Disclaimer: No soy J. K. Rowling y por tanto los derechos de Harry Potter no me pertenecen. Créanme, si así fuese estaría pasando las navidades en un hotelazo de cinco estrellas gran lujo en las Bahamas.

DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 20: El que espera, desespera.

"Yo creo que deberías aceptar" -dijo finalmente Remus Lupin después de un tenso silencio.

Harry se pasó la mano por el pelo pero no dijo nada. Miró a su alrededor, a sus compañeros, a los que acababa de explicar lo sucedido en la entrevista con Santorini. Ginny Weasley estaba sentada con el brazo izquierdo en cabestrillo, y Ron tenía la mano en su hombro, muy en pose de hermano mayor. Kingsley Shacklebolt tenía los brazos cruzados y la mirada seria de siempre. Remus y Sirius estaban sentados juntos, el primero algo pálido pero con muy buen aspecto y el segundo sentado con su elegante indolencia habitual, con gesto pensativo. Tonks estaba sentada entre Ginny y Remus, y a pesar de su reciente ingreso en San Mungo tenía una mirada tan brillante que parecía emitir luz. Cordelia estaba todavía más exultante que de costumbre, vestida con una túnica de color ámbar que emitía reflejos grises y un maquillaje algo más sofisticado que el habitual. Llevaba unos pendientes de topacios amarillos que probablemente costaban lo mismo que una saeta de fuego último modelo, y un colgante a juego que se deslizaba por el bronceado escote. Alastor Moody presidía la reunión, sentado en su butaca y con los brazos cruzados apoyados en la mesa.

Había pasado ya una semana desde el secuestro y rescate de Hermione. La auror seguía en San Mungo, en el mismo estado. Sirius se pasaba todas sus horas libres allí, excepto las noches, porque los sanadores no se lo permitían. Remus se sorprendía de que Sirius, con su impaciencia habitual, fuese capaz de simplemente sentarse a su lado y esperar; quizás por ello, en las horas que le ocupaba su trabajo como auror, se volcaba en éste con ferocidad y frenética dedicación. Hasta había actualizado todo el trabajo burocrático pendiente que tenía.

"Yo opino lo mismo que Remus" -sentenció Shacklebolt. "No te pide nada raro, tan sólo un poco más de respeto por las normas"

Volvió a hacerse el silencio, roto finalmente por Moody.

"No es tan sencillo..." -comenzó. "En realidad, lo que ella quiere es tener al salvador del mundo mágico de su parte... algo que ni Fudge ni Scrimgeour consiguieron. Santorini no es tonta, y sabe que contigo de su parte puede escalar posiciones mucho más fácilmente".

"Sin embargo, ella quiere mantener en secreto ese apoyo, de momento" -repuso Sirius negando con la cabeza. "Lo que quiere no es fotografiarse con Harry para "El Profeta", sino una colaboración real..."

"Yo también lo creo" -intervino Tonks. "Vamos, todos conocéis a Santorini... tiene fama de incorruptible. Lo que le dijo a Harry tiene sentido, sobre todo ahora que sabemos que Umbridge anda por el medio. Yo digo que los enemigos de Umbridge son nuestros amigos"

"¿El-que-no-debe-ser-nombrado, por ejemplo?" -preguntó Ron tomándole el pelo. Tonks le intentó dar una cariñosa colleja, pero no le llegaba.

"¿Tú qué opinas, Harry?" -le interrogó Ginny al ver que el joven jefe de aurores seguía dando vueltas por el despacho sin soltar prenda.

Harry se paró y los miró de nuevo. Cómo echaba de menos a Hermione y su fino olfato político, en aquel momento.

"Yo creo que es fundamental mantener a los aurores" -contestó. "Es posible que sea muy políticamente correcto decir que la magia oscura está tan controlada que no se necesitan aurores, pero es más falso que una moneda de seis galeones. Todos sabemos que hay rebrotes de adeptos a las artes oscuras continuamente... son demasiado atractivas para un nutrido grupo de magos. Si eliminan a los aurores, el mundo mágico está apañado..."

"Entonces eres partidario de colaborar con Santorini" -quiso saber Ginny.

Harry se desordenó el pelo hasta que parecía un nido de palomas.

