Disclaimer: No soy J. K. Rowling, pero os aseguro que cuando le echo un ojo a mi cuenta corriente no me importaría nada serlo.

NOTA DE LA AUTORA:

Bueno, chicos y chicas: hace muy poco que tenemos en nuestras manos, recién salido del horno, el libro 7. No sé si a todo el mundo le ha pasado, pero yo he notado una impaciencia feroz, y he necesitado engullir fics, uno tras otro, para controlar esta ansiedad de "harrynoticias". Como os decía en el capítulo anterior, realmente no tengo tiempo para nada, pero he hecho un esfuerzo de locos para actualizar; pretendía hacerlo antes de que saliese el libro 7, más que nada porque serviría de aperitivo antes de conocer el final de la saga. No ha podido ser, pero espero que a pesar de todo disfrutéis leyendo este capítulo.

Como la historia se aleja bastante de los libros originales, tanto da que sepamos el final o no. Yo me he leído el final y el epílogo, y algún capítulo suelto por el medio, y... bueno... sigo quedándome con los cinco primeros libros. Pero para mí, lo realmente genial de los libros de HP es que han creado un universo bastante completo (y complejo), y que de ahí pueden salir millones de fics, algunos de los cuales me gustan más que la historia original. Aprovechando esto, voy a hacer un pequeño comentario con respecto a algún review: los fics utilizan a los personajes originales y a la trama original, y la transforman. No me gustan demasiado los fics que se alejan en exceso de los caracteres originales, pero si te limitas a hacerlos muy muy parecidos, lo único que haces es copiar a Rowling, sin aportar nada nuevo. Quiero decir con esto, que como autora de fics, voy a cambiar, de algún modo, la personalidad de los protagonistas, y tengo derecho a hacerlo. Puede que a alguien no le guste cómo describo a Ginny en mi fic, pero es que a mí tampoco me usta el personaje de Rowling, así que la describo como yo creo que es(y como me parece que evolucionará con los años): una borde. Es una opinión, todos tenéis derecho a tener la vuestra, pero no admito críticas en plan "Ginny no es así". Para mí sí, y así la describo. Si a vosotros os parece que es la perfección hecha mujer, pues me parece bien. A ver, que esto es un fic, no un debate parlamentario...

En fin, como recordaréis, habíamos dejado a Hermione en San Mungo, mientras los sanadores intentaban, sin demasiado éxito, despertarla. Harry ha decidido colaborar con Santorini, y a su vez (tiene tiempo para todo, el chico) ha salido a cenar a la arisca doctora Gray e incluso ha conseguido de ella un beso apasionado sin que le lanzase ninguna imperdonable. Sirius sigue desesperado por el estado de Hermione pero, ironías de la vida, ha conseguido sin proponérselo que el padre de ella lo acepte al fin. Mientras tanto, Remus y Tonks siguen inmersos en la dulce espera de su primer retoño.

Bueno, y ahora sí, os dejo con el capítulo. Espero que el esfuerzo haya merecido la pena y que os guste a todos. No es el último capítulo, pero sí el desenlace real de la historia. Me da muchísima pena llegar hasta este punto, pero es que ya no puedo más; me gustaría alargar más la historia (y creo que aún se le podría sacar más jugo), pero los personajes necesitan un respiro ya, y además realmente no tengo tiempo para nada. Así que con todos ustedes...

DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?

Capítulo 22: No hay mal que cien años dure.

"¿Cuándo volverán a intentarlo?"

"Dentro de dos semanas, aproximadamente... veamos..." -la sanadora Gray consultó sus notas.

"Dentro de dos semanas será Nochebuena" -le aclaró Sirius.

La sanadora levantó la mirada y sonrió ligeramente. Tenía una expresión de desencanto aproximadamente igual a la de Sirius.

"Si todo va bien, será un buen regalo de Navidad"

El animago asintió con seriedad.

"Si todo va bien" -repitió.

"No puedo prometerle nada"

"Ya lo sé"

Los dos se quedaron unos segundos inmersos en un silencio de frustración y desesperanza. En ese momento se oyeron unos pasos que se acercaban a ellos por los pasillos de San Mungo.

"¡Sirius!"

El animago saludó con un gesto de cabeza a Harry y a Remus. Mina Gray evitó mirarlos directamente, aunque los saludó con aséptica cortesía.

"Señor Lupin... Potter... en fin, señor Black, todavía voy a estar un rato por aquí antes de marcharme a casa. No pierda el ánimo: no hemos conseguido lo que queríamos, pero Hermione sigue viva y eso es lo importante. Ya le he dicho lo que pienso, y espero que mis expectativas se cumplan. El sanador McKnife estará hoy a cargo de su esposa y saldrá a informarle al mediodía. Nos veremos mañana..."

Sirius asintió y se despidió de ella estrechándole la mano. La sanadora miró fugazmente a los recién llegados para desaparecer rápidamente por las puertas metálicas de la unidad de Cuidados Intensivos Mágicos. Remus y Harry se miraron durante una fracción de segundo.

"¿Cómo ha ido todo?" -preguntó el licántropo.

Sirius suspiró profundamente.

"No han conseguido despertarla, o lo han conseguido pero sigue igual que estaba, así que han tenido que volver a hibernarla. Van a esperar otras dos semanas antes de revertir los hechizos de nuevo. La doctora Gray dice que aunque ha vuelto a tener hemorragias y a respirar con dificultad, ella cree que el hecho de que no haya empeorado ya es buena señal" -se pasó la mano por el pelo, con frustración-, "pero yo no soy tan optimista como ella"

"Vamos, Sirius, no creo que te lo diga sólo para animarte" -repuso Harry.

Su padrino lo miró y negó con la cabeza.

"No lo sé" -respondió. "Voy a dar una vuelta con la moto" -soltó de golpe, dejándolos allí, sorprendidos-, "necesito largarme un rato"

"Pero..." -empezó Harry viéndolo alejarse por el pasillo. Remus le puso la mano en el hombro y, cuando el joven Potter lo miró, el licántropo negó con la cabeza. Conocía lo bastante bien al animago como para saber que su increíble autocontrol estaba empezando a tambalearse.

"Es el estilo de Sirius" -le explicó. "Cuando estaba demasiado superado por los acontecimientos se largaba por ahí con la moto, y tardaba un par de días en aparecer"

Harry permaneció quieto, mirando al pasillo donde ya había desaparecido la figura del animago.

"¿Te refieres a la muerte de mis padres?"

Remus se quedó callado unos momentos.

