Sugiere que el señor Potter podría intentar atentar contra mi vida, señora Umbridge?" -replicó Santorini esbozando una leve sonrisa.

Umbridge parecía haberse tragado un poltergeist.

"Por supuesto que no... yo..."

"Entiendo su buena voluntad, señora Umbridge, pero le aseguro que con el señor Potter estoy perfectamente segura. En realidad..." -Santorini pareció vacilar un poco antes de continuar-; "... en realidad es gracias al señor Potter que todos estamos más seguros, actualmente, señora Umbridge, si no recuerdo mal¿no?"

Dolores Umbridge apretó fuertemente los labios, asintió con la cabeza y, tras inclinarla ligeramente, salió de la habitación. Moody y Benzazi la siguieron, el primero haciéndole un gesto de confianza a Harry, que se lo agradeció con un movimiento de cabeza.

"Siéntese, señor Potter, por favor" -le pidió Santorini con un gesto amable. Harry obedeció y ella se sentó a su lado. "No voy a volver a interrogarle, no se preocupe. Ustedes tres coinciden en su versión de lo que ha pasado, y dudo que pudiésemos encontrar alguna evidencia que los culpabilice" -la mujer se quedó callada y miró a Harry fijamente.

"¿Pero...?" -la animó él.

"¿Cree que hay un pero?" -preguntó ella con expresión inocente.

Harry suspiró.

"Si no hubiera un pero, no estaríamos aquí" -declaró, señalando con la mano a su alrededor.

Portia Santorini sonrió con sinceridad por primera vez desde que había llegado a Prince Hall.

"Tiene usted razón, Potter, a veces me olvido de con quién estoy hablando... Sí, hay un pero. A pesar del perfecto engranaje de su equipo, estoy convencida de que ustedes ejecutaron conscientemente a Malfoy y a Snape" -explicó ella con voz inexpresiva.

Harry empezó a interesarse de verdad en la conversación. Había oído hablar mucho de Santorini, y todo el mundo coincidía en lo mismo: era muy lista, no hacía concesiones y no se le escapaba una.

"Comprenderá que, si lo que dice fuese verdad, yo no iba a admitirlo, y a usted le resultaría imposible probarlo" -constató mirándola a los ojos.

Portia Santorini hizo un gesto con la mano, quitándole importancia a lo que había dicho Harry.

"No tengo ninguna intención de meter en Azkaban por asesinato al salvador del mundo mágico, señor Potter"

"Harry" -corrigió éste.

Santorini sonrió.

"Efectivamente, no tengo ninguna prueba, pero tampoco las necesito. Mi intención no es procesar a tres de los integrantes de la mítica Orden del Fénix, incluyendo al mismísimo Harry Potter entre ellos" -explicó.

"Sería terriblemente impopular, y a usted le preocupa mucho tomar decisiones impopulares" -supuso Harry con una mueca. Empezaba a caerle mal aquella mujer, a pesar de que instintivamente sentía simpatía hacia ella.

"No, se equivoca completamente" -repuso ella adoptando un gesto serio e inclinándose ligeramente hacia él. "Está claro que esta noche se han saltado la ley a la torera, y que han incumplido todas las normas del reglamento del cuerpo de aurores, pero no podemos olvidar quiénes son y quiénes eran los mortífagos fallecidos. Además..." -Santorini vaciló unos segundos-; "... bueno, hay que considerar lo sucedido con la señora Black..."

Harry se inclinó hacia delante, adoptando la misma postura que ella.

"¿Me está diciendo que, en el caso de que hubiésemos asesinado a Malfoy y a Snape, usted estaría de acuerdo con nosotros?" -preguntó incrédulo.

Santorini negó con la cabeza.

"Ni estoy de acuerdo ni mi cargo me permitiría admitir algo así, pero tampoco quiero que se les procese. Harry... el mundo mágico está en deuda con la Orden, y comprendo por qué hicieron lo que hicieron..." -dijo acercándose todavía más a él-; "... este asunto se archivará, pero quiero algo a cambio".

Harry se quedó callado, esperando.