"Todos sabéis que le tengo alergia a eso de colaborar con los políticos, pero como dijo Sirius, nadie tiene por qué saberlo" -repuso. "Sólo lo sabréis vosotros, y os informaré de todas las reuniones que tenga con Santorini. Si os parece que la situación se nos va de las manos, abandonamos la alianza y todos tan contentos"

"Harry..." -intervino Moody con voz cansada. "Eres tan jefe como yo de este grupo, y Santorini está interesada en ti. Eres tú el que debes decidir"

Pero Harry negó con la cabeza.

"Me falta experiencia y me falta diplomacia para tratar con alguien como Santorini" -explicó. "Necesito más puntos de vista para llevar este asunto".

Sirius miró su reloj y se levantó.

"Quizás deberíamos reflexionar sobre esto un poco más" -sugirió. "A mí me parece bien que colabores, me fío de Santorini... pero has de tener en cuenta algo, Harry... tú serás, para siempre, "el elegido"... con tu prestigio, el político al que ayudes será el próximo en sentarse en el sillón del Ministro de Magia..."

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"Me gustaría charlar contigo un rato" -le pidió Ginny a Tonks cuando salieron de las oficinas de Moody.

"Claro" -accedió la metamorfomaga con una sonrisa. "Vamos a tomarnos un zumo de calabaza a "La bella belladona", que está aquí al lado. Espérame aquí: se lo digo a Remus y vuelvo enseguida".

Durante el trayecto Ginny guardaba silencio. Tonks, todo alegría y buen humor a pesar de seguir sin poder metamorfosear su pelo de colores chillones, canturreaba una canción de las Weird Sisters con más entusiasmo que oído musical. Llegaron a "La bella belladona", que era un coqueto salón de té decorado con maderas cálidas y pequeñas mesitas acogedoras que parecía estar lleno de brujas ricachonas de mediana edad tomándose un aperitivo tras una intensa mañana de compras. Ginny enarcó una ceja: si Tonks desapareciese, la buscaría en cualquier parte menos en aquel sitio.

"¿Qué te parece el ambiente" -le preguntó Tonks mirándola con disimulo.

"Eh... pues... muy apropiado... para cuando cumplamos los sesenta" -contestó Ginny constatando que podían ser las nietas de al menos la mitad de las clientas.

Tonks se echó a reír.

"Es horrible... uno de los sitios favoritos de mi madre, sin embargo. Quedamos aquí con frecuencia, y te aseguro que tiene unos pasteles absolutamente deliciosos... los mejores del mundo mágico" -explicó relamiéndose por anticipado.

Ginny asintió comprensiva. Su madre siempre decía que los tres primeros meses de todos sus embarazos se había comportado como una especie de jabalí hambriento cada vez que veía una pastelería.

"Bueno, explícame eso que te preocupa. ¿Es un problema relacionado con el trabajo, los hombres o la familia?" -sugirió Tonks después de pedirle a una oronda camarera de sonrosadas mejillas un té con leche, tarta de manzana, bizcocho de jengibre, y pastel de ruibarbo.

Ginny suspiró. Durante su entrenamiento como auror bajo la supervisión de Tonks se habían hecho bastante amigas, aunque reconocía que la amistad de Tonks con Hermione era más íntima que la suya. Le encantaba la forma práctica y resuelta que tenía la metamorfomaga de encarar los problemas, y su carácter abierto y alegre.

"Hombres" -contestó. "Hombre, para ser exactos, en singular".

"¿Tienes una relación con él?" -preguntó Tonks mirándola fijamente.

"No" -contestó simplemente Ginny. "La tuve hace años, pero fue una cosa de críos"

"Ya veo" -murmuró Tonks mientras hacía malabarismos para que en la minúscula mesa cupiesen todas sus porciones de tarta y la taza del té. Ginny se limitaba a mirar su vaso de zumo de calabaza con aparente concentración. "Se trata de Harry, supongo... todavía te gusta..."

Si Ginny se sorprendió por la clarividencia de Tonks, no lo demostró, sino que se limitó a asentir en silencio. La metamorfomaga removió el té y apoyó el codo en la mesa y la mejilla en la palma de la mano. Harry ya debía haber empezado a asumir que la flamante señora Black, si sobrevivía, iba a quedarse con el guapísimo señor Black, pero le parecía todavía muy pronto para que la olvidase. Tonks estaba convencida de que Harry llevaba años colado por Hermione a pesar de no tener ninguna esperanza de recuperarla.

