Disclaimer: Homestuck no me pertenece. Es enteramente propiedad de Andrew Hussie: su único y verdadero creador. HAIL, HUSSIE.
Advertencias: OOC, Slash, malas palabras.
Dave
Los ruidos por afuera del pasillo en el segundo piso lo hicieron despabilarse a la fuerza. El primer pensamiento siempre asegurado en el chip de supervivencia le susurró que podía tratarse de un ladrón, así que tomó la espada rota que tenía guardada a medias en el segundo cajón del escritorio.
Pero no era un ladrón, claro que no.
Su hermano simplemente había llegado achispado a la casa, tumbando un montón de cosas a su paso y pateándolas con forme se lograba abrir paso entre el grado etílico de su sangre y lo estorbosas que ahora le resultaban las paredes y varios muebles, él era culpable del escándalo. Él realmente no quería saber la razón de la borrachera de Dirk… pero de todos modos se quedó afuera del baño para esperar a que su hermano dejara salir todo lo que no tenía que llevar y diese la cara después de convertirse en el diluvio que devastó la casa entera.
Dave suspiró. Dirk no era un borracho ni mucho menos… ¡siendo sinceros ni le gustaba la bebida tanto como para beber hasta tambalearse!
— ¿Estás mejor? ¿Puedo irme a dormir ya? No quiero estar cargando las velas entre la estrecha relación que tienen tú y retrete, mejor los dejo solos.
—Ve. No necesito de una niñera ahora, Dave —Bro se recargó de la orilla del servicio y tallándose los ojos por debajo de las chuecas gafas triangulares que ahora ni lo ayudaban a verse muy cool, sino más bien, ridículo—. Sólo estás buscando un buen pretexto para mañana culparme de la desvelada que te darás ésta noche.
Dave rió sin gracias (si es que a eso se le podía llamar risa), movió la cabeza un par de veces como medio asintiendo y empezó a arrastrar los pies de regreso a su pieza.
—Está bien —le contestó, aunque ya estaba más adentro de la habitación que afuera.
Cuando hubo en su cueva, la seguridad de las penumbras fue desecha por la luz que horadaba por la rendija de su puerta y el pasillo.
El viernes por la noche su hermano llegó como una cuba, despertándolo en el proceso de llegar al baño y creando, sin querer, todo un caos dentro de su adolescente mente. La madrugada fue todo lo contrario de «en un abrir y cerrar de ojos», pasándola en pensar sobre los problemas que Bro tenía. Su cuerpo se entumecía cada cuanto por mantener el cuerpo en la misma posición, siendo así hasta lo que fue las tres de la mañana.
Decir que eso pasaba con regularidad era una mentirota de las grandes, de las que no le gustaba decir.
Dave lo escuchó, escuchó a su reloj de la mesita de junto hacer clic en una hora desconocida.
La manía de despertar con un brazo saliendo por el agujero del cuello era presente desde que casi tenía pañales, por lo que no se sintió sorprendido al casi degollar su cabeza cuando se estiró soñoliento y entumido.
También sabía que cuando dormido se le ocurría enrollarse en las sábanas.
Cosa que por supuesto se le había olvidado completamente. Y, al contrario de como con su mano a través del agujero de la cabeza, no esperó el golpe que se dio en la barbilla.
Algunas veces, Dave se autonombraba como una persona floja o, incluso, dormilona, porque como a cualquier muchacho quedarse dormido hasta tarde los fines de semana entre las mantas tibiecitas era lo mejor del mundo, pero la idea no se le hizo tan divertida al ver que su reloj marcó la una de la tarde y contando.
Se puso lo primero que encontró, porque era sábado y la flojera mucha.
Su cocina era la típica americana con algunos detalles Strider que la hacían única y peculiar. Las cosas únicas la hacían peculiar y las peculiares, única. Una de las cosas que le daban un aspecto peculiar era la estampa de Dirk Strider casi encorvado por completo sobre la mesa de la cocina y el cabello sorprendentemente desordenado.
—No hables.
Eso había dicho, apenas entró por completo en el comedor.
¿Y quién quería hablar contigo?, rezongó aniñado en su cabeza. Como no tenía otra cosa con qué entretenerse, se dedicó a ver lo horrible que su hermano mayor se veía.
Dirk Strider movía la mano por la horquilla de su taza favorita de café donde, irónicamente, prefería tomar jugo de naranja en lugar del delicioso, despertador y estimulante néctar de cafeína. No llevaba las gafas que tanto empeñaba en usar, pero qué más daba porque de todas formas ni podía ver el naranja de los ojos gracias a lo fuertemente cerrados que estaban, haciendo gestos curiosos puramente impropios de él.
Pero qué migraña tenía el tipo.
La culpa era de él, ¿para qué se le iban las copas?
Dave estaba segurísimo al mil de que, si se le ocurría decir algo, terminaría con algún asqueroso e inquietante Smuppet en la cara frotando su polla por donde pudiera.
