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Muchas gracias por los comentarios que me han dejado, por colocar la historia en favoritos y por seguirla.
Capítulo 2 Daño colateral
Harry se encontraba recargado sobre la barra de su cocina, sumido en sus pensamientos, en su mano derecha sostenía una copa de whisky de fuego, desde que el ministro le ordenara no salir de su casa hacía más de dos semanas, no hubo un solo día que no se ahogara en alcohol. No podía sacar de su mente esas imágenes que lo atormentaban constantemente, no podía comunicarse con Ron y aunque le fuera posible, dudaba querer hacerlo. Estaba por servirse la última copa que salía de la botella cuando escucho un "Plop" proveniente de la sala.
― Son las nueve de la mañana, Harry ― habló el ministro de magia Kingsley Shacklebolt mientras se colocaba frente a él en la cocina y le quitaba la copa de whisky de su mano.
Harry levantó su cara para mirarlo e intentar arrebatarle la copa ― sé perfectamente qué hora es, y qué maldito día ― le contestó de mala manera.
―Traigo malas noticias, Harry ― el ministro se pasó una mano por la cabeza, no le gustaba lo que se avecinaba y aún no sabía cómo lo enfrentarían y sobre todo, cómo le haría para que no fuese de conocimiento público.
Harry lo interrogó con la mirada, moría por saber, tenía días preguntándose cómo estaría ella, pero le daba miedo escuchar que lo que hizo no tendrá remedio alguno.
Kingsley advirtió el miedo en la mirada del chico ― No Harry, sobre ti y Ron tras realizar todas las pruebas a su magia y sus varitas hemos podido confirmas sus declaraciones, eso ha evitado que pisen Azkaban….
― ¡No me importa lo que pase conmigo, solo quiero que ella este bien! ― gritó Harry desesperado mientras apretaba con sus manos la orilla de la barra.
―Ve a ponerte presentable, iremos a San Mungo ― le informó el ministro mientras tomaba asiento en la sala.
Harry corrió a las escaleras, eso es lo que había estado deseando durante días, poder verla. Se apresuró y en menos de quince minutos bajó bañado y medianamente presentable.
El ministro lo evaluó, negó con la cabeza, esperaba que luciera mejor, se acercó a él y lo tomó del brazo para aparecerse en el último piso de San Mungo.
Al llegar, el ministro lo condujo a dos habitaciones más lejos de donde Harry sabía que estaba su amiga, se detuvieron frente a una puerta de la cual colgaba un letrero con un gran número nueve, el ministro tocó a la puerta y un "adelante" proveniente de la habitación permitió al ministro entrar e indicarle a Harry que lo siguiera.
Al entrar, Harry de inmediato vio al pequeño niño que descansaba en una cama. No lo pudo evitar y corrió a su lado, el pequeño no era mayor de dos años, tenía varios hematomas en su rostro, marcas de golpes en sus bracitos que se lograban advertir bajo su batita, su cabeza mostraba varios espacios con falta de cabello, prueba de que le fueron arrebatados, Harry no pudo evitar que lágrimas comenzaran a correr por su rostro, sujeto mano del niño entre las suyas.
― Teddy ― deja salir en medio de su llanto ― ¿Qué le pasó? ― Preguntó Harry al ministro sin soltar ni dejar de mirar a su ahijado ― ¿Quién fue? ―quiso saber.
El ministro en un gesto rápido hizo aparecer dos sillas, una al lado de Harry para que este tomara asiento y otra al otro lado de la cama donde sentó él para quedar de frente ― Ingresó hace dos horas, está clasificado también como Código Negro.
Al oír esto, Harry levantó el rostro para mirar a los ojos al ministro ― ¿Quién fue? ― preguntó nuevamente mientras secaba sus lágrimas con la mangas de su camisa. La furia se apoderó de él, ― ¿Quién puede ser tan vil para causarle algo semejante a un niño?
― Andrómeda ― contestó finalmente Kingsley — la encontramos muerta a lado del pequeño que estaba inconsciente, todos los golpes que tiene Teddy concuerdan con las manos de ella, pudimos extraer recuerdos del pequeño que cercioran los hechos.
― Pero… ¿Cómo? Andrómeda lo amaba ― Harry no podía entenderlo, era inconcebible que Andrómeda hiciera algo semejante.
― Fue un imperio ― le explicó el ministro.
Con eso le bastaba a Harry para entender todo, se llevó sus manos a su cara para ocultar la furia que lo invadió en ese momento, pues no podía entender cómo pudieron hacerle tanto daño a un pequeño que fue ajeno a toda la guerra.
― Aún no saben si sobrevivirá, pero de ser así, el niño no tiene más familia…. Que tú ― le explicó el ministro.
― Sobrevivirá, no por nada es hijo de Lupin ― Harry se puso de pie y depositó un beso sobre la frente de Teddy ― y cuando esté bien se irá conmigo. ― dijo seguro sin dar opción a que replique. ― Ahora quiero verla ― Exigió. El Ministro sabía perfectamente a quién se refería: Hermione.
Kingsley se puso de pie y siguió a Harry que salió de la habitación con destino a la de Hermione ― debo informarte cómo está la situación primero ― lo tomó del brazo para evitar a que ingresara a la habitación número siete.