"¿Y qué opina él?" -preguntó con todo el tacto que era capaz de reunir.

"Todavía no sabe nada" -respondió Ginny. "Salimos juntos un tiempo muy breve, y después cada uno hizo su vida. Éramos unos críos, así que no hubo nada importante, tan sólo algunos besos y nada más. Yo pensé que era una etapa superada, pero..."

Tonks mordió un trozo de tarta de manzana y lo masticó despacio, paladeando entusiasmada el contraste entre el sabor a fruta del relleno y la crujiente masa del hojaldre. No había nada que pudiese compararse con aquel postre maravilloso, tan sencillo y exquisito a la vez. Bueno, excepto Remus, pensó riéndose en bajito.

"Entonces tenemos a una chica a la que le gusta un chico, y un chico que no sabe nada. Seguís manteniendo una buena amistad, de todas formas¿no?" -resumió limpiándose unas migas de tarta que se le habían quedado en el labio superior.

"Lo considero mi mejor amigo, sí" -asintió Ginny tomando un sorbo de su zumo. "Tenemos gustos parecidos, nos entusiasma el quidditch, vamos juntos a ver partidos de vez en cuando... esas cosas"

Tonks asintió dubitativa. Para babear delante de un campo de quidditch, Harry ya tenía a Ron, y dudaba que fuera a pedirle en matrimonio. "¿Y ya tienes pensado algo?" -le preguntó a la pelirroja, esta vez en voz alta.

La pequeña de los Weasley miró al vacío por encima de su vaso de zumo y esbozó una sonrisa maliciosa.

"Desplegar todas mis armas de seducción, por supuesto. Conozco a Harry lo suficientemente bien como para sabér cómo funciona" -explicó, antes de volver a fijar su mirada en Tonks. "Ya sé lo de Harry y Hermione, pero por lo que vimos en Prince Hall, es evidente que ella se ha decidido definitivamente por Sirius. Lo que pasa es que no sé qué momento será el adecuado... ahora Hermione está inconsciente, y Harry estará terriblemente preocupado por eso, así que voy a esperar. Pero estoy segura de que Hermione se pondrá bien, y verla con Sirius le ayudará a olvidarla del todo"

Tonks tuvo que controlarse para no mirar a Ginny con la boca abierta.

"Bueno, pareces tenerlo todo muy planificado. No veo que necesites un consejo" -constató.

"No, para nada... no soy demasiado buena detectando eso de los "momentos adecuados", me temo..." -explicó, sonriéndole a Tonks abiertamente. "Nunca he tenido demasiada mano izquierda, soy bastante impulsiva... y tengo miedo de echarlo todo a perder por apresurarme demasiado... la paciencia no es mi fuerte..."

Tonks sintió súbitamente cómo se quedaba sin hambre. Ginny era para ella alguien muy querido, pero a veces le sorprendía su falta absoluta de... ¿modestia? Estaba claro que Ginny daba por sentado que, si echaba las redes en el momento adecuado, Harry picaría con el entusiasmo de un salmón... lo único que le preocupaba era saber cuándo lanzar la caña y no estropear su oportunidad de pillar el pez más gordo por un ataque de impaciencia.

"Bueno, no creo que con Hermione en el estado en que está Harry esté para pensar en nada romántico" -aventuró.

Ginny asintió con vehemencia.

"Es lo que digo yo. Pero si me acerco a él como amiga... mi plan es el siguiente: estar a su lado, apoyándolo, hasta que vea a Hermione feliz con Sirius y lo acepte... y entonces atacar con toda la artillería. Sólo tengo que morderme la lengua y actuar como la mejor amiga del mundo. Cuando admita que Hermione no va a dejar a Sirius, yo estaré allí para consolarlo..."

Tonks dejó definitivamente la tarta de manzana sobre el plato y se limpió la boca con la servilleta. Todo aquello le estaba empezando a chirriar en el oído.

"¿No crees que lo estás planeando un poco... fríamente?" -le preguntó. "Quiero decir..." -se apresuró a añadir, captando los ojos entornados de la pequeña de los Weasley-; "... Harry puede sorprenderse de tu repentino acercamiento..."

Ginny pareció pensárselo un poco.

"No..." -concluyó. "Harry es muy inocente... la otra vez, mi estrategia fue salir con otros chicos, no dar la imagen de estar esperándolo, pasar un poco de él... y funcionó: Harry cayó con todo el equipo... no veo por qué esta vez va a ser distinto..."