Se recargó en una mano y tarareó el coro pegadizo de la canción que escuchó pasaron en la radio pública que el vecino escuchaba, callándose apenas vio el enojado mirar de Bro.
Ah, quería dormir. No quería estas mierdas que Bro le hacía pasar.
Además, el insomnio lo dejó chocante e irritado. Era vano aparentar que todo estaba bien, así que cuando terminó el escueto desayuno (uno tan malo que lo dejó con más hambre de la que llegó a la cocina) asumió que era tiempo de redimir esas deliciosas horas de sueño faltantes en compañía de Karen [1], su cama.
Pero la idea de dejarlo solo ahora…
—Ve a dormir —escuchó la voz lamentable y quejica de lo que supuso era Dirk, que más parecía una mata de rubios cabellos en desorden que su hermano.
Quiso darle un abrazo sin ninguna razón (porque inconscientemente relacionaba las fáciles soluciones emocionales de los de alrededor suyo con las de los Strider). Luego recordó que esas cosas no iban con él ni con Dirk y que si lo hacía jodería las cosas más de lo que ya estaban por sí solas. Evaluó un poco la situación antes de ceder y girar en dirección a las escaleras rumbo a su santuario.
Sus pies moviéndose solos, quitándose las gafas y arrojándolas Dios-sabrá-dónde. Ya estaban bastante viejas, qué más daba. La cama le resultaba confortable como nunca antes pensó que podía llegar a ser. Ah, la buena de Karen, con sus bienhechoras cobijas y mullido colchón afelpado de corte individual exacto para el tamaño adolescente de su cuerpo.
Escuchó la sicofonía del televisor a través de las paredes antes de quedarse dormido.
John
Desde temprano, el señor Egbert había dedicado su tiempo a ordenar el resto de cajas que desde hacía dos meses acumulaban polvo en el ático porque su hijo John tuvo demasiada flojera como para organizarlas y guardarlas como su padre dijo que hiciera. El contenido de todas las cajas variaba; libros, tanto de su padre como del mismo John; pipas, una gran colección a pesar de verse idénticas unas a las otras; horribles arlequines, de rostros sonrientes y muecas exageradas; y muchísimos portafolios llenos papeles importantes sobre hombres de negocios.
John fingió no haber gritado como un orco cuando una caja del tamaño de Tilikum [2] le cayó en el pie, para llevar después la caja de folders al, ahora, despacho de su progenitor sin nada de dolor en el pie ni cojeando, claro que no. A callar.
Una testa rubia se removió en la otra casa, la de enfrente, John estaba subiendo las escaleras, en busca de los libros grises que su padre le pidió antes y no trajo, y pujo ver aquel espejismo claramente a través del gran ventanal que se abría paso a través de los peldaños en una especie de cúpula. Estiró el cuello y dejó de ver la cabeza cuando esta se echó para abajo…, supuso que la persona se echó a la cama… o tal vez cayó. No seguro, entrecerró los ojos, fingiendo ver más a pesar de su casi mediocre vista.
John no era una persona chismosa. Lo podía decir con orgullo y alzando la barbilla como cuando niño, considerando en todas las cosas interesantes e intrigantes que pasaban alrededor suyo. Por esa razón dejó pasar la ocasión de saber más del primo de —suspiro melancólico y enamorado— Rose Lalonde.
Porque sí: se vecino era el mismísimo primo de Rose Lalonde, según le dijo Jade cuando estuvieron en las gradas viendo juntos la práctica del equipo de americano al que el primo de Rose pertenecía.
— ¡No entiendo cómo no te diste cuenta antes, John! —Jade comentó mirando a Dave y riendo, haciéndolo sentir algo tonto.
Pero tenía razón:
¡Los dos eran rubios! ¡Eso era mucha coincidencia!
Bajó otra caja más (¡la última!), arrojándose como costal de papas en el sillón de la sala. Su padre permanecía en el estudio, ése que estaba junto a las escaleras de la casa.
Todo el mundo sabía que los fines de semana estaban hechos por el gobierno para que la gente floja hiciera lo único que se supone sabía hacer: echar del vago. Pero no. A su padre era el único ciudadano medio-promedio al que se ocurría la idea de hacer quehaceres muy temprano desde la mañana. Sentado en la sala, el Señor Egbert, Hombre de Negociosos y Padre del Futuro Loco Local, ordenaba papeles en pilas de colosal tamaño: ponía los verdes en una pila junto a los violetas mientras que los papeles naranjas quedaban olvidados en el fondo de una caja de cartón blanco donde John había dibujado una salamandra algo deforme sin razón alguna.
— ¿Saldrás?
John gruñó, frotó sus ojos por debajo de los anteojos. Ay, que su padre tenía que hablar cuando el sueño lo estaba venciendo.
—No, tengo tarea que terminar.