"El cuerpo de aurores tiene muchos enemigos, y actitudes como la suya no ayudan demasiado" -Santorini hizo una breve pausa y se sentó más erguida. "Umbridge tiene muchas influencias en el ministerio... demasiadas... y hay muchos que no ven con gusto el poder que han ido alcanzando los aurores. Si las cosas siguen así, los aurores podrían desaparecer, para ser sustituidos por un cuerpo de vigilancia civil sin ninguna preparación"

"Pero eso... eso es una barbaridad..." -balbuceó Harry. "Se necesita un entrenamiento exhaustivo para ser auror... ese nuevo cuerpo... no tendría ninguna oportunidad contra un grupo de mortífagos..."

Santorini asintió con la cabeza.

"En el ministerio se da por buena la desaparición completa de los mortífagos, aunque los dos sabemos que esto no es así, y por lo tanto se esgrime la razón de que los aurores son cada vez menos necesarios. Si algún día hubiese una... digamos... reactivación de la magia oscura... el ministerio estaría bastante indefenso para luchar contra ella..."

Harry se pasó la mano por la nuca, sopesando las palabras de Santorini. Todo parecía tener bastante lógica.

"Continúe" -acertó a añadir.

Santorini se sintió aliviada. Parecía que, por fin, se había ganado la confianza del auror.

"Hace tiempo que deseaba tener esta conversación. Quiero que controle a sus amigos, y que vigile que las cosas se hagan bien en el cuerpo de aurores. Su grupo es el más anárquico de todos¿sabe?" -le preguntó con un cierto reproche. "Quiero que den una buena imagen. Lo último que deseo es el fin de los aurores... y desgraciadamente, a pesar de mi situación, no tengo demasiados apoyos en el ministerio para conseguirlo. Me gustaría tener a alguien como usted conmigo. Las cosas se cambian desde arriba, Harry..."

Harry se hundió más en la silla y juntó las manos entrelazadas en el mentón.

"No me gusta la política" -concluyó con un gruñido.

Santorini se encogió de hombros.

"No le pido que se meta en política. Tan sólo que haga bien su trabajo... y que controle que los demás lo hagan. Y si hay algo que se lo impida, quiero que me tenga informada. Tendrá acceso directo a mi oficina sin problemas, y yo solucionaré cualquier problema que le surja"

"No me pida que mantenga esto en secreto para Alastor y los demás" -advirtió Harry.

"Por favor..." -negó ella con un gesto. "Le precede su fama de hombre leal, Harry... jamás iba a ocultarle nada a sus amigos, y yo tampoco se lo pido. Me decepcionaría si lo hiciese. Eso me beneficia, porque también le exigiré lealtad conmigo"

Harry se quedó callado, rumiando la información.

"No hace falta que me responda ahora. Piénselo" -le aconsejó Santorini. "Supongo que querrá ir a San Mungo, a ver a su amiga" -Harry dio un respingo en su silla. "Estoy de su parte, Harry, no soy como... otros. Váyase ahora y nos reuniremos de nuevo en unos días¿de acuerdo?"

Harry asintió y se despidió de Santorini, con la cabeza un tanto confusa. Una vez el joven auror se marchó de allí, la jefa de la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad se apoyó en el respaldo de la silla y se relajó. Su intuición nunca le fallaba, y algo le decía que Harry Potter era un hombre en quien podría confiar. Portia Santorini era una mujer ambiciosa pero recta, y tenía una estrategia: quería ser la siguiente Ministra de Magia, pero necesitaba apoyarse en gente leal y capaz, y creía sinceramente que Harry era el más indicado para ocupar, en el futuro, el puesto de jefe de la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad. Los anteriores Ministros de Magia habían sido títeres del sistema o fanáticos radicales, y ella era una mujer inteligente, sensata y trabajadora, características que, por desgracia, no ayudaban fácilmente a ascender. Pesaban mucho más las buenas relaciones con la aristocracia del mundo mágico, pertenecer a una de las familias de sangre limpia, o un pasado de implacable cazador de magos tenebrosos, como había sucedido con Scrimgeour. Ella no tenía nada de eso, pero sí tenía las ideas muy claras: el mundo mágico vivía en paz gracias, sobre todo, al valor de magos como los que habían integrado la Orden del Fénix. Y era a ellos a quienes quería a su lado.

