Disclaimer: Homestuck no me pertenece. Homestuck pertenece a Andrew Hussie: su único y verdadero creador. HAIL, HUSSIE.

Advertencias: OOC, Slash, malas palabras.


John

La primera vez que John pudo dormir sus ocho horas reglamentarias de sueño, fue después de dos meses de clases interminables, casi a la mitad del semestre. Estaba seguro de que lo que más recordaría rememorando aquellos días jóvenes sería, quizás, el espejo de su baño que le regresaba la imagen de un adolescente despeinado y ojeroso. Lo único que podía pensar de sí mismo era: Así es como se ve la imagen de la fatiga… Ya ni ganas de cantar tenía, pero lo hacía, como in incesante grito de que todavía podía un poco más.

Se preguntó si para todos era así, y con todos se refería a todos los estudiantes de su generación; Jade siempre, incluso por las mañanas, se veía fresca y alegre, además de tener buenas notas en los exámenes. John casi podía jurar que no estudiaba. También se preguntó si era necesario el conseguir un tutor para los exámenes de mediados de semestre. Ojalá no reprobara ninguna materia por andar dormitando entre clases.

No puedo seguir, pensó John, no creo poder aguantar hasta las vacaciones. Pero era sólo su flojo subconsciente el que lo aturdía con aquella tonta idea.

Estudiaba tanto como podía. Durmiendo tarde y levantándose temprano para seguir el día a día de la pesada vida de un estudiante de último año de bachillerato.

Pero había gente parecía que se le hacía tan fáciles los estudios que comenzaba a creer que él era el lento de la generación. Algunos de sus compañeros trabajaban medio tiempo y lo demás lo dedicaban a la escuela; otros tanto participaban en pequeños clubs después de clases; y luego estaban los que practicaban deportes: natación, tenis, fútbol americano y básquetbol. Todos ellos parecían tener tan bien distribuido su tiempo que, en algunas ocasiones, escuchaba planes para fiestas los fines de semana.

John miró la pantalla de su ordenador y releyó algunas líneas más del documento en que llevaba trabajando hacía más de una semana. Siguió esforzándose por no dejarse vencer por el sueño y la poca capacidad que tenía de mantener suficiente información para resumirlo a lo más importante, releyó, releyó y releyó, forzándose a recordar.

Sus profesores simplemente se habían puesto de acuerdo para dejar un montón de tarea simultáneamente.

—No. No, no, no, no —se lamentó, angustioso y desesperado, dejando caer su frente encima del teclado del ordenador —. Simplemente ya no puedo más.

Abrió pesterchum sólo para pasar el rato, encontrando a Jade en línea.

—Entonces —dijo Jade, en medio de una video-llamada llena de quejas de John sobre la escuela y sus "endemoniados profesores" —, ¿ya tan pronto te aburriste de la escuela? —se burló.

La habitación de Jade le daba mucha curiosidad; podía ver varias macetas, muñecos y escopetas.

—Sinceramente ¡no creí que fuera tan difícil! —John removió los fideos de su sopa instantánea con aburrimiento. Qué bueno que su padre no estaba en casa, lo regañaría por la comida chatarra que llevaba entre manos.

—Difícil o fácil, nadie te aseguró que sería sencillo convertirte en adolescente. —Jade sacudió la cabeza y acercó una almohada para recostar la cabeza encima del escritorio.

— ¿Quién dijo que me quería convertir en adolescente? —bromeó y Jade se rió con él.

Tenía ganas de hablar más sobre la escuela, poder quejarse con alguien se sentía bien y le quitaba peso de encima. Sus hombros ya dolían de ese "pesar imaginario" que llevaba cargando desde términos de primer parcial.

— ¿Quién dijo que alguien se quisiera convertir en adolescente, John? —dijo su amiga, abrió una bolsita de gomitas de ositos y las intentó agarrar con la lengua aún recostada en la almohada, John sonrió y sacó un paquete de galletitas de limón escondidas en el fondo de un cajón.

Jade y él habían formado una muy buena amistad desde el primer día de clases. Hablar con ella le parecía tan natural como raro, tomando en cuenta lo soñadora que podía llegar a ser.

Además, era la única que sabía sobre el enamoramiento que tenía por Rose. Jade por sí sola lo había deducido una tarde de películas en la casa de Karkat, Karkat estaba preparando palomitas por suerte y no escuchó nada de la vergonzosa plática de la que John aún intentaba olvidar.

