Disclaimer: No soy J. K. Rowling… si lo fuese, a buenas horas me hubiera cargado a un personaje que podría haber dado tanto juego como Sirius Black.
DE LA SARTÉN... ¿AL FUEGO?
Capítulo 24: Bien está lo que bien acaba.
"Tenemos que hablar" –pronunció Sirius en voz baja.
El animago había pasado todo el día con Hermione, que cada vez se encontraba menos exhausta, pero había sido imposible encontrar un momento para estar a solas. Una vez se marcharon los padres de ella, Sirius le alcanzó unos almohadones para que se recostase y decidió ir al grano. La joven auror debió notar la gravedad del tono del animago, porque lo miró con atención.
"¿Vas a contarme lo que le sucedió a Lucius Malfoy y a Severus Snape?" –preguntó Hermione con suavidad.
"En efecto…" –respondió el animago con tono neutro.
"Están muertos…" –asumió ella con tono dubitativo.
"Sí. Están muertos" –confirmó Sirius sin mostrar ni un ápice de emoción en su voz. Parecía tan impasible que Hermione no pudo evitar fijar su mirada en él.
"Lo hiciste tú" –volvió a afirmar ella.
"Sí"
"¿Estaban desarmados?" –preguntó ella lentamente, desgranando lentamente las palabras entre los diente, sin romper el contacto visual. "Quiero decir… ¿fue un duelo o…?"
"¿O qué? ¿Una ejecución?" –completó Sirius ante la hesitación de ella.
Hermione asintió cuidadosamente. Tenía los labios algo apretados, y la mandíbula tensa, pero Sirius no podía saber lo que estaba pensando, si sentía repulsión o alivio al pensar en lo que había pasado. El animago se tensó ligeramente y apoyó la espalda en la butaca en la que estaba sentado. Conocía a la "otra" Hermione a la perfección, y le parecía que también conocía bastante a ésta, pero no sabía muy bien por dónde iba a salirle.
"En realidad, la idea original era una ejecución, pero les devolvimos las varitas y les dimos una oportunidad de defenderse" –replicó a la defensiva.
"¿Les devolvimos?"
Sirius maldijo su lengua. Hermione era demasiado lista para despistarse de ese plural. Ya no había marcha atrás y, de todos modos, Remus y Harry le contarían su versión en cuanto tuviesen oportunidad. No iban a dejar que se arrojase a los leones él solito.
"Harry y yo. Y Remus" –confesó. "Nos habían desarmado, pero Remus volvió y nos salvó la vida en el último momento. Les devolvimos las varitas y les dimos una última oportunidad. De cualquier modo, si no hubiesen tenido sus varitas con ellos los hubiéramos ejecutado igual" –agregó, de forma innecesariamente desafiante.
Hermione le sostuvo la mirada durante un rato. Sirius casi podía oír los engranajes de su cerebro trabajando a gran velocidad, pensando, pensando, pensando…
"¿Por qué?"
Sirius abrió más los ojos. De todas las preguntas que podían estar apareciendo en aquel momento en el cerebro de Hermione, aquella era la que menos se esperaba.
"¿Que por qué?" –soltó algunas imprecaciones de sorpresa. "La pregunta sería más bien cómo podría no haberlo hecho… Hermione, para los magos no existen prisiones que garanticen una seguridad total… cuando volviste de tu viaje al pasado, me preguntaste si tenía miedo: claro que lo tengo. Todo este tiempo he tenido un miedo atroz a que alguno de los mortífagos que metimos en Azkaban consiguiese escapar y te asesinase sin que yo pudiese hacer nada por impedirlo… pero ni en mis más retorcidas pesadillas podía imaginar que iban a hacer algo tan terrible como lo que tenían preparado…"
Sirius paró de hablar, como si le costase continuar, mientras continuaba mirando fijamente a su esposa preguntándose qué demonios estaba pensando ella.
"Devolverlos a Azkaban hubiese significado correr de nuevo el riesgo de que escapasen, y no tenía ninguna intención de hacer eso. Acabé con Malfoy y con Snape porque no estaban simplemente locos, porque estaban convencidos fríamente de todas esas ideas suyas de la pureza de sangre y las llevarían a cabo mientras les quedase vida… porque durante la primera guerra asesinaron a muchos de mis amigos… porque Snape, indirectamente, acabó con la vida de James y de Lily… pero, sobre todo, porque no hubiera podido vivir sabiendo que podían volver a escapar y hacerte daño de nuevo, y que esta vez posiblemente hubiéramos llegado tarde…"
Hermione seguía mirándolo, tan quieta y tan seria, que Sirius comenzó a exasperarse. Se levantó y comenzó a caminar junto a la cama, intentando no alterarse.
"Escucha, Hermione" –exclamó, dejando su tono controlado para adquirir otro más apasionado. "No dejaré que te alejes de mí por esto. No voy a permitir que tus escrúpulos nos distancien, no ahora que…" –se interrumpió sin saber muy bien cómo expresarlo. "La noche en que hirieron a Tonks, te acostaste conmigo… y era evidente que lo deseabas. Pensé que te había recuperado, pero al día siguiente volvías a estar fría conmigo cuando Harry estaba delante… me puse furioso, y antes de que hubiéramos podido hablar y aclarar las cosas, los Malfoy te secuestraron…"
El animago hizo una pausa, durante la que pareció sosegarse un poco.
"Creo que no es necesario que te explique lo que fueron para mí las horas que siguieron al secuestro. Estaba convencido de que aparecerías muerta. Cuando Harry te encontró en los sótanos de Prince Hall, cuando os vi llegar, tú apoyada en él para caminar, y vi que estabas viva… en mi vida experimenté un alivio semejante. Entonces soltaste a Harry y te lanzaste corriendo hacia mí, te echaste a mis brazos y me dijiste que me querías" –el animago se pasó la mano por la mandíbula, como si le costase trabajo revivir el recuerdo. "Por fin volvía a tenerte otra vez… hasta que oí la voz de Ron diciéndome que estabas inconsciente y, cuando te separé de mí, vi que estabas agonizando…"
Sirius la miró con intensidad y, aunque no continuó la frase, la joven auror comprendió perfectamente lo que él quería decirle.
"Alastor organizó el regreso a San Mungo. Tú le habías contado a Harry que los que te habían torturado eran Lucius y Snape, así que Harry y yo tuvimos muy claro lo que teníamos que hacer. Acabé con Malfoy y con Snape, y hubiera matado a Draco si tú no lo hubieras lanzado a la boca del dementor. No los asesiné por la espalda, pero lo hubiera hecho si eso hubiera significado que tú no hubieras estado en peligro nunca más…"
Sirius vio cómo Hermione desviaba los ojos, cansada. Pasaron unos larguísimos segundos, durante los cuales ninguno de los dos dijo nada, hasta que se oyó de nuevo la voz grave y firme del ex-merodeador.
"Tómate tu tiempo, pero recuerda lo que te he dicho: no voy a dejar que esto te aleje de mí"
Hermione suspiró profundamente. Toda su vida había luchado por unos ideales, por la honestidad y la ética, por lo correcto. A pesar de ir perdiendo la guerra, nunca había querido anteponer el fin a los medios. Ese "estilo Dumbledore", como lo había catalogado Ron en muchas ocasiones, los había llevado a ser el bando perdedor.
"Tienes razón"
Lo dijo en voz tan baja, que Sirius apenas la oyó.
"¿Qué?"
"Que tienes razón. Lucius y Snape, vivos, volverían a escapar de Azkaban o de donde fuese para intentar rematar lo que habían empezado. Me alegro de que estén muertos"
Decir que Sirius estaba sorprendido es una constatación muy por debajo de la realidad. Se sentó de nuevo, a su lado, y la escuchó con atención.
"Me alegro de que estén muertos, me alegro de que Draco haya recibido el beso del dementor, y me alegro de que tanto como tú como Harry y Remus hayáis salido indemnes del duelo. No me gusta pensar así, pero lo hago. Me alegro todavía más de que les hubieses permitido utilizar su varita, porque así no hay remordimiento posible. Pero… me duele terriblemente saber que me alegro de todo esto…"
Sirius vio cómo Hermione volvía a cerrar los ojos, como si estuviera demasiado cansada para seguir hablando. Entendía perfectamente el conflicto moral que estaba sufriendo en aquel momento la "prefecta más perfecta" que había alumbrado Hogwarts. Vio cómo ella lo miraba de nuevo.
"Desde que me desperté, sabía perfectamente que no hubieras dejado que Lucius y Snape salieran vivos de esta… recuerda que el día que te conocí estabas dispuesto a lanzarle un avada a un Pettigrew desarmado… como para que te quedases esperando sentado a que esos dos fuesen sometidos a un juicio más o menos justo… eres más maduro y sensato que el Sirius que yo recuerdo, pero sigues siendo Sirius…"
Hermione alargó la mano y acarició la mejilla del animago, que le cogió por los dedos y le besó los nudillos. Hermione sintió que se derretía.
"Me gustaría estar sola, si no te importa…"
Sirius pareció un poco reacio a hacer lo que le pedía, pero se levantó lentamente, se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente.
"No. Volveré mañana"
Hermione asintió y cerró los párpados. Sintió los pasos de Sirius, silenciosos y elegantes, que se acercaban a la puerta. Oyó el pomo al girar, y la voz grave y firme del ex-merodeador.
"Sé lo que va a pasarte por la cabeza en cuanto te quedes sola. Si tienes dudas, sólo tienes que recordar lo que te hicieron… y lo que pensaban hacerte…"
Hermione abrió lentamente los ojos, asintió quedamente y los volvió a cerrar de nuevo. El animago abrió la puerta y salió de la habitación, aunque pudo oír las últimas palabras de Hermione, dichas en voz apenas audible.
"Sirius… gracias…"
Definitivamente, Tonks tenía razón.
OoOoOoOoOoOoOo
Para el asombro de Portia Santorini, ni Harry ni Mina hicieron ademán de estrecharse la mano. Tan solo se miraron durante unos segundos que parecieron dilatarse en exceso.
"Oficialmente es Gray" –aclaró Mina con voz apacible.
