Capítulo 3 Remordimientos

Ron se encontraba sentando en el ático de su casa, hacía once días que había recibido la noticia de que Hermione estaba embarazada, su estado era deplorable, su barba sin afeitar lucía larga y dispareja, su ropa desprendía un aroma insoportable, mezcla de olor a alcohol y sudor.

En su mano derecha sujetaba una botella de whisky de fuego, mientras que con su mano izquierda apretaba un sobre color plata del cual se alcanzaban a leer en una fina caligrafía dorada "Enlace matrimonial, Ronald Weasley y Hermione Granger" recordaba a la perfección el día que habían acudido a seleccionarlas en compañía de su amada prometida. El día que todo había sucumbido…

Miraba embelesado a Hermione, mientras ella caminaba de un lado a otro pidiéndole al tendero que le enseñara los diferentes diseños y papeles que tenía para invitaciones. Aún no podía creer que ella hubiera aceptado su locura de casarse lo más pronto posible, pero después de conocerse también y amarse en secreto durante tantos años ninguno de los dos quería esperar más tiempo para vivir su vida juntos. También habían acordado esperar al menos cinco años para encargar hijos, querían terminar sus carreras, conocer el mundo y sobre todo disfrutarse como pareja.

Ahí parado junto a ella se sentía el hombre más afortunado del mundo, la gran Hermione Granger que ahora era toda una leyenda, figura respetable y admirable en el mundo mágico, había aceptado unir su vida a él, que tal solo era un simple mortal.

"Ron, Ron, Ron" escuchaba un susurro ¡Ron! Hermione lo acababa de sacar de sus pensamientos Lo siento amor ¿Qué decías? le preguntó mientras se acercaba a ella.

-¿Qué cuáles te gustan? ¿Esta o esta? le preguntó algo molesta mientras le enseñaba dos caligrafías distintas.

La de la derecha, amor le contestó mientras la tomaba por la cintura y la besaba, no entendía cómo había sido tan estúpido de haber pasado tantos años sin probar esos carnosos y dulces labios.

Pero si ni… si quie…ra las vis…te le reclamó ella mientras trataba de apartarse de sus labios.

Claro que sí Ron se apartó de ella y la miró fijamente a los ojos te dije que la de la derecha porque la caligrafía dorada combinan con tus hermosos ojos color chocolate.

Hermione se colgó de su cuello y reinició la sesión de besos, este nuevo Ron seguro de sí mismo y entregado a sus sentimientos la volvía loca, sabía que era una locura casarse tan joven, pero era una locura que quería vivir al lado del hombre que había estado amando desde hacía algunos años. Soltó una mano y la llevó a la mano de él que la tenía sujeta por la cintura, la entrelazó con la de él, levantó su cara para mirar a los ojos de su prometido siempre juntos…

Siempre le contestó mientras se inclinaba y depositaba un beso en la frente de ella.

Ahora todo estaba perdido, como si fuera poco ella estaba embarazada, había muchas posibilidades de que fuera de Harry o como que fuera de él, de Harry, el que había sido un día su mejor amigo y al cual ya no podía ver a la cara sin querer matarlo por no haber tenido la fuerza de detenerse, al igual que él.

En San Mungo

Draco caminaba de un lado a otro frente a lo que parecía una enorme ventana, a través de esta podía observar a Hermione sin que ella se diera cuenta, la chica lucía aun mal, sus labios estaban resecos y cuarteados, sus pómulos sobresalían, sus mejillas hundidas, su cabello carecía de brillo, su cuerpo estaba ya muy delgado. Este era el segundo día que la mantenían despierta, ya no podían sedarla porque ponía en riesgo al bebé, además la mantenían sujeta a los tubos de su cama, con los brazos a sus costados para evitar que se autolesionara. Después de observarla varios segundos ingresó despacio a la habitación y le hizo una seña a la enfermera que estaba de guardia para que se retirara.