Sonrió de nuevo.

Con Harry de su parte, era cuestión de tiempo el librarse de aquella arpía insoportable que era Dolores Umbridge.

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Remus Lupin vaciló unos segundos antes de abrir la puerta de la habitación donde descansaba su esposa. Como parecía encontrarse bien y ya no estaba bajo hechizos sedativos, la habían trasladado a una habitación normal. Abrió la puerta y la vio, de pie, mirando por la ventana. Le resultaba raro verla así, vestida con el austero pijama blanco de San Mungo y los ondulados mechones castaños que le llegaban casi hasta los hombros.

"Nymphadora..."

Tonks se giró bruscamente cuando oyó aquella voz conocida. En una fracción de segundo, Remus llegó hasta donde estaba ella y la abrazó con desesperación.

"Remus..."

Mantuvieron el abrazo sin hablar, durante minutos interminables, hasta que él la separó un poco y le apartó unos mechones de la cara.

"No sabes el susto que me has dado..." -le susurró abrazándola otra vez.

"Ron me lo ha explicado todo... ¿qué ha pasado¿Van a abrir una investigación¿Dónde están Harry y Sirius¿Pueden procesaros?" -la metamorfomaga lo bombardeó a preguntas, hasta que Remus se echó a reír.

"Vale, vale, un momento... lo primero es lo primero" -el licántropo se inclinó hacia ella, la besó con intensidad, y la abrazó de nuevo. "Todo va bien, de momento, no hay cargos contra nosotros y nos han dejado marchar. Supongo que tendremos que declarar de nuevo, pero por ahora..." -continuó mientras sin romper el abrazo.

Tonks suspiró mientras lo estrechaba más contra sí, escuchando los latidos de los dos. Protestó con un gruñidito cuando la separó y la miró a los ojos, todavía sonriente.

"He hablado con los sanadores antes de entrar. Si prometes descansar y tomarte todas las pociones, puedo llevarte a casa esta misma noche"

"No sabes lo feliz que me hace la noticia" -dijo ella sonriendo.

El licántropo cambió la sonrisa por una expresión un poco más severa.

"Hablando de noticias felices... creo que tenemos una conversación pendiente" -le recordó enarcando una ceja.

Tonks se mordió el labio. Por supuesto: ella también había hablado con los sanadores y le habían dicho que, aunque estaba fuera de peligro, todavía tenía que pasar reconocimientos frecuentes para ver el estado del feto. Indudablemente, Remus sabía lo del embarazo y podía adivinar que la idea no le había hecho demasiado feliz. Suspiró profundamente, se separó de él y se sentó en el borde de la cama, mientras él continuaba de pie.

"Prefiero que hablemos en casa, si no te importa" -pidió.

Remus se limitó a asentir.

"Voy a ver a Sirius. Cuando estés lista, podemos marcharnos a casa"

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"¿El señor Black?"

Sirius se levantó inmediatamente y se acercó a la sanadora, a la que reconoció de inmediato.

"Doctora Gray..." -no pudo ni siquiera preguntarle por Hermione. Desde que se había desmayado mientras la abrazaba, había logrado alejar cualquier imagen de ella de su mente, intentando desesperadamente prepararse para lo que pudiese encontrarse en San Mungo. No había querido pensar en ella, no quería recordar lo que le había dicho mientras la sostenía en sus brazos. Sería demasiado duro perderla ahora que la había recuperado otra vez.

La sanadora miró a Sirius e interpretó correctamente la expresión de él.

"¿Quiere verla?" -le preguntó simplemente.

Sirius asintió con vehemencia.

"¿Está...?" -no podía terminar la frase.

La doctora Gray suspiró.

"Está viva. Venga conmigo" -le indicó.

Llegaron a la camilla donde estaba Hermione, y el animago sintió un dolor en las costillas como si le hubieran lanzado un cruciatus. Hermione estaba tan blanca como las sábanas que la cubrían, y aunque ya no estaba manchada de sangre, el tórax no se elevaba ni parecía que el aire entrase ni saliese de sus pulmones. Tenía una herida bastante profunda en la cabeza, pero no sangraba. Parecía...