"Oh, sí, perdona, Mina… mi sobrina fue adoptada por el segundo marido de mi hermana Isabella. Su primer esposo fue asesinado al final de la primera guerra, él y toda su familia. Bastian era el hermano pequeño de Marlene McKinnon, es posible que ese nombre no le sea completamente extraño"
Harry no contestó inmediatamente. Parecía serio, pero por dentro estaba dando saltitos de alegría como una quinceañera. Después de numerosos intentos infructuosos de hablar con Mina, la sin par Portia Santorini se la ofrecía en bandeja de plata, nada menos que como compañera de cena. La conexión de la sanadora con la original Orden del Fénix sólo añadía más morbo a la situación.
"Los McKinnon no fueron los únicos que murieron durante la primera guerra, Portia, seguro que el señor Potter…" –comenzó Mina con voz queda.
"No se equivoca, señora Santorini" –la interrumpió Harry. "Conozco bien esa historia, probablemente mejor que su sobrina. El apellido McKinnon está ligado a los héroes de la primera guerra"
Mina le lanzó una mirada asesina a Harry.
"Claro está que el señor Potter pertenece por derecho propio al bando de los héroes; su conocimiento sobre la materia supera sin duda al mío"
Harry sonrió abiertamente. "Como en realidad usted no piensa eso, no es necesario que me considere un héroe. Es más, le agradecería que me llamase Harry, y no señor Potter, si no le importa. Yo la llamaré como usted quiera"
"Puede llamarme Mina…" –no tuvo más remedio que ceder, y a regañadientes, la sanadora, mientras Santorini los miraba con la mosca detrás de la oreja. Empezaba a pensar que su maravilloso plan de sentar juntos a Potter y a su sobrina hacía más aguas que el Titanic.
"Mi sobrina es sanadora en San Mungo, señor Potter. Vivió en Bélgica con mi hermana y su padre adoptivo hasta la mayoría de edad, educada en un colegio mágico pero en un entorno muggle. Mina, supongo que habrás oído hablar lo suficiente sobre el señor Potter…"
"Por supuesto, Portia…" –respondió la sanadora con voz suave.
"Espero que lo que haya oído no le haga tener una idea preconcebida sobre mi" –terció Harry intentando mantener el tipo y la expresión seria.
"No suelo tener ideas preconcebidas. No me gusta sentirme influenciada por las palabras de otros" –contraatacó Mina con tono inocente.
"No me diga" –soltó Harry con mala intención, sabiendo que Mina le había dado bastante crédito a las intrigas de Ginny.
"Antes de que comience la cena, me gustaría presentarle a algunos amigos, señor Potter, y tendrá la oportunidad de continuar su charla con mi sobrina un poco más tarde" –los interrumpió la señora Santorini, que empezaba a pensar si no sería mejor haber sentado a Harry con Dolores Umbridge, o en su defecto, con el propio Voldemort en persona.
Harry miró fijamente a Portia.
"Señora Santorini… antes de nada… supongo que en esta casa habrá algún lugar donde los bloqueos anti-apariciones no funcionen, ¿no?" –preguntó en voz apreciablemente más baja.
La jefa de la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad vaciló unos instantes, ante una pregunta tan directa. Por supuesto, todas las residencias de los altos cargos del Ministerio de Magia, estaban protegidos contra las apariciones dentro de sus muros (sería imperdonable un fallo de seguridad tan garrafal), y en cada una de ellas había una localización acotada para realizar apariciones de emergencia pero, evidentemente, no le hacía mucha gracia revelar su situación. Le devolvió la mirada a Harry. Éste notó su hesitación y se apresuró a explicar su petición.
"Necesito disponer de un lugar donde desaparecerme rápidamente si me convocan. Eh… soy jefe de aurores, al fin y al cabo" –aclaró, sonriendo con timidez.
Portia Santorini sintió deseos de tirarse de los pelos. Por supuesto, alguien con la posición de Potter no podía estar tranquilamente cenando sin tener la certeza de que podría responder con rapidez a una convocatoria de emergencia… se llamó tonta mentalmente unas diez veces, por no haber pensado antes en ello.
"Por supuesto… Mina, ¿te importaría llevar al señor Potter al laberinto de los jardines del ala oeste para que sepa dónde está? Gracias, querida… señor Potter, mi sobrina le acompañará…"
Harry agradeció con un gesto tranquilo la amabilidad de Santorini, mientras Mina elevaba sus ojos al cielo mentalmente y se preguntaba qué había hecho ella para merecerse aquello. Hizo un gesto con la mano a Harry y se encaminó con paso rápido a los jardines. Los dos jóvenes caminaban separados, sin mirarse. Bueno, más bien era Mina la que miraba hacia delante sin que pareciese darse cuenta de la existencia del joven auror.
"¿Pensabas desaparecer del mapa para siempre?" –preguntó Harry, medio aliviado por haber encontrado a Mina y medio irritado por su tozudez. "¿No contestar a mis lechuzas y evitar por completo volver a verme, sólo por abrazar a Hermione?"
"Qué melodramáticos sois los Elegidos" –replicó Mina, mordaz.
Harry la miró de reojo. En el fondo, admiraba su aplomo.
"¿Por qué has evitado volver a verme?" –insistió. Los altos setos oscuros se erguían ante él. Buena idea, dedicar la zona del laberinto a las apariciones. Era imposible encontrar un lugar más discreto en todo Rosefield Park. "Te he enviado notas con Hedwig y no me has contestado ninguna; tu chimenea está bloqueada, y cuando hablé con Wilkes me contestó como si le hubieras prohibido que hablase sobre ti"
"Por supuesto que tiene prohibido hablar sobre mí, Potter" –explicó la sanadora con gesto de exasperación. "De hecho, tenemos prohibido dar información sobre nuestros compañeros a todos los extraños que puedan aparecer por el hospital… un auror como tú debería saber que es una norma mínima de seguridad" –contestó ella sin mirarlo.
"Yo no soy exactamente un extraño…" –repuso él con tono cauteloso.
"Para Wilkes por supuesto que sí… al menos con respecto a mí" –replicó ella. Harry no pudo objetar nada a eso.
"Bien, eso no explica por qué Hedwig entrega sus cartas y no recibe respuesta a cambio" –a ver si tenía las narices de replicarle a eso.
Mina guió a Harry por los crujientes senderos del laberinto, sin contestarle. Harry tuvo que sujetarla por el codo para que ella se parase y lo mirase a la cara.
"Oye, Harry, no intentes buscar explicaciones raras para esto, ni conspiraciones, ni alianzas de mortífagos… simplemente estuvimos tonteando un poco pero la cosa no va a pasar a mayores. Yo no estoy interesada…"
El joven auror sintió cómo su irritación iba en aumento.
"Estabas bastante interesada la última vez que nos vimos, en Kensington Gardens, y yo no le llamaría tontear a eso" –le soltó a bocajarro, para arrepentirse de sus palabras en el instante en que salieron de su boca. Probablemente esa no fuese la mejor forma de ganarse a la sanadora.
Mina elevó los ojos al cielo, exasperada. "¿Y qué? ¿Es que ahora tengo que casarme contigo? ¿Reponer tu honra perdida? Estaba interesada entonces, pero no lo estoy ahora… no estoy interesada en ti ni en tu enorme ego, Potter… métete esto en tu dura mollera…"
"Porque abracé a Hermione" –resumió Harry anegado en frustración.
"No, Potter… tienes una cierta fijación con los celos, ¿eh? Pero yo no estoy celosa… simplemente no quiero volver a verte…"
"Sólo nos hemos visto una vez desde que fuimos a Kensington Gardens hasta hoy, y fue en la habitación de Hermione"
"Estoy intentando no destrozarte la autoestima, Harry…" –explicó ella con una mueca irónica-; "te vi abrazando a una amiga, no tirándotela, así que no empieces a elucubrar que estoy locamente enamorada de ti y que intento que no destroces mi pobre corazón… simplemente he estado pensando en nosotros y, sinceramente, prefiero dar esta historia por terminada… cierto que podría habértelo dicho, pero me pareció más práctico poner tierra de por medio… confiaba que pillaras la indirecta, pero ya veo que no…"
La paciencia de Harry había llegado a su límite. Sabía que la sanadora se encontraba dolida con él, y se lo estaba haciendo pagar bien caro. Las palabras de ella le escocían en los oídos. Cuanto más esquiva se mostraba, más decidido estaba a aclarar las cosas. Sujetó a Mina por el codo y, sin demasiada ceremonia, le lanzó un hechizo con la varita y se concentró.
Sorprendida, Mina notó la conocida y desagradable sensación de ser estirada hasta el límite, hasta que consiguió enfocar la mirada y se encontró en un lugar que desconocía por completo. Aquella no era su casa, así que probablemente fuese la de Potter. Decir que estaba irritada sería como decir que un colacuerno húngaro al que le meten una varita en el ojo está simplemente molesto.
"¿Qué demonios te has creído, Potter?" –exclamó Mina soltándose bruscamente de la sujeción del auror. "Aparecerse con alguien contra su voluntad es peligroso… podría haber sufrido una despartición, idiota…"
"Es imposible" –respondió Harry con calma. "Los aurores estamos entrenados para aparecernos llevando a un detenido con nosotros, obviamente en contra de su voluntad. Existe un práctico hechizo para ello…"
Mina se lo quedó mirando, masajeándose el brazo por donde Harry la había sujetado. Bueno, bien pensado era obvio, y además no creía que Harry fuese a arriesgarse a que le sucediese algo. Pero sacarla a la fuerza de la recepción de Portia…
"Necesito hablar contigo… sólo necesito media hora. Al acabar, te aseguro que te devolveré a Rosefield Park. Media hora para explicarme, y si decides no volver a verme más, prometo respetar tu decisión" –continuó Harry con voz tranquila. Parecía sereno y sosegado, pero también firmemente decidido a hacer lo que se proponía.
Mina se quedó quieta durante unos largos segundos, para finalizar asintiendo en silencio y con gesto enfurruñado. Al fin y al cabo, Potter era suficiente terco como para repetir el intento en cualquier otra ocasión o esperarla en San Mungo hasta que consiguiese hablar con ella, y Mina también deseaba sacarse el problema de encima y continuar con su vida como si nunca hubiese conocido al famoso Harry Potter.