Tonks no dijo nada, aunque se le ocurrieron miles de motivos por los que esta vez sí podía ser distinto. Fundamentalmente, que Ginny estaba planeando ocupar un lugar en el mundo particular de Harry que ya estaba ocupado: el de la amiga incondicional, o sea, Hermione; y no veía a Harry muy predispuesto a cubrir ese puesto con otra persona. Que, si bien hacía años había funcionado, no habían durado mucho... y que esos teóricos nexos de amistad entre Harry y Ginny, como el quidditch, podrían ser válidos para un muchacho de dieciséis años, pero dudaba mucho que sostuviesen una relación duradera con un hombre de veinticinco.

"Tengo mis dudas, Ginny..." -explicó con voz suave. "Pero, claro... yo no conozco a Harry tan bien como tú..." -aventuró. "Puedo darte mi opinión, pero no creo que tenga conocimiento de causa ni experiencia para darte un consejo, la verdad..."

La expresión de Ginny demostró cierta frustración.

"Sólo quiero que me adviertas si crees que me estoy lanzando antes de tiempo" -pidió la pelirroja. "Creo que me falta un poco de... serenidad... en estas cosas..."

Tonks asintió con una sonrisa. No pensaba que Ginny fuese a tener mucho éxito, pero no perdía nada con intentarlo. Tanto si Hermione sobrevivía como si no, Harry iba a necesitar distraerse un poco, porque estaba claro que no iba a recuperarla. La pregunta del millón era: "¿podía Ginny ser una alternativa a Hermione¿Podía sustituir a la amiga fiel, al apoyo incondicional, a la consejera sensata y a la vez a su mayor crítica¿Era Ginny capaz de llevarle la contraria a Harry cuando éste se empecinaba y no tenía razón? Y si lo hacía... ¿iba Harry a tener en cuenta su opinión?

Tonks miró el resto de tarta de manzana que le quedaba en el plato y negó con la cabeza.

"¿Qué te pasa, por qué haces eso?" -le preguntó Ginny viendo que Tonks parecía ida. "¿No tienes más hambre?"

"Creo que me están dando náuseas" -mintió Tonks al tiempo que apartaba los platos de su vista. "En mi estado..."

Ginny le dio una palmadita en la mano, comprensiva... definitivamente, eso de estar embarazada debía de ser una lata...

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"Llevamos una semana así y todavía no hay cambios" -se limitó a decir Sirius. "No hay avances, no hay retrocesos... esto empieza a ser desesperante..."

La doctora Gray asintió con gravedad.

"Ya se lo advertí, le dije que esto iba para largo" -le recordó.

Estaban sentados en una pequeña sala adyacente a la unidad de Cuidados Intensivos Mágicos. La sanadora, que en aquel momento ostentaba el record de las ojeras más oscuras de todo el Reino Unido mágico, estaba rígida en la silla. Le dolía la cabeza, el cuello, la espalda, el hombro derecho y la muñeca derecha, y ya no era capaz de determinar a ciencia cierta si era de día o de noche.

"Esto es frustrante para todos" -explicó. "Durante la primera guerra hubo algunos casos de demencia por tortura con cruciatus, pero le aseguro que es el primer caso que conozco en el que hayan torturado a alguien durante tanto tiempo y con tanta saña" -explicó. "Yo no puedo hacer nada más, excepto mantenerla con vida y esperar, igual que usted. Me gustaría decirles otra cosa, pero no puedo". La sanadora suspiró y se masajeó el brazo derecho, disimulando una mueca de dolor.

Sirius focalizó su mirada en ella y esbozó una sonrisa amarga.

"No sugiero que no haga suficiente" -dijo. "Ya veo el aspecto que tiene... estoy seguro de que está haciendo todo lo que está en su mano para que sobreviva... es sólo que..." -se interrumpió, sin saber qué más decir.

La sanadora asintió en silencio.

"Es sólo que para una persona acostumbrada a actuar es muy difícil limitarse a sentarse y esperar. No crea que no lo imagino" -repuso con un suspiro. "Pero esto es así: no tiene nada que ver con la Medicina... un brazo roto se soluciona llevándolo entablillado un mes o curándolo con un hechizo en cinco minutos. La magia cura mejor y más rápido, pero también destruye con mayor rapidez y eficacia. Si a su esposa la hubiesen torturado muggles, no estaría ingresada en la CIM... con un par de hechizos de regeneración y unas cuantas pociones reconstituyentes, estaría lista. Pero luchar contra magia oscura no es coser y cantar..."