—Entonces empieza ya —dijo el hombre de negociosos, prendiendo su pipa—, así puedes disfrutar el día de mañana con tus amiguitos.
La frase se le hizo tonta. Vio como opción eso de salir, tenía el chance de ir al cine o algo, quizás con Jade… quizás con Rose.
Su padre no dijo nada después y lo tomó como una limpia y discreta invitación a retirarse. John supuso que tampoco había necesidad de responderle y caminó escaleras arriba a su habitación.
—Mudanza de hace dos meses, eh.
John asintió.
Jade parecía compartir el mismo cansancio que él.
— ¡Y quiso recoger todo en un solo día…! Era clarísimo que por alguna razón no se nos ocurrió guardas todas esas cosas en los dos meses que estuvimos aquí —un ruido gutural salió desde más allá se la garganta, del estómago… como los cantantes. Su video-llamada se había ido entre quejas y quejas de John, y risas y comentarios graciosos por parte de Jade. Mientras conversaban intentaba resolver una serie de incisos de Biología:
«12. Explica los puntos transformistas de Lamarck y las Leyes de Uso y Desuso.
13. Según la Teoría Sintética, ¿cuáles son las 4 fuerzas que producen la evolución?
14. Explica en 10 reglones por qué se le nombra así a la Teoría Neutra de la Evolución.» [3]
Jade estuvo asintiendo como medio segundo antes de revolcarse entre las sabanas.
Jade a veces parpadeaba mucho cuando estaban en video-llamada y él, como buen observador que era, dedujo que se debía a que no llevaba a sus gafas puestas y eso le daba muchísimo la apariencia de una niña simpática (más allá de lo que ya era). Incluso se llegaba a ver bonita.
Pero no tan bonita como Rose, pensaba. Mordió la gomita de su lápiz… ¿quién fue primero, Darwin o Wallace?
—Y dime, John —habló Jade, quien le dio la impresión por un segundo de que llevaba toda la tarde esperando poder hacer ésa pregunta—, ¿a qué se debe ésa sonrisa?
Quizás Jade tenía el poder telepático, John estaba consciente de eso.
Mejor no contestó, era más divertido pensar en Lamarck.
Dave
Despertó tres horas después, lo supo gracias al feo reloj de pared que tenía y no gracias a su celular porque la porquería tecnológica se había muerto por falta de cargar la batería. Le pediría a Bro que le hiciese alfo para solucionar aquel problemilla. Por algo el maldito era bueno en la robótica, asó que debía de hacer un excelente trabajo al momento de darle un par de retoques a su móvil.
Se quedó en la cama por muchísimo tiempo, hasta que las piernas se comenzaron a adormilársele y el frío le causó repetidos estornudos sonoros.
Puso notar que de la sala ya no provenía ningún sonido y que de la habitación de su hermano sonidos metálicos le ponían la piel de gallina.
Cuando su celular resucitó de algún lugar inter-dimensional se dio cuenta de que tenía un par de mensajes en pester. No lo iba a negar, la idea de ser popular le emocionaba e irritaba de igual forma; algunos eran de Karkat, lo que ignoró intencionalmente para hacer enojar al cabrón; otros de Tavros, donde le preguntaba si tenía tarea de Química; uno era de su prima, donde apreció de primera mano la gran habilidad lingüística de su compinche y los demás de gente desconocida ofreciéndole invitaciones a fiestas o chatear un rato…, cabe decir que los ignoró por igual. Ni los abrió.
Jade seguía sin responderle los mensajes, y Dave estaba segurísimo que eso lo hacía estar aún más enamorado. No pudo estar más de acuerdo con que a los hombres les gustaban los retos, ahora que vivía en carne propia la literalidad de la frase. Había cosas muy interesantes, y las que tenían que ver con Jade le gustaban cada vez más a pesar de lo complicadas que resultaban.
La mañana del lunes del tercer mes, Dave se peinó diferente. Teniendo una meta tan fija que era de temerse.
¡Un paso atrás, Mundo! Aquí venía él, muy claro el de hacérselas con Jade antes de terminar el año y sentirse realizado al fin; terminando como un verdadero campeón, así tenía que ser.
Quería ir a su última Prom con ella de la mano.
Y debía decir que se veía bien. Más allá de bien. Más masculino y toda la cosa. Su hermano no dijo nada; a pesar de que se le quedó viendo por casi cinco segundos seguidos. Con las gafas puestas, se miró en el espejo de la entrada por última vez, caminando seguro con dirección marcadísima a la escuela.
Más o menos.
Clark Kent hizo acto de presencia al mismo tiempo en que se disponía a partir, con la melena hecha un montón de ramitas negras entrampadas una sobre otra. Dave tenía que admitir que le daba una apariencia original rayando con lo simpática. Vestía jeans casuales, de esos flojos y cómodos a la vista, junto con una playera de manga corta muy liviana para su gusto, teniendo en cuenta de que estaban en pleno Otoño/Invierno. (Además, como si su apariencia no fuese lo suficientemente peculiar ya, la mochila que portaba tintineaba por tantos pines que traía montados en el morral. ¿Los pines de Con Air todavía se vendían…? ¿Siquiera existían…?) Pero allá él y su locura.