"De acuerdo" –respondió. "Tienes media hora, así que no la desperdicies"
Harry sonrió ligeramente. Le indicó a Mina que se sentase, y ella lo hizo con un gesto de impaciencia.
"¿Quieres beber algo?"
"No pienso arriesgarme a que me pongas alguna poción de esas que usáis los aurores para anular la voluntad de esos detenidos con los que os aparecéis contra su voluntad, gracias" –replicó la joven con agudeza.
Harry se echó a reír.
"Bueno, ya veo que no te inspiro mucha confianza" –comentó con tranquilidad, mientras abría una cerveza de mantequilla. Le dio un largo trago a la botella y se la tendió a la sanadora, que enarcó una ceja. "Acabo de beberme casi media botella, supongo que eso descarta que esté intentando envenenarte" –concluyó.
Mina lo miró con la boca abierta, pero finalmente aceptó la oferta de Harry y cogió la cerveza. Probó el líquido dorado con cautela y lo paladeó. Sólo sabía a cerveza de mantequilla. Harry la miraba con un gesto extraño.
"¿De tu agrado?"
"Excelente gusto para la cerveza de mantequilla. Ahora vete al grano, si no te importa"
"Bien" –aceptó Harry. "Como te dije en Kensington Gardens, estuve enamorado de Hermione. Estuve. Pasado. Pero es mi mejor amiga, y ha estado a punto de morirse, y llevamos juntos desde que teníamos once años" –hizo una pausa.
"Conmovedor" –pausa bien aprovechada por la sanadora.
"Es mi mejor amiga, y ella y Ron son y han sido mi única familia, junto con Sirius, todos estos años" –continuó Harry con un resoplido de impaciencia. "No voy a negarte lo que sentí por ella, pero…"
"Me parece muy tierno que consideres a Sirius tu familia y que estés enamorado de su mujer" –terció Mina con una sonrisa irónica mientras daba buena cuenta de su cerveza. Harry la miró intensamente mientras bebía.
"No lo entiendes. Hermione y yo estuvimos juntos antes de que se casase con Sirius. Yo la fastidié y ella me dejó. Sin embargo, hace más o menos un mes que Hermione perdió todos sus recuerdos de su vida con Sirius, y no recuerda nada con respecto a él desde que tenía quince años. No puedo darte más detalles de cómo perdió esos recuerdos, lo siento. Hermione se encontró de repente casada con alguien a quien no conocía, pero ahora ha vuelto a enamorarse de él y yo sólo puedo quedarme al margen" –intentó explicar Harry.
Mina lo miraba escéptica.
"Muy bonito. Sin embargo, no veo qué tiene esto que ver conmigo, Potter"
"Estoy intentando explicarte que el hecho de que abrazase a Hermione no significa nada. La quiero muchísimo, pero ya no estoy enamorado de ella. Me gustas. Mucho. Y lo que quiero es estar contigo"
"Mala suerte, Potter" –replicó Mina. "Porque yo ya…" –intentó continuar la frase, pero no pudo. Se encontraba, de repente, bloqueada, como si no tuviese control sobre sus palabras. Intentó seguir, pero su lengua no respondía. Alzó la botella de cerveza de mantequilla y la miró con detenimiento. Trasladó su mirada del cristal a los ojos verdes del auror, intentando que no la invadiese el pánico. "No te habrás atrevido a…"
"Veritaserum, lo siento" –respondió Harry asintiendo con la cabeza. "No tenía ganas de que fingieses escucharme sin que creyeses una sola palabra de lo que te dijese para luego soltarme cualquier excusa y largarte"
"Eres… eres…"
"Respóndeme y luego me insultas… ¿es cierto eso de que te soy indiferente?"
Mina no podía creerlo.
"No" –consiguió pronunciar sin sacarle los ojos al auror, en un alarde de autocontrol.
Harry la miró fijamente. Las posibilidades de que la sanadora se vengase de aquello de forma lenta y dolorosa eran abrumadoramente elevadas. Pero la joven, todavía no sabía cómo, había llegado a significar algo importante para él, y no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente.
"No puedo creer… que me hayas hecho esto, Potter… no solamente has utilizado una poción ilegal, como si fuese una delincuente, sino que… cómo has podido…" –la indignación no le dejaba ni hablar. "¿Cómo has conseguido meter la poción después de beber tú sin que yo me diese cuenta?" –consiguió preguntar atónita.
"¿Estás celosa de Hermione?" –continuó Harry impasible.
La sanadora se puso como un tomate, mitad de vergüenza y mitad de furia.
"Sí"
"¿Has impedido el contacto conmigo y no has respondido a mis lechuzas porque estás celosa de Hermione?" –volvió a preguntar Harry.
"Sí…" –respondió Mina. Intentaba con todas sus fuerzas luchar contra la poción, pero sabía que era inútil. Le entraron unas ganas terribles de llorar. Se sentía humillada, allí sentada, expuesta emocionalmente ante Harry.
"¿Crees que he estado jugando contigo?"
"Sí"
Harry cogió aire. "¿Estás enamorada de mí?"
Hubo un silencio espeso.
"Sí"
Harry asintió. Le quitó la botella de las manos y la dejó sobre una mesa. Se agachó ante la sanadora y le intentó coger las manos, pero ella le dio un manotazo y se puso de pie. La miró impasible, mientras Mina le devolvía una mirada furiosa y dolida. La sanadora notaba una dolorosa opresión en medio del pecho, mientras todo su autocontrol se venía abajo. Podía mandar a Potter a paseo, pero ahora era demasiado tarde, porque de cualquier modo ya sabía lo que sentía por él. Harry sintió una oleada de remordimientos al ver un sospechoso brillo en sus ojos, que ella estaba controlando con bastantes buenos resultados.
"No he metido la poción sin que te dieses cuenta. El veritaserum estaba dentro de la botella, así que yo también he bebido. Puedes preguntarme lo que quieras. No puedo mentirte"
"Cuéntame otra, Potter"
"Te estoy diciendo la verdad"
"¿Crees que soy imbécil?"
"No"
"¿Por qué no te vas con tu amiga Ginny y me dejas en paz?"
"Porque no estoy enamorado de Ginny"
"¿Y de Hermione? ¿Tampoco estás enamorado de Hermione?"
"No, ya no lo estoy"
"Pero cuando lo estabas… ¿hubieras intentado separarla de su marido y, te recuerdo, tu padrino?"
"Sí. No tengo disculpa, pero sí. No pensaba en los sentimientos de Sirius"
Mina dejó de mirarlo durante un instante como a un enemigo. Aquello era una locura, pero, sin embargo, a Potter le pegaba bastante hacer una tontería semejante. Decidió hacer alguna pregunta trampa.
"¿Qué parte de mi cuerpo te parece más atractiva?"
Harry deseó que se lo tragase la tierra, mientras su boca respondía por él, la muy traidora.
"El culo. Tienes un culo formidable"
Bueno, si eso no era efecto del veritaserum, que bajase Merlín y lo viera, pensó la sanadora sintiendo el calor en el rostro. Las respuestas del veritaserum nunca se habían caracterizado por ser políticamente correctas. Decidió darle un respiro a Harry (y a sí misma) y sacarle algo más de información.
"¿Cómo perdió Hermione sus recuerdos?"
Harry retuvo el aire unos segundos y exhaló lentamente.
"Viajó al pasado con una especie de giratiempo, a 1994, e impidió la muerte de Sirius. En su presente, habíamos perdido la guerra y yo también estaba muerto. Pero con ese viaje cambió todo lo sucedido de 1994 hasta ahora, así que lo que ella vivió en realidad nunca ha sucedido" –si Ojoloco se enteraba de que le había contado todo aquello a Mina, no hacía falta que la sanadora lo matase: el viejo auror lo haría personalmente, y recreándose en ello.
"Eso es ridículo"
"Tú has preguntado. Es la verdad" –confirmó Harry encogiéndose de hombros.
Mina intentaba por todos los medios entender lo que Harry le había explicado.
"En su… tiempo… tú y ella…"
"Sí. Pero yo había muerto. Exactamente hace dos años"
Aquello no tenía ningún sentido, pero si Potter se estaba inventando toda la historia, realmente debía dedicarse a la literatura, y no a perder tiempo como auror.
"¿Qué sientes por mí?" –preguntó Mina a bocajarro, distando mucho de estar tan tranquila como aparentaba.
"Me he enamorado de ti. Todavía no entiendo cómo, con lo bestia que eres, pero lo cierto es que me he enamorado de ti como cuando tenía quince años"
Mina se puso bastante colorada, muy a su pesar. Cierto que Harry podía estar mintiendo, pero… ¿para qué? Lo miró a los ojos, mientras él se acercaba a ella, dispuesto a acabar con sus dudas de forma drástica. La aprisionó entre la pared y su cuerpo, y la besó. Mina no lo rechazó, así que Harry prolongó el beso, manteniendo el contacto tan sólo con los labios, las manos apoyadas en la pared. No la tocaba, no la abrazaba, no la sujetaba; sólo le acariciaba la boca con la suya, y sin embargo volvía a sentir aquella abrasadora sensación física de intimidad.
Mina se imaginó a sí misma enarbolando una imaginaria bandera blanca y claudicó. No le quedaba más remedio que firmar el fin de las hostilidades.
"Quédate conmigo" –murmuró Harry junto a su oído.
Mina podía dar la media hora por finalizada, volver a Rosefield Park y pretender que aquello nunca había pasado. Harry tendría que aceptarlo. Incluso podía sentarse a su lado durante la envarada cena oficial de Portia, comentando trivialidades e intercambiando frases hechas con los otros compañeros de mesa. Podía huir, justificándose ante sí misma por la poco ortodoxa maniobra de Potter, haciéndole confesar sus sentimientos a golpe de veritaserum. Podía darle largas y mentir, una vez que se le pasase el efecto de la poción. Podía escudarse en su cinismo.
Pero no podía mentirse a sí misma, con o sin veritaserum.
Así que se quedó.