"No... me refiero a tantas otras muertes... escucha, Harry... vamos a tomarnos un café; Tonks y los demás no tardarán mucho en llegar, y me gustaría contarte algunas cosas sobre la primera guerra..."

Harry asintió y siguió al licátropo, rumiando sus propios pensamientos, que iban desde el estado crítico de Hermione a la reacción de Sirius, pasando por cierta sanadora cabezota que lo había recibido con una frialdad que dejaba corto al dementor más aguerrido.

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Ginny Weasley no había sido nunca una niña mimada por sus padres o sus hermanos mayores; por lo tanto, su hermano Ronald no podía comprender cómo siendo la menor de siete hermanos podía tener semejante tendencia a las diferentes variantes que podían describirse entre el berrinche y la pataleta. Harry le había contado a Ron cómo había ido su cena con la sanadora Gray (incluyendo, sin entrar en demasiados detalles, el hecho de que se habían besado), y, con la mayor inocencia del mundo, cómo se habían encontrado con Ginny cuando el jefe de aurores acompañaba a casa a la sanadora; la pelirroja había ido dejando caer, desde entonces, algún comentario velado sobre la incompetencia de Gray. Ron sabía que Harry era un hacha en Defensa Contra las Artes Oscuras, pero una absoluta nulidad en cuanto a psicología femenina, y aunque el pelirrojo tampoco es que pudiese dar conferencias sobre el asunto, sí conocía bastante bien a las mujeres de su familia. Así que Ronald Billius Weasley, amigo fiel donde los haya, decidió anteponer la tranquilidad de Harry a su lealtad como hermano, y de camino a San Mungo tanteó el terreno con Ginny.

"¿Qué tal la cena con Luna el otro día?"

La pelirroja hizo un gesto de estar pensando hasta que cayó en la cuenta de lo que le preguntaba su hermano.

"Ah... bien... bueno, como siempre, ya sabes cómo es Luna..." -respondió. Si su hermano pensaba que iba a caer tan fácilmente en la trampa, es que no la conocía demasiado bien.

"Me dijo Harry que te lo encontraste..." -atacó Ron a bocajarro.

Ginny se retorció visiblemente incómoda.

"Sí, iba con la sanadora esa que está tratando a Hermione... supongo que se encontrarían por casualidad" -terció la pelirroja.

"Sí, claro... oye, Ginny... Harry es un buen tío... lo ha pasado mal con todo este rollo del viaje al pasado de Hermione, y está hecho polvo desde que la encontró en Malfoy Hall medio muerta... déjalo en paz¿quieres?" -solicitó con su tacto y delicadeza característicos.

"Pues para estar tan hecho polvo, bien que se lo pasaba por la calle, con esa Gray" -replicó Ginny entrando al trapo.

Se hizo un silencio sepulcral durante varios segundos, durante los cuales los dos hermanos se miraron fijamente a los ojos, Ginny enrojeciendo al saberse pillada y Ron respirando profundamente, viendo cómo sus sospechas se veían confirmadas.

"Ronald Billius Weasley..." -comenzó Ginny mientras la sangre se le agolpaba en las mejillas.

"Eh, para, para... no me das miedo llamándome por mi nombre completo, que no eres mamá..." -zanjó Ron con un gesto. "Ya no tenemos quince años, Ginny, tú tuviste tu oportunidad con Harry en el colegio, y la cosa no funcionó... ahora no intentes estropearle las cosas..."

Ginny se quedó parada en el sitio, visiblemente cabreada.

"Yo no intento estropearle nada a Harry, Ron" -matizó. "Precisamente mi intención era intentar ayudarlo a sobrellevar lo de Hermione, pero..." -la pelirroja se interrumpió al captar la mirada incrédula de su hermano. "¿Tanto te cuesta creer que realmente le tenga cariño a Harry y que crea que va a ser feliz conmigo?" -preguntó dolida.

La mirada de Ron se dulcificó un poco.

"Ginny, por supuesto que no creo que quieras nada malo para Harry..." -accedió el pelirrojo. "Pero te conozco... y tú conoces demasiado bien a Harry. Vas a hacer todo lo posible por que se fije en ti otra vez, y no digo que no lo consigas, pero..."

"¿Pero qué?" -preguntó Ginny algo más calmada.

"Pero creo que Harry ya ha encontrado a otra persona, y yo me alegro de que se olvide de Hermione" -concluyó Ron.

"¿Me estás diciendo que tú...?" -insinuó la pelirroja con una ceja enarcada.

"Ya vale, Ginny" -atajó Ron con gesto de desagrado. "Hermione me gustó cuando era un crío, igual que yo a ella, pero aquello no pasó de ahí. Ahora todos somos adultos, Hermione está casada con Sirius, y Harry ya debería haber aceptado esto hace tiempo. Y tú deberías aceptar que Harry ya está fuera de tu alcance... no voy a volver a repetírtelo, Ginny" -insistió Ron al ver que su hermana preparaba una réplica furiosa. "Ya eres mayorcita, tú sabrás lo que haces"

"Podría intentarlo con Harry si esa Gray no se hubiera metido en medio" -replicó Ginny.

"Esa Gray no se ha metido en medio de nada" -aclaró Ron soltando varias palabras malsonantes, exasperado ante la terquedad de su hermana. "Ginny, no os conoce de nada, no sabe casi nada del pasado de Harry, y..."

"¿Que no sabe nada? Todo el mundo sabe cosas sobre Harry, Ron... es el que derrotó a Voldemort" -exclamó ante el escalofrío de Ron-; "es imposible que ella ignore todas esas cosas, y que sea indiferente al hecho de que Harry es un héroe"

Ron se quedó mirando a su hermana unos segundos. La adoraba, volvería a bajar a la guarida del basilisco a salvarla sin pensarlo un segundo, y sabía que ella haría lo mismo por cualquiera de sus hermanos, pero no era capaz de comprender el funcionamiento de aquella cabecita. Él y Hermione siempre habían separado al Harry amigo del Harry héroe; desde el principio había sido para ellos algo natural. Sabía que Hermione hubiera sido mucho más feliz si Harry hubiese sido un mago normal, sin todo aquel peso de la profecía sobre sus hombros, sin la carga de vencer a Vol... bueno, al-que-no-debe-ser-nombrado, algún día... Tanto Hermione como él consideraban a Harry como un hermano, y todo aquel rollo de "el-niño-que-vivió" no era sino un estorbo. Él pasaba más del tema, pero Hermione siempre había intentado por todos los medios que Harry se viese a sí mismo tal y como lo veía ella, como un chico normal, y que se olvidase, en la medida de lo posible, de que estaba metido en contra de su voluntad en aquella lucha estúpida por el poder.