Cada vez que daba un paso, el hijo perdido del Dr. Jones [4] daba otro más largo, dejándole un gran tramo de diferencia. Fijo que el tipo llegaba antes que él.
Si algo le importaba menos a Dave, eran las otras personas y sus asuntos. Le dio lo mismo que su vecino llegara antes que él y no aceleró ni disminuyó el paso hasta una vez hubo frente a las puertas rejadas de la entrada al cole.
Qué más daba, el tipo lo superó por más de dos cuadras.
Ahí, en la escuela, apenas divisó la cabecilla de Tavros corriendo a quién sabe dónde con prisa, para perderse después entre la multitud. También pudo ver a Jade y le saludó. Rose lo ignoró y eso no le pudo importar menos. Es que así era Rose.
—Entonces… —el profesor comenzó a pintarrajear en el pizarrón, tratando de hacer un cuadrado en tercera dimensión bastante pobre, apenas manteniendo la idea de que ahí tenía que estar un cuadrado… o algo supuestamente geométrico—, una vez que tenga el-la retícula —azotó con fuerza las enormes escuadras asustando a todos y a sí mismo en el proceso— van a sacar los lados de su, de su modelo así… y luego, así vas a obtener el volumen que-que esperan para poder verlo en… bueno, en tercera dimensión, ¿sí? Así… Así porque es la forma en la que la luz les-les da… le da a su figura, ¿sí? —Hace un par de rayas con el plumón y se vuelve hacia ellos, acomodándose las solapas de la camisa cuadrada que vestía hacia abajo—: ¿Dudas?
Y así comenzó su prometedora semana.
Su profesor tenía una manía de explicar nada en cada extenuante clase, que resultaba ser tan claramente como un charco de lodo. Podía ser bueno en su trabajo, pero explicando era simplemente una basura. ¡El sujeto no tartamudeaba! ¡Sólo repetía las palabras con un tono de voz realmente monótono e irritante que le ponía los nervios de punta! ¿No podía hablar más rápido? Se atrevía a decir que prefería cien mil veces un profe regañón y llevadito como el de Física que al de Diseño Ambiental [5].
Era el tipo de clase que, lamentablemente, no compartía con Tavros. Observó los dibujos de sus compañeros de mesa, la mayoría buenos y el resto deformes. Karkat no hacía nada y jugaba con su lápiz 2B poniéndolo sobre su labio superior o rayando la mesa en las narices del profesor y sin ningún tapujo. Tal vez era tan perezoso como él, porque cuando estaban en ésa clase prefería perder el tiempo en cualquier otra cosa y terminar el trabajo después, en la comodidad del hogar y comida chatarra. Lo único malo sobre la rutina adquirida era que, incluso en su casa, la materia el daba la misma flojera que en el salón.
— ¿Cómo vas, Strider?
Esa era una de las veces rarísimas donde el profesor le preguntaba qué hacía. Ocurría cada cien años y en pleno eclipse estelar, que dejaba el cielo negro y a los gallos desorientados haciendo "quiquiriquí, quiquiriquí" durante casi tres horas por la perturbación a sus sistema motor.
—Bien —dijo Dave—, voy bien.
—Bien —respondió el Profesor Bob Sheldon [6], como si le hubiese preguntado algo en realidad. Cuando se lo proponía, el maestro desprendía autoridad. De todos modos, en caso en el que fuese, se retiró como siempre y se pegó a Terezi, quien mordía el lápiz como si fuese un trozo de pizza.
Terezi fue su novia alguna vez.
Estaba buena, tenía unas caderas de perdición y tetas del tamaño justo, ni más ni menos: justo. Era simpática y graciosa, aparte de ingeniosa y buena onda. Anduvieron por lo que fue alrededor de medio año. El problema fue el ser ciega.
Que no se malinterprete la cosa, no fue por eso en totalidad. Fue más bien porque la tipa se la llevaba de pasar la lengua por todo a su alrededor para saber de qué se trataba… más o menos como las serpientes, pero en vez de captar aromas con la lengua era la capacidad de ver con la misma.
Dave también se llevó una gran decepción al saber que lo engañó con alguien desconocido, por lo que dejó las cosas por la paz y terminó la relación. Se la podía perdonar pensar que lamía a todo aquel que pasara enfrente de él, pero de eso a jugárselas con otro bajo las narices era para nada gracioso o pasable.
Pensar en Terezi no le traía malos recuerdos o algo, simplemente lo ponía incómodo. Ahora mantenían una sana relación de amigos en lo que cabe decir, además de que Terezi se la pasaba coqueteando con su novia, Vriska, la que, por mencionar, le caía ni mal ni bien… pero prefería mantener distancia de ella.