OoOoOoOoOoOoOo
Hermione se sorprendió ligeramente cuando se despertó sola, a la mañana siguiente de su conversación con Sirius, en su fría habitación de San Mungo. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, en lugar del animago, fue una agitada Tonks quien entró, una hora más tarde. Parecía haberse tomado un litro de poción excitante, hablando agitadamente e incapaz de fijar su atención.
"¿Dónde está Sirius?" –acertó a preguntar.
"Sirius y Remus están detenidos en algún lugar del Ministerio, no tengo ni idea de dónde. Umbridge ha firmado una orden de detención esta mañana" –explicó Tonks con la mandíbula rígida.
"¿Detenidos?" –acertó a preguntar Hermione. "¿Por matar a Malfoy y a Snape?"
"¿Lo sabías?" –inquirió una sorprendida Tonks.
"Sirius me lo contó, ayer…" –reconoció Hermione. "Pero suponía que si no los habían inculpado todavía era porque no habría pruebas"
"Teóricamente son intocables" –explicó Tonks. "Efectivamente, no hay pruebas contra ellos, el interrogatorio oficial tuvo lugar horas después de los hechos, y no se pudo encontrar nada. Además, está Portia Santorini…"
"¿Quién es Portia Santorini?" –interrumpió Hermione.
"La jefa de la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad" –recitó Tonks con expresión de cansancio. "Es la superior de Umbridge, que a su vez está al mando de la OVA, la Oficina de Vigilancia de Aurores. Umbridge está convencida de que los aurores utilizamos métodos poco ortodoxos (mira tú quién va a hablar) y que el cuerpo de aurores ha de desaparecer. Santorini le ha parado los pies y le ha ofrecido un trato a Harry: inmunidad completa para él, para Sirius y para Remus, a cambio de que el propio Harry trabaje con ella asegurándose de que los aurores no se salgan de madre"
"Los aurores no utilizan métodos inadecuados…" –comenzó a protestar Hermione, airada.
"A veces sí, Hermione, a veces sí…" –rebatió Tonks con las orejas gachas, emitiendo un suspiro. "No nuestra unidad, pero la OVA ha podido crearse porque ha habido casos un tanto… eh… digamos que no demasiado claros, con anterioridad. En fin, eso no viene al caso…" –se interrumpió a sí misma. "Si se demuestra que la muerte de Malfoy y Snape no fue un accidente, Harry, Sirius y Remus pueden tener problemas, e incluso enfrentarse a una pena en Azkaban…" –Tonks no pudo evitar que le temblase la voz ligeramente. "De momento no he conseguido hablar con Harry… pero Sirius y Remus ya están en el Ministerio. Y ese sapo de Umbridge, seguro que tiene pensado administrarles veritaserum o algo así…"
Hermione se quedó paralizada, sin saber qué decir. Parecía que la mala suerte le perseguía con Sirius. Se tapó la cara con las manos y se recostó en la cama.
"Qué desastre…" –murmuró.
"¿Qué te pasa?" –le preguntó Tonks separándole las manos de la cara. "No me digas que has reaccionado mal cuando Sirius te contó lo de Malfoy y el psicópata de los calderos…"
Hermione miró fijamente a la metamorfomaga pero no dijo nada. Ahora era ella la que tenía la cara desencajada.
"Ahora vas a contarme que tuviste un ataque agudo de síndrome de Percy y que le echaste en cara que matase a esos dos mortífagos, y yo comprenderé finalmente que el viaje en el tiempo ha hecho desaparecer tu brillante cerebro" –gruñó Tonks.
"No lo entiendes…"
"Sí lo entiendo, maldita sea, no serías tú si no pensases así, pero es Sirius, caramba… ¿qué esperabas que hiciese, que los invitase a tomar el té?" –bramó Tonks, visiblemente irritada. "Antes de desmayarte en Prince Hall, después de que Harry te encontrase, te lanzaste a los brazos de Sirius y le gritaste que le querías. No me mires así, yo no estuve allí, pero me lo contaron Ron y Ginny… y por lo que parece, no parecía ser una frase hecha. A mí no me engañas, Hermione, aunque aún no lo sepas, estás tan enamorada de Sirius como lo estaba la "otra" Hermione, se te ve en los ojos… no pretendas negarlo, porque conmigo…"
"¡Claro que lo estoy!" –exclamó Hermione levantando la voz ligeramente. "El problema no es Sirius… soy yo…"
Tonks se la quedó mirando, en silencio, sin comprender exactamente a qué se refería Hermione. Era evidente que la pobre estaba hecha un lío.
"¿Estás enamorada de Sirius?"
"¿Cómo podría no estarlo?" –respondió Hermione con una mueca, recordando las palabras que la propia Tonks se había dirigido hacía poco más de un mes.
La metamorfomaga la examinó ladeando la cabeza.
"Cuando volviste de tu viaje al pasado, no hace mucho, me decías que no podías comprender cómo te habías enamorado de Sirius"
"La verdad es que el Sirius que yo recordaba era un adulto que me doblaba la edad, que se tomaba muy en serio lo de proteger a Harry, que parecía su principal objetivo… yo no… no creo que reparase en mí…"
"Ya veo…" –dijo Tonks. "Sirius tenía treinta y cuatro años, un hombre desde todos los puntos de vista para una adolescente de quince… salvaje e irreverente, pero un adulto inalcanzable, al fin y al cabo, por eso no acababas de entenderlo… lo que no entendías era cómo él se había acercado a ti…"
Hermione asintió.
"Sigue teniendo el mismo morbo de entonces… pero ahora se ha mostrado tan… caballeroso… en todo momento… tan atractivo e interesado en mí… siempre me había parecido fuera de mi alcance…"
"Hermione, Sirius está loco por ti. Si le permites acercarse mínimamente a ti, te lo demostrará"
La joven del cabello alborotado asintió lentamente, roja como un tomate.
"Ya…"
La metamorfomaga enarcó una ceja. Aquel sonrojo parecía significar algo bastante obvio. Acercó su cara a la de Hermione, que se echó hacia atrás con timidez.
"Por lo que parece, ya te lo ha demostrado, no sólo cargándose a Lucius y a Snape…"
"¡Tonks!"
"Vamos, Hermione… si Sirius te quiere, y tú por fin has aceptado lo que hay entre vosotros… ¿dónde está el problema?"
Hermione negó con la cabeza.
"Matar mortífagos no debería ser la solución. No son los ideales por los que yo había luchado"
Tonks la miró como si estuviese loca.
"¿Los ideales? ¿Me estás diciendo que…?"
"No, espera" –la interrumpió Hermione. "Creo que Sirius actuó como debía, a pesar de todo. Lucius Malfoy y Severus Snape tuvieron muchas oportunidades de abandonar su absurda lucha, y siguieron con su estúpida idea de la limpieza de sangre. Sigo creyendo en los viejos ideales de Dumbledore, pero en algunas ocasiones la fe en la inherente bondad humana no tiene sentido…"
"Y eso es lo que te preocupa…" –comprendió Tonks al fin. "No estás molesta con Sirius por lo que hizo… estás molesta contigo misma porque lo aceptas"
"Algo así" –asintió la convaleciente.
"Hermione, estás loca"
"Es posible" –contestó con una sonrisa.
Tonks se quedó mirando seriamente para Hermione.
"Has sobrevivido a cientos de cruciatus, a los Malfoy y a un dementor hambriento… ahora sólo necesitas irte a casa con Sirius y recuperar el tiempo perdido. Hablaré con los sanadores para que te dejen ir en cuanto no sea peligroso para ti. Ahora me vuelvo al Ministerio, a ver si ya ha llegado Harry. Hoy es domingo y aún encima medio Ministerio está de vacaciones de Navidad, así que va a ser difícil que esto se solucione antes de Año Nuevo" –explicó con un suspiro. "Ojoloco ya está movilizando a todos sus contactos"
"Harry es el Elegido, el que venció a Voldemort" –constató Hermione con un gesto vago. "No pueden procesarlo"
"Parece mentira que no conozcas a Umbridge" –gruñó Tonks con mal disimulado rencor. "Esa arpía hace tiempo que tendría que estar haciendo ganchillo en su casa, rodeada de gatos. No conozco a nadie tan retorcido y con tantos prejuicios como ella"
Hermione puso una mano sobre el hombro de Tonks, en un intento de consuelo. El prejuicio más profundamente enraizado en Umbridge, y el más conocido, era su odio cerval por los licántropos. Tonks se levantó y le dio un efusivo abrazo.
"Me voy, pero te sacaremos de aquí y te llevaremos a casa en cuanto podamos, ¿de acuerdo?"
Hermione asintió suavemente, sintiéndose súbitamente deprimida por la ausencia de Sirius. Mientras veía cómo Tonks se marchaba, se recostó de nuevo y cerró los ojos. Quizás si descansaba todo lo que podía, los sanadores la dejarían ir a casa, y podría esperar allí por Sirius. La metamorfomaga se volvió mientras salía y le guiñó un ojo.
"Tú descansa, que cuando Sirius regrese, no te va a dejar dormir demasiado"
OoOoOoOoOoOoOo
Cuando Mina se despertó, por la mañana, los primeros rayos de sol invernal empezaban a calentar los cristales de la ventana. El silbido de la tetera, suave y continuo, llegaba desde la cocina, y un delicioso olorcillo a tostadas recién hechas se colaba hasta su nariz. Le costó un rato situarse, pero en cuanto lo hizo, saltó de la cama como impulsada por un resorte.
Su vestido estaba tirado junto a la cama, hecho un ovillo arrugado, así que lo ignoró y se puso la camisa de Harry, que olía deliciosamente a su colonia. Durante unos segundos dudó, avergonzada de caer en semejante cliché, pero como, al fin y al cabo, nadie iba a saberlo, decidió dar rienda suelta a su romanticismo más rancio. Descalza, se dirigió a la cocina, donde un recién duchado Harry, vestido con unos tejanos y una camiseta y con el pelo mojado, preparaba lo que parecía un desayuno para veinte personas. En cuanto la vio, puso una sonrisa tan radiante que Mina no pudo evitar derretirse un poco.