Pero para Ginny, Harry era, indefectiblemente, El Elegido. Aunque no era la fama lo que le atraía de él, era incapaz de separar al hombre del héroe. Ron se preguntaba qué hubiese hecho Ginny si un buen día se hubiese demostrado que todo era un error y que el auténtico protagonista de la profecía era Neville. Para Ron, Ginny se había enamorado del símbolo, no del joven mago huérfano y solitario que necesitaba a gritos una familia que lo quisiese incondicionalmente pero que le tirase de las orejas cuando se lo merecía.

Ron pensaba, en el fondo, que Hermione hubiera sido la novia ideal para Harry, porque ella sí podía darle afecto sin sentirse impresionada por su aureola heroica, pero Sirius se había enamorado de ella, Hermione le correspondía, y para Ron, cuyo grado de complejidad emocional estaba cercano a la ameba, no había nada más sagrado que la lealtad. Luego, Hermione estaba descartada.

Pero esa Gray prometía mucho.

Ron no estaba preocupado por la soledad sentimental de Harry. Si no encontraba una novia adecuada, no pasaba nada, él mismo estaba soltero y sin pareja en aquel momento. Pero Harry le había confesado, no sin cierto sentimiento de culpa ahora que Hermione estaba inconsciente en San Mungo, que Mina Gray le gustaba, y Ron creía leer entre líneas que le gustaba mucho. Aquello tenía buena pinta.

Suspiró profundamente.

Si su hermana no se metía en medio, claro está.

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"Me decías que Sirius no había reaccionado así cuando murieron mis padres" -reinició el tema Harry, dándole un sorbo a su café.

"Cuando sucedió lo de James y Lily, todo fue demasiado rápido... Sirius se marchó corriendo al valle de Godric... iba a buscarte a ti, a reclamar sus derechos de padrino y llevarte con él, aunque todos pensamos..." -el licántropo no pudo seguir, su mente invadida por recuerdos demasiado dolorosos.

"Pensasteis que iba a rematarme" -completó Harry.

Remus asintió.

"El comportamiento de Sirius, tan sorprendente como el de hoy, no ayudó mucho a creer en su inocencia cuando Pettigrew fingió su muerte. Parecía indiferente a la muerte de James y de Lily, aunque yo debía haber sabido que esa aparente indiferencia no era más que su peculiar manera de sobrellevar el dolor..." -le explicó a Harry.

"Siempre ha habido algo que me ha sorprendido mucho de toda aquella historia" -dijo Harry mirando fijamente al licántropo. "Por todo lo que me habéis contado, y por las cosas que hicisteis juntos... tengo una imagen de ti, de Sirius y de mi padre como amigos inseparables... por eso no entiendo demasiado bien que tanto Sirius como tú pensaseis que el otro podía ser un traidor..."

Remus acabó su café y asintió lentamente.

"Te refieres a Los Merodeadores... sí, éramos los mejores amigos del mundo, pero tienes que pensar que cuando tus padres fueron asesinados ya no estábamos en el colegio... mientras estábamos en Hogwarts todavía conservábamos la inocencia... cuatro amigos eternos... los cuatro diferentes, pero siempre juntos, protegiéndonos y cubriéndonos las espaldas... incluso Peter era un amigo excelente, capaz de la mayor de las mentiras para salvarnos de las broncas de McGonagall... pero cuando murieron tus padres ya éramos adultos, estábamos en la Orden y habían pasado muchas cosas..."

"¿Qué cosas?" -preguntó Harry con curiosidad.

"Estábamos en plena guerra" -le respondió Remus. "Aurores cualificados aparecían asesinados todos los días en enfrentamientos directos, pero los miembros de la Orden, que teóricamente era una organización secreta, también caían como chinches. Todo apuntaba a que había un traidor, y empezábamos a estar todos paranoicos. Los Bones fueron asesinados en su casa, por alguien a quien indudablemente le habían abierto la puerta, por ejemplo. Los cuatro merodeadores seguíamos siendo grandes amigos, pero teníamos nuevas relaciones, sobre todo en la Orden. Sirius había hecho una gran amistad con los Prewett y con Marlene McKinnon. Sin embargo, cuando los asesinaron, Sirius se limitó a quedarse callado sin decir nada y desaparecer unos cuantos días por ahí, con su moto"

"¿Así, sin más?" -preguntó Harry sorprendido ante la actitud de su padrino.

Remus asintió lentamente.

"A James no le gustaba nada esa forma de comportarse de Sirius. Estábamos todos muy nerviosos, y tu padre y Sirius estaban tan unidos que lo pagaban uno con el otro. En una reunión, James acusó a Sirius de indiferencia, y Sirius le soltó que a lo mejor tendría que pensar en seguir los pasos de su hermano Regulus, o una barbaridad parecida"

"No puedo creerlo" -murmuró Harry, que siempre había tenido la imagen de una amistad fraternal e inamovible entre su padre y su padrino.

"Por supuesto, era tan sólo una de las habituales salidas de tono de Sirius... ahora está mucho más sosegado, pero cuando era más joven era un saco de hormonas... en todos los sentidos..." -explicó Remus con una sonrisa. "Tu padre sabía perfectamente que Sirius se había vuelto medio loco de dolor con la muerte de los Prewett y McKinnon, pero estaba irritable, preocupado hasta la desesperación por ti y por tu madre, sabiendo que Voldemort estaba detrás de vosotros... y sabía perfectamente cómo darle donde más le dolía. Le replicó que no le extrañaría nada que un Black siguiese la tradición familiar..."

Harry se tapó la cara con las manos, imaginándose la escena con claridad meridiana.

"Sí, a mí también me chirrían los dientes cuando me acuerdo" -confirmó Remus con una mueca. "Yo era amigo de los dos, sabía que se querían como hermanos de sangre, y no podía creerme que estuviesen allí, soltándose todas aquellas lindezas... hasta Moody tuvo que poner orden. Sirius se largó absolutamente furioso, no apareció en varios días, y poco después fue cuando sucedió todo..."

"¿Y Peter ya era el guardián de mis padres?" -acertó a preguntar Harry.

Remus asintió.