Sirius asintió con la cabeza y se levantó.

"¿Puedo verla antes de irme?" -solicitó.

"No hay problema, pero permítame media hora. Voy a comer algo, mientras le hacen unas exploraciones. Yo misma le avisaré cuando suba a supervisar los hechizos de hibernación; puede entrar conmigo un rato"

Sirius salió de la habitación. En la sala de espera, un expectante Harry y un resignado Remus lo esperaban.

"¿Cómo ha ido?" -preguntó el licántropo.

Sirius se lo explicó.

"Yo no entiendo por qué..." -la voz irritada de Harry resonó en medio de las desangeladas paredes del hospital.

"Calla, Harry" -lo interrumpió Remus. "Le prometimos a Sirius cerrar la boca si nos dejaba acompañarlo".

Harry rumió algo en voz baja, y Remus hizo un gesto con la mano, en plan "se cayó en una marmita de poción mataneuronas cuando era pequeñito".

"Vamos a comer algo abajo" -propuso Remus agarrando a Sirius del hombro. "Llevas una semana alimentándote peor que cuando eras un prófugo" -añadió al ver que el animago pretendía resistirse.

"Yo me quedo aquí" -insistió Sirius con terquedad.

"Vamos, Remus" -decidió Harry arrastrando al licántropo. "Podemos ir a buscar unos bocadillos para perros tercos como mulas"

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Cuando los dos aurores llegaron a la cantina del hospital, los ojos de miope de Harry detectaron a una sanadora morena que parecía a punto de quedarse dormida sobre su plato. Dejó a Remus pidiendo el té y los bocadillos y se acercó a ella.

"¿Cómo va todo?" -le preguntó con demasiada amabilidad.

La sanadora dio un bote en la silla. Miró a Harry con expresión interrogante, que fue sustituida por una cara de sospecha cuando lo reconoció.

"¿Qué quiere, señor Potter?" -le respondió con frialdad.

"Me llamo Harry" -gruñó éste.

"Oiga, estoy cansada... tengo media hora para comer algo, y me gustaría relajarme un poco. Ya le di al señor Black toda la información sobre su esposa"

"No pretendo agobiarla" -se justificó Harry. "Comprendo perfectamente que usted está igual de frustrada que nosotros"

La sanadora lo miró con una ceja enarcada.

"Ahora cuénteme el del centauro y la brujita que recogía mandrágoras"

"Vaya, ese no me lo sé" -terció Harry con una sonrisa. "Puedo contarle el de caperucita roja y el lobo"

"¿Ha sido criado por muggles?" -se burló la sanadora.

"Sí" -dijo simplemente Harry. "De hecho, no supe que existía la magia hasta los once años, cuando me llegó la carta de Hogwarts"

La doctora Gray lo miró sorprendida.

"¿En serio? Pero... ¿no me está tomando el pelo?"

"Me temo que no... probablemente el vivir con mis tíos me ayudó a la hora de enfrentarme a Voldemort" -explicó Harry con una elevación de ceja bastante sugerente.

"¿Tiene algún parentesco con el señor Black?" -le preguntó para sorpresa del autor.

"Bueno... no tenemos parentesco de sangre, pero... era el mejor amigo de mi padre, y fue mi padrino..." -le contestó Harry sin saber a qué venía la pregunta.

"Me alegro, porque así no tiene que pagarle derechos de autor por ese gesto que acaba de hacer" -vibró la lengua afilada de la sanadora, mientras volvía a centrarse en su plato.

Se hizo un silencio prolongado, que Harry encontró muy incómodo. A pesar de su lengua de doble filo, le caía muy bien aquella chica, y le resultaba muy desagradable comprobar que ella no le tenía mucho aprecio. Harry estaba acostumbrado, para su desgracia, a que el mundo mágico lo reconociese e idolatrase, pero aquel frío desprecio le resultaba tan desagradable como la fama abrumadora.

"Oiga, si no es indiscreción... ¿por qué me odia?" -le preguntó a bocajarro.

La doctora Gray interrumpió el movimiento de tenedor y lo miró como si le hubiera salido un duendecillo de Cornualles de la oreja.