Harry se giró para encararlo ― ¿Qué pasa? ― le preguntó con el miedo reflejado en su rostro.
― Necesitó que llegue el joven Weasley para informar a ambos ― le explico y lo condujo a la habitación que se encontraba frente a esa, al entrar se encontraron con Ron sentado frente a un escritorio de espalda a ellos, frente a él estaba sentado el practicante que había estado atendiendo el caso de Hermione.
― ¡Buenos días señor Weasley, buenos días señor Malfoy ― saludó el ministro mientras se paró a un costado del escritorio y con la mano le señaló a Harry la silla vacía a lado de Ron.
― ¡Buenos días señor ministro, Potter! – Saludó Draco Malfoy.
Harry solo asintió con la mirada y negó la invitación de sentarse junto a Ron, se recargó en un librero situado a un metro del ministro.
― Dijo que nos daría información sobre el avance de Hermione, ¿Por qué esta él aquí? ― le preguntó Ron al ministro mientras señalaba a Draco con un dedo.
― Porque yo soy el que está a cargo del caso ― contestó Draco con arrogancia.
― ¡Tu solo eres un maldito exmortífago, no deberían permitirte estar aquí! ― le gritó Ron mientras se ponía de pie y azotaba sus manos sobre el escritorio. No puede creer que ese idiota sea el que estuviera atendiendo a Hermione.
― Exmortífago o no, he causado menos daño del que tú le hiciste a ella ― le recordó Draco. Esas palabras bastaron para que tanto Ron y Harry perdieran el color y se atemorizaran.
― Tú no sabes nada… ― se defendió Ron.
― Sé lo necesario ― mintió Draco, él no sabía cómo habían sucedido los eventos que llevaron a Hermione a tales condiciones, solo sabía que en todo eso estaban involucrados Ron y Harry, no le habían permitido hacerle varios análisis a la chica, en cuanto había pedido a sus enfermeras que anunciaran código negro, el ministro no había demorado más de cinco minutos en aparecer acompañado de su jefe de aurores y le habían ordenado dejarlos solos con ella. A hora solo estaba a cargo de su recuperación.
Draco solo sabía que desde que la guerra había terminado los tres chicos vivían juntos en el 12 de Grimmauld Place y que dentro de un mes Ron y Hermione se casarían, ya que esto había sido la noticia de primera plana del diario el profeta de dos días antes de que Hermione llegara ahí casi muriéndose.
Ron al escuchar las palabras de Draco miró asustado al ministro, Harry por su parte no quitaba la vista del piso.
― El señor Malfoy es el practicante a cargo de la recuperación de la señorita Granger, ha firmado un acuerdo de total confidencialidad, existe un sortilegio que le impide hablar sobre el tema con cualquier persona ajena al caso y de intentarlo él sabe cuáles serán las consecuencias ― les explicó el ministro.
Ron no muy convencido volvió a tomar asiento, Draco asintió con la cabeza a todo lo que decía el ministro, Harry seguía sin mostrar alguna emoción, parecía ajeno a esa discusión.
― Informales por favor ― le pidió el ministro a Draco.
― La señorita Granger se recuperará, lentamente, pero lo hará, sin embargo lo más preocupante es que está embarazada y no quiere tener al bebé ― les soltó sin más Draco, evaluó las expresiones de los chicos, no entendía porqué estaba ahí Potter si el novio era Ron. Harry volteó a verlo a los ojos y Ron solo se hizo más pequeño.
Varios minutos pasaron en silencio, Draco intentó hablar varias veces pero el ministro con seña se lo impedía.
Tras dejar pasar mucho tiempo Harry hizo la pregunta que más miedo le daba escuchar a Ron ― ¿Cuánto tiene de embarazo? ― preguntó en dirección a Draco.
― De dos a tres semanas ― contestó, cada vez entendía menos.
Ron se paró muy molesto y salió de la habitación azotando la puerta y maldiciendo por todos sus adentros.
Harry agachó nuevamente la mirada, meditó unos segundos y volvió a preguntar ― ¿A qué te refieres con que es lo más preocupante?
― Cada vez que ella despierta se causa daño físico en el vientre para intentar abortar ― explicó ― he tenido que proteger su vientre con magia, pero todos estos esfuerzos que hace contra ella misma le están provocando un daño colateral ― hizo una pausa para mirar Harry, este levantó la vista al sentirse observado ― El corazón de tu amiga está fallando, va a morir en no más de tres años, pero si sigue así, lo reducirá a semanas y no existe magia alguna que pueda salvarla, solo se puede hacer de la forma muggle, con un trasplante de corazón.
― Harry, Hermione fue sometida a muchas maldiciones y al estar embarazada es más contraproducente usar magia para sanarla ― complemento Kingsley.
Harry se cubrió la cara con ambas manos, una opresión en el pecho le dificultó respirar, preso de remordimientos se sintió la persona más cruel y desgraciada sobre la faz de la tierra. Con cada célula de su humanidad podía sentirse arrastrado a un túnel, donde sabía que solo le esperaba más miseria.