"Sí, claro, pero yo no lo sabía. Mi instinto me decía que era imposible que Sirius traicionase a tu padre, pero tanto los hechos como su actitud lo señalaban a él. A pesar de mi expediente, yo había tenido muchos problemas para encontrar trabajo, y sólo podía encontrar tareas mal pagadas y poco cualificadas... estaba frustrado, nada salía como yo me lo había esperado, el mundo perfecto de Hogwarts se iba desmoronando poco a poco, y tampoco es que estuviese de muy buen humor. Aún encima, los miembros de la Orden estaban siendo asesinados delante de nuestras narices, sin que aparentemente consiguiésemos avanzar nada. Todo era frustrante y deprimente. Me fui alejando de James y de Sirius, inconscientemente..."

"Y Sirius pensó que tú podías ser el traidor..." -sugirió Harry.

"No sé si fue Sirius o si fue James, Sirius nunca quiso contármelo" -matizó Remus. De lo que estoy absolutamente seguro es de que tu madre nunca sospechó de mí"

Harry hesitó un momento, algo incómodo.

"¿Erais muy amigos?" -atinó a preguntar.

Remus soltó una carcajada.

"Los mejores amigos, pero nada más, no pienses cosas raras" -se apresuró a aclarar. "Sobre todo porque James me hubiera matado, pero además Lily siempre fue la chica de James para nosotros, aún cuando no le hacía ni caso... ella y yo éramos prefectos, y se desesperaba cuando yo me negaba a quitarles puntos a James y a Sirius cuando hacían alguna de las suyas..."

Harry pensó con nostalgia que su madre debía haber sido muy parecida a Hermione.

"Los años de Hogwarts fueron realmente felices, Harry, pero cuando salimos y nos enfrentamos al mundo real, las cosas cambiaron considerablemente. Éramos muy jóvenes y aquello nos quedaba un poco grande. Voldemort y sus mortífagos tenían un poder increíble y eran muy numerosos, James estaba mortalmente preocupado por su familia y Sirius tenía que pelear a muerte contra miembros de la suya... no teníamos formación como aurores... tienes que entender que las cosas no eran fáciles..."

Harry se quedó mirando a Remus durante unos segundos, pensativo. No, indudablemente las cosas no habían sido fáciles para él ni para Sirius, que además había sido acusado injustamente de asesinar a su mejor amigo y a su esposa. Encerrado en Azkaban durante doce años, incapaz de vengarse del falso amigo que los había vendido a Voldemort, e incapaz de poder disculparse con el otro amigo a quien había considerado el verdadero traidor... la vida había sido un asco para Sirius Black, que ahora que parecía haber encontrado la felicidad la veía peligrar ostensiblemente. De repente, se sintió terriblemente culpable por haberse inmiscuido en su relación con Hermione.

"He sido un imbécil" -constató de repente.

Remus sonrió ligeramente, como si supiese a qué se refería.

"Todos hemos sido unos imbéciles, alguna vez" -matizó. "Incluyendo a Sirius. Lo importante es darse cuenta y rectificar"

Harry asintió con la cabeza.

"Sólo espero que no sea demasiado tarde"

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Tonks y los hermanos Weasley llegaron un buen rato más tarde, a tiempo para escuchar de labios del sanador McKnife que no había habido cambios en la paciente. Sirius seguía sin aparecer, y el grupo abandonó San Mungo cuando el débil sol de diciembre brillaba bien alto en el cielo.

Ginny y Tonks iban hablando animadamente, la segunda engullendo las ancas de una rana de chocolate. Remus, Harry y Ron iban detrás de ellas, el licántropo y el pelirrojo enzarzados en una conversación sobre el estado de Hermione, y Harry callado y cabizbajo, rumiando lo que le había estado contando Remus. Cuando salían por la puerta, vieron que en una de las chimeneas del vestíbulo de San Mungo, una agotada sanadora hacía cola para volver a su casa. Ginny y Tonks no se dieron cuenta, pero Ron le dio un codazo a Harry que casi le hace saltar el hígado a través de las costillas. El joven auror había intercambiado mensajes a través de Hegwitt el día anterior con la sanadora, y habían acordado que iría a buscarla a su casa aquella tarde, pero el frío recibimiento de Mina le había hecho pensar que quizás ella había cambiado de opinión. Se quedó parado durante unos segundos, acompañado por Ron, que lo miraba como si le hubieran lanzado un confundus, y por un curioso Remus, que era testigo de su vacilación con socarrona expectación.

"¡Chicos, qué hacéis ahí...! ...Ah..."

La voz de Tonks resonó en el vestíbulo, ahogándose cuando comprendió qué era lo que había dejado paralizado a Harry. El joven auror se distanció finalmente de sus amigos y se acercó a la ojerosa sanadora, que era ignorante de cuanto ocurría a su alrededor. Cuando Harry llegó hasta ella, Mina giró bruscamente la cabeza y lo vio.

"Ah... hola, señor Potter" -lo saludó con más bien poco entusiasmo, mientras se dirigía al resto del grupo con un gesto de cabeza. "Ya me iba a casa. El sanador McKnife está ahora a cargo de..."

"Sí, lo sé" -la interrumpió él en voz apenas audible. "Sólo quería saber si hay algún cambio con respecto a esta tarde" -le preguntó esbozando una ligera sonrisa cortés.

Mina se lo quedó mirando durante unos segundos. Con el rabillo del ojo veía cómo los acompañantes de Harry observaban sus movimientos con el aliento contenido, especialmente aquella pelirroja que parecía dispuesta a sacarle los ojos con la varita. Reunió todo el autocontrol que le quedaba en la reserva después de una noche como aquella, y se limitó a negar con la cabeza, intentando por todos los medios no ponerse colorada.

Harry asintió.

"Ocho y media, entonces"

Mina lo observó alejarse hacia sus amigos, que lo recibieron con una indiferencia más falsa que un galeón de cobre, y se volvió de nuevo hacia la chimenea.

El hecho de que la red flu la enviase a veinte manzanas de su casa no tenía nada que ver con aquel breve encuentro, sino con la saturación de la red a hora punta.

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Cuando, esa tarde, sonó el timbre de su puerta, la doctora Gray bajó las escaleras lo más tranquila que pudo, respiró profundamente y la abrió. Allí, de pie, estaba el salvador del mundo mágico. Iba vestido de forma informal, con un polo de manga larga de un azul profundo que contrastaba maravillosamente con su piel pálida y su cabello negro. Estaba muy serio, aunque en los ojos le bailaba una sonrisa apenas controlada.

"Así que Potter..." -se limitó a decir.

Mina se mordió el labio inferior. Verlo en San Mungo la había hecho sentir tan vulnerable...