Todos movieron papeles entre sí, lápices guardados y ay que ya se van todos.
—De tarea —todos salían mientras que el profe intentaba hablar, Dave guardaba sus cosas calmado—, quiero… quiero que traigan la-la lámina terminada para que empecemos con la sexta… con la sexta lámina y-y entremos a segunda unidad.
—Uh —y ahí estaba Tavros, recargado en los casilleros verdes deslavados—, hola. ¿Qué tal la clase?
—Lo mejor que se puede esperar de un tipo que se la pasa hablando como una grabadora desacelerada cien veces. Dame un respiro, estuvo tan lenta y aburrida que antes y no me derretí por el paso del tiempo.
— ¿Tan mal?
Sí, Tavros, estuvo mal.
Dave encaminó paso al otro salón, le tocaba Estadística en compañía de Tavros. El pasillo estaba prácticamente vacío. La Profesora Sarpy los esperaba en la entrada del salón cuando llegaron, tenía una mueca en la cara. Bueno, ella siempre llevaba una mueca en la cara.
—Tarde —dijo, mirando a ambos.
Dave se encogió de hombros y Tavros se limitó a mirarla. La Sra. Sarpy tenía un resentimiento oculto con Tavros por su corte de cabello tan "estrafalario" que le mencionó una vez.
Harry Potter se asomó un momento para verlos antes de bajar el mentón y volver a la suyo.
—Sin las nueve y cinco.
—La entrada es a las cinco…
—… Y se supone tenemos cinco minutos de tolerancia, ¿no?
Sarpy, después de unos segundos, le dio paso. Claro, con una mueca en la cara.
Estadística era igual de mala que Diseño Ambiental, pero en su lugar tenía una profesora antiquísima que dio clases antes en una universidad desconocida en California y que ahora impartía clases en último año de preparatoria. Al inicio, dijo que eran su primer grupo. Era su primer año con muchachos de prepa.
— ¿Ya hablaste con Vriska? —preguntó Dave.
—No, claro que no —contestó Tavros, codeándole para que hablase más bajo—. Creo que se fue otra vez de pinta con… con Terezi.
—Ya te dije que eso no durará, créeme —y de verdad esperaba que Tavros confiara en él.
Vriska y Terezi era conocidas particularmente por dos cosas: ser buena onda y ser unas putas. La reputación de ambas lo respaldaba y hasta ahora no había quien lo negase más que ellas mismas que ahora llevaban año y medio saliendo juntas. Quizás la relación más larga para ambas… pero qué poca fe les tenía.
—Eh, pues, bueno, no parece que eso sea verdad, Dave —sonó como si la decepción fuese mucha.
—Claro, como que parece que su relación no pende un hilo, amigo. Te lo digo yo, no va a durar. ¿Es lo que te jode, el no poder hablarle?
—No, ojalá fuera eso.
— Habla con ella, no estaré por siempre aquí diciéndote qué hace, Tavros. Tienes que empezar a hacer las cosas por ti mismo. Dime, ¿qué harás cuando ya no esté aquí?
Tavros rió un poco.
—Uh, sienas como mi hermano. Para ya.
—Sé que llorarás por las noches sin mí aquí, no lo niegues —dijo, rayando en su cuaderno «Selecciona un habitante de la población al azar. Considera los eventos siguientes…», o algo así—. Apresúrate, quiero irme ya.
John
La segunda hora era la peor.
Esperaba salir vivo de esta ya que los números no eran lo suyo.
Estadística, ¿quién la necesitaba? ¡Nadie! Por lo menos no en éste momento.
«El tiempo (en minutos) que le lleva a 30 estudiantes llegar de su casa a la escuela, se registra en los siguientes datos:
30 45 40 35 60 35 45 40 55 60 50 80 50 45 40 25 20 120 80 50 40 50 60 45 40 20 15 20 35 30»
Strider, según le comentó Jade el apellido, entró cinco minutos después de las cinco. Lo supo porque la Sra. Sarpy lo gritó a los cuatro vientos en busca de humillarlos, supuso. Porque no era realmente necesario gritarlo, Dios Salve a la Reina.
A Jade le gustaba Dave. Ella misma se lo contó el domingo por la tarde.
Estaban conversando de Rose cuando Jade lo sacó a colación y reveló su "penoso secreto", según dijo ella. John no entendió muy bien qué le veía. Bien, era la estrella del equipo, corría más rápido que los demás y quizá podía llegar a ser carismático…, pero ¿y eso qué? ¿Que si se sacaba los mocos? ¿O si era visco y esa era la razón por la cual jamás se sacaba las gafas? ¡De verdad, ni en las prácticas! A lo mejor era medio-mutante y las gafas las llevaba pegadas a la cara gracias a un hilillo de piel como los que les cuelgan a los pavos y por eso jamás se le cayeron en ni un partido hasta la fecha. Era físicamente imposible.