"Buenos días, dormilona" –exclamó el salvador del mundo mágico, mientras la abrazaba por la cintura y la besaba hasta dejarla con el cerebro en blanco.
"Buenos días" –consiguió pronunciar ella con voz lánguida. "¿Cómo no me has despertado?"
Harry la miró con cara de guasa.
"Intenté despertarte, pero después de varios intentos las últimas alternativas que me quedaban eran maldiciones imperdonables y algún otro hechizo ilegal"
Mina enrojeció ligeramente. Su trabajo en San Mungo la mantenía en un estadio de perpetua carencia de sueño, así que cuando podía y se relajaba, podía dormir varios días seguidos. Entonces recordó algo.
"Ayer no parecías muy reacio a utilizar medidas ilegales" –le espetó frunciendo el ceño.
Harry se echó a reír.
"Pues menos mal, porque si no llego a hacerlo, todavía estarías sin hablarme"
Mina se sintió algo abochornada. Si bien era cierto que Harry había utilizado métodos bastante poco ortodoxos para convencerla, ella no podía negar que había actuado de forma un tanto irracional en todo aquello. Había dado crédito a las maquinaciones de Ginny y no le había concedido a Harry el beneficio de la duda. Por eso había decidido pasar por alto lo del veritaserum.
"Te lo merecías" –refunfuñó.
Harry la tomó por el mentón, le levantó la cara hacia él y la besó de nuevo, obviamente contradiciéndola.
"Si fuese por ti, ayer hubiéramos disfrutado de una aburrida cena en la mansión Santorini"
Oh, oh. Con todo aquello, Mina se había olvidado por completo de la cena en casa de Portia.
"¡Mi tía!" –exclamó Mina separándose de Harry. "¡Santo Cielo, debe de estar aterrorizada, buscándome por todo el Londres mágico y el muggle…tengo que…!"
Pero Harry la agarró por la muñeca, la acercó a él y volvió a disfrutar de la excitante sensación de que le estaba permitido besarla cuantas veces quisiese. La separó ligeramente y le dio un suave toque en la nariz.
"Le mandé una lechuza a tu tía, en cuanto te quedaste dormida, diciéndole que no movilizase al cuerpo de aurores, y que estabas conmigo, sana y salva"
A la sanadora se le cayó la mandíbula al suelo.
"¡¿Le dijiste a Portia que estaba contigo?!" –exclamó Mina, al borde de la histeria.
Harry se puso serio de repente, la sujetó por los hombros y la mantuvo frente a él, separada por el largo del brazo.
"Mina, estábamos invitados a la recepción, si hubiésemos desaparecido sin más Portia hubiera dado inmediatamente la voz de alarma… no estamos en guerra pero desaparecimos de una residencia oficial, tú eres la sobrina de un alto cargo del Ministerio y yo soy jefe de aurores… no podemos desaparecer así como así…"
La sanadora se quedó callada, mientras pensaba lo más rápido que podía en las consecuencias de aquella lechuza. Sin embargo, las siguientes palabras de Harry la sorprendieron enormemente.
"Y ahora escúchame… espero que lo de esta noche no haya sido uno de esos… ¿cómo los llamaste?... ah, sí… un tonteo tuyo…"
El tono de Harry parecía indiferente, pero Mina pudo percibir, bruscamente alterada, que no era así. Harry le estaba planteando abiertamente si lo suyo iba en serio o no, y ella todavía estaba asimilando que él estaba realmente interesado en ella y no en Hermione.
"Entiendo que a lo mejor no pretendías que esto trascendiese demasiado, pero me gustaría saber si tienes algún motivo para mantenerlo en secreto" –continuó Harry, que seguía con aquella expresión de absoluta seriedad.
"¿En secreto?" –acertó a preguntar ella, confusa.
"Sí, ya sabes…" –él hizo un gesto vago. "Al fin y al cabo, salir conmigo puede no ser demasiado seguro en ocasiones. Tengo muchos enemigos, mi trabajo no es lo que se dice tranquilo…"
"¿Salir contigo?" –volvió a preguntar ella, todavía más flipada.
Harry parecía empezar a desesperarse. La hizo sentarse en una silla y se inclinó sobre ella.
"Sí, salir contigo. Oye, esto está empezando todavía, y no voy a publicarlo en El Profeta. Tampoco quiero que te cases conmigo para reparar mi honra perdida. Pero lo de los tonteos no es lo mío"
"Ah…" –murmuró Mina. Harry, recién duchado, con una mirada intensa destilando impaciencia y resolución, era una visión demasiado excitante como para concentrarse en lo que le decía.
"Vas a conseguir lo que Voldemort no pudo, Mina" –resopló Harry al ver que ella seguía sin centrarse.
Lentamente, Mina fue asimilando lo que Harry le estaba planteando. Lo miró atentamente, reflejada en aquel verde intenso. En su cerebro centellearon involuntariamente algunas imágenes de lo sucedido la noche anterior, con aquellos maravillosos ojos verdes mirándola con intensidad durante la intimidad compartida, y enrojeció de nuevo.
"No sé cuándo me das más miedo: cuando hablas o cuando te quedas callada" –suspiró Harry, expectante.
"A mí tampoco me van los tonteos" –intervino ella.
Harry sonrió. La sonrisa dulcificaba los rasgos de Mina y su expresión, habitualmente beligerante. Harry podía mantener el tipo con una Mina en fase guerrera, pero cuando cambiaba la agresividad por la dulzura, estaba perdido. Acercó sus labios a los de ella, pero Mina lo paró a escasos milímetros.
"Podríamos obviar El Profeta, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo"
"En cambio, no me importaría que esa Ginny se enterase"
Harry sonrió maliciosamente. "No hay problema con eso" –aceptó. Él también pensaba que era una buena idea que Ginny supiese lo que había entre ellos. Aunque aquello podía esperar.
En aquel momento tenía otros planes.
OoOoOoOoOoOoOo
El agónico sol invernal brillaba bien alto en el cielo cuando Harry y Mina consiguieron salir de la casa. Habían conseguido finalmente desayunar después de varios intentos frustrados, pero ninguno de ellos se había mostrado especialmente molesto por ello.
Mina caminaba al lado de Harry, que parecía tan contento como Voldemort con un par de horcruxes nuevos. La sanadora, aunque era tan incapaz de borrarse la sonrisa idiota de la cara que empezaba a tener agujetas en los labios, no sabía muy bien si coger a Harry de la mano, caminar junto a él de forma aséptica, o engancharse de su codo. Harry, sin percatarse para nada de las dudas existenciales de Mina sobre protocolos deambulatorios en una relación incipiente, la miró, le pasó el brazo por los hombros, y colocó el brazo de ella en su cintura.
"Cómo se nota que eres un hombre" –suspiró la sanadora.
"¿Eh?" –se sorprendió Harry.
"Nada" –dijo ella, relajándose.
Harry se acercó lentamente a ella y le rozó la oreja con los labios. Mina pensó que iba a besarla y se acercó más a él, pero no se esperaba lo que vino a continuación.
"Nos están siguiendo, no mires…" –murmuró. "Cuando yo te diga, aparécete al otro extremo de la calle, donde está aquel quiosco de El Profeta. ¿Lo has entendido?"
"S… sí…" –acertó a responder ella, mirando hacia el lugar en cuestión. Desde que habían salido de casa de Harry apenas se habían cruzado con unas cuantas personas, y en aquel momento, en pleno mediodía de domingo, la calle estaba completamente desierta. No se oían ruidos, no había señales sospechosas, parecía que la gente estaba simplemente almorzando en sus casas.
"No te asustes, pero no hagas tonterías. Sobre todo, no te quedes a mi lado. Desde allí me podrás ayudar si lo necesito y estarás resguardada por si acaso. Y no grites ni hagas nada que podría delatarte"
"De acuerdo" –aceptó ella.
Antes de que pudiese enterarse de lo que pasaba, Harry le susurró la señal al oído y Mina hizo lo pactado. Desde su nueva situación, la sanadora vio cómo, efectivamente, las estrechas callejuelas que los rodeaban escupían a un grupo de hombres que parecía haber salido de la nada. Harry estaba de espaldas a ellos, de frente a Mina, que sintió el impulso irrefrenable de gritar avisándole, aunque se contuvo a tiempo, recordando lo que le había dicho el auror. Antes de que el más cercano de los hombres se acercase a él menos de veinte metros, Harry movió imperceptiblemente su varita y, con un hechizo no verbal y sin aparentemente mirarlo, lo aturdió.
A continuación todo sucedió muy deprisa. Para pasmo de la sanadora, que sólo consiguió ver alguno de los haces de luz que salían de las varitas, Harry se había sobrado él solito para desarmar a los seis hombres restantes y atar con cuerdas a los siete. Obviamente, nunca había visto a Harry en acción, y fue entonces cuando comprendió que vencer a Voldemort no había sido simplemente cuestión de chiripa.
Corrió hacia el auror, jadeante. Harry estaba inclinado sobre uno de lo hombres, y parecía estar haciéndole unas cuantas preguntas.
"¿Qué ha pasado?" –consiguió preguntar.
"Son gente de la OVA" –le explicó él incorporándose y liberando a sus presuntos agresores. Mina lo vio hacer un sutil gesto con la varita y, sin pronunciar una palabra, los siete hombres estaban libres de ligaduras. Los seis que estaban conscientes se levantaron del suelo rápidamente, abochornados, y reanimaron al séptimo.
"¿La OVA?"
"Trabajan bajo el mandato de tu tía. Tienen una orden de detención contra mí" –explicó Harry.
"¡¿Qué?!"
"No te preocupes, seguro que ella no tiene ni idea de esto. Me voy con ellos al Ministerio: al fin y al cabo, tienen una orden oficial. Lo siento, pero no podré acompañarte a casa" –se disculpó Harry.
"Pero qué estás diciendo… cómo van a detenerte a ti… si eres un héroe…" –balbuceó Mina impresionada.
Harry esbozó una sonrisa maliciosa.