— ¡Tienes que hablar con ella, John! ¡Estamos a nada de salir de la escuela! —dijo Jade Harley hacía apenas una semana atrás. Ése día habían quedado para estudiar en la casa de Jade.

—No puedo —le había dicho, mordiendo la punta de su lápiz y frunciéndole el ceño a su libreta de apuntes.

— ¿No puedes o no quieres? —insistió.

—No puedo y no quiero, entiéndelo. No me puedo acercar siquiera a ella sin ponerme nervioso, Jade.

—Pero John —Jade no parecía dispuesta a seguir aceptando los no de John —, se supone que estos son los mejores años de nuestras vidas. Inténtalo, por favor.

Por supuesto que no lo había intentado ni considerado. Era una pérdida de tiempo.

Además, "Los Mejores Años de Nuestras Vidas" era algo exagerado. Alguien no podía simplemente decir cuál era la mejor época de su vida. Ahora sólo son "Años de Nuestras Vidas", nada más grande para un par de muchachos de preparatoria.

Suspiró, escuchando la música que Jade reproducía mientras ambos hacían tarea en línea. Tenía buen gusto, tal vez tomaría alguna canción para un nuevo video. Claro, si lograba sobrevivir.

Finalmente, después de mucho pensar y estudiar, acabó metiendo una solicitud para un asesor. No estaba dispuesto a seguir complicándose la vida.

Entró a la escuela con mucha prisa, era tarde. La noche anterior, después de charlar con Jade, estudió cuanto pudo para el examen que el maestro ya repartía.

Odió a la escuela y al diseñador que la hizo tan grande y confusa. Cada piso del edificio era una perfecta copia del anterior, el segundo piso podría ser confundido fácilmente con el tercero además de que las escaleras en círculo no ayudaban en nada.

El profesor le entregó la hoja del examen con una mueca de desaprobación.

—Uh —John dudó y ladeó los labios en una sonrisa culpable —, buenas tardes, profesor.

Su profesor bufó, moviendo su abundante bigote y acomodando sus gafas y pasó de largo. Viejo loco.

El aula estaba tan silenciosa como cada vez que había exámenes, alguien raramente interrumpía aquel silencio sepulcral con cambios de páginas y una que otra tos de viejo. Cuando miraba a su compañeros los veía igual, o más, angustiados que él por la dificultad de la prueba. Suspiró con alivio, no era el único que estaba intimidado por un par de hojas con preguntas.

— ¿Llegando tarde, señor Egbert? —escuchó.

Era una voz aterciopelada y femenina. Oh, no.

—Uh, ¿sí…? —John le contestó a duras penas a Rose.

—Los exámenes son terriblemente estresantes, te comprendo. Qué más querría que irme directo a casa.

—Uh, sí… —repitió —. Quiero decir, lo sé… la escuela es muy aburrida, siento que desfalleceré en cualquier momento. — John juega un momento con la goma de su lápiz, se sentía tan torpe.

Ella rió y el maestro dio inicio al examen de manera oficial. John podía ver a medias el fino cuello de Rose siendo cubierto por su bonito y rubio cabello, se preguntó qué pasaría si decidía hacerle un caricia. Raro.

John quería voltear a verle el rostro, jamás había estado tan cerca. Pero no pudo.

Dave

Los exámenes jamás serían un problema para él, ni ahora ni nunca. Así que cuando el "examen sorpresa" dio inicio las matemáticas no le hicieron ni cosquillas, terminándolo tan rápido que se sorprendió a sí mismo ya entregando la prueba con una sonrisa socarrona ante la mirada suspicaz de la profesora.

La noche anterior se había desvelado en una maratón con su hermano entre mantas mullidas y sopa instantánea, ahora arrepintiéndose un poco: los lunes sin dormir eran tan terribles como una mala primera migraña después de una noche de alcohol, con los ojos cerrándose por sí solos y parecer en un constante estado de sueño e irritación propios de un borracho mala copa.

Los pasillos de la escuela se caracterizaban principalmente por ser clonados y parecer no haber bajado o subido un piso, justo ahora no sabía en qué piso estaba pero eso importaba tan poco como la cara de Eridan sangrando por el puñetazo en la nariz que le había metido Sollux en el patio principal de la escuela. Pobre diablo.

Después de poco tiempo de estar sentado en el suelo de un piso desconocido en otra dimensión de su escuela encontró a su prima, a Rose, saliendo de la aula conjunta.

— ¿Tan temprano y saltándote las clases, Strider? —su prima, como toda una dama, recogió su falda antes de sentarse junto a él.