Una vez escuchó decir a una chica de su mesa que Dave Strider era el Sr. Fantástico. Estaba 98.7 % que la tipa no sabía que ése nombre ya lo llevaba alguien (que casi era una marca registrada) y no tenía nada que ver con ser cool o popular, sino más bien con su poder de elasticidad gracias a una mutación provocada por la radiación cósmica con la que se topó su nave al pasar por el cinturón de Van Allen. Pero eso era otra cosa, aunque no podía pasarla por alto…
El tipo no era feo. Desde un punto masculino y nada homosexual, podía admitirlo. Dave Strider no era feo, y supuso que si él mismo fuera una fémina adolescente, como sus colegas de sexo contrario, se sentiría igual de atraído hacia él como el resto de ellas.
Hasta ahora, no hubo oportunidad de que ambos hablaran, así que no podía decir que era un mal tipo o buen tipo. Simplemente era un tipo más con cara bonita y extraordinarias y llamativas características para las chicas del estudiantil. Su cara linda era como el plumaje de un ave en época de apareamiento: entre más llamativo, había más posibilidades de atraer una hembra.
John estaba seguro que incluso era más alto que el Strider.
— ¿Qué piensas? —le preguntó Jade ése mismo domingo en la noche, sobre el Asunto Strider.
—Nada, no mucho. No puedo decirte que esté mal, no conozco al tipo así que… ¿está bien? Digo, no tiene nada de malo que te guste alguien, aunque sea un tipo como él, con sus gafas de motociclista y pinta de soc [7]. Habla con él, eso es lo menos que puedes hacer.
Jade argumentó un montón de cosas que le parecieron tonterías pero se las pasó por buenas porque ella no hablaba mucho sobre ése tipo de cosas y era mejor dejarla sola cosas para que resolviera lo que tenía que resolver. De todos modos, no podía obligarla a tratar de socializar con él.
—Oh, está bien.
Eso le respondió, simple y bonito.
John recordó, mientras que organizaba los números del siguiente caso en orden, que vio a Strider al salir de casa. Dave caminaba casi a lado suyo, por lo que aceleró el paso y llegó antes. Era incómodo caminar así con alguien sin siquiera conocerlo, además, no había pasado por algo que la primera vez que se conocieron, el tipo creyó que él era un ladrón.
Él empezó a reírse entre dientes.
— ¿Qué es tan gracioso, John? —preguntó Vriska Skeeter, la rubia del equipo, siempre llegaba con gafas de montura gruesa a la escuela. Él estaba seguro que no las necesitaba.
Él la miró, era guapa… pero muy escandalosa.
—Cosas, sólo cosas.
— ¿"Sólo cosas"?
—Que sí. Un chiste, uno muy malo que no te contaré porque no lo entenderás.
Ella protestó, pero él no la escuchó del todo: ¡vaya, el número de población había cambiado drásticamente a como el ejercicio anterior! Ésta maestra tenía que estar bromeando.
Checó su móvil, siendo saludado por la emblemática cara de Nic Cage y su cautivadora sonrisa —por encima del hombro escuchó que Vriska decía algo sobre su fondo de pantalla, pero ni caso le hizo. Eran las nueve y veintisiete…, sólo una hora y minutos más.
Dave
Cuando el timbre repiqueteó, todos salieron hechos locos, eran las once de la mañana y ya le pesaba el cerebro. Ugh, Estadística y sus cosas de números. Dave no era tan malo, sino sería una deshonra para su hermano quien, en sus años escolares, exentó la materia un mes antes que el año escolar terminara: con la máxima nota, claro que sí.
Con el revoltijo de cabezas, pies y extremidades salidas de Dios Sabe Dónde, logró chocar con alguien y, para la suerte, finalizó cayendo al suelo cual misil nuclear en tiempos de guerra. Tavros se apresuró a levantarlo… con ayuda de una mano que se ofreció como gancho.
Ni más ni menos que Kal-El, con su traje de periodista promedio en tiempos mozos de la juventud, acudió a su auxilio.
—Lo siento —dijo. Ah, con que él le empujo. Era de aplaudir, el tipo le ayudó a levantarse.
Dave asintió un momento. Las alturas eran más evidentes ahora que estaba de pie, por eso se hinchó de pecho levemente y con disimulo para no quedar mal. Escuchó a Tavros reírse y le soltó un codazo, luego respondió:
—No hay problema, amigo.
—Oh, bien está.
Y sin ninguna razón el tipo sonrió de oreja a oreja, se despidió golpeándole un hombro con el puño para después marchar a lo que supuso, sería la dirección a la clase siguiente. Sus dientes eran levemente (levísimo, casi ni se notaba si no se ponía atención) grandes, pero su sonrisa era bonita.