"No pensarías que iba a lanzarme a tus brazos y besarte en cuanto te viese¿verdad?" -repuso la sanadora sin acercarse a él, en el mismo tono serio del joven auror.

"Me hubiera parecido una idea brillante" -constató Harry sin moverse ni un milímetro.

"No lo dudo. Pero no muy profesional. Sobre todo en público, en mi lugar de trabajo y con un familiar de mi paciente" -puntualizó Mina.

"Ahora no estamos en público" -constató el joven suavizando el tono.

Mira miró a su alrededor con gesto pensativo.

"Bueno, técnicamente estamos en plena calle... podría decirse que sí estamos en un lugar público" -matizó.

Harry sonrió ligeramente, la sonrisa iluminando completamente su expresión, y lentamente, como si quisiese dejarle todo el tiempo del mundo por si quería cambiar de opinión, dio un paso adelante, sujetó a Mina del codo con exquisita delicadeza, y entró con ella en el vestíbulo de la casa. Cerró la puerta con suavidad y se quedó mirando a la sanadora durante unos instantes, antes de colocarle la palma de la mano en la mandíbula, atraerla hacia sí con una lentitud que a ella le pareció deliciosa y cubrir sus labios con los suyos, en un beso tierno y suave, casi un mero roce.

"¿Potter...?" -repitió separándose de ella unos centímetros.

"Eh... hummmm..." -Mina no recordaba en aquel momento quién era aquel Potter del que le hablaba, mientras Harry la atraía de nuevo y reiniciaba el beso. El cosquilleo de los labios se le extendía por todo el cuerpo, y pronto la caricia dejó de ser suficiente. Le deslizó los brazos tras el cuello y se acercó más a él, con una ansiedad creciente, profundizando el beso.

"Mina..." -susurró Harry separándola y apoyando la frente en la de ella. "¿Ha cambiado algo desde la semana pasada o ha sido simplemente que te has sentido incómoda al verme en San Mungo?"

La sanadora asintió con la cabeza.

"¿Sí a lo primero o a lo segundo?" -volvió a preguntar Harry con tono divertido.

Mina suspiró profundamente.

"Vamos a dar un paseo. Necesitamos hablar un momento"

Harry aceptó de buena gana. Él también necesitaba hablar de algo importante.

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"Sabía que te encontraría por aquí"

Sirius se dio la vuelta lentamente. Estaba sentado en una roca, en lo alto de una de las escarpadas lomas que rodeaban el valle de Godric. Se giró de nuevo y se encogió de hombros.

"Harry se quedó preocupado" -le explicó Remus dejando su escoba a un lado y sentándose junto a él.

"No tiene por qué estarlo. Necesitaba estar solo" -replicó el animago con tranquilidad.

"Ya, pero le ha sorprendido" -insistió el licántropo. "Sirius, sabes que lo último que Harry hubiera pretendido..."

"Ya lo sé, no me digas nada" -lo cortó el animago. "No me he ido porque esté molesto con Harry. He venido a pensar qué voy a hacer si Hermione se muere" -soltó a bocajarro.

Remus contuvo la respiración. En las reuniones del grupo de Moody se había obviado el tema en todo momento, dando todos por sentado que Hermione se recuperaría. Pero era obvio que la muerte de Hermione era algo que podía ocurrir, y sabía que Sirius, que tenía un cierto pesimismo natural, pensaba en ello a todas horas.

"¿Y qué vas a hacer?" -acertó a preguntar.

Sirius se encogió de hombros, de nuevo.

"No lo sé. Irme, desde luego..."

"¿Adónde?"

"Tampoco lo sé. A cualquier lado, supongo... pero no voy a seguir con mi vida habitual como si nada hubiera pasado. No podría veros a todos, todos los días, y no verla a ella allí, o volver a casa cada tarde y no encontrarla... simplemente no lo soportaría, Remus. No sería capaz de vivir en aquella casa, solo, con todo recordándome a ella..."

Remus se maravillaba de lo tranquilo y sereno que parecía Sirius, de lo tranquilo y sereno que había parecido en todo momento de las dos semanas que Hermione llevaba inconsciente en San Mungo, y se dio cuenta de que nunca había estado tan devastadoramente desesperado. Ese férreo autocontrol sólo significaba que estaba al límite. Al límite del sufrimiento y de las pérdidas. Si la vida de Remus había sido una pesadilla hasta el final de la segunda guerra, la de Sirius no se quedaba demasiado atrás.

"Hermione te quiere" -le dijo, sin saber muy bien por qué.

Sirius asintió con la cabeza.

"Lo sé. Me lo dijo antes de desmayarse, después de que Harry la encontrase en los sótanos de Prince Hall" -el animago recordó algo y se quedó mirando a su amigo-; "pero tú no estabas allí..."

"No, me lo contó Ron. Pero Hermione habló conmigo antes de que la secuestrasen, después de vuestro encuentro en San Mungo" -hizo una pausa, mientras Sirius asentía lentamente con la cabeza. "Me confesó lo que sentía, y que había decidido, finalmente, seguir contigo. Todavía estaba confusa sobre cómo llevar las cosas, sobre todo con respecto a Harry, y por eso había reaccionado de forma tan fría contigo, pero era evidente lo que siente por ti"

Sirius no dijo nada. Sabía perfectamente que Hermione lo amaba, lo había sentido dolorosamente cuando se había aferrado a él y prácticamente lo había gritado delante de todos, casi inconsciente. Y eso hacía la situación todavía más dolorosa. Recuperarla, tenerla entre sus brazos, para perderla de nuevo.

"¿Entenderás que me marche?" -se limitó a preguntar.

"Por supuesto" -zanjó Remus con un gesto. "Pero ninguno de nosotros cree que Hermione vaya a..." -se interrumpió, incapaz de pronunciar toda la frase.

Sirius lo miró con gesto seco.

"Remus, tú precisamente negando la evidencia..."

"Sirius, la sanadora Gray te ha dado esperanzas... te ha dicho que no ha empeorado... no le han lanzado un avada... simplemente su estado es grave, pero estoy seguro de que..."

"Ya sé que todos estáis asumiendo que Hermione va a recuperarse, Remus, pero yo la veo todos los días, allí, como muerta... y te aseguro que yo sí que no estoy seguro de nada..."

Remus no dijo nada. Era cierto que todos estaban asumiendo inconscientemente que Hermione se iba a recuperar, y quizás Sirius tenía razón en lo de que estaban negando la realidad, pero su cabeza se negaba a aceptar que Hermione podía no sobrevivir. Sería un golpe demasiado duro para todos, pero especialmente para Sirius. Remus no creía, sinceramente, que el animago pudiese soportar una pérdida más.

