Disclaimer: Homestuck no me pertenece, sólo a Andrew Hussie le pertenece: su único y verdadero creador. HAIL, HUSSIE.
Advertencias: OOC, Slash, malas palabras.
John
Había visto una cabeza rubia asomarse por la ventana de la casa de enfrente, no podía recordar su rostro por algún extraño motivo. ¿Un vecino? Ahora era lo de menos. Pensó en cosas curiosas y nuevas observaciones de los vecinos, la única que flotó por encima de todas fue: hay muchos cuervos.
John de verdad estaba tratando de hacer nuevos amigos aquí.
La vida en la escuela era cliché, donde la juventud era calificada como diversa y variada. Todos los chicos nuevos se podían diferenciar del resto o por sus ropas, la que está de moda, o por sus caras de perritos perdidos en medio de la gran ciudad fingiendo ya ser los dueños de sus vidas. Tal vez sería más fácil no hacer amigos… había oído en alguna parte la tontería de que la gente misteriosa era llamativa para los demás; dejó eso a un lado, era sólo un mito por ahora.
Las amistades se formaban con rapidez en una escuela llena de estudiantes nerviosos y ansiosos por hacerse de compañías para tener alguien con quien charlar en las clases. Toda la gente le parecía simpática, de cierta forma.
Jade Harley eran una de esas personas con las que uno simpatizaba desde el primer momento en el que veías sus grandes (y algo rasgados) ojos verdes a lo lejos. Ella simplemente se había acercado a él diciendo que "qué bonita camisa tenía" y, al parecer, era alguien relativamente social porque de inmediato se les unieron un tal Karkat Vantas (siempre de mal humor) y la chica chaparrita, Nepeta Lejion. A Nepeta comúnmente se le pegaba un chico altísimo que sudaba mucho y de pocas palabras, aún no podía aprenderse su nombre.
Ninguna de sus amistades se había extendido tanto como con la de ellos, que le acompañaban hasta la esquina de la escuela para poder platicar un poco más de vez en cuando.
Las clases eran las mismas que en cualquier escuela de los cursos finales; con profesores amables, estrictos y raros, y unos más extravagantes. Todos con el mismo objetivo de querer enseñar a un montón de jóvenes rebeldes y sin experiencia.
Así la primera semana se arrastró lenta, ni pesada ni imperceptible. Las cosas se daban y a John le gustaba cómo iban hasta ahora. Después vio un par de coquetos ojos purpuras.
Dave
Jade Harley era una buena chica. Sí que lo era.
Dave la invitaba a sus cumpleaños y a algunas fiestas que su hermano le dejaba organizar (más bien, fiestas que no le interesaban y raramente participaba). Jade era alguien que muchos calificarían como "sencilla". Divertida. Bonita. Amable. A Dave le gustaba Jade.
"De alguna manera siempre había sido así", pensó.
Dave y Jade casi no hablaban por tener clases separadas, topándose cuando llovía o en la biblioteca para ir a estudiar. (Él tenía que admitir que no necesitaba ir a la biblioteca, sólo lo hacía para tener un motivo para verla y charlar un poco.) Cualquiera, en el lugar de Jade, ya se habría enterado de los sentimientos de Dave.
Pero Jade era distraída y nunca lograba captar las muy directas señales que Dave le mandaba por todos los medios. Podría decirse que se comunicaban a frecuencias distintas y, por más que él intentara conectar con su frecuencia, no la hallaba.
La cabeza se le llenaba de humo, humo negro, cuando pensaba en ella. Cómo ahora, que no prestaba atención por verla a través de la ventaba del salón de clases porque estaba hablando con alguien que un árbol no le dejaba ver. No era celoso, eso era un hecho comprobado científicamente. Sólo le gustaba mucho ver cómo hablaba con otros; gesticulando mucho y moviendo las manos varias veces sin caer en parecer una tonta chica boba como otras de su generación.
Rose le arrojó una bolita de papel y su mente se enfocó otra vez en la formulas garabateadas en el pizarrón que no le servirían para nada en el futuro. Lucían como letras chinas… no por la dificultad: el maestro tenía una letra fea.