—Por supuesto que sí, ¿quién sería yo si no me saltase las clases al inicio del último año?

—Un completo desconocido, eso es seguro.

— ¿Y qué hacías tú en ese salón? Ésta es tu clase libre.

—Cosas.

—Cosas, ya. Cosas junto con la profesora de Lenguajes, ¿no? —Rose sonrió más —Dios. Ni siquiera quiero saber.

—Me gusta el conocimiento —dijo.

Dave arrugó las cejas, estaba a punto de pensar en cosas raras entre su prima y su profesora, cosas nada agradables, según él. Chequeó su celular otra vez, como si un mensaje fuera a llegar de la nada. Como si sus acercamientos hacia Jade funcionaran. Quería sentir que su último año en esa escuela no se estaba quedando atascado en la monotonía, el semestre estaba pasando tan rápido que no sabía dónde rayos estaba el freno para darse un respiro.

Dave volteó para ver qué hacía Rose. Ella sólo estaba sentada ahí. Haciendo nada. Con los ojos clavados en los colosales durazneros que aún no estaban en flor.

Sonrió.

—Así que ahora ligas con señoras, eh —le codeó —, te gustan maduritas, quién lo diría.

—Eso suena horrible.

—Es horrible. Andas liando con una señora, con tu profesora, por Dios. Tengo que admitir que llegué a pensar que tenías gustitos raros, pero de eso a que te guste que te enseñen lenguajes con las manos contra la mesa…

Rose rió.

—Uh, uh.

— ¿Uh, uh…? —repitió, confundido —. ¿Qué quieres de…? ¡Dios, Lalonde! — escandalizado, se puso de pie.

No quería imaginar ésa escena, no quería. Pero ya era tan tarde como para tener una imagen mental tatuada en las corneas. Eso no sólo era raro, sino que la posibilidad de la relación entre su prima y su profesora no era una idea tan descabellada.

Dios, que desagradable, y se sentó de indio, otra vez.

Sus pies comenzaban a entumirse después de un rato, junto con la mayor parte de su culo. Se dedicó a mirar cosas insignificantes antes de enfocar su mente totalmente en la práctica de americano que tendría por la tarde, pues después de clases estaba prácticamente obligado a ir. El partido más importante estaba a nada de llegar y eran tan malos que, en una ocasión (y con total exageración), había llorado lágrimas de cocodrilo.

El pasillo estaba vacío, probablemente todos estaban en clases o en los patios, tratando de huir de clases.

Del pasillo emergieron dos muchachas de complexión atlética, con el cabello estilo americano y zapatos de moda, reían de algo que no podía escuchar.

—Hola, Dave —saludaron con simpatía.

Dave se puso de pie, recargado en la pared. Él sonrió, de forma ladina, mirándolas.

—Qué pasa —dijo. Lento y genial.

Ellas rieron, una de ellas jugueteando con su cabello nerviosamente.

— ¿Hoy tendrás práctica, verdad? —dijo la bajita, él ni recordaba su nombre —. Todos vemos a ir a verte, tenemos práctica también.

¿Porristas, quizás? Quizá no, ni siquiera llevaban un morral deportivo con ellas. Además, Dave no sabía a qué se referían con "todos", porque no las recordaba y no conocía a esos "todos" que irían a verle, pero no les dijo nada y continuó con la sonrisa socarrona que a Rose tanto le emocionaba analizar.

—Ya —dijo él —, entonces las veré allá.

—Nos vemos, Dave —dijeron ellas, casi al unísono como al principio, dejándole una marca en cada mejilla de algún pintalabios de moda.

Rose negó con la cabeza, sonriendo en un silencioso no tienes remedio.

—Creí que tenías interés por otra persona —comentó ella, sacando un librillo de su morral —, según tú, ibas muy en serio. ¿Estás realmente enamorado o sólo en una forma de convencerte de que tienes que bajar ése nivel de hormonas sueltas que traes paseando por todos lados?

—Voy en serio —espetó, más enojado de lo que le gustaría. Sabía que ya estaba cejudo por un simple comentario provocador de su prima, decidiendo mejor sosegarse y sentarse a su lado —. Sí voy en serio.

—Como digas.

El campo de futbol era extenso, mucho más extenso que el resto de áreas recreativas para deportes en toda la escuela, y eso era porque la escuela le encantaba alardear de sus estrellas de americano que prácticamente florecían en cada generación, siendo Dave una de esas estrellas.