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"¿Por aquí?"

Harry asintió con la cabeza.

"¿No te gustan los picnics?"

"Nunca había ido de picnic a Kensington Gardens, la verdad..." -respondió una relajada sanadora Gray.

"Para todo hay una primera vez..." -repuso Harry. Mientras se sentaba en la hierba y deshacía discretamente con la varita el hechizo de reducción que había aplicado a la cesta de picnic, se dio cuenta de que Mina tenía las mejillas ligeramente ruborizadas. "Antes de que saques ese tema del que quieres hablarme, yo también tengo que decirte algo..."

"Soy toda oídos" -replicó ella curioseando en las apetecibles viandas.

"Se trata de Hermione" -le advirtió el jefe de aurores mientras ella se ponía tensa otra vez. "Ya sé que habíamos quedado en que no hablaríamos de ella, pero me gustaría saber si le estás dando a Sirius toda la información o si la estás suavizando. Sirius cree que no eres tan optimista como pareces"

Mina lo miró fijamente.

"No suelo suavizar las malas noticias" -le explicó, seria. "Lo que le he dicho es lo que hay. Es verdad que Hermione no ha respondido a nuestro intento de revertir la hibernación, pero todavía tenemos tiempo, y tengo la..." -vaciló-; "...tengo la intuición de que las cosas van a salir bien. Pero no le he dicho esto a Sirius porque no quiero que se haga falsas expectativas"

Harry asintió sin mirarla y repartió el fiambre en ambos platos.

"O sea que crees que se va a recuperar" -insistió.

Mina le levantó el mentón con la mano e hizo que la mirase a los ojos.

"Escúchame bien, Harry... si le dices algo de esto a Black haré que escupas pus de bubotubérculo durante meses"

El joven Potter no pudo evitar una sonrisa. Amenazar con lanzar un maleficio al auror mejor preparado del mundo mágico...

"Vale, veo que no te impresiona... pues si le dices algo a Black te lanzaré un hechizo de castración cuando estés desprevenido..."

A Harry se le congeló la sonrisa. Sobre todo porque esperaba que de ahora en adelante la sanadora Gray tuviese innumerables oportunidades de pillarlo desprevenido.

"No voy a decirle nada a Sirius, por supuesto. Si me conocieses mejor me sentiría ofendido por la sugerencia, pero como realmente hace poco que nos conocemos, te diré que jamás he traicionado la confianza de nadie" -le dijo con tono sereno.

Mina se lo pensó un momento y finalmente asintió con la cabeza.

"De acuerdo, sé lo importante que es Hermione para ti, y por eso voy a decírtelo: sí creo que Hermione va a mejorar, pero no tengo ninguna evidencia... es sólo... no sé... lo lógico hubiera sido que fuésemos incapaces incluso de hibernarla otra vez... el hecho de que no se haya deteriorado más me hace pensar en que las cosas irán mejor..." -le explicó con frustración. "No puedo decirle esto al señor Black porque no estoy segura, y no quiero darle unas esperanzas que luego vayan a derrumbarse ante sus narices"

Harry comprendió lo que ella quería decir, aunque cayó en la cuenta de algo que ella había dicho.

"¿Cómo sabes que Hermione es muy importante para mí?"

La sanadora le hincó el diente a un sándwich de rosbif con pepinillos.

"Bueno, creo que estar enamorado de ella la convierte automáticamente en alguien lo suficientemente importante¿no te parece?" -repuso ella destilando absoluta indiferencia.

Harry se atragantó con su sándwich y tuvo que recurrir al zumo de calabaza para sacarse las migas de la garganta.

"¿Que yo...? Pero... ¿tú cómo... quién...?"

Mina Gray sonrió dulcemente.

"El otro día me encontré con tu amiga, la pelirroja, cuando salía del hospital... el caso es que me saludó con bastante amabilidad, me explicó que había quedado con su hermano para ver a Hermione, y dejó caer... algunas cosillas sobre vosotros..." -explicó de forma pausada.

"¿Qué cosillas?" -preguntó Harry con un tono acerado que se acercaba peligrosamente al que utilizaba en los interrogatorios.

Mina se echo a reír.

"Es una chica muy inteligente. No dijo nada de forma obvia, pero de sus palabras se podía deducir que tú llevabas años sintiendo algo especial por Hermione. No recuerdo sus palabras exactas, pero dijo algo así como que Hermione tenía que recuperarse, porque si no lo hacía, no sabía cuál de los dos iba a quedar más destrozado, si tú o su marido..."

Harry no estaba por la labor de tomarse el asunto tan a broma como Mina. Sin dejar de mirarla fijamente, se llevó el zumo de calabaza a la boca y le dio un largo trago. Volvió a colocar el vaso sobre el césped y se recostó sobre un codo, dejando a un lado un sándwich que ya no le apetecía demasiado.

"Y es de eso de lo que querías hablarme" -dedujo.

Mina sonrió de nuevo.

"Premio para el caballero"

"Y si llevo años enamorado de Hermione¿qué diablos estoy haciendo contigo?" -le preguntó. "¿Es eso lo que vas a preguntarme?" -Harry dudaba que la sanadora estuviese mintiéndole para tantearlo, pero aquella jugada maestra de Ginny lo había pillado totalmente por sorpresa. No tenía ni idea de que la pelirroja sintiese algún interés en él de nuevo. "¿Por eso me has llamado Potter en San Mungo?"

Mina negó lentamente, sin sonreir.

"No, ya te expliqué por qué te había llamado Potter. No era el momento ni el lugar de... demasiada familiaridad..." -respondió dubitativa. "Pero está claro que tu amiga ha intentado que desconfíe de ti, y eso sólo puede significar que tú le interesas... en cuanto a Hermione, es evidente que su marido está loco por ella, así que, o no eres correspondido, o Black hace mal en confiar en ti" -constató con aplomo.

Harry abrió la boca para hablar y la cerró de nuevo.

"¿Te has quedado sin palabras, Potter?" -inquirió Gray con ironía.

"¿Crees que estoy jugando contigo?" -le soltó Harry a bocajarro.

"No lo sé. Creo que eres sincero"

"¿Para qué me cuentas esto?"

"¿Cómo no podría contártelo? Para que me digas si es verdad que sigues enamorado de ella. Si es así, continuar con esto sería una lamentable pérdida de tiempo para los dos. Y si no es así, deberías aclarar unas cuantas cosas con tu amiga Ginny" -le respondió Gray como si le estuviese hablando del tiempo.