"Yo no le odio..." -acertó a contestar.

"Pero le caigo mal" -insistió Harry.

Ella lo miraba con los ojos muy abiertos, lo que acentuaba todavía más sus ojeras.

"No... no me cae mal... escuche..." -se inclinó ligeramente hacia él-; "...es usted el salvador del mundo mágico, nadie en su sano juicio, y que no lleve la marca tenebrosa en el antebrazo, claro está, podría decir que le cae usted mal..."

"Eso puede justificar que no me odie, pero es evidente que no me soporta. Si no¿por qué pone esa cara de fastidio cuando me ve, entonces?" -preguntó Harry.

"Porque... porque..." -la sanadora vaciló un poco. "Oiga, que llevo varios días durmiendo menos de dos horas... no tengo el cerebro para respuestas ágiles..."

"¿No descansa nunca?" -le preguntó el auror, genuinamente interesado. "Debería descansar¿no cree? Si no lo hace, no podrá lanzar un hechizo a derechas..."

"S... sí, claro... mañana por la mañana me voy y no vuelvo hasta el día siguiente. Dormiré toda la mañana y si no estoy muerta, vendré por la tarde un rato a echarle un vistazo a su amiga" -contestó. Empezaba a ponerle nerviosa aquella conversación.

"La invito a comer" -cuando, más tarde, rememorase toda la conversación, Harry no podría concretar por qué se le había ocurrido aquella absurda idea, pero en mitad de aquella charla que oscilaba de la hostilidad a la intimidad, nada le había parecido tan lógico como invitar a la sanadora al almuerzo. "Quiero decir... si no tiene ningún compromiso... y si no se pasa todo el día durmiendo..."

La doctora Gray tenía la boca entreabierta de la sorpresa.

"¿Para qué demonios quiere ir a comer con alguien que no le soporta?"

"Entonces es verdad que no me soporta"

"Yo no digo eso..." -rebatió con un resoplido la sanadora. "Bueno, es posible que lo haya dicho, pero... en fin, sí¡no lo soporto!" -concluyó la morena desesperada. "A ver, no es que no lo soporte, pero a veces su actitud me pone mala..."

"¿Qué actitud?"

"Pues... una como la que tuvo el otro día, saltando como un jabalí en cuanto me oyó pronunciar la palabra licántropo... dispuesto a salvar el honor de su amigo, mientras su amigo estaba tan tranquilo respondiendo a mis preguntas... no sé... muy en plan Harry-el-mundo-mágico-está-apañado-sin-mí-Potter..." -continuó la sanadora.

"Bien, eso fue el otro día. Sólo por eso... ¿ya le parezco un idiota?" -le preguntó Harry enarcando una ceja.

La doctora Gray suspiró.

"¿Necesita caerle bien a todo el mundo, señor Potter?"

Harry se quedó callado un rato. No sabía qué responder a eso, la verdad. Durante su vida había tenido al mundo mágico alternativamente a sus pies y en su contra, y cualquiera de las dos opciones le había dado igual.

"No, no creo que sea eso. Es sólo que me gustaría hablar un rato con usted y hacerle cambiar de opinión sobre mí. De verdad, no necesito caerle bien a todo el mundo, pero... no me gustaría que cada vez que vengo a acompañar a Sirius usted pusiera esa cara... como si... viese aparecer a Voldemort sacándole brillo a la varita..."

"Es usted un exagerado..." -resopló la sanadora.

"Tenía que verse usted la cara..." -replicó Harry. "¿Almuerzo, entonces?"

La doctora Gray negó con la cabeza. "Suelo dormir... hasta la hora de la cena... si puedo..."

"La invito a cenar, entonces" -propuso el joven auror. Al ver la cara de espanto de la sanadora, se apresuró a rectificar. "No me malinterprete, supongo que es difícil que esté libre para un almuerzo" -la sanadora asintió con la cabeza. "Una cena informal, nada más, pero déme la oportunidad de hacerle ver que no soy un idiota integral. ¿Tiene algún compromiso para mañana?"

"N... no" -consiguió pronunciar la doctora Gray.

"Estupendo... ¿cenaría conmigo?"

La doctora Gray le dio un trago a la taza de café que tenía a un lado, sin dejar de mirar ni un momento a Harry. El auror la miraba, a su vez, como si invitar a sanadoras hostiles a cenar fuese algo completamente inocente que hiciese a diario. La verdad es que no parecía que estuviese intentando flirtear con ella... parecía completamente sincero.