John
Pantalones ajustados. Camisa blanca de algodón. Zapatillas negras. Gabardina sin cerrar. Cara de ángel y la personificación de la elegancia. Además de esos arrebatadores y coquetos ojos purpurina.
Rose Lalonde era una belleza. Delicada, fina y misteriosa.
John se puso nervioso, sentía las piernas de gelatina y escondía su sonrisa (y sus ganas de chillar de emoción) tras su mano. De cuando en cuando miraba sus propios zapatos donde había estampado el logo de Con Air hecho a mano con marcador permanente. Y a veces la veía a ella.
Parece una muñeca antigua. Una muy bonita.
A veces salía temprano de la escuela y pasaba a comprar la cena, como ahora.
Se sentía mal verla cuando la encontraba en el súper y no saludarle. ¿Cómo? ¿Cómo saludarla si ni le hablaba? Cuando Rose iba al súper compraba verduras y un libro nuevo, pequeño, de los que estaban junto a los peluches de osos. (¿Quién ponía osos junto a los libros? Misterios sin explicación.)
—Oye, amigo —dijo el cajero cuando John no soltaba el efectivo de sus compras, demasiado tiempo mirándole —, ¿vas a pagar o no?
El cajero iba a su escuela pero en turnos distintos, se pisaba la lengua al hablar y tenía lentes que dan en cines 3D.
—Toma, lo siento.
John decidió mirarla por última vez. Oh, no… ella lo estaba viendo riéndose como toda una dama, con su delicada mano cubriéndole esos delgados labios con pintalabios negro.
La vida apesta.
Dave
—Invitaré a Jade por un helado y se lo diré —dijo Dave.
—No lo hagas… sería arriesgado, ¿no? —dijo Tavros.
— ¿Por qué no hacerlo? Creo que tengo todas las de ganar.
La última clase finalmente había culminado y llevándose todas la energías de Dave. Por suerte no tendrían práctica hoy o terminaría asesinando a alguien o muerto del cansancio.
—No seas apresurado, sé lo que te digo.
—Amigo, con todo respeto, tú ni siquiera has tenido novia —dijo y le dio un amistoso golpe en el hombro —. Morirás solo.
—Uh, Dave, no digas eso —sonrió.
Jade estaba conversando con la chica pelirroja otra vez, la chaparrilla que siempre la acompañaba.
—Mírala —dijo Dave, embobado —, taaan linda —exageró con un falso tono meloso codeando a Tavros.
— ¡No! —sonrió, miró su reloj de mano y su ceño se frunció un poco—. Um, me tengo que ir, ya es tarde. Nos vemos luego —y despareció entre el gentío.
La mayoría de los estudiantes iban en autobuses porque la escuela les quedaba lejos o vivían en la calle que estaba por arriba del gran parque. En cambio, Dave vivía en dirección a una sencilla calle privada que pasaba por debajo del parque. Era raro que alguien tomara ésa ruta, a no ser que quisiesen fugarse de la escuela y fumar hierva en la parte más boscosa del parque, donde sólo adentrándote demasiado profundo encontrabas un prado bien escondido.
Por eso le sorprendió cuando un chico de gafas, con frenillos y muchos colguijes en su mochila, cruzó la calle en la misma dirección de su casa. Leía un cómic que no alcanzaba a leer, parecía no haber reparado en Dave.
Dave no sabía que alguien podía tener el pelo así de enmarañado como la melena del chico raro al otro lado de la acera, con mechones volando por su cara y los de la nuca totalmente crispados apuntando a la coronilla, como si hubiese levantado e ido a la escuela así como así. Cada vez que pasaba cerca de un poste tenía la esperanza de que tropezara y reírse un rato de él, pero jamás pasó.
Estaba cerca de su casa cuando comenzó a sospechar que el tipo ése le estaba siguiendo para asaltarlo. Pensó en arrojarle una piedra en cuanto estuviese más cerca de su casa para que se alejara, pero el otro sacó unas llaves y se metió a la casa de enfrente.
Ah, ya. La gran casa color blanco de enfrente. Se le había olvidado que estaba en venta desde hacía más de un mes.
—Vecinos, ¿uh?
Y se metió a su casa. Porque no le interesaba y necesitaba hacer tarea. Exámenes, exámenes y más exámenes.
John
El chico rubio era su vecino. Vaya.