― ¡Buenos días! ― saludó a la chica, esperó unos segundos pero no obtuvo respuesta alguna, ella tenía la mirada perdida en dirección a la ventana. Tomó el expediente que estaba sobre la mesa de estar a un lado de la cama, en este se anotaban sus signos vitales de cada hora, su última comida, su peso, sus avances y todo lo relacionado con su estado de salud, sus avances y retrocesos en el tratamiento.

― Te niegas a comer, si sigues con esa actitud pasarás mucho tiempo aquí ― la reprendió molesto, no entendía cómo la mujer más valiente que él conocía se estaba dejando morir.

―Tanto por las leyes mágicas como por las muggles tengo derecho a abortar ― Por fin habló Hermione, sus palabras fueron frías y concisas.

Draco jamás había sentido tanta indiferencia por parte de ella, ni en sus años de Hogwarts cuando él solía molestarla. La había percibido vacía y fría, en su interior sintió una punzada de coraje, no entendía cómo era que ella sintiera tanta repulsión por lo que se gestaba en su vientre ― no sobrevivirías a una intervención de esas ― cerró de golpe su expediente y caminó hacia la puerta para salir, justo cuando giraba el picaporte la volvió a escuchar.

― ¡Por favor! - le suplicó en medio de las lágrimas que ya comenzaban a resbalar por su rostro.

El joven sintió una punzada de dolor en su corazón, podía percibir el dolor en las palabras de ella, su desesperación, dolor y angustia eran tan palpables que podrían contagiar hasta al propio Voldemort.

Más tarde a dos habitaciones de ahí.

― Entonces el lobito corrió y corrió por la pradera, sin miedo, sin ataduras, por fin era libre y feliz, feliz para comenzar su nueva aventura, fin ― Harry leía, como todas las noches un cuento al pequeño Teddy para que este durmiera.

¡Ota ve! ― pedía el pequeño mientras manoteaba con su pequeña mano que no estaba vendada e inmovilizada.

― No Teddy, ya es hora de dormir, es muy noche y deberías estar descansando ― le contestó Harry mientras lo arropaba y depositaba un beso sobre su frente. Se sentía tan identificado con su ahijado.

¿O tapoco veda mamá Aomeda? ― el pequeño no dejaba de preguntar todos los días por su abuela.

― No pequeño, hoy tampoco pudo venir mamá Andrómeda, pero te manda muchos besos y abrazos - le dijo su padrino mientras acariciaba su cabello.

Así pasó varios minutos acariciando su cabecita hasta que el pequeño Teddy quedó rendido. Le depositó un beso en sus manos y le susurró un "hasta mañana".

Al salir de la habitación se encontró con Draco que lo había estado observando por la ventana mágica ― ¿Cuánto tardara más en recuperarse? ― Le preguntó Harry.

― Sufrió muchos crucios que lo dañaron interna y externamente. Al ser tan pequeño no podemos someterlo a demasiada magia curativa, su cuerpecito no soportará el dolor que provocan esos procesos de curación. Realmente es una suerte que sobreviviera, pasara aquí al menos dos meses más ― le contesto sin quitar la vista del niño que dormía plácidamente.

Harry lo comprendía perfectamente bien, aun recordaba la noche tormentosa que había pasado en su segundo año de Hogwarts cuando había tenido que tomar la poción Crece Huesos. Caminó unos cuantos metros más y se colocó frente a la ventana mágica de la habitación de Hermione, la poca alegría que había adquirido su rostro por haber estado con Teddy desapareció cuando vio a su amiga. Ella aún estaba despierta y parecía mirar hacia la nada, su semblante era terrible, su mirada parecía vacía y carente de vida.

Ahí frente a la oscuridad de su mirada, supo que él era la persona más vil y despreciable del mundo, colocó sus palmas sobre el cristal y se dejó caer lentamente hasta quedar de rodillas - ¡Perdóname! - suplicó con todas las fuerzas de su corazón. Sabía que ella no podía escucharlo, pero él necesitaba más que nada en este mundo su perdón, sin él, jamás podría volver a tener paz.

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