Ahora iba Física, la última hora con el profe llevadito, el Sr. Josep Dave trató de recordar una vez en la que el tipo no se pasara con todos, pero no recordó nada por más que buscó en sus memorias.
Tavros otra vez no estaba con él, había tenido algo de suerte de no estar en el grupo de almas en pena del Terror Jo. Tavros tomaba clase en el aula de junto, pero de igual forma la suerte no lo acompañó del todo, ya que su profesor los sacaba casi pasando los diez minutos de clase. Porque era así y que se jodieran todos. Esa era la razón de que siempre llegara tan tarde a las prácticas y saliese regañado por el viejo morboso que tenían como entrenador y encargado del equipo de americano.
Decir que era fácil entrenar con el equipo es mierda pura, meditó sentándose en la banca metálica del laboratorio destinado a las ciencias y no a las físicas, irónicamente. El maestro mencionaba una y otra y otra vez que no podían hacer nada con electrodos porque ser peligroso por el metal y sus conducciones y esas cosas.
El punto era, que su equipo no era fácil de tratar. Una gran masa de testosterona junta nunca era buena, juntarla y hacerla competir con otra gran masa de testosterona de otras escuelas era aún peor.
Todos los integrantes eran unos desequilibrados… Sí, incluyendo a Tavros.
No planeó unirse al equipo de americano al entrar a la preparatoria.
Dave apretó con fuerza el lápiz, sin la suficiente fuerza como para romperlo. Oye, que era un lápiz semi-nuevo.
Su hermano tampoco lo planeó y en comparación a él, no entró. ¿Por qué no siguió sus pasos? Era una estupidez estar en un equipo tan tonto y disfuncional como el suyo. De hecho, consideró que podía salirse apenas tuvo la oportunidad… cuando el semestre en el que entró no cachó el primer pase que se le dirigió directo su estómago. Haciendo un esfuerzo sobrehumano para poner atención a lo que el maestro decía, apuntó los garabatos en el papel frente a él sin ningún esfuerzo por entenderlo.
Perdió la batalla contra la concentración, empleando el resto de su imaginación en divagar entre los enmarañados recuerdos de la juventud no tan lejana.
Ajustó sus gafas.
El aroma a pasto mojado y tierra sequísima entre los dedos emergió a tal grado de sentirla como el día en el que entró. Cuando entró a la cancha por primera vez ni siquiera consideró que fuese una mala idea. Le había llevado menos de medio minutos decir que eso no era una buena idea, pero de igual forma había llenado la solicitud y presentado a la hora de la cita general para todo aquel que decidiese desperdiciar su tiempo libre en babosadas escolares.
Él no podía esperar, quería tomar el ovoide y hacer algo por la simple acción de intentarlo.
Entró, claro que lo hizo. No fue tan difícil como la expectativa lo marcó.
—Yo sé cocinar bastante bien. Cualquier comida italiana que alguien desee que le prepare, lo puedo hacer. Pasta, ravioli, pizza. ¡Ah, pero si un día los veo poniéndole cátchup a la pizza, los agarro a patadas…! Una buena pizza no lleva ni cátchup ni salsa picante.
Platicas sin sentido, resolver un ejercicio, distraerse con la ventana, garabatear en la orilla de su hoja de apuntes… Su profesor divagaba con frecuencia, a veces hablando de comida, otras sobre lo mal que estaba el país en cuanto a cuestión política o simplemente a regañar a alguien casi por respirar. Terror Jo hacía de sus clases algo simplemente aburrido e desconcertante de niveles iguales. Lástima que a principio de semestre no se le ocurrió meter solicitud para cambio de maestro.
Todos los del salón hacían lo mismo que él. Se quedaban en silencio y casi sin moverse, esperando que Terror Jo fuese como un Tiranosaurio Rex.
—Pásalo —dijo Eridan, hablando mamón como sólo él.
Tomándole el papelito, no lo pensó antes de pasarlo a Feferi, Feferi hizo muecas.
Eridan sonrió ampliamente, sin dejar de fruncir el ceño, viéndose feo.
Dave miró por un rato a Feferi. La chica no era fea. Eridan era un bruto. Sollux un cabrón. Cerró los ojos con fuerza, luego volvió la cabeza al pizarrón. Cuarenta minutos más.
—Hola, Dave —una porrista fue la primera en saludarlo al salir de salón.
Dave la miró. Quizá era la misma de la otra vez, no la recordaba bien.
Era lo malo de todas fueran porristas. La mayoría se pintaba el cabello del mismo rubio artificial y se pintaban la boca con el mismo rosa Barbie que el montón. Había chicas que eran más fáciles de identificar por el marrón o negro de su pelo u la costumbre de no usar maquillaje.
—Hola —dijo él.
— ¿Te acompaño a las canchas? Vamos al mismo lado.
—No, gracias. Voy a esperar a un amigo —mintió.