Todo tenía más sentido ahora: la cabeza que había visto por la ventana era del vecino. En otras curiosidades del vecino había visto un par de bicicletas deportivas en el porche y peluches y espadas atoradas (o encajadas) en el techo.
Tan pronto como salió corriendo del súper había dirigido su paso hasta su casa. Sacó un cómic de la mochila para pasar el rato, había practicado tanto el antiguo arte de leer caminando que no fue un problema. El vecino le había estado mirando mucho y lo había puesto de nervios, además ¿por qué usar gafas oscuras en octubre, con el sol oculto entre las nubes? Raro. Lo más probable era que quería hacerse el chico genial y esas cosas, estaba segurísimo que era otro chico cool prepotente y pesado.
Subió las escaleras rechinantes hasta su cuarto, aún todo le era tan ajeno… como cuando se quedaban en un hotel para pasar las vacaciones, la diferencia era que en esa casa no había pequeños jabones de regalo ni podrían volver a casa después de un par de días de hacer el vago.
—Hay que comprar un aromatizante urgentemente —dijo en voz alta, para recordarlo la próxima vez que fuese al supermercado. El olor a los antiguos habitantes le ponía de nervios.
Su padre se había marchado por la mañana rumbo al trabajo para llegar hasta el anochecer y de inmediato irse a dormir, así que cuando John llegaba no encontrar a su padre en casa. A veces parecía que él era el único que se cambiaba de casa y vivía solo. John al principio se preocupaba por su padre y la poca conexión que tenía con él, que sólo interactuaban algunos fines de semana, y eso a medias. Pero no se podía quejar, su padre también se esforzaba el máximo para convivir con él y eso, aunque no se lo decía, se lo agradecía muchísimo.
Tiró la mochila al suelo y se arrojó a la cama. Desde el primer día, cuando recién llegaron de la mudanza, pegó muchas pegatinas que brillaban en la oscuridad para quitarle algo de monotonía a su recamara, con forma de estrellas, planetas y lunas, cerró las cortinas y la poca oscuridad que las cortinas le brindaban le ayudaron a relajarse. Qué día.
Tomó su ukelele, cambió su camisa y tocó con brío una canción frente a una videocámara algo vieja, regalo de su difunta abuela un día nevado de diciembre. Tal vez subiría el vídeo después, cuando la canción le saliera como le gustaba.
Dave
Desde que abandonó las instalaciones escolares la idea de cambiar el resto de su vida escolar en aquella preparatoria floreció en su cabeza.
Le envió un mensaje corto y casual a Jade cuando llegó a casa.
—Hay que empezar por algo, ¿no? —dijo. Tenía muy en cuenta que sólo unos meses más y todos cambiarían sus rumbos, quería aprovechar el último chance que tenía.
Conectó los auriculares a las bocinas del computador y se relajó otra vez con la voz de EctoGhost, reproduciendo algunos de sus viejos vídeos. Parecía ya haber tenido algún tiempo en YouTube porque sus antiguos vídeos tenían mala calidad y el audio se perdía en ocasiones por no tener el micrófono adecuado. Eso no le quitaba lo relajante a aquella voz.
Pero la lectura se volvió demasiado pesada después de veinte minutos y las palabras llegaban toscas y transparentes a su cabeza, intentaba pasar más allá del tercer párrafo pero todo lo que leía no lo entendía. La cabeza le pulsaba. Cerró el libro de Biología y vagó por Internet. Una notificación de EctoGhost brilló en su pantalla.
"The Maccabees - Toothpaste Kisses (EctoGhost Cover)"
Le dio clic al vídeo y todo se hizo más ligero.
—El tipo éste está enamorado —se burló, repitió la canción otra vez —, qué coincidencia: también yo.
Francamente, actualicé más rápido de lo esperado, pero la idea (como cualquier proyecto nuevo) me emocionó. Cabe mencionar que no soy fan de poner POV, por malas experiencias con fic's ajenos, pero me dio la gana escribir así.
La canción que menciono está en el poderoso YouTube, por si quieren escucharla.
Dudas, sugerencias y aclaraciones: POR FAVOR, DEJEN UN REVIEW. NO LEO MENTES.
Gracias por leer.
Con cariño, Wizardbot.