"Vaya, yo creo que merece la pena que me detengan aunque sólo sea para oírte decir esto" –bromeó el auror, divertido. "Me temo que a Dolores Umbridge nunca le ha impresionado demasiado mi condición de héroe… incluso yo diría que actúa como un aliciente para ella… y ella es la que está al mando de la OVA, por debajo de Santorini. No te preocupes, no pueden presentar cargos sólidos, así que mañana estaré de vuelta en casa. Te mandaré a Hedwig con noticias" –Harry siguió a los subalternos de Umbridge, quienes lo miraban con tal mezcla de miedo y respeto que parecía que lo escoltaban, más que detenerlo. Se despidió de Mina con un gesto de la mano, aunque la sanadora vio en su rostro una sonrisa tierna que la desarmó.
Si Harry se pensaba que iba a estar esperando en casa sus noticias, iba listo.
Así que puso rumbo a Rosefield Park.
OoOoOoOoOoOoOo
Los pasillos del Ministerio nunca habían echado tantas chispas en una ocasión tan señalada como el día de Fin de Año.
Para empezar, la sede del cuerpo de aurores era una especie de hormiguero en ebullición. Desde que el día 26 la odiada Dolores Umbridge se había liado la manta a la cabeza y había decidido presentar cargos contra el mayor héroe vivo del mundo mágico, Harry James Potter, y los dos míticos miembros de la Orden del Fénix, Remus Lupin y Sirius Black, aquellas oficinas tenían más tráfico que Trafalgar Square a hora punta. Sus compañeros, bajo el mando de Alastor Moody, no habían parado ni un momento de quemar todos sus cartuchos para conseguir que los cargos contra los tres fuesen desestimados.
Por otro lado, todo ese tráfico humano tenía como objetivo la sede de la OVA, que recibía más visitas por minuto que el British Museum y la Torre de Londres, juntos. Al menos la mitad de esas visitas procedían del otro lugar mencionado, la sede del cuerpo de aurores, con lo que se cerraba parcialmente el círculo.
Y para cerrarlo del todo, estaba el trasiego humano entre la sede de cuerpo de aurores, las oficinas de la OVA, y la Secretaría del Estado Mágico para la Seguridad. Probablemente, si la marea humana continuaba así, un mes más tarde el níveo mármol blanco de los suelos del Ministerio de Magia quedaría horadado para siempre a lo largo del circuito que unía los tres sitios.
Y probablemente el despacho que resumía la actividad más febril fuese el de la poderosa, fría, implacable… y frustrada Portia Santorini.
Umbridge se le había adelantado. Con todos los indicios que había recogido su gente de lo ocurrido en Prince Hall, no podría ganar un juicio en condiciones, pero podía apretarle las tuercas a Santorini. Y, por supuesto, podía ensuciar el buen nombre de los aurores y de los encausados, que todavía no habían salido en El Profeta gracias a que Santorini había vetado la noticia en los medios.
Santorini sabía que Umbridge le estaba desafiando a un pulso de poder. Portia la había desautorizado delante de Shalom Benzazi, el jefe de todas las secciones de aurores del Reino Unido Mágico, y ella sabía que Umbridge no era de las que olvidaban fácilmente. Además, era una sangre pura con especiales lazos entre ella e importantes miembros de la alta sociedad mágica, los Malfoy entre ellos. No, Umbridge no era una abierta simpatizante de Voldemort, quizás porque era demasiado lista para demostrarlo, pero estaba claramente en el bando contrario a los aurores. Y cada vez que Santorini intentaba parar los interrogatorios a Potter, Black y Lupin, se encontraba con el impenetrable muro de la burocracia, rápidamente erigido por la gente de Umbridge.
Mina había acudido a casa de su tía inmediatamente tras la detención de Harry. Bastante abochornada, le había explicado la relación que la unía al auror, y cómo habían resuelto su pequeño malentendido. Al principio, Portia había estado encantada (y bastante satisfecha consigo misma, por qué no decirlo), pero en cuanto Mina le había contado las circunstancias de su separación de Harry, a Santorini le habían empezado a arder las orejas. Se había puesto inmediatamente manos a la obra, con la intención de liberar a los tres detenidos en un plazo máximo de veinticuatro horas.
Y ya habían pasado casi cinco días.
Santorini estaba buscando apoyos. Umbridge no se dejaba presionar, la estaba acusando veladamente de interferir en las investigaciones del Ministerio, y Portia no podía revelar que Harry había aceptado trabajar secretamente para ella, porque… bueno, porque lo hacía secretamente.
"Es necesario sacarlos de allí cuanto antes" –dijo Shalom Benzazi, secándose con un pañuelo arrugado el sudor de la frente. Estaba rojo y acalorado, y parecía un elemento discordante en aquella gélida mañana de invierno. "Es cuestión de tiempo que esto se filtre a El Profeta, y si el Ministro de Magia se ve obligado a ello, habrá que autorizar el uso de veritaserum para los interrogatorios y…"
"Usar veritaserum con Potter, Black y Lupin, como si fuesen mortífagos…" –murmuró Santorini. "Eso es impensable, jamás lo haría…"
"Si Umbridge no encuentra impedimentos para hacerlo, terminará por exigirlo… es capaz de convocar al Consejo Máximo de Seguridad…" –resopló Benzazi, que parecía a punto de sufrir una insolación.
Santorini no decía nada. Si El Profeta publicaba alguna brillantemente hilvanada tergiversación de los hechos… el héroe corrupto y caído, utilizando las malas artes oscuras contra sus antiguos enemigos… en fin, todo político que se precie sabe que la prensa es un mal enemigo. O un buen amigo, según se dé el caso, pero en éste la prensa actuaba a las órdenes de Umbridge, eso era una obviedad.
"Voy a ser yo la que va a convocar el Consejo Máximo de Seguridad Mágica" –anunció Santorini como quien decía que iba a llover.
"El… el… ¿el Consejo Máximo?" –balbuceó Benzazi.
Santorini se levantó y miró por la falsa ventana de su despacho. Fuera, la mañana del Año Viejo londinense era fría y gris, pero a Santorini el tiempo no le influía en su estado de ánimo. Si Umbridge había llegado a donde estaba era en gran parte por sus amistades, la limpieza de sangre de su familia y sus artimañas rastreras. Santorini sabía con seguridad que su carrera política era infinitamente más limpia, y que su curriculum era abrumadoramente superior. Ahora sólo tenía que comprobar si el número de apoyos con el que contaba en el Consejo Máximo de Seguridad, una entidad similar al Wizengamot que sólo se convocaba en situaciones especiales de emergencia, era mayor o menor que el de Dolores Umbridge.
"Márchese, Benzazi, y dígale a mi secretario que entre: esta noche quiero estar libre para celebrar el Año Viejo con mi familia…"
OoOoOoOoOoOoOo
Ronald Weasley estaba poniendo a prueba su proverbial tranquilidad. Muy a prueba. De hecho, tan a prueba que sospechaba que iba a empezar a ponerse a gritar de un momento a otro.
Antes del almuerzo había estado con Tonks, Ginny, Kingsley y Cordelia en el despacho de Ojoloco, quien, dado que lo único que podía hacer era presionar a Benzazi para que a su vez presionase a Santorini, quien en la práctica era la única que podía liberar a Harry, Sirius y Remus, estaba bramando a todo el mundo y suplicándoles a los que quedaban sanos y libres que estuviesen en alerta permanente o tendría que hacer todas las guardias él solito.
Después del almuerzo había ido con Tonks a San Mungo, donde una tensa sanadora Gray estaba reticente a darle el alta a Hermione. Para colmo, tanto su mejor amiga y compañera desde el primer curso de Hogwarts como Tonks parecían de todo menos razonables.
"Quiero largarme de aquí" –decía Hermione enfurruñada.
"Y yo quiero que se vaya a casa, pero no me parece la mejor idea en estos momentos. Su marido no puede acompañarla, y todo este lío de las detenciones, el estrés…" –intentaba razonar con ella la sanadora.
"Yo la llevaré a su casa, sus padres pueden cuidarla, y tiene amigos suficientes como para montar guardia junto a su habitación durante un año" –insistía Tonks beligerante.
"¿Si fuese soltera tampoco me dejaría marcharme?" –preguntó Hermione con irritación contenida. "Creo que he demostrado que sé apañármelas sola…" –continuó ante la ceja enarcada de Gray; "… y de cualquier modo si no tuviera un marido que me llevase a casa no iba a estar esperando a que encontrase uno ingresada en San Mungo y me casase con él"
Gray se quedó unos segundos en silencio, mientras Ron pensaba que iba a apuntarles con la varita y lanzarles un petrificus.
"¿Pues sabe qué? Creo que ahí tiene un punto" –respondió la sanadora para pasmo del pelirrojo. "Tiene razón. Ahora estoy muy ocupada, pero si me dejan un par de horas, le firmaré los papeles del alta y le daré las instrucciones que tiene que seguir en casa"
Hermione y Tonks parecían a punto de darle un abrazo a la sanadora, mientras Ron salía de la habitación para preparar la marcha. Pero antes iba a cruzar la plaza que había frente al hospital y beberse algo un poco más fuerte que la cerveza de mantequilla. Cuando estaba a punto de atravesar el umbral de la puerta principal de San Mungo, vio algo que le llamó la atención. Ya sabía que había algo entre Cordelia y ese sanador con pinta de guapito que trabajaba con Gray, ese tal Wilkes, porque los había visto un par de veces durante las múltiples visitas que le había hecho a Hermione, consciente o no. Pero que justamente en esos momentos, con tres compañeros detenidos bajo acusaciones graves, se la encontrase en San Mungo para ir a ver a su… lo que fuese, le parecía de bastante mal gusto.
Claro que no parecía la Cordelia de siempre, no pudo menos que pensar. Era ella, su cabellera espesa de vivo color castaño, su figura esbelta y sus rasgos armoniosos, pero tenía un aspecto de terrible cansancio, llevaba ropa muggle (unos tejanos, una camiseta, y unos Converse All Star que en algún momento tuvieron un color definido), estaba despeinada e iba sin maquillar.
¿Cordelia Winterthrop sin maquillar? Era más probable ver a Dolores Umbridge berreando en un concierto de los Disturbing House Elves… vestida con unos tejanos rotos y un top de tirantes.