—Entonces… —ella acomodaba su cabello. Era bonita, casi no tenía puesto maquillaje más allá de un suave delineado sobre los ojos y pintalabios claro. Su boca se parecía a la de Mulán.
Pero Jade es más bonita.
— ¿Entonces…? —dijo Dave.
—Entonces te veo allá, ¿vale?
—Sí, allá nos vemos.
—Va, nos vemos allá.
—Genial.
No esperó más y caminó con paso flojo a los sanitarios. Terror Jo les dejaba salir veinte minutos antes.
El camino a la cancha no estaba tan retirado si se apresuraba y tenía ganas de vaguear. Se detuvo un momento.
Quizás Jade estaba en biblioteca. No perdía nada con intentarlo. Recordó que tenía un acuerdo consigo mismo que se le estaba pasando por alto. ¡Se había peinado diferente, ahí se encontraba la pista más importante! Cambió de camino, dirigiéndose a la biblioteca.
Jade estaba ahí, junto a la sección 45, "Educación", leyendo un libro de hojas horizontales de bastantes dibujos sin colorear frente a sus narices. John Lennon estaba junto a ella y lo miró fijamente.
John
Dave Strider estaba allí.
Dave Strider miraba a Jade.
Dave Strider caminaba hacia ellos.
Oh, no.
—Jade —la llamó.
—Mmm.
—Strider a la vista.
Dave
Jade se veía bonita, incluso ahora que casi se ahogaba con una gomita con forma de panda. Apresuró paso y se sentó frente a ellos.
—Qué hay.
— ¡Hola, Dave! ¿Qué te trae por aquí?
Y los colores ya se le subían a la cara, carraspeó un poco y se acomodó las gafas.
—Pasaba por aquí y quise venir a saludar.
—Pues, ¡hola, Dave! —Harry Potter le picó las costillas y ella le miró, después le señaló—: Él es John, ¿ya se conocen?
—Sí, algo así.
—Somos vecinos, vive en la casa de enfrente —complementó el tal John—, soy John Egbert. El que casi te mata al salir de Estadística.
-Dave Strider.
—Lo sé.
[1] Comenté una vez con mi compañera de fandom que Dave podía ser ése tipo de personas que le ponían nombre a sus cosas. En mi caso, Karen sí corresponde al nombre que le otorgué a mi cama.
[2] Tilikum fue una orca macho que vivió en cautiverio en el parque SeaWorld de Orlando, Estados Unidos. Según sé, Tilikum era la orca más grande del mundo en cautiverio. Falleció el seis de enero de este año.
[3] Es mi tarea, literalmente. No se me venían cosas a la mente y puse algunos incisos del examen pasado que tuve.
[4] Dr. Jones, Henry Walton Jones Jr. Conocido también como Indy o Indiana Jones, arqueólogo y profesor en la Universidad Barnett. Cuando no imparte clases, dedica su tiempo libre en ser perseguido por colosales rocas rodantes.
[5] Diseño Ambiental es la asignatura actual que llevo en la escuela, así es como mi profesor habla y de verdad me desespera. Me ha servido para poder quejarme de él y su horrorosa forma de hablar. Quiero que quede bien en claro que cada profesor plasmado aquí corresponde a uno mío en la vida real.
[6] Bob Sheldon era un chico rico, de dieciocho años, novio de Cherry Valance y mejor amigo de Randy en el libro "Rebeldes", de Susan E. Hinton. Le tengo un especial amor-odio a este tipo.
[7] Soc es un término empleado en "Rebeldes", son el grupo de adolescentes riquillos.
[quiero que quede bien claro que no me caen mal ni Vriska ni Terezi, por decir que son unas putas. es parte de la historia y esas cosas. a callar.]
Dave puede llegar a olvidar sus propias intenciones de olvidar algo, entonces se me hace gracioso que relacione a John con todos los personajes más famosos con lentes. Esa es la razón por la cual Clark Kent, Dr. Jones, Harry Potter y John Lennon vienen a mi mente como muchos personajes más.
Inicialmente, éste capítulo sólo tendría dos mil ciento y cinco palabras en total, pero decidí reescribirlo completamente y terminar con el resultado que ahora ven ante ustedes. Me superé a mí misma. Siento si hay palabras mochas o si la narrativa es muy pesada, me esforcé de más y creo que eso nunca es bueno. Se podría decir que es la primer parte y que la continuación será hasta la próxima, ya que no quise que fuera tan pesado y lo dividí en dos partes.
MIS BEBÉS YA HABLARON ENTRE ELLOS. Eso es un gran avance, no sé ustedes.
No sé cuándo subiré el siguiente capítulo, porque estoy en mi último semestre de la prepa y siempre es difícil. Intentaré que sea pronto.
Dudas, sugerencias y aclaraciones: POR FAVOR, DEJEN UN REVIEW. NO LEO MENTES.
Gracias por leer.
Con cariño, Wizardbot.