"¿Y si te digo que sí es así?" -preguntó Harry incorporándose en un fluido movimiento y acercándose a ella, quedándose a pocos centímetros de su cara.

La súbita punzada de dolor que sintió Mina le hizo comprender que el joven auror le gustaba más de lo que hubiera deseado.

"Pues nos acabamos el picnic y quedamos tan amigos" -consiguió responder a pesar del nudo que empezaba a formarse en su garganta. Obviamente, si Harry le confirmaba lo que había dicho Ginny no iba a tener ganas de volver a comer un sándwich de rosbif en su vida, pero la sanadora era demasiado orgullosa para demostrarlo.

"No parece que fueras a quedarte demasiado devastada" -comentó Harry enarcando una ceja.

Mina sintió la súbita necesidad de empotrarle la cesta de picnic en la cabeza.

"Pero será... mira, Potter... esta es la mayor muestra de repugnante egocentrismo de la que he sido testigo en mi vida, y mira que pensé que el rematado idiota que trabaja conmigo batía todos los récords" -escupió, furiosa. "No, si aún encima de decirme que estás enamorado de esa chica, te va a parecer mal si no intento suicidarme del disgusto... es lo más... irritante..." -su cerebro no parecía encontrar palabras lo suficientemente hirientes para contestarle al joven auror, mientras se levantaba del césped dispuesta a irse.

Harry era, por su entrenamiento, más ágil y rápido que Mina, y con un fluido movimiento se puso en pie y la sujetó de la muñeca, haciendo que se sentase de nuevo.

"Lo siento. Estuve enamorado de Hermione. Ahora me gustas tú" -fue lo único que dijo, claro y conciso, mientras se arrodillaba frente a ella y la miraba a los ojos con intensidad. Mina sintió cómo el nudo de la garganta se licuaba y la muñeca le ardía por donde la tenía sujeta. Al cabo de unos instantes volvió a hablar. "Lo último que desearía es hacerte daño, de verdad. Ginny no mintió, pero Hermione escogió a Sirius y yo lo acepté, eso es todo. Y me gustaría que sí te afectase, porque a mí sí me importas. Me gustas mucho... aunque antes me dio la sensación de que te soy absolutamente indiferente. ¿Es así?"

Mina pareció pensárselo unos instantes antes de responder.

"No"

Harry asintió con la cabeza.

"Bien"

El silencio continuó entre ellos durante rato, durante el cual ninguno se movió de su posición. Mina pensaba que si él la soltaba notaría una oleada de frío calándole los huesos en lugar del abrasante cosquilleo que sentía en aquel momento. Pero Harry no la soltó. En lugar de eso, le enmarcó la cara con la otra mano y le acarició los labios con el pulgar.

"¿Qué haces...?"

"¿Tú qué crees?"

Harry recorrió la distancia que los separaba y apoyó sus labios en los de ella, acariciándolos con la misma deliberada lentitud con la que había actuado aquella tarde. A pesar de que permanecía allí, besándola con exquisita suavidad, sin profundizar el beso, tanto él como Mina sentían el mismo fuego abrasador que si un colacuerno húngaro les estuviese estornudando encima.

Permanecieron así un buen rato, hasta que, sin dejar de besarla con premeditada delicadeza, Harry soltó la muñeca de Mina y le acarició la cintura, al tiempo que la inclinaba suavemente sobre las húmedas briznas de hierba.

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Casi dos semanas más tarde, Sirius se preparaba para pasar otra noche sin dormir en San Mungo.

"¿Todo está preparado?" -le preguntó a la sanadora Gray, a las puertas de la unidad de CIM.

La doctora Gray asintió con la cabeza.

"Sí, lo haremos igual que la otra vez. Iremos revirtiendo los hechizos hasta que deje de estar en estado de hibernación. Supongo... supongo que no puedo convencerle para que se vaya a descansar a su casa..." -dijo sonriendo ligeramente.

Sirius sonrió a su vez y negó con la cabeza.

"Bien, pues póngase cómodo. Si revertimos la hibernación y logramos estabilizarla, yo misma iré saliendo para informarle de cómo va todo"

Pasaron las horas, y Sirius seguía allí, sentado, intentando mantener la serenidad. Tanto Remus como Harry se habían ofrecido para pasar la noche allí, con él, pero había rechazado su oferta con amabilidad pero con firmeza. Quería utilizar aquellas horas para pensar: necesitaba reflexionar sobre lo que iba a hacer si Hermione no sobrevivía. Se desharía de la casa que habían compartido, porque no se veía capaz de volver a poner un pie en ella sin Hermione. Tenía suficiente dinero para pasarse el resto de sus días sin trabajar, así que podía marcharse a donde fuese. Por los países del centro de Europa había bastantes grupos de magos oscuros surgiendo aquí y allá, y la verdad era que lo único que podía calmar su necesidad de venganza era acabar con ellos. Con una tranquilidad que le sorprendía hasta a él, esbozó todos sus planes a lo largo de las interminables horas que pasaron hasta el amanecer. Y, finalmente, cuando las primeras luces del alba se filtraron por los ventanales de San Mungo...

"¿Señor Black? Pase, por favor"

Las pulsaciones de Sirius se aceleraron con rapidez. ¿Por qué salía ese sanador en lugar de la doctora Gray? Lo siguió a través de las puertas de la unidad donde se encontraba Hermione. Por todos los ventanales empezaban a entrar haces de luz pálida, pero la estancia estaba sumida en la penumbra.

Se paró junto a la camilla de Hermione. La doctora Gray estaba de pie, mirando fijamente a la paciente con la mirada un tanto perdida, pensativa. Era evidente que estaba agotada, con los hombros caídos y la cabeza inclinada hacia delante. Su esposa estaba allí, inerte.

Se acercó un poco más. Hermione estaba mortalmente pálida, pero tenía un ligerísimo rubor en las mejillas. Los labios estaban entreabiertos, y Sirius podría jurar que, en su delirio, le había parecido ver cómo exhalaban aire. No, no era un delirio. El tórax de Hermione subía y bajaba casi imperceptiblemente. Casi con reverencia le acercó la mano a la mejilla.

Estaba tibia.

Hermione estaba viva.

Sintió un alivio tan grande que le produjo náuseas.