Había entrado al equipo de futbol por no saber qué hacer con sus tardes después de la escuela, además que competir con sus amigos y compañeros era divertido, un grupo de muchachos superando la pubertad era algo divertido de ver para muchos y divertido de hacer para otros. Dave estaba sentado cerca de la entrada, en el pasto, esperando a Tavros, quien casi siempre, llegaba con retardo por alguna de las peripecias que le pasaban siempre camino a las canchas.

—Tarde —le dijo a un agitado Tavros, cuando lo vio echando vapor por la boca por toda la carrera que seguramente se había hecho. Dave abrió su morral, tendiéndole una gaseosa que el otro aceptó gustoso, bebiéndola casi de un trago.

— ¿El entrenador? —preguntó Tavros, mirando a todos lados. El sudor que corría por su cara parecía un río, el profesor que Tavros tenía justo a la última hora era un pesado que terminaba la clase más allá de la hora acordada, y Dave lo sabía por piel propia porque ése había sido su maestro del año pasado. Maldito viejo loco.

—Ligando con las porristas —contestó a la pregunta del moreno, que hizo una mueca diciendo:

—Oh, qué asco.

Su entrenador era lo que muchos conocían como "un viejo morboso" que se pasaba regañando al equipo pero tonteando con jovencitas al mismo tiempo.

Había tantos rumores del viejo, recordó Dave, mirando al viejo verde que acariciaba el hombro descubierto de una porrista.

Cuando Dave estaba en primer año, se rumoreó que había abusado de una jovencita con tal de que ella pasara el curso y que esa había sido la razón de la "extraña ausencia" por parte de la muchacha y el profesor.

También rondó por los pasillos el chisme que lo habían visto masturbarse detrás del pelotero mientras veía a las porristas practicar.

El rumor más sucio que llegó a oír de él era que ya no tenía pene porque su esposa lo había encontrado manoseando a una muchacha y, encabronada, le había rajado el pene de un solo tajo con un cuchillo de cocina. Lo que aún le asqueaba no era el hecho de que tuviera o no pene, sino la forma grotesca y guarra en la que sus compañeros lo habían narrado, siendo tan vulgares que ya no miraba con los mismos ojos a su profesor.

Dave se paró de puntas, estirando el cuello a las gradas. Él esperaba poder ver a Jade, no estaba muy seguro pero Rose le había asegurado que irían a verlo, teniendo la esperanza de poder intercambiar más de dos palabras con ella.

Comienza a preocuparse cuando el cielo se nubla, pareciendo una cúpula de nubes gracias a la posición de la canchas. Las nubes le dan un aire nostálgico al escenario de un grupo de muchachos que juegan americano en su último año escolar. Tavros también mira el cielo, luciendo como la estampa de un chico inseguro que no sabe qué hacer con su vida porque le brillan los ojos pero no sonríe.

— ¿Qué tal va todo con tu chica? —pregunta.

—Uh… Bien, supongo. No he hablado con ella… Ella está con…

—Con Terezi, lo sé. No te preocupes, no creo que duren mucho.

—Llevan como… un año juntas, ¿sabes?

—Sí, pero puede ser pasajero, ¿no?

Tavros rió. A Dave su risa le pareció triste, melancólica y… fuerte, no rindiéndose. Cómo le caía bien el tipo.

John

Jade lo había convencido de acompañarla a una práctica de fútbol americano en la parte más lejana de los edificios del plantel, alegando que Rose estaría ahí y sería un gran oportunidad de entablar lazos con ella. Cuando fue arrastrado llegó a escuchar a Karkat que le gritaba algo con el mismo todo de encabronado de siempre y vio el gorrito de Nepeta al lado de un gigantón de nombre Equius que estaba en su clase de Biología.

El colegio le parecía más fácil de lo que creía cuando observaba a sus compañeros sonreír, haciendo nimiedades propias de un adolescente.

En la entrada estaba Rose, con ropa bonita y su tiara negra en perfecto orden, toda ella le parecía bonita y correcta. Simplemente ella era linda; desde los cabellos pequeños que sobresalían un poco por encima de la diadema, hasta sus uñas pintadas y los rasguños de las puntas de sus zapatillas. Cualquier cliché era válido ahora.

—Puedes tomar —le dijo. Ella no pareció entender de buenas a primeras al ver la manera tan seria con la que John le ofrecía de sus frituras.

—Seguro —dijo.

—Que sí.

Rose alargó su mano, tomó una papita, y después la llevó a su boca.

Dios, jamás pensó lo emocionante que era ver a una persona comer papitas.