"Doctora Gray... me dijo que estaba..." -Sirius no entendía nada.

"Está viva" -confirmó la sanadora. "Digamos que está en una especie de... hibernación, por decirlo de algún modo" -le indicó a Sirius que se sentara y ella misma convocó un taburete y se sentó a su lado. "Hemos estado explorándola, y sabemos lo que le pasa. Los cruciatus van lesionando los órganos lentamente, y a ella la han mantenido consciente utilizando pociones y hechizos, sólo para continuar torturándola" -se interrumpió un momento, atemorizada al ver la expresión de Sirius. "Tiene el hígado completamente destrozado, su sistema circulatorio tampoco funciona correctamente, y... bueno, caso todos los órganos internos están lesionados de forma más o menos... irreversible..."

Sirius se giró hacia ella con brusquedad.

"¿Qué es eso de irreversible?" -preguntó.

La sanadora lo tranquilizó con un gesto.

"Podemos restaurar los tejidos de los órganos menos dañados, pero hay algunos que sería imposible tratar con magia... habría que darle tiempo para intentar que con ayuda de hechizos y pociones su propio organismo se restaure a sí mismo... necesitamos tiempo y estar con ella hora tras hora para administrarle los hechizos necesarios para ello"

Sirius se pasó la mano por la frente.

"¿Va a sobrevivir?" -pronunció por fin.

La doctora Gray apoyó los codos el las rodillas y dejó descansar la frente sobre las manos.

"No lo sé, desgraciadamente no puedo asegurarlo. Es cuestión de tiempo... nosotros sólo podemos poner toda la magia de nuestra parte, pero dependemos de la fortaleza de ella... por eso la hemos dejado así: sus funciones vitales están ralentizadas al mínimo, para que toda su energía se centre en reparar los órganos dañados" -explicó con pesar.

Sirius asintió con la cabeza, sintiendo una calidez que se expandía por su cuerpo.

Al menos había una esperanza.

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Cuando Remus y Tonks llegaron a su apartamento, el licántropo insistió en que ella tomase un baño caliente y se sentase en el sofá mientras él preparaba un té para los dos. Tonks agradeció los desvelos de su marido, pero odiaba que la tratasen como a una inválida. Tomó el baño y se enfundó en unos pantalones anchos y un esponjoso jersey de un verde explosivo, en un intento de darse ánimos para la conversación que le esperaba.

"No soy de cristal¿sabes?" -le dijo a Remus cuando éste apareció con la bandeja del té.

"Tú no, pero ahora tienes que preocuparte de alguien más" -le soltó el licántropo con voz cortante mientras llenaba las dos tazas.

Tonks suspiró.

"Así que ya te has enterado"

"¿De mi próxima paternidad?" -preguntó él cruzándose de brazos y apoyando el hombro en la pared. "Pues sí, pero yo tenía la idea de que la costumbre era que al futuro padre se lo contase la futura madre... no un sanador desconocido que todavía debe de estar riéndose de mi cara de idiota"

"¿Estás molesto principalmente... porque no te lo había contado?" -preguntó ella sorprendida.

Remus se inclinó ligeramente hacia la metamorfomaga.

"Para nada... es muy agradable hacer el ridículo de vez en cuando. Tan sólo me gustaría saber el porqué de ocultar algo que con el tiempo iba a ser bastante... evidente" -respondió el licántropo con ironía.

"No estaba ocultándotelo" -replicó ella intentando justificarse. "Es que no encontraba el momento oportuno para decírtelo"

"¿El momento oportuno?" -inquirió él alzando un poco la voz. "¿Necesitabas un momento oportuno¿Para qué demonios necesitabas buscar un momento oportuno para decirme que estabas embarazada? Por Dios, Nymphadora, estamos casados..."

"No sabía cómo te lo ibas a tomar" -respondió ella apretando los labios. Era evidente que Remus estaba enfadado y no se lo iba a poner fácil.

El licántropo se frotó los ojos. Notaba cómo todo el cansancio acumulado se le venía encima de golpe.

"Vamos a ver... desde el principio... ¿cómo es que te has quedado embarazada tomando poción anticonceptiva?" -preguntó intentando ordenar sus ideas.