"Está sedada" -dijo de improviso la sanadora Gray, que parecía haber vuelto a la realidad en el último segundo. Se acercó a él, convocó dos sillas y lo obligó a sentarse, sentándose a su lado. Sirius se fijó en que tenía una expresión tensa en la cara. "Necesita recuperarse, pero está bien, está viva y ha respondido perfectamente a todo el proceso. No tiene hemorragias externas ni internas, y todos sus órganos parecen haberse recuperado casi por completo. Le hemos tenido que ayudar con unos cuantos hechizos, pero está estable y no parece que vaya a empeorar"

Sirius sentía como si estuviese despertándose lentamente de la peor pesadilla de su vida.

"No puedo..."

"...creerlo, ya..." -lo interrumpió la sanadora Gray. "Al principio las cosas no salieron tan bien, y pensé que me había equivocado, pero enseguida empezó a responder. Dentro de un par de horas se despertará, aunque tendrá que seguir aquí durante unos cuantos días, por precaución, ya sabe..." -Sirius asintió y la sanadora le puso una mano en el hombro. "Le dejo con ella. Supongo que querrá estar aquí cuando se despierte"

"Sí" -se limitó a responder el animago.

La sanadora Gray se levantó y se quedó mirando a Sirius, que a su vez miraba fijamente a Hermione con gesto impasible.

"Le dije que sería un bonito regalo de Navidad" -le recordó Gray antes de marcharse.

Sirius la miró.

"Es el mejor regalo de Navidad que me han hecho en mi vida" -se limitó a responder.

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Tal y como la sanadora Gray había dicho, los párpados de Hermione comenzaron a moverse unas dos horas más tarde. La bruja más brillante de su generación empezaba a salir de la inconsciencia de forma lenta. Su cerebro empezaba a conectarse y sus sentidos empezaban a funcionar. La oscuridad en la que había estado metida iba desapareciendo, y una luz blanca y fría empezaba a abrirse paso entre sus párpados. Una voz grave y profunda se deslizaba por sus oídos.

"Hermione..."

Se estaba tan bien así, al calorcito, con aquella oscuridad tranquila que la había rodeado hasta el momento... no es que le molestase aquella voz, pero le apetecía dormir un ratito más...

"Hermione, despierta... estoy aquí..."

Sirius.

Hermione abrió los ojos de golpe. A pesar de que los sanadores habían dejado la unidad de CIM en penumbra, los ojos acostumbrados a la oscuridad parpadearon violentamente con la luz pálida de la mañana invernal. Los mantuvo cerrados unos segundos y los abrió de nuevo. Inclinado sobre ella estaba Sirius, mirándola como si fuese una reliquia. Tan atractivo y tan abrumadoramente masculino que tuvo ganas de gritar.

"Buena siesta¿eh?"

"Sirius..." -murmuró.

Hermione tenía todos los músculos debilitados, pero se las apañó para levantar el brazo ligeramente y tocarle la mejilla. Recordaba algunas cosas y otras no. Cerró los ojos bruscamente al recordar a Draco Malfoy torturándola, e involuntariamente los párpados se le llenaron de lágrimas.

"Hermione... ya ha pasado todo... estás bien, estás a salvo... yo estoy aquí..."

Mientras su esposa se agitaba en sollozos, Sirius la abrazó con toda la delicadeza de la que fue capaz. Hermione sintió una sensación de seguridad abrumadora, mientras el aroma de Sirius la envolvía como aquella noche que habían pasado juntos.

"...estás a salvo... yo estoy aquí..."

Las palabras de Sirius reverberaban en su mente, confortándola, tranquilizándola. No quería recordar, no quería revivir lo que le había pasado. Las imágenes que le asaltaban el cerebro eran tan terribles que no quería pensar, quería que la durmiesen y no volver a recordar nunca más.

"No van a volver a hacerte daño, nunca más..."

Hermione se sobresaltó durante unos instantes al oír las palabras de Sirius. Sabía que eso sólo podía significar una cosa, pero no quería pensar, quería olvidarlo todo, mantener la mente en blanco... quería permanecer en los brazos de Sirius para siempre...

"Llévame a casa..."

Sirius sonrió. No había nada en el mundo que le hubiera gustado más que cumplir el deseo de Hermione, pero como había dicho la doctora Gray, esto todavía tendría que esperar unos días. Sin embargo, tener a Hermione en sus brazos, aferrándose a él con debilidad, era como un sueño hecho realidad.

"Sí. Te llevaré a casa, Hermione"

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Bueno, vamos a dejarlo aquí, porque si no el capítulo se va a alargar demasiado, y de esta forma al menos tendréis la actualización cuanto antes. Como veis, todavía quedan algunas cosillas por aclarar, pero es evidente que en cuanto me pongo delante de un teclado, se me va la pinza y empiezo a escribir y no paro. En cuanto estoy en racha, el muso pone la quinta y hala... a escribir. Por eso falta todavía un capítulo final, aunque si se me alarga en exceso voy a partirlo en dos, pero no creo. Espero poder atar todos los cabos sueltos en el próximo.

A ver, incrédulos... ¿cómo iba a poder cargarme a Hermione? Puede que fuese coherente, pero me veía incapaz de hacerle una faena así a Sirius. Con el cariño que les he cogido a los dos... No, Hermione tenía que sobrevivir. Me hubiera deprimido mucho cargármela. Que para eso esto es un fic.

Qué más... he puesto algunas escenas que tenía ganas de escribir desde hace tiempo. Algo que me rondaba la cabeza era: si los merodeadores eran unos buenísimos amigos tan chupi-guays¿cómo demonios acabaron sospechando unos de otros y traicionados finalmente por el tonto de la clase? La única explicación que me parecía coherente era la que Lupin le da a Harry al comienzo del capítulo.

Como véis, también me he ensañado con Ginny, pero bueno, aún tiene tiempo de pedir disculpas. Y a los pobres Remus y Tonks los he abandonado un poco, qué pena, porque esa pareja es una de mis favoritas. Pero a cambio os he compensado con un buen trocito de Harry-Mina.

En el próximo capítulo habrá más Harry-Mina, más Sirius-Hermione y en general más de todo. Lo que no me ha gustado de este capítulo es que me ha salido un melodramón, pero la verdad es que no podía hacer una escena cómica del reencuentro Sirius-Hermione. Hubiera quedado un poquito raro.

Hale, y nada más por ahora. Espero poder elevar el tono de humor en lo que queda. De verdad que espero que os guste a todos. No es el capítulo del que haya quedado más satisfecha, pero el muso no da para más, y tampoco es cosa de actualizar en el 2012, a tiempo para las olimpiadas.

Como siempre, las respuestas a los reviews en un review enviado a mí misma.

Y ahora sí, un beso enorme de natillas de praliné para todos.

Lara