Dave

El profe no estaba de humor, y lo sabía porque lo había hecho correr seis vueltas a la cancha. Cuando llegaron al campo su profe le gritaba a todo el equipo, escupiendo mucho y con la cara roja como una señal de alto gracias a lo sonrosada de su piel.

Tan pronto pudo sentarse, se desparramó en el pasto con la frente transpirada y aperlada que llegaba a pegar sus cabellos a la frente.

Cuando levantó la pista, ahí estaba Jade y ella le miraba. Él le sostuvo la mirada a pesar de llevar las gafas puestas. Tavros se colocó a su lado quejándose de lo maldito que podía a ser el viejo gordinflón.

— ¿Ya viste?

Él asintió, aun mirándola a pesar de que los ojos ya le estaban picando por no parpadear.

—Hombre, creo que le gustas —celebró Tavros, ajeno de las miradas que mantenían Jade y él.

—Sí, supongo que sí.

Tavros sonreía mucho, pudo notar que su frente estaba igual o más transpirada que la suya. La mirada verdosa de Jade se perdió cuando su vecino le habló, rompiendo el contacto visual de manera casi brusca.

—Ahí está Egbert otra vez —observó su amigo.

¿Egbert?

—Sí, el Clark Kent del salón. Ése es su apellido. Comparte varias clases con nosotros, ¿sabías? Incluso fuimos equipo una vez.

—Dios. Ni siquiera lo sabía. Con razón cuando pasaban lista el apellido me sonaba tan familiar —Tavros le miro —: es mi vecino —aclaró.

El entrenador gritó otra vez, ordenando que se juntaran.

—Huh —dijo Tavros, y se puso de pie. Dave también lo hizo.

— ¿Qué?

— ¿No estará coqueteando con Jade…, o sí?

—No, no lo hace —respondió rápido, trotando con Tavros a su lado hasta quedar a la par de todo el equipo —. Es obvio que está colado por Rose, sólo míralo.

John

Los entrenamientos eran aburridos.

Notó como todos corrían por el balón sin orden, y eso no estaba bien según tenía entendido por todas las películas que había visto sobre futbol americano.

Lo que hacía falta quizá, observó, era que no estaba The Rock (*) para alentar a los muchachos con uno de sus buenos discursos llenos de inspiración deportiva justo antes de ejecutar una jugada decisiva; en cambio tenían al entrenador con la cara roja que gritaba a diestra y siniestra de como se le diera a entender. Era el tipo gordo que no creía en el poder de la unión en el equipo.

La tarde se la pasó viendo a su vecino hacer jugadas maestras, encontrándose a sí mismo envuelto por las dramáticas atrapadas gloriosas que realizaba, y estaba tan emocionado.

—Es bueno, ¿verdad, John?

Jade miraba la cancha. Ni le devolvía la mirada.

— ¿El rubio? —se hizo el desentendido, viendo a Rose por el rabillo de los ojos. Ella estaba en silencio, pero su sonrisa era tierna mientras escrudiñaba el partido —. Sí, es bueno.

— ¿Verdad que sí? —dijo ella.

Dave

Cuatro horas después, ya recogía sus cosas. Su cuerpo le pesaba y sentía la cara roja por el esfuerzo, todo embadurnado de lodo.

Era tarde, tanto como para que los cielos ya estuvieran oscuros y las luces de las canchas estuvieran encendidas. En las gradas aún estaban Jade, Rose y su vecino.

Dave se puso la camiseta extra que llevaba en la mochila para no oler a sudor demasiado y se quitó el par de tenis junto con el pantalón rápidamente metiéndolos como sea en su estrecha mochila.

— ¿Te vas tan pronto te vas? —preguntó Tavros.

—Bueno —meditó Dave, saltando poquito para subirse los jeans —, tengo que ofrecerme a llevar a Jade a su casa. Hay que se caballeroso.

— Uh… ¿Sabes que ella se va en un transporte diferente, verdad…? Todos saben que los Harley barra English se van en transporte privado por cosas de sus familias.

—Lo sé, pero puedo acompañarla hasta el estúpido bus, ¿o no? Así tengo el chance de hablarle y esas cosas. Entablar lazos con el enemigo, ¿me entiendes?

— ¿Por qué rayos Jade sería tu enemigo?

Dave no dijo más, porque no tenía caso explicar ése tipo de cosas a Tavros. Jugueteó con su teléfono un rato, esperando a Tavros.

—Apresúrate, que iba en serio en que estoy decidido en acompañarla.

—Uh, espera —dijo —, ya me atoré. Sólo dame un minuto.