"Eh... me temo que no me tomé la poción anticonceptiva... o al menos que no me la tomé adecuadamente" -explicó ella un tanto avergonzada por su proverbial despiste.

Remus alucinó.

"¿Quieres decir fue algo... planificado?"

"¡No!" -respondió Tonks. "Me... me confundí la poción anticonceptiva con tu poción matalobos... están guardadas en el mismo sitio y los frascos son tan parecidos..."

Remus decidió sentarse en una butaca frente a ella. Se juró a sí mismo hacerle caso a Sirius de ahí en adelante. Después de todo, tenía que reconocer que había acertado absolutamente en todo.

"O sea, que fue un accidente" -concluyó el licántropo. "Y una vez que supiste lo del embarazo¿por qué no me dijiste nada?"

"Porque no sabía cómo te lo ibas a tomar" -repitió ella dándole un sorbo al té.

Remus sentía cómo la ira crecía en su interior. El cansancio post-transformación no le ayudaba precisamente a controlarla.

"¿Cómo demonios crees que me lo iba a tomar, Tonks?" -le preguntó irritado. "Y todavía no me has dicho cómo te lo has tomado tú"

Tonks frunció el ceño. Empezó a comprender que Remus estaba más irritado por que le hubiese ocultado el embarazo que por el embarazo en sí.

"Yo..." -vaciló. "... yo estoy feliz..." -admitió mientras removía el té. "La verdad es que nunca he sido muy... del tipo maternal. Nunca pensé en tener hijos, como otras chicas. Nunca me imaginé con niños, ni jugué demasiado a las muñecas cuando era pequeña, ni cosas de esas" -hizo una pausa y miró a Remus a los ojos por unos segundos. El licántropo permanecía de pie, apoyado en la pared, con las piernas cruzadas de forma indolente y la expresión impasible. "Aquella noche, cuando tu y yo..." -hizo un gesto con la mano, y Remus comprendió a qué noche se refería-; "... cuando fui a verte a tu casa, después de lo que me había contado Sirius, y cuando admitiste que me querías, también me diste una serie de motivos por los cuales no debía implicarme contigo. Uno de esos motivos era que tú no querías tener hijos..."

Remus se limitó a asentir, recordando la conversación. Él le había esgrimido argumentos como su licantropía o la diferencia de edad, que ella había rechazado de plano. Antes de rendirse a la evidencia, él le había dicho que no podrían tener hijos, pero ella se había reído de él, argumentando que el tema hijos era bastante prematuro, dado el punto en que se encontraban. Y él había claudicado, sabiendo que la quería demasiado para verla sufrir más.

"Ya sabes cómo te pones con el tema de la licantropía, Remus..." -continuó ella, que ya estaba lanzada. "Viendo cómo actúas cuando es luna llena, las medidas de seguridad que tomas para que a mí no me pase nada... supongo que el no querer hijos es porque tienes pánico de hacerles algo. Y yo te comprendo..." -volvió a mirarlo a los ojos, con tanto cariño y empatía en su mirada que Remus sintió que toda su ira se desvanecía como por un hechizo. Apartó la vista de él y apoyó los codos en las rodillas y la cara en la palma de las manos. "Por eso, aunque hacía tiempo que sentía la necesidad cada vez mayor de tener un hijo, lo fui dejando pasar, porque no quería que te sintieras obligado por mí y..."

La voz le tembló un poco y no continuó. Remus se maldijo interiormente, recordando sus reticencias a la hora de comprometerse con ella y cómo sus argumentos se habían vuelto ahora en su contra. Le había insistido tanto en lo de la licantropía, había convertido de tal forma a la maldición en el centro alrededor del cual giraba su vida, que Tonks no había tenido el valor de contarle lo del bebé.

"Tú querías tener un hijo" -no era una pregunta.

Tonks seguía removiendo un té que ya ni siquiera humeaba.

"La verdad es que sí" -admitió ella fijando la mirada en los remolinos ámbar. "Pero nunca lo hubiera tenido sin consultártelo antes. Ha sido un accidente... aunque tengo que admitir que me ilusiona bastante..."