"¡Cordelia! ¡Pero qué haces con esta pinta!" –le soltó tras acercarse a ella en cuatro zancadas.
La aludida, que ya le daba la espalda, se giró lentamente, dándole unos preciosos segundos para darse cuenta de que había metido la pata hasta la cintura. Aquella, sin duda, no era Cordelia Winterthrop, aunque desde luego se le parecía como una gota de veritaserum a otra.
"Sin duda me confunde con mi hermana, señor…" –sonó la voz de la joven, gélida como un trozo de hielo.
"Eh…" –acertó a decir Ron.
"¿Señor Eh?" –preguntó ella irónica.
"Eh… no… Weasley, Ronald Weasley, pero todo el mundo me llama Ron" –se apresuró a decir el pelirrojo, colorado como siempre que hacía el ridículo, extendiéndole una mano huesuda y pecosa. La chica miró la mano extendida hacia ella como si estuviera pensando en si estrechársela o morderla. No hizo ni una cosa ni la otra.
"Me parece muy bien, señor Weasley, pero le repito que no soy quien usted cree. Sin duda es un amigo de mi hermana Cordelia, y parece evidente que no le parece que esta pinta sea muy propia de ella" –le espetó la joven con obvio malestar, haciendo hincapié en amigo.
Ron la miró de arriba abajo, sorprendido. Era igualita a Cordelia, aunque no sabía si era porque no llevaba maquillaje, o por la ropa, pero le parecía varios años más joven. Quizás, sólo quizás, tenía una figura menos femenina, menos voluptuosa que su hermana, y sus rasgos eran menos perfectos, aunque también era preciosa. E indudablemente se había dejado en casa sus dotes de seducción.
"¿Y bien?"
Ron regresó al mundo real.
"¿Y bien qué?" –contestó.
"¿Algo más que decir sobre mi pinta?" –preguntó de nuevo la joven.
Ron hizo una mueca. Se dio cuenta de que había ido bajando la mano, así que volvió a tendérsela, respirando profundamente.
"Lo siento, he sido un grosero. Soy un compañero de su hermana Cordelia, me llamo Ron y he dicho eso de su ropa porque nunca he visto a Cordelia vestida de otra forma que no fuese la apropiada para una recepción de gala en el Ministerio" –se disculpó.
"Artemisia Winterthrop, aunque me llaman Artie" –respondió ella estrechándole la mano. No era el movimiento lánguido y femenino propio de Cordelia, sino un auténtico apretón de manos, firme aunque suave. "Soy sanadora en prácticas. Puedes tutearme si quieres. ¿Eres auror?"
Ron asintió con la cabeza.
"Siempre pensé que ser auror tenía que ser un trabajo muy interesante" –expuso Artie separándose un espeso mechón castaño de delante de los ojos. "Sin embargo, cuando Cordelia escogió entrar en la academia de aurores, se me pasaron las ganas; pensé que si ella lo conseguía, el trabajo tenía que ser apto para idiotas"
El pelirrojo sonrió con franqueza.
"Hay de todo. Supongo que conocerás a algún sanador que no sea precisamente un portento de inteligencia" –insinuó, recordando a Wilkes.
Artie Winterthrop se rió abiertamente. "Sí, conozco a alguno" –respondió. No añadió nada más, simplemente se quedó mirando a Ron con tranquilidad.
"Eres muy diferente a tu hermana" –dijo el pelirrojo.
Artie volvió a poner una mueca de disgusto. "Sí, ya sé que mi hermana es más guapa, más elegante y más femenina. Oye, si eres uno de sus admiradores y…"
"No soy ninguno de sus admiradores" –la cortó Ron bruscamente. Al ver que la joven sanadora en prácticas ponía una cara un poco rara, se apresuró a aclarar lo que había dicho. "Le tengo aprecio a tu hermana, creo que es muy competente y todo eso… pero no es mi tipo"
Artie evaluó el comentario. "Todavía no he encontrado a ningún tío para el que mi hermana no sea su tipo"
Ron sonrió ligeramente y se señaló a sí mismo.
"Ya te he dicho que le tengo bastante aprecio a tu hermana, pero me saca un poco de mis casillas" –explicó. "Siempre tengo la sensación de que cuando estamos en plena pelea con mortífagos, va a sacar un espejo y va a retocarse el maquillaje"
Artie enarcó una ceja. "¿Nunca lo ha hecho?"
Ron se echó a reír. "No, por supuesto que no. Es seria y profesional, si hiciese eso los bramidos de Alastor se oirían en Azkaban"
"Me alegro de que no arrastre el buen nombre de Winterthrop por el ministerio"
Durante unos segundos, se quedaron frente a frente, mirándose, sin decir nada, hasta que Ron se puso ligeramente colorado.
"Eh… yo… ¿aceptarías salir a tomar una cerveza de mantequilla, un día de estos?" –propuso con cierta dificultad.
La aprendiz de sanadora enarcó una ceja de nuevo, se puso seria y no dijo nada, de modo que Ron disfrutó de unos interminables segundos para arrepentirse de su invitación. Con lo bien que estaba él soltero y sin compromiso… seguro que aquella chica recibía cada día diez propuestas similares de sus compañeros sanadores.
"¿Seguro que no es porque Cordelia no te hace caso?" –preguntó un tanto insegura.
Ron puso una cara de sorpresa que lo decía todo, y a su interlocutora le pareció encantador. En realidad, Ron hubiera temido una cita con Cordelia más que un interrogatorio ejecutado por el mismísimo Lord Voldemort.
"Eh… no… yo nunca… con Cordelia…" –intentó explicar con apuro.
"Entonces vale" –contestó ella, un levísimo rubor coloreando sus mejillas. "Mándame una lechuza y quedamos, ¿de acuerdo? Pero no esperes que me arregle como Cordelia. Nunca llevo túnicas, ni pendientes, ni esas cosas"
Ron se miró a sí mismo. Seguía sin ser precisamente un Malfoy en cuanto a estilismos, con uno de los jerseys Weasley que le había hecho Molly. Miró a la encantadora joven que tenía ante él y pensó que algo había hecho bien aquel día para tener tanta suerte.
OoOoOoOoOoOoOo
Ya había empezado a oscurecer cuando la sanadora Gray había comenzado a rellenar los formularios de alta de su paciente. Ron y Tonks seguían en la habitación de Hermione, el primero preparando el traslado (aunque con la cabeza en otro sitio) y la segunda ayudándola a empaquetar sus cosas.
"¿Está segura, señora Black?" –repitió Mina.
"Completamente, y llámeme Hermione" –respondió la auror mientras terminaba de abrocharse los botones.
"Podría esperar aquí unos días hasta que liberen a su marido" –insistió la sanadora.
"No va a hacer falta"
En aquel momento, se abría la puerta de la habitación y un decidido Sirius Black hacía su aparición. Hermione se quedó tan pasmada que no supo ni qué hacer, aunque Tonks, que tenía la emotividad en ebullición constante se lanzó a los brazos de su primo y le dio un abrazo descomunal.
"¡Sirius!"
El animago se quedó mirando a su esposa fijamente, hasta que ella sonrió y acercándose a él le dio un tímido beso en la mejilla. No sabía cómo se las apañaba para estar tan atractivo como de costumbre y oler maravillosamente a esa colonia suya que sólo se apreciaba cuando estabas muy cerca de él. Tuvo que admitirse a sí misma que ahora que sabía y aceptaba lo que había entre ambos, se sentía horriblemente cohibida en su presencia. Él la adoraba y ella estaba enamorada como una quinceañera. Nada a lo que Hermione estuviese acostumbrada.
"Tengo que volver al despacho de Alastor ahora mismo, pero esta noche estaré en casa" –explicó, dándole un apretón de manos a Ron. Se volvió hacia la sanadora. "Me han dicho que Hermione se puede marchar ya… ¿es cierto?"
Mina asintió. "Con unas ciertas precauciones… y tiene que venir una vez a la semana para hacerse revisiones" –especificó, mientras rellenaba formularios.
"¿Puedo hacer… una vida normal?" –le preguntó Hermione a Mina.
"Completamente normal, no" –especificó Gray, sin mirarla y tomando notas en su cuaderno. Como Hermione no respondía nada, Mina levantó los ojos.
"Al menos tres meses sin trabajar, seis sin recibir hechizos debilitantes, y un año sin exponerse a recibir maldiciones" –especificó la sanadora.
Ron y Tonks se miraron. A lo mejor esta Hermione estaba hecha de otra pasta, pero a la otra no la hubieran mantenido un año en trabajos burocráticos ni bajo un imperius.
"Tiene… tiene que estar bromeando…" –balbuceó Hermione.
"No, no bromeo, y si no va a cumplir mis indicaciones, la dejo aquí ingresada durante otro año" –amenazó la sanadora. "Vida tranquila hasta que en las revisiones le digamos lo contrario…" –Mina garabateaba nota tras nota sin mirar a Hermione. "Por supuesto, no puede tener hijos"
Se hizo un silencio en la habitación que se hubiera cortado con un cuchillo. Ron y Tonks se miraron incómodos, Hermione miró a la sanadora con espanto y Sirius miraba a Hermione con expresión de tranquilidad, como si le acabasen de decir que simplemente no podía tomar zumo de calabaza. Mientras tanto, Mina rasgaba el pergamino con la pluma, marcando cruces en los sitios adecuados.
"No… ¿no podremos tener hijos?" –preguntó Hermione en un susurro.
La entonación que le dio a la pregunta fue lo suficientemente intensa como para que Mina levantara la mirada del papel y la enfocara en Hermione.
"No, no he querido decir eso. Me refiero a que no puede quedarse embarazada de momento. Un embarazo la debilitaría en exceso y podría su salud en peligro. Antes de marcharse, pasen por el laboratorio de pociones y que les entreguen un vial de poción anticonceptiva que debería ser suficiente para un mes. Le daremos más con cada revisión. Bueno, aquí está" –finalizó, alargándole los informes de alta a Hermione. "Si me necesitan, llamen a uno de los sanadores en prácticas para que me localice" –y con esas palabras, salió de la habitación de Hermione, intentando por todos los medios no dejar ver su estado de nerviosismo. Si Black había vuelto, era evidente que Harry también.