"De acuerdo..." -respondió casi sin darse cuenta.

Harry sonrió abiertamente.

"Bien. Así podremos charlar tranquilamente, y puedo convencerla de que no soy una especie de cruce entre troll y gigante"

"El que me acusaba a mí de racista con los licántropos..." -le soltó la doctora Gray, que ya parecía recuperarse de la impresión.

"No tengo nada en contra de los gigantes" -replicó Harry. "De hecho, tengo un buen amigo que es medio gigante. Pero no me dirá que ha compartido mesa y mantel con algún troll..."

"Lo voy a hacer mañana" -puntualizó la sanadora.

Harry tardó unos segundos reaccionar, pero cuando lo hizo rió abiertamente.

"Muy bueno, apúntese esa..."

Desde la barra, un Remus cargado con bocadillos para dar de comer a todo Hogwarts le hizo una seña. Harry lo saludó con la mano y le hizo un gesto para indicarle que ya había acabado.

"Tengo que irme a alimentar a Sirius. ¿Le parece bien que la venga a buscar aquí mañana?"

"Eh... no... tengo que acercarme un momento a Gringotts... ¿podríamos vernos en la entrada?" -rechazó la sanadora. Antes muerta que dejar que algún compañero de San Mungo la viese irse de allí con Harry-yo-salvé-al-mundo-de-Voldemort-Potter...

"Perfecto, podemos ir a cenar a un sitio que hay allí cerca... ¿a las ocho le parece bien?"

"Las ocho está bien" -respondió ella con un hilo de voz. Empezaba a pensar si el joven auror no le habría lanzado un imperius sin que se diese cuenta... porque no comprendía qué la había hecho aceptar aquella proposición inverosímil.

Mientras ayudaba a Remus a llevar la bandeja de la comida, el licántropo lo miró con recelo.

"¿Has estado molestando otra vez a la sanadora Gray?" -le pregunto suspicaz.

"¿Yo?" -replicó Harry sorprendido. "¿Por qué dices eso?"

"Porque cuando te fuiste, apoyó la cabeza en la mesa y empezó a golpearse la frente" -respondió Remus.

Harry se echó a reír.

"Sólo la invité a cenar"

Remus pegó un resbalón al escuchar las palabras de Harry y por poco se da de morros contra el suelo.

"¿A cenar?" -preguntó cuando consiguió estabilizar la bandeja.

Harry se quedó mirando al licántropo unos segundos, suspicaz.

"No, no... no te imagines cosas raras... que yo no soy Sirius..." -advirtió. "Me cae bien, eso es todo, y el otro día fui bastante idiota con ella... nada más... es demasiado cascarrabias para mí". Harry no añadió nada más, pero sabía que la causa más importante para no albergar ninguna intención romántica con respecto a la sanadora Gray estaba inconsciente, bajo cientos de hechizos, en una camilla de la unidad de Cuidados Intensivos Mágicos. Y eso no se lo iba a decir a Remus.

Pero Remus Lupin era un licántropo muy listo y pensó que, aunque Harry no se diese cuenta, era evidente que tenía una cierta debilidad por las cascarrabias.

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Bueno, este es un capítulo corto, pero si quería escribir más, como la semana que viene voy a estar demasiado liada para encender siquiera el ordenador, iba a estar sin actualizar mucho tiempo, así que aquí tenéis: dos actualizaciones en una semanita. Los que pedíais más escenas Sirius y Hermione, lo siento por vosotros, pero de momento nuestra auror favorita está hecha un asquito, así que por ahora no va a ser posible. Pero bueno, sabemos ya lo que planea Ginny, y vemos cierto acercamiento entre Harry y la doctora Gray, que de momento se puede quedar en nada. Ya veremos si se tiran a la cabeza los platos de la cena (o más bien si la doctora Gray le tira la vajilla a Harry...).

De momento, feliz día de Reyes con retraso y este pequeño regalito de última hora. No prometo nada de la próxima actualización, pero mientras tanto podéis empezar a hacer apuestas.

Un beso enorme para todo el mundo, y las respuestas a los reviews en un review que me dejo a mí misma, como siempre.

Besos de... no puedo pensar en comer más dulces navideños... vamos a dejarlo en besos de zumo de calabaza, que es más digestivo.

Lara