Remus se sentía devorado por los remordimientos. Cuando supo que ella le había ocultado el embarazo, había pensado que podría querer interrumpirlo, y ahora se sentía terriblemente culpable y un completo estúpido. Se había dejado llevar por la ira, cuando, conociendo mínimamente a Tonks debería haber sabido que ella hubiera sido incapaz de hacer algo así, sobre todo a sus espaldas.

La miró, de nuevo. Ella lo miraba también ahora, algo más desafiante.

"Si se te ocurre sugerir un aborto, me largo y pido el divorcio" -lo amenazó. "Yo cometí un error con las pociones, pero tú también..."

Remus no la dejó continuar. En dos zancadas llegó a su lado, la levantó y la estrechó entre sus brazos con la abrumadora fuerza de la culpabilidad.

"Soy imbécil" -se limitó a murmurar junto a su oreja.

Tonks sonrió aliviada.

"Bueno, con el tema de la licantropía siempre has sido un poco cretino..." -admitió. Se separó un poco de él y lo miró. Él tenía una expresión apasionada que ella ya conocía. "Bueno, parece que no estás muy decepcionado por lo del embarazo..."

Remus se separó ligeramente, le colocó la mano en la nuca y se inclinó sobre ella, besándola con delicadeza mientras la acariciaba con la otra mano. Tonks se relajó por completo en sus brazos, confiada.

"Habrá que empezar a buscar nombres para él o para ella" -murmuró Remus en sus labios.

Tonks lo empujó ligeramente y lo miró, enarcando una ceja.

"Definitivamente, no estás muy decepcionado... ¿Me estás diciendo que he pasado un mal rato todo este tiempo, cuando tú también estás ilusionado por tener un hijo?" -le preguntó, empezando a mosquearse.

Pero Remus no quería reiniciar la pelea. La cogió de la muñeca y la llevó en dirección al dormitorio.

"A la cama. Prometimos en San Mungo que dormirías lo suficiente y te tomarías tus pociones"

"¿A la cama? Pero no tengo sueño... he dormido un montón en San Mungo..." -protestó Tonks poniendo morros.

Remus sonrió de lado, se giró y la miró con una genuina expresión de merodeador.

"Ya se nos ocurrirá algo para que no te aburras" -la consoló mientras tiraba de ella hacia la cama.

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Bueno, a ver: los diabéticos que se pongan más insulina y que se abstengan hoy de los turrones... lo siento, tenía que poner una escenita edulcorada entre estos dos, que es que me tienen harta. Sobre todo Remus, con el temita de que si soy-un licántropo-y-por-tanto-una-bestia-sedienta-de-sangre, etc., etc... Por favor... ¿hay alguien más absolutamente confiable que Remus en el universo Rowling?

Bien, en resumen, dejamos las cosas así: Hermione está muy grave, y de momento no sabemos si va a sobrevivir o no. La doctora Gray, por lo que parece, se ha tomado a su paciente como algo personal, así que hagamos una colecta para pagarle a la pobre unas vacaciones. Sirius está destrozado pero mantiene la esperanza. Harry está un tanto confuso después de su breve coqueteo con la política, y hay que mimarlo un poco, por aquello de que ahora ya no le queda ninguna duda de a quién quiere Hermione. Remus y Tonks están ilusionados como dos tontuelos por su próxima paternidad; Ginny está curándose su brazo roto y planeando una estrategia para lanzarse sobre Harry como un piloto kamikaze, y me imagino que a Kingsley lo deben de tener reposando en San Mungo, nadando en pociones como un boquerón en vinagre.

Próximo capítulo: espero que en breve (la víspera de Reyes, podría ser un buen día), porque voy a empezar ya mismo con él. Veremos qué sucede con Hermione, así que preparad los kleenex... y también veremos a Ginny en acción... y a Harry también.

Mientras tanto, FELIZ 2007 A TODO EL MUNDO!!!!!!! Ojo con los espumosos que no sean Sanex y si leéis muchos fics con final feliz dadle menos al turrón, que el azúcar en exceso provoca caries.

Muchos besitos a todos, esta vez de turrón de chocolate relleno de trufa aromatizada a no sé qué licor francés... (los dulces navideños cada vez vienen más sofisticados).

Lara

NOTA: los reviews en un review que me mando a mí misma, como siempre