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Tonks y Ron la habían llevado a casa, y habían insistido en quedarse con ella o en llamar a sus padres para que la mimasen un poco. Sin embargo, Hermione se había empeñado en que Ron se marchase a la madriguera cuanto antes, a cenar con su familia, y poco después había intentado lo mismo con Tonks.
"Deberías comer algo" –dijo la metamorfomaga. "¿Te preparo un sándwich?"
Hermione hizo una mueca de dolor.
"Tengo un ejército de elfos domésticos para hacerme la cena, pero aunque me estuviese muriendo, prefiero hacerme yo la cena que dejar que tú quemes la cocina"
"Exagerada…" –replicó Tonks. "¿Me vas a explicar qué es lo que te preocupa?"
Hermione suspiró. A Ron se le podía engañar fácilmente, pero a Tonks no le pasaba desapercibido su estado de nerviosismo.
"¿No has notado a Sirius un poco frío conmigo?"
La metamorfomaga puso una sonrisa malévola.
"No sé. Quizás le haya sorprendido que yo me haya lanzado a su cuello y que tú le hayas puesto a tu beso la misma pasión que hubiera puesto Umbridge. ¿No estabas enamorada de él? ¿Acaso en tu tiempo alternativo se llevaba el celibato?"
Hermione resopló.
"No es eso… Me cuesta un poco ser… cariñosa… con Sirius"
Tonks sintió un ataque de ternura y le dio un maternal abrazo a su amiga.
"Te intimida, ¿eh? Después de una vida de sufrimiento y dolor al más puro estilo Celestina Warbeck, te encuentras con que lo quieres y te quiere, y hoy vais a tener la oportunidad de demostrároslo… vamos, confiesa que tienes miedo de no estar a la altura…"
Hermione se puso como un tomate. Tonks había dado en el clavo, como siempre. Estaba… estaba colada por Sirius. Ya habían pasado una noche juntos, una noche que ahora recordaba y que le hacía enrojecer de nuevo. No podía esperar a que Sirius llegase para repetir aquella experiencia exquisita. Sabía lo que iba a pasar cuando Sirius volviese a casa y estaba temblando de anticipación.
"¿Y si… y si se ha tomado muy en serio lo del riesgo de un embarazo y prefiere no arriesgarse a un fallo de la poción anticonceptiva?"
"¿Hablamos del mismo Sirius?" –preguntó Tonks a punto de partirse de risa.
Hermione parecía un semáforo. Estaba tan roja que desprendía luz. Echó de allí a Tonks con cajas destempladas, pidió a sus elfos que le preparasen un té, y se lo tomó junto a la chimenea de la biblioteca, intentando tranquilizarse. Después se dio un baño relajante con espuma de colores, despertó a su fiel Boris a golpe de varita y seleccionó cuidadosamente el estilismo para la noche de Fin de Año. Se recostó ligeramente sobre la cama principal, leyendo un libro, esperando la llegada del animago.
Se despertó cuando oyó el brusco sonido de la puerta principal al cerrarse.
Alguien que entraba de esa forma, sólo podía ser Sirius. Se levantó de la cama y, sin preocuparse de nada más, salió disparada a lo alto de la escalinata.
"¡Sirius!"
En el vestíbulo de entrada, la figura del animago se recortaba nítidamente a la luz de las escasas antorchas que quedaban encendidas. Sirius miró hacia arriba, y Hermione pudo ver cómo la expresión cansada de sus ojos cambiaba completamente al verla. Hermione llevaba puesto un camisón de color borgoña. Uno de los finísimos tirantes se había deslizado por el hombro, descubriendo unos milímetros más de piel nacarada, y sobre la profunda "V" del escote se apoyaba un colgante con un óvalo de plata. La tela del camisón se deslizaba por la piel dibujando pliegues que reflejaban la luz cálida del fuego. El animago comenzó a subir lentamente los escalones, sin despegar la mirada de la joven en ningún momento y sin decir absolutamente nada. Cuando llegó a su escalón, sobrepasándola unos veinte centímetros en altura, deslizó la yema del dedo por la cremosa piel del brazo y recolocó el tirante en su lugar.
La sensualidad del movimiento dejó a Hermione sin respiración durante unos instantes.
"Me gusta esto que llevas puesto"
La voz sonaba ronca y lenta, y los ojos del animago se deslizaban de los ojos de Hermione a su escote, y a sus ojos otra vez. Ella se quedó allí, de pie, con la garganta seca y sin saber qué decir.
"¿Qué… qué tal ha ido… todo?" –genial, ahora iban a darle el premio a la frase más idiota del año.
"Bien"
Sirius se aproximó un poco más a Hermione. Ella se mordió ligeramente el labio: agotado, con signos evidentes de llevar días sin dormir y con una barba incipiente, conseguía mantener ese aire de elegancia innata por el que muchos hubieran matado. Si seguía mirándola así, iba a marearse.
"¿Han sobreseído los cargos?" –acertó a preguntar.
"Mhmmmmm… sí"
Sirius acercó la mano de nuevo al tirante, pero el lugar de colocarlo, deslizó el dedo por las clavículas y lo bajó entre ellas, hasta delinear el contorno del colgante. En aquel momento, los cargos y el interrogatorio parecían importarle un bledo.
"Hace tiempo te dije que estos camisones eran tremendamente eficaces. ¿He de sentirme halagado y pensar que todo este esfuerzo es por mí?"
Hermione se puso tan roja que el rubor le llegó al escote y sólo consiguió asentir. Sirius le pasó la mano por el pelo y lo echó hacia atrás, deslizando los dedos por la nuca, mientras el índice de la otra mano dibujaba el límite del escote del camisón. Parecía un gesto inocente, pero la joven auror pensó que iba a empezar a hervir de un momento a otro. La mano que se apoyaba en la nuca la fue acercando lentamente al animago, mientras éste se inclinaba sobre ella. Cuando los labios de ambos estaban separados por escasos milímetros, la voz ronca y profunda de Sirius volvió a resonar en sus oídos.
"¿Te has tomado la poción que te dio Gray?"
Hermione se había tomado casi el vial entero. Susurró un sí trémulo que a Sirius le pareció lo más excitante del mundo.
"Entonces sería una pena desaprovecharla"
Entonces empezó todo, de nuevo. Del uno al diez, Hermione puntuaba los besos de Sirius con un quince. Era como si tuviese todo el tiempo del mundo. Para Hermione, un error frecuente de los hombres con los que había estado era confundir besos apasionados con succiones más propias de un dementor que de un amante. Sirius, más que besar, acariciaba sutilmente con los labios y aún más sutilmente con la lengua, con una lentitud deliberada y sensual, que hacía que a los diez segundos de comenzar el beso sus sentidos comenzasen a experimentar una sensación abrasadora. Los besos de Sirius no se parecían a nada que le hubieran hecho hasta entonces. Bueno, nada de lo que le hacía Sirius se parecía a nada que le hubieran hecho hasta entonces.
La tocaba de forma exquisita y deliciosa, siempre con contención, siempre haciendo que quisiese más. Otras caricias de otros hombres (exceptuando a Harry, ya que a pesar de la inexperiencia se habían querido profundamente y habían aprendido juntos) le habían parecido más fricciones entusiastas que otra cosa, pero las caricias de Sirius eran casi imperceptibles, tan suaves que a veces le parecía que había soñado el contacto, tan certeras que cada una de ellas le proporcionaba un placer sobrecogedor. Tardó apenas un minuto en sentirse en ebullición. Tardó apenas un minuto en susurrarle en el oído a Sirius lo que sentía.
Y él la cogió en brazos de nuevo, entró con ella en el dormitorio y, tras depositarla con reverencia sobre la cama, le lanzó un hechizo de cierre a la puerta.
Sólo por si acaso.
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Bueno, chicos y chicas. Hasta aquí el grueso de la historia. Habrá un último capítulo, un epílogo, y ya está, pero ya os adelanto que no será un epílogo de esos de "ochocientos años después". Simplemente se tratará de atar cabos sueltos.
O sea, que, como dice el título, "bien está lo que bien acaba". Siento enormemente el retraso entre los últimos tres capítulos, pero como véis, este es muy largo, porque quería acabar ya la trama de una vez.
Bueno, pues me da mucha pena acabar el fic, pero todo tiene que tener un fin. Me lo he pasado muy bien con los personajes, he intentado ser fiel a los de Rowling y me lo he pasado pipa haciendo el bestia con los inventados. Eso de no tener que atenerse a unas características, da mucho juego. En cuanto a los personajes de los libros, ya sabéis que en este fic, Sirius y Hermione son mi prioridad, aunque Remus y Tonks me parecen de lo más tierno y encantador. Para que veáis que os premio por no agobiarme, os voy a soltar una primicia: el bebé que espera Tonks es un niño, y se llamará Charles.
Lo mejor del fic, para mí, ha sido Sirius. Describir al personaje ha sido un placer, tan abrumadoramente atractivo y tan maduro e irreverente a la vez. En cuanto a Hermione, he intentado describir con esfuerzo lo que yo creo que podrían ser los sentimientos de la "verdadera" Hermione si se encontrase en esta situación: casada con un Sirius que sólo recuerda vagamente, guapo hasta marear y obviamente enamorado de ella. Para comérselo.
En fin, me gustaría que este fic fuese real para poder irme de copas con Hermione y Tonks, el viernes, con Sirius y Remus, el sábado, y con Hermione, Harry y Ron el domingo. Aunque creo que cuando iba a disfrutar más iba a ser el sábado.
Estos días subiré un review dirigido a mí misma con las contestaciones a vuestros reviews. Si tenéis alguna duda, decídmelo: si es posible, se contestará dentro del epílogo. O sea, que será el único capítulo para el que se admitan sugerencias (cualquier cosa menos verlos a todos llevar a sus retoños a King's Cross).
Pues nada, como siempre, se admiten tomates que no sean en lata (en tetra brik sí), y verduras de todo tipo en buen estado de frescor. Sois unos soletes por no exigirme actualizaciones. De verdad.
Un beso para todo el mundo, de helado de vainilla con nueces caramelizadas.
Lara