Dave se pasó las manos por la cara con frustración.

Cuando salieron aún estaban Rose y Jade, ahora sentadas en el pasto de las canchas platicando amenamente. Ya no estaba su vecino.

John

En la pantalla de su computador las letritas de aceptación para que alguien lo tutorase le alivió un poco. Un peso menos de encima era genial, fantástico.

Tuvo que regresar antes que las chicas porque su padre no tardaba en llegar y tendría uno de ésos ataques de enojo-preocupación por no verlo en casa a altas horas de la noche. Quería quedarse toda la tarde a escuchar las muy femeninas y lindas pláticas que a veces sostenían Jade y Rose con él en el medio.

Hasta ahora, los acercamientos hacia Rose no habían funcionado para nada.

Hablaron un poco, leves frases pero ahí estaba el sentimiento de que estaban sentados uno junto al otro. Además, ella sonreía casi todo el tiempo: con los ojos un poco achicados y los labios en una sonrisa paciente y misteriosa.

¿Qué pensaba ella de él? Vaya embrollo.

— ¿Hijo? —la puerta estaba abierta, con su padre asomando el rostro por ella —. Qué bien que aún estés despierto, ¿ya comiste, muchacho?

—No, aún no.

—Bien, prepararé la mesa, te espero allá —terminó de decir y se fue.

—Maldición, papá —contestó él, bajito.

Apreciaba el esfuerzo de su padre por querer convivir, de verdad lo hacía, pero llegaba a ser chocante la forma en que lo hacía. Era considerado un adolescente aún: su padre tenía que saber, por obligación, lo difícil que era ser un joven lleno de hormonas alborotadas.

Vaya embrollo.

Cenó entre conversaciones cortas con su padre, que a veces llegaba a contagiarle ése sentimiento cálido que lo rodeaba al intentar entenderlo. Su boca de vez en cuando comentaba lo bueno del sabor de la comida del pastel frente a él con una mueca más o menos disimulada hasta convertir aquel balbuceo en un cumplido.

John se retiró, despidiéndose de su progenitor con una sonrisa, con la mejor que pudo sacar… El mayor le hizo un gesto, como despidiéndose igual. John sabía que su padre estaba sonriendo.

Su ukelele le esperaba, junto con una de sus camisas favoritas y colchas calientitas.

Dave

No podía dejar de pensar en lo bien que habían salido las cosas con Jade.

Él estaba tan contento que una sonrisa estaba impregnada en su rostro como el olor de los perfumes baratos que regalaban en los supermercados.

Su hermano estaba mirándolo, pero no le hizo caso a ésa aura de gran sabiduría que se cargaba cada vez que sentía que sabía algo que él no.

No dijo nada, dedicándose como pudiera en hacer su tarea bien. Dave había llevado a Jade hasta su bus, caminando tranquilos entre algunas de las hojas secas que el otoño llevaba consigo. Cuando llegaron charlaron un rato antes de despedirse bajo la mirada del hijo de puta de su primo.

—Bien —dijo —. Ésta mierda es buena.

Dave se encogió de hombros. Acurrucado contra el sofá de su cuarto (el sofá feo de segunda mano que estaba de rebajas en una mercadillo de cosas raras de su hermano, teniendo en cuenta que el estampado del sofá en cuestión era de Sonic tapado por una colcha bastante gruesa). Escuchaba música.

Qué bien canta este condenado, pensó, repitiendo la lista de reproducción de EctoGhost.


(*) Dwayne Douglas Johnson es un actor, fisiculturista y luchador profesional estadounidense, también conocido como "The Rock"(traducido al español como La Roca), según me comenta Wikipedia. Tomé como referencia al actor porque a mi padre le gusta la película de "Gridiron Gang", película precisamente de fútbol americano (además de que me agrada muchísimo La Roca).

(Sinceramente espero que haya resaltado la referencia a Superman y Harry Potter, de verdad.)

Sí, bueno... la cosa va lenta... y lo digo pORQUE NI SIQUIERA HAN HABLADO ENTRE ELLOS.

Me constó un poco más escribir todo esto por la trama que llevo ya diseñada, además de que estoy a finales de semestre y escribía un poco cada vez que podía entre tareas y clases. Jamás creía tan difícil escribir y estudiar al mismo tiempo hasta que lo viví en carne propia. pero bueno...

Dudas, sugerencias y aclaraciones: POR FAVOR, DEJEN UN REVIEW. NO LEO MENTES.

Gracias por leer.

Con cariño, Wizardbot.